Historia al azar: Profesores Enamorados
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El comienzo de una nueva vida II » Una oportunidad
El comienzo de una nueva vida II (R13)
Por Samaria-Reed
Escrita el Miércoles 10 de Mayo de 2017, 18:05
Actualizada el Martes 15 de Septiembre de 2020, 17:54
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Una oportunidad

Ministerio de Magia

─Buenas tardes.

─Buenas tardes, señor Potter ─saludó Martha con una sonrisa─. ¿Necesita algo? ─preguntó mientras seguía en su tarea de embalaje. Debido a la ausencia permanente de la intercesora, la Oficina de Intercesión había sido cerrada, ordenándose inmediatamente su desmantelamiento.

─En realidad... ─el chico se recostó en el marco de la puerta─. Venía a hacerle unas preguntas.

La secretaria cerró la caja con un hechizo de sellado y prestó toda su atención al joven mago─. ¿Preguntas? ¿A mí?

─En efecto. ─Harry se adentró en la oficina, observando lo poco que quedaba en ella antes de fijar nuevamente su mirada en la veterana mujer─. Usted, al parecer, fue la última persona que estuvo en contacto con la intercesora en el ministerio. Por lo tanto, quizás tenga algún dato que nos ayude a esclarecer este desastre.

─Bueno, en realidad no tengo mucho que decirle que ya no haya dicho. La señorita Rosenbaum me había informado que tenía planificado quedarse a la hora del almuerzo y después ir a una reunión que tenía pautada en el Consejo, pero salió antes de la hora y no informó a donde iba.

El moreno se acercó a unos de los sillones que todavía permanecían frente al lujoso escritorio de roble blanco y le hizo señas a la mujer para que tomara asiento─. ¿No ocurrió nada fuera de lo normal ese día?

─Pues... ─la señora tomó asiento a la vez que el ojiverde se apoyaba en el escritorio─. Ese día, en cuanto llegó la señorita Rosenbaum a la oficina, se limitó a revisar algunas documentaciones pendientes, luego salió y regresó acompaña de la señorita Greengrass con quien estuvo reunida hasta la llegada del señor Malfoy. Luego el señor Malfoy y la señorita Greengrass salieron, dejando a la señorita Rosenbaum en la oficina. Y...

─ ¿Y...? ─inquirió Harry intrigado al ver que la mujer estaba pensativa.

─Y luego..., le llegó una carta personal. Y después de eso, su Excelencia salió apresurada diciendo que tenía algo urgente que hacer y que no iba a regresar en toda la tarde.

El auror quedó totalmente pensativo, analizando las palabras de aquella bruja. Aún no sabía el motivo pero su instinto le decía que iba en muy buen camino con la investigación.

─ ¿Cuánto fue el rango de tiempo entre la entrega de esa carta y la salida apresurada?

─Fueron como unos cinco minutos si mal no recuerdo.

"Así que cinco minutos..." pensó interesado el-niño-que-vivió-dos-veces-para-vivir-otra-guerra por la peculiar información. Se apartó del escritorio y comenzó a mirar por los alrededores.

─ ¿Y por casualidad no encontró la misiva mientras estaba guardando?

La bruja lo miró desconcertada pero de igual forma respondió─. Como bien se puede dar cuenta, todavía me falta por guardar algunas cosas, señor Potter ─respondió mientras señalaba toda la oficina─. Pero hasta ahora no he encontrado esa carta.

Harry llegó nuevamente al escritorio y abrió uno de los cajones, encontrándose con varios documentos.

─Señor Potter ¿Se puede saber que está haciendo? ─preguntó la secretaria en tono nervioso, no quería problemas con el ministro por dejar que otra persona se involucrara en la oficina, y más aún, con la documentación del senado.

─Estoy buscando... ─abrió el tercer cajón, descubriendo un sobre sin remitente─, esa dichosa carta ─"Bingo" pensó el joven mago antes de agarrarla, y sin esperar un segundo más sacó el pequeño papel que estaba adentro y comenzó a leer.

─ ¿Está usted bien señor Potter? ─preguntó Martha al ver como el Jefe del Departamento de Seguridad Mágica abría los ojos cada vez más mientras leía.

Al terminar, el moreno miró sorprendido a la mujer. Había encontrado una fantástica pista, una que le indicaba que lo más probable era que Jessica había sido víctima de un complot interno y que había oportunidad de llegar a los culpables de toda esta situación. Al menos ya tenía un punto de partida y eso era primordial. Con una profunda satisfacción, guardó aquel pedazo de papel en su bolsillo y se dirigió raudo hacia la puerta, dejando a la secretaria en un momento de confusión.

─Siguiente parada: Oficina de Investigaciones.


Severus Snape se apareció en el vestíbulo "A" del palacio, una amplia habitación destinada a recibir las apariciones especiales al reino y en donde, al igual que otras estancias, el blanco era el único color reinante en el lugar. No era la primera vez que se aparecía allí, pero sus ojos al parecer nunca se iban a acostumbrar al radiante brillo de la inmaculada estancia. Sin querer quedarse ciego un minuto más, salió presuroso hacia su principal objetivo: la sala del trono asariano.

El Tridium era el único que conocía a ciencia cierta la historia del Anillo de Merlín, y sólo ellos podían darles las respuestas que él necesitaba. Podía haberle preguntado a cualquiera de los reyes, pero el pocionista sabía que la única que se podía mostrar comprensiva en estos momentos y responderle sin problemas era la reina Marian. Y su resolución tomó más fundamento al ver la agitación que se respiraba en el reino. Si así se encontraba Asarath que era el reino más pacífico de la unión, no se quería ni imaginar lo que estaba pasando en los otros reinos.

─ ¡Señor Snape!

El mago se giró para ver quien lo llamaba, sorprendiéndose al ver a la princesa Selene caminar apresurada hacia él.

─Alteza ─saludó el hombre con una breve reverencia al llegar la joven hasta él, siendo respondido con el correspondiente saludo.

─Su visita me confunde, señor Snape. Después de lo que pasó, no lo esperaba por el reino. No de momento al menos. ─la joven esbozó una sonrisa triste─. Lamento su pérdida. Era de mi conocimiento su relación con Jessica.

─Lo sé y agradezco sus... condolencias ─expresó el mago con su ya acostumbrada impasibilidad. Agradecía internamente tantos años de espionaje, aún con su mente exhausta era capaz de mostrar su fría máscara sin mayores dificultades─. Necesito hablar con su majestad inmediatamente.

─Mi madre no está en condiciones de atenderlo, se encuentra con una fuerte depresión post-traumática ─suspiró sonoramente─. Ver el cuerpo de Jessica fue un fuerte shock para ella.

El mago enarcó una ceja, levemente desconcertado por la explicación de la joven soberana─. ¿Su majestad vio el cuerpo de Jessica?

Selene asintió─. Ayer recibieron una nota que citaba a los tres soberanos en una mansión al sur de Inglaterra, diciéndoles que Jessica estaría allí a la hora que les fue indicada. Y como usted y ella se estaban comportando de forma sospechosa, decidiendo acudir a la convocatoria. Esperaban muchos escenarios, pero jamás imaginaban encontrarse con semejante revelación.

El mago la miró desconcertado─. ¿Una nota? ─la princesa asintió─. ¿De quién era la nota?

─Aún no lo sabemos pero, quien sea quien haya sido, sabe muy el mecanismo de emisión y recepción del Consejo.

"Los mortífagos tienen en su poder más conocimiento del que pensamos, Severus. Y esa es una realidad alarmante" le había dicho Jessica antes de ir a la reunión de la Orden. Ahora entendía hasta qué punto era la gravedad de la situación.

─Y yo que pensaba que la agitación era porque el ministro de magia se había encargado de comunicárselos. ─se dijo con ironía.

─Pues pensó mal ─respondió la ojiverde al escucharlo-. Y por lo que da a entender, también desconoce de la declaración de guerra que el Tridium le hizo al mundo mágico.

Severus palideció, la princesa tenía razón. Había estado tan sumido en su rabia y en su dolor que no le interesó saber nada más.

"Concéntrate, Severus, recuerda a que has venido. Después te informarás mejor de lo que está pasando" le gruñó su conciencia.

El pelinegro negó con la cabeza varias veces para despejar su mente. Su conciencia, por más egoísta que fuera, tenía razón. A pesar de los desafortunados acontecimientos, él tenía sus prioridades definidas.

─En ese caso ahora más que nunca necesito hablar inmediatamente con su majestad. Al parecer..., está ocurriendo una situación extraña con Jessica.

─ ¿A qué se refiere? ─preguntó intrigada.

Snape respiró profundo antes de proseguir, rogando internamente que lo dicho por su ahijado fuera cierto.

─El anillo de Merlín aún está en el dedo de su dueña.

─ ¿Qué? ─la chica estaba perpleja. ─Eso..., eso es imposible.

─Pues no lo es, alteza. Y es por ello que estoy aquí, requiero de respuestas y sólo los reyes pueden dármelas ─replicó el mago con voz firme.

El desconcierto y la incredulidad se reflejaban claramente en el rostro de la joven asariana. "Eso no puede ser cierto" se decía una y otra vez. La historia era clara; al morir el dueño del anillo podían ocurrir uno de dos escenarios: o el anillo pasaba automáticamente al descendiente del dueño anterior o, en caso de no existir ningún sucesor de sangre, regresaría a tierra asariana hasta la llegada de su nuevo heredero.

Jessica no había llegado a tener descendiente alguno, lo que significaba que...

─Si es cierto lo que me está diciendo, no encontraremos el anillo en el cofre. Acompáñeme. ─le dijo al pocionista al ver su expresión interrogante. Y éste, después de pensarlo un momento, la siguió.

Después de caminar varios minutos, llegaron frente a una gran puerta doble de estructura plateada y la cual era custodiada por dos magos quienes, al percatarse de la presencia de la heredera asariana, se posicionaron firmes en sus puestos.

─ ¡Honor y gloria a la gran Asarath!─ saludaron a unísono.

─Abran inmediatamente las puertas─ ordenó la joven con voz firme.

─La palabra es fuerza y contraseña─

─Rouleus Mitris─ respondió calmada la indirecta pregunta de seguridad.

Los guardias asintieron y levantaron sus blanquecinas varitas en dirección a la imponente entrada. Tras dibujar con ellas varias formas mágicas, la puerta se abrió lentamente, mostrando otra inmaculada sala; pero, a diferencia de las demás, ésta era de forma ovalada y en su centro se encontraba un altar ocupado por un ostentoso cofre platinado.

Severus siguió nuevamente a la asariana, quien se adentró con altivez en el lugar hasta llegar al motivo por el cual aquella sala era protegida minuciosamente.

Selene acarició el estuche con infinito cuidado y con el respeto que merecía, aquella reliquia llevaba muchos siglos bajo la custodia de su reino y era uno de sus mayores orgullos. Sus antecesores habían jurado resguardar aquella joya hasta la llegada de su heredero y así había sido, demostrando una vez más que Asarath era un reino de palabra. Dejándose llevar por la curiosidad, abrió lentamente la caja. Después de unos interminables segundos la cerró, adoptando una expresión neutra en su rostro. Con cierta gracia dio vuelta y miró al sorprendido pocionista fijamente.

─ ¿Y bien? ¿Me puede explicar que está pasando? ─habló Severus con su sedosa e impasible voz, aunque por dentro se estaba muriendo de la impaciencia.

─Sinceramente no sé qué decirle ─respondió Selene levemente aturdida por la situación─. Lo que sí sé es que tiene razón en algo. Tenemos una conversación pendiente con mi madre.

La descendiente asariana se dirigió a la salida acompañada del mago con la determinación de plantearle a su progenitora la nueva situación. Bueno, eso era lo que tenía planeado. Lo que no tenía en mente era que, al salir, Samantha estuviese esperándolos afuera de la restringida sala.

Severus se quedó mirando detenidamente a la pequeña. Todavía recordaba aquel día en que aquella niña se había adentrado con facilidad en su alma con solo mirarle a los ojos, y como su intrusión no pasó a mayores gracias a que Jessica intervino a tiempo. Si comparaba a la Samantha de antes con la Samantha de ahora, se podía notar la madurez que había adquirido en los últimos meses.

─Samantha ¿Qué haces aquí? ─preguntó Selene, sin embargo no recibió respuesta ya que la pequeña rubia miraba fijamente al mago. La princesa frunció el ceño, esa actitud no la esperaba de ella─. ¿Samy?

─Al fin lo veo nuevamente, señor Snape ─dijo la niña con voz calmada─. Lo estaba esperando.

Severus enarcó una ceja, eso definitivamente no se lo esperaba─. ¿Estaba... esperándome?

Samantha asintió, esbozando una satisfecha sonrisa.

─ ¿Y para qué lo querías ver, Samantha? ─ahora era Selene la que estaba sorprendida.

─El anillo aún está en manos de Jessica ¿no es así?

La asariana y el pocionista se miraron brevemente entre sí para luego fijar nuevamente la mirada en la joven oráculo que los observaba divertida.

─ ¿Cómo...?

─Soy un oráculo, señor Snape. Todo lo predestinado es de mi conocimiento.

"No la subestime, a pesar de su edad posee un poder sensorial y una sabiduría extraordinaria" recordó las palabras de su castaña. Si eso era cierto, entonces quizás aquella mocosa arrogante podía otorgarle las respuestas que necesitaban, respuestas que probablemente le devolverían la única luz que la vida le había otorgado. Dejando de lado su orgullo y su fuerte actitud, se acercó sosegadamente a la niña y se colocó a su altura.

─ ¿Sabe que fue lo que le ocurrió a Jessica? ─Samantha asintió.

─Esa fue la premonición que te asustó ¿no es así? Viste la muerte de Jessica ─dijo Selene, la niña volvió a asentir.

─ ¿Existe alguna posibilidad de recuperarla? ─preguntó el mago con nerviosismo.

Todo su ser rogaba que hubiera una oportunidad para recuperar a su princesa, no importaba si era una muy pequeña, él era capaz de todo con tal de hacer valer ese minúsculo acierto. Un gran suspiro salió de sus labios al ver como la niña volvía asentir con una sonrisa. Colocó ambas manos en ambos hombros de la infanta y la miró a los ojos, sin importarle que su alma quedara al descubierto. En dado caso sería mejor que la viera, así se daría cuenta del sufrimiento que lo estaba consumiendo por haber perdido lo único que le daba sentido a su existir, y la angustia que lo asfixiaba por no saber cómo poder recuperarla. Y sin poder evitarlo, esa angustia se vio reflejada en su voz al dirigirse nuevamente al oráculo.

─Dígame cómo puedo ayudarla, como puedo recuperarla.

Samy colocó una mano en la mejilla del mago y lo miró con aquella ternura característica de los niños─. Sufre mucho por su ausencia, su corazón llora por no tener a su dueña cerca y la culpa le consume al pensar que su pasado fue el causante de esta tragedia. No hay nada más alejado de la realidad que ese pensamiento. ─el mago la miró interrogante─. Lo siento, pero no es a mí a quien le corresponde sacarle de ese error ─retiró la mano de su mejilla y su azulada mirada se transformó en una inusual seriedad, dejando a Severus y a Selene desconcertados por el repentino cambio─. El anillo fue creado con la ayuda de los tres reinos guardianes, utilizando las habilidades de cada lugar. Sin embargo, su núcleo está formado por la sangre de dos seres mágicos, y solo ellos pueden despertar a la intercesora de su súbito letargo.

Selene se acercó con presteza a ellos─. ¿Quieres decir que Jessica no está muerta?

─Así es. No sé a ciencia cierta que ocurrió, pero todo indica que algo ocurrió con el anillo, y ese algo resguardó la vida de Jessica.

─Y para lograrlo produjo que se sumiera en un estado cataléptico ─complementó el mago con una gran sonrisa en su interior a lo que Samantha asintió por quinta vez.

─ ¿Y dices que solo ellos pueden despertarla?

─Así es.

Severus regresó nuevamente a su altura y se acercó en un pestañeo a la rubia mayor─. ¿Sabe quiénes son esos seres?

─Por supuesto, es mi deber saberlo. ─La asariana estaba pensativa, analizando las palabras de la ojiazul─. No obstante, ese conocimiento no facilitará las cosas como lo esperamos ya que uno de esos seres dejó de existir hace mucho tiempo, lo cual nos deja con un ser de ayuda. Y no bastando con ello, la otra persona es..., un tanto complicada de encontrar.

El pelinegro frunció el ceño─. ¿A qué se refiere? ¿Quiénes son ellos?

La princesa se acomodó su dorada cabellera antes de responder─. El ser que dejó de existir, es el mago Merlín. Y el otro ser fue la sacerdotisa Nimue.

─ ¿La Dama del Lago?

─Ella misma.

Ahora el ex profesor quedó pensativo. Había escuchado de la legendaria bruja en diversos escritos en donde la identificaba como la luz de la magia en comparación a su hermana Morgana quien representaba a la oscuridad del poder. Era conocido que habitaba en el bosque de Brocelianda; mas también era conocido que solo pocos mortales tuvieron el honor de verla personalmente y que nadie ha sabido de ella desde hace siglos. ¿Cómo pedirle ayuda a una persona de la cual no tenían un punto exacto de localización?

─Ella vive en el Lago de las Hadas ─dijo Samantha con una sonrisa pícara. El pelinegro la fulminó con la mirada, ¿Cómo demonios se metió a su mente sin percatarse?─. Debería aprovechar esta noche. Es la última noche de luna llena del mes, es su luna favorita, por eso le encanta salir a admirarla. ─el rostro de la niña se ensombreció─. También podría ser la última luna llena de Jessie si no se da prisa en sacarla de su letargo.

El enfado se esfumó de golpe del cuerpo del mago al escuchar esa última frase. Aquella mocosa tenía razón, la vida de su castaña estaba resguardada pero no sabían por cuanto tiempo. La Dama saldría esa noche y era su última salida del mes al parecer, lo que significaba que solo tenía una oportunidad para solicitar su ayuda, una oportunidad para salvar a Jessica y, quizás, despejar la desgracia que cubría inclemente al mundo mágico.

Miró a Samantha y ésta asintió en apoyo a su búsqueda, luego dirigió su mirada a la princesa.

─Como asariana, no deseo guerras de ninguna índole, por eso ruego a la divinidad que su búsqueda sea exitosa ─esbozó una sonrisa-. Informaré a mi madre y a mi hermano de la nueva circunstancia. Espero que la próxima vez que nos veamos, sea con Jessica a su lado.

El mago se despidió con una breve inclinación y partió inmediatamente del reino. Con algunas interrogantes resueltas y con el corazón lleno de un sentimiento poco inusual en él: esperanza.


Nos leemos después. Saludos



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