Historia al azar: Cambio de vida
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La Tercera Generación de Hogwarts » (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Lunes 25 de Enero de 2021, 16:18
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(I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)
  235. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones
  236. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  237. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  238. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  239. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (III)
  240. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (IV)

Prefacio: Rumbo a Hogwarts

Jamás, en sus once años de vida, se había encontrado en una situación tan agobiante. Había visto avalanchas de personas en las noticias por entrar a un concierto o había vivido él, en sus propias carnes, las compras navideñas en Londres. Aquello era algo que nunca antes había experimentado. Se trataba de una multitud desesperada en un estrecho pasillo por encontrar un compartimento libre.

Quizás Albus Severus Potter era una persona demasiado despreocupada como para no importarle tener que quedarse de pie o, peor aún, ir sentado durante todo el trayecto con personas que no le dirigieran la palabra. Tampoco es que el joven Potter fuera muy hablador. Y, aunque las palabras que su padre le acababa de decir le habían quitado un peso de encima, lo cierto es que quería reflexionar sobre ellas: una Casa no podía determinar su personalidad.

La dueña de la melena indomable y rojiza que guiaba su camino a través de niños de su misma edad, se giró para bufar y recriminarle con la mirada el hecho de que él no se estuviera quejando. ¡Qué diferente era Rose Weasley!

Apartó a unas niñas a empujones y éstas, pese a mirarla con mala cara, la dejaron pasar. Al fin y al cabo, la mayoría sabía que ellos eran los hijos del Trío de Oro. Ambos estaban acostumbrados a que los demás apuntasen su dedo hacia ellos y formulasen en sus labios los nombres de sus padres.

- Seguro que encontramos un sitio libre al final del tren.- susurró su prima, como si nadie hubiera llegado a esa conclusión y conocer su idea fuera el fin de su existencia.

De hecho, Albus dudaba que encontrasen un compartimento vacío solo y exclusivamente para ellos dos. Había escuchado en las últimas reuniones familiares que el número de magos estaba aumentando tan precipitadamente en los últimos años... ¡Que tendrían que ampliar el Hogwarts Express! Por tanto, seguramente tendrían que compartir su trayecto con algún que otro alumno. No descartaba la posibilidad de pedirle a su hermano mayor que le cediera un sitio en su compartimento, incluso si ello supusiera tener que aguantar las burlas de James Sirius Potter.

No obstante, aquello no era decisión suya. Rose Weasley había sido bastante clara al decir que quería encontrar un sitio para estar sola, leyendo tranquilamente el folleto de información que entregaban a los estudiantes de primero en la estación. Un plan tan divertido como sentarse solo. De hecho, la joven Weasley había conseguido aquel preciado papel gracias a su madre, a principios de verano, y se lo había aprendido de memoria. Y, incluso cuando sabía, letra por letra, lo que ponía, se había encabezonado en repetirlo para hacer más fácil su estancia en Hogwarts. Albus le había echado un vistazo a las palabras que, con elaboradas letras en cursiva, McGonagall dirigía a sus futuros alumnos. No era nada nuevo para él, quien había crecido entre historias de la época de adolescentes de sus padres.

El último compartimento se hacía visible y, hasta entonces, no habían podido encontrar uno vacío. Rose Weasley estaba hecha una furia. Bienaventurados sean aquellos que sufran la ira de un Weasley.

De pronto, la niña de abundante melena se paró en seco, haciendo chocar a un distraído Albus con su espalda, algo de lo que Rose ni pareció percatarse. ¿Habría encontrado un compartimento? Imposible, Rose Weasley no podía ver a través de las paredes. Incluso siendo Rose Weasley.

-¿Rose?- A Albus Severus Potter solían asustarle las ideas espontáneas de su prima.

Lo que Albus Severus Potter no sabía, es que aquella idea de aquel primer día en el Hogwarts Express les marcaría durante toda la vida.

La joven le indicó a Albus con autoridad que sujetara la jaula de la lechuza. Al parecer veía poco práctico llevar a otro animal que no tuviese una función esencial en el desempeño de su vida escolar. Albus lo cogió con apremio, no quería hacer aumentar la furia de su prima.

Con una fuerza sobrenatural, Rose no era delgaducha como lo había sido su madre, sino, más bien, algo robusta; abrió la puerta del compartimento de la casi penúltima puerta del Hogwarts Express.

-¡SOY ROSE WEASLEY!- su voz parecía haberse tragado un altavoz.- ¡SALID DE AQUÍ INMEDIATAMENTE! ¡NO ES NINGÚN SIMULACRO!

Albus Severus Potter puso los ojos en blanco. ¿Cómo no lo había visto venir?

Para sorpresa de ambos, tan solo había un niño en aquel compartimento. Un pálido muchacho, delgado, con el pelo de color platino y una expresión de horror ante lo que acababa de hacer Rose Weasley.

El joven Albus se apresuró a acercarse a la puerta, pues estaba franqueado por la indomable Rose, y le miró con cara de absoluta disculpa -y vergüenza.

-Perdón.- Acto seguido, cerró la puerta. Definitivamente acabarían de pie en el pasillo y tendría que soportar la furia desatada de Rose Weasley, no solo aquel día, sino hasta el fin de los tiempos. -¿Te has vuelto loca?

Rose le fulminó con una mirada. Por supuesto, un loco siempre defendería su cordura.

-Mi padre dice que ante situaciones desesperadas...

-Medidas razonables... ¡Eso es lo que dice tu madre!- le regañó en voz baja, mientras podía ver cómo Rose le repudiaba con una expresión poco amistosa.- Volvamos a cualquier otro compartimento... Seguro que puedes soportar el silencio de dos personas más.

Antes de que Rose comenzase soltar a borbotones un contraargumento perfecto que obligase a Albus a hacer algo que no le gustase, la puerta del compartimento del niño al que habían molestado, se abrió. Y el pálido muchacho apareció detrás de la puerta:

- ¿Os gustaría compartir este habitáculo?- preguntó educadamente.

Y antes de que Rose pudiera abrir la boca para soltar cualquier palabra soez, Albus asintió y apretó la muñeca de su prima para que mantuviera a raya su temperamento. Ambos se fijaron mejor en la su compañero: debería estar en primero. Además, vestía la túnica que debían de ponerse antes de llegar a Hogwarts. Aquello seguramente habría irritado a su prima Rose: ella era la primera en hacer todo lo correcto.

Los niños entraron y colocaron sus jaulas y sus baúles como pudieron, aquel muchacho llevaba un baúl tan grande que perfectamente podrían caber allí los tres. No tardaron en sentarse, él desconocido en frente de ellos dos. Rose Weasley sacó su preciado folleto y se puso a leer.

Albus echó una mirada al paisaje: la campiña inglesa de color verde. Recordó que, según su padre, pronto comenzaría a ver las montañas que le indicarían que se estaban adentrando en tierras escocesas. Mientras observaba lo que ofrecía aquella ventana, se percató de que el muchacho no paraba de mirarle.

- Hola, me llamo Albus Severus Potter- se presentó. Sus padres siempre le habían dicho que la primera persona que conocías en el tren, sería tu amiga para siempre.

No se extrañó al ver cambiar la expresión a sorpresa en el rostro del muchacho cuando oyó su nombre. En caso de no reconocer su rostro por la prensa rosa mágica, siempre le quedaba decir su nombre para causar sensación. Sin embargo, ni a él ni a su hermano le gustaba fardar de fama.

-Y yo Rose Weasley- secundó Rose. Tampoco se quedaba atrás. Sus dos padres eran parte del Trío de Oro. Ella tenía el apellido del Clan Weasley.

- ¿No me digas?- respondió sarcásticamente.- Por si lo has olvidado... Son las primeras palabras que has dicho cuando pretendías evacuar a todo el tren.

Rose soltó un sonido de irritación, probablemente causado al morderse la lengua y apretar los puños. Aquel joven debería tener más cuidado.

-¿Y tú cómo te llamas?- le preguntó Albus.

Las horas que iban a pasar juntos eran suficientes como para acabar aprendiéndose su nombre. El muchacho ladeó la cabeza, dudando. ¿Dudando? ¿Es que acaso le daba vergüenza presentarse ante un Potter? Aquella era una reacción nueva. Seguramente cuando llegase a Hogwarts se encontraría con reacciones tan diversas al verle, ya que, al fin y al cabo, solo había una persona con el mismo rostro que Harry Potter: él.

-Me llamo Scorpius Hyperion Malfoy- anunció, mientras miraba a ambos fijamente.

- Pues vaya nombrecito…- comentó Rose ojeando su folleto, antes de comprender que era un Malfoy, apellido del que le había advertido su padre hacía unos instantes- ¿Sabes que nuestros se odian?- soltó Rose de pronto.

Los dos muchachos se sorprendieron ante el comentario de Rose. Sin lugar a dudas, la reputación de Rose cumplía con las expectativas.

- Sí, claro que lo sé.- contestó cabizbajo.

Albus Severus Potter sopesó aquella situación. Si su tío Ron llegase a tener constancia de que habían sido "atrapados" -él no utilizaría otro término- con un Malfoy el primer día de Hogwarts, la amistad con aquel muchacho estaría condenada de por vida. No obstante, no solía obedecer ni compartir las absurdas directrices del padre de Rose. De hecho, recordó las últimas palabras de su padre: A nosotros no nos importa, Al.

- No pasa nada- Albus rompió el silencio incómodo que se estaba formando y que detestaría - A nosotros no nos importa. - Scorpius le lanzó una mirada esperanzadora. ¿Le habría dicho su padre a él que también debía superarle en todas las asignaturas como lo había hecho el tío Ron con su prima? Albus conocía la historia de enemistad que había surgido en Hogwarts entre su familia y la de Malfoy. Su padre, a quien parecía no gustarle hablar mal de nadie, siempre solía evitar dar opinión al respecto. - ¿Juegas al Quidditch?

- Sí- respondió. -Me  gustaría ser golpeador... Si entro en el equipo de Slytherin.- Añadió, determinando sus preferencias en cuanto a Casas. ¿Quién sabía si al final acababan compartiendo cuarto? 

- ¿En serio?- interrogó entusiasmado por un tema de conversación interesante, obviamente evitando el tema que podría acarrear disidencias entre ellos.

Rose Weasley resopló. Albus sabía que el Quidditch era un tema recurrente entre sus primos y que ella, pese a también gustarle el deporte, encontraba hablar sobre él algo tedioso.

- Sí-afirmó. - ¿Y tú, Albus Severus?

-Oh, por favor. Albus Severus no. Suena muy mayor. Soy Al o Albus para los amigos.- Y, así, con una sonrisa al estilo Potter, despareció cualquier situación incómoda entre ellos.

- ¿Y tú, Al?- repitió la pregunta Scorpius.

La joven volvió a soltar un resoplido, mientras aparentaba seguir leyendo el folleto.

- ¿Tú qué crees, Malfoy?- le preguntó Rose con cierto recelo.- ¿Acaso no intuyes que querría ser buscador? ¡Míralo! ¡Es igualito a su padre!

- A ti no te ha preguntado- le recordó Albus, un tanto irritado y temeroso de que las intervenciones de su prima le arrebatasen la posibilidad de entablar una amistad, aunque fuera con Malfoy. - Exacto, buscador. Aunque mi prima prefiere jugar de guardiana.

- ¿Le gusta el Quiddicht?

- Solo juega. - Lo cierto era que, para su irritación y la de los demás Weasley, era que jugaba bastante bien.

- Puedo responder yo por mí misma- declaró Rose.

- Pues deja de leer- le reprocharon Albus y Scorpius al unísono, quienes compartieron una sonrisa cómplice.

Ella refunfuñó y dejó el folleto sobre sus piernas. Después, miró atentamente a los dos muchachos que, de nuevo, habían vuelto al silencio incómodo.

- Deberías cambiarte- ordenó Rose a su primo con tanta autoridad que, si no fuera porque quería causar una buena impresión, le hubiese contestado de malas maneras.

- Faltan horas para llegar- respondieron al unísono de nuevo. Aquella vez se miraron sorprendidos. 

Rose iba a reprochar o a soltar algún comentario al respecto, quizás mofándose... Pero, de pronto, el Carrito de las Golosinas hizo su aparición.

- Seguro que Al y James ya están en Hogwarts -aseguró Lily Luna Potter desde la parte trasera del coche de sus padres.

- No, Lily, aún les falta mucho por llegar. Hace solo una hora que se subieron al tren -le recordó Ginny Potter, su madre.

Harry sonrió mientras doblaba una curva, después le susurró a su mujer:

- Ginny, recuerda que tú eras así con su edad...O peor.

- No ayudas, Harry.

La pareja compartió una mirada cómplice. Parecía que el silencio por fin reinaría en casa. Albus no era un niño problemático... Pero cuando estaba con James era una bomba de relojería. Siempre estaban compitiendo y no precisamente por ser el mejor hijo. Por fin se quedaban con la dulce Lily. Aunque tenían que recordar que lo dulce era un atributo más que pasajero, pues era lo suficientemente cabezona y temperamental como su madre cuando se irritaba.

-Quiero mudarme a casa de la abuela. Allí está Hugo y me divertiré más que sola en casa mientras trabajáis...- ¿Quién había dicho que el silencio reinaría en su casa?- ¿Sabéis? Cuando yo vaya a Hogwarts os escribiré todos los días, no como James...Sus cartas es como las que se mandan a Papá Noel, una vez al año.

Aún no habían empezado ni a cansarse de las conversaciones que Lily les tenía preparadas y que comenzaban con un "cuando yo vaya a Hogwarts". De hecho, desde que había llegado la carta de Hogwarts para Albus, no paraba de perjurar que ella sería muchísimo más responsable que sus dos hermanos cuando llegase su momento.

Su padre no lo dudaba en ningún momento. Era imposible ser peor que ellos. Por un lado, gracias a todo lo que Teddy le había contado, los dos años que James Potter llevaba en Hogwarts habían sido repletos de gamberradas y victorias en Quiddicht. Incluso McGonagall le había rogado en una carta que controlase el comportamiento de su hijo, demasiado parecido al de su abuelo. Albus, por su parte, no era más travieso que James, porque era simplemente imposible. No obstante, de vez en cuando, se comportaba como él.

Tampoco podría esperar menos, pues le había regalada la Capa de la Invisibilidad aquel año a Albus y su hijo mayor tenía el Mapa Merodeador, que no había sido precisamente un regalo. En efecto, James Sirius Potter había robado el Mapa Merodeador a su padre hacía ya dos años, seguramente instado por su fiel compañero de aventuras, Fred Weasley, hijo de George Weasley, a quien su padre le había instruido a la perfección en el arte de las bromas. Por más que Harry Potter le pidiera de vuelta el Mapa, sabía que lo hacía en vano: sólo él podría hacer el mejor uso de éste. Por tanto, cuando hacía una semana su hijo Albus le pidió la Capa de la Invisibilidad, tan solo le obligó a cumplir una condición: James no podía enterarse.

- Por fin, ya hemos llegado- dijo Lily interrumpiendo los pensamientos de su padre.

La pequeña Potter salió del coche a gran velocidad, para escabullirse en cuanto antes de besos de despedida. ¿Quién había dicho que Lily Potter era cariñosa? Su hija cruzó la verja, la cual su suegra, Molly Weasley, siempre dejaba abierta cuando sabía que alguno de sus nietos iba a ir a visitarla... Por lo que siempre la tenía abierta. Además, era un bonito recordatorio de tiempos de paz. Molly Weasley esperaba con los brazos abiertos a su nieta en la puerta de aquella atestada y humilde casa: la Madriguera.

- Lily, pequeña -dijo cariñosamente.- Creí que tú también te habías ido a Hogwarts. -Lily le lanzó una mirada de reproche a su abuela, tras una enorme sonrisa enseñando los huecos de los colmillos que no tardarían en nacer.

Tras saludar a su abuelo, que leía El Profeta en la cocina, Harry Potter vio cómo se dirigía sin más dilación al salón. Y allí le perdió la pista.

En el enorme sofá -con  capacidad para siete personas -había  un niño pelirrojo tumbado con un enorme papel entre sus piernas.

-¡Hugo!- llamó la niña a su primo.

El aludido dio un brinco en el sofá, se desperezó rápidamente y fue a saludar a su prima.

- Lily…- dijo mientras la abrazaba- Ven, mira.

La pelirroja le obedeció y se sentó a su lado en el gran sofá. Una vez acomodados, le enseñó el papel que estaba leyendo: un mapa. Tan solo diferenciaba, y porque eran los únicos nombres de los que tenía constancia, dos palabras: King's Cross y Hogsmeade.

- ¿Qué es? -preguntó.

- ¿No es obvio?

- No todo lo que te parece obvio lo es. Recuerda que todos no tenemos tu nivel intelectual...-le  recordó su prima. Hugo se sonrojó, exceptuando a su hermana, él era el Weasley más inteligente. Por ahora.

- Es un mapa para ir a Hogwarts- su prima le interrogó con la mirada- ¿No te acuerdas?

Lily se estrujó la memoria. Sí que lo recordaba. Su primo y Lorcan Scarmander tenían las mismas ganas de ella de ir a Hogwarts, pero no recordaba que mencionaran un mapa. Ni que hubieran dicho de ir a Hogwarts. No tenía la memoria de Hugo, pero estaba segura de que se acordaría de algo tan transcendental como aquello.

- ¿Pretendes que vaya contigo?

- Pero si lo estas deseando…- afirmó Hugo con una sonrisa.

- No es verdad. -espetó, pues no le gustaba que los demás supieran lo que ella estaba pensando. -¿Lo has hecho tú?- le cuestionó mientras observaba aquella obra cartográfica- Imposible, tus dibujos no son tan comprensibles. ¿Lorcan?

-Sí. Y para que lo sepas Lyslander viene, solo y únicamente si tú vas. Yo le he dicho que vas, porque...

- ¿Para qué queréis ir?- le interrumpió.

-Muy fácil -respondió el niño con el aire de superioridad que solo podía tener él y su hermana.- Quizás tú no lo entiendas...- empezó ante una mirada ofendida de su prima.- Pero, para nosotros, Hogwarts es el nacimiento de los jóvenes más prometedores de la Historia de la Magia y de la Humanidad.- declaró como si aquello fuese información tan valiosa que mereciese una reverencia.- Solo te recuerdo que Isaac Newton y Leonardo Da Vinci fueron uno de los alumnos más ventajosos. -Aquello no pareció sorprender a Lily.- Además de poder vigilar a nuestros hermanos, aprender nueva magia y descubrir misterios como nuestros padres- termino rápidamente. A Hugo le encantaban las historias del Trío de Oro que su padre le contaba para irse a dormir. Sabía, en su fuero interno, que su padre no confiaba en que él pudiera llegar a hacer tales hazañas... Sin embargo, Ronald Weasley solía infravalorar muchas cosas. Como la ciencia.

- Si, ya,...Voldemort te estará esperando para resucitar- le espetó Lily sarcásticamente- ¿Cuándo vais?

- ¿Ves? Sabía que al final vendrías.- Lily bufó ante aquel comentario.- Pues tenemos que ultimar los detalles del viaje, para no para no perdernos. Tranquila, nosotros sí tenemos sentido de la orientación... Bueno, para las vacaciones de Pascua creemos que podemos partir.- Lo dijo con tanta ilusión que Lily evitó que se la transmitiera... No quería parecer una tonta como su primo.

- Ya de paso te esperas unos años para que te manden la carta de Hogwarts.- respondió Lily- Nos vamos a aburrir muchísimo hasta entonces.

- Podemos gastar bromas como hacían James y Fred.

- El problema es que ellos saben gastar bromas sin magia- le acusó. - Y nosotros no sabemos ni definir qué es una broma para empezar.

Hugo resopló. No podía negar que en aquel aspecto, los primos con carácter cavernícola le superaban. Por suerte, ninguno de sus ídolos era conocido por su carácter bromista y, mucho menos, por sus travesuras en Hogwarts.

-Deberías  haberle cogido la capa a tu padre, James -recriminó un muchacho de pelo rojizo y tez pálida en el Expreso de Hogwarts.

- Cierto, si te fue tan fácil quitarle el mapa... ¿Por qué no le quitaste la capa?- preguntó una muchacha de tez morena y ojos desafiantes que estaba sentada en un compartimento del Hogwarts Express al lado del mismísimo Fred Weasley.

- ¿Acaso es invisible?- inquirió Fred con sarcasmo.

- No es invisible- negó James Sirius Potter.- Y no hay ningún problema con la capa.-Sus   amigos le miraron expectantes.- Se la ha dado a Albus.

 Los tres estallaron en carcajadas.

Cualquiera que pasara al lado de aquel compartimento sabría quiénes estaban ahí. En primer lugar, Fred Weasley II, hijo de George Weasley, heredero innato de Sortilegios Weasley. Su fama y la de su padre le predecían... Y le hacían justicia. Con un carácter algo más fuerte que el de su padre -genética pura de Angelina-, había conseguido acumular más castigos en dos años que su padre todos sus primos Weasley juntos durante todos aquellos años.

A su lado, estaba sentada Susan Jordan, la hija menor de Jordan Lee, el antiguo comentarista de Quiddicht y, en aquel momento, redactor jefe de la columna de deportes de El Profeta. Había conocido a Fred Weasley en el primer año, cuando coincidieron los tres en la zona de castigo, Fred y James por gastar una broma, y Susan Jordan por tráfico ilegal de pastillas vomitivas a los estudiantes de quinto que querían evitar hacer los T.I.M.O.S. Estaban destinados a ser amigos.

Y, por último, pero no por ello menos importante: James Sirius Potter. Si la fama precedía a Fred, James era la fama personificada. Los profesores evitaban encontrarse a su lado porque no deseaban que la Casa Gryffindor, a la que los tres pertenecían, se quedase sin puntos por su culpa. No solo se le conocía por ser digno nieto de James Potter, sino que, además, era la estrella del Quiddicht.

¿Qué podía hacer Albus Severus Potter cuando estos tres se unían en su contra?

Las risas ante tal situación seguían, seguidas de comentarios que ridiculizaban al hermano de James... Quien era el primero en decirlas.

-Os recuerdo que no estáis solos en el compartimento.- puntualizó una muchacha que, al lado de James Potter, parecía intentar leer.

Los tres muchachos culpables de aquel comentario se miraron entre sí y estallaron en carcajadas. La muchacha resopló y puso los ojos en blanco. Seguramente no había más compartimentos libres. Aquella muchacha, cuyo nombre sabía porque sus notas sobresalían en todas las materias, se llamaba Cornelia Brooks y, pese a cursar como él tercero, estaba desde ya destinada a ser el Premio Anual de Gryffindor.

- Este año podemos molestar a los de primero de Slytherin -sugirió James, haciendo caso omiso a la petición de la joven.- O, mejor aún, devolvérsela a Zoe Badmood.

La persona a la que se había referido, Zoe Badmood, era lo peor que Hogwarts había tenido desde Tom Ryddle. Al menos, eso era lo que comentaban todos sus alumnos entre susurros, pues temían ser escuchados por aquella menuda figura que causaba terror. De hecho, no había sido expulsada porque los profesores nunca la pillaban, pero torturaba psicológicamente a todos sus alumnos, en particular a los hijos de muggles. Todos en Hogwarts temían a Zoe Badmood. Se habían intentado tomar medidas al respecto, pero al final, McGonagall siempre decía que eran cosas de la edad. ¿Se olvidaba de que había alumnos que no habían vuelto más a Hogwarts por su culpa?

- Yo creo que es peligrosa -opinó  Susan.- Recordar que Christopher Nott estuvo dos semanas en enfermería por tratar de defendernos.

- Bueno, siempre defenderemos a los nuestros -dijo  Fred diplomáticamente.

- ¿Qué hay de Al?- preguntó Susan, cambiando de tema para entrar en acción desde el primer día.

- Bah, creo que va a ser Slytherin. Aun así, no entiendo por qué mi padre le dio la capa a él- contestó James.

- Celoso- dijo Fred, mientras James le fulminaba con la mirada- Albus es un Mini Harry.

- Bueno nosotros tenemos el mapa- intentó animar Susan.

- Chicos, ¿qué tal si le quitamos la capa ahora?- propuso James tras pensarlo un rato.

Fred y Susan sonrieron a James.

- ¿Dónde estará nuestro querido Al?- dijo Fred burlonamente.

Los tres se levantaron a la vez y Fred cogió una mochila. Ni siquiera se despidieron de la muchacha cuando abandonaron el compartimento.

- ¿Qué es eso? No te he querido preguntar antes porque estaba delante Brooks.- comentó Jordan.

- Quiero parecerme a Teddy- dijo Fred con una enigmática sonrisa, que compartía con James.

James sacó el Mapa Merodeador del bolsillo de su chaqueta. Le pidió a Jordan que lo abriera mientras él ayudaba a Fred a hacer hueco en el pasillo y a poner la mochila en el suelo sin que fuera pisoteada por nadie. Un grupo de muchachas de Gryffindor menores que ellos pasaron por allí entre risitas. Jordan puso los ojos en blanco: nunca se acostumbraría al furor que causaban sus dos amigos entre el sector femenino.

-Están en el último compartimento, James... Del último vagón. -anunció Jordan en voz baja.

Fred asintió. James sacó el frasco que olía que alimentaba de la mochila y se encogió de brazos:

-Tendrá que esperar a que estemos cerca, o el efecto se pasará rápido.

- ¿Por qué tu primo Teddy?- preguntó Jordan, refiriéndose a él como parte de la familia como todos sus primos hacían. -¿No ha acabado ya Hogwarts?

- Claro que sí, pero aprovecharemos que está con Victoire dándose el lote para decir que la ha acompañado durante todo el trayecto...Para hacer tú-ya-sabes-qué sin que se enteren mis tíos.

- No sé qué es yo-ya-sé-qué.

- A veces se me olvida lo inocente que puedes llegar a ser, Jordan.- se rio Fred. -¿Lo hacemos como te dije, James?- le inquirió ante la mirada de desconocimiento de Jordan. -Jordan, tú entras y los sacas... El resto es cosa de Teddy Lupin.- advirtió mientras se daba un golpecito en el pecho.

James Sirius Potter les miró a ambos sumamente orgulloso. Una cosa más que tachar de su lista de cosas por hacer: Robar la Capa de la Invisibilidad. 



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