Historia al azar: Amiga mía
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La Tercera Generación de Hogwarts » (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Sábado 23 de Enero de 2021, 18:38
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(IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)
  235. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones
  236. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)


Todo el mundo se alegró de que Ravenclaw ganara el partido aquella tarde.

Incluso algunos Slytherin habían vitoreado su victoria. David Morrit y Claire Jenkins abrazaban a su amigo Tim Marrs en la grada Ravenclaw. Los colores azules y dorados pintaron el campo de Quidditch de Hogwarts.  El capitán del equipo Ravenclaw, Tom McGregor, se paseó por las gradas con el puño en alto en señal de victoria y rápidamente fue acogido en un abrazo por todo el equipo.

Estaban sumidos en el aplauso de Hogwarts.

La lluvia comenzó a caer.  A nadie le importó. Hugo Weasley era sacudido por Lorcan Scarmander y sus amigos. ¡Por fin Ravenclaw vencía a Slytherin! Las serpientes se habían ido rápidamente al vestuario y habían dejado el terreno de juego para la celebración.

Poco a poco las gradas se fueron vaciando.

Pero todos acudían a la Sala Común de Ravenclaw.

En la Torre de Ravenclaw, al oeste del castillo, los alumnos de todas las casas se dirigían para celebrar un Torneo limpio de Slytherin en el que a muchos les daba igual quién ganara… Pues era como jugar entre amigos. Ravenclaw pasaría a la final. Y no importaba si era contra Hufflepuff o contra Gryffindor.

La escalera de caracol que llevababa a la Sala Común de las águilas estaba repleta de gente. La mayoría no había podido entrar en el amplia sala circular con alfombra de medianoche, ventanas de arco adornado con suave seda azul y bronce y un techo abovedado imitando a una noche estrellada. Se habían quedado rezagados. Hablando unos con otros. Sin importar la combinación de colores de su corbata. Tenían aperitivos que los elfos de las cocinas habían elaborado para la ocasión. Y algún que otro Gryffindor había proporcionado cervezas de mantequilla. Todos apuntaban a que había sido James Potter, Susan Jordan y Fred Weasley por la fama que les predecía. Ellos lo habían negado. ¿Quién iba a creerles? Por supuesto los verdaderos arquitectos de aquello: Peter Greenwood, Albus Potter, Scorpius Malfoy y Richard Carter. Su objetivo era claro: ver a Rose Weasley como sus primos profetizaban que lo harían. Era venganza. Servida en una cerveza fría.

Susan Jordan se acercó a los cuatro muchachos.

-No lo vais a conseguir -les dijo. Recibió un reproche de todos ellos. -Miradla -les señaló a Rose Weasley. Estaba en frente del llamador en forma de águila. -Hasta que no responda a la adivinanza del águila no va a parar… Y hasta que no pare…

-No va a beber -se frustró Peter Greenwood. -Scorpius, tú eres listo… ¡Ve y dile la respuesta!

-Oh, su hermano lo ha hecho por ella y casi lo mata -se adelantó Albus. -Tiene que ser ella quién lo adivine… Es Rose -dijo como explicación.

-¿Cómo habéis conseguido tantas cervezas? -preguntó Susan Jordan.

Los cuatro se miraron entre sí.

-Un mago no revela nunca sus trucos -contestó Richard Carter.

-Los elfos nunca han dado tantas cervezas…-les advirtió. -No sé que habéis hecho… Pero no dudaremos en exponeros si esto sale mal, ¿eh? -les amenazó con una cerveza y se giró.

Albus frunció los labios.

-¿Crees que los prefectos dirán algo? -preguntó Scorpius Malfoy.

Albus se rio. Señaló a los prefectos de Ravenclaw. Peter McGregor, quien llevaba una cerveza en una mano y con la otra relataba el partido a Harriet Watts. Después, se giró hacia los prefectos de Hufflepuff.  Junto al equipo de Quidditch de los hurones, Natalie Jones, su capitana y prefecta, se desternillaba de risa abrazando a Lyslander Scarmander. Rory Rossen, el hermano mayor de Janet, estaba con su hermana y flirteando con Bárbara Coleman. Después, Albus apuntó con el dedo hacia Rolf Rogers, cuyas carcajadas se escuchaban hasta al otro lado del castillo.

-Y Monique Jordan piensa que es su hermana la que puede meterse en líos -completó Albus. -Además… Estoy seguro de que a los profesores no les importa que pasemos un buen rato después de todo lo que ha pasado…

-Oh, tienes razón, Potter -concedió Richard Carter. -Creo que ya he bebido lo suficiente como para lanzarme -declaró. Los tres amigos se miraron entre sí. Desde la formación de la Orden y la estrecha relación entre los cazadores, Albus y Peter habían empezado a aceptar a Richard Carter en sus reuniones. ¿Quién les iba a decir que sería Malfoy el que trayera a nuevos amigos? Peter Greenwood aguantó la risa cuando Carter apuntó hacia Rose Weasley. -Mucha suerte, Rickie -se dijo a sí mismo.

Albus soltó una risita.

-¿Llevas protección, Carter? -sugirió Scorpius.

-Oh, amigo, gracias por tu entusiasmo… Pero no creo que llegue tan lejos hoy…-se lamentó.

Peter no aguantó más y se desternilló.

-No me refería a esa clase de protección, amigo -se mofó Scorpius.

Carter les interrogó con la mirada.

-¿Me estoy perdiendo algo?

-Tú mismo la has bautizado como DestrucRose -le recordó Peter Greenwood. -¿No se te ha encendido la luz de por qué? -Carter negó y les hizo con un gesto que se apartaran y que le dejaran pasar. -No sé si quiero ver esto… Me caía bien… Que en paz descanse un gran cazador…

Albus había comenzado a lloriquear aguantando la risa.

-¿Cómo puede tener tanta seguridad?

-¡¿Cómo puede gustarle Weasley?! -se escandalizó Scorpius Malfoy.

-Oh, amigo, las cosas del corazón jamás las entenderemos -se burló Peter.

Como si fueran tres comentaristas de un deporte de riesgo -nada lejos de la realidad-, observaron cómo Richard Carter subía escaleras arriba hacia su destino trágico anunciado. Crónica de una muerte anunciada era la novela que contaba aquel suceso.

Pasó por delante de Tim Marrs. Este le sacudió el hombro y el joven Carter se tambaleó.

-Tenemos noticia de portada -anunció Albus.

-No sé si morirá porque se va a caer por las escaleras o porque sufrirá la muerte de DestrucRose -se cuestionó Peter Greenwood.

-Lo echaré de menos -se sinceró Scorpius Malfoy.

-Sssh, se acerca a la Estrella de la Muerte… Nunca he estado en tanta tensión… Ni cuando Frodo subió el Monte del Destino…-comentó Peter Greenwood.

-Ha interrumpido a Rose de pensar en la respuesta del Águila…

-Ouch, ¡primer ataque recibido!

-¡Han fallado las defensas!

-¡Ha activado el modo «quieres una cerveza»!

-¡Segundo ataque recibido!

-Eso me ha dolido hasta a mí…

-¿Oyes lo que le está diciendo?

Ni aunque fueras el único humano para perpetuar la magia aceptaría algo de ti, Richard Carter» -se mofó Peter, imitando el tono de voz de Rose Weasley.

Eres un desafío… Mi corazón palpita por ti como una Snitch en un puño cerrado…» -se burló Albus, entre risas.

-¡Ouch! Eso le va a dejar marca…

Será la marca de su amor por mí, Scorpius» -se burló Albus.

Los tres se rieron cuando Carter desistió y sus hombros descendieron como su ánimo.

Rose Weasley se giró para ver que la gente había estado pendiente del numerito de Richard Carter. Bueno, quizás le había propinado tres guantazos. Pero, ¿por qué tenía ella que soportar aquello? Había sido lo suficientemente clara desde el minuto uno.

Miró con desprecio a la maldita aldaba de bronce en forma de águila y le enseñó el dedo corazón.

-¡Estoy harta de ti! -le dijo.

¿Cómo era posible que a ella le pusiera las preguntas más complicadas? ¡No era justo! Le quitó de las manos la cerveza y le dio un buen trago. Sintió el alcohol quemar su garganta. Se limipió con el puño la boca.

Escuchó una ovación. Como euforia.

Vio de reojo, escaleras abajo, a su primo Albus, Greenwood y Malfoy mirándola fijamente. Por supuesto. Habían sido ellos los de las cervezas y sabía muy bien por qué. Le devolvió bruscamente la cerveza a Carter. Se derramó un par de gotas en su uniforme.

-De nada, Rose -dijo el joven. -¿Quieres más?

Miró entonces a Carter. De arriba abajo. La había molestado. Sí. Había interrumpido su adivinanza. Pero, tampoco es que aquello le llevara a ninguna parte. Parecía haber recibido una humillación en público y aún así seguía siendo educado con ella. ¿De verdad le gustaba o era, como afirmaba sin tapujos, un desafío? ¿Y si le gustaba porque era un desafía? Lo importante era que a ella no.

Bajó escaleras hacia los tres magníficos.

Estos hicieron como que estaban hablando de cualquier otra cosa. Como si ella fuera tonta o estúpida o no supiera las intenciones que tenían. Por Merlín. Les conocía mejor que a la palma de su mano.

Extendió el brazo hacia Albus para pedirle su jarra de cerveza. Estaba hasta el borde.

Les amenazó con la mirada.

Alzó la jarra hacia arriba.

-La única vez que me veréis borracha será en vuestras pesadillas -declaró.

Puso la jarra por encima de la cabeza de Scorpius Malfoy. La volcó y siguió la jarra por la cabeza de Albus y acabó en la cabeza de Greenwood. Les miró y les sonrió. Estos escupieron cerveza que les llegaba por el pelo apretado y mojado. Scorpius tosió y se la apartó de los ojos. Albus utilizó las mangas de su capa. Y Greenwood se rio.

-Nos lo merecíamos -concedió Greenwood.

-Rose…-empezó a decir Albus.

La aludida apuntó un dedo inquisidor hacia Scorpius Malfoy.

-Comenzaba a pensar mejor de ti, Malfoy -suspiró.

Recibió un aplauso de los alumnos que estaban a su alrededor y que se rieron de las pintas de los tres muchachos. La joven Gryffindor descendió las escaleras de caracol.

-¡¿Quién quiere más cerveza?! -vociferó Peter Greenwood seguido de un vitoreo y palmas que pedían más. Alguien conjuró música justo cuando Rose Weasley alcanzó el último peldaño.

Rose Weasley puso los ojos en blanco.

Se topó, justo en ese instante, con Cornelia Brooks y Frank Longbotton.

-¿Ya te vas de la fiesta? Me habían contado que tú eras el alma de ella, Rose…-dijo Frank, claramente influenciado por lo que Alice le pudiera haber dicho. Ella bufó. -Oh, bueno…

-Perfecto, así puedes acompañarme a la Sala Común -dijo rápidamente Brooks.

-¿Entonces para que has venido? -cuestionó Rose, escéptica.

Brooks negó con la cabeza.

-Acabamos de hacer nuestra ronda -Le explicó en voz baja. -Frank sí que se va a quedar… Así que tú le das el Mapa a Lucy Weasley y yo me voy con Rose Weasley a dormir, ¿verdad? -dijo señalando el camino de vuelta a la Torre Gryffindor.

-¡De acuerdo! -concedió Frank Longbotton. Las dejó solas y subió las escaleras corriendo para deshacerse de aquel mapa.

Rose Weasley posó sus ojos sobre Brooks. Aún no había quitado su gesto escéptico de su rostro.

-Nunca me han gustado las fiestas… Me declaro culpable, señoría -dijo Brooks con una sonrisa.

-¿Estás segura de que Lola es tu hermana?

Aquello causó que Cornelia Brooks se riera. Una risa cantarina que nunca había escuchado. La estremeció.

-Yo también me lo pregunto, Weasley -Comenzó a andar. Se giró al ver que Rose no la seguía. -¿Vamos?

La joven pestañeó.

-Sí, sí, claro…-Rose se acercó a ella. Bueno, quizás se daban un aire físicamente. Pero indudablemente no eran iguales. No. Lola era aquel demonio que la había inducido a beber alcohol. Y Cornelia Brooks era el ángel que la estaba salvando en aquella noche. -¿Entonces Longbotton y tú…? Sé que es el hermano de Alice… Alice y yo seguimos siendo amigas…

-Oh -dijo ella, sorprendida. Frunció los labios. -No -Rose Weasley tuvo que soltar una risa. -No estamos juntos. Se lo ha inventado Frank para cubrir a su verdadera novia -declaró con total seguridad.

Y, bueno, ¿cómo iba a dudar de Cornelia Brooks? No era su hermana. Pondría su mano en el fuego por ella.

-¿Quién es su novia para que tengas que hacer eso?

Pero recibió un silencio.

-Eso es asunto de Frank -suspiró.

Cornelia Brooks se lamió el labio.

Miró a Rose Weasley de reojo. Sus rizos brincaban conforme caminaba. La visión de ella en la bañera y Gwendoline Cross ahogándola fue lo primero que se le vino a la cabeza cuando le preguntó por Frank Longbotton. Cuando avisó a Frank sobre aquellas personas que podrían amenazar la seguridad de Gwen en el castillo, pensaba en Rose Weasley. Sabía que se había estado entrenando por culpa de Gwen. Y que, dada la tenacidad conocida de Rose Weasley, no dudaría en ponerle la mano encima. ¿Qué pensaría cuando descubriera que era la novia del hermano de su mejor amiga?

Mejor que no fuera ella la portadora de noticias devastadoras.

-¿McGregor lo sabe? -preguntó, curiosa, Rose Weasley.

-Claro -dijo Brooks, recordó que fue la primera persona en saberlo. Por supuesto. Más, fue la única persona, antes de Rose Weasley, en preguntarle. Haría honor a su promesa a Frank. -Pero cuanta menos gente lo sepa, mejor para Frank -añadió.

-Ah -dijo Rose Weasley.

A Brooks no le importaba que Rose Weasley no entendiera sus motivos. De hecho, mejor si ni siquiera llegaba a saberlos.

De repente, sintió una punzada en el ojo. Como un relámpago cruzando su cerebro hasta el corazón de su pupila.

-¡Arhg! -se quejó.

Tuvo que postrarse sobre el suelo para detener el dolor. Hincó las rodillas. Se llevó una mano al ojo. Se encogió sobre sí misma. ¿Una visión? ¿Cuánto tiempo llevaba sin tenerla? Notó que Rose Weasley le hablaba. Más no distinguía sus palabras. Eran tan lejanas. El pasillo comenzó a hacerse un borrón.

Y, de pronto, ya no estaba allí.

Estaba en una sala. Con paredes blancas. ¿Era hielo? Su aliento se transformaba en vapor. El suelo se inclinaba hacia la derecha conforme andaba. Sentía un mareo. Sus pasos se acercaron hacia un objeto en mitad de la sala.

Un espejo antiguo.

Con volutas y ornamentos de madera oscura adornando su exterior.

-Ven…-Dijo una voz. Cornelia se giró para verla. No había nadie con ella. -Ven…-Repitió la voz. Era un hombre. Sonaba débil. -Ven, Cornelia…

Sintió un escalofrío en su nuca.

Se acercó al espejo.

Vio su reflejo. Sus ojos azules. Asustados. Sus mejillas rojas. Su nariz roja. Su tez pálida y preocupantemente enfermiza. Su pelo mojado y su uniforme de Gryffindor empapado. Fue entonces cuando sintió su peso. Se retiró mechones del rostro. Y acercó su aliento al espejo.

Entonces el espejo se tiñó de negro.

Y una figura se apareció tras él.

Era un joven. Tenía el pelo desordenado y rubio. Los ojos color roble la observaban. Vestía unos pantalones de un uniforme de Hogwarts. Una camisa blanca arremangada. Y el escudo de Slytherin bordado. Nunca había visto ese escudo de Slytherin. Debía de ser antiguo.

-¿Quién eres? -preguntó Cornelia, asustada.

-Ven… -susurró el joven.

-¿Quién eres? -repitió Cornelia.

Miró al suelo. Estaba inclinándose tanto hacia la izquierda que ella estaba en vertical. Su pelo caía sobre un lado, pero la fuerza de una extraña gravedad hacía que sus pies estuvieran anclados al suelo. El agua corría por todas las paredes. Las esquinas comenzaron a inundarse.

-Ven, Cornelia… Me necesitas…

-¿Quién eres? -volvió  a preguntar. -¿Para qué te necesito?

El joven sonrió. Afablemente. Con cariño.

Cornelia quiso retroceder. Y no pudo.

-Ven, Cornelia…. Me necesitas… Para poder vivir…

La fuerza de la gravedad cesó. Sus pies se desconectaron del suelo y la pared se abrió hacia un precipicio sobre el que cayó.

-¡NOOOO! -gritó Cornelia Brooks.

Rose Weasley la abrazaba con fuerza. Sentía las lágrimas caer en su rostro. Su corazón palpitaba tan rápido que sentía que se desbocaba. Se miró las temblorosas manos que eran aprisionados por el abrazo de Rose Weasley.

-¿Estás bien? -La retiró y buscó sus ojos llorosos. -¿Qué ha pasado? ¿Qué ha sido eso?

-Una… Una visión… Yo…

-¿Quién es Celius?

Cornelia ladeó la cara.

-¿Quién?

-Estabas gritando su nombre.

-¿Quieres estar callado? -siseó Hugo Weasley hacia Albus Potter.

-¡Si no he dicho nada! -se quejó Albus.

-Pues deja de pensar en voz alta -le pidió Hugo.

Albus bufó. Apretó con tanta fuerza la varita que sus nudillos se marcaron en su el reverso de su mano como piedras incustradas en su piel. Observó a los muchachos que lideraban el camino como si hubieran estado allí antes. Porque habían estado allí antes.

El vello de su nuca se erizó.

Sus pies chapoteaban por el suelo.

Paseaban por una larga plataforma flotante de losas de color verde infinita, flanqueado por estatuatuas de serpientes con las bocas abiertas y amenazantes. En el extremo más alejado, se encontraba la estatua de Salazar Slytherin con la boca abierta. Imponía tanto que la primera vez que sus ojos se posaron sobre ella hacía unos minutos, sus piernas blaquearon y se planteó, por vigésima vez, aquella decisión.

La Cámara de los Secretos.

Habían llegado allí sin abrirla.

La primera vez en la Historia de la Magia.

-Los basiliscos están dentro de la estatua, Albus -advirtió Sebastian McKing en un hilo de voz.

Albus entrecerró los ojos. Sacó la lengua y la encerró con los dientes. Penstivo. Con la varita protegiéndole como si fuera un escudo.

¿Cómo había accedido a aquello? Coacción. Intuía que ni Moonlight ni Lebouf ni Teddy sabían nada sobre aquella incursión. Ni, por supuesto, el director Longbotton. Por mucho que hubieran insistido aquellos dos niños en que así era. Le habían hablado de lo grande que sería Albus Potter si conseguía controlar a basiliscos. De lo poderoso que sería. De que era lo que se esperaba de él.

Ellos confiaban en él. ¿Por qué no iba a poder a hacerlo? Oh, seguramente no podría.

Y ahí le pillaron.

A Albus Severus Potter.

¿No era Slytherin después de todo? Ambición.

Y, aquel día, poca astucia.

Se escuchaba un silencio estremecedor. El frío de la Cámara de los Secretos se había calado en los huesos de los muchachos.

Albus Potter había aceptado aquello de mala gana. Tenía curiosidad por saber si era cierto. Y sabía que McKing podría sacarles de allí en seguida, ¿no? Además, no era la primera vez que se enfrentaba a un basilisco, ¿no? Aunque, claro, si hubiera sabido pársel… ¿No habría podido detenerlo antes?

«Pero ese basilisco ya estaba entrenado». Le había dicho su primo pequeño. Y tenía razón. Maldita sea. Quizás era su lado Slytherin queriendo ser capaz de controlar a un basilisco y sentirse poderoso. Su padre había hablado pársel pero no había podido controlarlo. ¿Y si él lo lograba? Suspiró. ¿Y si él no lo lograba?

-No quiero ser un portador de la cruda realidad, pero ¿no os dáis cuenta de lo mal que puede salir esto? -avisó Albus.

Escucharon un siseó.

Vaya, pues sí que iba a ser portador de malos augurios.

Y, después, silencio.

Entendieron, por primera vez, por qué algunas personas tenían miedo al silencio.

Se quedaron quietos. Petrificados.

Albus miró al suelo. Se dio cuenta de que podía verse reflejado. Oh, perfecto. Sumamente perfecto. Justo un espejo en el suelo para enfrentarse a un basilisco. ¿Qué podía salir bien de aquello?

 Él llevaba su varita como único arma. Y su potencial para hablar pársel que era lo mismo que el potencial de Sebastian McKing para asestar un golpe certero con la espada de Godric Gryffindor. Probablemente nula. Quizás el único que podría salvarles era Hugo Weasley.

Entonces la boca de piedra de la estatua de Salazar Slytherin se abrió. Albus sintió que desfallecía. Los tres niños cerraron los ojos al instante. El corazón de los tres se acompasó y enmudecieron.

¿Por qué había accedido? ¿Dónde estaba su ambición?

Sus oídos se agudizaron.

Sus pies se anclaron sobre el suelo. La gravedad parecía ejercer bastante presión sobre ellos.

Albus Potter sintió un déjà-vu.

Escucharon un cuerpo escamoso chapotear a distancia. Oyeron sus escamas deslizarse por la plataforma. Lentamente. Hacia ellos. Sintieron otro chapoteo. Perfecto. Cuatro basiliscos eran, ¿no?

Casi se ahoga con su saliva

Grande Hugo Weasley y sus ideas.

Albus inhaló aire y lo retuvo en sus pulmones. Ni siquiera había escuchado la lengua pársel. ¿Qué era? ¿Imitar un siseo? ¿Cómo esperaban que lo hablara así como así? E incluso si lo hablaba… ¿Cómo esperaban que el basilisco le obedeciera? No porque otra persona supiera inglés, él le haría caso, ¿no?

Por Merlín. ¿Por qué justo en la ejecución del plan se daba cuenta de todos los fallos de este? ¿Cómo había accedido a una estrategia en la que solo servía el instinto de Hugo Weasley? ¡Ya podía ser Merlín!

Oyó un siseo más cerca. Y la respiración de Sebastian McKing. Estaban un tanto lejos como para poder desparecer de allí.

Pero podrían hacerlo.

Solo que si Albus no intentaba algo en ese instante, ¿cuándo lo sabría?

Soltó el aire que había retenido.

Y sintió otro chapoteo. El tercero. Y los siseos cada vez más cerca. Oh, aquellas criaturas llevaban mucho tiempo sin comer, ¿no? Les habían traido un banquete. Por Merlín que ineptos eran. Se lo esperaba de sí mismo. Y de McKing. ¿Pero de Hugo?

Volvió a inhalar aire.

-¿A qué esperas? -musitó Hugo, irritado.

¿Qué a qué esperaba?

Pues, para empezar, a que alguien le rescatara. A no morir, por ejemplo. O que le llevaran a atrás en el tiempo y le diera una bofetada y se le quitaran las tonterías.

-Potter…-insistió McKing.

Desde luego, si no los mataba el basilisco, sería él el que les arrancaría la cabeza. Y a él mismo para acabar. ¿Cómo le hacía caso a aquellos críos? Le ponían un tesoro a dos pasos y caía en el abismo que lo separaba de él. No volvería a dudar de por qué era Slytherin. Había aprendido la lección.

Sintió el cuerpo escamoso empujarle hacia Hugo Weasley, con quien chocó. Un escalofrío recorrió su columna. Sintió  humedad en sus calcetines. Oh, el agua había entrado dentro de sus zapatos porque los basiliscos estaban acumulando el agua a su alrededor acercando sus colosales cuerpos. Oyó que Sebastian McKing también era acorralado. Estaban juntando a los tres. Como presas. Recibió la textura de la capa de Sebastian McKing. La frialdad de la espada que llevaba.  Estaban el uno contra el otro. En medio de los basiliscos. Como una criatura cuando junta con sus zarpas su comida para darle un bocado.

-Sería un buen momento para hacernos desaparecer, McKing -dijo Albus en voz baja.

Un siseo le interrumpió.

Albus terció el rostro. Vale, serpiente, si no le gustaba la voz de Albus en inglés, ¿cómo iba a gustarle en pársel?

-Te doy dos segundos para decir algo en pársel o se lo diremos a tu hermano la próxima vez…-advirtió Hugo.

 

¿Qué clase de chantaje era aquel? ¿Se creía que Albus pretendía entrar en una competición con su hermano? Podría ser ambicioso, pero había solucionado las diferencias con James. Por fin.

El basilisco lo apretó contra Hugo. Oyó la respiración de Hugo en el costado de su rostro.  Morir junto con su primo Hugo. No pensaba hacerlo así. No. No. No era así como quería pasar sus últimos segundos.

El cuerpo escamoso se retorció entre los cuerpos de los muchachos. Las escamas levantaron su capa. Y con ellas sus pantalones. Sintió el gélido ambiente entrarle por los talones. El miedo.

McKing gimió.

Albus apretó los dientes.

Ahora o nunca.

-«Vete» -le espetó a la serpiente en pársel.

Hugo Weasley ahogó un grito de emoción.

La serpiente se quedó quieta.

Ni siguió apretando el agarre. Ni lo cesó del todo.

Los seguía teniendo prisioneros. Pero estaba inmóvil. Aún con los ojos cerrados, los tres pudieron intuir que su cuerpo estaba tenso.

¿Qué era lo que había dicho Albus en pársel? Seb no tenía ni la menor idea. Se mordía la lengua por dentro tan fuerte que sintió un sabor salado.

Sebastian McKing consideró aquello suficiente exposición a la muerte y decidió sacarles a los tres de allí.

Pasó la mano con la que guardaba la espada por lo que creía que era la cara de Albus Potter -¡ouch, su nariz! -y su mano derecha por el cuello sudado de Hugo. No tuvo que concentrarse.

Estaba deseando salir pirando de allí.

El basilisco, de pronto, desapretó a sus presas. Escucharon a otro de ellos deslizarse hacia la lejanía.

Muy bien, muy bien. Adiós a los basiliscos, sí.

Sujetó con fuerza al Ravenclaw y al Slytherin.

Y desaparecieron saltando en el aire.



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