Historia al azar: Momentos antes de morir
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La Sangre llama a la Sangre » Navidades sin Remus
La Sangre llama a la Sangre (ATP)
Por MSebastian
Escrita el Domingo 13 de Noviembre de 2016, 14:43
Actualizada el Martes 12 de Enero de 2021, 18:42
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Navidades sin Remus

Capítulos
  1. El orfanato
  2. Lechuzas
  3. Familia
  4. Hogwarts
  5. Amistades y enemistades
  6. Los gemelos Weasley
  7. Guerra de Bromas
  8. Lecciones de vuelo
  9. Cumpleaños feliz
  10. Halloween
  11. Secretos del Director
  12. Poderosos encantamientos
  13. Navidad en familia
  14. ¿Hermano?
  15. El Bosque Prohibido
  16. El Cuarteto del Terror
  17. El Que no Debe ser Nombrado
  18. Casa
  19. Unas vacaciones movidas
  20. El niño nuevo
  21. Regreso a las andanzas
  22. El Trío del Terror
  23. Entrenamiento de Quidditch
  24. Quirrell
  25. El Troll de Halloween
  26. Harry en peligro
  27. Navidad
  28. Flamel
  29. Problemas
  30. Conociendo a Harry
  31. Pasando la trampilla
  32. El hombre con dos caras
  33. Enfermería
  34. Casa es donde el corazón está
  35. Malas noticias por lechuza
  36. Fama
  37. Golpes y peligro
  38. Nuevo profesor de defensa (Ahem, ¡inútil!)
  39. Enemigos
  40. Más secretos
  41. La advertencia
  42. Siempre Halloween
  43. La bludger loca
  44. Club de duelo
  45. De águilas y leones
  46. Banda de inútiles que no se toman nada enserio
  47. Más y más problemas
  48. Advertencias
  49. Y de vuelta al bosque
  50. La Cámara de los Secretos
  51. El Heredero de Slytherin
  52. Festín a medianoche
  53. La peor noticia del año
  54. La mejor noticia del año
  55. Las cosas no pueden empeorar
  56. Un Dementor en el Hogwarts Express
  57. Hagrid no se lo merece
  58. Tío Remus al rescate
  59. Halloween bajo las estrellas
  60. Promesas
  61. Navidades sin Remus
  62. Patronus
  63. Quidditch contra hermanos

El partido que enfrentó a Hufflepuff contra Ravenclaw fue de los más analizados que la chica hubiera visto. Su performance como bateadora ayudó bastante a que los cazadores contrarios no pudieran anotar los puntos suficientes para vencerlos, mientras que Cho Chang logró pegarse a Cedric, aprovechándose de que este se tomaba todo el aire en la cara y ella estaba más protegida, lanzándose a último minuto a por la pelotita dorada. Ninguno de sus compañeros estaba muy seguro de que aquella había sido la mejor táctica, más, al haber funcionado, no hubo reproches hacia la asiática. Fred se lanzó a por Jane después del partido, besándola con fuerza, y la azabache sabía que aquello era básicamente porque le abría una posibilidad a Gryffindor de conseguir la copa de quidditch a pesar de la derrota contra Hufflepuff.

*

Dos semanas antes de que terminara el trimestre, el cielo se aclaró de repente, volviéndose de un deslumbrante blanco opalino, y los terrenos embarrados aparecieron una mañana cubiertos de escarcha.

Dentro del castillo había ambiente navideño. El profesor Flitwick, que daba Encantamientos, ya había decorado su aula con luces brillantes que resultaron ser hadas de verdad, que revoloteaban.

Los alumnos comentaban entusiasmados sus planes para las vacaciones, a excepción de Jane, quien se había bajoneado al descubrir que el día de Navidad sería luna llena y que por lo tanto Remus no podría pasarla con ella. Jane había considerado quedarse en Hogwarts y acompañar a su padrino en su transformación, pero este se había negado en rotundo, por lo que regresaría a Londres junto a Demian y Thomas, a pasar las Navidades en casa.

-Sigo encontrando que no es justo.- refunfuñó Jane -Deberíamos pasar las vacaciones juntos. ¿Por qué demonios me empuja lejos? No digo que lo acompañe durante la situación, pero sí antes y después.-

-Jane…- suspiró Demian -La última vez que alguien lo acompañó fue cuando estaba tu padre con él. No creo que se sienta mejor al tenerte al lado con tales recuerdos.- agregó el adolescente, tratando de mantener el ánimo mientras se acercaban a la salida de su sala común, antes de darse cuenta de que todos estaban mirando algo en el tablón de anuncios.

-Nueva salida a Hogsmeade. El próximo sábado.- anunció Demian tras lograr deslizarse entre los demás y ver cuáles eran las novedades.

-Pobre Harry.- suspiró Jane, sabiendo que aquello no ayudaría al ánimo de su hermano menor. Ambos se habían cruzado de vez en cuando por los pasillos, pero no habían intercambiado más palabras que un simple hola, aunque Jane podía ver cuánto le molestaba a su hermano el que sus amigos pudieran salir y él no.

*

La mañana de la excursión, Jane vio a su hermano despedirse de sus amigos antes de dirigirse al interior del castillo. Con una sonrisa, Jane siguió su camino hacia el pueblo, sabiendo que a su hermano le acechaba un regalo navideño adelantado.

-¿Hoy te nos sumas a almorzar en las tres escobas?- preguntó Thomas hacia Demian, sabiendo que Jane no se iba a encontrar con Fred sino hasta más tarde.

-No he quedado con Maia hoy día. Así que sí, voy con ustedes.- sonrió Demian mientras llegaban al pueblo. Los tres tenían su itinerario listo, caminando a través del pueblo con sus capas bien sujetas sobre sus hombros, debido a la nieve que había empezado a caer. Honeydukes fue la primera parada, ya que los tres deseaban encontrar en la tienda de dulces sus regalos para sus familias y amigos. Para la sorpresa de ninguno de ellos, el lugar se encontraba repleto hasta los topes con alumnos de Hogwarts de distintas edades, todos comprando grandes cantidades de dulces. Jane logró deslizarse entre el gentío hasta llegar a la zona de los chocolates, donde hizo su elección a toda velocidad, tomando una barra de cada tipo. Mientras se dirigía hacia los sabores insólitos, su mirada se vio desenfocada por una mata de pelo azabache que se dirigía hacia el mismo lado. Con una sonrisa, Jane reconoció a Ron y Hermione viendo los dulces, demasiado ensimismados para ver a Harry acercarse con cuidado por detrás. Sin querer meterse en los asuntos de su hermano, Jane optó por un caramelos extraños, pero inofensivos, antes de ir a pagar y juntarse con sus amigos.

-Hace mucho frío.- reclamó Thomas mientras salían de la tienda.

-¿Cerveza de mantequilla?- propuso Jane apuntando hacia Las Tres Escobas. Sus amigos asintieron con la cabeza, mientras los dientes de Thomas castañeteaban de frío, antes de ingresar al pub y buscarse una mesa vacía. Mientras se instalaban cerca de la chimenea, Jane fue por unas cervezas a la barra, antes de dejarle su capa a su mejor amigo, quien parecía al borde de la hipotermia por alguna razón.

-¿Estás bien, colega?- preguntó Demian sorbiendo de su jarra, mientras miraba de reojo hacia el albino.

-No creo. Tengo la sensación de estar empezando una gripe.- gruñó Thomas mientras estornudaba con fuerza.

-Que no te pille la señora Pomfrey o terminarás con esa poción de pimienta.- se burló Jane, recordando la poción favorita de la enfermera. Mientras disfrutaban de sus bebidas, no notaron al grupo de tercero que se sentaba en la mesa de al lado, sino hasta que una corriente de aire les llamó la atención hacia la puerta. El profesor Flitwick y la profesora McGonagall acababan de entrar en el bar con una ráfaga de copos de nieve. Los seguía Hagrid muy de cerca, inmerso en una conversación con un hombre corpulento que llevaba un sombrero hongo de color verde lima y una capa de rayas finas: era Cornelius Fudge, el ministro de Magia. De inmediato, Jane, Demian y Thomas vieron a Ron y Hermione obligando a Harry a agacharse y esconderse debajo de la mesa, empujándolo con las manos. Jane observó de reojo hacia su hermano debajo de la mesa, mientras los profesores se acercaban hacia la zona donde se encontraban sentados. Thomas escuchó a Hermione susurrando:

Mobiliarbo!- El árbol de Navidad que había al lado de la mesa se elevó unos centímetros, se corrió hacia un lado y, suavemente, se volvió a posar delante de ellos, ocultándolos, y de paso, ocultando a Demian, Jane y Thomas. Oyeron a los profesores y al ministro resoplar y suspirar mientras se sentaban antes de escuchar unos zapatos de tacón, seguidos por una voz femenina:

-Una tacita de alhelí…-

-Para mí.- indicó la voz de la profesora McGonagall.

-Dos litros de hidromiel caliente con especias…-

-Gracias, Rosmerta.- dijo Hagrid.

-Un jarabe de cereza y gaseosa con hielo y sombrilla.-

-Yo quiero eso.- susurró Jane al escuchar el pedido del profesor Flitwick, quien sólo soltó una expresión de delicia.

-El ron de grosella tiene que ser para usted, señor ministro.-

-Gracias, Rosmerta, querida.- dijo la voz de Fudge -Estoy encantado de volver a verte. Tómate tú otro, ¿quieres? Ven y únete a nosotros…-

-Muchas gracias, señor ministro.- escucharon los tacones de la mujer ir y volver, mientras la tensión de tener a Harry debajo de la mesa, los mantenía en los nervios. Jane intercambiaba miradas con sus amigos. ¿Cuánto tiempo se quedarían allí sentados los profesores? Harry necesitaba tiempo para volver a entrar en Honeydukes a hurtadillas si quería volver al colegio aquella noche.

-¿Qué le trae por estos pagos, señor ministro?- dijo la voz de la señora Rosmerta. Jane entrevió parte del grueso cuerpo de Fudge, como si estuviera comprobando que no había nadie cerca, aunque, para la suerte de los adolescentes, no los notaron escondidos detrás del árbol. Luego el ministro dijo en voz baja:

-¿Qué va a ser, querida? Sirius Black. Me imagino que sabes lo que ocurrió en el colegio en Halloween.-

-Sí, oí un rumor.- admitió la señora Rosmerta.

-¿Se lo contaste a todo el bar, Hagrid?- gruñó la profesora McGonagall enfadada.

-¿Cree entonces que Black sigue por la zona, señor ministro?- susurró la señora Rosmerta.

-Estoy seguro.- dijo Fudge escuetamente.

-¿Sabe que los dementores han registrado ya dos veces este local?- dijo la señora Rosmerta -Me espantaron a toda la clientela. Es fatal para el negocio, señor ministro.-

-Rosmerta querida, a mí no me gustan más que a ti.- dijo Fudge con incomodidad -Pero son precauciones necesarias… Son un mal necesario. Acabo de tropezarme con algunos: están furiosos con Dumbledore porque no los deja entrar en los terrenos del castillo.-

-Menos mal.- dijo la profesora McGonagall tajantemente -¿Cómo íbamos a dar clase con esos monstruos rondando por allí?-

-Bien dicho, bien dicho.- dijo el pequeño profesor Flitwick, y por una vez, Jane sintió que estaba de acuerdo con el director de su casa.

-De todas formas,- objetó Fudge -están aquí para defendernos de algo mucho peor. Todos sabemos de lo que Black es capaz…-

-¿Sabéis? Todavía me cuesta creerlo.- dijo pensativa la señora Rosmerta -De toda la gente que se pasó al lado Tenebroso, Sirius Black era el último del que hubiera pensado… Quiero decir, lo recuerdo cuando era un niño en Hogwarts. Si me hubierais dicho entonces en qué se iba a convertir; habría creído que habíais tomado demasiado hidromiel.-

-No sabes la mitad de la historia, Rosmerta.- dijo Fudge con aspereza -La gente desconoce lo peor.- Demian y Thomas intercambiaron miradas, más Jane estaba más preocupada de la presencia de su hermano debajo de la mesa a su lado, que de lo que el ministro fuera a decir.

-¿Lo peor?- dijo la señora Rosmerta con la voz impregnada de curiosidad -¿Peor que matar a toda esa gente?-

-Desde luego, eso quiero decir.- dijo Fudge.

-No puedo creerlo. ¿Qué podría ser peor?-

-Dices que te acuerdas de cuando estaba en Hogwarts, Rosmerta.- susurró la profesora McGonagall -¿Sabes quién era su mejor amigo?-

-Oh, no.- pensó Jane, recordando la conversación que había tenido con su padrino justo antes de que iniciara el año escolar.

-Pues claro.- dijo la señora Rosmerta riendo ligeramente -Nunca se veía al uno sin el otro. ¡La de veces que estuvieron aquí! Siempre me hacían reír. ¡Un par de cómicos, Sirius Black y James Potter!- A Harry se le cayó algo, produciendo un fuerte ruido de metal, más la suerte los acompañó, pues en el bullicio del lugar pasó por completo desapercibido.

-Exactamente.- dijo la profesora McGonagall -Black y Potter. Cabecillas de su pandilla. Los dos eran muy inteligentes. Excepcionalmente inteligentes. Creo que nunca hemos tenido dos alborotadores como ellos.-

-No sé.- dijo Hagrid, riendo entre dientes -El Trío del Terror y, Fred y George Weasley podrían dejarlos atrás.-

-¡Cualquiera habría dicho que Black y Potter eran hermanos!- terció el profesor Flitwick sin importarle la interrupción -¡Inseparables!-

-¡Por supuesto que lo eran!- dijo Fudge -Potter confiaba en Black más que en ningún otro amigo. Nada cambió cuando dejaron el colegio. Black fue el padrino de boda cuando James se casó con Lily. Luego fue el padrino de su primer hijo hombre. Harry no sabe nada, claro. Ya te puedes imaginar cuánto se impresionaría si lo supiera.-

-Imbéciles.- soltó Jane en un gruñido, más la mano de Demian en la suya hizo que se tranquilizara, aunque ambos sabían que aquello iba a ser un golpe fuerte para el chico.

-¿Porque Black se alió con Quien Ustedes Saben?- susurró la señora Rosmerta.

-Aún peor, querida…- Fudge bajó la voz y continuó en un susurro casi inaudible, obligando a los alumnos a afinar más el oído -Pocos saben que los Potter no ignoraban que Quien Tú Sabes iba tras ellos. Dumbledore, que luchaba incansablemente contra Quien Tú Sabes, tenía cierto número de espías. Uno le dio el soplo y Dumbledore alertó inmediatamente a James y a Lily. Les aconsejó ocultarse. Bien, por supuesto que Quien Tú Sabes no era alguien de quien uno se pudiera ocultar fácilmente. Dumbledore les dijo que su mejor defensa era el encantamiento Fidelio.-

-¿Cómo funciona eso?- preguntó la señora Rosmerta, muerta de curiosidad. El profesor Flitwick carraspeó.

-Es un encantamiento tremendamente complicado- dijo con voz de pito -que supone el ocultamiento mágico de algo dentro de una sola mente. La información se oculta dentro de la persona elegida, que es el guardián secreto. Y en lo sucesivo es imposible encontrar lo que guarda, a menos que el guardián secreto opte por divulgarlo. Mientras el guardián secreto se negara a hablar, Quien Tú Sabes podía registrar el pueblo en que estaban James y Lily sin encontrarlos nunca, aunque tuviera la nariz pegada a la ventana de la salita de estar de la pareja.-

-¿Así que Black era el guardián secreto de los Potter?- susurró la señora Rosmerta.

-Naturalmente- dijo la profesora McGonagall -James Potter le dijo a Dumbledore que Black daría su vida antes de revelar dónde se ocultaban, y que Black estaba pensando en ocultarse él también… Y aun así, Dumbledore seguía preocupado. Él mismo se ofreció como guardián secreto de los Potter.-

-¿Sospechaba de Black?- exclamó la señora Rosmerta.

-Dumbledore estaba convencido de que alguien cercano a los Potter había informado a Quien Tú Sabes de sus movimientos.- dijo la profesora McGonagall con voz misteriosa -De hecho, llevaba algún tiempo sospechando que en nuestro bando teníamos un traidor que pasaba información a Quien Tú Sabes.-

-¿Y a pesar de todo James Potter insistió en que el guardián secreto fuera Black?-

-Así es.- confirmó Fudge -Y apenas una semana después de que se hubiera llevado a cabo el encantamiento Fidelio…-

-¿Black los traicionó?- musitó la señora Rosmerta.

-Desde luego. Black estaba cansado de su papel de espía. Estaba dispuesto a declarar abiertamente su apoyo a Quien Tú Sabes. Y parece que tenía la intención de hacerlo en el momento en que murieran los Potter. Pero como sabemos todos, Quien Tú Sabes sucumbió ante el pequeño Harry Potter. Con sus poderes destruidos, completamente debilitado, huyó. Y esto dejó a Black en una situación incómoda. Su amo había caído en el mismo momento en que Black había descubierto su juego. No tenía otra elección que escapar…-

-Sucio y asqueroso traidor.- dijo Hagrid, tan alto que la mitad del bar se quedó en silencio.

-Chist.- dijo la profesora McGonagall.

-¡Me lo encontré,- bramó Hagrid -seguramente fui yo el último que lo vio antes de que matara a toda aquella gente! ¡Fui yo quien rescató a Harry de la casa de Lily y James, después de su asesinato! Lo saqué de entre las ruinas, pobrecito. Tenía una herida grande en la frente y sus padres habían muerto… Y Sirius Black apareció en aquella moto voladora que solía llevar. No se me ocurrió preguntarme lo que había ido a hacer allí. No sabía que él había sido el guardián secreto de Lily y James. Pensé que se había enterado del ataque de Quien Vosotros Sabéis y había acudido para ver en qué podía ayudar. Estaba pálido y tembloroso. ¿Y sabéis lo que hice? ¡ME PUSE A CONSOLAR A AQUEL TRAIDOR ASESINO!- exclamó Hagrid.

-Hagrid, por favor,- dijo la profesora McGonagall -baja la voz.-

-¿Cómo iba a saber yo que su turbación no se debía a lo que les había pasado a Lily y a James? ¡Lo que le turbaba era la suerte de Quien Vosotros Sabéis! Y entonces me dijo: «Dame a Harry, Hagrid. Soy su padrino. Yo cuidaré de él...» ¡Ja! ¡Pero yo tenía órdenes de Dumbledore y le dije a Black que no! Dumbledore me había dicho que Harry tenía que ir a casa de sus tíos. Black discutió, pero al final tuvo que ceder. Me dijo que cogiera su moto para llevar a Harry hasta la casa de los Dursley. «No la necesito ya», me dijo. Tendría que haberme dado cuenta de que había algo raro en todo aquello. Adoraba su moto. ¿Por qué me la daba? ¿Por qué decía que ya no la necesitaba? La verdad es que una moto deja demasiadas huellas, es muy fácil de seguir. Dumbledore sabía que él era el guardián de los Potter. Black tenía que huir aquella noche. Sabía que el Ministerio no tardaría en perseguirlo. Pero ¿y si le hubiera entregado a Harry, eh? Apuesto a que lo habría arrojado de la moto en alta mar. ¡Al hijo de su mejor amigo! Y es que cuando un mago se pasa al lado tenebroso, no hay nada ni nadie que le importe…- Tras la perorata de Hagrid hubo un largo silencio. Luego, la señora Rosmerta dijo con cierta satisfacción:

-Pero no consiguió huir; ¿verdad? El Ministerio de Magia lo atrapó al día siguiente.-

-¡Ah, si lo hubiéramos encontrado nosotros…!- dijo Fudge con amargura -No fuimos nosotros, fue el pequeño Peter Pettigrew: otro de los amigos de Potter. Enloquecido de dolor; sin duda, y sabiendo que Black era el guardián secreto de los Black, él mismo lo persiguió.-

-¿Pettigrew...? ¿Aquel gordito que lo seguía a todas partes?- preguntó la señora Rosmerta, y Jane tendió la oreja, pues su padrino poco había dicho de él.

-Adoraba a Black y a Potter. Eran sus héroes.- dijo la profesora McGonagall -No era tan inteligente como ellos y a menudo yo era brusca con él. Podéis imaginaros cómo me pesa ahora…- Su voz sonaba como si tuviera un resfriado repentino.

-Venga, venga, Minerva.- le dijo Fudge amablemente -Pettigrew murió como un héroe. Los testigos oculares (muggles, por supuesto, tuvimos que borrarles la memoria...) nos contaron que Pettigrew había arrinconado a Black. Dicen que sollozaba: «¡A Lily y a James, Sirius! ¿Cómo pudiste...?» Y entonces sacó la varita. Aunque, claro, Black fue más rápido. Hizo polvo a Pettigrew.- La profesora McGonagall se sonó la nariz y dijo con voz llorosa:

-¡Qué chico más alocado, qué bobo! Siempre fue muy malo en los duelos. Tenía que habérselo dejado al Ministerio…-

-Os digo que si yo hubiera encontrado a Black antes que Pettigrew, no habría perdido el tiempo con varitas… Lo habría descuartizado, miembro por miembro.- gruñó Hagrid.

-No sabes lo que dices, Hagrid.- dijo Fudge con brusquedad -Nadie salvo los muy preparados Magos de Choque del Grupo de Operaciones Mágicas Especiales habría tenido una oportunidad contra Black, después de haberlo acorralado. En aquel entonces yo era el subsecretario del Departa- mento de Catástrofes en el Mundo de la Magia, y fui uno de los primeros en personarse en el lugar de los hechos cuando Black mató a toda aquella gente. Nunca, nunca lo olvidaré. Todavía a veces sueño con ello. Un cráter en el centro de la calle, tan profundo que había reventado las alcantarillas. Había cadáveres por todas partes. Muggles gritando. Y Black allí, riéndose, con los restos de Pettigrew delante… Una túnica manchada de sangre y unos… unos trozos de su cuerpo.- La voz de Fudge se detuvo de repente. Cinco narices se sonaron.

-Bueno, ahí lo tienes, Rosmerta.- dijo Fudge con la voz tomada -A Black se lo llevaron veinte miembros del Grupo de Operaciones Mágicas Especiales, y Pettigrew fue investido Caballero de primera clase de la Orden de Merlín, que creo que fue de algún consuelo para su pobre madre. Black ha estado desde entonces en Azkaban.- La señora Rosmerta dio un largo suspiro.

-¿Es cierto que está loco, señor ministro?-

-Me gustaría poder asegurar que lo estaba.- dijo Fudge -Ciertamente creo que la derrota de su amo lo trastornó durante algún tiempo. El asesinato de Pettigrew y de todos aquellos muggles fue la acción de un hombre acorralado y desesperado: cruel, inútil, sin sentido. Sin embargo, en mi última inspección de Azkaban pude ver a Black. La mayoría de los presos que hay allí hablan en la oscuridad consigo mismos. Han perdido el juicio… Pero me quedé sorprendido de lo normal que parecía Black. Estuvo hablando conmigo con total sensatez. Fue desconcertante. Me dio la impresión de que se aburría. Me preguntó si había acabado de leer el periódico. Tan sereno como os podáis imaginar; me dijo que echaba de menos los crucigramas. Sí, me quedé estupefacto al comprobar el escaso efecto que los dementores parecían tener sobre él. Y él era uno de los que estaban más vigilados en Azkaban, ¿sabéis? Tenía dementores ante la puerta día y noche.-

-Pero ¿qué pretende al fugarse?- preguntó la señora Rosmerta -¡Dios mío, señor ministro! No intentará reunirse con Quien Usted Sabe, ¿verdad?-

-Me atrevería a afirmar que es su… su… objetivo final.- respondió Fudge evasivamente -Pero esperamos atraparlo antes. Tengo que decir que Quien Tú Sabes, solo y sin amigos, es una cosa… pero con su más devoto seguidor, me estremezco al pensar lo poco que tardará en volver a alzarse…- Hubo un sonido hueco, como cuando el vidrio golpea la madera. Alguien había dejado su vaso.

-Si tiene que cenar con el director, Cornelius, lo mejor será que nos vayamos acercando al castillo.- Las patas de las sillas resonaron de nuevo mientras los profesores se iban retirando, aunque Jane sentía como si un balde de agua helada le hubiera caído encima. Sabía que Black era el padrino de su hermano, pero jamás se le hubiera ocurrido que hubiera podido ser tan oscuro como para matar a alguien en frente de testigos. Con preocupación, los chicos miraron de reojo hacia la mesa donde Ron y Hermione se agachaban para poder ocuparse de Harry. Ya sin ganas de nada, decidieron volver cuanto antes al castillo, esperando que Harry no hiciera algo estúpido sin antes conversarlo con alguien.

*

La mañana de la partida fue igual de caótica que siempre, más el humor negro de Jane no remitía. Tras haberse despedido de Remus después del desayuno, le echó un vistazo a la mesa de los leones, sin ver a Harry por ninguna parte. Preocupada, le indicó a su padrino lo que había pasado la noche anterior, haciéndole prometer que no le diría nada a nadie, sino que sólo mantendría un ojo sobre lo que estaba pasando. Tras subirse al tren que los llevaría de vuelta a Londres, Jane no podía dejar de darle vueltas a lo que habían escuchado el día anterior. La información como tal no era nueva para ella, aunque Thomas la miraba con suspicacia, ya que él no se había enterado de nada sino hasta aquel momento, sin embargo, tenía más en qué pensar que en los sentimientos heridos de su amigo.

*

La mañana de Navidad fue tranquila, ninguno le había puesto mucho empeño, lamentando que Remus no hubiera estado presente con ellos, más lograron sonreír con sus respectivos regalos. Demian le había conseguido a Jane un par de argollas de plata que hacían juego con el pendiente de su madre, mientras que Thomas le había regalado un reloj de pulsera mecánico con un hechizo impermeable, que le permitiría utilizarlo en cualquier ambiente. Fred, por su parte, le había enviado su clásico surtido de bromas, aunque acompañado del paquete de Harry, Ron y Hermione, quienes le habían regalado un libro de hechizos avanzados. Jane sospechaba que Hermione había sido la de la idea, habiéndosela cruzado en más de una ocasión en las zonas más avanzadas de la biblioteca. El paquete iba acompañado de una carta respecto a Hagrid, que hizo que todos en la casa sintieran frustración, ya que se le iba a realizar un juicio a un animal mágico.

-Deberíamos escribirle al señor Scamander.- soltó Demian -¿El autor de "Bestias Fantásticas y Dónde Encontrarlas"?- agregó como si fuera lo más obvio ante las miradas de sus amigos.

-Mala idea.- intervino Jonathan, sirviendo sendas tazas de chocolate caliente -El señor Scamander tiene… ¿cómo decirlo? Prohibido el ingreso al Ministerio de la Magia. Podrían solicitar su ayuda, pero aquello incluiría un destacamento completo de aurores siguiéndolo por doquier, y, la última vez que me tocó, uno de sus bichos me pegó un mordisco llevándose parte de mi brazo.- agregó el hombre, dejando ver la cicatriz que llevaba en su brazo. Si bien los chicos ya la habían visto con anterioridad, siempre habían sospechado que esa herida había sido por un duelo, más las carcajadas no se hicieron de esperar ante la información que acababan de obtener.


Hola

Lamento mucho la tardanza de este capítulo. Tomé un curso de Edición y Publicación Digital que se llevó todo mi tiempo libre, por lo que recién el viernes pude empezar de nuevo este capítulo. Espero que alguien siga leyendo y disfrutando de esta historia.


Saludos

MSebastián ;)



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