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La Tercera Generación de Hogwarts » (IV) Capítulo 13: Alma mater
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Domingo 17 de Enero de 2021, 16:45
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(IV) Capítulo 13: Alma mater

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)


Hacía un tiempo no le habría importado tener tanta atención rodeándole. ¿No había vivido él para ser el centro del universo? Había hasta un artículo de un periódico escrito solo y únicamente para bajarle los humos. No podía quejarse. Pese al mal fario que acogió al mundo mágico en aquellos últimos años, él vivía uno de sus mejores momentos. Capitán por votación del Equipo de Quiddtich de Gryffindor. Admirado por los miembros de Luperca por sus habilidades en la conversión y su fuerza de voluntad. Elegido líder del grupo de la Orden del Temple que patrullaría Hogwarts ante una amenaza del Ojo.

Cuando James Potter decidió madurar el año anterior, el mundo pareció haberle escuchado. Dándole, por supuesto, responsabilidades.

Afortunadamente, sabía cómo manejar la situación. Una de las cosas que le habían instruido en Luperca era a despejar su mente y gestionar soluciones para los obstáculos que se pusieran en su camino. ¿Quién iba a decir que ser licántropo era lo que James Potter necesitaba para ser una persona más calmada?

Por un lado, para que su equipo de Quidditch estuviera contento, se había detenido a prestar oídos a lo que le demandaban. James Potter fue contundente cuando les anuncio que tenía plena confianza en todos y cada uno de ellos. Y era cierto. Por esa razón, más que un capitán en la cúspide de un entramado jerárquico, habían conformado una estructura reticular en la que James se encontraba en el centro y todos se comunicaban siguiendo la estructura de una red en la que podían acudir unos a los otros. A todos les gustaba el Quidditch. Todos tenían una opinión válida. Descubrieron que los mejores estrategas eran Scorpius Malfoy y Rose Weasley. Compartieron con el resto sus nociones. Rogers les enseñó un par de trucos con la escoba y Fred aportó recursos instrumentales que su padre había fabricado aquel año -y con los que no se saltarían ninguna regla, solo las utilizarían en los entrenamientos. Carter se encargó de repartir los horarios de los entrenamientos actualizados, atendiendo a los horarios lectivos y los exámenes de cada uno, gracias a una aplicación muggle. Fenwick dejó de ser borde. Y James Potter siguió orquestando el mejor compañerismo que se había visto en un equipo de Quidditch desde hacía años.

Por otro lado, para poder ser el que dirigiera a alumnos tan diferentes con un objetivo común sabía que debía hacer una cosa: delegar. Un líder que supiera delegar y confiar en el resto, llegaría a conseguir lo que quería. Primero avisó a Fred, Susan, Albus, Hugo y Rose de lo que se proponía. Más bien, de lo que le habían ordenado. Fred y Susan fueron, desde entonces, recogiendo utensilios de Sortilegios Weasley que podían ser de provecho y los guardaban en el baúl de Fred: salvajes multifuegos, orejas extensibles, surtidos saltaclases, caramelos de la verdad, sombreos, capas y guantes escudo, polvo peruano de oscuridad instantánea, detonadores trampa, etcétera. No querían admitir que los habían robado. Pero los estaban robando de su almacén en Hogsmeade los fines de semana. Albus, Hugo y Rose debían seleccionar a los alumnos que considerasen. James debía ir buscando un sitio donde reunirles a todos y obtener una forma de proteger el castillo.

Favorablemente todos trabajaron rápido. James descubrió que en algunos pasadizos había trasladores parecidos a los que escondieron en el Bosque Prohibido hacía años y que los alumnos miembros del Ojo podrían estar utilizando esos. Su padre le mandó el Mapa Merodeador. Cuando les reuniera a todos, debían ir turnándoselo para ir viendo dónde estaban desapareciendo los miembros del Ojo. Aquello significaría que era el lugar donde había un traslador. Obviamente no todas las noches ni todos los días los miembros del Ojo iban a desaparecer, por lo que necesitaban a muchos alumnos cuyas rondas nocturnas y diurnas no resultaran sospechosas por no tener vínculo entre ellos.

Ahí era donde entraba la lista de adeptos de Lucy Weasley y Tim Marrs. Era una lista que Lucy se encargó de repartir a sus primos y de decidir quién le diría a quién que había sido seleccionado como candidato a la Orden del Temple. Aquello era, por desgracia, lo que más tardaban en hacer.

Pero, lo que le ocupó más tiempo a James Potter, fue su última tarea. Sebastian McKing le avisó, a través de su hermano, que la Casa de los Gritos sería el lugar perfecto para mantener reuniones. Podrían acudir a ella a través del pasadizo bajo el Sauce Boxeador y nadie les vería entrar. Solo la familia Weasley conocía aquello. Y, si los veían entrar, que entrarían de uno en uno. Habían inventado una excusa coherente para cada uno. Ir a Hogsmeade en mitad de la semana era la más solicitada. Quedar con alguien con quien no quería que le vieran en público por no causar escándalo. Licantropía. Practicar hechizos que no deberían detectarse en Hogwarts. Hacer cosas que no se pueden hacer en Hogwarts por decoro. Ansiedad.

Había sido fácil convencer a Ted Lupin. James Potter sospechó. No quiso saber por qué Sebastian McKing fue el que lo propuso. Entendió que tenía que ver por qué sabía que el dueño de la Casa de los Gritos era Ted Lupin. Este les dijo que no se hacía responsable de ninguna muerte de sus alumnos. Definitivamente confiaba en ellos. James juraría que quería unirse a ellos.

Hasta que descubrió que era la excusa perfecta para que le arreglaran la casa sin tener que mover un dedo. Esa fue la condición. «No puedo dejar que mis alumnos tengan reuniones en una vivienda a mi nombre en la que pueden coger el tétanos con solo respirar». Y esa era su última tarea, a la que había obligado sumarse a Fred y a Susan: acondicionar la Casa de los Gritos para las reuniones del Temple. Que, perfectamente, podrían utilizar la Sala de los Menesteres. No obstante, era el cebo. Había sido idea de Albus Potter: todos esperaban que el nuevo Ejército de Dumbledore -si existía aquello- utilizara la sala de los Menesteres. Por tanto, de vez en cuando, su hermano y sus amigos se reunían allí para despistar al Ojo. Lo único que hacían era dormir la siesta o adelantar tarea. No podían dejar que, de algún modo, les pillase. Y solo irían ellos. Los que ya estaban marcados con la señal de «activistas».

James Potter se dirigía hacia las afueras de Hogwarts con cero ganas de limpiar la Casa de los Gritos cuando un alumno de Ravenclaw le detuvo. Vio sus rasgos. Su cerebro le dijo que esa persona no le solía caer bien. También le recordó que era un gemelo y que nunca pudo distinguirlo del otro McGregor.

-Potter -el aludido se despeinó y puso los brazos en jarras. Cuanto más tardara en llegar, más tiempo a solas para Fred y Susan. Quizás aquello no estaba mal. -¿Sabes algo de Cornelia?

Aquello le pilló por sorpresa.

Debía ser Tom McGregor, pues sabía que Peter era el que nunca hablaba. Y ambos estaban en la lista de personas que debían saber, tarde o temprano, que debían asegurar el castillo para que, cuando la nieta de Ivonne Donovan -la famosa e inspiradora del terror -volviera a Hogwarts, no encontrara amenaza del Ojo o esta estuviera controlada. Bien, pues nadie se lo había dicho. Recordó que era Tim Marrs, un Ravenclaw un año mayor que los gemelos, el que debió habérselo dicho. Definitivamente, era lo que peor llevaban como equipo.

-¿Por qué me preguntas a mí? -cuestionó.

El gemelo McGregor le contestó expresión cansada.

-Hablabas con Cornelia el año pasado, ¿no? -James asintió, encogiéndose de hombros. Podría haberle preguntado a Susan. ¿Cómo había intuido aquel muchacho que era exactamente James el que sabía dónde y cómo y por qué Cornelia Brooks? -Lo dejamos en diciembre… Pero… No sé… Supongo que no le ha dicho nada a nadie.

-¿Lo dejaste en diciembre con Brooks? Lo dices como si fueras su novio -soltó aquello sin pensarlo.

-Bueno, Potter, técnicamente soy su ex novio -contestó. Al percatarse de que James Potter no tenía noción de aquello, carcajeó. -¿De veras no lo sabías? -Exhaló aire y le miró, sorprendido. -Bueno, Potter, si sabes algo de ella, aunque sea su ex novio… Me sigue importando…

-Cornelia Brooks -dijo James Potter bajando la voz y cambiando su gesto a uno más serio y responsable. Se aseguró de que no había nadie a su alrededor. Sacó su varita. -Muffliato. -Aquel conjuro aceleró la pulsación de su interlocutor. Lo pudo notar. Bueno, pues sí que era su ex novio. Vaya sorpresa. Había cosas que Brooks, dijera lo que dijera en la carta que le había mandado, no le había contado. -Brooks está bien… Pero hay algo que tengo que contarte… Maldita sea, se suponía que te lo iba a contar Marrs, ¿sabes? Pero bueno… Es la nieta de Ivonne Donovan -respiró profundamente y dejó que Tom McGregor asimilara aquello. El joven palideció. -Eso no es todo… Antes de que te desmayes… Tengo que decirte que la Orden del Temple, que está protegiendo a Ivonne ahora mismo y a Brooks, nos ha pedido que aseguremos el castillo para cuando venga Brooks… Y… bueno… Necesitamos ayuda de más valientes que nos quieran ayudar. Supongo que si te importa Brooks, lo harás. Es muy importante que no se lo digas a nadie. Bueno, a tu hermano sí… Marrs te dará los detalles de dónde nos reuniremos y qué haremos exactamente, ¿de acuerdo? Sé que es mucho que procesar y espero que lo hagas en otro momento… Me tengo que ir.

Le dio una palmada en el hombro. Se mordió el labio. Dio un brinco para irse.

-Gracias, Potter -dijo, aun en una especie de ensoñación.

Este rio para sí.

Su reacción, por supuesto, fue mucho más vivaz. Él gritó y se enfadó con Brooks por no habérselo dicho antes. Y se negó a hacer su misión en un primer momento. Cuestionó la lealtad de su tía Hermione. Y dijo que no iría a Hogwarts solo para seguir a una vieja loca. Bueno, quizás la diferencia entre su reacción y la de Tom McGregor era que James no había sido el novio de Brooks. Se encogió de hombros.

Se encaminó hacia el Sauce Boxeador.

Hacía unos días había recibido la carta de Cornelia Brooks. Debía reconocer que no se sintió orgulloso de su actitud al saber que Brooks no había sabido nada en ningún momento. Pero era James Potter y siempre se dejaría llevar por sus emociones. Sobre todo cuando tenía que acatar órdenes, algo para lo que no estaba hecho.

También le había invitado a una cena de la Orden del Temple en la casa de Ivonne Donovan. En Navidad. Aún no le había respondido a Brooks pero supuso que no podía negarse. Sentía pena por aquella muchacha. Había visto rabia en sus palabras. Y cuando leyó que «todo lo que te escriba lo va a leer mi abuela, así que me morderé la lengua», quiso asegurar cuanto antes Hogwarts para que Brooks volviera. Si «he intentado escapar, pero Luna Scarmander me ha retenido con trampas para animales de la jungla» era morderse la lengua, ¿qué estaría pasando por la cabeza de aquella muchacha?

No le había respondido porque gran parte de la carta era una disculpa. Y aquella parte le hizo sentirse un miserable. Brooks le pedía perdón por no haberle dado ninguna explicación antes -y le dijo por qué. Y lo entendió. También le suplicó que perdonara a su familia. Y le rogó que no hiciera caso a su abuela si no lo creía conveniente, que ella pudiera cuidarse sola como siempre había hecho. No lo dudaría nunca. Pero también intuía que si James Potter desobedecía a Ivonne Donovan, estaría en más problemas de los que le gustaría estar. Y tampoco tenía nada mejor que hacer, ¿no?

¿Qué le contestaba James a eso? «Ups, Brooks, no lo sabía. Ja. Ja».

Atisbó el final del pasadizo.

Comenzó a hacer sonar sus zancados conforme iba subiendo por las escaleras hasta el recibidor de la Casa de los Gritos. Quería que le escucharan llegar. No quería que se llevasen una sorpresa, porque él no quería ninguna sorpresa. No sabía si Fred y Susan habían llegado lejos y estaba feliz sabiendo que ellos estaban felices. No necesitaba confirmación visual.

-¡Papá! ¡Mamá! ¡Ya estoy en casa! -anunció su llegada. Se hizo un silencio.

Rápidamente unos pasos se oyeron bajar desde la planta de arriba. Descubrió a Susan en la cocina, le saludó con un martillo en una mano y un trozo de madera en el otro. Estaba restructurando los cajones de los muebles. Fred bajó con pintura en los pantalones y dos líneas en las mejillas como si fuese un nativo americano. James frunció el cejo. ¿En serio los dejaba solos y se ponían a trabajar? ¿Qué clase de pareja era aquella?

Fred fue a abrazarle y lo llenó de pintura. James se removió y chilló.

-¡James! Como acabamos de limpiar todo el polvo con los Encantamientos de la abuela, decidimos empezar a pintar los cuartos y Susan me ha dicho que sabe atornillar cosas, así que…

-Soy una manitas -se declaró Susan, con una sonrisa. Fred se acercó rápidamente a ella y la besó en la mejilla. Le pintó la cara con color blanco que tenía James en la capa. -Tenemos una propuesta que hacerte, James…

-Oh, por favor, decidme que no es decirle a nadie que se una a la Orden… Me acabo de encontrar a uno de los McGregor -se llevó la mano a la frente y suspiró. Después les miró, intrigado. -¿Vosotros sabíais que estaba liado con Brooks?

-¿Tom? -preguntó Fred.

-Claro, lo sabía todo Hogwarts -dijo tranquilamente Susan Jordan. Ambos repararon en que eran noticias para el joven Potter. Fred comenzó a reírse. -¿En serio no lo sabías? -repitió las palabras del gemelo Ravenclaw. -James, estaban absolutamente siempre juntos. Como Fred y yo… Pero juntos.

-Pero nunca nos lo dijo.

-Bueno, igual asumió que lo sabías…-razonó Fred. -¿Y por qué te lo iba a decir?

-No sé, total, me ha dicho que lo dejaron en diciembre…

-Pues, claro, Einstein, por eso Brooks no fue al Baile… Fue la noche en la que lo dejaron…

-Yo creía que era porque había tenido las visiones…

-Pues igual tuvo visiones, pero coincidió con que lo acababan de dejar… Y, sinceramente… ¿Tú crees que se iba a poner a contarte las penas a ti? ¿Precisamente a ti? -se mofó Susan Jordan. Fred estaba desternillándose. -Oh, James… La gente no comienza a tener una vida en el momento en el que te interesas por ellos…

-Con esas afirmaciones, podrías presentarte como redactora del Diario del Castillo, Sue -se burló Fred. -Bien, James… Tenemos una propuesta.

-La ha pensado Fred… Yo aún tengo mis dudas.

-Queremos verte otra vez como lobo -anunció. Puso cara de diversión. La misma expresión que ponía siempre que, muchos años atrás, tramaban una broma. -Hemos encontrado esto.

Presentó ante él un artilugio que James Potter había aprendido a respetar. Sintió un escalofrío.

-Esposas para licántropos.

-Oh, en realidad, no se llaman así…-intervino Susan. -Simplemente, impiden que te muevas… Pero es cierto que si te descontrolas, no podrás hacernos nada… Así que….

-¡A qué esperas! ¡Tiene que ser una pasada! Las hemos encontrado en un armario y es lo primero que he pensado…

-Fred…

-Nunca hemos visto a un lobo… Un lobo licántropo…

-Fred…

-Tiene que ser un alucine -dijo asintiendo para sí. Susan se agarró a la cintura de Fred. Miraron a James con ansias. Expectantes. -Sería un regalo de cumpleaños que superaría a todos.

-Tu cumpleaños es en junio, Fred -le recordó.

-¿Y? ¡Tú no estabas en mi cumpleaños este año! Tienes que compensarlo…

En Luperca le habían avisado de que sus amigos querrían ver aquel avance y aquella extraordinaria maravilla de la naturaleza. Era algo que sus amigos ya habían visto en la fiesta de los Dale. Algo que podía hacer siempre que hubiera peligro. O cuando no hubiera peligro, por simple gusto. Y le habían dado permiso. Confiaban en él. ¿Confiaba James en sí mismo? Rotundamente no. Nunca lo hacía. Pero, hasta entonces, no había tenido ningún percance.

-Vale, dame las esposas -no les diría que nunca las había utilizado. Solo las utilizaban en casos extremos. Él, por suerte, no era de esos. Pero en ese caso no quería arriesgarse.

Se las puso. Sabía cómo usarlas, pues aquello sí que se lo habían enseñado. Por lo que pudiera pasar.

-Estoy nervioso -confesó con una radiante sonrisa Fred.

James crujió sus nudillos. Giró su cabeza de un lado a otro y se estiró. Susan se rio. Risas, pero aquello era necesario. Fue rápido, no quería traumatizar a sus amigos con la extensión de sus ligamentos y con el crujido de sus huesos. Su morro se alargó. El vello caoba comenzó a caer por su cuerpo. No se había quitado la ropa. Error. La tela de la camisa comenzó a crujir y a partirse cuando los músculos comenzaron a hincharse y su cuerpo a hacerse cada vez más grande. Una cola nació de su columna, peluda y rebosante de vida.

En todos los libros se decían que cuando un licántropo se transformaba perdía todo sentido del bien y el mal. Una pérdida de la moral. Atacaba a humanos exclusivamente.

Luperca había descubierto que solo aquellos que renegaban de su propia naturaleza jamás conciliarían con la identidad que convivía con ellos. Solo los licántropos que dejaban salir al lobo, sola y únicamente ellos, serían los que pudieran seguir siendo seres con moralidad. Criaturas mágicas con un sentido del bien orientado hacia proteger a los suyos. Humanos, licántropos o cualquier clase de criaturas.

-No tengo palabras -dijo Fred. No sabía si inclinarse en ovación. Era un lobo. Un lobo enorme. En mitad del salón. Con las zarpas retenidas por unas esposas. Con una mirada solemne y calmada.

Se acercó a él. Sabía que no le haría nada. Fred confiaba en su primo.

No obstante, sintió el agarre de Sue. Le detuvo.

-Fred…-un sonido gutural salió de su garganta.

Temblaba como si tuviera convulsiones. Tuvo que postrarse sobre la encimera de la cocina para no caerse. James volvió rápidamente a su forma humana.

Susan Jordan se llevó la mano a su nariz.

Un líquido azul metálico brotaba de ella.

-¿Estás bien? -preguntó alarmado Fred. -Susan -la agarró con los dos manos.

-Estoy bien -dijo ella, asustada.

Y perdió el conocimiento.

En poco tiempo, Victoire Weasley se había puesto al tanto de numerosos asuntos que incumbían al mundo mágico. Cuestiones, operaciones, sujetos, materias y propósitos que a ella en particular le ocultaban por ser una mera madre veinteañera con un trabajo a tiempo parcial en el mundo muggle. Parecía como si sus ocupaciones fueran suficientes para ella. Por esa razón, tan solo le habían trasladado el atentado del Ministerio británico de Magia y -evidentemente -el asesinato de sus tíos. Noticias que fácilmente podía haber visto en la portada de un periódico. No era que no confiaran en ella. Había demostrado, y prueba de ello era el constante recuerdo de un rostro marcado por cicatrices, que era valiente y haría lo que fuera por proteger a su hijo del Ojo. No obstante, Aurores, profesores de Hogwarts e incluso miembros de su familia no le dirían los asuntos en los que estaba envuelta. Creerían que su única preocupación era hacerse el hechizo para ocultar las cicatrices de su rostro todas las mañanas para ir a trabajar.

Se sentía afortunada de tener a Charlotte Breedlove.

Más bien, se sentía útil y respetada por ella.

El hecho de que la alumna de Gryffindor, Cornelia Brooks, la hija de su jefa, fuera la nieta de Ivonne no fue sorpresa para ella. Aquel verano, la señora Breedlove ya le había adelantado que Penélope Brooks era la hija de Ivonne Donovan. Lo cual cuadraba con toda la información que Victoire Weasley había ido recabando de sus relatos. También sabía que Penélope Brooks tenía dos hijas. Que Lucrecia, la squib, había sido escondida por Penélope de Ivonne Donovan. Y para ello, en primer lugar, había acudido a su madrina. Charlotte Breedlove. Fue la señora Breedlove la que le aconsejó que la ocultara con Julie Morgan. Fue la señora Breedlove la que facilitó que Penélope Brooks abriera su clínica para manipular los datos del ADN de Lucrecia Brooks y fingir, ante las autoridades y ante su propia madre, que era hija de una pareja fallecida. Fue la señora Breedlove la que ayudó a Penélope Brooks cuando esta no quería acudir a su madre. No obstante, la señora Breedlove ya no podía ponerse en contacto con su sobrina, pues Ivonne Donovan era, en ese momento, la que le daba protección.

Victoire Weasley había comprendido que Charlotte Breedlove tenía unos planes diferentes a los de Ivonne Donovan. Y no solo no quería mezclarse con ella, sino que no quería que la gran bruja buscada por todo el mundo mágico la descubriera. La señora Breedlove actuaba en secreto. «Ajustando las velas».

Creía que una de las razones era que Ivonne Donovan condenó al amor de su vida. Tenía la certeza que esa fue una de las razones. Victoire Weasley sabía leer entre líneas. No se lo preguntaría nunca, puesto que intuía que aquellas heridas nunca sanaban. Sabía la historia de Julie Morgan. Julie Morgan era el verdadero amor de la señora Breedlove. Aquello se lo había confesado la mujer. ¿Y su hermana la elije precisamente a ella para ocultarse del Ojo y utilizarla de cebo? ¿La selecciona a ella, de entre todas las posibles personas, para ser condenada a muerte? Era algo que nunca podría perdonar. Mas, intuía -o asumía -que había razones de más peso para que la señora Breedlove se hubiera distanciado de Ivonne Donovan.

Muchas veces Victoire Weasley se encontraba a sí misma preguntándose por qué razón la había elegido a ella para confiarle todo aquello. Tenía noción de que también instruía a su primo Hugo Weasley -más le había dicho en muchas ocasiones que su relación con Hugo Weasley era una colaboración entre grandes magos. Su primo tenía doce años, por Merlín. A ella la había llamado en ocasiones «aprendiz». En un primer momento, había pensado que la única razón por la que la había elegido a ella era porque la profecía la señalaba a ella para cuidar a Remus y guiarlo hacia la luz. Ya no estaba tan segura.

Observó cómo Charlotte Breedlove examinaba los resultados de un análisis cuidadosamente en su salón, en el sofá, mientras ella se apoyaba en la chimenea. Parecía inmersa en aquel entramado de componentes químicos que Victoire Weasley había descifrado anteriormente.

Su hijo, a unas tres semanas de cumplir un año, estaba aquel sábado con Teddy. Después de todos aquellos últimos días intentando que diera sus primeros pasos solos, era cierto alivio para Victoire. Pobre Teddy. Estaba claro que Remus era tan activo como lo había sido su padre.

-La señora Brooks tenía guardado esos análisis bajo Encantamientos -comentó Victoire Weasley. -Supongo que se habrá dado cuenta de que los he cogido… Pero en sí mismos están encriptados, ¿qué clase de criatura es esa?

La señora Breedlove dobló las páginas y las puso en su regazo. Parecía reflexionar lo que le iba a expresar. No supuso ningún tipo de estupor para Victoire. En cuanto vio aquellos datos, sabía que tenía que significar algo que se escapaba de cómo ella comprendía la realidad. No pertenecían a un humano. Pero tampoco a una criatura mágica cuyos parámetros fueran acordes a los establecidos en la Guía de Identificación de Pruebas para las Criaturas Mágicas y No Mágicas que había cogido prestada del Departamento de Seguridad Mágica.

-Tengo algo que contarte -Ella asintió. Ya lo suponía. -Hemos visto al Ojo atacar en muchas ocasiones ya, ¿no? -expresó. Volvió asentir. Había sufrido en sus propias carnes dos de aquellos ataques. Primero, su secuestro. Segundo, su agresión. -Pero siempre ha sido un ataque desde fuera.

El vello de la nuca de Victoire se erizó.

-¿Te refieres a los topos? -inquirió Victoire. -No es de extrañar, ¿no? Nosotros también tenemos topos… Alexis, Gwendoline Cross y Lebouf. Ellos eran topos -añadió.

Lo cierto era que, incluso diciéndolo ella, no le tranquilizó recordar aquella forma de ataque. La Orden del Temple lo había utilizado. Pero que ellos lo hicieran, no implicaba que el contrario no pudiera utilizarlo. No era una carta de un solo uso.

-La Orden sí tiene más… Tu hermano Louis, ¿lo sabías? A través de la Orden del Fénix.

Victoire tragó saliva.

-¿Louis? Imposible, él nunca haría nada que le pusiera en peligro…

-Lo subestimas -se rio su amiga. -Te lo dirán en Navidad, entonces…

-¿Por qué mi hermano? -quiso saber. Su corazón se desencajó y se acomodó en su garganta. Respiró entrecortadamente. Sabía que estaba en Beauxbattons. Oh, claro. ¿Cómo no había caído antes? El nido de abejas. Se llevó la mano a la frente. -¿Estará bien?

Contempló a la señora Breedlove dudar. Aquello la agitó.

-Yo no soy vidente, querida.

-Mis padres están en la Orden del Fénix y han mandado a su hijo a la boca del lobo… ¿En qué mundo vivimos? -se quejó. Ella jamás dejaría que Remus se expusiera ante el peligro de aquel modo.

-En un mundo en guerra, Victoire -le recordó. -Y en un mundo en guerra, los topos, como tú los llamas, son importantes.

-¿Y quiénes son los del Ojo?

-El Ojo lleva tramando su guerra tanto tiempo que es imposible decirlo… Son mucho mejores que nosotros en el arte del engaño, querida -se lamentó. -Me temo que solo tengo noción de que Vivian Onlamein es una espía… Willa Hegarty fue quien la descubrió y esa fue una de las razones de su asesinato -La joven suspiró. -Esa vieja amiga de mi hermana… Era íntima de Ivonne y ninguno lo pudimos ver. Por suerte, yo comencé a desconfiar de todo el mundo antes de que pudiera hacernos más daño…

-¿Ese es tu consejo para combatir a los topos del Ojo…? ¿Desconfiar de todo el mundo?

La mujer ladeó la cabeza. Claro, era más complicado que eso. Con Charlotte Breedlove siempre lo era. Alzó los papeles de los análisis.

-Esto evidencia que el Ojo ha avanzado mucho más rápido de lo que me temía, querida -Victoire palideció. -Existen los espías que, como Vivian Onlamein, trazan su camino hacia los círculos más importantes sin hacer ruido… El Ojo no suele utilizarlos. Casi no tiene, pues si hubiera muchos y se descubriesen… La confianza, que es la base para que un espía tenga éxito, se perdería.

-¿Quieres decir que cualquiera de nuestros amigos puede ser un espía…?

-Exacto -La señora Breedlove hizo una pausa. Cabeceó. Había algo más. -Pero también cualquiera de tu familia, de aquellos que creías conocer desde el principio… Puede ser cualquiera, Victoire. E incluso puede ser que no lo sepan -Alzó, de nuevo las páginas de los análisis. -Esto muestra que una antigua alumna de Hogwarts cuya autopsia fue enviada, gracias a mis contactos, a la clínica de la señora Brooks… Era una espía durmiente… En los años setenta los llamaban «cigarras».

Victoire sintió un pellizco en su estómago.

-Esa analítica muestra un cruce de ADN entre un ser humano y…

-…Magia. O magia abstracta. La magia que se desprende de las criaturas mágicas cuando mueren… Un vacío que no tiene luz. Su alma encerrada en lo que muchos han llamado materia oscura -le explicó, como si aquello impusiera un respeto encomiable a la señora Breedlove. -Hay personas cuyo cerebro ha sido dañado que pueden interactuar con ella y comunicarse con fantasmas sin que estos tengan que estar anclados en el sitio al que pertenecen… Pero eso es otra cuestión.

-Por eso la analítica no tiene sentido, ¿no? La materia oscura no puede detectarse por lentes gravitacionales y es invisible… Usted dijo que la magia es energía… Que se transformaba. Cuando no está viva en nosotros ni interactúa con nuestro cuerpo, ¿vuelve al campo de la energía al que pertenece en realidad?

-En efecto, querida -respondió la señora Breedlove. Parecía preocupada. -Significa que el ADN de esta alumna fue mezclada con la información genética de otra criatura mágica…

-¿Qué criatura?

-Puede ser cualquiera… Desde un mago o una bruja hasta un vampiro o una banshee…

-¿Cómo es posible?

-Es posible -contestó simplemente la señora Breedlove. Victoire Weasley entornó la mirada. ¿Se escaparía aquello del conocimiento de su amiga? Sería la primera vez. ¿Por esa razón estaba preocupada? También era la primera vez.

-¿Qué tiene que ver esto con los espías del Ojo?

-Que hemos perdido esa batalla, querida -sonó derrotada. Se percató de ello. Se recompuso y suspiró. -Probablemente sigan teniendo algún que otro espía «tradicional» que nos clavará un puñal cuando menos lo esperemos… Pero han logrado crear a las «cigarras». A agentes durmientes. Supongo que cogerán a sus víctimas y les cambiarán el ADN… Las devolverán a su lugar. Y vivirán como las cigarras, bajo tierra, bajo su vida habitual… Hasta que algo las despierte… Y entonces…

-Si se mezcla con un basilisco, podría…

-No se convertirán en ellos, si es lo que estás pensando -aclaró. -Pero adquirirán alguna de sus habilidades: fuerza sobrenatural, petrificación, ansias por beber sangre humana…-La señora Breedlove negó con la cabeza. -Puede ser cualquiera, Victoire, debes tener mucho cuidado -Ella asintió, preocupada. -Ya que no podemos detener su conversión… Solo nos queda saber cómo se activan…

-¿No se convierten a placer?

-No, no, si lo utilizan sobre personas que cometerían ningún crimen sobre los suyos, no podrían jamás querer activarse por sí mismos… Debe haber algo que les haga cambiar. Y… esperaba sacar esa información de estos resultados de Alexandra Knopf… Pero… -Exhaló aire. -Me temo que es una tarea más complicada.

-¿Hay alguna profecía sobre ello?

La señora Breedlove sonrió con tristeza.

-Esto es hacer trampa con las profecías, Victoire… Pueden hablar de una persona… Pero si comete un acto tan atroz bajo esta circunstancia, es muy probable que jamás sepamos a quien se refiere.



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