Historia al azar: Crepúsculo.
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La Tercera Generación de Hogwarts » (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Domingo 17 de Enero de 2021, 16:45
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(IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)


…Serán cuatro instrumentos…Brotará del sacrificio oscuro de una magia despojada…Atravesará el canal… Nacerá de dos iguales y opuestos…La nada apagará al todo y se alzará a través del todo…»

La voz de Octavio Onlamein entonó aquellas palabras como si fuera un cántico antiguo. Su acento nórdico hacía marcar las consonantes y silbantes resonando por todo el ala del Palacio de Hielo.

No sabía cómo definir lo que sentía. Le acababan de informar de cuál era el papel de Imogen en todo aquello. Y supo que su hermano lo había sabido en su momento. Por un lado, le complacía el hecho de que sus superiores confiaran en él para aquel conocimiento. Por otro lado, el hecho de que la sucia muggle por la que su hermano perdió la cabeza fuera más importante de lo que todos creían…Le repugnaba.

Le había prometido a su madre que mataría a aquella sucia muggle. Era la venganza que estaba esperando concluir. Sentiría una dicha inigualable cuando despedazara su cuerpo. Cuando se lo entregara a su madre para que esta lo eliminara de la faz de la tierra…Mas aquel pensamiento nunca llegaría al plano de la realidad.

Les habían advertido que Ivonne Donovan también conocía el papel de Imogen. Y que haría todo lo que estuviera en su mano para tenerla en su poder. Ahora bien, ¿ayudarían los nuevos aliados de Ivonne Donovan ciegamente… sabiendo qué era lo que estaban protegiendo? A él le habían prohibido dañar a Imogen. A él y a todos. Debían evitar que incluso sufriera menoscabos en un posible fuego cruzado cuando Ivonne quisiera recuperarla. Era mejor que siguiera viva bajo la guardia de Ivonne que estuviera muerta en sus sótanos. Ivonne Donovan no la dañaría. No la mataría. No podría hacer eso si quería detenerles a ellos.

Octavio deseaba acabar con la vida de aquella joven consumida y esquelética. Tampoco le quedaban muchas fuerzas. Y, no obstante, no podía hacerlo. Para asegurarse de que los miembros del Ojo -incluso los más veteranos -cumplían con las órdenes y lealtad, debían someterse a un Juramente Inquebrantable. Solamente los que habían sido criados en el seno del Ojo desde que nacieron, podían esperar a los treinta años para hacerlo oficial, aunque se daba por sentado que la mayoría de los asesinos entrenados no supondrían problema alguno. Aquello, como el caso de Gwendoline o el de su hermano evidenciaban, podía suscitar problemas. Desde entonces, solamente los niños de McOrez se habrían librado del juramento.

Por tanto, si Octavio atentaba contra la vida de Imogen, sería ir en contra de las órdenes del Ojo. El Juramento no decía que podía inducir a otros a cometer incumplimiento. Por regla general, nadie lo haría. No obstante, Octavio tenía un plan en marcha que, de tener éxito, acabaría con la vida de Imogen sin que nadie del Ojo moviera un solo dedo.

Octavio abrió la puerta de la habitación de Imogen. Al comprender el Ojo que era alguien especial, la habían trasladado a una de las habitaciones principales. La observó. Llevaba un jersey de lana gris y una falda larga que arrastraba por el suelo. El gris no favorecía a su aspecto enfermizo. Tenía los ojos castaños y el pelo rubio se le había rizado, probablemente por la humedad de la proximidad del Palacio de Hielo al mar. Estaban sobre un acantilado. Se sostenían por pura magia.

-Ya no me funcionan tus torturas -sentenció la joven, al verle entrar.

Octavio dibujó una sonrisa.

-Me las han prohibido -le dijo. -Debes estar contenta…

Ella tensó los labios y frunció el ceño. Octavio sonrió de nuevo. Sus superiores tenían razón, Imogen no sabía quién era.

-Lo estaré cuando me saquéis de aquí. No pertenezco aquí, ¿no? No pertenezco a este mundo…

Octavio terció el gesto.

-En realidad, lo haces más de lo que crees, Delphini.

-¿Por qué me llamas así ahora? -le preguntó. Cansada. Probablemente no se lo tomaría en serio. Era comprensible.

-Porque ese es tu nombre… Es el nombre que te pusieron tus padres.

-No, me llamo Imogen -declaró ella.

-Sí, bueno, ese es el nombre que te puso Eufemia Rowle… Pero no el que tu pusieron tus padres… Te escondieron bastante bien, ¿sabes? Fenrir Greyback lleva diciendo que existes mucho tiempo… Y nadie le ha hecho caso hasta ahora -Octavio se acercó a ella. -Al final resulta que eres una bruja… Mi hermano no cayó tan bajo, después de todo.

Imogen se separó. El joven sabía que aquella escuálida muchacha odiaba cuando traía a colación a Olivier. Nunca entendería las emociones.

-¿Esto es uno de tus juegos?

No, Octavio ya estaba harto de aquello. Él quería asesinarla, ya había mareado mucho a su presa.

-No, no, no, Delphini -le negó, esbozando de nuevo una sonrisa que estremeció el vello de Imogen. -Eres «el sacrificio oscuro de una magia despojada»… Hoy, por fin, se ha confirmado… Las noticias de que las profecías se están cumpliendo han llegado a Azkaban y… Tienes muchos admiradores allí, ¿sabías?

-No sé de qué estás hablando.

-Oh, pero ellos lo sabrán… -se rio Octavio. -Si alguna vez vuelves con ellos… Con Harry Potter… Deberías decírselo… Es maleducado mentir a tus salvadores, ¿no?

-Nunca les he mentido -dijo ella, esta vez, dubitativa.

-Es gracioso… Harry Potter creyendo que había acabado con todos los mortífagos y es el que se encarga de proteger al más importante de todos, ¿eh? Tu padre se encargó de estar presente en todas las malditas profecías que auguraran tiempos mejores…

Lo dijo con fastidio. A Octavio Onlamein la antigua guerra mágica le había parecido una pérdida de tiempo. Podría ser leal al Ojo, pero había ocasiones en las que no estaba en absoluto de acuerdo con los medios. Había veces que su subjetividad le hacía entrometerse en los asuntos del Ojo. Era uno de los mejores. Eso era lo único que hacía que le perdonaran.

-No sé qué estás diciendo.

-Oh, Harry Potter lo sabrá… Después de todo, él y tu padre tenían una conexión especial.

La influencia del padre y de la madre siempre había tenido una importancia crítica para la salud psicológica de los hijos. Cualquiera podía intuir aquello de forma natural, no era ninguna novedad que ante la repentina orfandad, la tragedia caiga sobre los hombros de los descendientes. Habían perdido aquellos a quienes más querían. A quienes las guardaban, las protegían y las amaban con el amor más puro que existía en el mundo. Podía transformarlas en unas figuras precarias, heridas, no solo sentimentalmente, sino también psicológicamente.

Lucy Weasley había visto cómo su hermana se había recompuesto y trabajaba hasta altas horas de la noche en la Enfermería. Le gustaría decir que perder a sus padres las había unido más. Pero no era así. Molly Weasley se distanció de su hermana. Apenas quedaban incluso si vivían en el mismo lugar. Su hermana mayor se justificaba en el trabajo. Quizás era su forma de lamentar la muerte de sus padres. Cada uno tenía su forma, ¿no?

Ella había tardado tiempo en descubrirla. Fue un jarro de agua fría que la devolvió a la realidad. El año anterior había estado envuelta en miseria porque a Chris Nott le gustaba su primo Louis y estaban juntos. ¡Se arrepentía de haber estado así de miserable! ¡No conocía qué era estar triste hasta entonces!

Necesitó tiempo a solas para comprender que de aquella tragedia podía emerger. Lucy Weasley había tocado fondo. No tenía aspiraciones que alcanzar. La muerte de sus padres las había convertido todas en insignificantes caprichos de una niña sin responsabilidades. Comprendió que, para sanar su alma, debía devolver todo lo que sus padres le habían enseñado. Quizás ella era como su padre, quien tardó en comprender que estaban en mitad de una guerra y acudió al final de esta. Era su hija. De tal palo tal astilla.

Fue Rose Weasley, su prima, la que le indicó el camino. Un día en la biblioteca le habló con tanto tacto que se miró a sí misma para ver si estaba temblando o llorando. Aquel día no lo hacía. Su prima le contó todo lo que habían estado haciendo los años anteriores. Sus misiones. Sus éxitos. Su equipo. No iba a mentir. Sintió envidia. Se compadeció de sí misma. Ella era ridícula. Por suerte, Rose Weasley se lo había contado con la finalidad de que se uniera a ellos. Formaban parte de una Orden. La Orden del Temple. Y querían reclutar a más adeptos.

¿Y quién tenía una fuente de información sumamente valiosa que le indicaba qué alumnos de Hogwarts eran los indicados? Le gustaría responder que ella. Pero -desgraciadamente -era Tim Marrs.

Cuando se lo contó por encima tras salir de Encantamientos, Marrs aceptó sin poner pegas. Sin preguntar. Aquello extrañó a Lucy Weasley. No era algo típico de Marrs. Le dijo que se encontrara con él aquel fin de semana en Hogsmeade para unas cervezas de mantequilla. Sería la primera vez que tenía algún evento social después de la muerte de sus padres. Lo haría simplemente por su propósito de mejorar. De ser una bruja que aportase algo más que lágrimas al mundo.

-Creía que ibas a rechazarme, Weasley -le confesó Tim Marrs.

Estaba en las Tres Escobas y estaban ellos dos solos. Después del rumor del año pasado en el que se divulgó que estaban liados… Que quedasen solos solo haría que todos pusieran sus miradas en ellos. Por suerte, la nueva noticia era que su primo Fred y Susan Jordan estaban finalmente juntos y se encontraban a tres mesas de ellos con James Potter y Richard Carter.

-Te recuerdo que esto es…

-Una reunión de negocios -completó Tim Marrs, con una sonrisa. Se pasó la mano por su pelo largo que le llegaba por los hombros y suspiró. -Bueno, Weasley, siento decirte que este año hay más alumnos que parecen sospechosos…

-Estamos aquí por los buenos… Para reclutarlos y ayudar a asegurar el castillo-recordó. -Necesito una lista de ellos.

-¿Estoy en la lista de los chico buenos de Lucy Weasley? ¿Nott está en la negra? -Lucy Weasley bufó ante el sarcasmo de Marrs. Lo que tenía que hacer una por el bien común. -Lo siento, es mi faceta periodística, no puedo dejarla atrás… Pero, ¿soy de los tuyos?

-Sí, Marrs, eres de los buenos -dijo ella con retintín.

Marrs se llevó la mano a la barbilla y acarició la barba. Bebió un trago de cerveza de mantequilla y se acomodó en su asiento.

-Bien, bien,… Supongo que todos tus primos entran en el saco, ¿no? -Sacó un cuaderno y una pluma de su cartera y se la pasó a Lucy. Esta desechó la idea de escribir ella. -Como quieras… -Se reclinó sobre el asiento de madera y se llevó la pluma a su labio inferior. Lucy parecía nerviosa mirando a varios lados. Lo estaba. ¿Qué dirían que estaban haciendo? -Podría hacer un artículo en memoria de tus padres… Así todos entenderían por qué estás aquí conmigo -Marrs le había leído el pensamiento.

-No quiero que mancilles su memoria.

-Nunca lo haría -dijo, seriamente.

-Lo hiciste conmigo, Marrs -le recordó.

-Eso era prensa sensacionalista… Esto es periodismo serio -terció él.

Lucy le miró por primera vez a los ojos.

-Todo el periodismo es sensacionalista -sentenció.

Marrs se encogió de hombros.

-Como tú digas, Weasley -Ella volvió a apartar la mirada y dio un trago largo a su cerveza. -Veamos, Tim Marrs y Lucy Weasley -Lucy arqueó las cejas. -¿Suenan bien juntos, eh? Quedarían bien para la invitación a nuestra boda…

-Por favor… -se quejó ella. Le arrebató el cuaderno y la pluma y se dispuso a escribir. Vio que había escrito Tim Marrs y Lucy Weasley en lo que parecía ser el comienzo de una lista. -Rose Weasley, James Potter, Fred Weasley, Albus Potter, Molly Weasley…

Los iba escribiendo tan rápido como podía. Tim Marrs puso los codos sobre la mesa.

-No creo que debamos incluir a tu hermana, Weasley -le dijo. Lucy alzó la mirada del cuaderno y se encontró con un muchacho serio. Al que no solía ver con aquella expresión en el rostro.

-Es mi hermana -recalcó ella. -Es Weasley.

Tim Marrs carraspeó y se llevó los dedos a la frente para estrujarlos. La joven frunció el entrecejo. ¿No le bastaba con insultarla a ella, ahora iba a por su hermana?

-No me hagas decirte por qué, no quieres escucharlo -le dijo. Lucy soltó un ruido de ofensa. Estuvo a punto de levantarse e irse de allí. Su hermana. La que había presenciado el asesinato de sus padres y la que también había sido cubierta en sangre. Tim Marrs buscó su mano para apretarla. -¿Confías en mí, Weasley?

-Ni de coña confiaría en ti -le espetó.

El joven frunció los labios y le apretó el agarre en la mano.

-Sí, me lo merezco… Pero tu hermana… No creo que sea sensato que esté con nosotros en esas misiones… Tuvo amnesia tras el asesinato de tus padres, ¿no? Ver o saber de más violencia podría… No sé…Alterarla…

Lucy Weasley enmudeció. En parte, tenía razón. Su hermana había sufrido más que ella. ¿De verdad quería meterla en todo aquello? No obstante, algo en la mirada de Marrs le decía que no le estaba contando todo lo que sabía. E intuía que no quería saberlo. Odiaba si quiera pensarlo, pero Marrs nunca la había engañado. Quizás era la única persona en Hogwarts que siempre le había dicho la verdad. Incluso cuando dolía demasiado.

-De acuerdo -dijo ella simplemente. Tachó el nombre de su hermana. Quizás ella tampoco quería formar parte de aquello. -Los amigos de mis primos…

-¿Y tus primos pequeños?

-¿Hugo y Lily? -preguntó extrañada. -Son unos críos.

Marrs parecía no estar de acuerdo.

-Tu primo Hugo es un prodigio Ravenclaw y… Sinceramente creo que sería el mejor fichaje -razonó. -Y el conocido temperamento de Lily Potter… Podría ser una buena incorporación en los duelos contra el Ojo, ¿no crees?

-Tienen doce años, por Merlín…

-¿Y? -inquirió Marrs. -Me has preguntado quienes, en base a mi fuente, serían los mejores. Ellos dos. Imprescindibles, diría… Además, Lily Potter es la más valiente de tus primos y Hugo Weasley, repito, un prodigio…

Lucy Weasley apuntó con cierta reticiencia los nombres.

-Scorpius Malfoy, Peter Greenwood, Alice Longbotton, Susan Jordan, Monique Jordan -dijo aquellos nombres recordando, primo a primo, el grupo en el que estaban. Incluso su prima Roxanne.

-No, Longbotton está en el Ojo -rectificó Marrs. Ella tachó el nombre y le exigió una aclaración con la mirada. Marrs se encogió de hombros. -Yo solo soy información, no opinión…

-Sí, claro, un periodista solo es información…-se burló Lucy.

Marrs soltó una risa.

-Vaya, si la Weasley tiene sentido del humor… -la miró de reojo y ella rodó los ojos. -¿Y Nott? Has dicho todos los amigos de tus primos… ¿Y los tuyos?

-Louis está en Francia -respondió ella. Vio en Marrs un brillo de periodista que odió. -Y… Supongo que Nott está en la lista…

-…De chicos buenos -completó Marrs. -Lo siento, no puedo evitarlo… Tiene que ser duro, ¿eh? Un ex que te puso los cuernos y que mágicamente no recuerda nada… Qué conveniente... ¿Y si es mentira?

-Nott no tiene tanta imaginación -dijo ella simplemente.

Marrs pareció estar de acuerdo con aquello.

-Bien, apunta nombres… Sebastian McKing, Janet Rossen, Richard Carter, Tom McGregor, Peter McGregor, Lorcan Scarmander, Lyslander Scarmander, Beatrice Fenwick, Cornelia Brooks, Camrin Trust, Bárbara Coleman, Ellie Coleman,…

-Oh, no, Barbara Coleman ni hablar -interrumpió ella.

Marrs se rio ante aquella negación.

-¿Qué te ha hecho Barb?

-Es una arpía, no puede estar en la lista de chicas buenas -zanjó Lucy Weasley.

-Por esa regla… Tu prima Rose Weasley está en la cuerda floja.

-Ni punto de comparación.

-Si Trust está dentro, Coleman también… Siempre van juntas -aclaró Marrs con cierta lógica. -Y Trust es una de las buenas y lo sabes.

-Bueno, puede no decírselo… Como haremos todos…

-¿Su amiga Trust desapareciendo y ella no lo sabe? ¿Y si la descubre con alguno de nosotros? Créeme… Es mejor tener a Coleman de nuestra parte.

-Te haces responsable de lo que pueda ocurrir…

-¿Qué pasa con la sororidad? -se burló Marrs. -El que escribía tus artículos era yo, no ella…

-No me lo recuerdes Marrs…-apuntó a Barbara Coleman a regañadientes. Marrs tenía razón. Necesitaban a Trust. Y para tener a Trust necesitaban a Coleman. Y Coleman era muy influyente en el resto de alumnas. -¿Alguien más?

-David Morrit…

-Es Slytherin -recordó Lucy Weasley con una ceja alzada.

-Y mi amigo desde primero -dijo él, ofendido. -Y tu primo Albus Potter también es Slytherin… Y tu ex. ¿Recuerdas?

Ella bufó.

-Pero…

-Lo vas a apuntar y vas a dejar tus prejuicios para otro momento -le ordenó seriamente.  Ella le hizo caso. Solo porque se le había escapado aquello. -Claire Jenkis también es Slytherin…

-¿No tuviste algo con ella?

-Repito. Nott. Además, la familia de Jenkins y de Morrit no era mortífaga -le recordó él con una sonrisa. -Sé que te cuesta entender que yo también pueda ver más allá de las Casas en mis amigos…

-Siguiente -dijo ella, apuntando aquellos nombres con recelo.

-Inés Alicea, Sally O'Brien, Rolf Rogers…

-¿Y el estudiante de intercambio?

Tim Marrs se rio.

-Es guapo, ¿eh? -recibió una mirada asesina de Lucy. Marrs bajó la voz. -Sí, ¿por qué no? Creo que es el hijo secreto del director… ¿Estudiantes de intercambio desde cuándo? El parecido es innegable, Weasley…

-Te encanta crear rumores, ¿eh?

-Ya te lo he dicho yo soy información ahora mismo -se encogió de hombros. -He visto un hecho y lo he interpretado. Oh, venga, no me digas que no lo crees… Tú también eres lista…

-¿Hemos acabado?

Pilló a Marrs alzando la jarra de cerveza. Miró a Lucy Weasley con una sonrisa.

-Suerte en la caza, Weasley -le dijo, guiñándole el ojo. -¿No te has podido resistir a ir a por él cuando lo has visto pasar por ahí, no?

Señaló la calle en la que, en efecto, Lucy Weasley había visto al que conocía como Francis Abbot pasar. Tim Marrs sería buen detective también.

-Alguien tiene que decírselo, ¿no?

Él asintió con sorna.

-Abbot no sabe la suerte que tiene… -dijo simplemente.

Lucy rodó los ojos. Dejó un galeón para que Marrs pagara por ella. Cogió su chaqueta y se la puso. Recibió una risa burlona de Marrs. Se cerró la cremallera y se dispuso a perseguir al joven para introducirle a la Orden del Temple. Sintió cierto nerviosismo. Sí, Tim Marrs tenía razón, Francis Abbot era bastante apuesto y… ¿Por qué Lucy Weasley no podía ser su amiga?

Salió de las Tres Escobas y una ráfaga de viento gélido azotó su piel. Se estremeció. Vio la figura de Francis Abbot deambular por la calle empedrada.

-¡Abbott! -Este tardó en reaccionar. Se giró para verla y le obsequió una sonrisa. -¿Quieres unas cervezas de mantequilla?

El joven no parecía muy convencido con la idea. Cervezas de mantequilla. ¿Quién demonios prefería una cerveza de antes que una cerveza normal de toda la vida? Frank Longbotton seguía sin entender aquella comunidad.

Miró la cara enrojecida de Lucy Weasley. Una de tantas pelirrojas con ese apellido. Podía distinguirla a ella del resto, pues en la boda del tal Charlie Weasley había pasado tiempo con ella. También conocía a Rose Weasley, por supuesto, la mejor amiga de su hermana. Había aprendido varias cosas de aquella familia, pero se quedaba con la principal: las chicas Weasley estaban locas de remate. Y a los que no aguantaba ni con tres cervezas era a los Potter. A Albus Potter lo tenía atragantado. ¿Cómo se le ocurría tratar de esa manera a su hermana? Tal y como su hermana siempre había hablado de él, siempre había creído que Potter sería un buen amigo. No un imbécil. Y el otro Potter. James Potter. Se veía reflejado en él. Debía admitirlo. El popular del castillo. Bla. Bla. Bla. No aguantaba su arrogancia.

Lucy Weasley seguía esperando una respuesta.

-No -respondió. ¿Para qué andarse con rodeos? -Tengo una cita -añadió.

Se dio la vuelta y dejó a la Weasley confundida.

Frank Longbotton tragó saliva. Bueno, no era exactamente una cita. Ojalá fuera una cita. Aquellas cosas, en su momento, se le daban bastante bien. Pero aquello era diferente. Aquello era un nivel que Frank Longbotton aun no había alcanzado.

Se giró para ver que Lucy Weasley había emprendido su marcha de vuelta al castillo. No podía hacerle falsas esperanzas a aquella muchacha que había sido simpática con él. Había escuchado que sus padres habían sido brutalmente asesinados. Se arrepintió en ese justo instante de no tener más tacto. Pero, lo hecho, hecho estaba.

Una mano le agarró cuando pasó por un callejón.

Sintió el corazón en su garganta.

Arrojó su cuerpo al callejón. Una figura envuelta en un abrigo negro y una boina blanca lo llevó hasta el final del callejón. Entre los contenedores de basura cuyo olor se impregnó en sus pulmones y le hizo sentir náuseas.

Lo puso en frente de ella.

Volvió a sentir el corazón en su garganta.

-¿Cómo estás? -le preguntó. Observó que estaba examinando su cuerpo en busca de heridas. -¿Te han hecho algo? ¿Con quién has hablado? ¿Te han dicho cuándo vas a salir de aquí?

Frank detuvo las manos nerviosas de Gwendoline Cross.

-Vaya, sí que estás preocupada por mí…-le dijo cogiéndola del antebrazo.

-Ivonne te ha quitado la protección, Longbotton -le explicó. -El único que te va a vigilar ahora es tu padre…

Frank Longbotton frunció el entrecejo.

-Por suerte estoy en el lugar más seguro del mundo, ¿no? -ironizó, imitando el tono de voz de su padre cuando hablaba de Hogwarts.

-Está plagado de miembros del Ojo -le interrumpió rápidamente. -Y yo no puedo entrar por razones evidentes… Tienes que tener mucho cuidado a partir de ahora… Ivonne te ha tirado a la basura… Ya no le sirves, ya no disfrutas de su protección -dijo aquello con cierta frustración.

Sinceramente, a Frank Longbotton aquello le supuso cierto alivio.

-Mejor, ¿no? Así ya no me busca nadie…

-No, Frank, al contrario… El Ojo sigue creyendo que tú eres el squib del que habla la profecía y seguirá intentando tenerte en su poder… Sin la protección de Ivonne… Hay pocas probabilidades de que sobrevivas…

-Tranquila, Gwen, tengo a mi padre, ¿no? Es el director de Hogwarts -no sabía si quería tranquilizarla a ella o a él. -¿Y por qué te preocupa tanto mi seguridad? Así te libras de hacer de niñera de un mago que no sabe utilizar una varita, ¿no?

Recibió una mirada de reproche de Gwen.

-Necesito que pases desapercibido… No te metas en líos, por favor, no te unas al Temple… Te han usado, como a mí… Y es injusto que no podamos hacer nada para decidir nuestro destino. Pero igual a ti sí que podemos salvarte…

Por primera vez desde que la conoció, Frank Longbotton atisbó un rayo de luz en Gwendoline Cross. Era una muchacha cuya vida había sido planeada sin su permiso. Como lo que le esperaba a él.

-No necesito que me salven… Estoy bien -dijo él, intentando parecer despreocupado.

-Frank, ¿no lo entiendes? Ivonne te ha dejado sin protección para proteger a sus nietas… Quiere que el Ojo, que ya ha identificado a un instrumento, pierda tiempo intentando conseguirte a ti…

Frank la miró. Estaba realmente cabreada.

-Gwen, tranquila, no me va a pasar nada… Te tengo a ti, ¿no? ¿No eras mi perro guardián?

-¡Ni siquiera se supone que te lo debía decir!

-Pues no lo hagas, Gwen, ¿qué quieres que te diga?

Gwendoline Cross le cruzó la cara de una bofetada.

Frank ladeó la cabeza. Vio la ira y la impotencia en Gwendoline Cross. Estaba así porque Ivonne Donovan había decidido que él ya no era útil para ella. Por esa razón lo había mandado a Hogwarts. No era para mejorar en la magia. Era para que la seguridad del castillo le protegiera. Y así no gastar ella más recursos en él. Claro. Por eso lo habían traído a Hogwarts. Se estaba deshaciendo de él.

Gwen le sostenía mirada. Le acababa de dar una bofetada que le dejó la cara enrojecida. Buscaba los ojos de Frank para mostrarle el fuego de Gwendoline Cross que solo él conocía.

Frank no aguantó más.

La agarró de la nuca, la acercó a su rostro y la besó.

Había aprendido mucho de aquella peculiar familia. Solo con ver la casa a las afueras de Ottery St. Catchpole, uno sabía que estaba ante un extraño fenómeno de la naturaleza. Era una vivienda de color oscuro. Forma cilíndrica. Encima de una colina. Todo el mundo la asemejaba a una torre de ajedrez gigante.

El marido casi siempre estaba fuera en alguna de sus expediciones. Fue Luna Scarmander quien se encargó de ella desde que aquel avión se estrelló en la costa de Irlanda. Luna Scarmander había sido una amiga de su madre de la infancia. Probablemente debió saber que su madre pertenecía a aquel mundo cuando Luna Scarmander iba a visitarles. Unos atuendos tan extravagantes solo podían pertenecer al mundo mágico. Al parecer, el padre de Luna y el padre de Rolf habían sido amigos de Ivonne Donovan. Y la habían ayudado en su momento. Sus hijos también. Cuando Penélope Brooks le pidió que escondiera allí a su hija en lugar del piso franco que le había facilitado Donovan, Luna aceptó sin problemas.

Cornelia Brooks aún luchaba por comprender el escepticismo de su madre hacia su abuela. ¿Por qué la había ocultado todo aquel tiempo? No sabía sus motivos. Pero podía entender algo. Ella misma no confiaba en Ivonne Donovan. Cornelia simplemente acataba sus órdenes. No le quedaba otra, ¿no? Había presenciado la irritación de su abuela cuando Cornelia se negó a volver a Hogwarts. Para más frustración, no solo tenía que volver a Hogwarts en contra de lo que Cornelia creía que era prudente, sino que había mandado a los alumnos más valientes que aseguraran el castillo para cuando ella volviera.

La joven Gryffindor estaba enfadada con su abuela.

Además, la tenían recluida con una mujer cuya aura de locura la abrumaba en ocasiones. Las excentricidades de Luna y sus creencias absurdas habían colmado la paciencia de Cornelia Brooks en algunas ocasiones. Era una conjunción de la razón y la locura. Al menos eso creía al principio. Tuvo que tragarse su orgullo, pues había descubierto a una persona inconformista y sin miedo a mostrar quién era ella realmente. Aquello le gustó.

Cornelia tenía muchas cosas en la cabeza y demasiado tiempo para pensar en ellas.

Enloquecería un día de aquellos. De todas las contradicciones que oía por parte de su abuela. De todos los secretos que ocultaba y cómo se los relevaba a cuentagotas. Había desarrollado una desconfianza hacia su abuela que no sabía cómo afrontar. Ivonne Donovan contaba con el apoyo de Hermione Weasley, de Neville Longbotton, de Richard McKing, de Shacklebolt Kingsley… ¿Por qué Cornelia Brooks no lo hacía? Era su abuela. Debía sentirse dichosa de ser su nieta, ¿no? Aunque aquello, parecía más bien una maldición.

 Vio la carta que aún no había abierto. Más bien leído. La carta se la trajo Luna. Y abierta. Sabía que Luna no la había leído. Y también supo la carta no había llegado a su casa. Era imposible que el remitente supiera dónde se encontraba ella. Por lo que supuso que su abuela era el enlace. Y la que había leído la carta antes de dársela. Tanto control la agobiaba. Sí, era por su propia seguridad. Quería entenderlo. Ni ella confiaba en su abuela. Ni su abuela confiaba en ella. Estaba claro.

Aquel verano lo habían dejado claro. Su abuela había descubierto que Cornelia pensaba por sí misma y tenía sus principios bien fijados. No dudaría en desobedecer a su abuela. Como lo hizo el día que le intentó enseñar un Avada Kedrava contra un animal de la Reserva. No lo haría. Era una maldición imperdonable. No mancharía su alma. ¿Estaría el alma de su abuela tan manchada que quería entrenar a su nieta en las artes oscuras? No lo conseguiría con Cornelia.

Volvió a mirar la carta.

Tenía cierto temor a lo que podía poner allí. Ella vivía en una burbuja. Se enteraba de noticias gracias a Luna. Se había enterado del atentado al Ministerio. Y del asesinato de una pareja Weasley. Su abuela no se lo confirmaría, pero estaba claro que ella, de algún modo, podría haber intuido aquello. Le había dicho que había heredado la condición de vidente de ella, ¿no?

Vivía en una burbuja y no sabía qué era lo que les habían dicho a los amigos que habían ido a Hogwarts y no habían encontrado a Cornelia Brooks. ¿A quién habría preguntado Tom? ¿Y su hermano Peter? ¿Lo sabrían los profesores? Tragó saliva. Estaba claro que James Sirius Potter era el que había logrado pasar la línea de seguridad hacia ella.

Abrió la carta.

«Estimada Brooks:

Soy James. ¿Te acuerdas de mí? Has visto mi muerte varias veces, seguro que te acuerdas de mí. Además, gracias a ti, estoy vivo y saltando como un licántropo. ¿Te lo han dicho? Yo estoy bien. Pero, ¿y tú?

No pude recibir ninguna carta en verano. Pensé que te lo habían dicho… Pero es que tampoco has venido a Hogwarts. Sé por qué. Me lo ha dicho mi tía Hermione.

¿Lo sabías? ¿Me lo has estado ocultando? Porque, de ser así,… Muchos han muerto y tú podrías haberlo evitado. ¿Tenías visiones de verdad o era tu forma de ocultar que lo sabías desde un principio? Tú lo debías haber sabido en todo momento y no dijiste nada. Si es que lo sabías. No me han dicho si lo sabías. Siempre que pasaba algo, siempre has estado tú. Debí haberlo sabido.

Esperaba que, al menos, fueras tú la que me lo explicara.

Si no lo sabías, de todas formas, quiero saberlo. Me caes bien, Brooks. Y quiero asegurar el castillo lo mejor que pueda… Te lo habrán dicho.

Pero no puedo hacerlo si sé que estabas tú detrás de todo. Ni tú ni tu abuela podéis pedirme algo así. No, cuando mi familia se está poniendo en peligro y nos habéis estado engañando.

Yo no soy el perro guardián de nadie.

Espero tu respuesta,

James Sirius Potter».

Cornelia suspiró.

Odiaba a su abuela. ¿Le habían contado todo a Potter menos que ella no sabía nada de eso? ¿Cómo se le ocurría? ¿Qué clase de broma era aquella? ¿Pretendía que le ayudaran así como así? Se llevó la mano a la cabeza. Incrédula.

No solo debía responder a James Potter diciéndole que ella sabía exactamente lo mismo que él. Quizás menos. A saber qué le había contado Ivonne Donovan a James. Pues a ella solo le había relatado un par de ideas que la aterrorizaron a principios de verano. Sobre unas profecías. Y le ocultó bastante información. Lo sabía. Su abuela debía saber que ella esperaba aún más respuestas. Y que tenía sus propias teorías.

Tenía que seguir acatando sus órdenes.

Incluso para responder a James Potter tenía instrucciones. En una nota aparte. Como si ella fuera un soldado de su abuela. No se quería hacer especial solo por ser su nieta. No. No era eso. No quería que absolutamente nadie fuera el soldado de su abuela si no sabían a qué se enfrentaban. No era justo. Era jugar sucio. Era ser exactamente igual que el Ojo. O quizás peor.

La habían tenido enclaustrada tanto tiempo que comenzaba a cuestionar absolutamente todo. Luna le había proporcionado libros. No era suficiente. No tenía libertad. Ni fuera ni dentro. Ya jamás la tendría.

Ni siquiera para responder a un simple muchacho. Un joven que, con total seguridad, la odiaba en aquel momento. Y no le culpaba.

«Debes invitarle a nuestra cena de Navidad en el Temple… Debe actualizarme con lo que ha estado haciendo».

¿No podía decírselo ella? Estaba claro que ella tenía acceso a él. ¿Por qué tenía que decírselo ella?

Resopló.

Se sentía encadenada.

¿Qué más secretos y obligaciones tendría preparados su abuela para Cornelia Brooks?



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