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15 pasos para conseguir una esposa (al estilo del ESCORPIÓN) » Mi pequeño hurón
15 pasos para conseguir una esposa (al estilo del ESCORPIÓN) (ATP)
Por sebasbri
Escrita el Sábado 11 de Marzo de 2017, 04:04
Actualizada el Lunes 2 de Julio de 2018, 00:02
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Mi pequeño hurón

Scorpius

Entre libros, preguntas, repasos y "no entiendo qué dice aquí", pasaron toda la primera semana de estudios. Nada emocionante había sucedido, hubo días en las cuales James no podía huir por que un miembro de la familia se encontraba presente.

Desde las dos hasta las seis, no se discutía nada más que el temario para el examen de ingreso. Ambos intentaban, realmente lo hacían, que Albus se encontrara en el mismo ritmo, pero el azabache parecía que la información le entraba por cucharitas.

- ¿Scorpius?- ante él, sentado en un cómodo sillón de cuero negro (que le recordaba mucho a los que habían en la sala común de Slytherin). Se encontraba su padre, leyendo un librillo de tapa marrón.

- Padre…- contestó mientras ordenaba algunos libros de un estante de los tantos que reposaban en la biblioteca de la mansión.

- ¿Necesitas ayuda? - dijo mientras dejaba el librillo en una mesita de roble.

- No es necesario- desde que salió de vacaciones, pasaba todas las mañanas acomodando esa habitación. Del mismo modo, que podía observar si algunos de los libros le era útil para sus sesiones de estudio.

Su padre permaneció callado por un momento, luego soltó una pequeña tos para aclararse la garganta - Scorpius, hace unos días quería conversar contigo….

El muchacho ni se inmutó, siguió con sus deberes - papá, si ya tuvimos una charla al comienzo de la semana.

- ¿Acaso no puedo conversar seguido con mi hijo? - se acercó - Hyperion, prometiste confiar en mí- puso una mano en su hombro.

El pelirrubio menor soltó un suspiro - vale - se encogió de hombros. Tras ver el ceño fruncido de su progenitor agregó- Esta bien, padre.

- ¿Cómo estás? - agregó mientras revisaba un cuadernillo.

- Bien - volvió a encogerse de hombros.

- No me refiero a eso - le lanzó una mirada la cual el muchacho ignoró -creo que contigo debo ser directo. ¿Cómo van las cosas con la joven Granger?

¿Acaso su papá no tenía otros asuntos que tratar? Era muy incómodo tener que contarle directamente esas cosas…

- Bueno… creo que bien - pasó una mano por su cabello alborotándolo. (A alguien se le ha pegado esa manía en las vacaciones…)

- ¿Solo bien? - se cruzó de brazos - ¿entonces ya es tu novia?- a Scorpius no le pasó inadvertido que a su papá no le era tan fácil considerar a Rose como su novia.

- No, aún no - se sentó en una silla para descansar un poco.

- ¿Y cómo es estar bien, entonces? -su padre se paró enfrente de él, cerrándole el paso a la huida.

- Le pedí algunas citas, papá - bajó la mirada - dice que no me conoce y, si todo resulta bien, oficializamos.

- ¿Algunas citas? - fingió leer otro libro para no mostrar lo ansioso que se encontraba para obtener información.

- Siete sábados, papá - jugaba con su dedos.

- ¿A la mini- Granger no le parece necesario que hayan estudiado juntos siete años para que ahora quiera salir siete sábados más? - escuchó la ironía en su voz.

- Yo le ofrecí los siete sábados - ¿habrá sido acaso un error?

Su papá soltó un largo suspiro - ¿quieres que te ayude a preparar todo?

- ¡No!- contestó veloz. Su padre no era nada bueno en el romanticismo - digo, yo ya tengo todo preparado. Si quiero que ella me conozca y que le guste en solo siete oportunidades, nada mejor que yo solo lo prepare - le regaló una sonrisa de disculpa.

- Comprendo - puso su mano derecha en su hombro en señal de apoyo - solo quiero que sepas que tienes abierta la cuenta de Gringotts cuando lo desees.

 


Sábado I

¿Nervioso? Claro ¿Ansioso? Por supuesto ¿Se había olvidado qué decirle cuando la vea? Como siempre.

Con una rosa roja en la mano, trataba de caminar mientras le temblaban las piernas. Habían quedado que él la recogería a las 3:00 pm, Albus le había mandado en una carta la dirección de la muchacha ya que se le olvidó preguntar. Toda la mañana se la pasó eligiendo su atuendo con Daphne, el vaso con su jugo se le cayó tres veces, se le quitó el apetito, la idea de que todo iba a salir mal no lo dejaba en paz. Draco no dejaba de burlarse de su hijo, para luego ser callado por su abuela alegando que del mismo modo se comportó cuando conoció a Astoria.

Lucius había sido llamado, como todos los años, para informar al Ministerio sobre sus andadas. A pesar de haber evitado terminar en Azkaban, debía rendir cuentas anualmente a las autoridades. Gracias a Merlín dichas audiencias tomaban días, aplazando el momento en que su abuelo buscara interrogarlo.

- Debes llevarle un detalle- había insinuado Daphne.

- ¿Qué tal una cadena de plata?- apoyó Cissy.

- Debe ser algo que albergue un significado - contradijo su tía.

- La plata siempre es bienvenida - prosiguió.

- Pero ahora no tenemos tiempo de conseguir aquello, querida - esbozó una sonrisa triunfante.

-¿Qué propones? - se limitó a preguntar - querida.

- Rose, ¿verdad? - se volteó a mirar a su sobrino - ¿Qué es lo primero qué piensas al escuchar su nombre?

- Una rosa….-contesto embobado - una linda rosa roja.

- Exacto, Scor, y no se diga más - concluyó para luego darle una rosa roja, muy hermosa, con olor exquisito - sencilla y hermosa.  Como aquella jovencita - luego le guiñó el ojo de forma coqueta.

Es así, que ahora se encontraba a centímetros de tocar la puerta con la rosa roja en la mano izquierda. Decidió aparecerse en un lugar un tanto alejado de la casa, para tener tiempo de ordenar los pensamientos.

- ¿Sí?- le abrió la puerta un muchacho alto y de cabello pelirrojo oscuro - Ah… hola Scor, ahora la llamó -volvió a cerrar la puerta dejándolo parado en medio de la nada.

- Perdona - ahora fue atendido por Hermione - en un momento sale. ¿Gustas pasar? - le sonrió cariñosamente.

- El muchacho está bien afuera - escuchó la voz grave de Ronald - ¿no es verdad? - una mirada cargada de odio.

- Eh… hola señora Granger, señor Weasley - apretaba entre sus dedos la rosa.

- Dime Hermione, Scorpius - volvió a sonreír tiernamente.

- ¿Y se puede saber a qué hora volverán? - pudo apreciar que no era masacrado por el pelirrojo solo porque su mujer lo tenía sujetado del brazo.

- Pensamos volver a las siete…- tragó saliva.

- ¿Siete? - su cara se ponía cada vez más roja - ¿pretenden volver cuando todo ya ha oscurecido?

- Cariño, solo estarán afuera una horas - Hermione comenzaba hartarse de la escena.

- En unas horas se puede hacer mucho, Herm- le lanzó una mirada a su mujer a lo que ella enrojeció.

- ¿Y a dónde piensan ir? - trató de cambiar el tema la castaña.

- Bueno… yo… pensaba…- ¡Merlín! ¡Sálvame de este momento! ¡Trágame tierra!

- ¿Mamá, papá?- escuchó la voz de su ángel. Salió al lado de sus padres, llevaba un bonito vestido verde.

- Hola Rose- bajó la mirada a la rosa, tras ruborizarse estiró su mano esperando que ella tomé el obsequio - Sencilla y hermosa, como tú - si las miradas matasen, Ronald estaría condenado de por vida en Azkaban.

- Gracias Scor - ella también se sonrojó- voy a dejar…

- No espera - con toda la valentía que pensaba no tener, la cogió de la mano en frente de su padre - listo… hermosa, realmente hermosa - le colocó la rosa detrás de la oreja. Ambos se miraron bajo la presencia de los padres de la pelirroja.

- Ajam - carraspeó Ronald - cuídate princesa, no vuelvas muy tarde y si necesitas algo no dudes en enviar un patronus - le hablaba a su hija, pero no quitaba la mirada del rubio.

- Claro papi - se volteó a encarar a sus padres avergonzada - Adiós papi, adiós mami- se despidió de ambos.

- Hasta luego señor Weasley, hasta luego Hermione - le estiro el brazo a su acompañante para comenzar andar.


Hermione

Si en sus años de estudiante en Hogwarts le hubieran dicho que iba tener hijos con el hombre que amaba, se reiría de aquello. Y si a eso, hubieras agregado que su hija mayor tendría citas con el hijo de Malfoy… la castaña se ahogaría en sus carcajadas.

- ¿Qué piensas hacer?- le dijo su esposo mientras ella se colocaba una gorra y lentes negros.

- Vamos Ronald, ¿acaso tú no pensabas hacerlo?- respondió en son de burla.

- No puedo creerlo, la gran Hermione Granger, Ministra de magia y heroína de guerra, ¿va a espiar a su hija en su cita- se apoyó en la mesa.

- Cariño, si no te callas no vienes - abrió la puerta para salir.

Sin decir nada el pelirrojo la siguió.

La curiosidad era tanto, que la pobre mujer no pudo contenerse. Ella no era así, pero estaba sumergida hasta los últimos alborotados cabellos en este romance, que no veía nada malo en ver qué tal las cosas andaban… aunque sea un poquito.

- Debes hacer silencio- dijo en un susurro a su marido mientras tomaban té en una de las tiendas que se encontraban cerca de los jóvenes. Se habían detenido los muchachos a tomar helado, pero a Hermione nadie le quitaría la idea que la dichosa cita no solo se iba a basar en comer el frío dulce.

- Sabes, Herms. Hasta yo estoy comenzando a pensar que esto está mal- se ganó una mirada feroz.

-Apúrate, se están yendo -salieron detrás de ellos tras pagar las bebidas.

- ¿Dónde crees que van ahora?- le susurró su esposo.

- Escóndete- los muchachos voltearon en su dirección, a lo que ellos se escondieron detrás de unos arbustos que servían de ornamentación.

- Mira por dónde andas- le reprendió una voz ronca.

- ¿Malfoy?- preguntó su esposo.

- ¿Weasley?- contratacó el rubio que llevaba ropa negra y gafas del mismo color.

- ¿Pueden callarse?- les ordenó una rubia que se escondía a tres arbustos de ellos- Miren, ya se fueron- señaló a una intersección desolada, donde suponía la castaña que se habían desaparecido.


- Entonces… ¿También seguías a tu hijo?- Hermione, Draco, Ronald y Daphne se encontraban sentados en un restaurante… "charlando".

- No sé de qué te sorprender Granger, es obvio que tú hacías lo mismo- tomó tranquilo su café.

- ¿Y sabes a dónde fueron?- Ronald miraba a los rubios con el ceño fruncido. Pobrecito, va a envejecer rápido por aquella acción.

- Aunque te sorprenda- respondió Daphne molesta por el lugar "muggle" donde se encontraba- nosotros no sabemos nada. Pero, mira, como soy tan buena… te diré lo último que les escuchó decir antes de desaparecer - se cruzó de piernas y acomodó su cabello de lado - Scor dijo, "debo presentarte a alguien especial, vamos al paradis éternel blanc, l'amour ».

Draco soltó la cucharita con la que removía su café.

- ¿Ya sabes a dónde fueron, no Draco?- preguntó Hermione tras ver la reacción del rubio.

- Debí saberlo, Scorpius haría ello…- miró a sus acompañante- es mejor dejarlos tranquilos, Granger…


Rose

Vamos al eterno paraíso blanco, amor…. ¿Amor?, qué lindo había sonado la palabra amor salir de sus labios. Una sonrisa enorme se había formado en mi rostro…amor, amor, amor. Quizás deban pensar; "Rose, te ha dicho que te llevará a un eterno paraíso blanco, ¿a qué se referirá con ello?, en vez de pensar en otras cosas". Pero cuando estén en mi lugar, ya las quiero ver y me reiré en sus caras.

Estaba sujetada del brazo de Scorpius, él había hecho que los dos nos apareciéramos en un lugar muy…blanco. Exacto. Blanco.

Lo único que apreciaba a mi alrededor era que todo el paisaje era de ese color, lograba que el cielo se viera realmente azul, y las nubes parecieran formas hechas de algodón. Mientras todo seguía siendo, blanco.

- Ven - ¿en qué momento él se había alejado unos pasos de mí? Ahora estiraba su mano para que lo agarrara. A decir verdad, tanto blanco comenzaba a marearme, no niego que el paisaje era tan lindo como ver la casa de tía Fleur en navidad, solo que… ¿De dónde había sacado nieve en estas fechas? Claro, magia.

- ¿Es nieve?- pregunté dudosa antes de tomarle la mano. Soltó una risita, me miraba como si fuera una niña.

- No Rose- caminamos despacio- no es nieve, acércate y comprueba.

Y así fue, con cada paso que daba, me iba dando cuenta que aquel paisaje blanco se transforma en pequeñas figuras blancas. Un campo de tulipanes blancos y rosas del mismo color.

- ¿Y estas?- tomé en mis manos con delicadeza unas flores muy suaves con el centro de color amarillo. ¿Acaso no notaste el amarillo Rosie?

- Son Narcisos, ya sabes, a la abuela Cissy les gusta mucho- sonrió mientras miraba el cielo.

No, no lo sabía- Todo esto es tan perfecto- rozaba las puntas de los dedos de mi mano por aquel manto de flores tan puro.

- Oh bueno, ya sabes, con magia se mantiene así- no despegaba la vista del cielo.

- ¿Con magia?- pregunté intrigada mientras me acercaba a él.

- Cissy les dedica mucho tiempo- sonrió de lado.

- ¿Es el jardín de tu abuela?- estaba asombrada, la señora realmente hacía un gran trabajo.

- Bueno… es el jardín Malfoy, de la mansión- me miró.

O…k…e…y, eso no me esperaba, sabía que su familia era muy rica, pero no tanto para que esto sea el jardín de su casa, digo, de su mansión. Mi familia solía tener de jardín un amplio patio trasero y un columpio en el centro, no grandes campos llenos de flores.

- No te preocupes- volvió a sonreírme- la mansión se encuentra a unos kilómetros de aquí- Merlín, si eso él pensaba que me iba a calmar, solo sirvió para darme cuenta que ese pelirrubio que me mira intensamente está lleno de galeones.

- Es muy lindo, Scor- bajé la mirada, con la intensión de que mi mente que empezaba a calcular en cuánto se basaba su fortuna dejará aquella actividad.

- Ven- volvió a estirarme la mano a lo que acepté gustosa.

- ¿A dónde vamos?- su tacto era muy cálido.

- Quiero que conozcas a alguien especial- lo dijo con dulzura.

- ¿A quién?- ¿celosa Granger?

- Ya pronto llegamos- esta vez no me miró.

Tras pasar gran parte del "jardín", llegamos a una estatua de un querubín que tocaba un violín. Medía metro y medio, a diferencia del todo el paisaje se encontraba rodeado de rosas y tulipanes amarillos. Estaba bien cuidado, y daba una paz y armonía cuando lo mirabas.

- A unos metros - miraba el querubín- más al occidente, se encuentra el mausoleo Malfoy. Mamá no quería que la enterraran ahí, siempre me dijo que le parecía un lugar muy tétrico. Ella pidió quedarse en el lugar que tanto amaba, cerca de su jardín.

Me quedé sin palabras, así que solo me dediqué a escuchar lo que me contaba.

- La muerte de mi madre no nos tomó de sorpresa. Yo siempre supe que ese día llegaría, pero… es muy doloroso cuando sucede - su voz sonaba entrecortada - ella siempre me dijo que iba a ser muy feliz, y que luchara por aquella felicidad - volteó a mirarme y jaló mi mano delicadamente para que me acercara - mamá, recuerdas cuando te hablé de esa hermosa niña que conocí en el tren. Te prometí que haría todo lo posible para que sea mi novia, bueno… quiero que la conozcas. Ella es Rose Granger, mamá. ¿Ves que no me equivoqué cuando te dije que era preciosa?, aparte es inteligente, divertida, buena en el deporte, la mejor hermana del mundo e hija. Ves mamá, es perfecta.

- Yo…- no sabía en qué momento las lágrimas comenzaron a caer de mis ojos - es un gusto conocerla señora Malfoy.

- Tori- me interrumpió- estoy seguro que a ella le gustaría que la llames así- evitaba mirarme.

- Es un gusto conocerla, Tori- apreté la mano de Scor para demostrarle mis sentimientos- tengo que decirle que ha hecho un excelente trabajo. Scorpius es tan… lindo, tierno, inteligente, amable y muy divertido. Aunque suele pasarse con su amor a lo dulce - vi que una sonrisa se le formó en los labios- y quiero que sepa también señ… Tori, que Scor nunca va a estar solo, siempre voy a estar a su lado- él volteó a mirarme, a lo que aproveché para acercarme a él con un tierno abrazo. Como soy Rose Granger a que cumplo lo que prometo, y siempre protegeré a mi pequeño hurón.


Astoria Greengrass, debo admitir que esa mujer debió ser todo un amor de persona para tener ese rollito de canela de hijo. A pesar de que no se menciona mucho de ella y su nombre es un fantasma en la vida de los Malfoy, creo que debe afectar de sobre manera a Scorpius, contando que él es tan dulce.

Debo admitir que este capítulo fue el segundo en idealizar cuando creé la historia. A mi parecer, es muy lindo un gesto que demuestra fraternidad y entrega. Espero que les guste y me encantaría leer sus comentarios. Subiré más seguido ya que estoy en vacaciones, antes que me gané el tiempo. Os quiero:

Sebasbri 



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