Historia al azar: El Diario De Ginny Weasley
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El comienzo de una nueva vida II » Misterios en la mesa
El comienzo de una nueva vida II (R13)
Por Samaria-Reed
Escrita el Miércoles 10 de Mayo de 2017, 18:05
Actualizada el Martes 15 de Septiembre de 2020, 17:54
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Misterios en la mesa

Asarath, durante sus siglos de existencia, siempre había sido la representación de la paz y la pureza del trío guardián. Grandes amantes de la cultura y las artes, así como también del respeto y del perfecto cumplimiento de las leyes, eran ejemplo a los ojos de todo el mundo mágico. Sin embargo, una extraña tensión se respiraba en los últimos días; la paz que predominaba en el mágico reino, poco a poco se estaba distorsionando ante el secretismo y la desconfianza que mostraban sus líderes ante sus súbditos. Conocer que parte de sus reservados conocimientos históricos, y que objetos de gran importancia en su sistema jurídico estuvieran siendo utilizados en el mundo mágico era simplemente inaceptable, un ultraje de grandes proporciones. Y el desconocer quién o quiénes estaban detrás de todo ese inesperado complot producía un terrible malestar, solo bastaba mirar las severas expresiones de la princesa Selene y la Reina Marian, así como la gélida mirada que le dedicaba Elliot de la Roquet a su erudito al no tener novedades de la interna investigación, una mirada que afectaba más que un grito del futuro rey. Llevaban cerca de dos horas reunidos en el despacho principal revisando el informe de la solicitada investigación y, a raíz de los resultados obtenidos, la reunión no se estaba llevando a cabo como esperaban.

—Llevan días investigando, Sir Raymond, ¿Cómo es posible que no tengan ninguna información al respecto?

El aludido respiró profundamente antes de explicarse, nadie ponía en duda de que el joven heredero era digno nieto del antiguo rey Gerald—. Hemos revisado a nuestro círculo más cercano, Alteza, pero no hemos encontrado nada relevante o algún indicio que nos señale que han faltado a su juramento. Y nadie de rango inferior puede tener acceso a ese tipo de conocimiento, el encantamiento de la biblioteca universal no lo permitiría.

—Esas personas están manejando los antiguos rituales de los Koriak, un grupo erradicado bajo nuestra mano y cuyo conocimiento quedó solamente bajo nuestro cuidado. ¡Alguien infiltró esa información hacia el mundo mágico y quiero saber quién fue! —vociferó el moreno perdiendo la paciencia—. ¡La seguridad de nuestro reino depende de ello!

—Alteza, nuestra búsqueda solo arroja una conclusión: la información no fue adquirida desde el reino. Sin embargo...

—Sin embargo, ¿qué? —Inquirió el futuro soberano ante la abrupta interrupción de su erudito.

—¿No... no ha pensado que quizás su Excelencia fue quien dio esa información?

—Tenga cuidado con lo que sugiere, Sir Raymond —espetó Marian desde su asiento, atrayendo la nerviosa mirada del investigador—. La Heredera de Merlín es una persona respetada y querida en nuestro reino y en nuestro círculo. Si se llegase a la decisión de forzarla a una lectura mental, y no se encontrase responsabilidad alguna, tenga por seguro de que me encargaré personalmente de que su castigo por difamación sea severo.

—Solo fue una pregunta, Majestad —aseguró Sir Raymond con temor—. Como ya les expliqué, no hay indicios de que el responsable se encuentre en el reino. Por lo que se presume de que, sea quien sea que esté cometiendo semejante infracción en contra la guardia asariana, se encuentra en el mundo mágico. Y como su Excelencia es la única que se encuentra en ese territorio y tardó tanto en comunicarles sobre lo que estaba aconteciendo...

—No creo que tenga que recordarle que Rosenbaum estuvo a nada de morir por esas mismas personas ¿o sí? —le interrumpió Selene con brusquedad.

—Quizás no fue intencionado, pero...

—Espero que no esté insinuando que nosotros entrenamos y educamos a una idiota, o que nosotros fuimos unos idiotas y le confiamos ese tipo de información a ella así sin más ¿o sí? —espetó la reina de Asarath claramente molesta.

—¡No, por supuesto que no! —aseguró Sir Raymond atemorizado, lo que menos quería era la opinión negativa de su soberana—. Yo...

—Retírese, Sir Raymond.

Al escuchar la súbita orden del príncipe, el erudito no dudó ni un segundo en hacer una rápida reverencia a sus líderes y retirarse sin más. Elliot se pasó una de sus manos por su cara en claro gesto de cansancio, la seguridad de su reino estaba en un estado de incertidumbre y todo parecía estar en su contra para cambiar esa situación. Y su presión era mayor ya que, como futuro gobernante, era su deber velar por la estabilidad de su futuro reino. Si no podía con una averiguación de esas magnitudes ¿Quién le aseguraba a sus vasallos que les aguardaba un buen futuro bajo su mando?

—No creerás que Jessica tuvo algo que ver con la infiltración de la historia de los Koriak ¿no? —inquirió Selene a su hermano para romper el silencio que se instaló con la salida del investigador.

Elliot miró a la rubia un momento antes de responder con un suspiro de cansancio—. No, Selene. Jessica cometió un error al callar tan importante revelación, pero no creo que ella sea capaz de cometer semejante insensatez.

—Y no lo es —reiteró Marian—. Sé a quién entrené, con quien compartí conocimientos y a quien moldeé para que fuera una gran senadora entre ambos mundos. Además de que esas personas claramente la querían muerta, no le tenían ninguna estima y eso lo demuestra la tortura que sufrió, no hay más prueba que esa.

—Estoy de acuerdo contigo, madre —intervino Selene—. Sin embargo, no podemos dejar de lado la sugerencia de Sir Raymond ¿Y si no fue una infiltración? ¿Y si la información ya estaba fuera de nuestro reino?

—Desde siglos se tenía entendido que ese conocimiento estaba solamente en nuestro poder ya que los Koriak fueron eliminados en su totalidad por nuestros centinelas. Si eso es así, la infiltración de información es la única respuesta a este enigma.

Selene quedó pensativa un momento para luego fijar la mirada en su progenitora—. ¿No hay ninguna posibilidad de que exista un factor externo?

"¿Un factor externo?" se preguntó mentalmente la soberana asariana y la respuesta que le dio su conciencia no le gustó en absoluto, sin contar que su ser se rehusaba a aceptar que las decisiones tomadas en el pasado fueran las que estuvieran haciendo estragos en su presente, sobre todo las decisiones tomadas por otros. Pero un mal presentimiento se estaba instalando poco a poco en su corazón y eso era algo que no podría ignorar por siempre. Pero mientras...

—No lo creo, el grupo fue exterminado. Los registros así lo indican y nuestros antecesores no se tomarían esa situación a la ligera —dictaminó Marian con firmeza.

—Bien. —Elliot se levantó de su asiento en el escritorio real y caminó hacia la finamente esculpida chimenea, mirando pensativo las vivaces llamas que yacían en él—. En ese caso, tomaremos medidas extremas. Ordenaré que la investigación se haga más exhaustiva, si tenemos que usar la herramienta menos pensada, lo haremos. En cuanto a Jessica... —el castaño miró con gesto culpable a su madre—. Sé que ella no es responsable pero, para eliminar las sospechas hacia su persona, tendrá que ser sometida a la lectura mental.

La reina miró a su futuro heredero con expresión sombría—. ¿Eres consciente de que, por su condición de oclumancia innata, sufrirá por el procedimiento?

—Sí. Pero, por desgracia, no puedo permitir dudas sobre mis acciones y sobre nuestro círculo. Y eso la incluye a ella —dictaminó el príncipe sin rastro de duda—. Me otorgaste parte de tu poder con el fin de que me acostumbrara a mis futuras responsabilidades, así como también tu confianza para resolver este problema ¿te arrepientes de ello?

—No, por supuesto que no —dijo Marian con un suspiro de resignación—. En ese caso, recuérdale a Sir Raymond que tendremos una reunión pendiente —ordenó impasible—. En algún momento tendría que aprender a pensar mejor sobre sus "preguntas" y "sugerencia". Todo indica que ha llegado la hora.

—Y no intercederé por él, madre. A fin de cuentas... —Elliot se encogió de hombros—. Tú eres la reina.

—Y... ¿Cuándo se lo comunicarán? —intervino Selene, preocupada por la Heredera de Merlín al ser consciente del dolor mental que padecería por el proceso.

—Le enviaré una carta oficial para que se reúna con nosotros —contestó Elliot dirigiéndole una tranquilizadora mirada a su hermana—. Quiero que conozca todo lo que está aconteciendo y el motivo de tan inesperada decisión. No quiero que se haga una idea errónea y nuestras relaciones terminen en un punto muerto como ocurrió con Raynor y Emerick.

Selene enarcó una ceja—. ¿No han hablado después de la reunión en el Consejo? —al ver que su hermano negaba con la cabeza, solo pudo rodar los ojos—. ¿Y por qué ellos no han hecho el primer movimiento?

—Por el temor de empeorar su situación con ella.

—Como si pudieran hacerlo —espetó la pelinegra mientras se levantaba de su butaca con fluida elegancia—. Es tarde para seguir con esta reunión. Será mejor que nos retiremos a descansar, mañana será un día agitado.

Los jóvenes asintieron de acuerdo y se dispusieron a retirarse. Marian estaba por hacer la misma acción cuando se quedó absorta mirando el gran cuadro que adornaba la parte superior de la chimenea. En él figuraba ella sentada en el gran trono como descendiente directo de la familia real, a su difunto esposo Henry en el lado izquierdo del espaldar de la gran silla con la mano izquierda colocada en el femenino hombro derecho, un Elliot de siete años a su lado izquierdo y una Selene de solo dos años acomodada en su regazo. Su familia, su tesoro más preciado representado en una sola imagen.

—Debo proteger mi joya más valiosa —murmuró para sí misma—. Pero ¿Cómo protegerla cuando, quizás, es atentada por ella misma? —sin nadie que le diera una respuesta, suspiró y se retiró a descansar.


—¿Al Ministerio? ¿Acaso te volviste loca?

Jessica fulminó con la mirada a su pelinegro novio a través del ovalado espejo de su antiquísimo tocador mientras trataba de hacer un peinado con su lacia cabellera, y decidió que mejor continuaba con su labor en vez de iniciar una discusión con él. Al cabo de unos minutos, optó por una estilizada cola de caballo y se levantó del mediano taburete, luciendo regiamente su vestido verde botella manga larga y escote en V que se ceñía perfectamente a su silueta hasta terminar en una falda tulipán. Abrió uno de los cajones inferiores y sacó sus accesorios plateados, incluyendo el collar camaleón que Severus le había regalado en navidad.

—Con ignorarme no vas a lograr nada —gruñó Snape al ver que la castaña se colocaba el collar sin su ayuda—. Ya hemos hablado de sobre esto y...

—Y yo te dije claramente que ya no pienso seguir ocultándome ni un día más —cortó la morena girándose en dirección a él—. Admito que fue una decisión de última hora, ya que mi idea era hacer una visita a Asarath antes de mi aparición en el mundo mágico. Sin embargo, me di cuenta de que existen ciertos detalles que desconozco sobre mi secuestro y "muerte", y que, quizás, en el ministerio me puedan aclarar.

El pocionista se acarició el puente de su aguileña nariz, tratando de no perder su impasibilidad—. ¿Y me puedes explicar por qué no puedes ir a Asarath sin esos detalles? —se acercó a la castaña y la tomó de la barbilla, haciendo que sus miradas quedaran fijas entre ellos—. Quiero atrasar este momento el mayor tiempo posible, Jessica. Entiende que, una vez sepan que estás viva, los ataques de los mortífagos no se harán esperar. Sobre todo en tu contra.

—Necesito saber que han logrado esclarecer sobre mi caso, Severus, y eso no puede esperar. Necesito tener más claridad sobre este caso, y así sabré que buscar en Asarath.

—¿Y qué tienes que buscar en Asarath? —inquirió el pocionista con el ceño fruncido.

Jessica lo tomó por ambos lados y le dio un corto beso en los labios—. Aún no te puedo decir. Tengo el presentimiento de que hay muchas circunstancias involucradas en todo esto y, hasta que no sepa cuáles son, no te puedo dar una respuesta. —se dio vuelta mientras se miraba nuevamente en el espejo—. En cuanto a mi seguridad..., he estado pensado en eso y creo que puedo hacer algo al respecto.

Severus abrió los ojos como platos al ver que su castaña se estaba transformando en una atractiva y conocida pelinegra de ojos verdes. Cuando el cambio de apariencia terminó, el mago solo pudo enarcar una ceja mientras veía a la joven bruja mirarse de un perfil a otro, evaluando su nueva imagen. Al asentir satisfecha consigo misma se giró hacia el pocionista con una sonrisa altiva y extendiendo sus brazos a ambos lados a modo de presentación.

—Taraaaaan. ¿Qué te parece?

—De todos los aspectos que hay en el mundo, ¿Tenías que elegir las características de Alexa?

La morena sonrió aún más y se miró nuevamente en el espejo—. Mis aptitudes como metamorfamaga están oxidadas, no era una habilidad que me llamara la atención, así que no la desarrollé mucho. Solo una vez cuando quise hacerme pasar por la gemela de Alexa —soltó una sonora carcajada al recordar ese alocado día de confusiones—. Esa fue una de las escasas veces que la utilice y es la única apariencia que manejo bien así que... —se encogió de hombros.

"Asombroso" se dijo Severus al acercarse a su transformada novia y observarla con detalle. Sí, en definitiva era una copia exacta de la mejor amiga de su castaña, lo cual le daba escalofrío. Solo esperaba que esa "medida de seguridad" adoptada por su novia no se hiciera costumbre, no le hacía gracia tener contacto con una réplica de aquella testaruda y desesperante mujer.

—Solo tu voz te delata.

—Sí, lo sé. Pero he tenido trato con pocas personas en el ministerio, y en su mayoría de seguro no reconocerán mi voz a la primera frase —afirmó Jessica, segura de su plan—. Además, para estar más seguros, solo me remitiré a hablar cuando este con Kingsley. ¿Y bien? ¿Qué te parece?

El hombre la miró impasible unos segundos para luego soltar un bufido—. Igual existen riesgos, pero estoy conforme. Sin embargo... —agregó al ver la expresión de triunfo de la bruja—. Te acompañaré.

—Pero...

—Sin peros. Si es necesaria esa visita para aclarar todo este desastre, que así sea. Pero será bajo mi supervisión.

—Severus... —la morena hizo una mueca—. El objetivo de mi transformación es no levantar sospechas. Si me acompañas al ministerio, el efecto será el inverso.

El ex mortífago quedó pensativo un momento, para su desgracia ella tenía razón. Era una certeza que su primera aparición en el ministerio después de lo ocurrido iba a causar un gran revuelo, sobre todo después de las publicaciones de la entrometida de Skeeter sobre su supuesta depresión y locura producto de la "sangrienta muerte" de su compañera a manos de sus antiguos "camaradas", a raíz de su reacción en la mansión de la isla de Wight. Y si agregamos su llegada acompañado de una desconocida pelinegra, las habladurías y los chismes serían mayores, eso sin contar la enorme curiosidad que despertaría en los entrometidos periodistas.

—Podemos decir que eres una centinela del Consejo, enviada a obtener información sobre los asesinos de la Heredera de Merlín.

Jessica se cruzó de brazos, intrigada por lo que estaba maquinando su novio en su astuta mente—. Se anunció una guerra que, a la final e inesperadamente, no se llevó a cabo. Si dices que voy en representación del Consejo, ¿no crees que querrán respuestas al respecto.

—Ellos preguntarán todo lo que quieran —espetó impasible Severus, terminando con una mueca de satisfacción—. Pero eso no significa que tendrán respuestas. —se acercó al gran armario, extrajo una capa negra y se la dio a la pelinegra.

—Ahora soy un centinela ¿eh? —canturreó Jessica mientras se colocaba la capa y se miraba divertida en el espejo—. Espera a que le cuente esto a Alexa.


Harry se encontraba acorralado en su oficina por la cantidad de informes que adornaban su escritorio. Esa era una clara desventaja de tomar un caso bajo su propia mano, ocupaba tanto su tiempo y pensamientos que se olvidaba por un momento de su obligación administrativa. Aunque ese caso, como el secuestro e intento de asesinato de la Heredera de Merlín, no estaba llegando a ninguna parte.

Para él fue una sorpresa cuando Kingsley le informó que Jessica no estaba muerta, que se encontraba débil pero recuperándose a pasos agigantados gracias a los cuidados de Snape. Bueno, eso era lo último que sabían ya que el ex mortífago cortó toda comunicación con ellos al intuir las intenciones de Malfoy de hablar con la heredera sobre la guerra. Una pérdida de tiempo al parecer ya que todo indicaba que, a la final, la joven senadora había intervenido satisfactoriamente al no reflejarse ninguna acción hostil por parte del Tridium en los últimos cinco días.

Y era por eso que le había asignado el caso a su padrino quien, después de lo ocurrido, se mostró más que dispuesto a llevar a cabo las averiguaciones y encontrar a los involucrados en el nefasto complot. El ojiverde tuvo la tentación de revelarle la buena nueva, no le gustaba verlo en esa actitud tan vengativa. Pero, por desgracia, le había prometido a Kingsley que guardaría silencio sobre ese anuncio. Hasta que no supieran en qué punto estaba la situación con Jessica, y no se llevara a cabo las medidas pertinentes ante un posible ataque mortífago, no podría decir nada al respecto.

Mientras tanto, para todo el mundo mágico, Jessica Rosenbaum había sido asesinada a mano de los mortífagos y entregada al Consejo para su disposición.

Unos golpes en la puerta sacaron al joven auror de su lectura. Una vez dado su permiso, el mencionado merodeador entró intempestivamente a la oficina. Pero eso no fue lo que llamó la atención de Harry, la expresión sombría que tenía el castaño fue lo que lo alertó de que algo no iba bien.

—¿Encontraste algo?

Sirius se tiró en una de las sillas que se encontraba frente al escritorio y le extendió unos pergaminos a su ahijado.

—Lee y luego hablamos.

Las cejas del niño-que-vivió se alzaron al oír la gravedad de su descubrimiento en su tono de voz e inmediatamente se dispuso a leer el informe. Cuando culminó, el pelinegro se recostó en su asiento y se quitó las gafas para limpiarlas mientras meditaba sobre la recién leída información.

—Dime que lograron que Byron regresara al país —increpó Sirius después de unos minutos de reflexivo silencio.

Harry negó con la cabeza—. No hemos tenido noticias de ella desde que avisó de que vendría en cuanto terminara su papeleo en América.

—Tenemos que encontrar la manera de localizarla y traerla de vuelta —dictaminó el jefe de aurores—. Si lo que descubrí es cierto...

—Entonces ella sería una sospechosa y no una testigo como suponíamos —culminó Harry pasándose una de sus manos por su cabello con exasperación.

—Y no cualquier sospechosa, Harry. Todo indica que fue ella quien ayudó a los mortífagos a secuestrarla —gruñó Sirius dándole golpecitos con el dedo índice a los pergaminos que le había entregado—. Byron le entregó esa nota a Jessica, la citó en un restaurante del que, casualmente, ella es la dueña y que, por obra del destino, permaneció cerrado en el tiempo que debía llevarse a cabo el encuentro. Y como cereza de pastel, aprovecha la confusión de la guerra y escapa sin levantar sospecha. Por mi parte no tengo dudas ¡ella es culpable!

—Debemos mostrarle esta información a Kingsley. Todo apunta a que Byron tuvo mucho que ver en todo este desastre, pero no podemos hacer una acusación formal sin pruebas contundentes.

—¿Qué no hay pruebas? —vociferó el castaño levantándose bruscamente de su asiento—. ¿Y los hechos que te estoy presentando qué son?

—Son circunstanciales, Sirius —respondió Harry con pesar—. Son suficientes para abrirle una investigación, pero no lo suficiente para presentar cargos en su contra.

—No lo puedo creer. —el moreno mayor miró incrédulo a su ahijado—. ¿Tú también vas a caer en esa telaraña burocrática?

—Yo también deseo que se haga justicia, pero no puedo ser impulsivo —explicó el pelinegro con frustración—. Tengo una gran responsabilidad y debo cumplirla como corresponde. Créeme cuando te digo que este cargo me ha mostrado muchas caras y ha cambiado mi vida drásticamente.

Aquellas palabras llenaron de preocupación al animago, su ahijado se escuchaba cansado y, al ser éste un joven lleno de vitalidad, no le gustaba nada verlo de esa manera—. Con toda esta situación no he podido preguntarte como estas con este puesto.

—En estos momentos es más agotador de lo normal, últimamente no he tenido tiempo a solas con Ginny y sé que eso la está afectando aunque ella no me lo quiera decir, la presión mediática sobre la zozobra que existe en cuanto a la seguridad mágica no ayuda mucho, los comentarios sobre mi ineptitud en el puesto por mi juventud, la culpa que siento al haberle fallado a Jessica al confiarme este lugar, la rabia y la frustración que siento al saber que esos miserables siguen libres en alguna parte y que nosotros no hayamos podido hacer nada para detenerles...

—Harry... —Sirius agarró con fuerza una de las manos del más que estresado pelinegro. Al lograr llamar su atención, le sonrió comprensivo—. Esos miserables han jugado con todos nosotros, no solo contigo. No eres un inepto, has hecho todo lo posible por detener este desastre, es solo que ellos cuentan con ventaja: ellos nos conocen, nosotros no.

—Sirius...

—No, escúchame. No le fallaste a Jessica, estoy seguro de que si ella... —se aclaró la garganta al sentir que su voz se entrecortaba—, si ella estuviera viva, te lo diría. Nadie se esperaba un ataque contra ella, y mucho menos que la traición viniera de donde menos nos esperábamos. Y sobre Ginny..., lamentablemente no puedo sugerirte sobre como extender tu tiempo hacia ella, pero si puedo aconsejarte en que no olvides en ser detallista con ella. Demuéstrale que, si bien no puedes en estos momentos tener un momento a solas con ella, siempre está en tus pensamientos y que no deseas que ella se olvide de ti. Y recuérdate a ti mismo que, a pesar de las adversidades, puedes lograr todo lo que te propongas, por más difícil que sea.

El joven jefe del Departamento de Seguridad Mágica analizó las palabras de su padrino, y una vez agradecía a la vida por haberle devuelto una pequeña parte de su familia. Escuchar aquellas palabras de aliento y esos necesarios consejos era lo que necesitaba para despertar de la bruma negativa en la que se encontraba. Con lamentarse no podía hacer nada, y si caía en sus decisiones tenía que levantarse y seguir adelante. Solo esperaba que pudiera hacer algo pronto para ver la luz al final del túnel, un indicio de que ese era su camino a seguir. Con renovada convicción, Harry correspondió al agarre del castaño con una sonrisa.

—Gracias, Sirius.

—Siempre estaré cuando me necesites, no lo olvides. No estás solo en esto.

Con un asentimiento de cabeza, el ojiverde se levantó y agarró el recién ojeado informe.

—Tenemos que hablar con Kingsley de esto ahora. —el joven mago sonrió aún más—. Es momento de atrapar a esos desgraciados. Cueste lo que cueste.


Hoooola a todos, espero que estén bien y les haya gustado el cap.

Sí, lo sé, me tardé una vida en actualizar u_u Pero, como ya les dije, el mundo muggle es complicado y a veces lo que se planifica no siempre sale como queremos, y con el bloqueo que me cargaba menos que menos. Estoy recuperándome poco a poco de él.

Poco a poco, des-pa-ci-to, se van revelando detalles. Lynette esta casi descubierta y ella sin saberlo buajajajajajaja

Pero ahora quieren interrogar a Jessica :s

¿Qué creen que pase? ¿Que me dicen ustedes? Recuerden que ustedes también colaboran en mi inspiración.

Nos leemos después. Recuerden: tarde pero seguro XD. Saludotes.



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