Historia al azar: Cena de Navidad
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El comienzo de una nueva vida II » Descontrol
El comienzo de una nueva vida II (R13)
Por Samaria-Reed
Escrita el Miércoles 10 de Mayo de 2017, 18:05
Actualizada el Martes 15 de Septiembre de 2020, 17:54
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Descontrol

─Jessie es hora de ir a la cama.

─Mamá, no tengo sueño ─respondió una niña de sedoso cabello castaño y ojos achocolatados que trataba de mirar la televisión, mientras luchaba porque sus ojitos no se cerraran.

Una sonora carcajada se escuchó en la planta baja de la casa a la vez que una serie de firmes pasos resonaron hasta llegar al lado de la infanta.

─Mi princesa testaruda, ¿no te cansas de luchar con Morfeo? ─inquirió divertido su padre mientras la tomaba en brazos.

─ Pero es que... ─la niña se vio interrumpida por un largo bostezo antes de continuar con un susurro─. No tengo sueño.

Al ver como Jessie se acomodaba en su hombro y cerraba sus ojitos, el hombre sonrió─. ¿Estás segura?

─Ujum ─ronroneó la pequeña en respuesta.

─Mi princesa es toda una gatita ─murmuró el mayor tratando de contener una carcajada por tan pintoresca escena─. Una hermosa minina. Mi Mina.

─Mina ─repitió la niña en sueños con una sonrisa.

─Sí, mi bella Mina.

Jessica intentó abrir los ojos lentamente pero sólo pudo soltar un siseo seguido de un gemido cuando un fuerte dolor se instauró en su cabeza.

─Traigan una poción para el dolor ¡Ya! ─se escuchó a lo lejos seguido de unos pasos apresurados que se detuvieron al lado de la joven─. Tranquila, Excelencia. ¿Puede abrir los ojos?

La morena nuevamente hizo el intento, tratando poco a poco de acostumbrarse a la iluminación del lugar. Al lograrlo pudo identificar que se encontraba en la enfermería del Consejo, y a la dueña de la voz como una mujer mayor de cabello plateado y unos candorosos ojos amielados, vestida con uniforme de medimaga.

─Tenga. ─la sanadora le extendió un frasco con una poción azulada─. Le hará bien.

Sin dudarlo la chica tomó el frasco y se bebió el contenido. A los pocos segundos, sintió como el alivio iba llegado a su cabeza, soltando un suspiro de satisfacción.

─¿Mejor?

─Sí, mucho mejor. Gracias. ─la heredera observó detenidamente su entorno antes de fijar nuevamente la mirada hacia la mujer de traje blanco─. ¿Por qué estoy aquí?

─Se desmayó en la Sala de Reuniones mientras estaba reunida con sus majestades.

*Flashback*

─Toda esta situación ha estado ocurriendo en los últimos meses ¿Y no nos lo comunicaste? ─espetó Elliot, debatiéndose internamente entre la incredulidad y el enfado después de escuchar lo transcurrido en los últimos meses con los mortífagos─. ¡En qué estabas pensando!

─El ministro de magia británico me pidió tiempo para investigar a profundidad acerca de la nueva situación a la que se estaban enfrentando...

─Eso no es excusa, Jessica, y lo sabes ─aseveró el sucesor asariano─. Conoces lo delicado de esa información en manos de otras personas que no pertenezcan a nuestro reino.

─No pude negarme, Elliot ─replicó la castaña tratando de controlar la respiración, sentía como poco a poco se le dificultaba realizarla y eso significaba que se le estaba acabando el tiempo─. Esa información estaba en manos de un grupo... que le ha hecho mucho daño al mundo mágico y el cual, su persecución estaba en manos del ministerio. Eso sin contar... que no era buen momento ya que Acquarius había sufrido un ataque a su frontera. Mi error fue... no haberles dicho cuando el plazo que les di había expirado, lo admito. Pero comprendan que fueron... dos circunstancias en una y ellos, para desgracia, estaban metidos en ella─

─Pero tu silencio tuvo nefastas consecuencias ─habló Selene sin perder la calma─. Quizás en estos momentos ni siquiera estaríamos hablando de una guerra.

Un sonoro golpe se escuchó por toda la estancia, acallando la conversación. Raynor estaba fulminando con la mirada a los representantes asarianos mientras tenía ambas manos afianzadas en uno de los escritorios del lugar─. ¡¿Quieren dejar de ignorarnos de una vez por todas y explicarnos de una vez que demonios está pasando?!

─Raynor tiene razón ─opinó Emerick desde su trono─. Merecemos una explicación de lo que está pasando.

Los tres asarianos se miraron entre sí un momento, pero fue Marian la que respondió─. Se tendrán que conformar con saber que, a partir de ahora, esta situación es asunto oficial del reino de Asarath.

─¿Qué? ─bramó Raynor, furioso y desconcertado a la vez.

Emerick se levantó de su cómodo asiento a la vez que miraba seriamente a la soberana asariana─. Espero que tengas una buena explicación para anunciar tal decisión.

─Es un asunto confidencial de Asarath. En consecuencia, no hay nada más que decir.

Los tres soberanos se enfrascaron en una calurosa discusión sobre la nueva información flotante y lo injusta que era Marian al ocultar la importancia de la misma. Y esa fue la última imagen que quedó en la mente de la castaña, cuando su vista comenzó a nublarse y cayó inevitablemente en la inconsciencia.

* Fin flashback*

La castaña hizo el amago de incorporarse cuando la mano de la medimaga la detuvo con una mano en el hombro.

─Debe descansar. ─la mujer la miró con severidad─. Fue muy irresponsable de su parte, Excelencia, venir hasta acá sabiendo el cuadro de debilidad que presentaba.

─Tendré todo el tiempo del mundo para descansar, una vez los reyes recapaciten sobre su absurda guerra.

─Entonces puede empezar a descansar porque ya no habrá ninguna guerra.

Los ojos de la joven sucesora casi se salen de sus cuencas cuando escuchó la noticia─. ¿Cómo...?

─No puedo darle esa información ya que carezco de la misma. Pero puedo asegurarle que es información oficial, eso sin contar que ya es medianoche.

─¿QUÉ? ─la morena miró el reloj de pared que estaba a su izquierda donde estaba marcada la hora dicha─. ¿Estuve inconsciente tanto tiempo?

─Es comprensible, considerando que llegó en esas condiciones y estuvo más de una hora reunida con los reyes en una, al parecer, acalorada discusión.

─Medimaga Rousse.

Ambas miraron a la joven aprendiz que se asomó a través de las cortinas con cara de preocupación.

─¿Qué sucede Lauren?

─Pues… ─la chica miró a la heredera de reojo antes de proseguir─. Están volviendo a discutir. Y ninguno de los medimagos quiere intervenir porque… ya sabe.

La sanadora rodó lo ojos─. Enseguida voy.

─¿Quiénes están discutiendo? ─inquirió Jessica una vez la aprendiz se había retirado.

─Sólo si promete hacerme caso, le diré.

La morena la miró con los ojos entrecerrados antes de tocarle la mano. Casi de inmediato bufó y se recostó nuevamente en la camilla, mirando reflexivamente el blanquecino techo.

─¿Se siente bien? ─preguntó la sanadora, haciendo un chequeo rápido con su varita. Una vez confirmado que no había nada fuera de lo normal miró a su paciente, sobresaltándose al ver que la castaña la miraba pensativa─. ¿Pasa algo?

─Necesito que me haga un favor.


─¿Todavía usted aquí? ─espetó Patrick al llegar a la sala de espera de la enfermería del Consejo─. Mi padre le dio una orden ¿Quién se cree para desobedecerla?

─Tengo todo el derecho de estar aquí, ya que a quien están atendiendo es a mi pareja ─replicó Severus con evidente molestia─. Y mientras su padre ordenó que me alejara, la reina de Asarath y el rey de Arthemius me dieron el permiso de permanecer aquí.

─¿Y vas a comenzar otra vez con lo mismo? ─expresó Dimitri con fastidio al llegar a lugar, seguido de Selene─. Snape tiene todo el derecho de estar aquí ¿Cuándo te vas a resignar?

─Mi padre dio una orden y…

─Tú padre dio una orden y nuestros padres ─enfatizó el castaño señalando a la heredera asariana y a sí mismo─. Ordenaron lo contrario. Dos a favor, uno en contra. Gana la mayoría, fin de la discusión.

─Además ─intervino Selene tomando asiento al lado del pocionista─. El señor Snape no solo tiene derecho por ser su pareja, también por ser responsable de su salud, él es quien está a cargo de los cuidados de Jessica.

─Él ya no está a cargo de nada ─gruñó Patrick fulminando con la mirada a ambos sucesores─. A partir de hoy, Jessie queda a cargo del Consejo ¿o ya se les olvidó?

El heredero arthemiano esbozó una sonora carcajada, tomando por sorpresa a la ojiverde y al pelinegro, a la vez que aumentaba la ira del acquariano─. ¿En serio crees que ella se va a quedar aquí? ─negó con la cabeza, divertido al ver la expresión ceñuda de su futuro compañero guardián─. Hablas como si la conocieras, pero se nota que no la conoces de nada.

─¡No digas idioteces! ¡Claro que la conozco! ─Bramó el ojigris claramente enfadado. Y su enfado fue en aumento al escuchar bufar al ex profesor─. ¿Algo que quieras decir, Snape? ─espetó con asco.

El hombre se levantó con brusquedad de su asiento y lo encaró, sorprendiéndolo ya que Patrick no esperaba esa acción─. Escúcheme bien, Alteza ─siseó en el mismo tono que lo hizo él con su apellido─. Me cansé de estar escuchando sus lloriqueos todo el maldito día. Que le quede claro de una maldita vez, si es que tanta petulancia no le consumió las neuronas: Jessica Rosenbaum es MI mujer, le guste o no le guste. En consecuencia, si a mí me da la gana de quedarme, me quedó ─sonrió con satisfacción al ver como el joven acquariano estaba rojo de la rabia─. Y no es ninguna idiotez lo que dijo el joven Dimitri. Después de tanto tiempo, aún no la conoce. Es por eso que nunca llamó su atención como hombre.

─¡CÁLLESE!

─¡NO ME VOY A CALLAR! ─Gritó Severus en respuesta─. Durante estos días me he aguantado sus estúpidos comentarios, y ahora me va a escuchar. ─lo empujó hacia uno de los asientos y lo señaló con el dedo como si estuviera a punto de regañar a uno de sus antiguos estudiantes, mientras la rubia los miraba de hito en hito asustada y el castaño sonreía divertido pero alerta en caso de que la situación se saliera de control─. Su padre y usted tenían la absurda idea de que Jessica algún día pertenecería a la realeza acquariana por la estúpida creencia de que ella accedería a casarse con usted. Les tengo noticias: ella nunca accedería a ese casamiento por la simple y llana razón de que ella no siente nada especial por usted.

─¡Ella sentiría algo por mí si usted no se hubiese entrometido! ─vociferó el rubio en respuesta al levantarse con brusquedad─. ¡Usted la engatusó con quien sabe qué y ahora está confundida!

─Pues no la vi muy confundida cuando lo besó ─murmuró Selene para sí misma pero, ambos contendientes la escucharon y la miraron fijamente. La chica alzó ambas manos en señal de paz─. No dije nada.

─Admítalo. ─continuó el pelinegro cruzándose de brazos─. Hubiese sido cualquier otro, menos usted. No es el tipo de hombre que aspira en su vida.

─Eso me lo tiene que decir ella, no usted ─espetó el acquariano. Luego lo escrutó despectivamente con la mirada─. Y no sea iluso al compararse conmigo. Estamos en distintas posiciones. ─se irguió en toda su altura─. Creo que ya es hora de que el Consejo lo ponga en su lugar.

─Caballeros…

Todos dirigieron su atención a la medimaga de cabello plateado y ojos amielados, que en esos momentos los miraba de mala manera.

─No creo que tenga que recordarles que no están en la Sala de Reuniones donde pueden discutir a sus anchas ¿o sí?

─Disculpa, Anne. No volverá a suceder ─expresó Severus recuperando su impasibilidad.

─Por supuesto que no va a volver a ocurrir porque usted se va a retirar ahora mismo de aquí ─siseó Patrick fulminando con la mirada al pelinegro.

─Si siguen con lo mismo se van a ir los dos ─declaró la medimaga con voz firme.

─Usted no es nadie para sacarme de aquí ─replicó Patrick con arrogancia.

─¿Quiere ponerme a prueba, Alteza?

─¡Ya es suficiente, Patrick! ─intervino Dimitri al conocer el fuerte carácter de la medimaga─. Si eres el futuro líder de Acquarius, entonces compórtate como tal ─expresó molesto, fulminando con la mirada al rubio. Al ver que el rubio tomaba asiento, no sin antes bufar, se dirigió a la mujer─. ¿Cómo está Jessica?

─Ya despertó ─anunció la medimaga con una sonrisa, a lo que los presentes suspiraron aliviados─. Y por eso estoy aquí, pidió hablar con usted y con la señorita Selene. ─al ver el desconcierto del pelinegro agregó─. No te preocupes, Severus. Ella preguntó por ti y me pidió que te dijera que la esperaras, que no se iba a quedar mucho tiempo aquí. ─la mujer rodó los ojos─. Es testaruda sin duda.

─Ni que lo diga, madame Rousse ─dijo el ojiverde con una gran sonrisa, mirando con satisfacción al acquariano que, como era de esperar, volvió a bufar.

Mientras los dos sucesores siguieron a la medimaga al interior de la enfermería, el pelinegro se recostó en la pared con los brazos cruzados. Al cabo de unos minutos, el ojigris rompió el silencio.

─Esta falta de respeto hacia mi persona no se va a quedar así.

Severus lo miró con expresión inescrutable─. Haga lo que tenga que hacer.

─Y lo haré.

La batalla de miradas hubiese seguido de no ser por la puerta de la enfermería, el ex mortífago salió disparado hacia ella al ver quien había salido.

─¿Estás bien?

─Sí, estoy bien.

El pocionista frunció el ceño por el seco tono de su castaña. La observó detalladamente, aquellos ojos achocolatados que siempre irradiaban amor y ternura ahora estaban opacos y tristes.

─¿Pasa algo? ─preguntó cauteloso

─Tú y yo tenemos una conversación pendiente.

El pelinegro enarcó una ceja─. Por supuesto que tenemos una conversación pendiente, tu imprudencia me está llevando por el camino de la amargura.

─No me hables de amarguras, Snape ─siseó molesta. Al ver que cierto rubio se acercaba a ellos, recuperó la compostura─. Hablaremos después.

El hombre estaba por replicar cuando la medimaga le hizo señas para que ingresara a la enfermería un momento.

─Me alegro verte recuperada, sirena ─dijo Patrick mientras le daba un beso en el dorso de la mano─. Nos diste un buen susto.

─Eso es cierto ─exclamó Dimitri mientras se acercaba al pequeño grupo, acompañada de la asariana quien venía guardando su cristalina varita.

"Esa varita…" pensó la heredera de Merlín aturdida.

─Nos diste un buen susto. ─el abrazo por los hombros por parte de un sonriente arthemiano la sacó de su ensimismamiento─. Pero ya estás bien ¿cierto?

─Más vale que así sea ─intervino Selene mirando a la intercesora con los ojos entrecerrados─. Mira que si te ocurre algo, nosotros figuraremos como responsables.

─¿Dieron el permiso sabiendo que su recuperación debe hacerse aquí? ─gruñó Patrick fulminándolos con la mirada─. ¿Cómo pueden ser tan irresponsables?

La morena frunció el ceño─. Lo mismo que puedo hacer aquí, es lo mismo que puedo hacer en la mansión. Así que no veo otro motivo para permanecer aquí.

─La orden fue dada por los tres reyes, en consecuencia no hay discusión sobre ello.

─Y yo no estoy discutiendo ─dijo Jessica con voz calmada─. Es por ello que mande a llamar a Dimitri y a Selene. Al ser representantes de Arthemius y Asarath, y con permisos de sus respectivos líderes, podían cambiar la decisión.

─Pues en ese caso, yo también tenía que estar presente ─espetó el acquariano.

─Ya sabía tu opinión, así que no hacía falta tu presencia.

─Eso sonó desconsiderado de tu parte, Jessica ─dijo el ojigris dolido─. Nos preocupamos por ti ¿acaso eso es malo?

La chica suspiró mientras recostaba la cabeza en el hombro del castaño─. Agradezco a cada uno por su preocupación, en serio. Pero a veces exageran las cosas, y no pueden esperar a que me quede de brazos cruzados.

─Tu salud no es una exageración ─replicó el acquariano testarudo.

─¡Hola! ¡No me estoy muriendo! ─exclamó exasperada la castaña─. Solo requiero descanso y tomarme mis pociones. Nada complicado y que puedo hacer en la comodidad de Crystal Manor.

─Y sin contar de que el señor Snape estará para cuidarla ─dijo Selene sin importarle la desaprobadora mirada de su amigo.

─Y también estará para cubrir TODAS las necesidades que tenga nuestra Jessie ¿Cierto? ─agregó Dimitri alzándole pícaramente las cejas, a lo que la aludida movió la cabeza a ambos lados incrédula y sonrojada.

─Ya es hora de retirarnos ─anunció Severus al regresar con unas anotaciones en la mano.

Jessica asintió, despidiéndose de sus amigos con un gran abrazo, asegurándoles que estaba bien y pidiéndoles que así se lo hicieran saber a los reyes.


Al aparecerse en el despacho de Crystal Manor, el ambiente cambió repentinamente. La tensión se hizo palpable, tanto que bien podía cortarse con un cuchillo.

─Debes descansar. ─Severus rompió el silencio al ver a la chica dirigirse a la ventana. Pero Jessica hizo caso omiso, viendo como el cielo estaba nublado y pequeñas gotas se estrellaban en el ventanal─. ¿Pasa algo?

─¿Por qué?

Snape frunció el ceño sin entender─. ¿Por qué, qué?

─¿Por qué no me dijiste nada?

─Conversaremos otro día, Jessica. Por ahora…

─Hablaremos ahora ─espetó Jessica enfrentándolo─. Ni se te ocurra usar mi condición para evadirme. Créeme, no sería un buen movimiento de tu parte en estos momentos.

El pocionista se pasó una mano en el rostro, sabía que tendrían esta conversación tarde o temprano. Pero no quería que su castaña tuviera otra recaída. Dos en un mismo día no era nada favorable─. No te estoy evadiendo, hoy ha sido un día muy agotador para ambos y lo mejor es que hablemos mañana.

─¿Tú no quieres hablar? Bien. Entonces siéntate y escucha, porque yo si tengo muchas cosas por decir ─siseó la morena señalando el sofá.

─Jessica, por favor…

─Siéntate, Severus.

Al ver que no iba a cambiar de opinión, el pelinegro bufó y se sentó. Con expresión pensativa, la heredera de Merlín se acercó a la cálida chimenea, tratando de despejar la frialdad que sentía en su cuerpo.

─¿Te imaginas siquiera la rabia que sentí cuando Selene me notificó sobre la guerra entre el Tridium y el mundo mágico?

Inesperadamente el ex profesor tragó saliva cuando ella se giró y posó su mirada en él. Podía ver claramente con su novia se debatía entre la rabia y la decepción. Sintió el impulso de explicarse, de justificar su silencio, pero prefirió callar y dejar que ella se desahogara.

─¿Te imaginas siquiera la humillación y la vergüenza que sufrí cuando me restregaron en la cara que me habían dado de baja de mi cargo? ¡Cuando mi pareja era quien tenía la responsabilidad de notificarme las nuevas decisiones del Consejo! ─exclamó furiosa─. ¿Cuándo pensabas decirme todo lo que estaba pasando, Snape? ¿Cuándo erradicaran por completo la intercesión? ¿Cuándo destruyeran al mundo mágico? ¿CUÁNDO TE TOCARA ENTREGARME AL CONSEJO? ─bramó fulminándolo con la mirada. Sin dejar de mirarlo lo señaló─. ¡Tú no eres nadie para interferir en mis responsabilidades, Severus Snape!

─¡Te equivocas! ─replicó Severus levantándose abruptamente del sofá─. ¡Interfiero cuando tu salud y tu seguridad están en riesgo! ¡Cuando te expones al peligro por tu imprudencia y falta de cordura!

─¿Imprudencia? ─inquirió incrédula, el pelinegro frunció el ceño al ver algo fuera de lo normal en los ojos de la heredera─. ¡Iban a destruir el mundo mágico! ¡Todo el jodido mundo mágico! Y tú sabiendo que quizás podía hacer algo por evitarlo, aplazarlo o lo que sea ¡Te quedaste callado! ¡¿Y me dices imprudente?! ─chilló al borde de la histeria.

─Jessica, creo que mejor detenemos la discusión aquí ─dijo el pocionista con cautela─. Tus ojos están cambiando de color.

─¡Me importa un comino mis ojos! ─vociferó sin dejar de mirarlo. Sus pupilas habían adquirido un color dorado brillante─. ¡Maldición, Snape! ¿Ni siquiera llegaste a pensar en el remordimiento que tendría después al enterarme de que muchas personas murieron y yo ni siquiera tuve la oportunidad de hacer algo para salvarlos?

─Jessica, por favor cálmate…

─¡No me voy a calmar!

Sin pensarlo, el pocionista la cubrió con rapidez, agachándola en el suelo cuando los floreros y el gran ventanal que estaba en el lugar estallaron. Una fuerte ventisca entró a la estancia, esparciendo a su vez algunas gotas de la precipitación. Cuando se aseguró que nada más se saldría de control, disminuyó su agarre.

─¿Estás bien?

─No, no lo pensaste. ─Severus bajó la mirada y se sintió mal al ver como las lágrimas comenzaban a bañar las mejillas de su castaña─. Los condenaste. Y me quisiste convertir en cómplice de tu condena.

─Eso no es cierto ─gruñó él mirándola fijamente─. Hice lo que pude, pero ellos no me quisieron escuchar.

─¿Y entonces por qué no me dijiste nada? ¡Tenía derecho a saberlo! ¡Tenía derecho a hacer algo por ellos!

─¡Porque tenía miedo! ─bramó el hombre tomándola por los hombros y sacudiéndola en su exasperación─. ¡Te perdí por unas infernales horas! ¡Estuviste muerta en mis brazos! ¡Morí contigo esa tarde! ─la encerró nuevamente en sus brazos y acomodó la barbilla en la coronilla de ella─. El mundo mágico casi me quitó lo único que tengo, no quería que tuvieran la oportunidad de quitármelo de una vez por todas.

La morena se rindió a su abrazo y sollozó con una niña en su pecho, desahogando todas las emociones que había adquirido ese día. Al cabo de unos minutos, su respiración fue acompasándose hasta volverse profunda. El cansancio había hecho mella en ella y se había dormido en los brazos del hombre.

Al notar este hecho, Severus se levantó con ella en brazos y la llevó con cuidado a la habitación. La acomodó en la gran cama y, después de colocarle con una floritura de su varita la pijama, se recostó junto a ella y cubrió a ambos con la amplia manta.

─Quisiera decirte que lo lamento, que no quise ocultarte toda esta situación, pero te estaría mintiendo, no me arrepiento ─susurró el pocionista mientras acariciaba con parsimonia la cabellera castaña─. Tengo mis razones y eso no va a cambiar. Siempre haré hasta lo imposible por protegerte. ─le dio un beso en la coronilla y se dispuso a descansar. El cansancio también estaba haciendo estragos con su cuerpo. Cerró los ojos y suspiró, susurrando al aire antes que caer en los brazos de Morfeo.

─Siempre.


Espero que les haya gustado el capitulo :)

La bomba explotó... literalmente jejejeje

Que pasará con nuestra parejita? Que creen ustedes?

Nos leemos después. Saludos n_n



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