Historia al azar: ¿Harry o Ron?
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La Sangre llama a la Sangre » Guerra de Bromas
La Sangre llama a la Sangre (ATP)
Por MSebastian
Escrita el Domingo 13 de Noviembre de 2016, 14:43
Actualizada el Martes 12 de Enero de 2021, 18:42
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Guerra de Bromas

Capítulos
  1. El orfanato
  2. Lechuzas
  3. Familia
  4. Hogwarts
  5. Amistades y enemistades
  6. Los gemelos Weasley
  7. Guerra de Bromas
  8. Lecciones de vuelo
  9. Cumpleaños feliz
  10. Halloween
  11. Secretos del Director
  12. Poderosos encantamientos
  13. Navidad en familia
  14. ¿Hermano?
  15. El Bosque Prohibido
  16. El Cuarteto del Terror
  17. El Que no Debe ser Nombrado
  18. Casa
  19. Unas vacaciones movidas
  20. El niño nuevo
  21. Regreso a las andanzas
  22. El Trío del Terror
  23. Entrenamiento de Quidditch
  24. Quirrell
  25. El Troll de Halloween
  26. Harry en peligro
  27. Navidad
  28. Flamel
  29. Problemas
  30. Conociendo a Harry
  31. Pasando la trampilla
  32. El hombre con dos caras
  33. Enfermería
  34. Casa es donde el corazón está
  35. Malas noticias por lechuza
  36. Fama
  37. Golpes y peligro
  38. Nuevo profesor de defensa (Ahem, ¡inútil!)
  39. Enemigos
  40. Más secretos
  41. La advertencia
  42. Siempre Halloween
  43. La bludger loca
  44. Club de duelo
  45. De águilas y leones
  46. Banda de inútiles que no se toman nada enserio
  47. Más y más problemas
  48. Advertencias
  49. Y de vuelta al bosque
  50. La Cámara de los Secretos
  51. El Heredero de Slytherin
  52. Festín a medianoche
  53. La peor noticia del año
  54. La mejor noticia del año
  55. Las cosas no pueden empeorar
  56. Un Dementor en el Hogwarts Express
  57. Hagrid no se lo merece
  58. Tío Remus al rescate
  59. Halloween bajo las estrellas
  60. Promesas
  61. Navidades sin Remus
  62. Patronus
  63. Quidditch contra hermanos

Cuando los alumnos se despertaron al día siguiente, se encontraron con que el comedor estaba patas arriba, con las mesas en el techo y las lámparas en el suelo. Mientras los profesores buscaban a los responsables de aquello, Jane estaba parcialmente muerta de la risa y parcialmente frustrada, pues aquella era una muy buena maniobra para dar inicio a todo.

-¿No estás algo preocupada, peque?- preguntó una voz a sus espaldas. De inmediato, Jane y Demian se giraron para encontrarse cara a cara con los gemelos, pero estos, en vez de ver las caras de preocupación de los dos niños, vieron grandes sonrisas.

-Sólo esperen a que lleguen los de Slytherin y allí veremos qué dicen de un buen inicio.- respondió Thomas, al lado de Jane. Tal como lo había dicho el chico, los Slytherin no se hicieron de esperar, pero en cuanto llegaron, se dieron cuenta de que todos llevaban el pelo de un rojo brillante, excepto los dos o tres pelirrojos del curso, quienes habían tenido su pelo cambiado a dorado.

-¿Decían?- preguntó Jane, ahogando una risa al ver que los gemelos se habían quedado mudos de asombro. Al no recibir respuesta, los cinco ingresaron al comedor y se ayudaron los unos a los otros a subir hasta las mesas.

-Esto no puede ser en serio, Albus. ¿Realmente vas a hacer que los niños desayunen de ese modo?- preguntó la profesora McGonagall, con su varita lista para deshacer el hechizo.

-Por supuesto que sí, Minerva.- respondió Dumbledore -Lo más probable es que aquel o aquellos que lo hicieron no deseen realmente desayunar en estas condiciones y lo deshagan en cuanto lleguen.- agregó con una sonrisa tras sus lentes, mientras hacía que los niños de primero levitasen hasta sus respectivas mesas. El desayuno fue una cacofonía de risas y problemas, mientras los alumnos de Slytherin trataban por todos los medios de deshacer el hechizo de pigmentación de sus cabellos, pero el plan de Dumbledore no funcionó, pues nadie deshizo el hechizo. Tras el desayuno, los alumnos empezaron a dirigirse a sus clases, a lo que Fred aprovechó para dejar caer unas cuantas bombas fétidas sobre las cabezas de los que se movían por debajo de ellos. A pesar del desayuno tormentoso, el día transcurrió con normalidad, hasta una hora antes de la cena. Sabiendo que el hechizo sobre los Slytherins ya se había acabado, Jane subió a la lechucería, donde le entregó un paquete a su lechuza, dándole instrucciones para que lo entregase a la hora de la cena.

-¿Y esa sonrisa?- preguntó Thomas a su lado, mientras se sentaban en su mesa.

-Tú solo espera.- susurró la chica, viendo como su lechuza ingresaba al comedor, pero en vez de ir hasta su dueña, la pequeña lechuza fue directo hasta la mesa de Slytherin, dejando el paquete que Jane le había entregado frente a uno de los alumnos más grandes y gruesos de todo el lugar. Este tardó un poco en abrirlo, pero cuando lo hizo, quedó maravillado. Ante él tenía un pequeño espejo de bolsillo, delicadamente tallado, con un inscripción que rezaba: "Para la más bonita".

-¿Qué tienes allí?- preguntó Jane, pasando casualmente a su lado.

-Nada.- refunfuñó el chico, pero la pregunta de Jane ya había llamado la atención de todos, por lo que varios de sus compañeros y compañeras se giraron hacia él.

-Dice, "para la más linda". ¿Acaso eres una chica?- preguntó una niña de pelo negro que se encontraba frente a él. De inmediato, todos los Slytherins empezaron a pelearse los unos contra los otros, queriendo ser los merecedores de aquel espejo, ante la mirada divertida de las demás casas y particularmente de los profesores, exceptuando al profesor Snape, quien no lograba entender cómo había llegado a ser el director de una casa llena de alumnos tan patéticos. A medida que los gritos se iban multiplicando, la sonrisa de Jane iba aumentando cada vez más su tamaño, hasta estallar en una carcajada en conjunto con sus amigos. Siendo su mesa la más cercana a Slytherin, eran los que mejor entendían qué estaba pasando, pero en cuanto oyó la risa de los gemelos, supo que había conseguido unos cuantos puntos extra. Cuando la pelea pasó a mayores, Dumbledore se levantó de golpe, haciendo estallar unas cuantas chispas con su varita. Mientras todos se iban a dormir y el profesor Snape retaba a sus alumnos, Jane, Thomas y Demian se juntaban con los gemelos Weasley tras una tapicería para contar puntos.

-Muy bien. Lo del comedor son sí o sí cinco puntos.- anotó Jane en un pergamino que tenía sus nombres. Los demás presentes asintieron con la cabeza tras lo cual, Fred cogió la pluma de Jane y anotó, sin mirar a su hermano, cinco puntos por el cambio de look de los Slytherins.

-¿Bombas fétidas?- preguntó George.

-Demasiado trillado.-

-Yo lo llamaría clásico.-

-Aburrido.- determinó Thomas -Yo le doy dos puntos, ¿alguien ofrece más?- agregó mirando a todos los presentes.

-No seas mezquino. Yo daría tres por ser un clásico.- se ofreció Jane a intervenir al ver la cara de decepción de los chicos.

-Gracias, Jane.- susurró George, mientras Fred apuntaba el puntaje que les había dado.

-Y yo te doy, a ti y sólo a ti, seis puntos por lo del espejo.- dijo Fred, escondiendo una sonrisa.

-Eso no se vale.- susurró Jane furiosamente, sin querer ponerse a gritar para que no los descubrieran.

-Dijimos en una escala de cinco.- agregó la chica bajando aún más la voz al sentir unos pasos por fuera del lugar donde se encontraban.

-No importa,- susurró Fred -para mí, ese truco fue fantástico y vale más de lo que teníamos considerado.- agregó justo cuando la tapicería era corrida, dejando ver a Greg con cara de pocos amigos.

-Ustedes, de vuelta su dormitorio, ¡ahora!- gruñó mirándolos con fiereza.

-Y si los pilla Filch, no cuenten conmigo para sacarlos de problemas.- agregó hacia los gemelos, mientras agarraba a Jane y Demian por un brazo y tiraba de ellos hacia su torre. Si la culpa no los estaba matando por dentro ya, la simple mirada de furia y decepción que les lanzaba Greg no hacía sino martillarles la nuca.

-Nunca, jamás, los volveré a ir a buscar, ¿entendido?- gruñó Greg empujándolos dentro de su sala común. Tanto Jane como Demian asintieron, algo tristes, pero Thomas simplemente negó de hombros y sonrió levemente, mientras escondía el pergamino de los puntajes en el bolsillo de su capa.

-Ah, y una última cosa.- agregó el adolescente girándose hacia los tres niños antes de que pudiesen ingresar a sus respectivas piezas.

-No quiero estar enterándome que esta epidemia de bromas son cosa vuestra, ¿entendido?- agregó con una leve sonrisa hacia Jane.

*

A la mañana siguiente, muchos alumnos tuvieron algo de temor en ir a desayunar, algo que no afectó a Greg, quien se había juntado con Charlie y Tonks en la mesa de Hufflepuff, la mesa más neutral de todas.

-Quince galeones a que se meten líos.- susurró Tonks.

-Ocho a que están compitiendo.- dijo Charlie, sin querer romper la sorpresa.

-Diez a que no los descubren y cinco a que se va a sumar alguien más.- apostó Greg, mirando por sobre su hombro y asegurándose de que ni la profesora McGonagall, ni el profesor Flitwick los estaban observando.

-Hola Greg. Hola Charlie. Hola Tonks.- los saludó Jane con una sonrisa, pasando al lado de la mesa de Hufflepuff y aprovechando de robarle una tostada a su amiga de séptimo.

-¿Qué clase tienen ahora, Jane?- preguntó Charlie con una sonrisa.

-Defensa contra las Artes Oscuras, ¿por qué?- respondió la niña con una sonrisa inocente mientras se dirigía a su mesa. Antes de sentarse, Jane se pasó por el lado de los gemelos Weasley y les entregó un pequeño papel doblado por la mitad, tras lo cual, desayunó con sus amigos como si nada.

-¿Vamos a Defensa con ellos?- propuso Tonks, queriendo saber qué habían hecho. Greg suspiró un poco, mirando hacia la mesa de los profesores de reojo, tras lo cual, asintió vehementemente junto con Charlie, quien sabía que si sus hermanos estaban metidos, tal como sospechaba, algo divertido saldría de todo ello. A medida que las clases empezaban se encontraban con menos alumnos en los pasillos, lo cual era lo natural para ellos, esto hasta que llegaron a la sala de Defensa Contra las Artes Oscuras, donde se encontraron con todos los alumnos de primero de Hufflepuff y Ravenclaw, quienes no lograban ingresar.

-¿Qué pasó?- se preocupó Greg, su instinto de premio anual activado, pero este se apagó de golpe al encontrar la puerta de la sala sellada con cemento muggle. De inmediato, su mirada se giró a buscar a Jane, quien le puso su sonrisa más inocente, mientras los hermanos menores de Charlie se reían a carcajadas con Demian y, extrañamente, Gale Drake.

-¿Quién hizo esto?- preguntó Greg, tratando de sonar amenazador, pero la mano de Charlie en su hombro lo hizo desistir.

-Sólo espero que la profesora Ramírez no haya estado dentro de la sala.- susurró Greg hacia Tonks quien se había empezado a reír junto a varios alumnos, pero de pronto el silencio se apoderó del lugar, ya que unos tacones resonaban por el pasillo.

-Profesora Ramírez.- la saludó Greg, tomando el mando de la situación.

-¿Se puede saber qué hace aquí, señor Lamarck? ¿Y por qué los alumnos no entran?- preguntó la profesora con voz aflautada, mientras sus rulos castaños encuadraban su sonrisa divertida.

-Me avisaron que había problemas con la sala de DCA, pero me encuentro con que alguien tapió la puerta con cemento.- explicó Greg, lanzándole una mirada de advertencia a los alumnos que se encontraban allí. Todos los pequeños esperaban que la profesora se enojase, pero nadie se esperó la reacción que esta tuvo, echándose a reír con fuerza.

-No me esperaba esta reacción.- susurró Demian hacia Gale Drake, aún bajo el ojo atento de Thomas y Jane.

-¿Me pregunto cómo habrán sabido que hoy planeaba enseñar el hechizo de reducción?- se preguntó la profesora con los ojos brillantes de tanta risa. Greg se relajó de inmediato, sabiendo que la profesora no se estaba tomando a mal aquella broma, pero que igualmente castigaría a todo el curso haciéndolos practicar un hechizo de un nivel bastante superior. Aprovechando que no tendría clases sino hasta pasadas las once de la mañana, Greg se quedó junto a la profesora, viendo los infructuosos resultados de los alumnos de primero, quienes con suerte conseguía unos cuantos destellos que chocaban contra la pared, pero que no le hacían realmente daño.

-Ya no están tan contentos con esta broma, ¿eh?- susurró Greg después de ver los tres primero intentos de Jane, con una leve sonrisa en los labios.

-Que conste, que esto no fue idea mía.- refunfuñó Jane, pero se podía notar un destello de diversión en sus ojos castaños, mientras esperaba a que fuese nuevamente su turno.

-Aunque ahora que lo pienso, si eso lo hubiese hecho yo, le habría puesto un hechizo de protección extra para que fuese más complicado deshacerse de él. Así que, lo más probable es que el hechizo que nos está enseñando la profesora no funcione. Eso, o necesita mayor potencia.- en cuanto Jane terminó de hablar, se juntó de inmediato con Thomas y Demian, dejando a Greg pasmado por el razonamiento que acababa de hacer.

-Creo que me deben cinco galeones.- susurró Greg, apuntando hacia el lugar donde Jane estaba aguantándose la risa al lado de sus dos amigos y de Gale.

-¿Por qué lo dices?- preguntó Tonks, desconcertada.

-Míralos. Es bastante obvio que el chico castaño, Gale Drake creo que se llama, se acaba de sumar a la competencia.-

-Eso, sí es que esto es una competencia.- replicó Tonks.

-Los hermanos de Charlie no estarían aquí de no ser una competencia.- aseguró Greg, mirando fijamente cómo era de nuevo el turno de Jane. En vez de hacer lo mismo que llevaba haciendo desde el inicio de la clase, la chica se acercó a la profesora y le susurró un par de palabras al oído. De inmediato, los ojos de la profesora Ramírez se abrieron de golpe, tras lo cual, asintió levemente con la cabeza, aún algo en shock.

-¡Reducto!- exclamaron cuatro voces de golpe, mientras cuatro rayos rojos golpeaban contra muralla de cemento. Al instante, Greg y Charlie estiraron las cabezas para mirar el cemento, dándose cuenta de que este tenía una pequeña fisura.

-Caballeros, señoritas. Parece que su compañera ya ideó la solución adecuada.- dijo la profesora Ramírez tras llamar la atención de todos los alumnos.

-A la cuenta de tres, se deshacen de esta pared, ¿entendido?- agregó la profesora con una sonrisa. Greg se alejó de inmediato de la puerta, al igual que la profesora, pero Tonks y Charlie decidieron quedarse junto a los alumnos de primero, sabiendo tan bien como su amigo, qué era lo que vendría.

-¡REDUCTO!- exclamó la veintena de voces. De inmediato se sintió como si todo el piso temblaba, mientras la pared de cemento se veía pulverizada, dejando a todos los que se encontraban cerca de la puerta llenos de polvo. Entre toses, los alumnos de la clase de defensa contra las artes oscuras se empezaron a dirigir hacia la profesora, quien decidió que lo mejor, dadas las circunstancias, era enviarlos a todos a la enfermería, dejando a Greg la responsabilidad de explicarle todo aquel desastre a la profesora McGonagall, quien llegaba hecha una furia por el pasillo.

-Yey…- ironizó Greg, al verse en aquella encrucijada, tras lo cual, se giró hacia la profesora McGonagall, haciendo que Charlie y Tonks se llevasen a los gemelos Weasley.

*

Tras haber conseguido que la profesora se quedase tranquila respecto a la broma de los niños, apelando a un ejercicio práctico, Greg se fue a su propia clase, mientras Jane conversaba con Demian y Thomas acerca de la última broma dirigiéndose al calabozo de pociones.

-Yo creo que con esto nos ganamos al menos cinco puntos.- murmuró Thomas, tratando de no llamar la atención.

-Técnicamente, sólo deberían ser dos y medio, porque no lo hice solo.- respondió Demian, algo frustrado por tener que admitir aquello.

-Oh, pero yo creo que los cinco puntos son válidos.- dijo una voz tras ellos, mientras Gale se sumaba al grupo.

-No estás participando.- refunfuñó Jane, molesta de que Demian hubiese aceptado ayuda de Gale.

-¿Y por qué no? Después de todo, me gustan tanto las bromas como a cualquiera.- replicó Gale. Antes de que la pelea pudiese avanzar a mayores, ingresaron al calabozo de pociones junto a los Hufflepuff, encontrándose con que su profesor parecía de muy mal humor. Tras un asentimiento, Snape hizo aparecer las instrucciones en la pizarra, dejándolos trabajar en silencio, mientras Jane veía como los gemelos Weasley se encontraban en una esquina, limpiando los restos de un caldero negro. Con la excusa de ir a buscar una planta en el armario, Thomas se acercó a los pequeños Gryffindor a preguntarles acerca de la razón de su castigo.

-Hicieron explotar el caldero de un Slytherin mediante una bengala.- anunció Thomas.

-¿Cuántos puntos les quitó Snape?- preguntó Demian de inmediato, sabiendo que si los pillaban en una broma, tenían que quitarles al menos cincuenta puntos para que hubiese valido la pena.

-Treinta por cada uno. Eso da un total de sesenta, yo diría que vale, ¿no?- respondió Thomas con una sonrisa. Todos a su alrededor asintieron con la cabeza, tras lo cual, Jane tomó una decisión.

-Está bien, Drake. Estás dentro. Pero cuidado, porque si uno cae, caemos todos, ¿entendido?- lo amenazó la chica. Gale asintió con la cabeza, sintiéndose por primera vez como parte de algo, tras lo cual, sólo le prestó atención a las instrucciones de la pizarra.

*

-George, Fred, creo que sé cómo encontrarnos esta noche para contar los puntos.- susurró Jane al pasar al lado de la mesa de los Gryffindor en la cena. Los dos hermanos se miraron el uno al otro, tras lo cual, se hicieron los adormilados para poder reunirse con Jane, Demian, Thomas y Gale al lado de su mesa.

-¿Se acuerdan de la regla "alumnos en las camas pasada las once"?- preguntó Jane con una sonrisa, a lo que todos asintieron con la cabeza, preguntándose qué tenía la chica en mente.

-Pues estaba considerando, dice "en las camas", ¿qué tal si hacemos levitar las camas por los pasillos?- preguntó la niña con una sonrisa, dejando a sus amigos y contrincantes con la boca abierta.

-¿Cómo no se nos ocurrió antes, Gred?- preguntó George hacia su hermano.

-No lo sé, Feorge.- respondió Fred con un llanto falso, tras lo cual miraron hacia Jane con suspicacia.

-¿Cómo es que una niña de primero podría hacer levitar una cama?- preguntaron al unison. Sin responder, Jane murmuró el hechizo y todos los platos de todas las mesas empezaron a volar por el comedor, ante el asombro de los profesores y las risas de los alumnos. El profesor Flitwick sonreía orgulloso, mientras la profesora McGonagall se empezó a preguntar si no sería muy pronto para retirarse.

-Nos vemos esta noche.- susurró Jane, dejando caer los platos de vuelta en sus puestos, tras lo cual, salió del comedor junto a sus amigos y se dirigieron a sus dormitorios. Tras largas horas de espera a que sus compañeros se quedasen dormidos, Jane y sus compañeros hicieron levitar sus camas y salieron por la puerta de su sala común, moviéndose por los pasillos hasta llegar al lugar de reunión con los gemelos Weasley, quienes llegaron volando en sus camas, felices por su escapada nocturna.

-¿Cuántos puntos les quitó Snape por la explosión de los calderos?- preguntó Jane, queriendo asegurarse de que la honestidad fuese el primer elemento del juego.

-Treinta a cada uno.- respondió George, con orgullo en la voz.

-Esos son cinco puntos.- sonrió Jane sin mirar a sus compañeros.

-Y son cinco para ustedes por la muralla de cemento.- dijo Fred, emulando la sonrisa de Jane, pero los niños de primero se miraron unos a otros.

-Son dos y medio. Gale no estaba incluido en la apuesta y fuimos los dos quienes hicimos esa broma.- se disculpó Demian, pero los gemelos Weasley negaron con la cabeza.

-Ni hablar, la broma está incluida en nuestra guerra y esos son cinco puntos.- replicó George ante la sonrisa de Gale en su cama.

-Y son tres puntos por los platos en el comedor.-

-Pero eso no estaba planeado…- trató de excusarse Jane.

-No importa. Las mejores bromas son las que salen espontáneamente.- la paró Demian.

-¿No viste la cara de la profesora McGonagall?- preguntó Thomas.

-Parecía querer dimitir de inmediato.- agregó Fred, soltando una risita que trató de hacer pasar desapercibida, pero un soplo de viento en su nuca les dio a entender que Peeves había llegado.

-Vaya, niñitos malos fuera del dormitorio de noche. Esto hay que reportarlo.- dijo el espíritu con una risa forzada. Al ver que los chicos seguían debatiendo puntos, Peeves se puso a gritar con fuerza, despertando a la mitad del castillo y haciendo que llegasen los profesores McGonagall y Snape corriendo por el pasillo.

-¿Se puede saber qué están haciendo allí arriba?- preguntó la profesora McGonagall, furiosa.

-Conversando. ¿Está prohibido?- preguntó Jane con una sonrisa que a los profesores les recordó de inmediato a James.

-Por supuesto que está prohibido.- refunfuñó la profesora McGonagall.

-Técnicamente, los alumnos no pueden estar fuera de sus camas después de las once.- intervino Thomas.

-Y, técnicamente, no estamos fuera de nuestras camas.- le siguió el juego George con una sonrisa al ver como la profesora McGonagall se ponía pálida.

-Eso no es lo que quisimos decir con esa regla.- gruñó Snape con los labios tan apretados que apenas eran una fina línea en su cara.

-Pues es la lectura literal. Deberían ser más específicos.- dijo Fred, guiñándole un ojo a la profesora.

-Bájense de esas camas, ¡ahora mismo!- ordenó Snape con furia en la voz.

-Pues no, profesor. Si nos bajamos, estaríamos incumpliendo las normas escolares.- respondió Thomas con una sonrisa burlona. La profesora McGonagall tuvo que resistir el impulso de levantar los ojos al cielo, mientras por su mente pasaban las travesuras de todos sus alumnos previos, decidiendo que definitivamente estos eran los peores.

-Son las tres de la mañana, mañana les quitaré ochenta puntos a cada uno si no están en clases o si se duermen en clases, ¿estamos claros?- preguntó la profesora de transformaciones con una ceja arqueada. Los seis alumnos asintieron, tras lo cual, empezaron a dirigir sus camas hacia sus respectivas salas comunes.

-Potter tenía que ser, igual a su padre.- fue lo último que escuchó Jane de parte del profesor Snape. Sin entender muy bien a qué venía aquello, Jane se encogió de hombro y dejó que la cama prosiguiese su camino sola mientras ella se quedaba dormida con la duda.

*

A la mañana siguiente, Jane solo quería reventar su despertador, sin embargo, recordó lo que les había dicho la profesora McGonagall y decidió que no valía la pena correr el riesgo, por lo que se levantó bostezando y se vistió con su túnica velozmente, sin darse cuenta de que se ponía varias de sus prendas al revés. Bajó casi corriendo al comedor, lugar donde se encontró con Thomas, quien bostezaba con fuerza, y Demian, quien estaba durmiendo sobre la mesa, pero de Gale no se veía ni rastro.

-¿Chocolate caliente?- preguntó Thomas, tendiéndole una taza.

-Gracias.- susurró Jane mientras miraba hacia los gemelos Weasley, dormidos el uno sobre el otro. La chica sorbió con delicadeza del chocolate, momento en el que Gale apareció corriendo, chocando contra ella y provocando que se le derramara el líquido sobre ella.

-¡Mierda!- exclamó la chica, tratando de limpiarse, pero el líquido caliente la hacía más torpe y se quemó las manos con él.

-¡Jane! ¡¿Qué pasó?! ¡¿Estás bien?!- exclamó Demian despertándose de golpe, pero se fijó en las manos de su mejor amiga y supo que no estaba bien.

-Thomas, avísale a la profesora Sprout que llevé a Jane a la enfermería.- pidió el chico, mientras sujetaba a la chica entre sus brazos. Thomas asintió con la cabeza, tras lo cual, se dirigió de inmediato a la mesa de profesores, mientras Demian se encaminaba hacia la enfermería.

-¿En serio, señorita Potter?- preguntó la enfermera con una mueca.

-¿Es que acaso no se puede mantener fuera de los líos por una sola semana?- agregó la mujer, mientras le ponía una pomada en las manos.

-¿No?- refunfuñó Jane, molesta con todo lo que la rodeaba. La señorita Pomfrey iba a recriminarle su falta de modales, pero una mirada hacia sus ojeras la hizo desistir, sabiendo que lo más probable es que todo fuese debido a una mala noche.

-¿Te has estado tomando la poción?- quiso confirmar la enfermera, preocupada por la pequeña alumna, quien asintió con la cabeza, tratando de hacer una sonrisa que no fuese tanto una mueca. Tras terminar de curarle las manos, la señorita Pomfrey le indicó a Jane de que regresase a la tarde para ver cómo iba.

-Odio la enfermería.- se quejó Jane con el ceño fruncido mientras se dirigían al parque junto a Demian. Tras disculparse con la profesora Sprout y explicarle la situación, Jane y Demian se sentaron al lado de Thomas y Gale, y trataron de ayudarlos a terminar su trabajo en los diez minutos de clase que quedaban.

-Hey, miren esto.- susurró Thomas, apuntando hacia la profesora Sprout. Esta abrió la boca para indicar el fin de clases, pero terminó diciéndolo todo en verso.

-¿Pero qué…?- preguntó Jane girándose hacia Thomas, pero fue lo único que necesitó para saber que este era el responsable.

-No pensaba que le pasaría a ella también.- susurró el chico, mientras sus demás compañeros de Hufflepuff empezaban a hablar en rimas también.

-¿Cómo lo hiciste?- preguntó Demian a su lado.

-Pues, lancé un hechizo sobre los Hufflepuffs…-

-¿Y cómo no esperabas que la Profesora Sprout no se viese afectada? Eso sería como lanzarle un hechizo a los Gryffindor y que no afectase a la profesora McGonagall.- refunfuñó Jane, mientras los Hufflepuff y los Ravenclaw se reían por igual. A pesar del hechizo del habla en rimas, la profesora Sprout consiguió enviar a los alumnos a su siguiente clase, sin estar muerta de la risa como sus alumnos, pero con una sonrisa leve en los labios.

-Esto sí que es insuperable…- empezó Gale mientras ingresaban al castillo, pero se detuvo de golpe al encontrarse con una marea de jugo de calabaza viniendo directamente hacia ellos.

-¡A un lado!- gritó Jane agarrándolo a tiempo y empujándolo hacia un costado de la puerta mientras el jugo corría por los escalones y por el pasto. Junto con el jugo, varios alumnos y profesores también se habían visto empujados, especialmente el profesor Flitwick, quien parecía haber perdido su varita por el camino. Con un suspiro de hastío, Jane se lanzó hacia el director de su casa y logró sacarlo del jugo de calabaza, a pesar de quedar completamente empapada.

-Muchas gracias, señorita Potter. 10 puntos a Ravenclaw por su brillante actuación.- indicó el profesor Flitwick con su voz aguda, mientras esperaba a que el jugo terminase de volcarse.

-¿Me puede prestar su varita?- agregó el pequeño profesor, sabiendo que no le podía pedir a sus alumnos que supieran un hechizo de cuarto año.

-Evanesco.- dijo el profesor Flitwick una vez que Jane le prestase su varita, tras lo cual, le entregó de vuelta la varita, asegurándose de que no quedase ningún rastro del jugo de calabaza repartido por el pasillo. Mientras se dirigía por el pasillo en búsqueda de su varita, el profesor Flitwick iba refunfuñando en voz baja contra los bromistas capaces de hacer algo así, aunque los nombre de Sirius Black y James Potter llegaron a los oídos de Jane casi por casualidad.

-¿Qué tendrá que ver mi padre con todo esto?- le preguntó la chica a Demian a su lado, quien simplemente se encogió de hombros y tiró de ella hacia el comedor, pasando al lado de unos divertidos Fred y George Weasley, quienes estaban conversando con un par de Hufflepuffs de segundo. Jane iba a quedarse con ellos y preguntarles por la inundación, cuando sintió la mirada de Greg fija en su nuca.

-Estoy en problemas.- susurró la chica acercándose al premio anual, quien ya había logrado atajar a Demian, Thomas y Gale.

-¿En qué estaban pensando ustedes cuatro?- preguntó el chico, apuntando hacia Cedric Diggory y Tonks, quienes trataban de comunicarse con Charlie a pesar de las rimas.

-¿Por qué crees inmediatamente que eso es cosa nuestra?- se defendió Gale, molesto.

-Porque desde que esta epidemia de bromas empezó, o son ustedes o son ellos.- replicó Greg apuntando a los gemelos Weasley.

-Y sé perfectamente que ellos son los responsables de la inundación, la cual se produjo cuando ustedes no estaban acá.- agregó el chico de pelo oscuro con una mirada que indicaba que estaban en problemas.

-Esto fue sólo cosa mía y sólo durará una hora.- indicó Thomas, tomando la responsabilidad de lo que había hecho, pero antes de que Greg pudiese realmente ponerse en su contra, Tonks y Cedric se les acercaron con una sonrisa en los labios.

-¿Por qué eres tan gruñón y no disfrutas un poco?- susurró Tonks. De inmediato todos se la quedaron mirando sin entender por qué no estaba hablando en rimas, momento en el que se dieron cuenta de que ya nadie hablaba en rimas.

-Aguafiestas.- refunfuñó Demian en voz baja mirando hacia el profesor Dumbledore.

*

A medida que pasaba la semana, las bromas se iban multiplicando y ya eran sólo los profesores los que no sabían que aquello era una competencia, y aún así Greg tenía sus dudas sobre aquello. Entre regalos explosivos, caramelos con efectos extraños y pasillos con nuevas trampas, eran pocos los alumnos que no querían que se acabase pronto aquella semana. Cuando llegaron al domingo, Jane estaba planeando la mejor broma que pudiese, mientras se dirigía a la cocina. Con Demian y Thomas habían descubierto cómo ingresar al segundo día de clases, y desde entonces, se había acostumbrado a bajar a buscar comida cuando se despertaba de sus pesadillas o cuando necesitaba alejarse del ajetreo de las clases. Iba tan metida en sus pensamientos que no se fijó en los gemelos Weasley que venían en dirección contraria.

-Huy, lo siento.- se disculpó Jane de inmediato, viendo como caían dulces y chocolates de los brazos de los gemelos.

-No te preocupes,- respondió George, mientras Fred se agachaba a recoger todo -es para nuestra fiesta de mañana, por haber ganado la competencia.- agregó con una sonrisa.

-No estés tan seguro, George, con los chicos vamos bastante bien.- replicó la chica, mientras ingresaba a la cocina.

-Media chica que tenemos aquí, ¿no hermano?- alcanzó a escuchar Jane antes de que el cuadro se cerrase detrás de ella. Con una leve sonrisa en los labios, Jane se dirigió a los elfos domésticos, quienes le entregaron de inmediato lo solicitado. Los ojos de la azabache brillaron de golpe, mientras la idea que llevaba planeando desde el primer día de la competencia regresaba a su mente.

*

-¿Dónde andabas, Jane? ¿Que no te das cuenta de que si la profesora McGonagall o el profesor Flitwick te pillan fuera te van a castigar?- preguntó Demian con una mueca de desagrado, mientras veía a su mejor amiga ingresar a la torre de vuelta de las cocinas.

-Tranquilo, que aún no me han pillado.- refunfuñó la chica con una sonrisa en los labios, mientras les mostraba a sus amigos lo que había conseguido en las cocinas.

-Uy… ¿qué tienes planeado?- preguntó Thomas con una sonrisa medio malévola. Mirando a izquierda y derecha, Jane les explicó entre susurros la broma que tenía planeada para el día siguiente.

-Es perfecta.- susurró Gale, pero tuvo que saltar detrás de un sofá al ver a Greg bajando hasta la sala común.

-Deberían estar durmiendo. Ya llevan cuatro accidentes por no dormir en lo que va de la semana.- los regañó Greg, las manos en la cadera, pero mirando más fijamente a Jane que a nadie más. La niña sabía perfectamente por qué Greg la miraba tan fijamente, tres de los cuatro accidentes habían sido relacionados con ella y había tenido suerte de que la señorita Pomfrey no la internara de nuevo.

-Ya nos íbamos a la cama.- aseguró Jane, mientras cogía despreocupadamente su bolso y le echaba su suéter por encima, para tapar lo que llevaba consigo. Mientras Greg se hacía cargo de que todos estuviesen en sus camas, Jane se acostó con tranquilidad, una sonrisa en los labios al pensar en la cara de todos a la mañana siguiente.

*

Mientras Fred se levantaba en la mañana para preparar su última broma antes del descuento final de puntos, Jane regresaba a su cama para alcanzar unas últimas horas de sueño antes de tener que levantarse obligatoriamente. Ninguno de los dos se cruzó con la broma del otro, a pesar de que ambas eran perfectamente complementarias, y ninguno supo exactamente cuándo ambas bromas se cruzaron. Cuando los alumnos se levantaron, se encontraron con que parecía haber nevado dentro del castillo a pesar de que ni siquiera había empezado el verdadero invierno. Los pasillos estaban llenos de harina y era imposible caminar de un lugar a otro sin recibir una dosis de harina encima de la cabeza en algún minuto u otro.

-Esto… está… fantástico…- se rió Gale, mientras le caía un balde de harina en la cabeza. A su lado, Demian estaba tirado en la harina, muerto de la risa, al ver como los baldes de harina se volcaban en los momentos más inesperados. Jane y Thomas chocaron los cinco al ver la situación, pero la sonrisa se les borró de la cara cuando un balde de agua helada cayó sobre la chica.

-¡Por la remismisima…!- exclamó Jane -¡Fred y George Weasley! ¡¿En qué mierda estaban pensando?! ¡Estamos en pleno invierno!- agregó la niña al ver a los dos chicos llenos de harina al lado de ella, muertos de la risa.

-Admite que no te lo esperabas.- se burló Fred, pero una mirada furiosa de la niña hizo que se estremeciera. Demian se paró de golpe y le prestó su capa a su amiga, mientras esta se dirigía de inmediato de vuelta a su dormitorio para poder cambiarse, pero antes de dejar a los chicos por completo, se giró e hizo aparecer con un simple movimiento de varita un cubo de agua sobre los gemelos, justo cuando un balde de harina se materializó sobre estos, dejándolos convertidos en una especie de monstruos de las nieves. Las carcajadas no se hicieron de esperar y, mientras ambos muchachos se dirigían hacia su torre, las carcajadas los seguían.

-¿Jane gana?- preguntó una voz cavernosa mientras ambas figuras llenas de harina ingresaban a la torre de Gryffindor.

-Jane gana.- replicó la otra figura de un modo tal que daba a entender de que estaba sonriendo, pero aquello no se podía ver debido a la harina que los cubría.


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