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El comienzo de una nueva vida II » Dominic Beaumont
El comienzo de una nueva vida II (R13)
Por Samaria-Reed
Escrita el Miércoles 10 de Mayo de 2017, 18:05
Actualizada el Martes 15 de Septiembre de 2020, 17:54
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Dominic Beaumont

Reino de Asarath

—Madre, aquí estamos, como lo solicitaste —anunció Elliot al entrar a los aposentos de su primogenitora, seguido de su hermana.

—Tomen asiento —ordenó la soberana asariana sin despegar la mirada de la ardiente chimenea.

Ambos hermanos se miraron desconcertados por el extraño comportamiento de su madre, sin embargo no dudaron en seguir su indicación y ocuparon algunos de los sillones instalados en la estancia.

—¿Te sientes mejor? —inquirió Selene preocupada.

Y es que, una vez terminada su conversación con Jessica el día anterior, la reina se excusó con un fuerte dolor de cabeza y se retiró a sus aposentos. Y ese día, a primeras horas, dio la orden de que Elliot estuviese a cargo al amanecer indispuesta. Pero, no solo eso había preocupado a la princesa asariana, sino también la imperativa prohibición de no ver a nadie, ni siquiera a sus hijos.

Hasta ahora.

—Sinceramente, no sé qué decir a esa pregunta.

Selene miró desconcertada a su hermano, a lo que éste dijo.

—¿La visita de Jessica tiene algo que ver? ¿Reaccionó mal a la citación?

—No habrá ninguna citación.

Ante la abrupta respuesta de su progenitora, Elliot se levantó de su asiento con brusquedad.

—¿Está verdaderamente consciente de las consecuencias que acarreará su decisión? Pensaba que estábamos de acuerdo de que era la mejor decisión.

—Tú lo has dicho, Elliot, era la mejor decisión.

Selene jadeó sorprendida cuando Marian giró en dirección a ellos, mientras que Elliot frunció el ceño desconcertado. Cansancio era lo que se expresaba en la faz de la reina, su tez presentaba una extraña palidez que acentuaba a su vez las oscuras bolsas bajo sus ojos. Pero lo que más impactaba era la profunda tristeza que reflejaban aquellos ojos verdes.

—¿Pero qué...?

—¿Qué ocurrió, madre? —exigió Selene, levantándose de su sitio—. Primero, Jessica se presenta con una expresión nada alentadora y luego se va como alma que lleva el viento; y luego nos dicen que te sientes indispuesta, sin querernos recibir, para al final ¿encontrarte alicaída? ¿Qué pasó?

Marian miró de hito en hito a sus hijos antes de suspirar cansinamente y asentir.

—Está bien, pero tomen asiento, hay una historia que tengo que contarles para que comprendan lo que está pasando.

—¿Una historia? ¿Sobre qué?

—Su tío Dominic no murió como todos piensan.

Elliot frunció el ceño confundido—. ¿A qué te refieres, madre?

—Me refiero…, a que mi hermano se autoexilió.

*FLASHBACK*

"Tú serás la próxima gobernante una vez que te cases ¡y es una decisión tomada!"

Aquella frase se repetía una y otra vez en la mente de Marian mientras caminaba presurosa a la habitación de su hermano, con la esperanza de que él aun estuviese allí.

No podía entender como su mundo, de un momento a otro, se volviera al revés. Primero, su hermano, desde el día anterior, presentaba una actitud hermética y tomando una decisión tan brusca como el auto exilio; su madre encerrada en su habitación sin querer recibir a nadie y sin hacer nada para impedir la partida de Dominic, y su padre aceptando tan nefasta y absurda decisión sin replicar. Nada tenía sentido, todo parecía una pesadilla, pero desgraciadamente era su realidad.

Al llegar frente a su objetivo intentó girar la manilla de la puerta, pero ésta no cedió, revelando que su hermano aún seguía allí.

—¿Dominic? —dijo Marian después de tocar dos veces la puerta de la habitación—. Dominic, abre por favor, tenemos que hablar.

—Retírate, Marian.

—¡No me voy a ir a ninguna parte hasta que hablemos! —Vociferó la pelinegra—. ¡Merezco saber que está pasando! ¡Quiero saber por qué…! —la voz se le entrecortó al no poder contener más el llanto—. ¡¿Por qué mi hermano me quiere dejar sola?!

Al cabo de unos minutos, mientras Marian lloraba desconsoladamente en la entrada del cuarto, un joven de cabello castaño oscuro y de ojos azules abrió la puerta. Su rostro denotaba cansancio, abatimiento y una profunda tristeza.

—Entra.

Marian jadeó sorprendida al entrar y ver el desastroso estado en el que se encontraba la habitación. Muebles rotos, vidrio en el suelo, objetos desperdigados en la estancia, la cama descolocada, cuadros rasgados…

—Dominic ¿Qué ocurre? —dijo con voz temblorosa, una vez que ambos estaban dentro del privado cuarto—. No entiendo la decisión de nuestro padre, y tampoco quiere explicarme, y…

—Ese es el problema —espetó Dominic con frialdad—. Gerarld Beaumont no es mi padre.

—Entiendo que, por alguna razón, estés molesto con él; pero no significa que digas…

—Estoy hablando muy enserio, Marian —siseó él, acercándose poco a poco a su hermana—. Él no es mi padre biológico, y como no soy su hijo, no puedo ser el futuro sucesor al trono.

La ojiverde lo miró inexpresiva—. No bromees con eso.

—¿Tengo cara de estar bromeando?

—Eso es imposible —susurró aturdida.

—Eso pensaba yo —espetó él—. Pero nuestra madre me lo confirmó, soy fruto de un error de juventud.

Eso fue lo último que escuchó la princesa asariana, ya que segundos después perdió la conciencia.

*FIN FLASHBACK*

Selene miraba a su madre, impactada por tal revelación, mientras que Elliot solo estaba pensativo. Al ver que ninguno de sus hijos se animaba a decir algo, Marian prosiguió con su relato.

—Para cuando desperté, Dominic me explicó que, al enterarse de la repentina decisión de mi padre, le exigió una explicación sobre su inesperado cambio. —Marian tomó asiento al lado de su hija, quedando frente a su sucesor—. Una réplica llevó a otra y terminaron discutiendo, allí fue cuando mi padre le reveló la verdad; y para demostrarle que no mentía, le mostró que su nombre no aparecía en el árbol mágico asariano.

—Solo los descendientes de sangre real pueden optar al trono —murmuró Selene, recordando una de las condiciones de sucesión.

La reina asintió en respuesta al escuchar aquella frase—. Al parecer, mi madre en su juventud no quería casarse con mi padre, por lo que decidió llevarle la contraria a sus padres con una aventura amorosa a las afueras del reino…, pero sin pensar en las consecuencias. —Marian suspiró cansada—. A mi padre no le importó, la amaba y la aceptó sin reproches.

—Pero, desgraciadamente, mi padre no pensó en lo que ocurriría cuando mi hermano cumpliera la mayoría de edad y tuviera que realizar el ritual de presentación, por lo que, antes de que quedara al descubierto el secreto, designó a mi hermano la comarca norte.

—Tuvo que ser horrible para él —murmuró Selene con pesar—. Debió ser muy humillante que, al ser conocido como el primogénito del rey y futuro soberano de nuestro reino, se le asignara de un momento a otro una comarca.

Marian asintió—. Creo que ese sentimiento, y el pensar en lo que sería su vida en Asarath después de que se anunciase tal decisión, lo llevó a irse y no mirar atrás.

—Y… ¿desde entonces no supiste más de él?

—Tardamos un año en localizarlo —le respondió la reina a su hija—. Tanto mi madre como yo le enviamos varias cartas, pero no tuvimos respuesta de él hasta tres años después donde nos reveló que estaba trabajando para el ministerio de magia francés, que se había casado con una joven llamada Madeleine Whitworth, que era padre de mellizos, y que era feliz en su nueva vida por lo que nos pedía que ya no le escribiéramos más; que hiciéramos de cuenta que… estaba muerto.

Selene jadeó horrorizada—. ¡Qué horrible!

—Desde ese entonces mi madre entró en una fuerte depresión y, a los pocos meses, murió. —Marian suspiró pesarosa—. Mi padre intentó seguir adelante, pero la temprana ausencia de mi madre fue un fuerte golpe para él, al punto de abdicar del trono dos años después de nuestra pérdida.

—Madre —intervino Elliot—. Es muy lamentable lo que nos cuenta, en serio que sí, pero ¿Qué tiene que ver todo esto con lo ocurrido con Jessica?

—¡Elliot! ¡Por Alinor, no seas tan insensible! —le regañó la rubia abrazando a su madre, a lo que la aludida solo le dio un beso en la mejilla y le palmeó con cariño una de sus piernas.

—No te preocupes, querida, comprendo la inquietud de tu hermano —dijo con voz calmada antes de fijar la mirada en su primogénito—. Tiene todo que ver, Elliot, ya que todo indica que nuestra familia es responsable de los desastres acaecidos en el mundo mágico y en las fronteras del Tridium.

—¿Estás queriendo decir que nuestro tío es el responsable del caos en el mundo mágico? —dijo Selene, atónita por la revelación.

—¡Dominic no está involucrado! ¡Él…! —Marian inhaló y exhaló profundamente, tratando de calmar las ganas de llorar—. Él murió, probablemente hace años que falleció.

—¿Y cómo está tan segura de ello, madre? —inquirió el heredero asariano con cautela. No quería herir los sentimientos de su progenitora, pero tampoco podía olvidar que era un tema que debía tratarse con el mayor detalle posible.

—Mi padre, a pesar de su autoexilio, no lo eliminó del registro familiar; por lo que su huella mágica, en caso de estar con vida, estuviera aun dorada en el libro, pero…

—Está de color azul —terminó Selene por ella.

Marian asintió con tristeza a su hija y miró a su primogénito—. Los mellizos que tuvo mi hermano con su esposa deben tener alrededor de veinticuatro o veinticinco años que, por las características que dijo Jessica, fueron quienes la secuestraron, torturaron e intentaron matarla.

—Pero eso no quiere decir que sean ellos…

—Jessica me dijo que ambos tenían varitas cristalinas —cortó la réplica de su sucesor—. Esa fue la principal indicación de que pertenecían a nuestra familia; y es posible porque yo les envié a mis sobrinos una varita cristalina a cada uno cuando me enteré de sus nacimientos.

—¡Pero qué hiciste, madre! —Estalló Elliot horrorizado, levantándose con brusquedad de su asiento—. ¡Solo la familia real asariana puede portar esas varitas!

—¡Ellos también pertenecen a la familia real! —vociferó Marian indignada—. Así sea que Dominic renunció a permanecer en Asarath ¡Sus hijos son mis sobrinos! ¡Son sus primos! ¡Son de nuestra familia! Por lo tanto, merecen portar esas varitas.

—Podrán ser de nuestra familia, pero no pertenecen a la realeza asariana —espetó Elliot molesto—.Fue una imprudencia de su parte otorgarle tan valiosas y poderosas varitas a quienes no estarían bajo nuestra vigilancia.

—Nuestra madre no podía saber que nuestros primos actuarían de esa forma —siseó Selene a su hermano, levantándose también de su cómodo asiento—. Ella solo quiso tener un gran detalle con nuestro tío, hacerle saber que aun contaba con su familia en Asarath.

—Nuestra madre, antes de ser hermana, es la reina de Asarath —.replicó el príncipe—. La seguridad de nuestro reino está por encima de todo, ¿o cómo le explica a nuestro pueblo que, por amor a su hermano autoexiliado, estamos enfrentando una catastrófica situación? Y que no solo nos afecta a nosotros, sino a los demás reinos y, en demasía, al mundo mágico.

Aquella réplica fue como una bofetada para Marian, y que quien lo dijera fuera su hijo, hizo que el golpe fuera mayor. Su mente sabía que él tenía la razón y la lógica estaba de su lado; a fin de cuentas, desde su niñez se les había inculcado, tanto a Dominic como a ella, que el nacer en el seno de la realeza asariana, no significaba solo poderío, riquezas y gran conocimiento, sino también una gran responsabilidad con una gran cantidad de brujas, magos y criaturas que estaban bajo su protección y cuidado.

Pero también le dolía que su hijo no entendiese la importancia de aquella entrega en ese momento, que no comprendiera la necesidad de ella de hacerle ver a su hermano que, sin importar que no compartieran la misma sangre paterna, él seguía siendo un Beaumont por derecho propio, aun si no podía heredar el trono de Asarath.

—¡Nuestra madre solo quería demostrarle que seguía siendo parte de la familia a pesar de las circunstancias de su concepción! ¡No puedes reprocharle por querer a su hermano! ¡A nuestro tío por si ya se te olvidó! —refutó Selene, molesta por la actitud de su hermano para con su madre.

—Ella podía decidir regalarles una de las miles de reliquias que hay en la bóveda real, muchas de las cuales representarían perfectamente su sentimiento de familia, o simplemente otorgarles unas cadenas o anillos con el escudo de Asarath para que se dieran por enterados que seguíamos siendo familia a pesar de su absurda decisión de exilio.

Selene bufó exasperada—. No somos nadie para juzgar a nuestro tío, no sabemos que pasaba por su mente en esos momentos para que tomara esa decisión.

—Pues te diré algo que definitivamente no pasó por su mente — espetó Elliot—. No pensó en su familia, porque de haberlo hecho, no les hubiera producido semejante dolor a ellos.

—Suficiente.

Ambos miraron a su madre, quien a su vez los miraban sin levantarse de su lugar. Su mirada aun reflejaba tristeza, pero esta vez, también expresaba su tan conocida firmeza.

—Ustedes no discutirán por decisiones del pasado, haya sido un error o no, de igual forma ya pasó. —alzó el mentón y prosiguió—. Lo importante ahora es actuar en consecuencia.

—Se vienen muchos conflictos a raíz de esto, madre —advirtió Elliot, tomando nuevamente asiento al igual que su hermana—. Si Jessica revela nuestro posible parentesco con sus agresores, Arthemius y Acquarius probablemente pidan nuestras cabezas.

—Ella no revelará nada —aseguró Marian—. No sabe acerca de la descendencia de mi hermano, y en caso de que lo dedujese, no sabe sus nombres; además, ella dejará esta situación en nuestras manos, me lo dijo ayer.

—Por nuestro bien, espero que no cambie de opinión —espetó Elliot—. Debemos encontrar a nuestros primos y detenerlos antes de que la situación empeore.

—Estoy de acuerdo —concordó Marian—. He pensado mucho sobre esto y… lo mejor será encontrarlos y traerlos a Asarath.

—Tienes intención de hacerlos recapacitar ¿no es así, madre? —inquirió Selene.

—Son mis sobrinos —dijo lacónicamente—. No sé qué los llevó a generar todo este caos, pero es mi deber, como soberana y como hermana de su padre, averiguar el o los motivos.

—Y es tu deber también llevarlos ante la justicia.

—Elliot…

—No, madre —espetó el príncipe—. Sean cual sean sus motivos, no dejan de ser culpables de diversos cargos.

—Eso lo sé perfectamente, pero…

—No hay opciones —la cortó con brusquedad—. Podrán ser de la familia, pero no iremos a la guerra con los demás reinos, ni tendremos al consejo asariano en nuestra contra por dos personas que son completamente desconocidas para nosotros —se levantó de su asiento, le dio un beso en la frente a su hermana e hizo una breve reverencia a su madre—. La dejaré descansar, quizás con una buena noche de sueño vea con mejor perspectiva y objetividad esta situación.

—Lamento decírselo, madre, pero Elliot tiene razón —comentó Selene a la pelinegra en cuanto su hermano se retiró—. Que sean parte de nuestra familia, no los exime de los crímenes cometidos en el mundo mágico y contra nuestras leyes.

Marian suspiró profundamente—. Estoy muy consciente de ello, solo pido que no los juzguemos con dureza, ya que no sabemos que los orilló a estas circunstancias.

—Te entiendo. —Selene le dio un gran abrazo a su progenitora y se levantó de su asiento—. Me retiro a descansar; lo mejor será que tome una poción para dormir, necesitará estar bien descansada mañana, presiento que será un día bastante agitado.

—Yo también lo pienso. Ve y descansa.

En cuanto su hija se retiró de la recámara, Marian no aguantó más su profundo pesar y lloró a lágrima viva. Lloró por su hermano fallecido, lloró por la familia que quedó devastada aquel día por su integrante autoexiliado, lloró por todos esos años de impotencia y resignación, lloró por los sobrinos que no tuvo la dicha de ver crecer, lloró por las circunstancias que llevaban a chocar el amor y el deber, lloró porque su misma sangre había hecho daño a una persona muy importante para ellos.

Cuando su llanto comenzó a remitir, miró el cuadro de sus padres, y por primera vez pensó en ellos como dos hipócritas al ver la calma y la paz que reflejaban en él.

—¿Cómo pudieron reflejar tanta serenidad con un secreto tan grande en sus manos? —fijó su vista en el retrato de su madre mientras se secaba las lágrimas—. ¿Cómo puedes parecer tan angelical cuando nuestra familia esconde un oscuro secreto tras otro?

Negó con la cabeza y fijó su vista en el ardiente fuego de la chimenea, sonriendo con frialdad—. Tanto cuidado, madre, tantas generaciones de cuidados y, probablemente, aquella sangre negra que tanto temían volvió a surgir.



Hola a todos, espero que les haya gustado el cap.

Feliz navidad, feliz año, feliz día de reyes, y todos los que me faltaron jejeje

Lamento la tardanza, no se si saben pero, inesperadamente hace dos meses perdí a mi abuelo u_u Y como entenderán, mi ánimo no era el mejor.

Y digamos que mi musa, ahora que me siento dispuesta a escribir, no quiere colaborar.

En fin, espero no tardar mucho en actualizar, creo que falta poco para que comience la diversión en esta historia.

Y espero que este año sea provechoso y próspero en todos los sentidos para todos ustedes, así como también que sea derramada bendiciones a nuestros países, en especial a nuestros hermanos de Puerto Rico que están afrontando una fuerte prueba.

Nos leemos después. Saludos.

P.D: No se olviden de mi paga ;)



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