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El comienzo de una nueva vida II » Visita al ministerio
El comienzo de una nueva vida II (R13)
Por Samaria-Reed
Escrita el Miércoles 10 de Mayo de 2017, 18:05
Actualizada el Martes 15 de Septiembre de 2020, 17:54
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Visita al ministerio

—¿Ese no es Severus Snape?

—¿No dijeron que estaba loco?

—Y viene con una mujer ¿Quién será?

—¿Será que ya le encontró reemplazo a la heredera de Merlín?

—Te dije que llamarías la atención —susurró Jessica, en su transformación de Alexa, mientras salían del ascensor y se dirigían a la oficina del ministro de magia.

El pocionista no respondió, solo le dio un imperceptible y pequeño empujón para que continuara caminando. No quería perder el tiempo, mientras más rápido llegaran a la dichosa oficina, más rápido dejarían de oír todas esas insignificantes murmuraciones.

Ni bien habían salido del atrio cuando el revuelo comenzó; primero con sorprendidas y desconcertadas miradas para luego darle paso a las crecientes murmuraciones. Aun no sabía cómo había aguantado estoicamente en el ascensor que los llevara hasta el primer piso, la tentación de cruciar a todos los que estaban presentes había sido muy grande.

Estaban por llegar al escritorio de la secretaria cuando un conocido rubio de ojos grisáceos acababa de salir del despacho principal. Al percatarse de sus presencias, el chico abrió los ojos como platos ante la inesperada visita.

—¿Snape? ¿Alexa?

—Draco —saludó Severus para luego dirigirse a una también sorprendida secretaria—. Necesitamos hablar con el ministro inmediatamente. Un asunto del Consejo Guardián —agregó al ver lo que era una posible replica por parte de la mujer.

—Un momento. —la secretaria se levantó rápidamente para anunciarlos ante el ministro.

—Así que por fin nos dignas con tu presencia —espetó Draco con ironía, una vez quedaron solos en el recibidor—. ¿Qué se siente saber que, por más que te esfuerces en ocultar algo, siempre saldrá a la luz?

—Como la mierda —siseó el ex mortífago—. Sobre todo, cuando se tenía razón sobre los motivos para ocultar ciertas situaciones.

El rubio frunció el ceño preocupado—. ¿Ella está bien?

La aludida estaba por pregunta sobre a que venía las palabras de su amigo, pero se contuvo cuando sintió un fuerte agarre en el brazo por parte del pelinegro.

—No es seguro hablar aquí —dijo Severus, tanto para Jessica como para Draco—. Esperemos hasta que nos reunamos con Shacklebolt.

—¿Reunirnos? —el ojigris miró de hito en hito a la pareja—. ¿Qué tiene que ver Alexa en todo esto? —entrecerró los ojos hacia la pelinegra—. ¿Y por qué estás tan callada? Cuando lo común sería que estuvieras martilleándonos a preguntas.

—En ese caso no deberías preocuparte —siseó Severus con sorna—. Ese trabajo lo estás cumpliendo muy bien tú solo.

El heredero Malfoy estaba por replicar cuando la secretaria apareció nuevamente, indicándoles que podían pasar.

—Entra, Draco. También estas involucrado en lo que vamos a hablar.

El aludido quedó desconcertado un momento, pero luego pasó rápidamente a la oficina.

—Por fin tenemos noticias de ti, Snape. Y bienvenida señorita… —dijo Kingsley levantándose de su gran sillón al verlos entrar. Sin embargo, al ver que el ex profesor cerraba la puerta con seguro y aplicaba un muffliato a la oficina, su molestia dio pasó a la preocupación—. ¿Ocurre algo con el Consejo? —mirando de hito en hito a los tres visitantes.

Una vez asegurada la estancia, Severus se dirigió al ex auror. —No ocurre, de momento, ninguna novedad con el Tridium; y no vine por gusto propio, Shacklebolt. Vine porque ella insistió en que necesitaba hablar con ustedes— gruñó señalando a la pelinegra con la barbilla.

Ambos, tanto el ministro como el rubio, miraron interrogantes a la morena que acababa de acomodar su capa en el perchero. El segundo fue quien tomó la palabra—. ¿Y de qué quieres hablar con nosotros, Alexa?

—En realidad…

Ambos hombres quedaron estupefactos cuando la joven pelinegra fue transformándose poco a poco ante sus ojos en una conocida castaña de ojos achocolatados.

—¡Jessica! —exclamaron a unísono.

Draco me mostró renuente al acercarse lentamente a la morena, pero al cerciorarse de que en realidad era su amiga, sonrió aliviado y la abrazó con fuerza.

—No sabes cuánto me alegra verte nuevamente. —se separó unos centímetros para detallarla—. Completamente recuperada y sin cicatrices al parecer.

—Recuperada y lista para lo que venga —comentó Jessica con una sonrisa de satisfacción—. También me alegra verte nuevamente, Draco. Te preguntaría el motivo de tus ausencias, pero tengo una idea de lo que ocurrió —agregó mirando al pocionista.

—Sí, míralo a él. Él es el responsable de todo —acusó Malfoy con una mueca maliciosa—. Él fue quien nos separó, mi querida colega.

El ex mortífago bufó hastiado y tomó asiento en una de las butacas cercanas al amplio escritorio—. Si esperan una disculpa, están perdiendo su tiempo.

—No te preocupes, eso ya lo sabíamos —espetó el ministro antes de dirigirse con una gran sonrisa a la Heredera de Merlín—. Malfoy no es el único que se alegra con tu presencia, Jessica. Es bueno saber, por fin… —recalcó mirando con reproche al pelinegro—, que estas recuperada.

—Es maravilloso verlos nuevamente, Kingsley. Aunque me temo que no es una visita de cortesía.

El ex auror se encogió de hombros—. Lo sospechaba. Por favor tomen asiento.

Una vez que todos tomaron sus lugares, y después de ofrecerles alguna que otra bebida y bocadillos, tomó el mando de la conversación.

—¿Y, además de hacernos saber que estas bien, que los traen por acá?

La pareja se miró un momento, la castaña decidió responder—. Quería saber qué información han obtenido sobre mi secuestro y "muerte".

—Bien, sobre eso solo puedo decirte que Harry y Sirius están al mando de la investigación y, hasta los momentos, no han reportado novedades. Sin embargo… —el hombre de color chasqueó los dedos y abrió uno de los cajones de su escritorio y extrajo un trozo de pergamino—. Esta es solo una copia de la carta original que Harry tiene en su poder. —se lo entregó a Jessica—. Quería analizar si existía otra explicación o algún otro indicio que nos llevara a que ocurrió ese día, pero desgraciadamente no obtuve nada.

—¿Mina, ocurre algo? —inquirió Severus, preocupado por la repentina palidez de la joven mientras leía la nota.

—Yo… —la castaña dejó caer la nota y comenzó a masajearse las sienes—. Solo necesito un momento.

—Qué demonios… —escuchó a lo lejos la voz de su novio, supuso que la nota ya no estaba en el suelo a juzgar por el gruñido que dio él. Sin embargo, ya no podía seguir pensando en eso y se concentró en los recuerdos que se iban desatando en su mente.

Después de tantas dudas y preguntas, por fin estaba recordando ese día. Vio en su mente la conversación que tuvo con Astoria, la invitación de Draco a almorzar con ellos, a su secretaria entrando a la oficina para entregarle una misiva, la cual contenía exactamente el mensaje que había tenido en sus manos hace unos momentos. Recordaba cómo había llegado apresurada a ese lugar y había sido recibida por un mesonero que la había ubicado en una de las mesas y que le había servido un té que poco a poco le hizo sentirse adormecida y…, una voz…, aquella voz…

"Duerme maldita perra. Duerme que no sabes lo que te espera"

—Era ella —susurró para sí misma mientras salía de su sopor—. Ella me tendió una trampa.

—¿Dónde infiernos está Lynette? —bramó Severus al escuchar la confirmación de sus sospechas.

—Se fue —respondió el rubio con voz sombría—. Aprovechó que todos estábamos ocupados por la guerra para irse, y luego nos respondió que estaba en América y que no iba a regresar porque le habían asignado un puesto importante en ese lugar. Maldita arpía, nos engañó a todos.

—Ella no se saldrá con la suya —dictaminó Shacklebolt—. Daré aviso inmediato para que…

Unos golpes a la puerta interrumpieron lo que estaba por decir el ministro. Los presentes solo se miraron entre sí antes de que el ex auror le hiciera señas a Jessica y a Severus para que se colocaran lejos de la puerta mientras él descubría quien estaba tocando.

—Lamento la interrupción, ministro, pero el señor Potter y el señor Black piden hablar con usted urgentemente. Ya les expliqué que estaba reunido con representantes del Tridium —agregó la nerviosa secretaria al ver que su jefe iba a replicar—. Y ellos dicen que justamente tienen algo que informarle en relación al caso de la Heredera de Merlín —susurró esto último, mirando alrededor como si se cerciorara de que nadie escuchara lo que acababa de decir.

Shacklebolt quedó pensativo un momento, delatándolo su frente fruncida. Miró brevemente el interior de su oficina antes de dirigirse a su secretaria.

—Dígales que esperen un momento —ordenó y cerró la puerta sin esperar respuesta.

—¡Despáchalos, Shacklebolt! —espetó Severus sin darle tiempo al aludido de formular la pregunta que iba a realizar.

—¡No, esperen! —los tres hombres miraron interrogantes a la castaña—. Deberíamos escuchar lo que ellos tienen que decir.

—Ellos no te pueden ver, Jessica. Recuerda que, para el mundo mágico, estás muerta.

—Eso es cierto, Snape. Excepto por un pequeño detalle.

Esta vez la pareja inquirió con la mirada al rubio, quien tenía una expresión de fastidio—. De los dos descerebrados que están allá afuera, Potter sabe nuestro secreto.

—Era necesario. —se defendió Kingsley al ver la asesina mirada que le dedicó el pocionista—. Recuerden que es nuestro jefe de seguridad mágica.

—¡Y un infierno, Shacklebolt! Decidieron mantenerlo en secreto y así tenía que seguir.

—Y para que siguiera siendo un secreto necesitábamos contar con Harry.

—Potter no tenía que enterarse —siseó molesto el pelinegro, chasqueando posteriormente la lengua con desagrado—. Basta con ver todo lo acontecido para darse cuenta de que esta situación se le ha salido de las manos. Y que lo único que le ha dado un maldito respiro, es justamente esa información.

—¡La situación se nos ha salido de las manos a todos, Snape! ¡Incluyéndote! —espetó el ministro en respuesta—. No seas injusto con él. Harry ha hecho todo lo posible con la poca información que tenemos.

—No olvides su inexperiencia. Desde el momento en que no se reportaban resultados en contra de los ataques de los mortífagos, tenías que haberlo quitado del puesto.

—¡Era una situación que nos tomó desprevenidos a todos! No podía juzgarlo y retirarlo cuando cualquiera que hubiese estado en el puesto hubiese terminado en la misma disyuntiva.

—¡No lo quitaste porque era Potter! ¡El niño que vivió por absolutamente nada! ¡Si hubieses colocado a alguien con más experiencia, esta situación no hubiese llegado hasta el punto de casi asesinaran a Jessica y comenzaran una guerra!

—¡Suficiente!

Tanto Severus como Kingsley estaban tan ensimismados en su discusión, que se habían olvidado de Draco, que los miraba divertido desde el sofá donde se había acomodado cuando comenzó la discusión, y de Jessica, quien había detenido la discusión con su exclamación y había adoptado una expresión severa.

—Por si no se han dado cuenta, caballeros, discutiendo no vamos a lograr nada —espetó antes de dirigir primero su mirada al hombre de color—. Dile a tu secretaria que los deje pasar y que no se acepta otra interrupción.

—Jessica…

—No voy a discutir contigo, Severus —cortó la castaña—. Vine aquí por información y, te guste o no, ellos son los encargados de la investigación, así que voy a hablar con ellos.

Al ver que la discusión había terminado, el ministro asintió y se dirigió a hacer lo que se le encomendó. Al cabo de unos minutos, Kingsley dejó pasar a los magos, cerrando la puerta inmediatamente después de la entrada del último de ellos. Un intento de "buenos días" fue lo que escuchó el ex auror antes de girar y encontrarse las expresiones de desconcierto y sorpresa en los recién llegados.

—¡Estás bien! —Harry fue el primero en reaccionar y le dio un fuerte abrazo a la castaña. Al darse cuenta de su acción, el ojiverde se separó rápidamente, sonrojado y apenado—. Disculpa, es solo que estoy contento de verte recuperada.

—No te preocupes, Harry. Yo también estoy contenta de verte —dijo Jessica con una sonrisa. Pero su sonrisa duró poco, transformándose en una expresión de pena—. Aunque me temo que te debo una gran disculpa.

El joven jefe de la seguridad mágica frunció el ceño confundido—. ¿Por qué dices eso?

—Por todo lo que has tenido que soportar desde que te asigne el puesto de seguridad mágica.

—¿A qué te refie…?

—¿Estás viva?

Tanto Harry como Jessica miraron hacia el, por un momento, olvidado animago, que miraba a ambos indignado. Pero, al final, dirigió su indignación a su ahijado.

—Jessica está viva ¿Y tú lo sabías?

—Sirius…

—¡¿Lo sabías?! —El moreno lo miró un momento antes de asentir pesaroso—. No lo puedo creer —murmuró decepcionado.

—Él no debía decírselo a nadie, Sirius —intercedió Jessica al ver el conflicto que se avecinaba. Escuchó un gruñido a su espalda cuando se estaba acercando lentamente al castaño—. No fue una petición, fue una orden estrictamente…

—¡Yo no soy nadie! ¡Soy su padrino! —bramó Sirius, aturdido por la cantidad de emociones que lo estaban abrumando en esos momentos—. ¡¿Qué clase de broma es esta?! ¡¿A qué demonios estaban jugando todos ustedes?! —espetó mirando ahora furioso al ministro de magia.

—No estábamos jugando a nada, Sirius —espetó Kingsley—. Todos creíamos que Jessica estaba muerta; de hecho, ese era el plan de los mortífagos. Pero, lo que ellos y el mundo mágico no saben, a excepción de nosotros obviamente, es que su plan no salió como esperaban y que, de un modo u otro, solo lograron sumirla a un estado cataléptico del cual Severus logró recuperarla —inhaló y exhaló un momento para calmarse antes de proseguir—. Draco y yo éramos los únicos en saberlo en nuestro mundo, y así teníamos planeado que fuera hasta que pudiera notificarse la noticia —dijo esto último mirando al pocionista para luego volver a fijar su atención al animago—. Pero, debido a la situación, tuvimos que hacer partícipe a Harry al ser el jefe de seguridad mágica, haciéndole jurar que no se lo diría a nadie, incluyéndote. Mientras menos personas supieran, menor era el riesgo de que se propagara la novedad.

El castaño solo pudo pasarle las manos por su faz, tratando de poner en orden la tormenta de pensamientos en su cabeza. Miró a todos los presentes hasta detenerse en la castaña que, por unos días, creyó perdida. Se veía rozagante en aquel vestido verde ceñido a su estilizada silueta, su cabello había regresado a su antigua longitud, lo notaba a pesar de llevarlo en una coleta. Parecía que, en vez de haber sido torturada y flagelada, había pasado todos esos días en un sitio de relajación.

—Tus heridas…

—Fueron curadas —respondió Jessica al entender a qué se refería—. Una historia larga que preferiría ahorrármela. Pero, el recuerdo de cómo llegaron a mi cuerpo está fresco en mi memoria.

Al ver que el mago estaba calmado, inició nuevamente su acercamiento—. Sé que estás molesto por haberte mantenido en la ignorancia. Créeme, sé que no es un lugar agradable —gruñó mirando de reojo al pelinegro, quien bufó en respuesta—. Pero era necesario.

Jessica se giró a fulminar con la mirada a su novio al escucharlo toser para, obviamente, cubrir un "hasta que lo entendió". Severus solo se encogió de hombros con indiferencia mientras sonreía satisfecho. La joven heredera puso los ojos en blanco y fijó nuevamente su atención al animago.

—Mi "muerte" y la posterior ausencia de guerra creó un punto muerto, y hasta los momentos se ha mantenido, gracias en cierto modo a que aún me creen muerta y porque, seguramente, no saben cómo actuar al ver que su provocación al Tridium no salió como esperaba. Hace unos días no era el mejor momento para que te enteraras, pero aquí estas, ya lo sabes después de todo. De haber querido que siguieras en la ignorancia, no habríamos aceptado que entraras a esta oficina y solo dejaríamos entrar a Harry.

—No hables por mí —espetó Severus—. De ser así ese perro sarnoso y Potter no sabrían nada.

Jessica solo lo fulminó nuevamente con la mirada en respuesta y observó nuevamente al moreno—. De hecho, les dejamos entrar porque dijeron que tenían noticias sobre mi caso.

—Oh cierto —exclamó Harry, extrayendo de su capa el informe que le había entregado su padrino y se lo extendió al hombre de color—. Aquí están los resultados de la investigación que realizó Sirius.

—Un informe de escuela sin duda.

—Ya quisieras tú que así fuera, murciélago. Sin embargo, a diferencia de ti, por lo menos he encontrado algunas cosas en relación a lo que sucedió.

—Ese es tu trabajo, pulgoso —siseó Severus sin inmutarse—. Y si lo que vienen a informar es que Lynette fue quien le tendió la trampa a Jessica, están perdiendo su tiempo aquí. Así que era eso ¿no? —se burló al ver que ambos magos, Black y Potter se miraban entre sí—. Para que veas que no eres de utilidad, Black.

—Cierra la boca, Quejicus —espetó Sirius al ver que su noticia más relevante ya no tenía importancia—. Eso no es lo único que vinimos a informar.

—¿Ah no? —dijo Draco, aun acomodado en el sofá, pero esta vez con un vaso de aguamiel—. ¿Y qué encontraron?

—Será mejor que tomemos asiento —sugirió Kingsley mientras se dirigía a su silla y los demás aceptaban la solicitud del mago.

Un gruñido sonó nuevamente en la sala, cortesía de Severus al ver que el animago tomaba una de las manos de la castaña, le daba un beso en el dorso y le comunicaba que, a pesar de no hacerle gracia el ocultamiento de su sobrevivencia, se alegraba de verla nuevamente. La castaña solo asintió agradecida y se dirigió hacia el pelinegro para evitar un conflicto entre ambos hombres. Mientras los presentes, excepto Draco, ocupaban uno de los asientos disponibles, el ministro aprovechó para leer el informe. Para cuando todos estaban en sus sitios, Shacklebolt estaba con el ceño fruncido.

—¿Y bien? ¿Qué dice el dichoso informe?

—Pues… la mansión donde tenían recluida a Jessica no estaba tan abandonada como nos lo habían dado a entender. De hecho, según algunos lugareños de la isla, se ha visto actividad en los últimos meses en ese lugar.

—Una inesperada base de operaciones —comentó Draco con el ceño fruncido—. Nadie sospecharía de ese lugar por la cantidad de muggles que hay sin haber ninguna incidencia reportada allí, y mucho menos al no figurar como anterior escondite de los mortífagos.

—¿Se conoce el nombre del dueño de la mansión? —dijo Severus.

—La última persona que habitó en ella fue…, una mujer. Madeleine Whitworth.

—No solo fue la última persona que habitó esa mansión, ella es la única heredera conocida de esa edificación —aclaró Sirius—. Al parecer, la heredó a temprana edad, y aun así siguió viviendo allí solo con la vigilancia de una tutora. Sin embargo, y según una señora que era amiga de dicha tutora, ella se fue con su prometido y no regresó a esa casa. Ha permanecido abandonada unos buenos años hasta hace unos meses que se ha visto entrar y salir a unas personas del lugar.

—¿Todavía rondan la mansión? —inquirió Kingsley con interés.

—Desde que ocurrió… ya saben… —Sirius miró un momento a Jessica antes de proseguir—. No los han vuelto a ver. Pero, ya dispuse de unos aurores para que mantuvieran vigilado el perímetro. Informarán cualquier novedad inmediatamente. —ante su anuncio solo recibió un asentimiento aprobatorio por parte del ex auror.

—También enviamos la información de la mujer y de su prometido al departamento de investigaciones —acotó Harry—. Así como existe la probabilidad de que sean inocentes de complicidad, también pueden ser culpables al prestarles ese lugar para esconderse. Es mejor cubrir todas las variables encontradas.

—¿El prometido…? —Shacklebolt los miró confundido un momento y luego miró el informe. Ojeó rápidamente y luego comprendió de qué hablaban—. Ah sí…, Beaumont. ¿Y él nombre?

Sirius se encogió de hombros—. La señora no lo recordaba. Al menos no olvidó su apellido porque eso le hizo saber a ella que el hombre era de origen francés.

El ministro nuevamente asintió como respuesta y se dispuso a seguir leyendo el informe. Su rostro se tornó severo a medida que leía parte de la información que tenía en sus manos—. ¿Actividad mágica en Stonehenge? ¿El mismo día de la requisa a la mansión?

—Sí —gruñó Sirius—. Un grupo de aurores encargados de revisar los distintos lugares de relevancia mágica del país en caso de algún daño o ataque, descubrieron energía mágica en ese lugar. Realizaron las respectivas investigaciones y obtuvieron que la fecha de aparición de dicha magia radica desde ese día o, mejor dicho, esa noche.

—¿Y aún hay exposición de magia? —dijo Draco asombrado—. Pero si ya ha transcurrido casi dos semanas desde ese día.

—Eso quiere decir que, sea lo que sea que hicieron en ese lugar, requirió de magia muy poderosa —comentó Kingsley pensativo. Inconscientemente dirigió su mirada a la única pareja presente en la oficina y, al verlos mirarse entre ellos con expresiones sombrías, no dudó en preguntarles—. ¿Pasa algo?

Severus respiró profundamente, lo que iba a decirles no era nada agradable—. En realidad… —pero se detuvo al sentir un fuerte apretón en su rodilla, miró interrogante a la autora de ese repentino gesto, y vio como ella negaba con la cabeza.

—¿Hay algo que debamos saber? —exigió Kingsley al ver la interacción de ambos magos.

—En absoluto —mintió Jessica mirando a los demás magos con una pequeña sonrisa—. Vinimos a buscar información ¿recuerdas? —al ver que el ministro la observaba con desconfianza, y Malfoy con sospecha, decidió desviar la conversación a Harry—. ¿Cuándo tendrán la información sobre esa mujer y su prometido?

—Al finalizar la tarde —respondió Harry mirando su reloj—. Se ordenó que fueran exhaustivos con la búsqueda.

—Bien.

—¿Ya se retiran? —inquirió Shacklebolt al ver a ambos representantes del Tridium levantarse.

—Tenemos una cita ineludible en Asarath —respondió la castaña colocándose su capa—. Y será que mejor partamos ahora, ellos no soportan la impuntualidad —mintió nuevamente, pero era necesario. Ahora más que nunca necesitaba conocer la verdad, y las sospechas la estaban ahogando en ese momento. ¿Será cierto que…?

—Pero…

—¿El informe dice algo más? —inquirió Severus tranquilamente, disimulando satisfactoriamente el desconcierto por la actitud de su novia.

Los demás obviamente no se habían percatado del momento en el que el rostro de Jessica había palidecido al escuchar acerca de aquella mujer y su prometido. Pero él sí. Y cuando estaba por preguntarle que le ocurría, se detuvo al escuchar las noticias de la energía en Stonehenge, recordándole con amargura que, en aquella noche, Lord Voldemort había regresado. Pero, su desazón duró poco y dio paso al desconcierto al ver la negativa de ella de informarles la fatídica noticia y a sus inesperadas ganas de retirarse.

—De momento nada más al parecer. —la voz del ministro de magia lo sacó de su breve ensimismamiento—. ¿Sirius?

—Estamos investigando lo que posiblemente sean otras pistas o indicios. En cuanto tengamos noticias les avisaremos a la brevedad posible —comentó el aludido, levantándose también de su asiento.

Harry asintió en acuerdo a su padrino e imitó la misma acción de él—. ¿Seguiremos manteniendo tu despertar en secreto, Jessica?

—Por los momentos es lo mejor —respondió la heredera, agarrando con firmeza el brazo del pocionista antes de que soltara uno de sus mordaces comentarios. Sin embargo, no pudo detener a cierto rubio que estaba aún acomodado en su lugar.

—¿Qué pasa, Potter? ¿Extrañas los ataques de los mortífagos?

El ojiverde fulminó con la mirada al rubio, y éste solo aumentó su sonrisa burlona. Después de una breve despedida, la pareja se dispuso a retirarte. Severus le iba a recordar a Jessica que debía tomar la forma de Alexa para irse, pero no le dio tiempo. Solo sintió la sensación de aparición y, al cabo de unos segundos, ya estaban en el gran despacho de Crystal Manor.

—¿Qué está pasando, Jessica? —dijo Severus con preocupación después de reforzar las defensas, al ver que la morena se dirigía rápidamente a uno de los dos estantes negros que estaban a los lados del ventanal.

—Solo… dame un momento —se escuchó que dijo la castaña en respuesta mientras buscaba en el fondo del estante.

Al cabo de unos minutos se escuchó un "al fin" y la heredera se reincorporó con un gran libro blanco de bordes sellados en oro y con un cristal ovalado en el centro, y lo colocó con cuidado en el escritorio.

—¿Qué es eso? —inquirió el pocionista al acercarse al oscuro mueble.

—El registro familiar de la realeza asariana —anunció Jessica con seriedad.

La joven heredera posó su mano derecha en el cristal y murmuró unas palabras en un lenguaje antiguo. Cuando culminó el cristal se iluminó y reveló el estandarte del reino asariano. Retiró la mano, se mostró firme ante él y procedió a hablar con voz imperativa, tomando por sorpresa al ex profesor su inesperada exigencia.

—Muéstrame la descendencia real registrada desde el primer Beaumont.


Hooolaaaa! (no me miren así, les dije que podría tardar pero era seguro que volvería ¬¬)

Espero que les haya gustado el cap :) Un poco confuso quizás pero espero que hayan captado hacia donde va el asunto.

¿Qué revelará el libro? ¿Qué sabrá Jessica que no pudo esperar irse del ministerio?

¿Por qué no quiso que Severus revelará que nuestro "querido" Voldy regresó?

¿Que piensan ustedes?

Gracias a todos los que han comentado y me han alegrado el día C:

Nos leemos después. Saludos.

P.D: NO VOY A ABANDONAR LA HISTORIA!



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