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La Tercera Generación de Hogwarts » (IV) Capítulo 3: Fraternidad
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Miércoles 13 de Enero de 2021, 10:53
[ Más información ]

(IV) Capítulo 3: Fraternidad

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)

-Cobarde- dijo.- Maldito cobarde.

-¿Qué he hecho?- se defendió el pobre hombre.

-Ya sabes lo que no has hecho, perro sarnoso.- contestó Montdark.

El hombre estaba aterrado. No podía salir airoso de aquella situación gracias a su labia si Montdark no lo escuchaba.

Su jefe se quitó la chaqueta y se arremangó la camisa.

-Tráemelo- ordenó.

Norman, uno de los que le hacía el trabajo sucio a Montdark cuando este estaba ocupado, salió de la habitación y volvió con un látigo. El hombre que sabía que iba a ser torturado, Leopold, lo miró fijamente. Era el que Montdark utilizaba cuando alguno de sus secuaces no tenía éxito en una misión. Tenía una empuñadora larga de madera y tres correas de cuero, cada una de ellas rematada por una bola de plomo. Leopold nunca había tenido que ser azotado, pero había visto hacerlo. A Montdark le encantaba hacerlo y los jefes de estos se lo permitían siempre y cuando devolviese al azotado a enfermería.

Cuando uno entraba en el Ojo, lo que más temía era que le asignaran a Montdark. Se había labrado su reputación a base de torturas, que jamás muertes, contra todos los que trabajaban para él. No era de extrañar que fuesen tan pocos. El Clan del Ojo era conocido por su violencia, tanto contra los que a él se oponían contra los propios que trabajaban para él. Si no era temido por sus propios súbditos, no sería temido para los demás. Así era cómo se crecía en el poder.

Leopold se encogió de miedo, se volvió de espaldas y se clavó sus uñas en el suelo. El látigo llegó con un silbido cruel y le mordió el cuello y los hombros. El hombre aulló de dolor.

Montdark volvió a restallar el látigo. Aquella vez le dolió más.

Leopold no podía creer lo insensato que había sido. Le había dado miedo el dragón que custodiaba la morada de los Weasley y no se había atrevido a rozarle para rociarle una poción que le haría perder los estribos. ¿En qué estaba pensando? La tortura por desobedecer era mucho peor que lo que lo hubiese podido hacer aquel dragón.

Montdark volvió a darle un latigazo. En aquella ocasión, Leopold se hizo a un lado para intentar eludir el látigo. Solo le rozaron los extremos de las correas, que se clavaron sin piedad en su carne, y él volvió a gritar de dolor. Intentó zafarse, pero Norman lo devolvió a su sitio, riéndose como quien se ríe por cumplir con la voluntad de su jefe.

Alzó de nuevo el látigo, empezó a bajarlo y se detuvo a medio camino, cuando Leopold trató de esquivarlo, entonces le dio el latigazo. Leopold tenía las piernas rajadas y las heridas sangraban. Cuando Montdark lo azotó otra vez, se apartó desesperadamente, tropezó y cayó al suelo de cemento. Se quedó tumbado de espaldas, perdiendo fuerzas por momentos, y Montdark le fustigó y le alcanzó en el vientre y los muslos. Leopold rodó sobre sí mismo, demasiado mortificado y aterrado para ponerse en pie, pero el látigo siguió torturándolo. Hizo acopio de energía para gatear unos pasos como un bebé, pero resbaló con su propia sangre, y el látigo cayó de nuevo sobre él. Dejó de gritar: no le quedaba aliento.

-Debería matarte- dijo Montdark cuando recuperó la respiración-, pero no puedo.

-Dependíamos de ti.- añadió Norman.

Aturdido por el miedo y el dolor, Leopold intentó pensar.

-Tendremos otra oportunidad para...- consiguió gruñir aquellas palabras.

Montdark levantó el látigo con un gesto raudo y Leopold se ovilló.

-¡Ni se te ocurra decir eso! ¡Cuando el Ojo ordena algo, es imperativo!- gritó Montdark.- ¿Puedes imaginar la humillación que me estás causando?- espetó- Loring no me dará tantas misiones por tu culpa.- Su rostro se encendió y su voz se transformó en un rugido.- ¿Cómo vamos a conseguir a Ivonne si no podemos ni atemorizarles con una poción? ¡Era la tarea más fácil! ¡Confiaron en mí para ello! Ya estoy viendo como dejarán de mirarme como antes... ¡Y todo por culpa de un maldito cobarde!

Lanzó el látigo al otro extremo de la habitación y se marchó. Se encontraba en uno de los pasillos del Palacio de Loring y se encontraba mareado. Loring le había dicho que le había fallado a él y al Ojo. No era que le importara concretamente lo que opinase Loring al respecto, pero su opinión era lo único que conocería McOrez de su fracasada misión.

Rugió y gruñó. Intentó calmarse. Iba a asistir a una reunión importante del Ojo y habían permitido que él estuviese presente por su conexión en el pasado con Ivonne, quizás lo único que les impedía no deshacerse de él, pese a lo útil que les era. Todos sabían que Montdark era inestable y, en muchas ocasiones, incontrolable. Solo había algo que podía frenarle: Ivonne. O la mera idea de volver a verla.

Entró en la Sala de Juntas que había habilitado Loring y contempló a todos los que allí se hallaban. Había demasiada gente, y, por lo que estaba apreciando, no se trataba de la Junta a la que él pretendía ir (la de los superiores), sino la Junta de los miembros como él que tenía que hacerse cargo de pequeños grupos para diferentes misiones. Al primero que vio, por primera vez, fue al nieto de McOrez: Frank McOrez. Le miraba con cierto recelo y tenía ese aire de arrogancia que Montdark no soportaba. Al parecer, había sustituido a su hermana, pues no la encontraba en la mesa. Junto a ese crío, vio a otro que ayudaba al doctor Schneider, un joven atractivo al que llamaban Kumar. Alexis también se encontraba allí y bajó la mirada a modo de saludo. Montdark la ignoró, no confiaba en ella todavía, sobre todo después de que su hija, Gwendoline Cross huyera del Ojo llevándose con ella al hijo de Longbotton. Todos confiaban en ella por el gran sacrificio que había hecho: casarse con un Weasley, no podía haber mayor castigo. Le pusieron al lado de Theodore, el licántropo que se había convertido en su camarada. En frente, soportaba la mirada de indiferencia que le dedicaba Octavio Onlamein.

Había muchos más rostros, pero él solo conocía a ellos. A los que prácticamente vivían bajo el techo de hielo de la morada de Loring, quien, irritado, no presidía la mesa como le hubiese gustado. Tristán McOrez era el que dirigía aquella charla, y miraba fijamente a Montdark y le culpaba por la tardanza. No dijeron nada al respecto.

-... Les he reunido aquí hoy a todos para fijar el claro objetivo que tenéis a partir de ahora: Encontrad a Ivonne.- Unos bufaron, Montdark supuso que los más jóvenes insensatos.- ¿Qué? Ese ha sido uno de vuestros objetivos y hasta ahora no lo habéis cumplido. Siento que seáis tan inútiles como para tener que asignaros nada más que una tarea. - espetó. Montdark supo que Tristán estaba siendo suave con aquella contestación.

-Sabemos que la tienen ellos.- acertó a decir uno.

Tristán rio, como si aquello fuera una broma sin sentido.

Cruciatus!- le lanzó sin más dilación. El hombre empezó a temblar sobre la mesa y cayó en el suelo donde sus gritos se esparcían por toda la Sala. Nadie dijo nada. Nadie hizo nada por aquella persona. Todos pensaban que era lo correcto.- Todos estáis bienvenidos a sufrir el horror de mi varita. - Anunció con una sonrisa.- Prosigo: Debéis encontrar a Ivonne. Sabemos, como bien ha mencionado nuestro querido trozo de carne malhecha, la tienen ellos. Pero, ¿quiénes son ellos? Por supuesto, no es Harry Potter, o nos lo hubiera restregado en la cara porque es un perro sarnoso y rabioso que tiene más orgullo que muchos de vosotros. Tampoco la tiene McKing, o lo hubiésemos sabido por Alexis... Por cierto, felicitaciones por tu matrimonio.- Soltó una risotada que fue secundada por muchos. La mujer alzó las cejas sin darle mucha importancia. - ¡Hay personas que desconocemos que están metidas en todo esto...! Y tenéis que encontrarlas para dar con Ivonne.

-¿Qué hay de los Morgan?- preguntó Alexis.- ¿Nos hemos rendido porque se llevaron al hijo de Potter? Creía que alguien le había sacado algo. ¿O es que era el Potter equivocado? ¿Y de la búsqueda de Carla Marín? Creía que seguíamos con eso…

-Esa búsqueda está restringida. Es una obsesión que tiene mi padre y me ha impedido indagar más... Sería una buena idea.

-Puedo sonsacarle algo a McKing y saber si Longbotton sabe algo. Su hijo ha estado desaparecido demasiado tiempo, ¿no crees que sea algo raro? Nadie desaparece tanto tiempo.

-Parece que tu hija sabe muy bien cómo esconderse a su novio.- comentó con sorna Frank McOrez, recibiendo una mirada asesina de Alexis.- Ya nos has dicho que para ti está muerta, pero pronto lo estará de verdad. Hace poco fue vista en Irlanda.

Montdark observó con cautela la reacción de Alexis. Nada. Como si su hija no le importase en absoluto. Si de verdad les estaba engañando a todos, lo estaba haciendo realmente bien.

-¿Y si buscamos a Cross para encontrar a Ivonne?- propuso Theodore.- A no ser que alguno de nosotros la mate antes.

Tristán dio un puñetazo sobre la mesa que sonó por todos los rincones y enmudeció a toda la Sala.

- Nos estamos desviando del tema- dijo con cierta ironía.- ¡Ivonne! Encontrad a Ivonne y punto... - De pronto, hizo como que se acababa de acordar de algo. - Ah, y tenemos un método infalible para encontrarla en caso de que nos sea imposible: su hija.

-¿Qué?- el gruñido se le escapó a Montdark sin querer.

Al parecer, McOrez estaba esperando ansiosamente aquella reacción por su parte.

-Oh, ¿no te lo habían dicho? Hace poco hemos descubierto que Ivonne tuvo una hija que está huyendo con ella… Y de ella. Nos los chivaron los del Ministerio. ¿Quién será el padre?- se rio con sorna, sabiendo que aquellas palabras estaban hiriendo como cuchillos el corazón de Montdark.

Éste no lo pudo soportar y abandonó la Sala de Juntas. No quería saber nada más. O en realidad sí y por eso se dirigía a una habitación en concreto del Palacio de Loring. No estaba lejos de aquel pasillo. Solo tenía que bordear unas cuantas esquinas... Bajar dos tramos de escaleras... Volver a bordear dos o tres pasillos. Y allí estaba.

Abrió la puerta con tanto ímpetu que estuvo a punto de hacer saltar las bisagras. Destapó con ira la tela que cubría al espejo y le pegó un puñetazo haciendo saltar sus propios nudillos.

-¡Hijo de puta!- le gritó a Celius O'Smosthery.- ¡Hijo de puta!

-Te recuerdo que tu madre y la mía son la misma persona, y ambos siempre le tuvimos mucho aprecio.- le contestó calmado, acostumbrado a aquellos arranques de ira que solían darle.- ¿A qué se debe el honor de tu visita?

-¡La dejaste embarazada!

El rostro calmado de Celius cambió bruscamente. Miró atónito a Adolf y tragó saliva. Empalideció.

-¿Qué?

Adolf también se sorprendió.

-Oh, no lo sabías, ¿verdad?- se desternilló de la risa y acto seguido volvió a darle un puñetazo al espejo que guardaba al joven.- Te la tiraste y la dejaste sola y abandonada... ¡Qué clase de O'Smosthery eres! ¡Traidor! ¡Le metiste esas ideas en su cabeza y por eso huyó!

-¿¡Cuántas veces tengo que decirte que ella siempre fue así y que ella me cambió a mí para bien!?

-Lo que más gracia me hace es que tienes una hija y te has enterado cuarenta y tantos años después...Todas estas décadas encerrado ahí sin saber que hay un trozo de carne con tu sangre andando por ahí, sin protección... ¡Por tu culpa!

-¿Y si yo no soy el padre?- preguntó algo exasperado, nervioso. Aquello le había alterado. Era lo único que le había hecho sentir algo en mucho tiempo. -Pudo conocer a alguien después de mí... O, ¿hiciste tú algo con ella? La noche que me la llevé. ¿Le hiciste algo?

-¿Cómo osas decir algo así? ¡Nunca la tocaría hasta que no fuese mayor y adulta! ¡Tú eras un sinvergüenza al que no le importaba la inocencia de una niña de dieciséis años...!

-¡Nos amábamos, Adolf! Por Merlín... ¡Nunca comprenderás por qué me eligió a mí! Tu mente es demasiado retrograda...

-Ahora tengo que traer a las dos a casa.- sentenció.

-Sigues sin enterarte de nada, Adolf- dijo Celius.- Ni se te ocurra traer a mi hija a este infierno- le ladró.- Es tu sobrina, piensa con la cabeza de una por todas. ¡Solo necesitan a Ivonne para hacerse ellos poderosos a su costa! ¡Ivonne es un instrumento! ¡Todo el mundo le hará daño: los buenos, los malos...! Incluso tú y yo le hicimos daño...

-Ésta es la casa de Ivonne y tú le estás privando de cobijo...

-¡Cobijo! ¡Acabarán con ella en cuanto tengan la oportunidad! ¡Y contigo!

-Encontraré a su hija y la amenazaré con matarla si no viene.

-¿Te das cuenta de lo que estás diciendo? Si matas a su hija la perderás para siempre.- Celius suspiró.- Aún puedes recompensar el que le hayas estado dando caza todos estos años. Salva a su familia, Adolf. Salva a mi familia. Sálvate a ti.

Adolf le miró con furia. Lo tenía muy cerca. Le miró como cuando le pedía perdón por algo que había hecho y quería que siguiese siendo el hermano mayor que era. Adolf ya no era Adolf O'Smosthery. Adolf O'Smosthery fue elegido Hufflepuff por su lealtad, por su bondad... Adolf era una buena persona. Estaba enamorado de Ivonne. Nadie en el Clan del Ojo pensaba que llegaría alguna vez a matar a alguien. Su hermano pequeño, el rebelde y revoltoso Celius fue elegido Slytherin. Eran como la noche y el día. Y un día, Graham McOrez le dio una paliza tan extrema a Adolf por dejar que su hermano pequeño confundiese a Ivonne que jamás volvió a ser el mismo. Tuvieron que llevarlo a la casa de la colina de un medimago en Francia para que le suturase todas las heridas sin que se enterasen de ello en Hogwarts. Heridas que, además, fueron cosidas por el doctor Schneider para que jamás volviera a ser el mismo. Fue su primer experimento. Entonces, se cambió el nombre a Montdark. Y se convirtió en uno de los magos más despiadados de la historia de la magia.

-Tú eres el culpable de todo- siempre le decía lo mismo a su hermano pequeño.

-Sé que en el fondo el Adolf que quiero está dentro de ti, hermano.

-Lo mataste tú.

-No es cierto- negó Celius con vehemencia.- Sé que está ahí porque no has encontrado a Ivonne todavía. Tu subconsciente la está protegiendo y en el fondo lo sabes. No quieres encontrarla porque sabes que, esté donde esté, está a salvo. En el fondo, tú sabes dónde puede estar. Todo este tiempo lo has sabido. Si no, me hubieses matado. Te lo digo ahora porque más que nunca me urge que esté bien y que las protejas. Sé que siempre las has estado protegiendo.

-Si supiera donde está, la hubiese traído a casa.

-Me has tenido retenido aquí tantos años para que vea que no eres tan cruel. Soy tu garantía de que podrá perdonarte. No sé con certeza si la has llegado a ver, pero sé que sabes algo. Por eso has venido corriendo a verme a mí antes de que te confirmaran que era yo el padre. ¿Verdad? Tú ya sabías que tenía una hija, pero lo descubriste hace no tanto. Quizás porque la viste en persona y te recordó a ella.

Adolf gruñó. No le gustaba aquella conversación en absoluto. Le pegó un puñetazo al cristal y la sangre lo empañó.

-Þú ert með barnabarn.- le susurró con un sonido gutural.

Quizás se arrepentiría de haberse confesado. Tras tantos años, había creado a Montdark tan bien que le había robado su identidad. El doctor Schneider creía que había logrado cambiar una personalidad con la ciencia. El Adolf que decía Celius que seguía existiendo ya nunca aparecía bajo la mirada de un hombre torturado. Celius le miró atónito. Después de todo lo que le había dicho, no debería estar tan sorprendido de aquello.

Le acababa de decir que tenía una nieta.

Adolf O'Smosthery sabía quién era la nieta de Ivonne. Reconoció aquel celeste en su iris en cuanto la vio la primera vez en Hogwarts. Aquella mirada, la viva imagen de Ivonne, hizo volver a revivir al Adolf de antes. Celius tenía razón. Siempre había estado protegiendo a Ivonne. Simplemente no podía permitirse pensar en aquello o mandaría a la mierda todo en lo que había estado trabajando durante medio siglo.

-Fyrirgefðu- con ese susurro Celius estaba perdonando a su hermano todas las torturas a las que le había sometido.

 

 

El vapor que se escapaba de aquella locomotora negra como el carbón olía diferente desde hacía un año. Nacía desde una chimenea bronce que indicaba el inicio del tren, bajo la cual se apreciaba el flamante escudo de la escuela de magia, haciendo sombra al nombre de aquella inmensa criatura: Hogwarts Express. Los farolillos que iluminarían los raíles durante su próximo trayecto, ya no transmitían la misma calidez de siempre. Aquello era lo único que había permanecido intacto desde el accidente que había tenido lugar un año atrás, en el que el resto del cuerpo de aquel artefacto se había hecho añicos.

Christopher Nott jamás sabría cómo era la locomotora original. Quizás aquello fuese algo que a otra persona no le habría importado, pero para su memoria de un niño cuya ilusión por ir a Hogwarts era lo que le hacía aceptar todo aquel tedioso mundo mágico, aquello era un sacrilegio. Su padre no pareció percatarse de la herida que estaba causando en su hijo cuando comentó irritado:

-Al menos podrían haberlo dejado del mismo color.- Chris hizo una mueca con la cara, que pasó por alto su padre.- Por Merlín... ¡Cómo me gustaría volver a ser un niño!- Su hijo rio con sarcasmo. Él había vuelto a ser un niño, quizás la madurez se había asentado buenamente en su mente, pero su conocimiento era el de un niño pequeño. Aquello sí que pudo entreverlo su padre. Éste se ajustó las gafas con un dedo y se removió. Era la hora de despedirse de su único hijo. Aunque en unos días pudiera verlo cuando fuera a ejercer de profesor en las clases extraordinarias que había propuesto el director Longbotton también aquel año.  -Sé que no me vas a creer, pero deberías saber que tienes suerte de haber borrado algún que otro recuerdo que te atormentaría de por vida. Hace unos años me enseñaste a que quizás podríamos ser positivos. Ya sabes que tuvimos un problema por razones que me niego a ser yo el que te lo cuente... Pero algunas veces nos llevábamos bastante bien. Eres mi hijo, Christopher.- Su padre suspiró. Chris había estado asumiendo que aquel hombre cuyas arrugas se habían multiplicado tenía algo que decirle. No se le ocurría ninguna otra explicación al hecho de que le acompañara como si tuviese doce años a la estación. No lo hizo el año anterior, cuando fue su primera vez para él, y aquello le resultaba extraño.- Verás, cuando yo tenía tu edad, mi padre me acompañó a la estación de tren. Nunca lo hacía porque se oponía drásticamente a que sus los magos tuvieran que usar un transporte muggle para ir a Hogwarts... Pero, bueno, ya sabes que tiempos eran aquellos. Aquel año, para mi sorpresa, me acompañó. Me dijo <<Hijo, este es tu último año, e más importante de todos. Haz que cuente. Haz que me sienta orgulloso>>. - Su rostro se torció, probablemente recordando el hecho de que su padre fuese asesinado en la Batalla de Hogwarts.- No lo conseguí, ¿sabes? Él se refería a que fuese un buen mortífago. Yo creía que se refería a que fuese un buen mago, ¿sabes? Saqué un E.X.T.A.S.I.S en Pociones.- Chris asintió, Horace Slughorn se lo comentó el año anterior.- Pero en ningún momento tendría su aprobación. Ya sabes que yo soy un hombre de pocas palabras, Chris. Y sé que en un futuro podrás apreciar lo que te voy a decir ahora: estoy orgulloso de ti, hijo.

Hubo un silencio. Chris pudo ver cómo los lagrimales de su padre se humedecían, el hombre sacó un pañuelo y se secó los ojos. Su hijo no se esperó el abrazó que le dio su padre con algo de torpeza. No pudo decirle adiós porque ya se había marchado. Fue con su ausencia cuando descubrió que sus ojos también se habían humedecido. También descubrió otra cosa: se había quedado solo.

Al parecer, su estancia en Hogwarts le había calificado como un chaval solitario que solo necesitaba en ocasiones la compañía de sus fieles amigos: Lucy Weasley y Louis Weasley. En cambio, al igual que no había conocido la locomotora en su esplendor, tampoco sabía cómo era su amistad con aquellas personas tan distantes. Por un lado, Lucy Weasley le transmitía incomodidad y le resultaba penoso hablar con ella, cuando sabía que había sido su novia, ella había roto su relación por su culpa, por algo que tenía que ver con Louis Weasley, quien se había mudado a Francia, e intuía que eran por razones en las que él estaba implicado. ¿Es que nadie le iba a contar que había pasado? Chris suspiró. Se había martirizado con aquello su primera estancia en Hogwarts y no había hecho amigos. Excepto Roxanne Weasley, el fantasma de la prima de sus examigos que no soltaba prenda; pero a la que tenía que agradecer no haber caído en la completa soledad.

Subió al andén y entró en el primer compartimente que vio libre de alumnos de Hogwarts. Sabía que nadie entraría con él, era como si su aura les repeliese. Le esperaba un largo trayecto y no podía hablar con Roxanne porque cualquier persona que circulase por el pasillo pensaría que era más raro de lo que ya sabían que era. Además, tenía que tener sumo cuidado a la hora de poner en peligro su extraña capacidad mágica. De hecho, aquel verano Neville Longbottom, el director del colegio, le había advertido que en el caso de que el Ojo descubriese que era él la persona que podía ver muertos, estaría perdido. Chris sabía que había algo más que aquel hombre de carácter bondadoso le estaba ocultando algo por su bien, pero no le importaba porque se sentía así protegido.

Vio por la ventana a todos aquellos alumnos que se despedían de sus respectivas familias. Otra cosa que Chris jamás sabría era que todos aquellos alumnos, todos esos abrazos, besos y lágrimas, no solían ocurrir años atrás. Aquellas familias estaban asustadas, todas y cada una de ellas creían que aquella podía ser la última vez que viesen a su hijo o a su hija. El tétrico asesinato de Roxanne Weasley, la muerte del hijo del Ministro, la ejecución de la antigua directora de Hogwarts, la misteriosa muerte de Hagrid, el incendio de Hogsmeade y el atentado al Hogwarts Express, eran motivo suficiente para que a aquellos alumnos les pesasen las cicatrices. Como había dicho su padre, Christopher Nott tenía suerte de no recordar algunas cosas que le atormentarían toda la vida. Sin embargo, él quería saber. De hecho, el año anterior le pidió a su compañero de cuarto, otro solitario que pasaba desapercibido llamado Liam Frost, hijo de muggles; que le contase lo que había pasado en el atentado. Aquella noche tuvo pesadillas. Al parecer Liam se había quedado atrapado en el último vagón, donde Chris había perdido la conciencia, donde una muchacha estuvo a punto de perder la pierna y donde los aurores tardaron en llegar y todos los alumnos unieron sus fuerzas en contra de aquellos terroristas. Desde aquel momento, Liam se había convertido en la única persona que le dirigía la palabra, además de Roxanne. Pero él no quería ser molestado.

La locomotora comenzó a traquetear y sus ruedas se movieron por los raíles, despidiéndose con el humeante vapor de la estación de tren y de todos los familiares que miraban la estela que indicaba el camino que recorría aquel artefacto. El ruido comenzó a burbujear en los pasillos, unos niños corriendo de un lado para otro, maletas que se caían y se arrastraban... Después de todo, para muchos era su primera vez en Hogwarts, y ni la peor de las catástrofes lograría arrancarles la ilusión.

Su compartimento se abrió de repente, y sobresaltó al joven que comenzaba a caer en los brazos de Morfeo. Lo primero que se le vino a la mente fue que quizás se trataba de algún primerizo despistado que no conocía la soledad que irradiaba Chris. Sin embargo, era una muchacha que conocía mejor de lo que ella misma esperaba: Monique Jordan, la mejor amiga de Roxanne Weasley y, además, el amor platónico de esta.

Los ojos verdes de Christopher Nott contemplaron a la muchacha, mientras ésta, incluso sabiendo quién era Nott, se sentaba en frente de él. Ella era una belleza que parecía proceder del interior de África, había escuchado a su otro compañero de cuarto, Derrick Collingwood, llamarla "diamante africano" en referencia a la explotación minera que había caracterizado a los magos del siglo XVIII para la búsqueda de productos para pociones en África. Un chiste de mal gusto que formaba parte del repertorio de aquel muchacho. Aunque, tenía que admitir, que lo de diamante no iba lejos de la realidad, pues era extraordinariamente atractiva. Sus almendrados ojos marrones, su nariz redonda y sus frondosos labios se encontraban enmarcados por la delicada redondez de su rostro. Tenía una altura considerable y una elegancia innata, que mucho distaba de la figura de su hermana pequeña Susan. Muchos se sorprendían al conocer que eran hermanas, no solo el carácter era lo que las diferenciaba, sino su físico, que, aunque tenían rasgos similares, la negrura de la piel de Monique no era nada comparada con la aceitunada piel de Susan. Pocos sabían que se debía a que Monique era la hija de la primera mujer de Lee Jordan, una mujer negra de exuberante belleza; y Susan era la hija de la que era en ese momento la esposa del comentarista, una mujer de tez blanca.

-Buenos días.- saludó ella sin ni siquiera mirarle. Lo cierto era que Chris Nott no supo que responder. No era porque se había quedado enmudecido por su belleza, cuyo poder de atracción no hacía mella en su coraza; sino porque nunca había tenido tan de cerca al amor platónico de Roxanne Weasley, su única amiga en cualquier momento. Cuando quería distraerse de sus turbios pensamientos, Chris solía acudir a Roxanne para que esta le contase algo de su vida que siempre solía estar relacionado con Moniqueue. Por tanto, sabía tantas cosas de aquella muchacha que ahora no sabía qué hacer.

-Cuéntale que me ves, Nott.- la voz de Roxanne le sobresaltó. Pero no se inmutó. Le resultaba incómodo poder ver a Roxanne, quien había decidido irónicamente sentarse al lado de su amiga, mientras él intentaba apartar la mirada hacia el paisaje.- ¡Oye, no me ignores!- exclamó ella. Chris siguió sin decir nada. ¿Y qué podía hacer? Moniqueue Jordan lo tomaría por loco. Además, Neville Longbottom le había advertido que no podía decirle aquello a nadie. Solo en quien verdaderamente pudiera confiar. Y él jamás había hablado con Jordan.- Nott, necesito saber si Moniqueue ha hecho algo que le pedí que hiciera, por favor. Ella es de fiar, te lo prometo.

-Buenos días.- contestó la voz rasposa de Chris.

Monique Jordan le miró de reojo, seguramente sorprendido por que el solitario de Nott pudiese articular palabra. Roxanne aplaudió.

-Parece un hueso duro de roer, pero es la fachada que siempre quiere mantener, Nott. No te dejes intimidar. -Chris se atrevió a mirar a Roxanne, mientras Monique miraba por la ventana.- ¡Dile algo, cabeza hueca!- El joven puso los ojos en blanco. Como si él pudiese decirle algo así como así.- Vale, hacemos una cosa. ¿Te acuerdas de cómo lo hicimos con Lucy? No hace falta que digas nada porque sé que lo haces, era una pregunta retórica. Bien, pues haremos lo mismo: le diremos algo que solo ella y yo sabemos.- El fantasma recibió una mirada escéptica de su amigo.- Oye, al menos yo tengo un plan.- dijo algo dolida.- Bien, tienes que decirle algo de mi diario. Seguramente se asustará, pero al menos ella querrá saber más. ¿Qué pasa con mi diario? Pues es un libro de instrucciones encubierto que narra básicamente por qué fui asesinada, cosa que ya sabes; pero además, le pido que busque a Ivonne, que ya te he contado quien es... Básicamente lo único que no sabes es la existencia del diario pero... ¡Venga!

 -Sé lo del diario, Jordan.

-Oh, genial, eso suena a un miembro del Clan del Ojo, vas a conseguir que te pegue una hostia, chaval. Sé más explícito o parecerá que quieres quitárselo.

-¿De qué hablas, Nott?- le escupió la muchacha cambiando el semblante por completo.

-Debería haberte dicho que Monique siempre ha creído que eras un usurpador y que estabas con Lucy porque querías hacer daño a los Weasley... Pero... Bueno... ¡Arréglalo!- le instó Roxanne. Chris se puso nervioso.- Vale te diré exactamente lo que tienes que decir para que no la cagues demasiado: Roxanne también confía en mí, no te preocupes.

-Roxanne también confía en mí, no te preocupes.

Moniqueue Jordan entornó los ojos y su cuerpo se puso en una postura de ataque.

-¿Cómo lo sabes? ¿Qué quieres? Te aviso que el golpe que te diste en la cabeza no será nada con lo que te haré si se te ocurre hacerme daño a mí o a la memoria de Roxanne...

-¡Eh!- exclamó asustado Chris. Miró a Roxanne en busca de ayuda, pero había decidido desternillarse orgullosa de su amiga.- ¡Jamás os haría daño! Te contaré algo que...Oh, espera...Muffliato.- Apuntó con la varita al techo del compartimento, para asegurarse de que nadie pudiese oír lo que estaba a punto de decirle.- El golpe en la cabeza que me produjo amnesia como seguramente sabrás también me dio un poder peligroso: puedo hablar con los muertos que se han quedado encerrados en el limbo. -Chris suspiró.- Roxanne Weasley es una. Y si sé lo del diario es porque ella me lo acaba de contar porque quiere saber si has hecho lo que te pidió.

-¿Cómo sé qué dices la verdad, sucio Slytherin?- le dijo con tanto recelo que produjo un sentimiento de temor en el estómago de Chris.

-Dile: Te quiero. Con amor. Con las ganas de besarte y de darte las buenas noches abrazada a ti. Te quiero, Monique - le exigió Roxanne, mientras miraba fijamente a Moniqueue.

Aquello podría haberle hecho callar, porque no se sentía nada cómodo transmitiendo una declaración de amor de una muerta a una viva que tenía ganas de matarle en ese justo instante. Quizás aquello era lo único que le salvaba de su varita.

-Me ha dicho que te diga: Te quiero. Con amor. Con las ganas de besarte y de darte las buenas noches abrazada a ti. Te quiero, Monique.

-Son las últimas palabras del diario.

-Son las últimas palabras del diario, ¿no? Algo que solo sabéis vosotras dos.

Hubo un silencio en el que la joven pareció replantearse tantas cosas que solo hicieron crecer la incertidumbre en el estómago de Chris. Monique se había quedado callada y respiraba en ese momento entrecortadamente, hasta tal punto que el muchacho temió que le fuese a dar un ataque de ansiedad.

-Dile que está a salvo contigo, Chris.- dijo con suavidad.

-Estás a salvo conmigo.- repitió, sin entender exactamente que quería decir aquello.

-¿Está aquí contigo?

-Está justo a tu lado.

La joven se sobresaltó y, mientras las lágrimas acudían a sus ojos, se giró rápidamente a su derecha para encontrarse apenada un vacío. Se tiró en el asiento, sus brazos alrededor de su rostro mientras lloraba.

-Chris, necesito que me has un favor. Más bien considéralo una orden desde el más allá.- pidió Roxanne, a la vez que acariciaba los mechones rizados de su amiga.- Cuídala. No te separes de ella. Protégela con tu vida si hace falta, porque ella es importante. Igual no es importante para las estúpidas profecías o para la gran guerra que está por llegar, pero es una persona importante para mí, y está pasando un mal momento. Igual que tú. Creo que os necesitáis. Ayúdate ayudándola.

Chris asintió y dejó caer la espalda sobre el respaldo del asiento.

-Nott, siento mucho haberte tratado así...- comenzó a decir Moniqueue.

-No te preocupes, es una reacción natural.- la justificó el joven.- Ahora que sabes esto, tengo que advertirte que es información peligrosa... El Ojo me está buscando por lo que sé hacer... Pero no sabe que soy yo, y si lo supiera...

Monique Jordan asintió rápidamente. ¿Lo habría comprendido en seguida? Él había tardado un maldito año en entender el peligro al que se enfrentaba.

-Dile... Dile que no he encontrado a la verdadera Ivonne... Pero sé otra cosa que puede ponernos en un peligro mayor.

Chris Nott dejó de respirar por un instante. Había descubierto que todos los alumnos de aquel Colegio estaban metidos en líos. Y no en líos sin importancia por los que igual el director les castigaría. No, aquello era peor. Eran problemas con los que se jugaban la vida.

-Pregúntale el qué, imbécil... Me vas a dejar en ascuas -le instó Roxanne.

-Y... ¿qué es?

-Más bien quién...-suspiró. Se giró hacia la ventana. Parecía que aquellas palabras se habían atrancado en sus pulmones. -Vivian.











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