Historia al azar: Diario de una Mortífaga
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La Tercera Generación de Hogwarts » (IV) Prefacio
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Miércoles 13 de Enero de 2021, 10:53
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(IV) Prefacio

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)

Ya no había marcha atrás.

Lo había hecho a regañadientes. Sabía que su opinión contaba bastante poco al encontrarse rodeado de personas como aquellas. Podrían haberle hechizado al menos, para no sufrir tanto. Todavía sentía el hormigueo en su estómago cuando su cuerpo y el de todos los demás se habían puesto en vertical. Después, todo aquel artefacto del infierno había temblado. ¡Aquello no podía ser seguro! Aún tenía las manos sudadas. Joder, le sudaban hasta los pies. Sentía su camiseta de algodón mojada y pegajosa, la cual emitía un olor que resumía todo por lo que estaba pasando. ¿Cuánto llevaba sin ducharse? ¿Tres días? Habían pasado demasiadas cosas como para estar pendiente de su falta de higiene. Su madre le mataría, le hubiese llevado directo a la ducha y le hubiese obligado a llevar desodorante. "Los adolescentes tenéis un olor peculiar que hay que eliminar", diría.

La echó de menos. Por algo evitaba pensar en ella o en los otros dos miembros de su familia. Odiaba pensarlo, pero le estaba ocurriendo todo aquello por culpa de ellos. ¿No podía tener una vida tranquila sin una antiquísima sociedad de asesinos persiguiéndole, una hermana que colaboraba con ellos para salvarle el cuello y sin encontrarse a cargo de la que había liado todo aquel follón? Llevaba sin verlos casi medio año. El verano estaba en sus últimas semanas y era el primero que pasaba sin ellos. Tampoco era que lo hubiese pasado fatal, como si estuviese secuestrado. Es más, había estado en muchas ocasiones más cómodo que con su familia. Luego pensaba que podría tratarse de un conjuro y se le pasaba.

Además, había visitado Estados Unidos gratis. Y el muggle con sus nuevas tecnologías y ropa normal, no el estúpido mundo mágico que parecía sacado de una película distópica de bajo presupuesto. Nunca llegaría a entender del todo la fascinación que muchos sentían por aquella fantasía hecha realidad. Quizás se debía a que él era Frank Longbottom, a que era squib y a que siempre había estado huyendo de la magia. Ahora la magia le perseguía. Qué irónico.

Aunque habían ido a ciudades que habían hechizado con su alta arquitectura  a Frank, habían pasado la mayor parte del verano en una reserva natural ubicada a 300 kilómetros de la turbulenta ciudad de San Francisco, en el Estado de California. A pesar de que se refugiaban en una casa en medio de todo aquel frondoso bosque, aquel lugar era muy concurrido por los valientes montañeros que se atrevían a recorrer el valle Yosemite. Todo aquel lugar le había fascinado: acantilados de granito, saltos de agua, ríos cristalinos, bosques de secuoyas gigantes y una gran diversidad biológica. De hecho, se encontraban allí porque era un lugar mágico -cómo no-, territorio de una inmensa manada de licántropos que los habían acogido en más de una ocasión en Luperca. Al parecer Ivonne tenía contactos más poderosos de los que nadie se imaginaba. Aún le dolía la penetrante mirada de Wakanda, examinándolo como el intruso en el Parque Nacional Redwood. Lo cierto era que una de las cosas por las que se sentía atraído a ese lugar no era precisamente que destilase magia por doquier, sino que se sentía en mitad del rodaje de Star Wars: El Retorno del Jedi, pues había sido filmado allí.

Deseó con todas sus fuerzas estar allí y no a once mil metros sobre la tierra en un avión atestado de turistas ruidosos que luchaban por no morir estando allí metidos durante las seis horas restantes.

No se atrevía a mirar por la ventanilla, en la que se había sentado Cornelia Brooks, pero intuía que en ese momento estaban sobrevolando el océano Atlántico. La muchacha se había reído de él por ponerse sumamente nervioso al viajar en avión. Se había opuesto deliberadamente en el momento en el que Ivonne Donovan lo propuso. Su razonable argumento era el hecho de que nadie esperaría que viajasen en un vuelo muggle, pudiendo usar polvos flú o algún hechizo que solían utilizar sus padres para evitar aquella fatídica experiencia.

-Señores pasajeros, estamos atravesando un área de turbulencias. Por favor, abróchense los cinturones. Gracias.- pidió el piloto a través de los altavoces.

Frank Longbottom miró a su izquierda para encontrarse con la cara de diversión de Ivonne Donovan. Él estaba horrorizado, no había tenido que abrocharse el cinturón porque no se lo había quitado -solo para ir al baño dos veces-, ¿cómo podía ella pasárselo bien? A su izquierda, Cornelia se abrochó su cinturón -que servía simplemente para ordenar los cadáveres en caso de catástrofe-, y le sonrió. "No te preocupes, Frank; tienes a dos brujas súper poderosas a tu lado. No vas a morir", se dijo para sí.

Miró a través de la ventana, para cerciorarse de que iba a morir estrellándose con el agua brava del Atlántico. El viento azotaba las alas del avión haciendo más pesaroso su camino por el cielo.

Entonces, fue cuando se dio cuenta: uno de los motores de las alas parecía tener un serio problema. Salía un peligroso humo negro de éstos.

-Voy a morir.- se sentenció a sí mismo. Ivonne le apretó la mano, su expresión de diversión había cambiado drásticamente.

-Al habla el piloto. Os informo que vamos a tener que hacer un aterrizaje de emergencia.- Un ensordecedor murmullo avivó el avión. Frank supo que iban hacia abajo en cuanto sintió que su estómago estaba alcanzando su cabeza.

El avión comenzó a descender vertiginosamente y pudo oír a muchos pasajeros llorar detrás de él. El sonido era tan alto que parecía un terremoto. Las máscaras de oxígeno salieron de la bandeja superior. Rápidamente se la colocó, mientras observaba como Cornelia le imitaba -ella no había estado tan pendiente del protocolo de emergencia como él. Ivonne mantenía, mientras tanto, una expresión seria. Como concentrada. Como si ella hubiese hecho eso al avión.

-No son turbulencias, queridos.- les informó, confirmando los peores temores de Frank Longbottom.- Han venido a por nosotros.

-Ivonne.- la llamó preocupada su nieta, quien parecía tener miedo de reconocer que era su abuela.- ¿Estás dirigiendo tú el avión?- La anciana, aún sujeta a la muñeca de Frank, asintió con calma. Al parecer la abuela era como la Mujer Maravilla pero en versión tercera edad.- ¿Puedo ayudarte en algo?

Sintió su presión sanguínea subir precipitadamente. Vio, en las butacas de su derecha a un hombre mayor intentando ponerse la máscara de oxígeno mientras sus manos temblaban bruscamente. Una mujer a su lado se la puso mientras sus ojos lloraban. Iban a morir todos.

-Tú no.- contestó, con una voz que parecía como si estuviese acumulando demasiado poder en su interior y no pudiera soportarlo. Era el peso del avión, no era como levantar una pluma.- Frank.- Al decir su nombre, sintió un escalofrío. Él estaba pendiente de todo lo que sucedía en el avión mientras éste descendía más lento de lo que esperaba, retrasando sus últimos minutos de vida.- ¡Frank!- su voz autoritaria y el apretón en su muñeca le hicieron girar la cabeza hacia Ivonne.- Llámala.

Frank Longbottom tragó saliva mientras se percató de que las azafatas estaban ayudando a muchos pasajeros arriesgando su vida. Tenía miedo. No podía concentrarse. Tenía que llamarla. Había estado practicando aquello muchas veces, cuando Cornelia y su madre iban a alguna excursión por la montaña e Ivonne y él se quedaban solos para practicar magia defectuosa. Pensó en ella y la llamó a voces en su cabeza, enseñándole con sus pensamientos lo que estaba ocurriendo.

-¿Sabe convocar un Patronus?- preguntó Cornelia entre sorprendida y alarmada, cuya voz sonaba amortiguada por la máscara de oxígeno.

Él seguía llamándola, mientras seguía sentado en su butaca con el cinturón abrochado, porque sus padres necesitaban saber que él hacía siempre caso a las autoridades; deseando que todo aquello fuese un mal sueño. Malditos eufemismos. Era una puta pesadilla.

-No, él no convoca Patronus, Cornelia.- contestó Ivonne a la par que luchaba por  que el avión no se estrellase contra el cristal de titanio que era en ese momento el océano. -Si convocase un Patronus, ellos sabrán que estamos dentro del avión. Están esperando a que alguno de nosotros hagamos magia para saber que no se han equivocado de avión- El artefacto volador dio una tremenda sacudida que hizo que una azafata volase filas atrás en el pasillo. Todos los pasajeros aumentaron sus chillidos y llantos.- Seguramente programaron un fallo en el avión. No están cerca de aquí, por lo que si Frank la llama lo antes posible, cuando el avión aterrice sobre el océano, vendrán a rescatarnos y nos llevarán a casa.

-¡Pero tú estás haciendo magia!- chilló desesperado Frank, sin creerse que hubiese pasado aquel pequeño gran detalle por alto.

Al girar su mirada de nuevo a Ivonne, vio al anciano de antes contemplar una foto antigua de una pareja mientras una lágrima surcaba su arrugada mejilla. El avión volvió a descender a una velocidad estrepitosa por un segundo. Frank sintió náuseas.

-No, no está haciendo magia.- dijo Cornelia a la vez que miraba por la ventana para ver como el océano cada vez  estaba más cerca.- Es ella la que está pilotando, ¿verdad? Se ha metido en la cabeza del piloto... ¡Es increíble!

-¿Y desde cuándo eso deja de ser magia?

Frank Longbottom nunca había tenido tanto miedo en toda su vida. Esperó que Ivonne, haciendo lo que fuere, supiese qué era lo que estaba haciendo y les salvase. Cornelia parecía nerviosa, no tanto como el muchacho, pero sí que lo suficiente como para apretar sus puños fuertemente y murmurar algo en voz baja. Si Frank fuese de alguna religión en ese momento, hubiese ofrecido su alma al dios para que les salvase. Hubiese estado rezando como aquel hombre cuya fotografía parecía haberse anexionado a su temblorosa mano.

Echó un vistazo a la ventana pero no veía el mar. Cornelia le agarró fuertemente del brazo.

Una sacudida procedente de sus pies hizo saltar a todo el mundo de su asiento. El duro impacto lo lanzó hacia el asiento de delante. Se oía un sonido chirriante procedente de la parte delantera del avión. El agua era un cristal afilado que había rayado todo el morro del artefacto.

Finalmente, el avión se detuvo y se formó un silencio sepulcral.

Fue entonces cuando la mujer que había ayudado a aquel anciano hombre rompió a llorar mientras deshacía el silencio. Todo el mundo volvió a gritar. Sí, habían sobrevivido. Pero habían aterrizado en mitad del océano y tardarían horas en volver a por ellos. Podían morir ahogados, comidos por un tiburón... O incluso de hipotermia si estaban cerca del Ártico como en aquella película de James Cameron.

-Vamos, tenemos que darnos prisa.- apremió Ivonne Donovan. Se desabrochó el cinturón rápidamente, cosa que Frank Longbotton no dudó en repetir, seguido de Cornelia Brooks, que sería la última en salir de su asiento.- Me voy a meter en la mente de todos para que se paralicen... Así que necesito vuestra ayuda para sacarme de aquí mientras me concentro.- le avisó antes de cogerle fuertemente del antebrazo.

Aquello era un maldito caos.

La gente gritaba desesperada. El avión se balanceaba conforme a las olas que se escuchaban azotándose contra la chapa de éste. Era una tumba a no ser que salieran de allí pronto. Y, de repente, todo se hizo silencio. La gente se petrificó, paralizada. Volvió sus ojos hacia Ivonne. Ésta tenía los ojos cerrados y le empujaba con el brazo para que anduviera por aquel destartalado pasillo. Puesto que estaba un tanto absorto por el poder de aquella mujer, por el shock de haber tenido un accidente de avión y sobrevivir gracias a la magia y por... joder, era un puto accidente; Cornelia tomó la iniciativa y lideró la huida hacia la puerta de salida de emergencia que estaba justo encima de las alas. Parecía que sí que había atendido a las indicaciones de las azafatas. Sobre las alas desplegarían unas colchonetas sobre las que saltarían al agua... Con suerte él sabría nadar, pero, ¿estaría el agua tan helada que se le agarrotarían los músculos?

Ivonne Donovan se había dejado caer en él. Observó cómo aquella mujer cuyas arrugas marcaban su destreza en la magia, había conseguido capturar ese momento. Se preguntó si también habrían dejado de respirar.

-¿Y los dejará aquí?- le preguntó a Cornelia, mientras ésta luchaba por abrir la puerta de emergencia del avión, que afortunadamente se había medio abierto gracias al sistema de emergencia que habría puesto en marcha Ivonne a través de la mente del piloto.- ¡Morirán ahogados y..., bueno, al menos paralizados! - Como pensaba, la joven optó por ignorarle.- Si acabamos en un isla, rezaré por que no sea la de Lost... ¡Aviso que no sé encender un fuego ni con un mechero! Aunque total... lo más seguro es que venga un tiburón blanco y nos zampe... O peor aún, ¡una criatura marina mágica! No me importaría que fuese una sirena...

-¡Frank!- le chilló la muchacha a la vez que logró al fin abrir la puerta. Un frío helador entró en el avión. Su cuerpo se estremeció inconscientemente. Estaban a la deriva en el océano.

Las devastadoras olas que crujían con su fuerza el avión le impusieron tanto respeto que volvió a tardar en reaccionar.

-Sal, Frank, están llegando.- le instó Ivonne, empujándole aún con los ojos cerrados. Con la otra mano le tendió un objeto que al principio no vio bien. O quizás no quiso.

-¡Una pistola!- gritó alarmado. La cogió como si se tratase de una bomba atómica a punto de estallar.- Joder, me cago en la leche... ¿Tú estás segura que no eres una terrorista?

-Dispara si ves que estás en peligro... Los magos no somos inmunes a una bala, querido.- le ordenó.

Cornelia estaba saliendo por la puerta. Sus rizados cabellos le tapaban el rostro a causa del viento. Sacó su retorcida varita y miró al cielo. Frank apretó con más fuerza a Ivonne cuando la joven le mostró una expresión de horror. Apuntó su varita hacia arriba, como si alguien se estuviese acercando desde el cielo. Ivonne le soltó, indicándole que fuese con ella.

Cogió el arma y la observó. ¿Qué cojones? No sabía ni cómo se cargaba. ¿De dónde la habría sacado?

-¡Oh, no!- maldijo Cornelia mientras miraba a Frank en busca de apoyo.- ¡Son del Clan, joder!

La muchacha tenía que tener una vista de halcón, porque él lo único que veía eran dos figuras sobrevolándoles montando en escoba. Encapuchados. Una de ellas se quitó la capa para revelar su identidad. Sería esa la que habría visto Cornelia.

-¡No hagas nada!- se apresuró a decir Frank, bajando con caución la varita de Cornelia.

-¡Estás loco!- la joven volvió a levantarla- ¡Es la asesina de McGonagall!

-¡No hagas nada he dicho! ¡Son nuestro equipo de rescate!- le gritó Frank. Tenían que gritar para comunicarse debido al viento que se llevaba sus palabras muy lejos.

La cara de desconcierto de Cornelia le hizo gracia. Por supuesto, ella no sabía que la despiadada asesina que iba a rescatarles era el "contacto" de Frank para cuando tuviese problemas. Ivonne podría haberla avisado de aquello antes, de no ser por él, se habrían cargado al salvavidas.

La otra figura, como supuso, no era otra que la madre de Gwendoline Cross. Pero esta no se quitó la capucha. Según le había contado Ivonne, aquella mujer no podía poner en riesgo todo por lo que había estado trabajando toda su vida para ayudar a Ivonne. De hecho, podría ser asesinada tanto por los aurores del Ministerio como por el Clan.

-¡Saca a tu abuela!

Ambas figuras se posaron sobre el ala del avión. Cornelia fue corriendo hacia dentro del artefacto que milagrosamente seguía en pie, seguramente a causa de la magia de aquella mujer, a por la iba su nieta.

Gwendoline Cross no se detuvo a que estuviesen todos reunidos. Le miró con autoridad y le indicó que se acercara a ella. No supo que pensar. Lo cierto era que llevaba sin verla desde aquel día que llegaron, tras varias jornadas andando, a la casa de campo de Ivonne. Lo dejó en la puerta y se fue a saber dónde. Lo había salvado de ser capturado por el Clan y hasta aquel momento había estado temiendo que a ella le hubiesen pillado. De no ser porque Ivonne le había insistido en llamarla con su mente en varias ocasiones para cuando se encontrase en peligro, la habría dado por muerta.

-Verás, la cosa es que nunca me he montado en escoba y no me apetece para nada después de que mi avión se haya estrellado en mitad del océano...- Gwendoline puso los ojos en blanco. Frank Longbotton suspiró, no le quedaba más remedio. Estaba entre la espada en la pared: o morir ahogado allí, o subirse en la escoba de la asesina que le había estado vigilando para matarle pero le salvó. Debía añadir que habían intimado demasiado en el momento de la vigilancia. Profundamente, de hecho.

Se subió a la escoba. La joven no esperó a que Cornelia e Ivonne se subieran en la otra escoba- al parecer le habían traído otra a Ivonne, porque aquella mujer sabía montar en escoba, por supuesto, igual que sabía pilotar un avión a punto de estrellarse.

Al alzar el vuelo, sintió un cosquilleo aun peor que el que tuvo cuando estaban descendiendo del suelo. Por lo visto a la chica le gustaba bastante la velocidad. Las gotas habían empezado a caer. Perfecto, pobres pasajeros. El bullicio volvió a sonar dentro del avión. Les habían abandonado. Frank Longbotton sentía que estaba defraudando sus propios valores.

-Te informo de lo que va a pasar ahora.- dijo Gwendoline, mientras le cogía sus manos para que le rodease la cintura como si estuviera en una moto.- Vas a quedarte una temporada en la casa de vacaciones de Newt Scarmander... -¿Esa muchacha no sabía que aquel hombre era un bicentenario por lo menos?- Es un aliado de Ivonne, tranquilo. Él te sabrá cuidar.

El viento hacía que sus ojos se entornasen y se estaba tragando el cabello rubio de Gwendoline. No quiso quejarse, porque le parecía algo inoportuno, pero lo cierto era que estaba a punto de vomitar.

-¿Y por qué no puedo ir con Ivonne? Creo que ella me sabe cuidar mejor...-comentó, intentando en vano que colase. Sabía que cuando los altos cargos que manejaban aquello, aka Ivonne, tomaba una decisión era incuestionable. Le hubiese gustado seguir con ella. Era como más seguro se sentía.

-Ella no está a salvo contigo, Frank.

Aquello le escoció en su interior. No sabía si la manera en la que Gwendoline había pronunciado su nombre, o el hecho de que para ella fuese una amenaza.

-¿Por qué? ¿Porque soy un squib incontrolable?- Aquello, al parecer, tenía la gracia suficiente para que Gwendoline se riese.- Gwen, cuidado...-dijo cuando vio un par de luces a través de la neblina. Luces en el cielo. Perfecto. Estaba delirando. Con suerte aquello era un sueño.

Eso explicaría por qué había un helicóptero en mitad del océano.

-Los ha llamado Ivonne, son de protección marítima... Estamos a 20 kilómetros de la costa de Irlanda. Ivonne ha hecho un gran trabajo.

-Creo que estoy más preocupado por el hecho de que sea peligroso para Ivonne.

Alcanzó a ver el suelo, pues antes estaba tapado por las nubes grises. Y hubiese preferido aquella vista borrosa que la que se le presentaba. La costa sur de Irlanda a 2000 metros de altura. Las náuseas volvieron. ¿Nadie había contado con el hecho de que tenía vértigo?

Se retiró hacia un lado en la escoba y vomitó. El líquido espeso de color amarillo no cayó como hubiese caído en tierra firme, sino que se esparció en el aire, lo cual era lo suficientemente repugnante como para que tuviera que vomitar de nuevo.

-Joder, Longbotton...- se quejó, razonablemente, Gwendoline. Frank tosió, mientras el viento se lo intentaba impedir. Debería sentirse ahora más a gusto, ¿no? Volvió a coger la cintura de Gwendoline.- ¿Estás mejor, princesa?- le preguntó con sorna. Este hizo un gesto con la cabeza para asentir, aunque Gwendoline no lo viese. No tenía ganas de hablar en ese momento.- Ivonne tiene visiones sobre el futuro... Bueno, más bien sabe casi todo lo que va a pasar, un futuro basado en las decisiones que tomamos y a dónde nos llevan... Es como siempre se ha ocultado, siempre está un paso por delante de los demás... Pero contigo se queda ciega. Es decir, si en una visión apareces tú... No ve nada. Eso también le ha pasado con otras personas a las que ha alejado de ella. Por lo tanto, no puede saber si está a salvo si estás con ella. Por eso estáis huyendo de California... Lo mejor es que estés una temporada alejado de todos hasta que sepamos por qué ocurre eso.- Frank seguía con náuseas. Asintió de nuevo, aunque la hubiera escuchado a medias.- Tu padre va a conocer hoy a Ivonne. Y después irá a verte.

El joven no lo pudo soportar más y volvió a echar la bilis. Aquella vez sobre el cabello de Gwendoline Cross.



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