Historia al azar: Vida sin Sentido
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La Tercera Generación de Hogwarts » (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Lunes 25 de Enero de 2021, 16:18
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(IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)
  235. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones
  236. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  237. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  238. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  239. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (III)
  240. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (IV)


Era irónicamente divertido. Día a día parecía que no había ningún cambio en su rutina y, sin embargo, con un solo vistazo al pasado, se daba cuenta de que todo era diferente.

Aquel curso estaba siendo genuinamente más tranquilo de lo que habría esperado. El turbio pensamiento de una amenaza exterior que había asestado un duro golpe a su familia y la política interior aún le consternaba. Los cambios en su familia tras los desafortunados acontecimientos que tuvieron lugar el año anterior aún la sacudían. Pero, en su burbuja diaria, parecía reinar la paz. No parecía haber ningún altercado dentro del Colegio de Magia y Hechicería de Hogwarts. Sí, había alguna que otra disputa entre alumnos. Pero no dejaba de ser algo que ella no hubiera visto en su vida muggle. Además, McOrez ni siquiera se había acercado a ella. Su cicatriz aún le escocía. Y seguía teniendo su varita, la cual había comenzado a utilizar, pues supuso que al arrebatársela en su día la hizo suya.

Cuando Lyslander Scarmander chilló, Lily Potter dio un brinco en su silla.

-¡Lys! -le regañó por asustarla.

-¡Lo he hecho! -exclamó ella, acercando su varita a su rostro.

Su amiga tenía una expresión de felicidad absoluta. Las cejas alzadas y una sonrisa radiante. Los ojos arrugados. Se balanceó de un lado a otro en una danza de celebración que intentaba transmitir a su amiga Gryffindor sin éxito.

-Oh, muy bien, señorita Scarmander -la congratuló el profesor Switch.

Lily Potter posó sus codos sobre la mesa y miró con desesperación su experimento. El profesor Switch, nieto de Emeric Switch, el autor de la Guía de Transformación Para Principiantes -libro necesario en las clases desde primero; se acercaba de una mesa a otra para comprobar el avance de sus alumnos. Era una nueva adhesión a la plantilla docente. Lily suponía que su apellido había hecho gran parte del trabajo para conseguir su puesto. Sus clases eran las más aburridas. Solo esperaba que en tercero le enseñara algo de los animagos.

-Podríamos hacer algo más interesante que transformar un escarabajo en un botón -se quejó Lily, mientras Lys le daba un codazo. -¿Qué? ¿Para qué nos sirve un botón? -Resopló y apoyó su barbilla en su mano. Con la otra comenzó a perseguir su escarabajo por la mesa como si fuera un juego. -El año pasado fue una cerilla en una aguja… ¿Nos va a enseñar a coser?

Lyslander se carcajeó en lo que parecía un resonar de campanillas.

-Tenemos que ir por niveles… Pronto será un trozo de tela -le siguió la broma. Lily vio por el rabillo del ojo que su amiga esperaba su reacción. Pero ella no se inmutó.  Se había guardado sus risas para sus propias bromas y sus sonrisas para el sarcasmo. Lily seguía siendo una niña malhumorada, aunque estuviera rodeada de una aparente paz. -En los T.I.M.O.s tendremos que convertir a animales como iguanas o hurones… No podemos transformarles a la mitad…-añadió, intentando decir algo interesante para Lily.

-Alumnos, tengo una reunión con el director Longbotton, si fueran tan amables de recoger los materiales y los animales y devolverlos a sus sitios…-pidió el profesor Switch, mientras Lily Potter se incorporó de un brinco. Lo único interesante que había dicho en toda la clase.

Escuchó a Lyslander gruñir.

Su amiga tenía la imperiosa necesidad de que todo el mundo estuviera feliz. Incluso si, a la vista estaba, que no querían estarlo. O no tenían intención de hacer nada para evitar cambiar su comportamiento. Le gustaba aquella zona de confort que ella misma había construido para que nadie se le acercara. Pero Lyslander Scarmander creía que su misión como mejor amiga era destruir el muro de Lily Potter como si fuera el telón de acero. Y aquello hacía que ella pusiera más ladrillos al otro lado. Arenas movedizas. Alambres. Una torre de seguridad. Ametralladoras. E incluso dementores.

-¿Me acompañas al entrenamiento, Lily? -le preguntó amablemente su amiga.

Una de sus tácticas era intentar introducir a Lily en su grupo de amigos. O en el grupo de amigos del equipo de Quidditch. Lyslander Scarmander tenía un grupo de amigos por evento social que eligiera. Su amiga creía que en alguno tenía que encajar Lily. Aunque fuera por descarte. Lily no quería que su amiga malinterpretara su resistencia a hacerse amiga de sus amigos, por lo que era la alargada y rojiza sombra solitaria de su amiga que no hablaba más de dos o tres monosílabos. A cambio, podía compartir tiempo a solas con su amiga. Había visto -Lily era callada, pero no ciega -la expresión de los amigos de Lyslander cuando la veían llegar. Ella, simplemente, crujía sus nudillos en silencio.

-Claro -dijo ella, encogiéndose de hombros. Ir al entrenamiento era, sin lugar a dudas, lo que más le gustaba. Podía quedarse en las gradas. Sentada. Sola. Sin tener que aguantar las estúpidas conversaciones del resto de alumnos de todo Hogwarts que adoraban a su amiga. Y podía ver a su amiga jugar a Quidditch. Deporte que a Lily también le gustaba. No le engañaba cuando le decía que le encantaba acompañarla. -Vamos, Lys -le apremió, mientras cogían con sumo cuidado las endebles estructuras de los escarabajos y los metían en las jaulas que había dejado el profesor.

-¿Y si nos los comemos como en Asia? -se burló Angus Vaughan.

Lily se giró hacia él lentamente. Tentada. Vio su uniforme holgado de Hufflepuff.

-¿Y si nos comemos tus neuronas? -le espetó. -Ah, mierda, nos moriríamos de hambre entonces…

-¡Lily! -exclamó Lys, cogiéndola del brazo y apartándola de Vaughan. -Lo siento, Vaughan… Últimamente está…

-¿Últimamente? -ironizó Vaughan. -Va a insultando a todo el mundo…

-Oh, perdón, ¿te he ofendido llamándote unineuronal? -lloriqueó burlonamente Lily, haciendo pucheros con la boca. -Pensé que ya lo sabías…

Lys la interrumpió. La agarró fuertemente. La sacó a rastras del aula y la empujó por el pasillo, con cierta resistencia física por parte de Lily. Lyslander podría estar agradeciendo su entrenamiento físico en Quidditch porque era lo único que le había hecho sacar a Lily Potter de allí.

-¿¡Podrías ser más educada con las personas de tu alrededor?! -le insistió su amiga.

La observaba como una madre miraba a su hija cuando esta había sido llamada del colegio por enésima vez. Lily conocía perfectamente esa decepción en el rostro de Lys. Era, al fin y al cabo, lo que había hecho que ella misma creyese que era un chasco, ¿no?

-¿Más educada? Intenté serlo con mis primos Dursley y fueron las peores horas de mi vida…-Bufó con cierta teatralidad. Vio que Lyslander estaba con los brazos en jarras.- Oh, venga ya, Lys, no trato a la gente mal… La trato como se merece. Digo en voz alta lo que todo el mundo piensa…No creo que tenga un problema con mi mal humor. Eres tú la que tiene un problema con mi humor y ese es tu problema, Lys.

-Estaría de acuerdo contigo pero entonces estaríamos las dos equivocadas -consideró su amiga.

Lily Potter no pudo evitar dejar escapar el amago de una risa cansada. Su amiga pareció llegar a una tregua de paz con ella. Por suerte, siempre era Lyslander la que cedía. Lily era demasiado testaruda como para hacerlo. Eso quería decir que Lyslander sería buena diplomática y Lily acabaría en Azkaban cuando se separasen en su vida adulta.

Caminaron por el pasillo abrazadas.

Y ese remanso de paz llegó a su fin.

-Potter, ¿puedo hablar contigo?

-La respuesta corta es no -le escupió Lily. Examinó a Frank McOrez. Tenía el rostro serio y tenso. Nada fuera de lo normal. Tenía el pelo rizado más largo. Se parecía más a su hermana. Eso causó repulsión en Lily. -Y la respuesta larga es ni de coña.

Le sonrió falsamente. Él cerró los ojos y se interpuso entre Lily y Lyslander y el destino de estas.

-Potter…-le advirtió.

¿Qué pretendía hacer? ¿Lanzarle un Cruciatus? El Ministerio británico de Magia no estaría en condiciones para pasar por alto aquel tipo de comportamiento. Aunque su nombre estuviera blindado con oro y una cámara de Gringotts.

-Mi amiga va a llegar tarde al entrenamiento si no nos dejas pasar -le advirtió ella. Su voz sonó tan amenazante que Lys fue quien le apretó el agarre para que tuviera cuidado con lo que hiciera.

Su amiga se separó de ella.

-Lily, no pasa nada -dijo su amiga.

Lily quiso seguir hacia adelante. Frank McOrez volvió a interrumpir el camino. Alzó la mirada para verle. Igual que siempre. La misma cara de asesino que le acechaba. Que le repugnaba.

Pero ella ya estaba harta.

-¡He dicho que me dejes en paz!

Actuó antes de pensar en las consecuencias.

Lily Potter estrelló su puño a toda velocidad en el tabique nasal de Frank McOrez. El rostro de este se desplazó con su cuerpo hacia atrás. Lily sintió su mano escocer.

Se separó. Se llevó la mano a su pecho y vio que sus nudillos se hincharon y se colorearon de un rojo poco sano.

La sangre comenzó a brotar estrepitosamente de la nariz de McOrez.

Lily Potter sonrió. Una sonrisa que jamás habían esbozado sus labios. Una satisfacción ante herir a su propia presa. De victoria.

-¡Cincuenta puntos menos para Gryffindor! -exclamó escandalizada la hermana de Frank McOrez mientras acogía su rostro con las palmas de sus manos.

Las personas de alrededor se acercaron. El cúmulo de gente fue cada vez mayor en muy poco tiempo. Segundos. El murmullo se acrecentó.

Un aplauso rompió el silencio creado.

Se encontró a sí misma sentada en un pub irlandés. Los pubs ingleses estaban a rebosar en aquella época del año. Y, de ningún modo, su hermana iría a un pub escocés. Aunque fueran los mejores sin dudas. Suficiente tenían con aceptar la invitación de aquel variopinto grupo de conocidos. No podían llamarse amigos. No eran un grupo de amigos.

Ella había optado por beber cerveza muggle. Probablemente se arrepentiría de aquello. Tenía diecinueve años. ¿Cómo estaba bebiendo? Por suerte le habían comprado la bebida. Y si alguien tenía que ser responsable de lo que le pasara, serían su ex cuñado, su mentor o un fugitivo de la justicia francesa. Oh, no, aquello no era un grupo de amigos. Aunque descubrió que entre ellos tres sí que eran amigos. ¿Por qué la habrían llamado a ella? ¿Para que así fuese Vic? Rodó los ojos ante aquel pensamiento mientras se acabó su primera cerveza. Quizás se tomaría una segunda cerveza. No quería tener la mente despejada en aquel momento.

Había cuatro figuras a su alrededor. Hablando entre ellas. Una joven mujer con una enorme cicatriz en el rostro. Una red de cicatrices. Parecía seria. Como si no supiera sonreír. Se había pedido agua. Oh, Vic, ¿qué habían hecho con ella? Decía que las madres no bebían pero ambas sabían que las copas de vino de su madre en Navidad desmentían aquello desde que tenían uso de conciencia. Quizás ella sí que quería una mente despejada. Tenía a su ex novio y padre de su hijo a su lado. Con una prudente distancia de separación. Al pensar en eso no pudo evitar reírse para dentro. ¿O quizás lo hizo para fuera? ¿Era esa su primera cerveza o su tercera? Ted Lupin estaba radiante. Era como si hubiera cogido toda la energía de su hermana y se la hubiera rociado para parecer el hombre de los sueños de cualquier mujer. Volvió a reírse por la ironía de la situación. Estaban celebrando el precumpleaños de su hijo. Qué bonito. Vic le había dicho que quería tener una buena relación con Ted por Remus. Oh, claro. Ella también quería tener una buena relación con Remus por Ted. ¿O al revés? Definitivamente el alcohol le estaba afectando. Su hermana debería haber detenido aquel consumo no moderado. Negó para ella. ¿Se estaba balanceando? ¿Lo estarían notando los demás? ¿Quién iba a notar que el fracaso de Luperca estaba emborrachándose porque después de seis meses no había podido hacer absolutamente nada? No se olvidaba de eso. No. No. No. Tenía allí al santificado Alexander Moonlight. Había evitado mirarle porque él era el único de allí que podía decirle sin tapujos que era un fraude. Y ella no estaba dispuesta a gritarle que la culpa la tenía él por meterla allí en primer lugar. Y, por último, un Auror francés que no dejaba de mirarla como si fuera un extraño fenómeno de la naturaleza. No lo era. Que se lo dijeran a Onawa.

-Ted me dijo que tú eras el más cercano a Willa -se mofó Bastian Lebouf de Moonlight, dándole un codazo. Vaya falta de respeto hacia los difuntos, pensó Dominique Weasley.

-Sí,… Tu hermana me gustaba. Era bueno tener un sitio donde ir cuando las cosas iban mal, ¿sabes? -respondió diplomáticamente.

Ante esa contestación, Dominique se rio disimuladamente o trató de hacerlo con disimulo, girándose hacia el resto de gente del pub. ¡Cómo si Moonlight fuera hombre de una sola mujer! Era la definición de poligamia en Hogwarts. Recordaba que en su cuarto, sus compañeras siempre perdían la cuenta de con quién estaba saliendo aquel día. O parte del día. Si hubiera una enfermedad de transmisión sexual en Hogwarts, le habrían puesto su nombre.

-Voy a ir a por otra cerveza -anunció Dominique Weasley asintiendo para ella.

-¿Dom? ¿Estás segura? ¿Estás bien? -le preguntó su hermana.

-Oh, sí… Hoy bebo por las dos, ¿no? -le dijo guiñándole el ojo. Hipó inesperadamente. Delatando su estado de ebriedad. -Ups, parece que mi cuerpo también me la está pidiendo…-Se rió ante su propia broma, con la que se giró para ir a la barra.

Escucho a sus compañeros de mesa decir algo. Entro por sus oídos pero no llegó al cerebro. Quedó amortiguado por la cerveza, la música y el ruido de la gente del pub. Volvió a hipar. Rodó los ojos. Probablemente estaba siendo patética. Se lanzó a la barra. Miró a su alrededor. Vio el cristal detrás de los licores que adornaban la pared. Su reflejó borroso le recibió. Un pelo dorado, con ondas que su hermana se había empeñado en hacer. Un flequillo un tanto sudado por el ambiente. El maquillaje ahumado y perfectamente acomodado a su piel. Y unos labios rojos cuyo carmín no se iría hasta el día siguiente. Estaba radiante. Se había puesto una blusa de lencería negra y una chupa de cuero negra. Debía aparentar mínimo veintiún años para que le dejaran comprar una cerveza.

-¿Qué quieres, preciosa? -le preguntó el hombre que atendía en la barra, con una barba blanca y chapetas coloradas.

-Una Guinness, por favor -pidió ella con una sonrisa.

El asintió y fue a buscarla.

Un joven a su lado le dio un empujón. Ella hizo como que no se había dado cuenta. Se mordió la lengua. Y esperó al camarero.

-Aquí tienes -se la tendió.

Ella le dio el dinero justo. O eso creía. Le daba igual. Así tendría propina por vender alcohol a jóvenes que no estaban en la edad.

Volvió con su jarra a rebosar de más cerveza para su estómago. Le dio un sorbo y sintió que su labio superior se llenaba de espuma. Lo lamió cerrando los ojos. Se acercó a la mesa. ¿Parecía más animada que antes?

La persona que antes le había empujado volvió a hacerlo. Esta vez, derramó un poco de cerveza de su jarra en el suelo. Dominique vio que su hermana se reía de ella y que Bastien Lebouf alzaba una ceja. Oh, genial. Dominique se giró hacia el acosador.

- No hace falta que me vuelvas a dar un golpe. Te he ignorado a posta la primera vez -le espetó.

Su expresión cambió drásticamente cuando se percató quién era su acosador.

-Oh, Dominique, eres tú -Nicholas Woods se sacudió la nuca y le sonrió.

Tuvo que pestañear varias veces para cerciorarse de que no estaba teniendo alucinaciones.

-¡¿QUÉ?! -Casi chilló.

Se aseguró de que su hermana había vuelto a hablar con el grupo de la mesa y cogió a Nicholas del antebrazo y cruzó el bar con él. Él ni se inmutó. La cabeza de Dominique Weasley comenzó a dar vueltas. Él se disculpó con la mirada. ¿¡Se disculpó?! ¿¡Perdona?! Lo estrelló contra la puerta del baño de las chicas y lo forzó a entrar. Dominique entró detrás de él. Todos los del pub vitorearon a Nicholas Woods. Creyendo que era fruto de la pasión. Oh, sí, Dominique iba a arrancarle la cabeza apasionadamente.

-Dominique, no te estoy siguiendo, yo…

-Oh, claro, me como los mocos ahora… ¡¿QUÉ HACES AQUÍ?! -le chilló alzando una mano contra él.

-¡No lo sé! -le gritó él de vuelta.

Oh, aquello sí que no se lo esperaba. Dominique Weasley arrugó su rostro.

-¿Qué no lo sabes? ¿Qué eres? ¿Imbécil? -Le dio un empujón.

Y Nicholas Woods tembló. Había bajado la mirada. Y cuando la subió, sus ojos habían cambiado de color. Su iris era completamente negro. Sus venas estaban totalmente dilatadas, como si hubiesen sido inyectadas de sangre. Rugió en su interior. Le enseñó dos colmillos que sobresalieron de su dentadura. Su cuerpo se tensó y palideció.

Dominique Weasley ladeó la cabeza.

-¡ARRGH! -Él se abalanzó sobre ella.

Y ella, pese a las tres cervezas y un trago, se apartó a toda velocidad. Woods se estrelló sobre la pared. Haciendola temblar y romper los ladrillos cuyos pedazos cayeron al suelo. Dominique lo miraba ojiplático.

-¿Qué demonios eres…? -preguntó, tan asustada que sintió el corazón en su garganta y la adrenalina tapándole los oídos.

Se metió poco a poco en un baño.

Woods se giró hacia ella. Caminó con pasos lentos hacia ella. Con las manos preparadas para agarrarla. Dominique se subió al retrete. Y lo miró con temor desde la altura. Entornó los ojos. El miedo la había despertado de la ensoñación en la que la había sumergido la cerveza.

-Me temo, querida, que no vas a poder escapar de tu destino -sentenció Nicholas Woods. O no era Nicholas Woods, pero era su voz.

Dominique Weasley no supo si sollozar o no. Sentía su respiración entrecortada. Su pecho subir y bajar. Y a Woods cada vez milímetros más cerca. Su muerte cada vez más cerca. ¿Moriría? ¿Dónde estaban todos los recuerdos que pasaban por su cabeza antes de morir? Se atragantó con todos los pensamientos que surcaron su cabeza.

Entonces, Woods se abalanzó hacia ella.

La puerta del baño se abrió. Woods se giró y vio a su hermana Vic.

¡No!

Dominique se bajó corriendo del retrete.

Alzó su mano hacia Woods.

Una llamarada de un fuego infernal salió de sus manos y se dirigieron hacia el cuerpo de Woods. Lo envolvió rápidamente. Deteniendo su camino. Dominique lo aprisionó con sus flameantes palmas y lo hizo arrodillarse. Woods perdió el conocimiento entre el fuego. Cayó de bruces sobre el suelo.

El fuego de Dominique Weasley cesó.

Dominique entró, de nuevo, en una ensoñación.

Victoire Weasley asomó dos lágrimas por su rostro. Entró al baño y se mantuvo separada de su hermana.

Bastien Lebouf asistió al cuerpo de Woods.

-Está vivo… Hay que llevarlo a San Mungo -anunció. Sacudió las llamas que aún nacían de su ropa. Comprobó su pulso. Miró de reojo a Dominique Weasley. Esta temblaba desde dentro del baño en el que se encontraba, cuya puerta había sido calcinada. Al igual que su chaqueta. Y su lencera. Estaba en su ropa interior y lo que quedaba de sus zapatos. Se percató entonces de aquello.

Ted Lupin y Alexander Moonlight también entraron. Ted buscó la mirada contrariada de Vic. Quien negó. Dominique Weasley no supo por qué. Su hermana parecía más horrorizada que ella. Pero, ¿de ella o de Woods? No lo pudo saber.

Moonlight se acercó, pasando por el cuerpo de Woods, hacia Dominique y, sin previo aviso, la cogió del brazo y desapareció del pub irlandés.

Tres cervezas. Ver a su ex. Ver que su ex era un fenómeno de la naturaleza que no comprendía. Lanzar fuego por sus manos. Y una aparición de vuelta a Luperca donde había jurado que no quería volver. No pudo evitar hincar las rodillas en la hierba. Llevarse las manos al pelo para apartárselo de su rostro y soltar todo el vómito que le haría digerir mejor aquello.

-¡JODER! -gritó con exasperación Moonlight. Caminaba de un lado a otro con el puño en la boca. Maldiciendo de allí para allá y mirando al cielo en búsqueda de respuestas. -¡JODER, WEASLEY, JODER!

Oh, que se quejaba de ella. Estupendo.

Volvió a vomitar. El sabor a cerveza era horrible. Sintió ganas de ir al baño. Se miró el sujetador negro que llevaba e intentó ocultárselo con las manos. La siguiente arcada evitó que pensara en nada más. Se sostenía el pelo en una cola de caballo improvisada.

Moonlight seguía caminando a su alrededor. Maldiciendo su nombre.

-Me iba a atacar a mí… Le han salido unos putos colmillos -se quejó ella. Repasó con un estremecimiento los recovecos de su boca que aún sabían a cerveza.

-¡DA IGUAL! -Le gritó mirándola con frustración.

-No da igual -contestó con calma, mientras se sentaba sobre el suelo y suspiraba para evitar otra arcada. -Solo me he defendido… Yo… No controlo quien soy…

-¡EL HIJO DEL PUTO OLIVER WOODS, WEASLEY! -Recalcó Moonlight. Ella rodó los ojos. Como si no supiera quien era su ex. -¡NI UNA PRUEBA DE QUE TENGA COLMILLOS O QUE TE ATACARA! ¡EL PUB TE VIO EMPUJARLE! ¡Y EL MINISTERIO SABE QUE TÚ PUEDES LANZARLE FUEGO…! -Se llevó las manos a la sien. Parecía arrancarse.

-No iba a dejar que ese imbécil me matase a mí o a Vic… -dijo Dominique, justificándose. -Vic también lo ha visto -recordó.

-¡PERO EL MONSTRUO ERES TÚ NO EL HIJO DE OLIVER WOODS, MALDITA SEA! ¡TÚ ESTÁS REGISTRADA COMO VELAA! ¡LO SUYO PUEDE SER UNA ALUCINACIÓN VUESTRA! -La acusó.

No sintió una arcada. Pero aquello parecía una. Un bofetón de palabras. «El monstruo eres tú». Aquellas palabras resonaron en su cabeza en los segundos de silencio que se acomodaron entre ellos. La brisa del parque parecía haberle sentado bien. No tan bien como Moonlight desbordado.

-O sea que, ya que por fin me he convertido en una velaa, ahora lo que en realidad soy es un monstruo…-Debió habérselo imaginado. Las criaturas mágicas, después de todo, eran los monstruos de los mitos muggles. ¿Por qué nunca lo había visto así? ¿Era para negar su propia naturaleza? -¿Tengo que ir ahora a la cárcel de monstruos? -su ironía fue tan triste que sintió ganas de llorar.

Aquello la asoló en un instante.

Moonlight se agachó en cuclillas. Y esperó a que Dominique le sostuviera la mirada.

-Eso es lo que estamos trabajando los Aurores y los magizoologistas, ¿no? Ver que la naturaleza de los más nuevos a veces puede descontrolarse… Pero en tiempos difíciles puede ser complicado… -le dijo. Más calmado. Ella giró la vista hacia otro lado. - No es tan malo ser un monstruo, Weasley… No te preocupes. Viene de la raíz latina "monstrum" -Dominique se secó una lágrima y alzó una ceja. -Significaba mensajero divino de las catástrofes -anunció Alexander con un cambio teatral en su tono de voz, esperando dibujar una sonrisa que no alcanzó en el rostro de la veela. -Después los franceses lo derivaron a un significado de un animal híbrido: centauro, sátiro… -Movía sus manos conforme se explicaba. Se acercó, poco a poco, a la joven. Intentaba calmarla. -Ser un monstruo es una señal de hibridez, como un faro: somos un refugio y una advertencia al mismo tiempo.

Dominique Weasley supo que quería tranquilizarla.

Tenía que hacer, antes de llegar a la calma, una reflexión. Las criaturas mágicas eran monstruos. Aquello siempre había sido así y nunca lo había querido ver. La entristecía y su mente aún quería negarlo. Quería que Moonlight se fuera de allí para poder llorar tranquila. Para poder despedazar el monstruo de su interior y quemarlo vivo. No se quería. No quería a su velaa.

Se giró para ver que estaba en Luperca. Rodeada de monstruos, ¿no?

Sollozó.

No había llamado a las criaturas mágicas monstruos hasta que ella se convirtió en uno.



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