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15 pasos para conseguir una esposa (al estilo del ESCORPIÓN) » De su vida
15 pasos para conseguir una esposa (al estilo del ESCORPIÓN) (ATP)
Por sebasbri
Escrita el Sábado 11 de Marzo de 2017, 04:04
Actualizada el Lunes 2 de Julio de 2018, 00:02
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De su vida

Albus

 Miraba profundamente, tratando de analizar con cuidado la escena que se presentaba ante sus ojos.

- ¡Albus!- escuchó que lo llamaban - ¡Severus!- el grito se tornaba con un suave matiz a desesperación.

Y cuando trató de seguir mirando a aquella pareja que se devoraban a besos, y entender qué divertido puede tener estar con alguien, sintió un fuerte golpe en el lado derecho de su cabeza.

- ¡Mierd…!- trató de gritar mientras volvía a la realidad.

- ¿¿¡Se puede saber qué te pasa!??- le gritó su hermano mientras se acomodaba su gorra, tratando inútilmente de parecer sensual frente a un sinfín de señoritas que se habían reunido a verlos.

¿Y cómo no iba a ser así? Si dos espectaculares Weasley, un Lupin, un Granger, y dos Potter, estaban reunidos en un una losa deportiva practicando baloncesto en pleno aire libre (¡¡¡de infarto!!!). Los equipos estaban divididos en dos; Fred, James y Albus eran la primera división, Teddy, Louis y Hugo, sus rivales.

- ¡Es mejor que se dejen de tonterías y traten de encestar ese balón!- Fred II Weasley, a pesar de sus 21 años, parecía que se había quedado atrapado en el tiempo. Era alto como su padre, tenía los mismos ojos color avellana que su hermana y madre, y el cabello castaño. Su piel morocha lo convertía en todo una delicia a la vista - ¡No ven que Lupin se está llevando los puntos!- agitó las manos de forma desesperada.

- Cállate, Freddy-tragedy- ironizó el pelo turquesa. Que con un hábil movimiento introdujo el balón en la cesta, causando gritos eufóricos de las jovencitas que apreciaban la escena.

- Edward, se supone que somos un equipo- opinó Louis cruzado de brazos. Aún seguía enfadado por el compromiso de su hermana mayor.

- A mí no me importa- se encogió de hombros el joven Granger- con tal de que los perdedores cumplan el trato y compren la comida.

Albus miró con rencor a sus familiares. No tenía las ganas suficientes para seguir con ese tonto juego y el dolor de cabeza se hacía más fuerte.

- Sigan ustedes, yo me voy a sentar- se volteó sin esperar una respuesta.

- ¡Hugo, Louis!- les tiró el balón el mayor de la prole - sigan ustedes.

Él no se encontraba del todo bien, últimamente sentía que algo le faltaba en su vida. A decir verdad, desde que Scorpius le había comentado lo bien que se pasaba con su prima y andaba más tiempo con ella, sus ánimos habían decaído. ¿Pero qué sería de él si su mejor amigo ya no se encontraba a su lado? Toda su estancia en Hogwarts lo habían pasado juntos defendiéndose el uno al otro, y ahora entre ellos aparecía una pelirroja.

Tampoco iba a impedir que su amigo sea feliz, pero el sentimiento de que se iba a quedar solo permanecía ahí. Solo… aunque trate de negarlo era ese sentimiento lo que le aterraba. Empezaría sus clases como auror, y planeaba que esa aventura tendría de lado a su amigo platinado… ¿pero después qué sería de él?, llegaría un punto donde ambos tomarían sus rumbos. ¿Y qué de bueno tiene una pareja? Él tenía en claro que personas estando ya casadas les albergaba dicho sentimiento.

Soledad…Soltó un suspiro mientras se sentaba a un lado de la losa.

- ¿Puedo?- le preguntó Teddy, refiriéndose al asiento de lado.

- Ya qué- soltó de mala gana.

- Vamos amigo, no merezco tu furia- levantó sus manos a la defensiva.

- ¿Qué quieres Lupin?- le molestaba qué, Teddy al igual que Victoire, por ser los mayores creían tener la responsabilidad de ayudar a todos. ¡Qué bonito!, seguro que se van al cielo con sus buenas obras.

- Dímelo tú, ¿qué cosa puedo querer yo de ti Potter?- sentía la mirada acusadora.

- Mira, si has venido a preguntarme qué me sucede y esas cosas, pierdes tu tiempo- le enfrentó la mirada.

- Ya no eres un crío, Al- se cruzó de brazos.

- No necesito tus regaños, así que mejor déjame solo- siseó.

- ¡Joder!, es siempre lo mismo contigo- Teddy empezaba a perder la paciencia- comprendo que a veces puedas estar de mal humor Albus, pero debes de dejar ese comportamiento tan infantil. ¿Acaso crees que nadie se preocupa por ti?, actúas como siempre, pensé qué desde qué sucedió aquello cambiarías un poco.

- ¿A que le temes Lupin? ¿Qué busque otro giratiempo y…?- fue interrumpido - ¡No sabes lo que hablas Albus! ¿Acaso ya te has olvidado lo que sucedió con Craig?- el ojiverde bajo la mirada.

- Nunca- se formó un nudo en la garganta.

- Yo… no quiero que te culpes por ello Al, solo quiero que sepas que si te sucede algo tienes siempre a tu familia de tu lado- le despeinó sus rebeldes cabellos.

- Lo siento…- lo dijo en un susurro, pero para Teddy fue más que suficiente.

- Mira, si no quieres por ahora contármelo, no hay problema. ¿Pero un problema es menos atroz entre dos, verdad?- soltó una carcajada para aligerar el ambiente.

- Sí- sonrió tímidamente. Un momento de silencio se formó entre ambos, que fue interrumpido por sonoras risas cuando James se resbaló tratando de hacer una pirueta para impresionar a las muchachas - ¿qué es estar enamorado?- la pregunta descolocó al mayor.

- Así que todo esto es por amor…- pensó por unos minutos - amar es compartir, proteger, ayudar, impresionar, reír, cantar, bailar, llorar, perdonar. Amar lo es todo Al. No soy un romántico empedernido, ni un poeta inspirado. Pero sí sé qué estoy enamorado, el amor no es fácil ponerlo en palabras, porque se demuestra a través de los hechos… ¿Acaso el joven Potter se ha enamorado?- el pelinegro se ruborizó.

- No- miró a la nada - pero me gustaría estarlo…

- El amor viene cuando uno menos lo espera, no comas ansias - le palmeó en el hombro - debe haber por ahí una jovencita que te llama la atención. Ahora regresaré al juego, debo evitar que James ya no siga lastimándose. Si te animas, te estamos esperando.


Abdel

Finos y delicados trazos con tinta en un papel blanco, las letras se mostraban una a una hasta formar la oración deseada. El texto iba cobrando vida, y la bella dama era rescatada por su caballero.

Sentada frente a una enorme ventana, en el último piso del lujoso edificio, una mujer bella, de rasgos fuertes y belleza exótica, le daba fin a su novela después de varios días de haberla comenzado. Pero a pesar de todo, Anisa no se encontraba conforme con los resultados de esta y, la macabra idea de asesinar al galán sonaba muy tentador tan solo pensarlo.

- Sir Curriet, ¿es acaso necesaria su muerte para que mi alma descanse en paz?- comentó mientras jugaba con la pluma entre sus dedos.

El sonido del teléfono la sacó de sus pensamientos, eso realmente lograba fastidiarla y le quitaba toda la inspiración y dedicación que le otorgaba a su trabajo.

- Ágape- llamó- hubun- volvió a gritar- ABDEL- perdía la paciencia.

- Madre, me llamaste- el muchacho tenía todo el cabello desordenado, la camiseta blanca y los jeans estaban manchados de pintura, caminaba descalzo.

- Ágape, dile a tu padre que contesté el teléfono de su oficina- le regaló una hermosa sonrisa.

Abdel le devolvió la sonrisa, al igual que él, su madre también tenía la cara manchada. Amaba a esa mujer con locura, era la única que tenía su corazón y la protegería de todo y contra todos. Anisa, lo había tenido muy joven, a la edad de los quince años, algo normal en su país natal. Sus ojos grises, cabello negro sedoso y su esbelta figura alguna vez la convirtieron en la jovencita más deseada y, desde luego, la que se casó más rápido entre sus hermanas. Esa mujer que a veces se comportaba como niña, era la persona más fuerte que había conocido. De padre saudí y madre griega, dominaba a la perfección ambos idiomas.

En la sociedad donde él pasó los primeros años de vida, estaba casi prohibido hacer uso de la magia a pesar de pertenecer a un linaje puro. Las instituciones que se encargaba de regular el control de magia no era eficiente al momento de enfrentarse a la política, y menos en una situación tan grave donde se encontraba involucrado las creencias religiosas.

Vivían reducidos en especies de clanes mágicos, que se encontraban en constante amenaza por radicales religiosos. Anisa había tenido a parte de él otros dos hijos, pero que habían muerto muy pequeñitos por dichos problemas. Él recordaba que en un tiempo, su padre se había entregado a la depresión y al llanto, pero Anisa nunca dejó que la familia se desmoronara y, a pesar de todo, vieron la forma de escapar a tierras nuevas, donde su padre pudo apostar en la bolsa de valores, logrando acumular rápidamente riquezas.

Ahora eran una familia de tres, ya que a Anisa los doctores le dijeron que ya no podía tener más hijos. Eso tampoco la detuvo, pues dedicó todo su tiempo a escribir novelas y publicarlas con un seudónimo, haciéndose muy popular entre la juventud femenina. Anisa disfrutaba el anonimato y asistía a las conferencias que organizaban acerca de sus libros tan solo para ver como las jóvenes imitaban los trajes de sus fantasías. Ella fusionaba su mundo mágico con los sueños, y lo que ganaba, lo donaba en fundaciones que ayudaban a niñas que buscaban escapar del mismo terror que años atrás ella padeció.

Abdel esperaba que algún día pudiera encontrar una mujer tan perfecta como ella, pero no debía emocionarse tanto. No había vuelto a ver a la Granger, y las últimas semanas aquello lo traía loco. Lo único que lo ayudaba a quitar el estrés era pintar, pintar toda imagen que llegue a su cabeza. Pero ojo, que nadie se entere, todos tenemos siempre secretos.

-Padre, te llaman- se dirigió a un señor gordito y bajito. La mirada chocolate se clavó en la suya, padre e hijo, miradas iguales…

- Abdel, mi niño, claro, claro, ahorita contesto- dijo el hombre tras pararse de su asiento.

Su padre era un hombre que siempre portaba una sonrisa, tanta felicidad lo irritaba. Un hombre que aprendió a sonreír a pesar de sus heridas, le comentó su madre. Si se ponía a pesar, Abdel era igual en su infancia, como todo niño, no notaba la realidad de su entonces, solo sonreía y jugaba con todo y todos, era el pequeño torbellino de la abuela, y lo haz malcriado Arisa del abuelo. Cuando llegaron a Inglaterra, y él tenía que entrar a Hogwarts, se dio cuenta que debía ayudar a su padre, por todos los problemas y los hermanitos que no vería crecer, se había obligado a madurar rápido. Si solo se ponía a pensar, en ese entonces, solo en un compartimiento del tren, sabía que el sombrero lo enviaría a Hufflepuff, así que se obligó a convencerse que era un digno Gryffindor. Todos los héroes de guerra inglés eran de esa casa, y solo si él también era de ella podía ayudarlo en su futuro.

Cuando llegó el momento, el sombrero le dijo que el pertenecía a la casa de los tejones, es ahí que un ataque de nervios lo albergó, ¡TENÍA QUE SER LEÓN, NO TEJÓN! Pero todas esas ideas quedaron atrás cuando el vejestorio artículo le comentó que en la casa de las serpientes lograría lo que su loca cabeza planeaba, poder, dinero, reconocimiento. Él también era ambicioso y lo sabía, y sin dudarlo, aceptó gustoso su nueva familia.

- Amor, tengo que salir- las palabras de su padre lo sacaron de su ensueño.

- Si me esperas hubun, te acompaño- comentó su madre mientras se acomodaba la trenza.

- Descansa Arisa, Abdel me va a acompañar y de paso terminas tu escrito- contestó el hombre.

- ¿Y a dónde irán, hubun?- Abdel no recordaba que había aceptado a acompañar a su padre.

- Northumberland - puso una cara extraña- no sé bien el asunto Arisa, pero han osado ingresar a nuestras propiedades, y me ha citado las autoridades para poner las demandas correspondientes.

- ¿No estaba todo resguardado padre?- comentó el joven.

- Eso es lo curioso, Abdel, nadie ha visto entrar a los intrusos, por eso me temo que han sido magos- sonrió.

- ¿Y por qué eso te causa tanta gracia hubun?- Arisa a veces no comprendía a su marido.

- Solo creo que esto puede ser interesante- se encogió de hombros- apúrate muchacho, nos apareceremos cerca del lugar y caminaremos otro tanto para evitar rumores.


Y es por estas situaciones en la que Abdel odia salir con su padre.

- Creo que era por acá- comentó el señor.

- ¡Padre!- gritó un poco molesto- ¿sabes dónde nos has traído?

- Claro, claro… solo que no encuentro el camino- decía mientras caminaba en círculos.

- Dime que aunque sea recuerdas el lugar- suplicó mientras masajeaba su frente.

- No me tomes por tonto, Abdel. Solo debemos encontrar el camino de piedrecillas- el mayor no despegaba la vista del suelo.


Scorpius

¿Qué de malo había hecho en su vida para que esto le sucediera? Y es que el joven Malfoy, tenía miedo, mucho miedo; y no por el hecho de que está siendo conducido en un pequeño auto al centro policial, tampoco temía a lo que le dijera su padre… lo que él tenía terror era a la pelirroja que se hallaba a su lado.

Rose desde que salió del lago no decía nada, se había quedado paralizada mirando a la nada. Albus ya le había comentado sobre esa fase, era la primera etapa de la rabia de su prima, y eso a él le causaba mucho terror.

- Deja por favor que te ayude- le suplicó a la pelirroja.

Ella no contestó, venía haciendo aquello hace cinco minutos. Sin dudarlo, agarró la fea toalla que le habían pasado los agentes para secar con delicadeza el cabello de la pelirroja.

¡Y es que todo mojados los habían obligado entrar al auto!, gracias a Merlín que pudo llevar consigo la canasta donde se encontraba las varitas, aunque no le había dado tiempo para usar magia y secarse.

- ¿Y se puede saber qué hacían ustedes dos en una propiedad privada?- comentó uno de los agentes. Era bajito y delgado, con una nariz que terminaba en punta y voz chillona. Scorpius sospechaba que la forma de su nariz afectaba seriamente a su voz.

- No sabíamos que era propiedad privada, señor- se sentía como en las cenas familiares, cuando Lucius no tenía mejor idea que interrogarlo.

- Y lo más importante de todo esto… ¿Cómo lograron traspasar los muros que resguarda la casa y el lago?- preguntó el agente más joven, que de vez en cuando lanzaba miradas nada disimuladas a su pelirroja. Espera… ¿Había una casa?

- ¿Me ha dicho usted una casa, señor?- ¡Por Salazar! No sabía nada ello, ¡¡En qué problemas se ha metido!!

- No crea que somos estúpidos, jovencito- regañó el de voz chillona - no se burle de nosotros- alzó más la voz.

-Llegamos- dijo el más joven- veremos si aún mantienes tu tono irónico, rubiecito.


Y esto era aún peor…

Rose se encontraba en la celda de al frente con el pedazo de tela. ¡En una juala!, ¡estaba encerrado en una jaula!

- Señor, acómpañame, por favor- una bella policía lo dirigió a un lado de la habitación, tras abrirle la reja y guiñarle un ojo.

Camino en silencio, y debía aceptar que de cierto modo se encontraba maravillado. Su padre se moriría si le dijera dónde se encontraba ahora… ¡Su padre!

- Su carnet de conducir- le pidió el primer agente de nariz de gancho sentado frente a un ordenador.

¿Carnet de conducir? Conducir qué…

- ¿Disculpe?- pregunté dudoso.

- Señor, necesitamos registrar sus datos, sírvase a apoyar con la justicia y entregue sus documentos sin protestar- lo chistó.

- Nosotros no hemos sacado aún el carnet, señor- contestó su pelirroja que se encontraba a unos pasos de él.

- ¿Y se puede saber qué edad tienen?- perdía los estribos.

- Diecisiete señor, pronto cumpliremos los dieciocho - bajó la mirada.

- Déjenme ver si lo entiendo… tienen edad para estar metidos en el lago, dentro de una propiedad privada, desolado y oscuro. ¡PERO NO TIENEN EDAD DE SACAR UN MALDITO CARNET DE CONDUCIR!- y, sí, perdió sus estribos. Scorpius no escondía su curiosidad acerca de ese susodicho carnet…

- ¿Podemos llamar a nuestros padres?- la pelirroja no levantaba la vista.

- Está bien- soltó un suspiro y se levantó- pero primero me dirán sus datos.


Se encontraba sentados uno al lado del otro. Se sentía tan culpable por lo sucedido, pero también la felicidad de experimentar algo nuevo hacía que se sintiera más culpable aún.

- Rose…- no volteó a mirarla, pero agarró la mano de la muchacha - lo siento.

Ella soltó un suspiro - ¿Sabes qué nunca he estado en esta situación?- miró al techo.

- Bueno… digamos que yo sí- ella lo miró- no me refiero a esto, sino a algo parecido. Si eres amigo de Albus Potter, conoces de memoria el despacho de Mcgonagall… y bueno, después del asunto del giratiempo, digamos que la Ministra no nos dejó en paz por un tiempo-sonrió.

- Mamá solo quería verificar que no volvieran a hacer una locura- le devolvió la sonrisa.

- ¡Oh!, créeme Rosie, aprendimos de nuestras lecciones- llevó la fría mano de la muchacha a su labios y le dio un cálido beso. Tratando de transmitir tranquilidad y calor, si el estaba aterrado no quería pensar cómo se encontraba ella.

- Una llamada por persona- dijo un agente que apareció de improvisto.

- Supongo que yo iré primero- la muchacha se encontraba tan roja como su cabello.

- Rosie- suplicó- yo bueno…nosotros,,, no tenemos ese objeto muggle, ehmm tefefono, ¿podrías decirle a tu madre que mande una lechuza a mi padre que se encuentra en Italia?

La muchacha no dejaba de mirarlo y eso lo ponía aún más nervioso. ¿Y si su padre se demoraba en regresar? Tendría que pasar todo el tiempo aquí o, tal vez, solo tal vez, en esa oportunidad podía hacer uso de la magia. ¡Todo se sentía tan emocionante!

- No te preocupes, Scor- por fin ella respondió, acompañado de una hermosa sonrisa.


Hermione

- ¿Entonces… te gusta el té?- preguntó la rubia mientras trataba de no mirar a su acompañante.

- Prefiero el café- dijo la castaña- Así que fueron a Italia, ¿qué tal estuvo todo?- se notaba lo incómodo de la situación.

- No estuvo mal, pero hubiera deseado que Scorpy nos acompañara- removió su taza de té.

- Ya veo… ¿Y a qué parte fueron?- mordió una galleta.

- Esto es difícil- la rubia levantó la vista - Granger, tú y yo no somos amigas, no lo seremos nunca. Recuérdame por favor por qué hacemos esto.

- Por Scorpius y Rose… Greengrass, fue tu ideal la de encontrarnos cuando finalice tu viaje- acomodó uno de sus rizos rebeldes.

- Sí, sí. Al principio me pareció algo genial y maduro pero….- levantó la cucharita- no tenemos nada en común, ¡GRANGER!- Daphne solo quería desaparecer de esa situación tan tensa.

- Primero, supongo que debemos evitar llamarnos por nuestros apellidos… Daph…Daphne- sonrió, pero parecía más una mueca.

- Tienes razón, Herm…Hermio…Hermione- levantó los brazos - ¡por Salazar!¿Por qué tu nombre es tan largo?

- Eso debes preguntarle a mis padres- volvió a acomodar el rizo- ¿por qué quieres hacer todo esto Daphne? - la rubia se mostró confundida - ¿por qué tomarte las molestias de encontrarte conmigo si entre nuestro hijos todo va fluyendo correctamente?

- Yo…- soltó un suspiro- no es que quiera reemplazar a mi hermana en la vida de Scor, nunca lo he intentado. Pero, quiero que el confié en mí en todo sentido, es mi… familia. Y si eso conlleva una reunión contigo y tu marido. ¡Bienvenido sea!

La castaña iba a hacer un comentario irónico… pero sonó su celular. La voz de su hija y unos cuantos sollozos, fueron suficientes para que saliera disparada del restaurante junto a la rubia.


Daphne

-¡ROSIE!- envolvió a su hija en sus brazos. Rose pudo desahogar sus miedos.

Una situación un poco melosa para la rubia. Sus padres nunca habían demostrado tal muestra de cariño. Aún se preguntaba cómo Astoria llegaba a niveles de dulzura, que a veces para ella lograban convertirse en fastidio.

- ¿Daphne?- preguntó el rubio tras verla.

- ¡SCOR!- chilló e imitó a la castaña. ¡Podre su sobrino! Tan solo en este lugar de quinta…- ¿Scor?- rompió un poco el abrazo tras empaparse el vestido. ¿Qué había pasado para que Scorpius esté aún húmedo.

Mientras la castaña, con su parloteo y tono de voz diplomático trataba de arreglar el asunto. Daphne se preguntaba que hubiera hecho su hermana en estos casos… Quizás lo primero fuese llamar al engendro de Malfoy…

- ¿Papá no vino contigo, Daphne?- preguntó el platino.

- Tu padre aún no sabe nada, Scor- siguió mirando la ventana, tal vez debería pasarle la voz…

- Señor Saari- la voz pituda del enano nariz de gancho le reventaba los oídos -Siéntese por favor- el hombre miró a su sobrino y a la pelirroja- señor, he aquí los jóvenes. ¿Va a seguir con el proceso?


Rose

-¿Proceso? Ese hombre dijo proceso… ¡Ella iría a la cárcel!, tendría un antecedente en su hermoso historial, y no la aceptarían en la escuela de sanadores.

- Tranquila Rosie- dijo su madre mientras acariciaba su cabello- ustedes no digan ni una sola palabra, yo seré su abogada en todo el proceso.

¿Estaba nerviosa? Claro ¿Cansada? Por supuesto ¿alguien se había parado al frente de ella interrumpiéndole la vista? Sí, eso acaba de pasar…

- Disculpe… ¿podía moverse?- sus palabras eran suaves, pero eso no evita que con un jalón moviera al individuo. ¡Y que nadie le diga nada porque se encontraba irritada!

- Sí que la leoncita tiene fuerza- el muchacho se agachó para mirarla a los ojos.

- ¿Saari? ¿Tú qué haces aquí?- dijo extrañada.

- No lo sé- se encogió de hombros- tal vez sea tu héroe- le sonrió de lado.

Soltó un bufido nada femenino.

- Sabes… te estuve buscando todo este tiempo- ella alzó una ceja extrañada- y luego me dije. ¡Qué tonto Abdel, nunca le pediste su dirección o número! Sí que fui un idiota, ¿verdad?- movió la cabeza despeinando sus cabellos oscuros.

- No es momento para que aceptes lo que eres Abdel, no estoy de humor para perder el tiempo- se cruzó de brazos.

- Vaya princesa, sí que tuviste un mal día- lanzó una mirada al otro lado de la habitación- ¿qué sucedió? ¿Ya te aburriste de hurón?¿Te diste cuenta lo imbécil que puede lograr a ser?

- Ya cállate- tuvo que aguantarlo en Hogwarts, y ahora venía este para ponerle la cereza al pastel…

- Rosie, llamó su madre, ven mi niña- la muchacha se acercó a su madre que conversaba con un hombre cuya mirada le resultaba familiar. Vio por el rabillo del ojo que Scorpius con su tía también se juntaban a ellos.

- Rosie no sé si lo recuerdas, pero él es el señor Saari- ella le estiró la mano esperando su saludo, el hombre la abrazo y le dio besos en ambos cachetes. A Scorpius también lo saludó con un cariñoso abrazo- y Abdel, su hijo- el muchacho le cogió la mano para luego besarla. Con el platinado el saludo fue distante.

Ella esperó que su madre continuará, pero para su sorpresa habló el hombre- He decidido retirar los cargos, con la condición muchachos que no vuelva a repetirse el incidente- sonrió amablemente.

- ¡Eso es fantástico!- chilló Daphne.

- Me gustaría agradecerles a usted y su familia con una cena en mi casa este miércoles, si no es una molestia señor Saari- agregó la castaña.

- Es un honor para mí, Ministra- respondió el hombre enseguida.

Rose ya no prestó atención a lo demás, la sonrisa de burla que le mandó Saari fue suficiente para saber que no se quitaría al castaño tan rápido de su vida.


Primero me gustaría disculparme por ausentarme tanto tiempo. Cuando comencé este ciclo, tuve que unirme varias actividades de la universidad. Ello ha consumido mi tiempo, energías y ganas de vivir. 

Segundo, he tenido muchas ideas sobre esta historia pero no me gustaría alargarla mucho. Como una fan de las historias publicadas en este portal, cuando estás se extienden mucho suelen cansar al lector. Y espero nunca llegar al punto de aburrirlos :(

Tercero, en Inglaterra no usan un carnet de identidad, los muchachos suelen usar su carnet de conducir o pasaporte. (Bueno hasta donde investigué era así)

Cuarto, no sé cómo es una detención xD Así que todo el proceso ha salido de mi cabeza loca, espero no me esté equivocando.

Quinto, bueno no hay quinto... pero suena chévere escribir quinto :D 

Realmente les agradezco la lectura, espero que no me hayan olvidado...

Sebasbri



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