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La Sangre llama a la Sangre » Las cosas no pueden empeorar
La Sangre llama a la Sangre (ATP)
Por MSebastian
Escrita el Domingo 13 de Noviembre de 2016, 14:43
Actualizada el Martes 12 de Enero de 2021, 18:42
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Las cosas no pueden empeorar

Capítulos
  1. El orfanato
  2. Lechuzas
  3. Familia
  4. Hogwarts
  5. Amistades y enemistades
  6. Los gemelos Weasley
  7. Guerra de Bromas
  8. Lecciones de vuelo
  9. Cumpleaños feliz
  10. Halloween
  11. Secretos del Director
  12. Poderosos encantamientos
  13. Navidad en familia
  14. ¿Hermano?
  15. El Bosque Prohibido
  16. El Cuarteto del Terror
  17. El Que no Debe ser Nombrado
  18. Casa
  19. Unas vacaciones movidas
  20. El niño nuevo
  21. Regreso a las andanzas
  22. El Trío del Terror
  23. Entrenamiento de Quidditch
  24. Quirrell
  25. El Troll de Halloween
  26. Harry en peligro
  27. Navidad
  28. Flamel
  29. Problemas
  30. Conociendo a Harry
  31. Pasando la trampilla
  32. El hombre con dos caras
  33. Enfermería
  34. Casa es donde el corazón está
  35. Malas noticias por lechuza
  36. Fama
  37. Golpes y peligro
  38. Nuevo profesor de defensa (Ahem, ¡inútil!)
  39. Enemigos
  40. Más secretos
  41. La advertencia
  42. Siempre Halloween
  43. La bludger loca
  44. Club de duelo
  45. De águilas y leones
  46. Banda de inútiles que no se toman nada enserio
  47. Más y más problemas
  48. Advertencias
  49. Y de vuelta al bosque
  50. La Cámara de los Secretos
  51. El Heredero de Slytherin
  52. Festín a medianoche
  53. La peor noticia del año
  54. La mejor noticia del año
  55. Las cosas no pueden empeorar
  56. Un Dementor en el Hogwarts Express
  57. Hagrid no se lo merece
  58. Tío Remus al rescate
  59. Halloween bajo las estrellas
  60. Promesas
  61. Navidades sin Remus
  62. Patronus
  63. Quidditch contra hermanos

En cuanto Remus hubo enviado su respuesta a Dumbledore, los chicos recibieron sus cartas de Hogwarts con los nuevos libros que iban a necesitar, aunque Jane solicitó que fueran la última semana de Agosto a hacer las compras, sabiendo que Fred estaría en el Callejón Diagon para esas fechas. La adolescente había intercambiado un par de cartas con su pareja, pero echaba de menos el poco contacto físico que tenían cuando se encontraban en el colegio. Mientras se encontraba releyendo la carta que su hermano le había enviado como agradecimiento por el regalo, escuchó como Jonathan regresaba a su casa. No le tomó mucha atención, sino hasta que vio a Remus en la puerta de su pieza, mirando con cuidado hacia la pelinegra.

-¿Qué pasó con Harry?- preguntó Jane de inmediato.

-Primero que nada, vamos a ir a hacer unas compras al Callejón Diagon, porque lo necesito antes de que vayamos a hacer todas las compras. Y quiero que me acompañes, porque Harry se escapó de la casa de sus tíos y, antes de que te desmayes, se encuentra en el Caldero Chorreante, por lo que sería buena idea que lo vayas a ver también.- explicó Remus a toda velocidad, sabiendo que mientras más rápido le dijera a su ahijada, más rápido esta sabría que se encontraba bien.

-Sólo, no le digas que seré su profesor este año. Prefiero que eso quede en la tranquilidad del castillo. ¿Estamos?- agregó el hombre al ver la mirada de alegría de la adolescente.

-Sí, sí, sí. Lo que digas, Remus.- asintió Jane a toda velocidad, antes de lanzarse a ponerse sus zapatos, una sonrisa de oreja a oreja.

-¿Vamos a ir con los chicos?- preguntó mientras cogía un chaleco en caso de que se quedaran hasta tarde.

-No esta vez, pero ya que Harry estará en el Caldero Chorreante hasta que vuelvan a Hogwarts, podrán ir más veces este año.- propuso Remus, mientras tomaban el metro. Jane sonrió con mayor fuerza si es que aquello fuera posible, antes de que salieran del metro, un par de cuadras más lejos del bar que protegía el callejón mágico. Cuando cruzaron las puertas, se encontraron con Tom, quien los saludó amablemente, antes de que salieran a la parte trasera del bar para cruzar al callejón. Jane había sido convencida por Remus de que su hermano no se encontraría en el bar si es que la tarde estaba lo suficientemente soleada, por lo que simplemente siguió el camino del callejón, mirando por todas partes en busca de la mata de pelo azabache de su hermano menor.

-¿Jane?- preguntó una voz cerca de ellos.

-Te veo luego, Jane.- sonrió Remus, no queriendo que el hijo de sus mejores amigos lo viera tan pronto.

-Hola Harry, ¿qué haces por aquí?- sonrió Jane, haciéndose la desentendida. Harry se encogió de hombros y miró hacia el interior del negocio al que iba a ingresar, su bolso escolar al hombro.

-Sólo estoy haciendo un par de compras.- sonrió el adolescente, pasándose la mano por el pelo -Supongo que te habrás enterado de que me escapé de casa, ¿no?- agregó con una sonrisa culpable.

-Algo así. Aunque no me sé los detalles, y no me importan, así que tranquilo.- le guiñó un ojo la joven -Pensaba en ir a por un helado, ¿me acompañas?- agregó apuntando hacia la heladería de Florean Fortescue. Harry no se hizo de rogar y, en vez de ingresar a la tienda del apoticario, le siguió el paso a la que ya había empezado a considerar como una amiga.

-Hola Florean, un helado de chocolate/menta/chocolate negro por favor.- pidió Jane bajo la mirada atenta del heladero.

-¿Crema y caramelo para ti, Potter?- preguntó Florean con una sonrisa hacia Harry.

-Dime Harry no más. Y sí, eso estaría estupendo.- respondió Harry llevando su mano hacia su bolsa de monedas, pero Jane se le adelantó pagándole al heladero con una sonrisa de oreja a oreja. Los dos adolescentes se sentaron en una de las mesas en el exterior, Harry dejando su bolso en una silla vacía a su lado, mientras Jane simplemente disfrutaba de su helado.

-¿Dónde te estás quedando?- preguntó Jane con curiosidad, sabiendo que necesitaba abrir la conversación con algún tema.

-En el Caldero Chorreante. Me trajo el Autobús Noctámbulo desde la casa de mis tíos.- murmuró Harry, tratando de sonreír un poco, pero Jane podía notar la tirantez en la cara de su hermano y de que algo estaba tratando de esconder.

-Si tú crees que es mejor de esa manera.- sonrió Jane tratando de tranquilizarlo, antes de quedarse en silencio mientras se comían su helado. A su lado, los pasantes se sentaban, tomaban café y hablaban en voz alta acerca de las noticias que se iban dando.

-Yo no pienso dejar a ninguno de mis chicos que salga solo hasta que Black vuelva a Azkaban.- escucharon de pronto desde una de las mesas cercanas. Jane se tensó de inmediato ante el nombre, más no dejó que su hermano la viera, sabiendo que no valía la pena preocuparlo.

-¿Sabes de Black?- preguntó Harry en un susurro.

-Algo. Mi padrino nos contó, a Demian y a mí, el por qué estaba en Azkaban. ¿Por qué?- respondió Jane, regresando su atención a su helado.

-Nada. Es sólo que… no sé, siento como si debiera saber algo.- murmuró Harry -Pero no importa, si fuera algo importante, ya me lo habrían dicho. Después de todo, fue el ministro de la magia el que me estaba esperando en el Caldero Chorreante.- se encogió de hombros el adolescente. Jane iba a preguntarle algo, cuando se dio cuenta de que Remus la estaba mirando desde una esquina, haciendo un gesto hacia su muñeca. Jane fingió revisar su reloj de pulsera antes de mirar de nuevo hacia su hermano.

-Harry, lo siento mucho, pero me tengo que ir. Tengo un compromiso.- explicó Jane lamentando tener que dejar a su hermano a solas.

-No hay problema. Te veré en Hogwarts.- sonrió Harry, pero Jane negó con la cabeza, una sonrisa pegada a sus labios.

-Aún me falta comprar mis materiales del colegio. No te preocupes, nos veremos más veces antes de que acabe el verano.- Jane pudo ver la ilusión en los ojos de su hermano y se preguntó si es que valía la pena contarle la verdad antes de que empezara el curso, pero decidió hablar con Remus antes de hacer un movimiento apresurado -Cuídate, ¿sí?- agregó la adolescente antes de despedirse con un beso en la mejilla de su hermano. Tras tomar lo que quedaba de su helado, Jane se dirigió hacia donde la esperaba Remus, quien llevaba varios libros de segunda mano dentro de su bolso. La adolescente decidió no hacer ningún comentario, sabiendo que a su padrino le desagradaba que ella lo mantuviera, más también consideraba que debería poder ayudar al hombre que la cuidaba. mientras regresaban hacia su casa en silencio, Jane no podía dejar de pensar en que su hermano no parecía muy contento con su situación de vida y se preguntaba cómo podría hacerle la pregunta discretamente de si es que se sentía seguro o no.

-Remus, quiero decirle a Harry la verdad.- murmuró Jane una vez hubieron regresado a su casa.

-Lo sé, Jane. Pero, ¿estás segura que es una buena idea para él?- preguntó Remus, dejando el bolso con los libros encima de la mesa de la cocina. Jane intercambió una mirada con su padrino y se dio cuenta de que jamás lo había pensado de esa manera. Quizás sólo era ella la que necesitaba que su hermano supiera la verdad, pero también era bastante obvio que el chico era lo suficientemente independiente para no necesitarla.

-Remus, yo necesito que Harry sepa la verdad. Que no lo abandoné. Que si no le conté desde el primer día no fue por decisión mía…- Remus se dio cuenta de inmediato de que su ahijada estaba hiperventilando, por lo que la obligó a sentarse, enderezar la espalda y respirar profundamente, utilizando su propia respiración a modo de ejemplo para que Jane pudiera recuperar el control.

-Eso, respira. Tranquila. Inspira profundo, expira largo.- murmuró Remus haciendo círculos con su palma en la espalda de la joven -Lo que vamos a hacer ahora, es que te vas a tomar una buena taza de chocolate caliente, y luego hablaremos, ¿de acuerdo?- agregó el hombre al sentir a su ahijada más tranquila. Jane asintió levemente con la cabeza, mientras seguía consciente de su respiración, siguiendo los movimientos de su padrino con los ojos, a la espera de que su taza estuviera frente a ella. Tras sorber del chocolate que su padrino le había servido, Jane dejó entrever una leve sonrisa que Remus tomó como una invitación a hablar.

-Jane, no puedes cambiar el pasado. Eso ya está hecho y escrito. Pero sí puedes convertirte en una hermana de verdad para Harry.- sonrió Remus -Sé que solo tienes 14 años, pero te ofrezco la oportunidad de moverte a solas en Londres, de modo que puedas ir a visitar a tu hermano todas las veces que quieras.- agregó, sabiendo que aquello le sería de ayuda a su ahijada. Jane se alegró de golpe con la noticia y sonrió al darse cuenta de que tendría más tiempo para conocer a su hermano de una manera más relajada que la que tenía en el colegio.

-Gracias, Remus. Gracias, gracias, gracias. No te defraudaré.- prometió Jane con una sonrisa alargada. Remus simplemente le sonrió de vuelta, aunque se prometió a sí mismo de que hablaría con Jane para que esta no se obsesionara con ser parte de la vida de su hermano como único objetivo.

*

A medida que las semanas iban avanzando, Jane se había pasado más tiempo en el Callejón Diagon que en su casa, aprovechando todos los respiros que le permitían su entrenamiento para encontrarse con su hermano. Remus parecía haberse tomado a pecho su nuevo puesto, y aprovechaba de los entrenamientos con Demian y Jane para mejorar sus dotes de profesor, aunque preguntándose todo el tiempo si es que no estaba cometiendo un error. Aunque la sombra de Sirius Black se había disipado un poco, Jane mantenía su varita consigo a cada segundo, sintiéndose nerviosa si es que no la tenía a mano. La adolescente sabía que su hermano algo sabía de la escapada de aquel que había hecho su vida miserable, pero Jane no estaba segura de que conociera todos los detalles, debido a la tranquilidad que emanaba. Siguiendo los consejos de Remus, Jane se había acercado a Harry como una amiga en vez de una hermana, dándose cuenta de que compartían la pasión por el Quidditch y por la Defensa Contra las Artes Oscuras, aunque Jane sostenía que ninguno de sus profesores habían valido mucho la pena, exceptuando quizás a la profesora Ramírez. Con cada ida al Callejón Diagon, Jane iba aprovechando de hacer sus compras, aunque se daba cuenta de las miradas de Harry hacia los alumnos que venían del colegio.

-¿Saben Ron y Hermione de que te encuentras aquí?- preguntó Jane el último día que tenían de vacaciones, mientras caminaban de hacia uno de los negocios de comida tras haberse encontrado en la tienda de Artículos de Calidad para el Juego del Quidditch. Antes de que Harry pudiera encogerse de hombros, alguien gritó su nombre, haciendo que ambos hermanos se voltearan.

-¡Harry! ¡Jane! ¡HARRY!- Allí estaban los dos, sentados en la terraza de la heladería Florean Fortescue. Ron, más pecoso que nunca; Hermione, muy morena; y los dos les llamaban la atención con la mano.

-¡Por fin!- dijo Ron, sonriendo a Harry de oreja a oreja cuando éste se sentó -Hemos estado en el Caldero Chorreante, pero nos dijeron que habías salido, y luego hemos ido a Flourish y Blotts, y al establecimiento de la señora Malkin, y…-

-Compré la semana pasada todo el material escolar. ¿Y cómo os enterasteis de que me alojo en el Caldero Chorreante?- dijo Harry mientras Jane se sentaba discretamente al lado de Hermione.

-Mi padre.- contestó Ron escuetamente. Jane estaba segura de que el señor Weasley, quien trabajaba en el Ministerio de la Magia, se habría enterado de inmediato de la historia de su hermano.

-¿Es verdad que inflaste a tu tía, Harry?- preguntó Hermione muy seria, ganándose una mirada de sorpresa de parte de Jane.

-Fue sin querer.- respondió Harry, mientras Ron se partía de risa  -Perdí el control.- agregó mirando hacia Jane, quien parecía a punto de pedirle explicaciones, sabiendo con seguridad que, si su hermano vivía con muggles, no tendría el permiso especial de uso de magia que tenía ella.

-No tiene ninguna gracia, Ron.- soltó Hermione con severidad -Verdaderamente, me sorprende que no te hayan expulsado.-

-A mí también.- admitió Harry

-¿Expulsado? Tuviste suerte de que no te hayan arrestado…- murmuró Jane al lado de Hermione.

-Que era lo que más me temía.- agregó Harry mirando a Ron -¿No sabrá tu padre por qué me ha perdonado Fudge el castigo?-

-Probablemente, porque eres tú. ¿No puede ser ése el motivo?- encogió los hombros, sin dejar de reírse -El famoso Harry Potter. No me gustaría enterarme de lo que me haría a mí el Ministerio si se me ocurriera inflar a mi tía. Pero primero me tendrían que desenterrar; porque mi madre me habría matado. De cualquier manera, tú mismo le puedes preguntar a mi padre esta tarde. ¡Esta noche nos alojamos también en el Caldero Chorreante! Mañana podrás venir con nosotros a King's Cross. ¡Ah, y Hermione también se aleja allí!- la muchacha asintió con la cabeza, sonriendo.

-Mis padres me han traído esta mañana, con todas mis cosas del colegio.-

-¡Estupendo!- dijo Harry, muy contento- ¿Habéis comprado ya todos los libros y el material para el próximo curso?-

-Mira esto,- dijo Ron, sacando de una mochila una caja delgada y alargada, y abriéndola -una varita mágica nueva. Treinta y cinco centímetros, madera de sauce, con un pelo de cola de unicornio. Y tenemos todos los libros.- Señaló una mochila grande que había debajo de su silla -¿Y qué te parecen los libros monstruosos? El librero casi se echó a llorar cuando le dijimos que queríamos dos.- Jane observó el libro que Ron estaba apuntando y agradeció mentalmente el que Hagrid les hubiera enviado una copia a ella y a Demian durante Julio.

-¿Y qué es todo eso, Hermione?- preguntó Harry, señalando no una sino tres mochilas repletas que había en el piso al lado de ella.

-Bueno, me he matriculado en más asignaturas que tú, ¿no te acuerdas?- dijo Hermione -Son mis libros de Aritmancia, Cuidado de Criaturas Mágicas, Adivinación, Estudio de las Runas Antiguas, Estudios Muggles…-

-¿Para qué quieres hacer Estudios Muggles?- preguntó Ron volviéndose a Harry y poniendo los ojos en blanco -¡Tú eres de sangre muggle! ¡Tus padres son muggles! ¡Ya lo sabes todo sobre los muggles!-

-Pero será fascinante estudiarlos desde el punto de vista de los magos.- repuso Hermione con seriedad.

-Será muy aburrido, te lo advierto.- sonrió Jane, recordando que Grant había pensado lo mismo y había terminado botando el curso a finales de año.

-¿Tienes pensado comer o dormir este curso en algún momento, Hermione?- preguntó Harry mientras Ron se reía. Hermione no les hizo caso, lo cual, para Jane significaba que no estaba para las tonterías de sus amigos.

-Todavía me quedan diez galeones.- dijo comprobando su monedero -En septiembre es mi cumpleaños, y mis padres me han dado dinero para comprarme el regalo de cum pleaños por adelantado.-

-¿Por qué no te compras un libro?- dijo Ron poniendo voz cándida.

-No, creo que no.- respondió Hermione sin enfadarse -Lo que más me apetece es una lechuza. Harry tiene a Hedwig y tú tienes a Errol…-

-No, no es mío. Errol es de la familia. Lo único que poseo es a Scabbers.- la interrumpió Ron con fiereza antes de sacarse la rata del bolsillo -Quiero que le hagan un chequeo.- añadió, poniendo a Scabbers en la mesa, ante ellos- Me parece que Egipto no le ha sentado bien…- Scabbers estaba más delgada de lo normal y tenía mustios los bigotes.

-Ahí hay una tienda de animales mágicos.- dijo Harry, quien parecía conocer ya bastante bien el callejón Diagon -Puedes mirar a ver si tienen algo para Scabbers. Y Hermione se puede comprar una lechuza.- agregó. Jane sonrió al darse cuenta de que ya se encontraban juntos, por lo que decidió que ya tenía que hacer una visita cuanto antes.

-Creo que nos los acompañaré, Harry. Ron, ¿sabes dónde puedo encontrar a los gemelos?- agregó. Las miradas de los tres chicos le dieron a entender de inmediato que sabían a quién estaría buscando la chica, haciendo que esta se sonrojara, pero Ron pareció apiadarse de ella.

-Seguro que estarán en el Caldero Chorreante.- dijo el pelirrojo encogiéndose de hombros.

-Gracias. Nos vemos Harry.- se despidió Jane antes de dirigirse al Caldero Chorreante. Mientras caminaba, se sorprendió a sí misma a revisando su reflejo en las vitrinas de las tiendas, arreglándose el pelo y mordiéndose levemente los labios para asegurarse de que estos tuvieran un poco de color. Para cuando llegó al bar, se sentía como un manojo de nervios, preocupada de la reacción del que era su pareja después de dos meses sin verse, y pensaba constantemente en cómo sería el encuentro con los padres de Fred. En cuanto abrió la puerta de la parte trasera del bar, sintió unos brazos sujetarla con fuerza, casi impidiendo cualquier movimiento. Jane iba a golpear hacia arriba, antes de darse cuenta del olor de su pareja llenándole la nariz.

-Fred, ¿me puedes soltar?- susurró Jane -¿O tendré que utilizar métodos más persuasivos?- agregó en un tono que le dejaba claro al pelirrojo que su integridad física corría peligro si es que seguía con aquel plan.

-¿Cómo es que sigues distinguiéndonos?- preguntó Fred tras plantar un beso en los labios de Jane.

-Te reconocería en cualquier lugar.- replicó Jane con una sonrisa, antes de escuchar una tos a sus espaldas.

-¿Fred? ¿Nos presentas?- pidió la voz de una mujer. La señora Weasley estaba acompañada de Ginny, y ambas parecían a punto de salir, mientras el que Jane reconoció como el señor Weasley se encontraba sentado, tomándose un vaso de whisky.

-Oh, lo siento. Mamá, papá, esta es Jane Porter, mi pareja. Jane, mis padres.- indicó Fred de inmediato, mientras Jane le tendía la mano a los señores Weasley, pero la señora Weasley fue más rápida y la abrazó con fuerza.

-Bienvenida a la familia, Jane. Un placer conocerte al fin.- murmuró la señora Weasley al oído de la adolescente.

-Gracias, señora Weasley.- tartamudeó Jane. Ante la inminente partida de la señora Weasley hacia el callejón, Jane se dio cuenta de que Fred la iba a seguir, pero parecía indeciso.

-Necesito salir al Londres muggle por unos minutos. ¿Te veo luego?- propuso la adolescente no queriendo que su pareja tuviera que elegir. Tras besar a Fred, Jane salió del bar y se dirigió a una cabina telefónica, sabiendo que Rose de seguro estaría en casa.

-Hola Rose, ¿sabes si mi padrino anda dando vueltas por allí?- preguntó Jane al escuchar la voz de la madre de sus mejores amigos.

-Claro, dame un segundo. ¡REMUS! ¡ES PARA TÍ!- se escuchó a través del aparato. Jane sonrió al darse cuenta de la familiaridad que ambas familias tenían y agradecía mentalmente el esfuerzo que todos hacían para que no tuviera que separarse de aquellos que consideraba su familia de todo excepto de sangre.

-No es necesario que grites tanto, ya estoy aquí. Hola Jane, ¿qué pasa?- preguntó la voz de Remus en el teléfono.

-Hey, Remus. Oye, quería saber rápidamente si es que me podía quedar en el Caldero Chorreante con Harry y los Weasley… ya sabes, y nos encontramos mañana en el tren… ¿qué dices?-

-Digo que no, Jane. No tienes tu baúl con tus cosas y no voy a andar armando y trasladando dos baúles. Tienes que volver. Sé que quieres aprovechar al máximo el tiempo, pero también tienes responsabilidades.- fue la respuesta de Remus, y Jane podía escuchar la rápida respiración de su padrino.

-Está bien. Vale.- gruñó Jane -Te veo a la cena entonces.- agregó cortando la llamada y regresando al bar justo cuando ingresaban Harry, Ron y Hermione.

-¡Harry!- dijo el señor Weasley levantando la vista de su diario y sonriendo -¿Cómo estás?-

-Bien, gracias.- dijo Harry en el momento en que él, Ron y Hermione llegaban con todas sus compras. El señor Weasley dejó el periódico, y Jane vio la fotografía ya familiar de Sirius Black, mirándole.

-¿Todavía no lo han cogido?- preguntó Harry al ver la misma imagen.

-No.- dijo el señor Weasley con el semblante preocupado -En el Ministerio nos han puesto a todos a trabajar en su busca, pero hasta ahora no se ha conseguido nada.-

-¿Tendríamos una recompensa si lo atrapáramos?- preguntó Ron -Estaría bien conseguir algo más de dinero…- de inmediato, Jane se puso en alerta, mirando de reojo hacia las reacciones de Harry y Hermione, esperando que a ninguno se le ocurriera ninguna estupidez.

-No seas absurdo, Ron.- dijo el señor Weasley, que parecía muy tenso de golpe -Un brujo de trece años no va a atrapar a Black. Lo cogerán los guardianes de Azkaban. Ya lo verás.- En ese momento entró en el bar la señora Weasley cargada con compras y seguida por los gemelos Fred y George, Percy, quien llevaba la insignia de Premio Anual, y Ginny, la menor de los Weasley. Ginny parecía aún más tímida de lo normal. Tal vez porque Harry le había salvado la vida en Hogwarts durante el último curso. Se puso colorada y murmuró «hola» sin mirarlo. Percy, sin embargo, le tendió la mano de manera solemne, como si él y Harry no se hubieran visto nunca, y le dijo:

-Es un placer verte, Harry.-

-Hola, Percy.- contestó Harry, tratando de no mirar hacia Jane mientras ambos contenían la risa.

.Espero que estés bien.- dijo Percy ceremoniosamente, estrechándole la mano. Era como ser presentado al alcalde.

-Muy bien, gracias…-

-¡Harry!- dijo Fred, quitando a Percy de en medio de un codazo, y haciendo ante él una profunda reverencia -Es estupendo verte, chico…-

-Maravilloso.- dijo George, haciendo a un lado a Fred y cogiéndole la mano a Harry, una sonrisa de oreja a oreja pintada en la cara -Sencillamente increíble.- Percy frunció el entrecejo.

-Ya vale.- dijo la señora Weasley.

-¡Mamá!- dijo Fred, como si acabara de verla, y también le estrechó la mano -Esto es fabuloso…-

-He dicho que ya vale.- dijo la señora Weasley, depositando sus compras sobre una silla vacía -Hola, Harry, cariño. Supongo que has oído ya todas nuestras emocionantes noticias.- señaló la insignia de plata recién estrenada que brillaba en el pecho de Percy -El segundo Premio Anual de la familia.- dijo rebosante de orgullo.

-Y último.- dijo Fred en un susurro que todos pudieron escuchar.

-De eso no me cabe ninguna duda.- dijo la señora Weasley, frunciendo de repente el entrecejo y Jane supo qué era lo que venía -Ya me he dado cuenta de que no os han hecho prefectos.- agregó dándole razón a Jane.

-¿Para qué queremos ser prefectos?- dijo George, a quien la sola idea parecía repugnarle -Le quitaría a la vida su lado divertido.- Ginny y Jane se rieron.

-¿Quieres hacer el favor de darle a tu hermana mejor ejemplo?- dijo cortante la señora Weasley.

-Ginny tiene otros hermanos para que le den buen ejemplo.- respondió Percy con altivez -Voy a cambiarme para la cena…- Se fue y George dio un suspiro.

-Intentamos encerrarlo en una pirámide,- le dijo Fred a Jane -pero mi madre nos descubrió.- agregó con otro suspiro. Jane le iba a proponer ir por otro helado, sin embargo, se dio cuenta de la hora que era y de que si no aparecía pronto, Remus era capaz de ir a buscarla.

-Me tengo que ir, ¿nos vemos mañana en el tren?- propuso Jane. Ante el asentimiento de Fred, Jane le dio un beso, tras lo cual se despidió de todos los presentes y retomó su camino, hacia el metro primero, para luego encaminarse hacia su casa.



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