Historia al azar: Mis recuerdos de verano
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La Tercera Generación de Hogwarts » (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Miércoles 13 de Enero de 2021, 10:53
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(IV) Capítulo 5: Homo homini lupus

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)


El lema de aquella institución era Ignorantia Juris Non Excusat. Un principio jurídico que venía a decir que la ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento. En teoría, el Ministerio Británico de Magia, se encargaba de regular todos los aspectos de la sociedad mágica: educación, justicia y economía. Una persona que viniera del mundo muggle no estrecharía la mano sin reparos ante aquel despropósito. La justicia unida a la política. ¿Dónde quedaba la separación de poderes? La educación unida a la política. ¿Dónde quedaba la libertad de cátedra? La economía unida a la política. ¿Dónde quedaba la ética? ¿Cómo pretendía exigir el cumplimiento de la ley incluso si esta se desconoce si se trata de una institución contraria a todos los ideales de los que se apoya? Por suerte para los muggles, era un organismo que funcionaba con relativa autonomía respecto del gobierno muggle de cada Estado, tan solo un par de contactos esporádicos para una armonización entre los ciudadanos que pasaban a formar parte de la comunidad mágica y viceversa.

Richard McKing se planteaba aquellos principios desde que entró en el Ministerio. Y los había intentado cambiar. Había intentado hacer más independiente el ala del Departamento de Seguridad Mágica, que se ocupaba de la policía y de la justicia. Y había devuelto a la vida el Tribunal de Wizengamot, modernizándola y haciendo su acceso más fácil. A muchos detenidos le habían garantizado mediante este Tribunal sus derechos procesales. Algo que parecía no estar al día en el Ministerio. Algo que había sido el culmen de su disidencia con Harry Potter. Algo que en aquel momento se vulneraba y podría entrar en colisión con el Comité de Disculpas a los Muggles.

Richard McKing, flanqueado por Hermione Weasley y Alexis, llegaron al Segundo nivel del Ministerio de Magia. Se adentraron en la Oficina de los Aurores. Atravesaron los cubículos abiertos de cada Auror. Con pasos decisivos, dejaron atrás la hilera de conocidos magos oscuros, mapas y recortes de El Profeta, cuyos titulares bendecía la labor del Departamento.

Llegaron al despacho del Jefe de la Oficina de los Aurores. Harry Potter. La puerta estaba abierta. Les estaba esperando. Habría sido avisado por algún administrativo de la Primera Planta del Ministerio.

Harry Potter, con aspecto descuidado y hedor a sudor, les indicó que pasaran. McKing no pasó inadvertida la presencia del objeto de aquella disputa: el hombre que se encontraba en una silla, detenido desde hacía meses y demacrado por haber vivido en aquella oficina desde entonces.

El Ministro se sentó en la silla enfrente del Jefe de la Oficina de Aurores. Hermione Weasley cogió un taburete y se acercó a él. Alexis cerró la puerta y se quedó de pie, reposando sobre ella. McKing había hablado con la Secretaria del Ministro y Consejera, Hermione Weasley, de aquella intervención.

-Sabes por qué estoy aquí, Potter -le dijo.

El aludido bufó. Ya había escuchado los cargos que sobre él caían. McKing sabía que aquello era confidencial. Que solo lo sabían un par de Aurores de su confianza y poco más. No quería manchar su reputación.

-Te lo puedes llevar… Al fin y al cabo eres el Ministro, ¿no?

Hermione suspiró.

-Alexis, cariño, ¿podrías llevarte el señor Morgan a San Mungo y comprobar que su salud está bien? -la mujer se giró hacia el tío abuelo de la muchacha que acogía en su propio hogar. -Lola está bien, doctor, no se preocupe… Le proporcionaremos un piso franco del Ministerio mientras nos aseguramos de que no corre peligro…

-¡Dudo que fuera sea peor que dentro! -le interrumpió. Tenía razón. Aquel hombre había demostrado que no sabía nada acerca de Ivonne. Que su memoria había sido borrada. Y aún así le habían vulnerado todos sus derechos.

Alexis salió del despacho con aquel anciano. McKing se llevó la mano a la frente. Irritado. ¿En qué momento Harry Potter consideró que aquello era necesario? ¿No veía que era un ser humano inofensivo? ¡Qué delirios tenía aquel hombre!

-Muy bien, ¿piensas hacerme el paseo de la vergüenza delante de todos mis Aurores, McKing? ¿Así es cómo pretendes ganarte su respeto?

-Harry, por favor, escucha lo que te tenemos que decir…-le rogó Hermione en un hilo de voz. Harry Potter bufó. No sabía cómo comportarse delante de su mejor amiga si esta le había dado la espalda, intuía McKing. -Que hayas retenido tanto tiempo a un muggle sin respetar sus derechos… Es grave, Potter. Lo sabías.

-¡Era la única forma de saber dónde estaba Ivonne Donovan! -les respondió irritado. -Ellos no tuvieron piedad cuando secuestraron a Albus o cuando mataron a Hagrid y a Minerva…

Se hizo un silencio. McKing comprendía que Harry Potter actuaba por impulsos por la tristeza que sentía en su interior. Se había quedado huérfano de nuevo. Aquellas figuras eran paternales para él. Y, de un año para otro, les habían abandonado. Sólo tenía la pista de Ivonne Donovan. Entendía que Potter quisiera justificar sus medios con el fin que perseguía. Pero no era necesario. No era apropiado. Ni proporcional. Ni siquiera sabía quién era exactamente el señor Morgan y cómo podía ayudarle. Se había guiado por una falsa intuición.

-También mataron a mi hijo, Potter -le recordó McKing. -Y eso ha destrozado a mi familia -añadió. Con serenidad. No había por qué perder los estribos por las heridas abiertas. -Y no lo utilizo para justificar mis acciones porque sé separar mis asuntos personales de los que conciernen a la seguridad mágica… Espero que compartas esa visión, pues gracias a ser comprensivo y reflexivo logramos dar con Ivonne Donovan…

-Esto no lo puede saber nadie, Harry, prométemelo -le pidió rápidamente Hermione. -He hablado personalmente con Ivonne Donovan… No te he dicho nada antes porque… Porque necesitaba que te calmaras para que pudieras entender todo mejor. Ginny me ha dicho que ahora estás más relajado… Necesitamos que los Aurores nos apoyen. A nosotros y a Ivonne Donovan. Te necesitamos a ti, Harry.

El aludido formó un silencio. Miró hacia el techo como si allí se encontraran todas las respuestas a las incógnitas que se estaría formulando en aquel momento. Era lógico, pues era mucha información. Al propio McKing le había costado charlas con Neville Longbotton, con Hermione Weasley y con Ivonne Donovan. Había descubierto en aquella mujer una gran aliada contra el Clan del Ojo.

-No sé qué queréis que haga, si me vais a desechar de mi puesto…

-No, Potter, voy a pasar por alto esta gravísima actuación -le anunció McKing. -Lo que tenemos que hacer… Por lo que te necesitamos… Es mucho más importante que cualquier diferencia que pueda existir entre tú y yo.

Hermione asintió.

-Necesitamos que apoyes al Ministerio -explicó. -Si Harry Potter apoya al Ministerio, nos dará más credibilidad. Estaremos unidos, Harry, la unión hace la fuerza… Es el lema de la familia que siempre ha luchado con nosotros y que, ahora, también es nuestra familia… Tienen razón… Conocerás a Ivonne Donovan más adelante… Hay que tener cuidado… Y…

-Y debes reformar el Departamento -añadió McKing. -No te lo digo como Ministro, Potter, te lo digo en nombre de nuestra mayor aliada en este momento, aunque desconfíes de ella y debas seguir haciéndolo como Weasley y yo hacemos.

-Vetar la entrada al resto de Aurores de otros Departamentos… Ya he hablado con el Departamento de Cooperación Mágica Internacional y nos han dado luz verde. ¡Estábamos dejando vía libre a Aurores del Ojo, Harry! Y debes ir uno por uno, Auror británico por Auror británico, sospechando como si cada uno fuera del Ojo.

-¿Alexis también? -les dijo con ironía.

-Tú eres el Jefe de la Oficina de Aurores, Potter, te lo dejamos a ti -contestó McKing.

-Debes elegir Aurores para que vayan a vigilar Hogwarts y asegurar la zona para cuando vuelva la nieta de Ivonne Donovan… Esa es otra cuestión -Harry Potter no dijo nada, simplemente sonreía con incredulidad. -Tenemos que protegerla a ella y a su familia… Si el Ojo no tiene a los Donovan… No podrán llevar a cabo lo que sea que se proponen -finalizó Hermione.

- Ni siquiera lo sabéis, ¿no? -intuyó Harry Potter. -No sabéis a lo que os enfrentáis… Yo tampoco, claro…

-Las profecías de Neville, Harry -le interrumpió. -Son de verdad. A eso nos enfrentamos.

 

¿Qué clase de lugar era aquel? Tan solo había visto el edificio principal que acogía a visitantes y la residencia de las personas que habitaban aquel territorio sagrado. No se había introducido nunca en el Bosque. Y, mucho menos, había conocido a otros licántropos que no fueran los que siempre habían estado a su alrededor.

Cuando le dijeron que ella tenía permiso para quedarse allí durante su entrenamiento como magizoologista, tuvo que sostener la cabeza entre sus manos en un intento de evitar que estallara. Para empezar, porque era algo no del todo cierto. Sí, iba a ser magizoologista, pero no era esa la verdadera razón por la que Dominique Weasley estuviera en Luperca. Tampoco era la cuestión que en un momento le habían planteado, de ser la Nuna o Ajayu de alguno de los licántropos. Por lo menos, que ella supiera. Se trataba de entrenar a la veela que llevaba dentro.

Wakanda, la líder de la Manada de Luperca, había sido informada -probablemente por su tío Charlie o por el propio Moonlight -de que Dominique Weasley podía desarrollar su parte velaa. Había tenido una serie de conversaciones con aquella exótica y sagaz mujer licántropo que le había dado entender que creía en ella. En su conversión. Su teoría distaba de ser descabellada. Al igual que los licántropos sufrían en una fase intermedia cuando no lograban convertirse por completo en lobos, los veela también luchaban por convertirse. Y ella tenía genética veela. Sólo tenía que entrenarla. Para convertirse en esa criatura similar a una arpía que lanzaba fuego por las manos, como le había adelantado Moonlight.

La idea no le cautivaba del todo. Una vocecita mordaz preguntaba en el fondo de su mente dónde radicaba la diferencia. ¿Acaso no era ella una defensora de las criaturas mágicas? ¿Por qué rechazar, entonces, su propia naturaleza? No hubo ni un momento en que los licántropos supusieran un problema para ella. Criaturas que se convertían en lobos. O incluso había aceptado de buena manera a los vampiros. A Aurel.

Pero ella. ¿Ella? Ella era solo humana, ¿sólo humana? ¿Veela? Ella creía que podría ser magazooligsta. Y resulta que sería el objeto de estudio de su propia profesión.

Reprimió el deseo de volver a gritar cada vez que pensaba en aquello. ¿Qué decía eso sobre ella? Conocía la respuesta a esa pregunta. Significaba que había algo intrínsecamente extraordinario en ella. Y que debía aceptarlo.

La manada de cinco gigantescos lobos con diferentes tonalidades de pelaje se alzaban ante ella. Cuando aparecieron entre los árboles eran como ella esperaba que fueran. Tenía la imagen de su primo James de hacía meses grabada en su cabeza. Los licántropos se transformaron rápidamente y parecían tan sincronizados que creía estar viendo una sucesión de espejos ante ella.

-Lo siento -se disculpó.

-No pasa nada, Dominique -dijo rápidamente Umi, la única mujer licántropo de aquel conjunto.

La joven pelirroja se azoró. Y no porque aquellas criaturas, ahora en forma humana, estuvieran completamente desnudas ante ella. A eso se había acostumbrado. Compartían la misma anatomía, era algo sumamente fácil a lo que adaptarse. Los colores habían subido a sus mejillas por la simple razón de que creía que les estaba haciendo perder el tiempo. Y ellos lo sabían. Hacían lo posible para darle a entender que no era así.

Onawa, el jefe de aquella pequeña manada, se acercó a ella y posó su mano sobre el hombro de la muchacha. Era tan alto y esbelto que tapó todo el sol que le llegaba a la joven en mitad de aquel claro. Dominique Weasley le miró de reojo. El jefe de la manada apretó su agarre e inspiró aire. Dominique le imitó.

Supuestamente debía sentir algo.

Pero no fue así.

Dejó salir un suspiro irritado.

-Yo tardé tres años en conectar con la manada, Dominique -le confesó Halian. -Cuanto más niegues que lo puedes hacer, más tardarás en hacerlo… Además, lo único que pretendemos es que saques tu veela interior… Si lo haces sin conectar con la manada no pasa nada.

El muchacho que razonaba había sido el último en formar aquella pequeña manada que Wakanda había elegido para entrenar a Dominique Weasley. Le llamaban Halian, el Joven, lo cual Dominique no llegaba a entender del todo puesto que el silencioso Hinun era mucho menor que él. Quizás significaba jovialidad, entonces tendría sentido. Halian era el que más saltaba en forma de lobo. El que más hablaba y más sonreía. Hinun, el Espíritu de la Tormenta, pese a sus trece años, parecía estar casi siempre ausente. Halian les había contado que era porque en su primera transformación, cuando tenía solamente siete años, mató a una persona. Nunca le dijeron quien fue. Simplemente lo trajeron a Luperca y, desde entonces, luchaba por integrarse en la manada.

Su jefe, Onawa, el Grandioso Amanecer, era de los licántropos más veteranos de Luperca. Él y Wakanda se llamaban hermanos. Nunca se atrevía a preguntar si su conexión sanguínea era verdadera, pero cada vez lo dudaba menos. Tenían los mismos ojos rasgados de la América primigenia y sus gestos eran casi iguales. Onawa era mayor que Wakanda. Pero, a la legua, podía apreciarse que Wakanda era mucho más sabia y capaz de llevar Luperca ella sola.

Por último, estaba Umi, la Vida. El nombre que eligió la Manada cuando aquella joven ingresó en Luperca le venía como anillo al dedo. Había conectado con ella por afinidad. Porque Umi la hacía sentir en familia. Creía que con ella tendría una oportunidad de ser la Nuna o la Ajayu que prometían… Hasta que descubrió que era la Ajayu de Onawa. Fue la gran brecha de edad lo que más le sorprendió. No obstante, era impensable no comprenderlo una vez que se veían juntos.

Y allí estaba ella. Dominique Weasley. Intentado que la promesa de que se iba a convertir en velaa se cumpliera.

-No puedes tener miedo de ti misma, Dominique -dijo Hinun. Aquel joven le recordaba a su hermano Louis. Quizás, simplemente, porque era menor que ella y muy reservado. Su tez morena y cabello rizado destapaban el parecido. -Creo que debería conectar primero con ella misma, Onawa.

-Ella ya lo ha hecho antes…¿No?

Entonces, sintió un dolor en la barriga. Eran nervios. Los nervios que, sin piedad, acudían a su interior para vaciarla de seguridad. Aceptaba de buena manera seguir a los lobos. Correr con ellos. El entrenamiento físico lo llevaba bien. También conocer cómo ellos habían conectado con la Manada. O cómo lograban transformaba. Le encantaba oír aquello porque era explicar uno de los grandes misterios del mundo mágico. Siempre se había fascinado.

Ahora bien, ¿hablar de su propia naturaleza? Aquello le hacía sentir náuseas.

-Tienes que dejar salir a la Dominique que estás encerrando, cielo -la animó Umi.

Ella asintió. Sin decir nada. Sabía toda la teoría. Se la habían explicado mil veces. Pero cuando llegaba el momento de conectar con su interior, palidecía e incluso llegó a desmayarse en alguna ocasión. La intentaban tranquilizar diciéndole que aquello era lógico que pasara. Después de todo, convivían en ella dos identidades.

-Quizás deberíamos simular una situación de peligro… Así lo lograste la última vez, ¿no? ¿Cuándo te atacó Moonlight?

Exageraban. No sabía qué diantres había contado el Auror de aquel acontecimiento. Para él había sido mucho más mágico que para ella. Tan solo recordaba hablarle mientras una luz salía de su cuerpo. Y recordar cómo un licántropo descontrolado le babeaba la cara no era la imagen que quería tener para encontrarse a sí misma.

-Se ha puesto blanca, Halian, mejor no le recordemos cuando presenció lo peor que puede salir de nosotros -advirtió con serenidad Onawa. Este seguía guiando su respiración a su lado. -Hoy no será el día.

-Parece que no será nunca -musitó. Todos la miraron sorprendidos. -Quizás… Quizás nos hemos equivocado y lo que pasó con Moonlight fue simplemente una casualidad…

Onawa negó y la acercó a su torso. La abrazó y susurró palabras en una lengua aborigen que Dominique Weasley desconocía. No era magia. No estaba formulando ningún hechizo. Pero aquello la calmó.

-Seguiremos trabajando… -concluyó Umi. -Lograremos sacar a la veela y nos patearás nuestras peludas colas a todos, ya lo verás.

-No, a nosotros no nos hará nada… Pero si te descontrolas con Aurel, nos harías un favor -se rio Halian, haciendo referencia al vampiro, el cual había solicitado alguna reunión con Dominique Weasley aquel verano.

Ella también se rio.

La rivalidad entre licántropos y vampiros era algo que siempre estaba en el tintero. Crear a una guerrera veela se había convertido en su nueva competición. Por desgracia para Aurel, los licántropos tenían más medios y más en común con la naturaleza de Dominique Weasley. Por desgracia para los Lupercales, Dominique Weasley confiaba más en Aurel.

-Vamos, se está haciendo de noche y aún tenemos que volver -apremió Onawa.

Rápidamente se convirtió en un lobo de pelaje ocre con destellos cobrizos y negros. El gran amanecer. Parecía haber robado los colores del cielo.

Dominique se subió rápidamente a sus lomos. Se agachó y pasó sus brazos por el cuello de Onawa. Sus compañeros también se transformaron. Umi era de color blanco impoluto. Era una joven canadiense y todos parecían relacionar aquello con su pelaje. Halian era de color marrón, quizás el más común entre los licántropos. Y Hinun era gris oscuro, como la tormenta más profunda de todas.

La joven sentía el denso pelaje de Onawa sobre su rostro y debajo de todo su cuerpo. El lobo se sacudió. Y comenzaron a galopar.  El Parque nacional de Redwood. Cruzaban las milenarias secuoyas, la fauna y la flora nativa, praderas, el rumor del río. A veces, les llegaba el sabor del Pacífico. El escondite perfecto en un tesoro que la naturaleza regalaba a la humanidad.


 



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