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El comienzo de una nueva vida II » La Dama del Lago
El comienzo de una nueva vida II (R13)
Por Samaria-Reed
Escrita el Miércoles 10 de Mayo de 2017, 18:05
Actualizada el Martes 15 de Septiembre de 2020, 17:54
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La Dama del Lago

─No puedo creer mi mala suerte. No lo puedo creer. ─murmuraba Harry Potter una y otra vez mientras entraba a su oficina. Se pasó una mano en su más que alborotada cabellera tratando de despejar su frustración mientras se tiraba, literalmente, en su sillón. ¿Por qué cuando todo indica que hay una luz en el camino, siempre tiene que aparecer algo que lo vuelve a oscurecer? Pensaba el muchacho mientras miraba fijamente el pulcro techo. No, definitivamente no podía creer tan mala fortuna.

Luego de haber leído la reveladora carta en la Oficina de Intercesión, Harry se había dirigido inmediatamente a la Oficina de Investigaciones en búsqueda de Lynette Byron. Todo indicaba que ella había sido la última persona en ver a Jessica con vida. Y no sólo eso, también tenía información relacionada a los mortífagos, más a su favor para interrogarla con respecto al tema. Sin embargo, y muy a su pesar, al llegar a su destino la secretaria le informó que Byron había renunciado a su cargo ante la inminente guerra. Suspiró sonoramente, no podía considerar ese hecho como algo sospechoso por la simple razón de que no había sido la única en tomar esa radical decisión. Sin embargo…

─Aún me queda un lugar por visitar ─murmuró mientras leía nuevamente la carta─. Algo tienen que saber. ─se dijo mientras leía el nombre del lugar.

Con una nueva perspectiva, se levantó y se dirigió a la salida.

─Ya es un día menos ─murmuró pensativo─. Pero todo puede pasar.


─ ¿Estás seguro de que no te perdiste, Snape? ─inquirió Draco mientras miraba en todas direcciones, no podía negar que el lugar lo tenía muy nervioso desde que llegaron. Y no era para menos, el entorno era casi una réplica exacta del bosque prohibido de Hogwarts. Al no recibir respuesta por parte del mencionado, el rubio prosiguió─: Por si no te has dado cuenta, ya hemos pasado por este sendero…

─ ¿Ya quieres dejar de quejarte, Draco? ─gruñó Severus girando bruscamente en dirección al rubio─. Te recuerdo que fuiste tú el que se empecinó en venir. Así que cállate y sigue o lárgate de una vez. ─se giró nuevamente, acomodó el flotante cuerpo de Jessica frente a él y continuó su camino.

Había transcurrido cerca de dos horas desde que el pocionista y el único heredero Malfoy arribaron al misterioso bosque de Brocelianda, y desde entonces, la búsqueda del Lago de las Hadas estaba siendo infructuosa, a criterio del joven mago. El cielo ya estaba oscurecido del todo, la fría brisa rondaba vivaz mientras que la luna iluminaba radiante el enigmático lugar.

─Y no bastando con perdernos en este tenebroso lugar, tampoco tenemos reservas ─murmuró molesto el rubio mientras le seguía el paso al pocionista─. ¡Bien ya no digo nada más! ─exclamó con las manos levantadas al ver que su padrino iba a replicar─. Pero entiéndeme, llevamos horas sin encontrar nada. ¿Cómo sabes que vamos por el sendero correcto?

─Años como mortífago y espía debieron de servir de algo ¿No crees? ─respondió Snape con sorna, acelerando inesperadamente el paso.

─Lo siento, no quise ofender ─replicó el joven slytherin rodando los ojos. Al ver que su padrino se detuvo abruptamente, se apresuró a agregar─. ¡Bien ya no me regañes, ya me callo!

─No es eso, tarado ─dijo el mago dándose vuelta y mostrando una sonrisa de suficiencia─. Ya llegamos.

Frente a ellos se mostraba un cristalino lago, rodeado de algunos seres luminosos y algunas criaturas del bosque, favorecido por la esplendorosa iluminación lunar y abrigado por una cómoda calma.

─Es… fantástico ─susurró el joven mago mientras se acercaba hipnotizado al mágico lugar, olvidándose con rapidez del temor que lo embargaba.

─Sí, así es ─concordó el ex mortífago al acercarse a él y contemplar los alrededores─. Pero recuerda que no vinimos a disfrutar del paisaje.

─Cierto, lo que nos lleva a una interesante pregunta: ¿Cuál es el plan?

El pocionista se sentó en el frío suelo y colocó a la castaña en su regazo. Le hizo señas al rubio platinado para que hiciera lo mismo y el chico, después de caminar lo que nunca se imaginó caminar, tomó asiento sin chistar.

─ ¡Entonces tenía razón, Jessica está viva! ─exclamó Draco cuando su padrino terminó de relatar la historia. Snape asintió─. Eso es magnífico, sin embargo, la solución que te dieron no es nada fácil de realizar. He escuchado que la Dama no aparece así nada más, y sin contar que ella puede disfrutar de la luna llena en cualquier parte del bosque.

─El lago es el único punto de referencia que tenemos, si hay que esperarla toda la noche lo haremos. A menos que quieras pasar toda la noche recorriendo el bosque y…

─Sí, sí, ya entendí. Esperaremos.

Al pasar de las horas, el cansancio comenzó a hacer mella en el joven mago, sintiendo poco a poco los párpados muy pesados. Trató de luchar contra Morfeo pero, sin darse cuenta, perdió la batalla y se quedó profundamente dormido en el pedregoso suelo.

─ Por eso no quería que viniera ─murmuró Snape, previendo el cansancio del chico. Con una floritura de su varita, acomodó la capa del rubio de forma tal que estuviera bien cubierto y continuó observando el nocturno paisaje. Estaba atento a cualquier aparición, sin embargo no podía evitar sentirse "hechizado" por el lugar.

Por alguna extraña razón, aquel lugar reflejaba una paz jamás pensada y transmitía un equilibrio que, en todos sus años en el mundo mágico, jamás había percibido. Daba la sensación de que, a pesar de lo lúgubre y tenebroso de su bosque guardián, la maldad no era algo que rondara en él. Emociones difíciles de explicar y más aun de definir.

Dirigió la mirada a su castaña quien permanecía en su regazo, cubierta con una gruesa capa. Acarició su fría mejilla, retirando a su paso algunos mechones castaños de su cara. Suspiró largamente, pensando en las posibilidades de lograr su objetivo. A pesar de las esperanzas que estaban albergadas en su interior, bien sabía que había grandes posibilidades de fallar en el intento. Todo dependía de encontrar a un ser que estaba desaparecido desde siglos y que quién sabe dónde demonios estaría vagando en esos momentos. La única referencia que tenían era ese lago y ya llevaban varias horas sin novedad alguna. Tenía que admitirlo, una parte de él compartía la incertidumbre de su ahijado, tonto si no la tuviera en las circunstancias que se encontraban.

─ ¿Dónde estará la Dama del Lago? ─preguntó para sí mismo mientras miraba la radiante luna.

Y como una respuesta a su interrogante, unas especies de esporas de un azul brillante comenzaron a ascender, para desconocimiento del pocionista, del fondo del lago; subiendo en espiral hasta el centro del mismo. Al tocar éste, una fuerte luz se hizo presente, cegando a quien estuviese por los alrededores.

Para cuando Snape tuvo la oportunidad de mirar nuevamente hacia adelante, se percató que una ovalada luminiscencia estaba parada sobre el agua. Con cuidado colocó a la heredera en el suelo, se levantó y se acercó a la orilla. Al hacerlo pudo vislumbrar que el resplandor provenía de una hermosa mujer de cabello rubio y tez pálida que miraba la luna con notable alegría.

"Es ella" pensó el slytherin con satisfacción y alivio a la vez. Quiso llamar la atención de la sacerdotisa, con un grito nada cortés por ejemplo, pero no fue necesario. Solo con tocar, sin querer, con la punta del calzado una minúscula porción de agua fue suficiente para que la ancestral Nimue mirara en dirección al mago. Después de unos segundos de escrutadora observación por parte de la mujer y de imperturbabilidad por parte de él, la Dama lo miró con curiosidad antes de preguntar con melodiosa voz.

─ ¿Quién es usted?

─Mi nombre es Severus Snape, pocionista del Tridium ─respondió con seguridad y con una breve reverencia.

La mujer lo miró desconcertada─. ¿Un colaborador del Tridium? ─el mago mostró su dorado anillo, a lo que una sonrisa curiosa adornó instantáneamente el femenino rostro─. Y después de tantos siglos de ausencia ¿A qué se debe tan… inesperada presencia?

─Bien sabe que el Tridium no es afín a intervenir en territorios ajenos a su jurisdicción a menos que sea estrictamente necesario. Y créame que la situación que me trae hasta sus tierras no escapa a esta condición ─respondió con una calma envidiable. Sonrió internamente al ver por unos microsegundos como la curiosidad de la mujer aumentaba.

─Si quería despertar mi curiosidad con tan selectivas palabras, entonces debo felicitarlo, señor Snape, ha hecho un fantástico trabajo. ─el pelinegro no le agradó la ironía de su comentario, mas ya se lo esperaba. Aquella misteriosa mujer poseía la sabiduría del tiempo a su favor y bien sabía que sus respuestas podían servir como armas de doble filo. Aun así, no se amedrentaría por tal desventaja, ese sería un gran error ante seres como la antigua dama que estaba delante de él con una divertida sonrisa en su juvenil faz─. Usted es un hombre inteligente, lo puedo ver su mirada y como tal, sabe que espero una satisfactoria explicación que demuestre que sus anteriores palabras valen la pena.

El ex mortífago la miró fijamente, analizando la exigencia que había detrás de sus palabras. Tras un breve y tenso silencio, asintió en dirección a la Dama e hizo un grácil movimiento de varita─. Este es el motivo de mi visita.

Nimue frunció el ceño al ver como el mago recibía en sus brazos el cuerpo de una joven. La miró con detalle, buscando algún rasgo familiar que pudiera ayudar a identificarla, todo bajo la expectante vista del pocionista. Sin embargo no encontraba nada que le indicara que era conocida. Estaba por preguntarle quien era cuando sus orbes verdes notaron la presencia de un más que conocido anillo en su dedo medio derecho.

─Por Ávalon… ─susurró casi inaudible, aún sin creer que el día que estaba esperando ansiosamente había llegado.

─Por su expresión, he de suponer que sabe quién es.

La bruja fijó su mirada nuevamente en el mago, desconcertándolo al verla sonreír con inusitada alegría─. ¿Cómo no reconocer a mi heredera, señor Snape?

─ ¿Su heredera? ─inquirió con una ceja alzada. Contempló un momento a su castaña para dirigir nuevamente su atención a la sacerdotisa─. Tal parece que tenemos una confusión. Ella es la heredera de Merlín, no es…

─Sé perfectamente de lo que estoy hablando. ─lo cortó sin perder su buen humor─. Ella es la heredera de Merlín, pero también es mi heredera. Ella tiene, literalmente en sus manos, nuestra sangre y por consiguiente parte de nuestro poder. Es, por esencia mágica, nuestra hija. Si usted vino hasta aquí es porque no es ignorante de esta información, ¿o me equivoco? ─inquirió con un deje de burla.

─La historia relata de la presencia de su sangre en el anillo, mas no implica que a través de ella obtenga su poder. Su sangre bien puede ayudar a aumenta, disminuir o neutralizar algún efecto en la gema, en ningún momento se especifica la transferencia de sus poderes. Pero usted no es ignorante de esta información ¿o me equivoco? ─replicó el mago con mordacidad, mordiéndose su viperina lengua para no soltar un comentario mayor, digno de su ácido repertorio.

Touché. ─la bruja sonrió complacida─. Convenientemente la historia no menciona ese pequeño detalle. Pero volviendo a lo que nos concierne, ¿Por qué está aquí con ella? ─preguntó con falsa inocencia.

Severus bufó, su poca paciencia se estaba acabando─. No se haga la ignorante, usted mejor que nadie conoce lo que ocurre con ella. No creo que tenga la desfachatez de negar que, gracias a su sangre, tenga cierta conexión con ella.

─Bien, Snape, nuevamente vuelve a acertar ─dijo la Dama con voz cantarina─. Lo admito. Conozco el estado de sopor de la intercesora y la tormenta mágica que está ocurriendo en el anillo.

─Así que el color negro de la gema es producto de esa tormenta ─murmuró para él mismo, mas no pasó desapercibido por la mujer.

─No precisamente. Algo interrumpió la interacción del anillo con la magia de mi heredera, produciendo una retención de magia en su interior. Sin embargo, ese oscuro color no es producto de ello. ─el pelinegro la miró interrogante, por lo que la bruja continuó su explicación─. Es algo simple, señor Snape. Mientras la gema retenía la esencia mágica de mi hija, también retuvo la magia oscura transmitida hacia ella, una maldición posiblemente.

"La maldición asesina" fue lo primero que pasó por la mente del ex mortífago. Y su expresión se ensombreció aún más al ver las múltiples cicatrices en el cuerpo de su castaña, algunas producidas sin duda por la maldición Cruciatus.

─Intentaron asesinarla con la maldición asesina ¿no es así?

El hombre salió de sus oscuros pensamientos, mirando nuevamente a la antigua bruja que había borrado todo rastro de alegría en su rostro, él solo se limitó a confirmar su interrogante con un asentimiento de cabeza.

─Para mi desgracia, no puedo protegerla como quisiera. El Tratado de Equilibrio mágico no me lo permite. Afortunado mi querido Merlín que no llegó a conocer a profundidad las penurias de la longevidad ─suspiró mientras negaba con la cabeza─. Pero al menos me reconforta el saber que puedo ayudarla en su difícil despertar. ─extendió ambos brazos en dirección al slytherin─. Entréguemela.

El mago dio un paso atrás, más por instinto que por decisión propia. Era difícil de aceptar pero, el miedo que lo recorría en esos momentos al pensar en perder nuevamente a su castaña era atroz. Si, el doble espía e "insensible" Severus Snape tenía miedo de perder algo. Nunca tuvo nada que perder, ni siquiera puede incluir a Lily en tal sentimiento porque, simplemente, no se puede perder algo que nunca fue suyo. Ahora que conocía por experiencia el sentido de pertenencia, haría todo lo posible por mantenerlo.

─Sé lo que está pensando, padrino, y créame cuando le digo que el temor es mutuo.

El mago giró bruscamente, encontrándose con un somnoliento Draco que sacudía su capa pesarosamente─. Sé que teme perderla nuevamente pero, si no la sacamos pronto de su letargo, de igual forma la perderemos. ─el rubio miró en dirección a la calmada bruja─. Además, ella no le haría daño a su heredera. De eso estoy seguro.

─El joven tiene razón, yo no deseo hacerle daño a quien por magia es como mi hija. Si no la despertamos pronto, la magia retenida terminará destruyéndola. ¿Es eso lo que quiere? ─Snape negó con la cabeza─. Entréguemela por favor. Permítame cumplir con mi deber.

Después de unos minutos reflexivos, y tras un nuevo movimiento de la varita del pelinegro, el cuerpo de la sucesora de Merlín comenzó a flotar hacia los brazos de la rubia.

─Sin duda eres una joven hermosa, mil veces malditos quienes quisieron arruinar tu belleza con estas cicatrices ─exclamó molesta mientras acariciaba la mejilla de Jessica─. Pero no te preocupes, mi pequeña, que ellas no son problemas para mí poder.

Ambos magos se pusieron tensos al ver como la Dama del Lago se hundía con la heredera en una radiante luz, pero conservaron la calma al repetirse una y otra vez que era solo por su bienestar. Al desaparecer de su vista, un silencio cargado de incertidumbre se instauró en el ambiente.

─ ¿Cuánto tendremos que esperar? ─preguntó el rubio mientras se acercaba a la orilla del lago, al lado de su padrino.

─No lo sé. Todo depende de cómo filtrará la magia retenida.

─ ¿A qué te refie…?

Una fuerte luz azulada proveniente del fondo del lago seguido de algunas perturbaciones interrumpió la pregunta del joven slytherin.

─ ¿Qué demonios es eso?

El pocionista abrió los ojos desmesuradamente al darse cuenta de lo que estaba por ocurrir.

─ ¡Debemos alejarnos del lago ahora mismo!

Sin darle oportunidad de réplica, el mago se llevó a rastras a su ahijado hasta esconderse detrás de un grande, fuerte y grueso árbol.

─ ¿Me puedes explicar qué demonios está pasando? ─exclamó el chico al ver que su ex profesor estaba invocando una protección perteneciente a su anillo.

─La Dama se llevó a Jessica hasta el fondo del lago por una razón: va a provocar una expulsión rápida de magia en el anillo.

─ ¿QUÉ? ─Draco lo miró horrorizado─. ¿Acaso tantos siglos la volvieron loca? ¡Liberar todo ese poder en un solo movimiento, aún desde la profundidad del lago, es arriesgado!

Ambos magos se giraron al ver como las criaturas huían despavoridas de las cercanías del lago al presentir el peligro al que estaban expuestos. Ni bien habían llegado a terreno seguro cuando unas pequeñas ondas comenzaron a surgir del lago.

─ ¿Estás seguro que este escudo resistirá? ─inquirió nervioso el ojigris al ver como algunos árboles de mecían peligrosamente de un lado a otro.

─ ¿Acaso me crees tan idiota como para estar cerca de una peligrosa explosión sin contar con la protección debida? ─gruñó el mago mayor sin dejar de ver el intermitente lago.

El rubio platinado iba a replicar cuando un desgarrador grito inundó todo el bosque seguido de una fuerte ondas que arrasaba con lo que estuviera a su paso. Al chocar con la protección, ambos cayeron estrepitosamente por la fuerte colisión. Varios estruendos se escucharon a los alrededores, producto de que varios árboles, al igual que ellos, no corriendo con la suerte de permanecer en pie. Una segunda expulsión, más fuerte que la anterior, realizó el mismo recorrido seguido de varias ondas de menor potencia, logrando esta vez debilitar a los árboles de mayor fortaleza.

─ ¡No creo que este árbol resista una tercera expulsión de ese nivel! ─gritó Malfoy a través del bullicio.

─ ¡Ni se te ocurra moverte de donde estas, Draco! ¡Es preferible arriesgarse con este árbol que exponerse directamente a esa expansión de energía!

El rubio asintió y se quedó agachado en su sitio. Confiaba en su padrino, él mejor que nadie conocía modos de sobrevivir ante este tipo de situaciones peligrosas. Después de algunos minutos de tensión y de pequeñas réplicas, la calma regresó al lugar.

─Mierda. ─fue lo único que pudo decir el ojigris al llegar nuevamente a las cercanías del lago, luego de que el pocionista le asegurara que era seguro acercarse. El bello y enigmático paisaje, digno de apreciación y admiración, era ahora un panorama de destrucción y desolación─. Definitivamente la Dama del Lago es una maldita loca.

─Draco. ─lo reprendió el pelinegro─. No creo que Narcissa te haya educado con semejantes modales hacia una mujer.

─Bien, corregiré mi expresión: la Dama del Lago es una eminencia en el arte de la destrucción y en el asesinato a gran escala. ¿Suena mejor así? ─espetó sarcástico, a lo que el slytherin mayor bufó y negó con la cabeza─. ¡Al menos tenía que avisarnos con anticipación que demonios tenía en mente! Y hablando de la reina de Roma… ─dijo mientras miraba en dirección al lago.

Las azuladas esporas nuevamente ascendieron, esta vez bajo la ansiosa mirada de los magos, revelando el ya conocido resplandor de la sacerdotisa.

─Me alegra saber que sobrevivieron a la tormenta ─dijo Nimue con voz afable.

─Sí, claro.

Severus reprendió a su ahijado con la mirada, a lo que el rubio decidió seguir mirando los destrozos a su alrededor.

─Lamento no haberles advertido, pero fue una decisión improvisada.

─Aun así provocó las perturbaciones para que tomáramos las precauciones correspondientes. Se lo agradezco.

La bruja asintió, complacida de que el mago descifrara con tiempo su imprevisto mensaje─. Creo que les alegrara escuchar que este mal momento valió la pena. ─la mujer acarició por última vez la mejilla de la intercesora antes de regresarla a los brazos del pocionista─. Ha quedado muy débil, mágica y físicamente. Su núcleo mágico estará inestable por un tiempo, pero nada de qué preocuparse. ─el mago suspiró aliviado─. Confío plenamente en que en mejores manos no estará.

─ De eso puede estar segura.

La Dama esbozó una sonrisa pícara─. Lo sé.

El hombre fijó su mirada en la castaña, incómodo por la pequeña indirecta. La mujer soltó una risita antes de volver a hablar─. Fue un gusto conocerlos caballeros, pero ya debo retirarme. Mi amada luna poco a poco está desapareciendo, yo también debo hacer lo mismo.

─Gracias por su ayuda.

La bruja asintió para después comenzar a sumergirse, no sin antes de darle un rápido vistazo a su hija mágica.

"Descansa, mi pequeña. Pronto nos volveremos a ver" Y con este pensamiento, regresó a las profundidades de su hogar.

Después de unos cómodos minutos de silencio, ambos magos decidieron que ya era hora de partir. Ambos satisfechos de haber logrado el objetivo, pero con una nueva interrogante: ¿Qué nuevo obstáculo tendrán que superar?


Nos leemos después. Saludos :)



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