Historia al azar: la ultima descendiente potter
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La Tercera Generación de Hogwarts » (IV) Capítulo 7: Ex libris
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Domingo 17 de Enero de 2021, 16:45
[ Más información ]

(IV) Capítulo 7: Ex libris

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)

Había sido tan fácil que daba rabia.

No era un joven de acción, desde luego eso había sido asunto zanjado. No obstante, algún obstáculo de vez en cuando le activaba el cerebro. Era como un enigma que resolver. ¿Acaso no era todo lo que le rodeaba un enigma? En cierto modo, cada vez que entraba a la Sala Común de Ravenclaw tenía que resolver uno. Todos los días. Reconocía sin pudor que era bastante bueno y rápido. A ello se le sumaba el misterio que envolvía al mundo.

Sabía que su madre había tenido contacto con Ivonne Donovan. Sabía que Cornelia Brooks era la nieta de Ivonne Donovan. Sabía más cosas aparte de eso. Pero sólo las podían saber él y su maestra. Charlotte Breedlove le pasaba toda información que consideraba que Hugo Weasley la debía conocer. En verano, quedar con aquella enigmática figura había sido un obstáculo. Su madre lo había mandado a la Madriguera y allí no podía hacer llegar a Charlotte Breedlove. Sobre todo, cuando ya era conocida por sus abuelos por haber sido la mujer que salvó a su bisnieto de las garras del Ojo. Garras que Victoire Weasley no pudo evitar. Su familia no confiaba en Charlotte Breedlove. Estaba bien que ante la ignorancia, se desconfiara. Él mismo lo hacía.

Pero le había enseñado tantas cosas que costaba no sentirse adictivo a aquella mujer. Entendía a Victoire Weasley. Y sabía que su prima estaba haciendo bien en acudir a la señora Breedlove.  Mientras que Hugo estaba al tanto del conocimiento de su amiga de avanzada edad que tenía su familia; su familia no tenía ni idea de dónde se metía Hugo Weasley cada vez que iba a comprar libros a la Colección de Miranda Goshawk.

Al haberle adelantado un curso, pese a tener doce años, podía ir libremente a Hogsmeade al estar en tercero. Eran un privilegio que Neville Longbotton no le arrebató. No quiso indagar en la sospecha que nació al respecto. Después de todo, también sabía que su director seguía a Ivonne Donovan como una estrella polar.

Gracias a eso, solo tenía que acudir a Cabeza de Puerco y esperar a que Charlotte Breedlove apareciera por la puerta. Los señores Hegarty, dueños del local, la conocían. Al parecer, era un cliente habitual. No dijeron nada cuando se instaló en la mesa de Hugo Weasley. El joven no tardó en comprender que aquellos eran los padres de la Willa Hegarty de la que la señora Breedlove le había hablado. ¿Qué le habría mandado hacer y por qué estaba muerta? La señora Breedlove le dijo que fue por culpa de Minerva McGonagall. Que no supo ver a quién se enfrentaba. Willa Hegarty se había ofrecido a ayudar a Roxanne Weasley, su prima, en la búsqueda de Ivonne Donovan en la que se empeñó su difunta directora. En palabras de la señora Breedlove, «Ivonne nunca debió decirle a Minerva que lo hiciera. Ponía a muchas personas en peligro. Aunque Ivonne le dijera que no».

Hugo Weasley, al igual que no confiaba por completo en la señora Breedlove, menos lo hacía de Ivonne Donovan.

Y justo eso le venía a la cabeza  a la vez que la señora Breedlove dejaba de hablar sobre la importancia de proteger a Ivonne Donovan.

-Si sabía dónde se encontraba y ahora lo has podido confirmar… ¿Por qué no está con su hermana? -le cuestionó. Llevaba rondando teorías por su cabeza un tiempo. Ninguna parecía tener sentido.

Aunque, después de todo lo que le había dicho la señora Breedlove, intuía que Ivonne Donovan había hecho algo que había molestado a la señora Breedlove. Hugo Weasley tenía su teoría al respecto. No tenía todas las piezas, pero estaba seguro que no tardaría en conocerlas. Después de todo, si algo no le decía Breedlove, lo descubriría por otras personas. La información estaba allí. En el aire. Solo había que identificarla.

-¿En qué beneficiaría eso a la paz que pretendo tener?

-¿Cómo? -no entendió su respuesta del todo.

-Hugo, yo soy una guardiana de la paz -le anunció. Aunque no era la primera vez que escuchaba aquello. -No tengo ningún bando.

Hugo Weasley se rascó la barbilla.

-Es decir… Si para alcanzar la paz, tuviera que matar a su hermana, ¿lo haría? -Aquello pareció hacerle gracia a la señora Breedlove. Esta asintió. Pero a Hugo Weasley no le sorprendió. -¿Ayudaría también al Ojo?

-Solo si así hubiera paz -confirmó. La señora sonrió, satisfecha con la reflexión del muchacho. -Eso es lo que quiero que entiendas… No puedes cegarte por estar en un bando, Hugo. No puedes ir tomando decisiones porque es lo que debes hacer… Sino porque conduce a la paz.

Hugo asintió. Entendía aquello. Debía ser Suiza. Neutral. Solo desde una posición objetiva y neutral podía esclarecerse el conflicto. En el momento en el que se posicionaba en un bando, el espectro subjetivo lo empañaba todo.

-¿Matarías a tu propia hermana? -repitió la pregunta. Aunque podría ser que estuviera poniéndose en su lugar. La señora Breedlove asintió sin reparo alguno. -No sé si yo podría hacerlo -confesó. -No soy tan utilitarista.

La mujer se rio.

-Oh, Hugo, no te estoy pidiendo que elimines a tu hermana -le dijo con cierta burla. -Pero sí te pido que, por ahora, le sigues la corriente a Ivonne… Ya sabrás a lo que me refiero -Hugo Weasley asintió. -Tiene razón y sentido en muchas de las cosas que hace… Pero es peligrosa. Al igual que tú o que yo.

-Porque es poderosa, ¿no?

-Es diferente a nosotros, Hugo -le corrigió. -Es poderosa, sí. Pero en un sentido diferente. Bueno… Ella, al igual que el Ojo, se guía por unas profecías que fueron formuladas hace miles de años… Antes de que los cimientos de Hogwarts se erigieran -La señora Breedlove sacó un libro de su bolso y se lo tendió. Hugo Weasley ya lo había visto antes. Y sabía que contenía esas profecías que decía. -Tengo dos misiones para ti, Hugo. La primera es que seas tú el que guarde este libro… Lo leas… Te lo aprendas… Y lo comprendas…

-¿Usted cree que son de verdad?

-Oh, claro, muchas ya se han cumplido… Hay que saber interpretarlas… Puedes preguntarle a tu profesora de Adivinación por cuestiones técnicas -le sugirió.

-¿Y dónde están las bolas de cristal? ¿Por qué solo están en un libro escritas?

Las profecías que siempre había oído Hugo Weasley eran pequeñas bolas de cristal con un humo dentro que solo podían ser tomadas por las personas a las cuales hacían referencia. Eran predicciones hechas por un vidente con la capacidad de ver hacia el futuro con su ojo interior. Dictaban las profecías que luego eran grabadas y almacenadas en el Salón de las Profecías en el Departamento de Misterios del Ministerio de Magia.

-Oh, Hugo, antes las videntes no las grababan en bolas de cristal… No había de eso cuando fueron formuladas.

-¿Pueden romperse? -cuestionó seriamente.

-Si una persona cree que es objeto de una profecía, puede hacer todo lo posible para evitarla, sí -le concedió. -Pero puede tener un efecto dominó que perjudique a inocentes que, por estar cerca del sujeto, acaben siendo dañados -le advirtió. -Es una ciencia peligrosa.

-¿Por qué me lo da a mí? -preguntó. Intuía que la señora Breedlove se las sabía de memoria.

-Oh, Hugo… Soy una guardiana de la paz… Y para que haya paz, necesitamos que algunas profecías no se cumplan. Esas profecías no auguran paz. Predican todo lo contrario, cielo.

-¿La Guerra?

Ella se rio.

-Es demasiado tarde, Hugo, la guerra ya está en marcha… Augura la Oscuridad. Eso es lo que debemos evitar.

-Es por una profecía, ¿verdad? Usted vino a mí por una profecía…¿Cuál es?

La señora sonrió. Recogió su bolso y lo cerró antes de sacar un galeón.

-Ya lo descubrirás -dijo con tanto misterio que Hugo quiso ponerse a leer todo aquello en cuanto antes. -La otra misión… Es que neutralices los pasadizos que conectan Hogwarts con la sede del Ojo.

Aquello no sorprendió a Hugo Weasley. Intuía que eso era así.

-¿Cómo?

-Tendrás que pedirle ayuda a tus amigos… Estoy seguro de que ellos acudirán a ti -le adelantó. -Están en las Tres Escobas, por si quieres ir a verlos.

Dicho esto, se marchó.

Hugo cogió el galeón que dejó y se acercó a la barra.

-Señor Hegarty, ¿cuánto son dos tés? -preguntó con educación.

No obstante, el señor Hegarty le hizo un gesto que había visto hacer a los taberneros en las películas muggles cuando indicaban que la cuenta corría a cargo de la casa. Nunca le había pasado aquello. Él asintió y cogió el galeón de la mujer. Observó, como aquel galeón de oro resplandecía. Por un lado, tenía el grabado de un dragón con sus alas abiertas. En la parte trasera, aparecía el perfil del mago más famoso de todos los tiempos.

Suponía que debía ir a las Tres Escobas.

Recordó que, en verano, su primo Fred le había advertido de que no podían ir juntos como pandilla en Hogwarts para que el Ojo no sospechara que estaban tramando algo. Cuando lo hicieran. No era como si Hugo Weasley quisiera pasar todos sus ratos libres con Fred Weasley, James Potter, Susan Jordan, por un lado; y Rose Weasley, Albus Potter, Scorpius Malfoy y Peter Greenwood, por otro. Intuía que Alice Longbotton no iba a formar parte del elenco. Había tenido que escuchar a Rose quejarse de ella durante todo momento en el que les había premiado con su presencia en verano. Lo cual no entendía, pues intuía que Rose había pasado el verano con su amiga. No quería meterse en los asuntos de su hermana. Pero cuando algo le intrigaba, no podía parar de darle vueltas.

Fred Weasley, James Potter y Susan Jordan estaban en las Tres Escobas. No había rastro de Albus y sus amigos. Rose Weasley también estaba allí con Janet Rossen. Habían vuelto a ser amigas. Hugo Weasley se acercó a su primo Fred. Este sonrió a James y a Susan con una sonrisa lobuna que hizo poner en alerta a Hugo.

-Justo contigo queríamos hablar, Hugo -le anunció James Potter. Crujió sus nudillos.

-Lo sé -dijo simplemente.

-Oh, vaya, lo sabes -se burló Fred Weasley. -¿También sabías que Cornelia Brooks era la nieta de Ivonne?

Hugo no era buen actor. Pero hizo todo lo posible por sorprenderse. O parecer sorprendido. No quería darle el gusto de que Fred pensara que tenía más conocimiento que él. Pero aquello conducía a la paz, ¿no?

-Te necesitamos, Hugo -dijo Susan Jordan para suavizar.

Hugo Weasley la miró de reojo. Estaba maquillada. Bien maquillada, había una diferencia a cuando algunas niñas de su clase lo hacían. Parecía natural en Susan. Pero sabía que era para ocultar ojeras.

-A James le ha pedido Ivonne Donovan que busquemos a los mejores alumnos de Hogwarts para formar parte de los magos que la apoyan… Que se llaman… Los templarios -anunció aquello, postrado despreocupadamente sobre la pared. Esperando ansiosamente la reacción de Hugo Weasley.

Este dio un respingo. Y fijó su mirada en la mesa.

-Tú ya estás contratado… Nuestra misión es reclutar a más… Y asegurar el castillo para cuando venga Brooks, claro -añadió James, divertido, mientras Susan Jordan y Fred Weasley se reían por lo bajini.

-¿Estás seguro de que te dijo templarios, James? -exigió saber Hugo Weasley. Como si aquello fuera lo más relevante que había salido de la boca de su primo en toda su vida. Su expresión cambió como si estuviera resolviendo el algoritmo más imposible.

-Joder, Rose tenía razón -se burló Fred.

-Sí, la Orden del Temple, los Vigilantes… Como quieras llamarlos -dijo James, como si supiera de qué estaba hablando.

Hugo sonrió. Satisfecho.

Se levantó con ímpetu.

-Os ayudaré, solo tenemos que neutralizar los pasillos para que los miembros del Ojo no salgan de Hogwarts -les informó rápidamente antes de marcharse a toda prisa de las Tres Escobas.

Se formó un silencio entre los tres amigos.

Segundos después, se desternillaron de risa. Muchas cabezas se giraron para ver a aquel trío risueño. James tenía incluso lágrimas en los ojos y su risotada sonada como si se le fuera a salir del pecho. Susan se encogía sobre sí misma y apoyaba su hombro en Fred, que se reía con los ojos cerrados y negando con la cabeza.

-Su primer orgasmo -repitió Fred las palabras de la hermana de Hugo.

James dio un golpe en la mesa como si así evitara seguir riéndose.

-Pobrecito -se lamentó Susan Jordan.

-Oh, venga, ¿has visto sus ojos? -James relajó su pecho. -No creo que sintamos algo así por alguien jamás en la vida -volvió a soltar una risa.

Susan Jordan bajó la cabeza. James miró de reojo a Fred. Este suplicó a Merlín que James no le hiciera la encrucijada que seguramente había pensado y que solamente entonces había intuido Fred.

Su temor se confirmó.

James se levantó de un salto.

-Voy a seguir reclutando a templarios… -volvió a reírse. -Había quedado con Camrin Trust en la tetería.

-¿Has quedado con Trust? -preguntó incrédula Susan Jordan.

James se encogió de hombros.

-No pasa nada porque sea mi ex… Soy el mejor amigo de mi primera novia. No va a pasar nada, os lo aseguro -sus amigos asintieron. Parecían tan convencidos de que entre Trust y él solo iba a ver amistad, que, de pronto, él mismo parecía dudar.

Fred Weasley cerró los ojos asintiendo de forma que le decía a su amigo que, incluso si era mentira que iba a quedar con Trust, le perdonaba por dejarle a solas con Susan. Maldita sea, es que si no tuviera miedo de él mismo, estaría encantado de estar a solas con Susan.

Su amiga se cambió de sitio y se puso enfrente de Fred.

-No juegues con las mujeres, James… Te juro que el karma te la tiene jurada -le advirtió Susan.

Este asintió, sin parecer importarle la maldición, y desapareció entre las mesas de las Tres Escobas.

-Nos ha dejado a solas a posta -dijo Fred Weasley. -¿Tú le dijiste algo?

-¿De qué, Fred? -exigió saber. Le dio un trago a la cerveza de mantequilla. Tuvo un déjàvu. Ella no recordaba que había pasado la última vez. Y su amigo no se lo quiso contar cuando despertó el último día del curso anterior en Enfermería.

Y lo cierto era que intuía que había pasado. Era la razón por la que había querido ir con él a Hogsmeade aquel día, en primer lugar. Para decirle que le gustaba más que como su mejor amigo. Que se imaginaba un futuro con él de forma diferente a como había sido su vida hasta entonces. Y sabía que era correspondida.

Pero la cabecita inestable de su amigo se lo quería ocultar. Como si ella fuera tonta.

Fred Weasley suspiró. Se acercó al rostro de su amiga.

-Te mereces algo mejor que yo -le confesó en voz tan baja que le costó escucharla.

Ella se rio.

-Y tú te mereces una mierda pero…¡Vaya! ¡Te ha tocado Susan Jordan! ¡Menudo premio, chaval! ¡Nadie le dice que no a ganar la lotería!

Su amigo se rio. Todo lo que decía era verdad, no podía negarlo. Suspiró y dio un trago a la cerveza.

-Eres una pesada, ahora sé cómo se sentía James cuando todas las chicas iban detrás de él -bromeó. Recibió un puñetazo en el hombro de Susan Jordan. No, no era el mejor momento para dejar salir su lado despreocupado. -¿Qué quieres que haga, Sue? Cada vez que veo a Zoe McOrez me dan ganas de estrellarla y ahorcarla con mis manos… ¿De verdad querrías estar con este monstruo?

Susan Jordan le miraba seriamente. Su mejor amiga no podía ser más masoquista.

-No lo has hecho -le recordó. -Has tenido mil oportunidades y no lo has hecho… No eres un monstruo, Fred. No te conviertas en uno porque crees que es lo que mereces ser.

Sabía que aquello haría daño a Fred. No era lo que buscaba. Pero sí que era la verdad que necesitaba escuchar. Fred Weasley había retomado su antigua personalidad sin dejar el aura de violencia que solía acompañarle desde la muerte de su hermana. Susan Jordan sabía que aquello no cambiaría jamás. Su pretensión no era curarle. Tampoco protegerle de sí mismo. Sino recordarle que no estaba solo.

Ella era la primera que odiaría estar en una relación tóxica. Como lo había llamado su hermana Monique. Pero sabía que no lo sería. Siempre había estado enamorada de Fred. Y lo seguía estando. Ni más. Ni menos. Ella veía al Fred herido que se ocultaba bajo la violencia. Y, más que violencia, era un disfraz. Tan solo ejercería violencia sobre Zoe McOrez. Eso esperaba. No había vuelto a las peleas callejeras. Estaba recomponiéndose poco a poco.

-¿No vas a descansar hasta que tengamos una cita? -se burló Fred.

Ella negó con la cabeza. Ambos sabían que era mucho más que una cita a lo que estaría accediendo Fred. Después de todo, eran amigos. Ser pareja después de ser amigos era un paso muy sencillo. Quizás no para Fred. Pero, si pensaba en su rutina, pocas cosas podrían cambiar. Sería exactamente lo mismo. Sus rutinas giraban el uno sobre el otro. Se preocupaban el uno por el otro. Su simbiosis era perfecta. ¿Qué faltaba? ¿Darse un beso?

-Esto ya es una cita -le dijo Susan con una sonrisa burlona.

A Susan le dieron ganas de besarlo.

Su pelo rojo despeinado. Su chupa de cuero marrón. Su sonrisa torcida. Sus pecas camufladas por el rubor de la cerveza. Su pose despreocupada, pero, a la vez, alerta. Unos ojos que la miraban con tanta intensidad que sintió vértigo. Como si al posar su mirada en aquel marrón estuviera ante los pies de un acantilado. Un vértigo que se acomodó en su estómago y no parecía querer marcharse.

Era como si se estuvieran besando con la mirada.

Había ocurrido en otras ocasiones. Sin querer. Con torpeza. Sus miradas chocaban y sentían vértigo.

Pero aquella vez la sostenían. Como si fuera una competición. Relamiéndose del disfrute. Conectando su mente con la persona que tenían en frente.

Qué demonios.

Susan se incorporó, pasó su cuerpo por la mesa, chocando torpemente con alguna de las cervezas y se acercó al rostro de Fred. Este la estaba esperando. Pasó la yema de sus dedos por el pelo rojizo de la nuca de Fred. Este cogió con fuerza el costado de su cara encendida. Sus narices se rozaron y se unieron como un puzle cuando sus labios se rozaron. Fred se incorporó para responder al inocente beso con fervor. Cogió con el otro brazo la cintura de la joven y la atrajo hacia él.

Se besaron. Saboreando la cerveza del otro. Apagando el resto del mundo.

Solo existían ellos dos.

No escuchaban siquiera como el resto de las Tres Escobas los contemplaban aplaudiendo y vitoreando. Era algo que estaba destinado a pasar y habían esperado hasta el penúltimo año. Era algo para celebrar.



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