Historia al azar: Retazos
Regístrate | Recupera tu contraseña
     
     
Menú




 
¿Quién ha añadido esta historia a sus Favoritos?
La Tercera Generación de Hogwarts » (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Lunes 25 de Enero de 2021, 16:18
[ Más información ]

(IV) Capítulo 20: Ensayo y error

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)
  235. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones
  236. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  237. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  238. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  239. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (III)
  240. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (IV)


Nunca había creído que era el prototipo de una adolescente fuerte e independiente.

Su hermano veía películas muggles en las que las protagonistas desafiaban a sus gobiernos por revoluciones. Se presentaban voluntarias a una masacre para salvar a su hermana pequeña. O aprendían a lanzar dagas de un día para otro. Ella no se sentía identificada. Nunca entendió cómo aquello tenía tanto éxito. ¿No se sentían mal por tener unas expectativas de ellas mismas tan desproporcionadamente altas?

Hasta que se dio cuenta de que ella misma era así.

Más bien, se lo dio a entender su hermano mayor.

Ella, Alice Longbotton, una joven fuerte e independiente.

No iba a engañarse a sí misma. Era mucho más duro de lo que decían las películas. Rectificó para sí. Las películas no tenían ni idea de lo que estaban diciendo. ¿Proteger a su familia desafiando su propia muerte? Aquello estaba subestimado. La habían tachado de traidora. No podía volver al pasado. Y, si a ella o a su familia se le escapaba decir algo sobre por qué hacía lo que hacía… Pum. Muerta.

Había tardado meses en aceptar su condición.

No ayudaba que ya no tuviera amigos.

Al menos, ante el público. Que tuviera que quedar con su mejor amiga a escondidas. Que todo su tiempo lo invirtiera en personas con aspiraciones tan crueles que solo la visión imaginaria de ellas le inducía al vómito. O que, si quería pasar un rato con aquellas personas que le habían perdonado su «traspié», tuviera que asegurarse de que nadie lo sabía. Y de que no le preguntaran nada por su motivo.

Pero merecía la pena.

Además, nunca se lo diría a sus amigos -no podía. Pero estaba aprendiendo a luchar. Muchos conjuros. Podría que nunca los utilizara en beneficio de la causa que ella misma perseguía. Podría que los tuviera que convocar contra ellos en alguna ocasión. Pero se sentía poderosa. Por primera vez, sentía que era buena en algo. En la magia marcial. ¿Quién lo iba a decir? Su temperamento canalizado en patadas. Tuvo suerte de poder practicarlo con Rose Weasley. Oh, no fue tan buena idea. A ella la asustó con algunos movimientos letales que le había enseñado el Ojo cuando huían a escondidas a Beauxbatons o a Durmstrang para aprender.

El único punto positivo. ¿Qué otra cosa podía pensar? Se mordía la lengua para no contarlo. Se moría por revelarlo. ¡Ganaba todas las veces a Driggs! Era buena, incluso Zoe McOrez tuvo que admitirlo. Serlo le había dado fuerzas. Confianza. Y seguridad en ella misma. Al final del día, solo se tenía a ella.

Extendió las piernas y aspiró aire.

Se puso de pie. Se aproximó al sofá de la Sala de los Menesteres. Se sentó al lado de Peter Greenwood. Y pasó sus brazos sobre sus hombros. El muchacho cerró el abrazo en silencio.

Lo oyó gimotear y lloriquear.

-Es lo que pasa cuando quieres a alguien… Ellos pueden querer a otras personas -dijo Alice.

El muchacho hipó. Se limpió las lágrimas con el interior de la palma de su mano. Deshizo el abrazo. Descubrió una torcida sonrisa en el rostro del joven. Tenía algo de ojeras y el pelo rizado y rubio un tanto largo.

-Creía que a mí no me iba a importar…

Le brindó una mirada de comprensión.

-No puedes controlar lo que sientes, Peter.

- Ahora mismo soy la versión humana de unos auriculares enredados -se quejó. -Menos mal que te tengo a ti -añadió. Alice bajó la mirada. -No me atrevería a contarle esto a los demás…

Ella se encogió de hombros.

-Ya sabéis que podéis seguir contando conmigo para lo que sea, Peter -insistió. -Sobre todo cuando a Albus y a Scorpius se les da bastante mal el tema del amor…-Peter se carcajeó entre lágrimas. Alice lo miró de reojo. Suspiró. Su amigo se acababa de dar cuenta de que la relación abierta que aparentemente llevaba no le funcionaba. Kyle se había acabado enamorando de otro. Y había cortado lo que fuera que tenía con él. Justo cuando Peter comenzaba a sentir algo. - No puedes enfadarte con él por querer a otra persona, Peter. Sé que ahora parece como si Kyle fuera la única persona en el mundo por la que puedas sentir algo, pero… Estoy segura de que no es así. No creo en eso de las almas gemelas…

El joven resopló.

-¿Tú crees eso de verdad? -inquirió.

Sus ojos brillaban humedecidos. Era una pregunta seria. Ella sonrió. No pudo evitar pensar en lo que le dijo Ginevra Potter antes de volver a Hogwarts. Sacudió su cabeza. Pero no negó. Ni asintió.

-Kyle no era tu alma gemela -contestó, volviendo la conversación a su cauce inicial. -Debe ser algo mutuo… Es… Estoy segura de que cuando ocurra, lo sabrás, Peter. Y sabrás que esto no lo fue -añadió.

-¿Tú lo has sabido en todo momento? -preguntó Peter.

Se limpió la esquina de sus almendrados ojos. Ella apartó la mirada.

-Me ha dolido en todo momento-contestó simplemente.

Peter sonrió. Resopló.

-Supongo que se tratará de eso, ¿no? -suspiró. -De que duela…

-Oh, no, Peter… No siempre tiene que doler -concedió su amiga. -Es devastador cuando desaparece… Pero mientras vive… Es… Es como si respiraras otro tipo de aire que es más… Dulce para tus pulmones -le contó. -Como si hubieses estado todo el tiempo privado de un sentido…No es algo sin lo que no puedas vivir, no me malinterpretes…No es un órgano o un sentido vital…Pero es algo diferente… Es… Por eso sé que cuando te pase, lo sabrás…

-Lo tuyo no ha desaparecido, lo sabes, ¿no?

-Albus me odia, Peter -le dijo ella. Seriamente. Ya estaba acostumbrada a decirse aquello. Y a verlo en sus pupilas cuando se cruzaba con ellas. -Lo sé.

De repente, Peter la abrazó.

Aquello la pilló desprevenida. Se quedó pasmada. Dejó la calidez del Gryffindor entrar en su coraza. Supuso que aquello era lo que Peter creía que necesitaba. Se recostó en su hombro.

-Ojalá pudieras volver con nosotros -se lamentó su amigo. -Todos te necesitamos -confesó. -A nuestra manera -aclaró. -Yo necesito a alguien para hablar de Kyle porque creo que ellos no me entenderían… Creo que Scorpius solo hablaría de su padre contigo porque eres la única que trasmite calma… Y… Albus te necesita porque es como si le faltara ese aire que dices… No te odia, Alice… Simplemente se siente traicionado… Pero todos te necesitamos…

Alice rompió a llorar.

Ella los echaba en falta. Su amistad. Estar liberada de una amenaza y estar despreocupada. Sus risas y sus trivialidades. La vida fácil. Por mucho que se quisiera engañar.

Bien que ella lloraba, era de impotencia.

Era raro que lo hiciera. Normalmente si se sentía con ganas de llorar, se enfadaba. Con ella misma. O con alguien ajeno a sus lágrimas.

Se liberó.

Lloró.

No histéricamente o gritando como las personas lloraban cuando conciliaban su rabia con lágrimas, pero con un continuo sollozo de alguien que había descubierto que su maldición la haría estar sola. Y por mucho tiempo. Lloró porque su propia seguridad parecía haberse escapado del mundo. Su soledad era una realidad. Incluso allí, abrazada a su amigo, jamás se sentiría plenamente acompañada ni protegida por su amistad. No podría. Solo muerta.

Peter Greenwood besó su coronilla.

-Gracias, Peter -acertó a decir, entre gemidos. -Estoy bien -mintió. Descarademente. Alice Longbotton nunca lloraba. Peter no dijo nada. -Solo… Yo también os echo de menos.

-Es normal, somos irresisitibles -Peter arrancó una sonrisa a su amiga. -Me tengo que ir, seguramente se estarán preguntando dónde estoy y… Se habrán enterado ya que Kyle no está conmigo…

-Claro -dijo ella, limpiándose las lágrimas y enrojeciéndose por haber bajado la guardia tan estrepitosamente.

-Alice -Su amigo tenía una mirada de advertencia. -Siento decirte esto pero… Albus sí es tu alma gemela.

Ella asintió.

Y se sintió como el prototipo de adolescente fuerte e independiente de aquellas películas que veía su hermano.

Era una contradicción.

¿Cómo podían esperar que las personas creyeran en la fortaleza y la independencia de una joven cuya estabilidad emocional giraba ante otra persona? ¿Si la secuestraban movía el cielo y la tierra? ¿Si le hacían daño, se aseguraba de ser ella la bala?

Intentaba combatir aquello.

Su hermano le dijo que aquello era, precisamente, lo que les hacía fuertes. No lo necesitaban para ser así. Las complementaban. Podrían seguir siendo fuertes e independientes si jamás los hubiesen conocido. Pero, ¿qué gracia tendría para los espectadores?

Alice observó cómo su amigo se marchó de la Sala de los Menesteres.

Se tumbó en el sofá y suspiró.

-Soy fuerte e independiente. No necesito a nadie -se repitió como un mantra.

Desde muy pequeño, era un joven que olía a libros y a historias. De todos los mundos en los que había vivido. Como si la tinta hubiera abandonado las páginas y hubiera encontrado un nuevo hogar en su piel. No pertenecía allí. Siempre había vivido más en su cabeza que en la realidad. Y cualquiera podría haberlo visto en sus ojos. Eran pozos profundos y avellana. Era una biblioteca de historias. Cuando hablaba todo el mundo lo escuchaba. Los misterios de su mente. Caminaba de las palabras hacia lugares que sus pies jamás habían presenciado.

Y su prima Lily Potter siempre lo había sabido.

Desde la distancia de varias hileras de mesas en la biblioteca de Hogwarts que los separaba, la joven podía escuchar el engranaje de misterios que su primo movía en su cabeza. Había dejado su cabello pelirrojo, aclarado con la edad, crecer. Como si solo le preocupara cuidar su cultivada mente. Y su aspecto físico fuera tan secundario como un corte de pelo que tardaría en llegar lo que su madre le obligara.

Estaba tan sumido en su libro que no había notado la presencia de Lily Potter en la biblioteca. Como el resto de alumnos. La miraban como si fuera una intrusa. Lo era. Se sentía tan ajena a aquel ambiente que debió haberse currado un disfraz para infiltrarse.

Vigilaba a su primo para asegurarse de que iba a conseguir lo que quería.

Se levantó de la silla. Ni siquiera había traído libros o pergaminos con ella. Los demás habían contemplado cómo llegó y se sentó a unas mesas de su primo para observarlo durante unos diez minutos en silencio. Si no fuera su prima, habrían pensado que era una acosadora. Si no fuera Lily Potter, le habrían dicho que dejara ese hueco para alguien que lo necesitara.

Se puso de puntillas para al aproximarse a Hugo Weasley.

Este tenía sus brazos acogiendo el libro como si lo protegiera con su vida y con su cuerpo. Qué ingenuo. Lo leía con tanta ensoñación que creyó que lo había atrapado en un conjuro. De vez en cuando, se había dado cuenta, apuntaba anotaciones en un pergamino a su lado.

Llegó a su lado. Se puso justo detrás de él. Se acercó a su oído.

-¿Ese es el libro que dice Lorcan que no puede saber nadie que tienes? -preguntó en un tono de voz bastante normal.

 -¡SSHH!- El joven se sobresaltó. Dio un respingo. Se echó hacia atrás en la silla. Se llevó la mano al corazón como si se le fuera a salir. -¿Por qué no lo dices más alto? ¿En Canadá no te han escuchado?

Lily esbozó una sonrisa llena de picardía.

Con unas habilidades dignas de un ladrón experimentado, alcanzó una esquina del libro de Hugo Weasley y lo arrastró hacia ella. Lo cerró y lo puso sobre su pecho. Orgullosa y satisfecha de lo fácil que había sido burlar la seguridad de su primo.

-Gracias, Hugo, te lo devolveré en seguida -dicho esto, se giró y se dispuso a salir de allí a paso ligero.

-¡LILY LUNA POTTER! -Vociferó Hugo Weasley a su espalda.

Escuchó que le perseguía.

Ella aceleró el ritmo.

Metió el libro en su capa.

Salió finalmente de la biblioteca.

Y echó a correr.

Sus zancadas fueron tan grandes que sus pies se sacudían al chocar contra el suelo. Tenía bastante claro el rumbo que coger para perder a Hugo Weasley de vista. Al fin y al cabo, podría ser el más inteligente de Hogwarts… Pero no era el más atlético.

Corría, jadeando, hacia la Torre de Gryffindor. En el séptimo piso. Los alumnos se apartaban cuidadosamente al verla. No era un buen momento para andar corriendo por Hogwarts sin causar sospecha. El recuerdo de Molly Weasley aún era latente.Al ver que Hugo Weasley era el que la perseguía y, sobre todo, que Lily Potter estaba desternillándose de risa… La despreocupación volvía al ambiente. Afortunadamente.

-¡LILY! -la llamaba, sofocado, Hugo Weasley, con sudor en la frente y la lengua fuera. -¡No puedes leerlo! -le prohibió.

Oh, sí, claro, Hugo. Eso solo haría que Lily estuviera más segura de que lo que iba a hacer.

Pasó el Patio Empedrado. Se adentró en la Torre de la Gran Escalera repleta de cuadros ansiosos por ver el desenlace de aquella persecución. Lily saltó a una de las escaleras móviles antes de que zarpara hacia otro de sus niveles. Subió los escalones, mientras miró de reojo cómo Hugo esperaba a que las escaleras le recogieran. Hugo comenzó a moverlas con la varita, para disgusto de Lily.

Sólo tenía que llegar al Retrato de la Dama Gorda.

Por culpa de Hugo Weasley, las escaleras se movían más deprisa. ¿Cómo había conseguido hacer aquello? No tenía ni idea. Pero le estaba dando un mareo peligroso.

Alzó la mirada para ver las escaleras que cruzaban por encima de su cabeza. Esas eran las últimas que la llevarían a la Dama Gorda. Suspiró. Apretó el libro con una mano a su pecho. Y saltó hacia el vacío de la Torre de la Gran Escalera para alcanzar, aunque fuera, el último escalón de aquella escalera moviente.

-¡AAAAAAAAAAAH! -Su grito le infundió valor. Evitó mirar hacia el tremendo vacío y hacia su primo moviendo las escaleras y su velocidad a su placer.

Sus dedos rozaron el último peldaño.

Agarró con la mano derecha el escalón. Sus pies se balancearon en el vacío. Las escaleras se movían de izquierda a derecha a una velocidad vertiginosa. Atisbó a Hugo Weasley a dos niveles más debajo de ella. Y le sacó la lengua.

Se impulsó como pudo con una mano. Hizo visible el libro y su mano izquierda para apoyarlas sobre el escalón. Con ambas manos sobre el escalón se incorporó sobre la escalera. Hincó sus rodillas y miró al vacío. La velocidad se incrementó. Se tambaleó. Maldito Hugo Weasley.

Se puso de pie. Agarró con seguridad la baranda para sostenerse y corrió hacia el descanso de las escaleras donde reposaba el Retrato de la Dama Gorda.

-Los primos no deberían hacer esas cosas, jovencita -le recriminó.

-¡Motocicleta voladora! -dijo la contraseña rápidamente.

Entró antes de ver que Hugo Weasley había conseguido llegar al mismo nivel. Y que sabía la contraseña. Pero ya daba igual. Era demasiado tarde para él.

Pasó detrás del agujero circular hacia su sala común. Estaba llena de alumnos de Gryffindor que se preparaban para animar a Ravenclaw contra Slytherin en el partido de aquella tarde. Saltaban de unos sillones esponjosos a otros. Fue corriendo hacia las escaleras que comunicaban hacia los dormitorios de Gryffindor de chicas. Y las subió. Al llegar arriba. Se giró.

Vio el rostro jadeante y sudado de su primo Hugo.

Se mofó de él.

-Lily, por favor… -gimió de cansancio. -No lo leas…-le suplicó. -No es asunto tuyo.

Entonces, comenzó a subir las escaleras, apoyándose en la pared, derrotado. Y la pared se convirtió rápidamente en un una rampa. Hugo Weasley cayó de bruces al suelo de la Sala Común de Gryffindor y todos se giraron hacia él.

-Oh, Hugo, ¿no lo sabías? -se mofó Lily Potter. -Los chicos no pueden subir a los dormitorios de las chicas.

Su primo le lanzó una una mirada asesina.

Lily Potter sonrió satisfecha.

Contaba con que su primo no supiera aquello. Era lo que le hizo vencer a Hugo Weasley. Él siempre conocía todo sobre lo que se interesaba. Así, sabía todo sobre Hogwarts. Excepto aquello que jamás le preocuparía. Por ejemplo, que los fundadores consideraban a los muchachos Gryffindor poco fiables ante los dormitorios de las chicas Gryffindor, por lo que pusieron un hechizo en la escalera para evitar que entraran. Todos los muchachos Gryffindor sabían aquello. Todos los que tenían intenciones ocultas, por supuesto. Y, claro estaba, era algo que toda chica Gryffindor sabía para deshacerse de las personas indeseables.

Hugo Weasley jamás se había interesado en subir a los dormitorios de las chicas de Gryffindor. Y por eso fue derrotado por Lily Potter.

-¡LILY! -se quejó, por última vez, su primo.

Se fue a su cuarto satisfecha con el libro sobre su pecho como un trofeo.

Al entrar, Ellie Coleman la miró extrañada.

-¿No vas al partido?

-Iré después -contestó con una sonrisa que no podía evitar borrarse del rostro.

-Vale -dijo, con una expresión de escepticismo en su rostro.

Ya le contarían que había estado escapando de Hugo Weasley por robarle un libro. Todo el mundo creería que era su diario. Pues aquello era lo que le había contado a Lyslander. Ella se encargaría de soltar el rumor.

Se tumbó en la cama dando la espalda a la puerta.

Soltó un chillido de excitación en silencio.

Aquel libro no era el diario de Hugo Weasley. No habría cosa más aburrida que el diario de su primo para Lily Potter. No. Aquellas páginas escondían el mayor miedo de la joven. O, al menos, eso era lo que ella pretendía desmentir. O descubrir que no era así. Lorcan le había dicho -o, más bien se le había escapado -que Hugo estaba obsesionado con unas profecías de uno de sus libros en una de sus rondas.

La pelirroja podría no ser Ravenclaw. Pero no era tonta.

Quizás para Lorcan Scarmander aquello era un libro normal y corriente. Con profecías fruto del delirio de cualquier mago. Más había dos variables que Lorcan Scarmander no se había detenido a considerar. Para empezar, ¿Hugo Weasley obsesionado con profecías? Todo lo que obsesionara a Hugo Weasley era importante. A Lily le frustraba reconocer aquello. Pero era así.  Sí, era un libro, pero si Hugo Weasley había hecho ejercicio físico para ir tras él sólo demostraba que, primer punto, era peligroso; segundo punto, creía que sólo él podría ser dueño de aquella información. ¡Y que era de suma importancia!

La segunda variable ni siquiera la sabría Hugo Weasley.

Lily Potter tenía consciencia de aquellas profecías mucho antes de que Hugo Weasley las conociera. Desafortunadamente, era gracias a Frank McOrez. Aún recordó cuando el Slytherin anunció su fatal desenlace. Y, por suerte para ella, tenía buena memoria.

Pasó las páginas buscando la profecía a la que se refería McOrez aquella vez. «Yo no tengo la culpa de que te mencionen en una profecía», le había dicho. Bueno, parecía que aunque él no tuviera la culpa… Nadie se iba a librar. Había tantas personas. Anónimas. Con tantos destinos fatales. Agradeció no conocer ninguna. Se centró en ella.

«Y así el joven platino consumirá el alma de una niña de cabellos rojos como la sangre que ha sido derramada durante la batalla, quitándole el último suspiro para convertirse en el mago más poderoso de la historia…». Aquellas fueron exactamente las palabras con las que le advirtió de su destino aquella noche de Navidad a las afueras de la Madriguera.

Era cierto que Frank McOrez nunca le había engañado. Sí que le había herido. Y había dejado claro que no dudaría en matarla cuando llegara el momento.

¿Por qué había montado todo aquello para intentar demostrar justo lo contrario? Empezando por lo obvio: quería asegurarse.  No estaba dispuesta a admitir su destino así como así. Si sabía que Hugo Weasley podría ayudar con su conocimiento -indirectamente y forzando la ayuda; quería comprobarlo.

El otro motivo era su madre, Ginevra Potter. Lily Potter confío en ella desde el primer momento. ¿No había sido ella, Lily Luna Potter, la primera en ocultar que se comunicaba con Frank McOrez y que le había robado la varita para poder rescatar a Albus? Claro que entendía a su madre. Era su ídolo. Nunca dejaría de serlo. Ahora bien, no sólo era su icono, sino también su guardiana. Lo había dejado claro, ¿no? Fue ella la que le insistió en que comprobara aquella profecía. ¿Cómo sabía ella aquello? No sabía si quería saberlo. Solo guardó la información de que su madre intuía que le habían contado. O, como había apuntado en su último encuentro, «quizás el hijo de Pansy no lo sepa todo y sea otro peón más».

Se detuvo en una profecía que le llamó la atención.

«Cuando el fruto del amor entre dos descendientes de aquellos que acabaron con Tom Marvolo Riddle, el momento se acercará. El metamorfo será el que nos guíe. Le haremos volar. El único que sabe cómo acabará todo y cómo todo puede cambiar.El único dotado de esa sabiduría nacerá justo cuando otra vida se acabe. Llevará Nuevo Mundo si sus luceros se apagan. Llevará al Viejo Mundo si confía en sus luceros. Una luz original que proceda del agua. Una luz etérea del eros».

Su nariz se arrugó. ¿No serían Teddy y su prima Vic esos dos descendientes y su hijo Remus el metamorfo que los guiara? ¿Pero por qué había una profecía que hablaba de un bebé? No le dio más importancia. No quiso entender el resto.

Pasó páginas hacia la portada.

Y allí estaba.

Soltó una exclamación. Su madre tenía razón.

« Y así el joven consumirá el alma de una niña de cabellos rojos como la sangre que ha sido derramada durante la batalla, ella le robará un beso y un suspiro para convertirlo en el mago más poderoso de la historia…»

-¡No soy yo!

La euforia la inundó.

No. Era. Ella.

Y tampoco era Frank McOrez.

Era definitivamente impensable.

¿En serio creía el Ojo que ella daría su vida para que Frank McOrez se convirtiera en un gran mago? Mejor aún… ¿Qué le besaría? Tuvo que llorar de risa. Le daban naúseas de imaginárselo.

No sabía cuáles eran las intenciones del Ojo, pero, afortunadamente no tenía nada que ver con aquella profecía.

No obstante sintió una punzada en su estómago. ¿Entonces por qué Frank McOrez había sido instruido en que la asesinara? ¿Sabría él aquello? Su madre le había dado a entender que no y… Había tenido razón con que la profecía no se correspondía con ella. Pero, de igual modo, le había dicho que tuviera cuidado con él y con el Ojo.

¿Qué ocultaban?

Suspiró.

Supuso dos cosas. La primera era que si la varita aún seguía conectada a Frank McOrez probablemente él se habría dado cuenta de que Lily Potter había descubierto aquello. La segunda era que, en consecuencia, tendría que hablar con Frank McOrez y exigirle una explicación. O quizás él también debería exigir una explicación a sus superiores.

Cerró el libro y lo alejó de ella.

No quería saber nada más de profecías hasta solucionar aquel pequeño misterio.

¿Cuál era el verdadero plan del Ojo para ella, sino era aquel? ¿Y quién sería la pelirroja? ¿Sería, en realidad, ella? ¿Y si acababa siendo ella? ¿Pero con otra persona?

Sintió miedo.

Tiró el libro al suelo.

Oh, Hugo siempre tenía razón. Aquello iba a acabar con su cordura.



« (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible Comenta este capítulo | Ir arriba (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito »


Potterfics - Harrylatino
Potterfics es parte de la Red HarryLatino

contacto@potterfics.com

Todos los derechos reservados. Los personajes, nombres de HARRY POTTER, así como otras marcas de identificación relacionadas, son marcas registradas de Warner Bros. TM & © 2003. Derechos de publicación de Harry Potter © J.K.R.