Historia al azar: Poemas de vampiros
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El comienzo de una nueva vida II » ¿Qué esperar?
El comienzo de una nueva vida II (R13)
Por Samaria-Reed
Escrita el Miércoles 10 de Mayo de 2017, 18:05
Actualizada el Martes 15 de Septiembre de 2020, 17:54
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¿Qué esperar?

Tom Riddle se sacudió los restos de cenizas que habían quedado en su oscura capa de viaje. Había regresado del Ministerio de Magia, satisfecho por no haber sido reconocido y enfadado por no encontrar lo que buscaba. Después de la fallida guerra y de las hipótesis que estaban manejando sus descendientes, decidió buscar información por su cuenta, estaba cansado de estar bajo las sombras y de escuchar a los incompetentes de sus secuaces repitiendo la misma noticia: no se sabe que ocurrió.

Pero tal parecía que ellos tenían razón, el Ministerio desconocía el motivo del cese de hostilidades anunciado por el Tridium, todos estaban sorprendidos y desconcertados. Bufó hastiado, aún recordaba sus caras de alivio y euforia, cuando a estas horas solo tendría que haber destrucción y desolación.

Al entrar al despacho, el mago tenebroso se encontró con su rubio descendiente, quien estaba con una expresión analítica al mirar fijamente el costero paisaje en la ventana principal de la estancia. Sin esperar ninguna invitación, tomó asiento en el gran sofá y comenzó a ojear el ejemplar de "El Profeta" que estaba en la mesita.

—¿Fuiste a confirmar lo que nos informaron?

—Sí. Nunca me he conformado con lo que dicen ellos —respondió el moreno sin dejar de mirar el periódico.

Darius se giró y miró al mago con una sonrisa irónica—. Y querías corroborar si nadie te reconocería en tu nueva apariencia ¿o me equivoco?

El heredero de Slytherin alzó la cabeza con una sonrisa de satisfacción—. También.

—Perfecto. —el ojiazul se sentó en su acostumbrado sillón, a juego con el oscuro escritorio—. Ya que los planes cambiaron, creo que Lord Voldemort regresará al mundo mágico sin dejar su anonimato.

La sonrisa se borró de golpe en el rostro del aludido—. No pienso mantenerme en las sombras ni un momento más. No regresé para estar como un vulgar prisionero —siseó sin dejar de mirarlo.

—Y no estarás de prisionero —concordó el joven mago inclinándose en el escritorio—. De hecho, te vamos a necesitar más seguido en el Ministerio. Solo que... de encubierto.

—¿Y se puede saber cuál es tu "brillante" plan ahora? Porque no creo que tenga que recordarte el fracaso que tuviste con el primero ¿o sí? —espetó Voldemort con ironía, lanzándole el diario donde estaba en primera plana la noticia de la ausencia de guerra.

El chico lo tomó en el aire y miró despectivo a su antecesor—. No hablemos de fracasos, abuelo. No creo tener que recordarte que fuiste destruido por un mocoso de diecisiete años ¿o sí?

El mago mayor se levantó abruptamente, dispuesto a retirarse y no seguir escuchando, lo que él consideraba, las estupideces de su "nieto".

—Por cierto, ya tenemos la varita que te prometimos —comentó como si nada el rubio, haciendo que el moreno se detuviera a un palmo de la puerta—. Pero como no quieres colaborar...

El señor tenebroso se giró lentamente mientras siseaba molesto—. ¿Me estás chantajeando?

—No. —Darius sonrió satisfecho—. Sólo te estoy recordando nuestro trato.

—Maldita sea la hora en que me metí con Amelia —gruñó Voldemort por lo bajo antes de regresar a su asiento—. ¿Para qué demonios me quieren en el Ministerio?

La respuesta del rubio se vio interrumpida por la intempestiva entrada de una hermosa rubia de ojos azules.

—Por tu cara debo de suponer que no traes buenas noticias.

—No estoy de humor para tus malos chistes, Darius —espetó la rubia dirigiéndose a la mesa de bebidas.

—No es muy temprano para... —al ver que su hermana lo fulminaba con la mirada, el joven alzó las manos en señal de paz—. Sírvete lo que desees.

Y siguiendo el consejo, la chica se sirvió un vaso de whisky de fuego—. Aun no puedo creer que no haya estallado la maldita guerra —gruñó antes de beberse el ambarino líquido de golpe—. Y lo peor de todo es que no podemos saber que diantres pasó.

—¿Las fronteras siguen cerradas?

—No sólo están cerradas, Darius, están completamente bloqueadas. —Tamara observó con amargura como el dorado líquido daba vueltas en el cristalino vaso mientras lo agitaba—. Los muy idiotas prefirieron separar definitivamente ambos mundos que destruir al mundo que les estorba. —con un gruñido, la joven estrelló el vaso contra la pared—. ¡Malditos sean todos ellos y su estirpe!

—Algo no está bien. —el ojiazul afincó ambos codos en el escritorio y acomodó su barbilla en sus manos estrechadas—. Después de lo que pasó la guerra era inminente, no por nada Emerick fue quien la declaró en nombre del Tridium. —miró reflexivo a su hermana—. Tuvo que ocurrir algo de gran importancia para que, a última hora, decidieran retroceder.

Tamara frunció el ceño—. No estarás insinuando que...

—Fuiste tú quién afirmó que la heredera de Merlín estaba muerta. —el rubio entornó los ojos con recelo—. ¿No te habrás equivocado?

—Ella está muerta, Darius —siseó amenazante la mujer—. Nadie sobrevive a una maldición asesina.

—Discrepo, muchacha. —intervino Riddle mientras se dirigía a la mesa de bebidas—. No creo que tenga que recordarles que Potter sobrevivió por magia antigua ¿o sí? —se sirvió una copa con vino y, a salud de los jóvenes, bebió un sorbo—. Y con los comentarios que están recorriendo el Ministerio, no descartaría esa posibilidad.

—¿De qué comentarios hablas? —inquirió Darius.

El hombre sonrió ladino al tiempo que retomaba su puesto—. A los comentarios sobre el tardío sepulcro de la dichosa heredera.

Ambos hermanos se miraron fijamente, antes de que el rubio preguntara.

—¿Aun no la han enterrado?

Voldemort le dio otro sorbo a su bebida—. No. Bueno, no que el Ministerio esté enterado.

—Eso no quiere decir que esté viva —protestó Tamara—. Ella estaba muerta cuando la revisé, vi sus ojos opacos y sin vida. Si el Ministerio no tiene información sobre el entierro de esa estúpida, probablemente sea porque el Tridium se encargó de su cuerpo. ¡La heredera murió y fin del asunto!

—De todas formas debemos averiguar que pasó. —intervino Darius antes de ver uno de los muchos arranques de furia de su hermana—. Ya pasamos a un plano ofensivo, retroceder es perder así que tenemos que ir con cautela. —el rubio miró al mago mayor—. Debemos saber dónde estamos pisando para saber que fichas mover. Y con un estratega en el Ministerio tendremos mucho más que un plan, tendremos la posibilidad de desestabilizarlos de una vez por todas.

—¿Tendré la varita antes? —Voldemort sonrió malicioso al ver como el chico afirmaba con un asentimiento de cabeza—. Bien, me gusta el caos. Te escucho.


Jessica gruñó al sentir la calidez matutina del sol en su rostro, aún no estaba lista para levantarse. Se estiró perezosamente sin abrir los ojos antes de tantear y tomar la sábana para cubrirse el rostro y seguir con su descanso. Pero su intención no duró mucho al sentarse sobresaltada y mirar a su lado.

"Durmió aquí" pensó al ver que las sábanas que estaban al lado de la cama del pocionista estaban arrugadas.

Se colocó ambas manos en el rostro al recordar lo que había acontecido hacia unas horas, como por un momento perdió el control de sus emociones y de sus poderes. En su defensa, tenía todo el derecho de estar furiosa con Severus por su silencio, nadie le haría cambiar de opinión sobre ello. Pero, también admitía que no debió llegar a esos niveles de reacción, lo reconocía. Suspiró con pesar, esta situación los estaba llevando a ambos por el camino de la amargura, y sin contar que no sabía que esperar ahora por parte de su compañero. ¿Estaría molesto, dolido o indiferente? Molesto no lo creía por cuanto su silencio de anoche otorgaba su culpabilidad en el asunto, dolido quizás por su repentino actuar violento; o probablemente estuviera imperturbable como siempre ante este tipo de situaciones.

Soltó un largo bostezo y se levantó para dirigirse al baño, tenía que estar lista para recibir lo que sea que tuviera preparado ese día. Al cabo de unos minutos, se estaba colocando un cómodo vestido azul marino y unas bailarinas blancas. Al mirarse en el espejo no pudo evitar bufar, no había tenido tiempo de ver su rostro al salir el día anterior, pero ahora comprendía tanta preocupación por parte de los reyes, los príncipes y hasta del mismo Severus. Su cabello se había aclarado un poco y carecía de brillo, estaba pálida y con unas pronunciadas bolsas negras bajo los ojos. Y su lamento fue a mayor al recordar que no podía utilizar ninguna de sus habilidades para cubrir su aspecto.

—Abie.

Un sonoro plof se escuchó en la habitación.

—A sus órdenes, joven ama —chilló la contenta elfina.

—Trae el desayuno.

—Enseguida. —y del mismo modo desapareció

La castaña sacó de uno de los cajones del tocador la poción revitalizadora, la miró haciendo un mohín.

—Sabes horrible, pero me tengo recuperar pronto. Ya no puedo seguir como una muerta viviente.

El doble sonido de aparición y el delicioso olor que siguió le indicó que el desayuno estaba servido en la mesita. Tomó asiento y se dispuso a agregar la poción al jugo el cual terminó en un solo beber. Estaba por comer una porción de su cereal con yogurt cuando la puerta se abrió y Severus entró a la habitación, seguido de una hermosa joven de cabello negro azabache y ojos verde botella.

—¡Alexa! —chilló Jessica mientras recibía a su hermana del alma con un gran abrazo—. Pensaba que todavía estabas en Australia.

—Solo fui para cumplir con un colega que, por suerte, fue uno de los primeros en exponer su investigación —dijo la pelinegra restándole importancia mientras se separaba de ella con una gran sonrisa—. Tenía asuntos más importantes por acá. Por cierto, me alegro de verte bien.

La castaña enarcó una ceja—. ¿Bien?

—Está bien, no estás fabulosa como antes, pero estás despierta y levantada que es lo importante. Lo demás ya lo recuperarás.

—Tienes razón —concordó Jessica con mejor ánimo. Al mirar al pelinegro, por primera vez se sintió cohibida con él. Su inexpresión no le indicaba que sentía en esos momentos hacia ella y eso la desconcertaba.

Pero la timidez y el desconcierto de la castaña no pasaron desapercibidos por él, y en cierto modo le sorprendió verla en esa disyuntiva hacia su persona. Él esperaba que, al encontrarla despierta, ella lo fulminara con la mirada e incluso que lo ignorara. Al ver que se incomodaba cada vez más por su mirada y su silencio, decidió intervenir.

—¿Te sientes mejor? —al ver que su novia solo asintió afirmativamente decidió continuar—. ¿Ya te tomaste la poción?

—Sí. De hecho me la acabo de tomar.

—Bien. En ese caso me voy tranquilo. Llegaré tarde hoy, tengo trabajo atrasado por culminar. —se acercó a la castaña y, tras pensarlo rápidamente, le dio un beso en la frente y uno en la coronilla—. Te quiero, nunca lo dudes. —Luego se dirigió a la ojiverde—. Está a tu cuidado, no hagas que me arrepienta.

Alexa rodó los ojos—. La duda ofende, cuñado. Ve tranquilo.

El pelinegro asintió y se retiró del lugar. Una vez solas, la joven doctora miró a su amiga con el ceño fruncido.

—¿Se puede saber que pasó entre ustedes? —al ver que la bruja iba a replicar, se le adelantó—. Y no me digas que nada porque tu cara de tristeza, la cara de perro apaleado que tenía Snape cuando fue a buscarme y esa incomodidad de hace unos momentos no es por nada.

Jessica suspiró fastidiada, odiaba cuando nada se le escapaba a su mejor amiga—. La historia es larga.

—Me voy a quedar a dormir, querida. De hecho, mi maleta está a un cuarto de distancia. —al ver la sorpresa en el rostro de Jessica, sonrió maliciosa—. No pensarías que después de todo lo que pasó me conformaría con una breve visita como la otra vez ¿O sí? —la ojiverde negó con su dedo índice—. Antes no hice preguntas porque estabas débil y no era prudente tener una conversación. Ahora estás mejor, y en consecuencia, puedo aplicarte un tercer grado.

La heredera negó divertida con la cabeza—. Bien, tú ganas. Siéntate y desayuna conmigo.


—¿Intentaste atacar a Severus? —Alexa miraba anonadada a su amiga, decidió que mejor dejaba su taza en la mesita antes de que ocurriera un incidente con ella—. Te he visto furiosa, Mina, pero no hasta esos extremos.

Jessica suspiró preocupada—. Hasta a mí me tomó por sorpresa esa reacción. No esperaba que mi rabia pudiera aumentar a esos niveles.

—Pero, por lo que me contaste, no es solo la rabia —argumentó la pelinegra, obteniendo la completa atención de la heredera—. Tus emociones están en una especie de montaña rusa, no se sabe cuando reaccionarás con una gran furia o cuando tendrás un fuerte ataque de melancolía.

—Y no solo tengo descontrol de mis emociones, sino también de mis poderes. —la castaña, que ahora estaba acomodada en su cama, tomó una de las almohadas para cubrirse la cara—. ¡En menudo desastre me he convertido!

—Por si no te has dado cuenta, una situación va de la mano con la otra, de modo que tienes que resolver alguna de las dos para salir de este desnivel. —La ojiverde se levantó del cómodo sillón, se sentó a su lado y le quitó el cojín—. ¿Cuál puedes solucionar pronto?

La morena quedó pensativa, analizando algunos datos que había tenido los últimos días—. Severus me contó que, para despertarme, tuvieron que recurrir a la Dama del Lago. Ella fue quien activó nuevamente el anillo liberando el poder retenido, y quien le advirtió que mi núcleo mágico estaría inestable por un tiempo.

—Y crees que ella te puede ayudar con tus poderes ¿no es así?

Jessica asintió, mirando fijamente su anillo—. Este anillo fue creado para mantener los poderes del mago Merlín controlados. Al estar en contacto con él también debería controlar mi magia, nunca necesite una varita por ello. Pero tal parece que el vínculo que había entre mi núcleo y el del anillo se rompió ante la mezcla de magia negra a la que, probablemente, fui sometida. —se encogió de hombros—. Bueno, esa es la hipótesis que maneja Severus.

—Pero también pudo ser en tu despertar —dijo Alexa pensativa mientras se acariciaba la barbilla—. Quizás esa liberación de poder fue quien rompió esa conexión.

—También es posible —concordó la castaña. Soltó un sonoro suspiro—. Al final todo termina en una conclusión. Tengo que hacerle una visita a la Dama.

Alexa intentó no reírse, pero falló estrepitosamente al hacerlo con ganas. Una vez logró calmarse, y ante la ceja enarcada de su amiga, dijo—. Si Severus sigue contigo, no le auguro una larga vida. ¿Acaso quieres matarlo de un disgusto?

—Él no tiene porqué enterarse —dictaminó Jessica encogiéndose de hombros—. Solo tengo que buscarla en el tiempo que esté ocupado en el Consejo. Obviamente no iré sola —agregó al ver la mirada acusadora de la muggle—. Le pediré a Draco que me acompañe. Es lo mínimo que me debe por no venir a visitarme.

—¿Y crees que el rubio querrá asumir ese riesgo? Y por supuesto que no me refiero al viaje.

—No accederá a la primera, pero al final lo hará.

—Si tú lo dices. —la ojiverde se levantó y se dirigió a la gran ventana de la habitación—. Si digo que quiero acompañarte...

—Sabes que la respuesta es no —cortó Jessica con firmeza—. Sería arriesgado para ti, sin contar que necesitaré una coartada para mi salida y tú eres muy ingeniosa en eso.

—Aguafiestas —gruñó Alexa sacándole la lengua—. Vas de aventura y no me invitas.

La castaña sonrió y se encogió de hombros—. Es por tu bien.

—Sí, lo que digas. —le restó importancia la pelinegra sin apartar la mirada del primaveral paisaje. Después de unos silenciosos minutos, dirigió una mirada ceñuda a su anfitriona—. No había caído en cuenta tu comentario sobre la hipótesis del anillo. ¿Aún no recuerdas lo que pasó en tu secuestro?

—De hecho, hace dos días recordé un fragmento de lo que, creo, fue la última conversación que tuve con ellos. No fue nada relevante sobre sus identidades, pero sí aclaró que la guerra formaba parte de su plan para distraer al Ministerio. —ahora quien estaba ceñuda era la heredera—. Pero no consigo recordar nada más ¿para qué querían distraer al Ministerio?

—Pues... —Alexa tomó asiento en uno de los sillones y se sirvió otra taza de té que, para su satisfacción, todavía estaba caliente—. Debía de ser por algo grande para que usaran como cebo nada más y nada menos que una guerra.

—De eso no hay duda, pero ¿Qué lograron hacer?

—No te alteres por ello, que no vas a lograr nada —le advirtió Alexa al ver su impotencia—. Los recuerdos están en tu alocado cerebro, resguardados. Poco a poco los recuperarás, prueba de ello es que recordaste una parte; pequeña, pero de relevancia. —la morena, pensativa, se dio varios golpecitos en la nariz—. De hecho, esos breves momentos de recuperación de información pueden ser ocasionados por ciertos factores relacionados a los mismos. En tu caso, la pérdida de memoria se produjo por una experiencia extremadamente estresante, lo cual ocasionó que se reprimieran los recuerdos de esa situación en particular.

—¿A dónde quieres llegar, querida doctora? —inquirió Jessica divertida.

— ¿Cómo recordaste ese momento?

—No se contesta una pregunta con otra.

Alexa la miró amenazadora con los ojos entornados—. Solo contesta.

—Bien. —la castaña rodó los ojos—. Estaba hablando con la princesa de Asarath sobre la guerra y...

—¿Y...?

—Y me dijo que iniciaba al atardecer —respondió Jessica con aire distraído.

— ¿Y esa frase tiene algo en especial porque...?

—Porque... —la morena abrió los ojos desmesuradamente—. Porque me atacaron al atardecer. ¡Por eso recordé esas palabras!

—¡Lo sabía! —expresó la pelinegra satisfecha—. Debí estudiar psicología, soy muy buena en esto.

—¿Ahora me responderás? —preguntó impaciente.

—Pues que estaba pensando que podríamos utilizar, por ejemplo, tu memoria sensorial para evocar los recuerdos reprimidos.

La castaña frunció el ceño—. ¿Usar mi memoria sensorial?

—Exactamente. Algunos recuerdos están ligados a este tipo de memoria. Es decir, pueden recuperarse al escuchar un sonido, la textura de un suelo, el olor de un lugar...

—Una imagen...

—¡Ya estas entendiendo el tema!

Jessica se levantó reflexiva de la cama y ocupó el sitio donde estaba su amiga frente al gran ventanal, mirando las grandes montañas que se distinguían en el horizonte.

—Cuando estaba fuera de la enfermería..., me llamó mucho la atención la varita de Selene —comentó absorta en la vegetativa visión—. Ya la he visto con anterioridad infinidad de veces, pero en ese momento sentí que tenía algo pendiente con ella. Si lo que dices es cierto...

—¿Me estás diciendo que alguien de esos dichosos reinos te traicionó? —chilló Alexa, indignada por lo que estaba escuchando.

—Si te soy sincera, no sé qué pensar —susurró Jessica, horrorizada de los diferentes escenarios a los que concluía.

—¡Debes hablar con esos reyes! —Dictaminó furiosa la ojiverde—. Si alguno de los suyos fue responsable de lo que te pasó, debe pagar por ello.

—Si esa varita forma parte de ese recuerdo, no quiero ni imaginarme lo que va a pasar en el Consejo.

La muggle se levantó preocupada al ver lo lívida que estaba su amiga—. Jessica, estás muy pálida ¿Te sientes bien?

—Estoy bien.

—¿Y entonces...?

—No entiendes lo grave que es esa sospecha, Alexa. Esto es peor de lo que esperaba.

La aludida frunció el ceño, intrigada—. ¿Qué tan grave es?

—Las varitas cristalinas no son comunes, ni siquiera en el reino asariano —comenzó a relatar la castaña a la vez que tomaba asiento en el otro sillón—. Y, por su rareza, solo son utilizados por la jerarquía más alta del reino: la realeza. Es por ello que pueden diferenciarse con los súbditos, ya que los de menor rango utilizan varitas completamente blancas.

—¿Quieres decir que probablemente fuiste atacada por uno de los príncipes o... por la misma reina? —inquirió Alexa consternada—. ¿Será por eso que tu cerebro reprimió ese momento de tu mente? ¿Por el dolor de la traición?

La heredera se tomó el cabello con ambas manos y recostó los codos en los muslos, tenía la corazonada de que eso no había pasado. Ni Marian, Elliot o Selene pudieron haberle hecho semejante aberración. No, era imposible. Pero la visión de aquella varita...

"¿Qué demonios pasó ese día?" chilló mentalmente, frustrada de no saber que hacer. O tal vez sí.

—No lo sé, Alexa. Solo tengo algo seguro. —miró a su amiga con determinación—. Ya no soporto esta incertidumbre y hoy se tiene que terminar.

—¿Hoy? —chilló Alexa—. ¿Estás loca?

—Loca voy a terminar si no recuerdo de una maldita vez —replicó Jessica molesta—. Y hoy tengo la oportunidad perfecta para hacerlo —dijo al pensar en la ausencia del pocionista.

—Pero...

—Pero nada —cortó la heredera mirando fijamente su anillo—. La Dama del Lago y yo tenemos una cita pendiente. Y voy a hacer que la cumpla.

Una vez dicho esas palabras, Jessica se sobresaltó al sentir un fuerte pálpito del anillo.

—¿Qué pasa? —inquirió Alexa preocupada mientras se acercaba a ella.

El anillo volvió a latir, sorprendiendo nuevamente a las jóvenes. De pronto un fuerte resplandor azulado surgió de la joya, cegando y a su vez envolviendo a ambas chicas. Cuando la poderosa luz desapareció, Jessica y Alexa habían desaparecido con ella.


Hola a todos, espero que les haya gustado el cap :)

Disculpen la tardanza, el tiempo y la inspiración no estaban a mi favor u_u

Es triste, un retroceso en la pareja. Jessie no sabe como comportarse con él, por una parte esta molesta por su omisión, y por otra esta apenada por lo ocurrido. Y él solo esta esperando que ella, por ahora, lleve la voz cantante hasta que se tranquilice, sin dejar que ella olvide lo mucho que la ama. ¿En qué creen que pueda terminar esto?

Y ahora, lo que faltaba ¡las chicas desaparecieron! ¿A donde habrán ido?

Como ya se imaginarán, este es el último capitulo del año. Ya viene el corre corre de las fiestas y ahí si tiempo no va a haber n_n

De corazón les deseo una feliz navidad y un prospero año 2018. Fue un año difícil por diversas circunstancias, ya sea climatológicas, sísmicas o económicas, pero aun así estamos de pie dando la batalla y eso es una gran victoria. Por eso le pido a Dios que los bendigan y los colmen de mucha paz, armonía y prosperidad. Y que este año venidero sea muchísimo, pero muchísimo mejor que éste. Un beso a todos y todas, y muchísimas gracias por su apoyo con esta historia en este año. Espero leerlos y percibirlos el año que viene.

Nos leemos después. Saludos :)



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