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La Tercera Generación de Hogwarts » (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Domingo 17 de Enero de 2021, 16:45
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(III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)

Sabía que su madre escondía algo.

Su madre estaba nerviosa y parecía estar pagando su inquietud espetándole órdenes sin sentido. Habían subido a un taxi a media noche y desde que salieron de su casa no había dejado de temblar. Del frío no podía ser, pues era una de las noches más cálidas de junio que Londres disfrutaría.

-¿Estás enfadada conmigo?- preguntó la muchacha.

-No. Claro que no, cariño. Tan solo confiaba en que no tuviéramos que pasar por esto.

La miró con los ojos abiertos de par en par.

-¿Qué quieres decir?

-Yo...pensaba... esperaba... no quería que tú...- Lo de tartamudear no era propio de ella. Parecía tensa y nunca la había visto tan seria desde la muerte de su padre cuando ella tan solo era una niña de cinco años.- No quería reconocerlo. Todo el tiempo he estado esperando que mi madre se equivocase. Como suele decirse, la esperanza es lo último que se pierde.

-Pero, ¿qué esperabas que no ocurriera?

La mujer de ojos celestes y nariz respingona suspiró.

-Tendría que haber comprendido que era estúpido por mi parte. Por favor, perdóname.

-¡Mamá!-Estaba tan excitada que casi soltó un gallo.- No tengo ni idea de qué estás hablando.- Sus explicaciones sólo habían servido para que la confusión de la joven, junto con su desesperación, aumentaran un poco más con cada frase.- No entiendo por qué me has obligado a salir así de casa de pronto. ¿Qué te pasa, mamá? Ni siquiera le has dicho nada a Josh. ¿Ha sido por esa llamada? ¿Por eso?

Era consciente de que la desesperación que estaba mostrando le estaba haciendo daño de algún modo  a su madre, porque nunca la había visto tan preocupada como en ese momento.

-Por eso vamos a verles ahora.- explicó su madre.

-¿A quién vamos a ver?

-A los Vigilantes.- contestó su madre.- Una antiquísima sociedad secreta.- Miró por la ventana.- En seguida llegaremos.

-¡¿Una sociedad secreta?! ¿Quieres dejarme en manos de una turbia secta así de pronto? ¡Mamá!

-No es ninguna secta, aunque algo turbios sí son.- Respiró hondo y cerró los ojos un momento.- El padre de tu abuela fue miembro de esta logia y tu abuela también.- Un escalofrío recorrió la espalda de la joven. Su madre aún no sabía todo lo que estaba aconteciendo en el mundo mágico, no llegaría a contárselo jamás, pues no le dejaría volver a Hogwarts. Pero aquello de lo que hablaba le daba muy mala espina.- Como antes lo había sido su padre y antes su abuelo. También Leonardo da Vinci era miembro, igual que Ana Bolena, María I,  una de las fundadoras de tu colegio, Rowena Ravenclaw, y muchísimos otros. Tu abuela consiguió que Minerva McGonagall fuera miembro de la Logia.

La mayoría de aquellos nombres eran conocidos magos que la joven había tenido que estudiar y que no se imaginaba que su madre supiese aquello. Sabía que el célebre arquitecto italiano era un muggle, así que no supo conectar aquellos nombres con un objetivo común, ni aunque se tratase de política. Estaba evitando pensar lo último que había dicho su madre. ¿De qué demonios podría conocer su abuela a su difunta directora?

-Y, ¿qué hacen exactamente?

-Bien... pues...-balbució la mujer.- Se interesan por mitos antiquísimos. Y por el futuro. Y por las personas como tú.

-¿Qué tengo yo de especial además de ser maga? ¿Tantos hay como yo a los que le interesa esa sociedad de la que nunca me has hablado? Mamá, te dije que si tenías alguna duda con lo de la magia, que me preguntases, que hay asesores…

Su madre sacudió la cabeza.

-Para ver todos aquellos como tú, deberías mirar nuestro árbol genealógico.- El taxi se detuvo y el vidrio de separación se abrió. La mujer tendió unas libras al conductor.- Ya está bien.- dijo.

-¿Qué venimos a hacer precisamente aquí?- dijo la joven parada en la acera, mientras el taxi volvía a ponerse en marcha.

Habían circulado a lo largo del Strand, hasta poco antes de la entrada a Fleet Street. A su alrededor resonaba el estruendo del tráfico y la masa de gente que se movía por las aceras. Los pubs y las calles de enfrente estaban llenos a reventar. Dos autobuses nocturnos de dos pisos estaban parados al borde de la calzada y las personas, algunos jóvenes, otros con alcohol de más en las venas, esperaban en fila dando la espalda al complejo monumental del Royal Court of Justice.

-Girando ahí delante, entre las casas, se entra en el barrio del Temple.- indicó su madre, apartándose los cabellos de la cara.

-Nunca he estado aquí.- Miró hacia el estrecho pasaje peatonal que le señalaba, sin recordar aquel lugar en absoluto.

-¿Nunca has estado con el colegio en Temple?- Supuso que su madre la vio con cara de desconcierto. Ella iba a Hogwarts, ¿cómo esperaba que fuese?- La iglesia y los jardines son realmente preciosos para visitar. Y Fountain's Court. Para mí, la fuente más bonita de la ciudad.- La joven la miró furiosa. ¿Ahora se había convertido de pronto en una guía turística.- Ven, tenemos que pasar al otro lado de la calle.

La madre cogió a la hija de la mano, a pesar de que la hija tuviese quince años. Siguieron a un grupo de turistas japoneses que llevaban unos enormes planos desplegados ante sí. Ambas ya estaban acostumbradas al turismo nocturno de la capital británica.

Por detrás de la hilera de casas se entraba en un mundo completamente distinto. La frenética agitación del Strand y Fleet Street había quedado atrás. Allí, entre majestuosos edificios de una belleza atemporal que se alineaban ininterrumpidamente, todo era paz y tranquilidad.

La joven señaló a los turistas.

-¿Qué buscan aquí? ¿La fuente más bonita de toda la ciudad?

-Van a ver la Temple Church.- respondió su madre sin inmutarse ante el tono irritado de su hija.- Una iglesia muy antigua, plagada de leyendas y mitos. A los japoneses les encantan estas cosas. Además, en Middle Temple Hall se estrenó "Como gustéis", de Shakespeare.

Siguieron un rato a los japoneses y luego doblaron a la izquierda y avanzaron por un camino empedrado entre las casas a lo largo de varias manzanas. La atmósfera era casi bubólica: se oía el agua correr de las fuentes, la brisa fresca nocturna e incluso el aire sabía a fresco y limpio, no a contaminación como en el resto de la ciudad.

En los portales había placas de latón que llevaban grabadas largas hileras de nombres. Eran todos abogados. No quería ni imaginarse lo que debía alquilar un piso allí. En el fondo, sabía que había pensado eso para distraerse. ¡Como si no hubiera cosas más importantes de que hablar!

Se detuvo en el siguiente portal.

-Ya hemos llegado.- dijo.

Era una casa sencilla, que, a pesar de su impecable fachada y de los marcos recién pintados de las ventanas, parecía muy vieja. Los ojos celestes de la joven buscaron los nombres en la placa de latón, pero su madre la empujó en seguida a través de la puerta abierta y la guió escaleras arriba hasta el primer piso. Dos hombres de avanzada edad, vestidos de negro, se cruzaron con ellas y las saludaron amablemente al pasar.

-¿Dónde estamos?

Su madre no respondió. Pulsó un timbre, se arregló la chaqueta y se apartó el pelo de la cara.

-No te pongas nerviosa, cariño.- susurró, pero no sabía si estaba hablando con ella o consigo misma.

La puerta se abrió con un chirrido y entraron en una habitación clara que parecía un despacho normal y corriente. Archivadores, escritorio, teléfono, aparato de fax, ordenador..., ni siquiera el hombre de unos setenta años que estaba sentado detrás del escritorio tenía un aspecto extraño. Solo sus gafas, negras como el carbón y tan anchas que le tapaban media cara, eran un poco inquietantes.

-¿Qué puedo hacer por ustedes?- preguntó.- Oh, pero si usted es... ¡Penélope Morgan¡

-Brooks.- corrigió su madre con bastante irritación.- Me casé, ¿recuerda?

-Oh, sí, claro.- El hombre sonrió.- Pero no has cambiado nada. La reconocería en cualquier sitio por sus ojos.- Su mirada se deslizó sobre mí.- ¿Esta es su hija? Menos sus ojos, ha salido al padre, ¿no es verdad? ¿Cómo está...?

La mujer la cortó.

-Señor Crawford.- le nombró. La joven comprendió entonces por qué le sonaba tanto el rostro de aquel hombre, era el compañero de vida de su abuela. Tenía constancia de que su madre llevaba décadas sin hablar con su abuela, y mucho menos con el nuevo novio de ésta, que según sabía, no se habían casado porque nunca recibieron la bendición de su madre.- Debo hablar urgentemente con mi madre.

-Oh, por supuesto, les están esperando.

El señor Crawford se levantó, salió de detrás del escritorio y la miró de arriba abajo. Se sentía francamente incómoda con su espantosa ropa de estar por casa. Ni siquiera se había lavado el pelo, sino que llevaba las finas hebras de su cabello recogidas simplemente con una goma en una coleta. Y tampoco iba maquillada, nunca iba maquillada.

-Dese prisa, por favor, tal vez no dispongamos de mucho tiempo.

-Por favor, esperen aquí.

La joven soltó un profundo suspiro, cansada de hacerse todo el rato preguntas en su cabeza que solo la hacían sentirse un poco más ignorante y confundida con cada respuesta que recibía. Se percató de que su madre estaba examinando aquel lugar.

-Aquí no ha cambiado nada.- señaló.- Es como si el tiempo se hubiera detenido.

-¿Venías a menudo a este sitio?

-Tu abuela a veces me obligaba a venir. En ese aspecto no me dejaba ir por libre, como me ha dejado durante el resto de mi vida. Aunque me costase admitirlo, de niña me gustaba venir aquí.

Suspiró. La muchacha se debatió un rato en si debía comenzar su sátira de preguntas o simplemente esperaría a que aquel momento acabase. Porque podría ser que metiese la pata diciendo que aquello que estaban haciendo podría ser un tanto peligroso, teniendo en cuenta que los líderes de la Inglaterra Mágica le habían declarado la guerra a Francia por culpa de una Sociedad o Clan que bien podría ser aquella.

Oyeron un ruido de pasos que se acervan rápidamente. Su madre se puso rígida y respiró hondo. Acompañada por el recepcionista de las gafas, la persona que tan solo había visto un par de veces en su vida entró por la puerta.

-¡Penny!

La mujer, que habría pasado ya la década de los sesenta, buscaba en su hija un abrazo, pero ni siquiera alzó las manos al ver la expresión de antipatía y recelo que había poblado el rostro de su madre. A la joven, de pronto, le dio muchísima pena su abuela.

-Hola, madre.

Recibió un simple movimiento con la cabeza. Su abuela no tardó en girar la mirada hacia la muchacha que creía estar en una de las situaciones más incómodas de su vida. Cuando miró hacia el rostro de la que había sido una madre desastrosa para su progenitora, se vio reflejada en ella. Le asustó darse cuenta de que tenían los mismos ojos azules celestes.

-¡Cornelia!- Nada pudo impedir que su abuela la estrujase en un abrazo. Aquello para ella, que no solía recibir ni dar muestras de afecto, incrementó la incomodidad que se había asentado en su pecho.- ¡Te has convertido en todo una mujercita! ¿Cuánto llevo sin verte...? ¿Ocho años?- En realidad, ambas sabían que eran un par de años más.

-¿Se puede saber por qué no me avisaste con antelación? ¡Una patrulla de aurores, mamá! ¡Están registrando tu casa una patrulla de aurores!- Aquello hizo que Cornelia frunciese el ceño. No tenía aún ninguna teoría que pudiese explicar por qué su abuela era buscada por la policía mágica.- ¡En nada harán la conexión y descubrirán que yo soy tu hija! ¿Quién habría venido antes, madre? ¿Los aurores o el Clan?

La mención del Clan del Ojo procedente de la boca de su madre hizo que Cornelia Brooks diese un respingo. Fijó su mirada en su abuela, una casi anciana con arrugas que mostraban sufrimiento. Una persona a la que no conocía. A la que perseguían los aurores. Y también el Clan del Ojo.

Cornelia Brooks estaba temiendo el resultado de aquella peligrosa operación.

No. Podía. Ser. Cierto.

-Sabía que vendríais a tiempo. Te sabes el Protocolo desde niña, al fin y al cabo- La muchacha se había quedado petrificada. Quería que la llevasen a su apartamento. Quería esconderse en su cama y no vivir aquella experiencia. Su abuela la cogió del brazo.- Vamos, hay muchas cosas que tengo que contarte.

Pero Cornelia Brooks se ancló al suelo. Sus ojos escudriñaron a su abuela sin temor a que aquella poderosa mujer le hiciera el daño que estaba haciendo a todo el mundo mágico.

-Usted es Ivonne.

Dijo aquello en un tono de voz alto y claro. No necesitaba preguntarlo, pues estaba demasiado claro. Supuso que debería tener miedo, pero su cuerpo estaba tan en shock que parecía que se había detenido en el tiempo.

-¿Ves? Te dije que esta era demasiado lista.- Para su sorpresa,  su madre no se sorprendió de su descubrimiento. Ivonne Donovan sonrió. Siempre había sido su abuela Julie. Y resultaba ser la persona más buscada del planeta.

Su mente comenzó a formar un rompecabezas a la velocidad de la luz. Intentó comprender cosas de su vida, como quizás, porque su abuela jamás se había interesado por ella. Por qué su madre odiaba a su abuela. Se estaba escondiendo, no era que no le importase, por mucho odio que su madre hubiese desarrollado hacia ella. Se preguntó si se debía a que su madre era muggle. ¿O era una maga que no había ido a Hogwarts? También entendió la reacción de su madre cuando le llegó una carta que jamás creyó que llegaría cuando ella tenía once años. O cómo después del atentado en King's Cross, tuvo que luchar contra su madre para que la dejase ir. Su madre había sabido en todo momento que ella estaba en peligro por ser la nieta de Ivonne.

Pero el puzle estaba incompleto.

Mientras meditaba, su abuela la había conducido a una pequeña sala con estanterías repletas de libros y dos sofás franqueados por sillones butacas a sus lados. Aquello era una especie de salón del té. No pasó por alto el joven de pelo negro y ojos marrones que la miraba con atención. No la saludó ni nada.

Cornelia se sentó en un sofá al lado del muchacho y su abuela se sentó en frente. Nadie más llegó a la sala. No sabía por qué, pero las facciones de aquel joven le resultaban demasiado familiares.

-He esperado este momento muchísimo tiempo.- anunció con serenidad Ivonne. En su cabeza, la cual luchaba por no hacerse un lío, aún se debatía entre llamarla Julie, como para ella era, o Ivonne, el nombre que verdaderamente le pertenecía.

¿Se imaginaba a Ivonne así? La observó más detenidamente. No lo había hecho segundos antes porque el shock la había paralizado. No solo tenía que asimilar el hecho de que Ivonne estaba delante de ella. No. Lo más importante en ese momento es que Cornelia Brooks era la nieta de Ivonne. O quizás las dos cosas se equiparaban.

Tenía unos pómulos redondos que ocupaban un gran lugar en su alargada cara. Tenía una nariz parecida a la suya y a la de su madre, aunque más ancha, siendo la terminación de esta una bulto que sobresalía con gracia. Tenía los labios finos, más parecidos a los de ella que a los de Penelope, sobresaliendo el labio inferior cuando ensanchaba éstos en una sonrisa. Sus ojos tenían un contorno similar al de una almendra con una punta hacia arriba y el color era indudablemente la marca de su familia. Un pelo canoso, seguramente era castaña de joven, enmarcaba su dulce rostro con hondas deshilachadas que acaban en su rebeca gris y su pañuelo de color morado.

-¿Sabe la de gente que está sufriendo por su culpa?- Era lo primero que le dijo a su abuela en, seguramente, su vida. Le había salido solo, pero era lo que realmente sentía. Su repentina pregunta no la alteró.- Podría decirle una retahíla de cadáveres que se amontonan con tu nombre tatuado en ellos.- Sí, probablemente ella estaba furiosa. Ella misma había sentido en sus carnes la amenaza del Ojo y la ira y rabia de éstos.- ¿Cómo puede permitir algo así estando aquí sentada felizmente disfrutando un té o lo que sea que tome?- le espetó.

No se sentía precisamente orgullosa de haberle echado en cara todo aquello. Pero, en su fuero interno, quería seguir exigiéndole explicaciones. También tenía millones de preguntas. Fue en ese momento, cuando enmudeció, cuando se dio cuenta de que ante ella estaban todas las respuestas que estaba buscando.

-Tuviste visiones que podrían haberte ayudado a salvar más de una vida si hubieses sabido cómo hacerlo, Cornelia.

La joven la desafió con la mirada.

-¿Tú me mandabas esas visiones?- Ivonne, su abuela, negó de forma enigmática.- ¿Cómo lo sabes? ¿Estamos conectadas como Harry Potter con Voldemort?- inquirió recordando que aquella teoría era de su compañero de Casa, James Sirius Potter.

-Supongo que de ser así, yo sería Voldemort, ¿no?- La anciana mujer sonrió cándidamente, lo cual hizo que Cornelia se sintiese avergonzada por su actitud.- Tranquila, es normal. Valoro que te preocupes por los demás, Cornelia.

-¿Por qué estoy aquí? ¿Qué quieres de mí? ¿Por qué te persiguen? ¿Cómo te han encontrado? ¿Por qué nunca he sabido nada? ¿Cómo acabamos con...?

La cantarina carcajada que soltó Ivonne hizo que toda la ansiedad que estaba sufriendo se tranquilizara. Al instante, como si ese efímero hechizo se rompiese, recordó que el asuntó que estaba tratando era sumamente serio. Su expresión se endureció.

-Paso a paso, querida.- dijo su abuela con una sonrisa.- No te he presentado a este joven.- Dijo señalando al muchacho que estaba sentado a su lado, bastante interesado, dada su expresión, en aquella conversación.

-Soy Frank Longbottom.- se presentó él con una sonrisa algo tímida.

Abrió los ojos como platos. ¿Su abuela, es decir, Ivonne había secuestrado al hijo del director? Un hijo que parecía estar fuera del alcance del conocimiento de los demás.

-El Clan le está dando caza y soy la única con el poder de protegerle. Unas magas que trabajan para mí consiguieron traerlo a mi casa de campo antes de que revelasen mi identidad, y espero que tú también le hagas sentir como en casa, cielo, es un joven muy educado. - Le contó su abuela con delicadeza. Cornelia le examinó, era mayor que ella y parecía sentirse demasiado incómodo en aquella habitación.- Está aprendiendo cosas del mundo mágico del que ha estado huyendo toda su vida... Lo cual no es una tarea fácil, por eso está aquí. También él quiere saber todo lo que te voy a contar... Empezando por de dónde procedo, que también es tu historia...

-¿Espera que me siente tranquilamente mientras me cuenta la historia de su vida? ¡No! Quiero que me conteste a esas preguntas, es lo que más me urge...

-De acuerdo.- zanjó la aludida, interrumpiendo lo que parecía poder convertirse en un lío de palabras a causa del desconcierto.- Me has preguntado la razón por la que estás aquí. Muy bien. Cornelia, eres mi nieta. En cuanto encuentren mi escondite, darán con el de tu madre, y, por lo tanto, con el tuyo. Estás aquí porque estás a salvo. Ellos desconocen que tengo una hija, y ni mucho menos saben que tengo una nieta. Jugamos con esa ventaja. Pero no puedo arriesgarme a que os descubran y...

-¿Nos maten? ¿Sabes? Yo me he enfrentado ya a miembros del Clan del Ojo y no he necesitado esconderme para sobrevivir a ello.

-Pero ello no sabían quién eras tú en realidad.

-¿Y qué? Sigo siendo la misma persona. Me matarían con más ímpetu.

-A ti no te matarían, Cornelia.- dijo su abuela. La joven la miró. Tenía un interrogante que le exigía que respondiese. Ivonne asintió.- La siguiente pregunta que me has hecho ha sido que qué quiero de ti.

Cornelia Brooks suspiró. Lo que había comenzado creyendo que era un reencuentro familiar un tanto extraño, se había convertido en el inicio de lo que parecía ser una tortura.

-¿Quieres que sea como tú?

-Me temo que ya lo eres.- Ivonne negó con la cabeza, como si no hubiese querido decir aquello.- Eres una Donovan. Nuestra familia, a lo largo de los siglos, ha tenido que llevar el peso de lo que nuestro poder significa. Tú no te puedes librar.

-¿Y mi madre sí?

Un aplauso brotó de las manos de Ivonne, lo cual hizo que Cornelia la mirase incrédula.

-¡Eres tan avispada como lo era tu madre!- Acto seguido soltó otra risa cantarina que la estaba empezando a poner de los nervios.- Tu madre es muggle porque el destino es caprichoso y quería que tú concentrases más magia en tu interior.

-No lo entiendo.

-No hace falta que lo entiendas ahora, querida.- Se acomodó en el sillón con un movimiento cómico y volvió a mirarla con una sonrisa. Parecía una profesora. Podría haber sido una profesora, total, desconocía gran parte de su pasado.- Lo que quiero de ti, es que estés a salvo.

-Ya veo que has estado pendiente de mi todo este tiempo... Estuvo  a punto de matarme un basilisco, ¿lo sabes?

-Pero no lo hizo.- respondió ella con un guiño. Como si eso tuviese gracia.- También sé que luchaste contra un hombre lobo, contra varios miembros... En fin, sé mucho sobre ti.

-Eso no me tranquiliza.

La mujer volvió a asentir alegremente. Supuso que para ella sí era un reencuentro con su nieta, no una conversación con... Joder. Minerva McGonagall había muerto por ella. Había una maldita guerra por su culpa.

-Me persiguen porque me necesitan para ser poderosos.

Esta vez fue Cornelia la que aplaudió. Se había dejado llevar por la falta de cordura que estaba empezando a sentir en su cerebro.

-¡Bravo!- Asintió, aparentando estar sumamente convencida.- ¿Sabes?- Su rostro mostró cierto sarcasmo.- Eso no me aclara absolutamente nada.

-No estás preparada para saberlo todo, Cornelia. Ni la mayoría de ellos lo saben. Prefiero que seas feliz ignorando tal hecho.- La joven resopló, a sabiendas que había perdido aquella batalla.- Los aurores que me han encontrado son los que ha mandado Hermione Granger. Ha sido mi idea contarle muchas cosas a esa mujer.

-¿Has hablado con Hermione Weasley?- exclamó ella, realmente sorprendida por los contactos que aquella mujer parecía desplegar con suma facilidad.

-Mandé a una joven muy especial en mi lugar- La mujer suspiró. Cansada.- Y, con respecto a las últimas preguntas... Nunca has sabido nada porque tu madre quería criarte sin problemas, teniendo una infancia normal. Y, ¿cómo acabamos con todo esto? No acabamos, Cornelia. Esto es lo que acaba con nosotras.






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Breve nota del autor:

Queridos lectores y comentaristas de esta aventura:

Llegamos, por fin, a la última estación de esta tercera entrega. Os he mantenido en una frecuencia extraordinaria que, por suerte o por desgracia, no vais a seguir disfrutando. La cuarta entrega, cuyo primer capítulo tendréis mañana, será a capítulo por día. No a la mitad de la saga por día.

Espero que hayáis disfrutado tanto como yo de las aventuras de la Tercera Generación… Y que lo sigáis haciendo con mis palabras.

Un cordial saludo y cuidádse tanto como podáis,

Carax.





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