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La Sangre llama a la Sangre » Festín a medianoche
La Sangre llama a la Sangre (ATP)
Por MSebastian
Escrita el Domingo 13 de Noviembre de 2016, 14:43
Actualizada el Martes 12 de Enero de 2021, 18:42
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Festín a medianoche

Capítulos
  1. El orfanato
  2. Lechuzas
  3. Familia
  4. Hogwarts
  5. Amistades y enemistades
  6. Los gemelos Weasley
  7. Guerra de Bromas
  8. Lecciones de vuelo
  9. Cumpleaños feliz
  10. Halloween
  11. Secretos del Director
  12. Poderosos encantamientos
  13. Navidad en familia
  14. ¿Hermano?
  15. El Bosque Prohibido
  16. El Cuarteto del Terror
  17. El Que no Debe ser Nombrado
  18. Casa
  19. Unas vacaciones movidas
  20. El niño nuevo
  21. Regreso a las andanzas
  22. El Trío del Terror
  23. Entrenamiento de Quidditch
  24. Quirrell
  25. El Troll de Halloween
  26. Harry en peligro
  27. Navidad
  28. Flamel
  29. Problemas
  30. Conociendo a Harry
  31. Pasando la trampilla
  32. El hombre con dos caras
  33. Enfermería
  34. Casa es donde el corazón está
  35. Malas noticias por lechuza
  36. Fama
  37. Golpes y peligro
  38. Nuevo profesor de defensa (Ahem, ¡inútil!)
  39. Enemigos
  40. Más secretos
  41. La advertencia
  42. Siempre Halloween
  43. La bludger loca
  44. Club de duelo
  45. De águilas y leones
  46. Banda de inútiles que no se toman nada enserio
  47. Más y más problemas
  48. Advertencias
  49. Y de vuelta al bosque
  50. La Cámara de los Secretos
  51. El Heredero de Slytherin
  52. Festín a medianoche
  53. La peor noticia del año
  54. La mejor noticia del año
  55. Las cosas no pueden empeorar
  56. Un Dementor en el Hogwarts Express
  57. Hagrid no se lo merece
  58. Tío Remus al rescate
  59. Halloween bajo las estrellas
  60. Promesas
  61. Navidades sin Remus
  62. Patronus
  63. Quidditch contra hermanos

Hubo un momento de silencio cuando Harry, Ron, Ginny, Jane y Lockhart aparecieron en la puerta, llenos de barro, suciedad y, en el caso de Harry, sangre. Luego alguien gritó:

-¡Ginny!- Era la señora Weasley, que estaba llorando delante de la chimenea. Se puso en pie de un salto, seguida por su marido, y se abalanzaron sobre su hija, mientras Jane y Ron les dejaban espacio. Harry, sin embargo, miraba detrás de ellos. El profesor Dumbledore estaba ante la repisa de la chimenea, sonriendo, junto a la profesora McGonagall, que respiraba con dificultad y se llevaba una mano al pecho, y el profesor Flitwick. Fawkes pasó zumbando cerca de Harry para posarse en el hombro de Dumbledore. Sin apenas darse cuenta, Harry y Ron se encontraron atrapados en el abrazo de la señora Weasley.

-¡La habéis salvado! ¡La habéis salvado! ¿Cómo lo hicisteis?-

-Creo que a todos nos encantaría enterarnos.- dijo con un hilo de voz la profesora McGonagall.

La señora Weasley soltó a Harry, que dudó un instante, luego se acercó a la mesa y depositó encima el Sombrero Seleccionador, la espada con rubíes incrustados y lo que quedaba del diario de Ryddle. Harry empezó a contarlo todo. Habló durante casi un cuarto de hora, mientras los demás lo escuchaban absortos y en silencio. Contó lo de la voz que no salía de ningún sitio; que Hermione había comprendido que lo que él oía era un basilisco que se movía por las tuberías; que él y Ron siguieron a las arañas por el bosque; que Aragog les había dicho dónde había matado a su víctima el basilisco; que había adivinado que Myrtle la Llorona había sido la víctima, y que la entrada a la Cámara de los Secretos podía encontrarse en los aseos. El descubrimiento de la farsa de Lockhart y la llegada de Jane antes de que ingresaran a la Cámara de los Secretos.

-Muy bien,- señaló la profesora McGonagall, cuando Harry hizo una pausa -así que averiguasteis dónde estaba la entrada, quebrantando un centenar de normas, añadiría yo. Pero ¿cómo demonios conseguisteis salir con vida, señores Potter y Weasley, señorita Porter?- Así que Harry, con la voz ronca de tanto hablar, les relató la oportuna llegada de Fawkes y del Sombrero Seleccionador, que le proporcionó la espada. Pero luego titubeó. Había evitado hablar sobre la relación entre el diario de Ryddle y Ginny. Ella apoyaba la cabeza en el hombro de su madre, y seguía derramando silenciosas lágrimas por las mejillas. ¿Y si la expulsaban?, pensó Harry aterrorizado. El diario de Ryddle no serviría ya como prueba, pues había quedado inservible... ¿cómo podrían demostrar que era el causante de todo? Instintivamente, Harry miró a Dumbledore, y éste esbozó una leve sonrisa. La hoguera de la chimenea hacía brillar sus lentes de media luna.

-Lo que más me intriga,- dijo Dumbledore amablemente -es cómo se las arregló lord Voldemort para embrujar a Ginny, cuando mis fuentes me indican que actualmente se halla oculto en los bosques de Albania.- Harry se sintió maravillosamente aliviado y Jane se lo quedó mirando con cuidado, sabiendo que aquello no podía ser todo.

-¿Qué... qué?- preguntó el señor Weasley con voz atónita -¿Sabe qui- quién? ¿Ginny embrujada? Pero Ginny no ha... Ginny no ha sido... ¿verdad?-

-Fue el diario.- dijo inmediatamente Jane, cogiéndolo y enseñándoselo a Dumbledore.

-Ryddle lo escribió cuando tenía dieciséis años.- agregó Harry. Dumbledore cogió el diario que sostenía Jane y examinó minuciosamente sus páginas quemadas y mojadas.

-Soberbio.- dijo con suavidad -Por supuesto, él ha sido probablemente el alumno más inteligente que ha tenido nunca Hogwarts.- Se volvió hacia los Weasley, que lo miraban perplejos -Muy pocos saben que lord Voldemort se llamó antes Tom Ryddle. Yo mismo le di clase, hace cincuenta años, en Hogwarts. Desapareció tras abandonar el colegio… Recorrió el mundo… profundizó en las Artes Oscuras, tuvo trato con los peores de entre los nuestros, acometió peligros, transformaciones mágicas, hasta tal punto que cuando resurgió como lord Voldemort resultaba irreconocible. Prácticamente nadie relacionó a lord Voldemort con el muchacho inteligente y encantador que recibió aquí el Premio Anual.-

-Tom Ryddle.- pensó Jane para sus adentros, queriendo asegurarse de recordar aquel nombre.

-Pero Ginny.- dijo la señora Weasley -¿Qué tiene que ver nuestra Ginny con él?-

-¡Su... su diario!- dijo Ginny entre sollozos -He estado escribiendo en él, y me ha estado contestando durante todo el curso…-

-¡Ginny!- la interrumpió el señor Weasley, atónito -¿No te he enseñado una cosa? ¿Qué te he dicho siempre? No confíes en cosas que tengan la capacidad de pensar pero de las cuales no sepas dónde tienen el cerebro. ¿Por qué no me enseñaste el diario a mí o a tu madre? Un objeto tan sospechoso como ése, ¡tenía que ser cosa de magia negra!-

-No… no lo sabía.- sollozó Ginny -Lo encontré dentro de uno de los libros que me había comprado mamá. Pensé que alguien lo había dejado allí y se le había olvidado…-

-La señorita Weasley debería ir directamente a la enfermería.- terció Dumbledore con voz firme -Para ella ha sido una experiencia terrible. No habrá castigo. Lord Voldemort ha engañado a magos más viejos y más sabios.- Fue a abrir la puerta -Reposo en cama y tal vez un tazón de chocolate caliente. A mí siempre me anima.- añadió, guiñándole un ojo bondadosamente -La señora Pomfrey estará todavía despierta. Debe de estar dando zumo de mandrágora a las víctimas del basilisco. Seguramente despertarán de un momento a otro.-

-¡Así que Hermione está bien!- dijo Ron con alegría.

-No les han causado un daño irreversible.- dijo Dumbledore. La señora Weasley salió con Ginny, y el padre iba detrás, todavía muy impresionado.

-¿Sabes, Minerva?- dijo el profesor Dumbledore a la profesora McGonagall -Creo que esto se merece un buen banquete. ¿Les puedo pedir que vayan a avisar a los de la cocina?-

-Bien,- dijo resueltamente la profesora McGonagall, encaminándose hacia la puerta -te dejaré para que ajustes cuentas con Potter y Weasley.- agregó mientras Flitwick salía detrás de ella.

-Eso es.- dijo Dumbledore. Salió, y Harry y Ron miraron a Dumbledore dubitativos. ¿Qué había querido decir exactamente la profesora McGonagall con aquello de «ajustar cuentas»? ¿Acaso los iban a castigar?

-Creo recordar que os dije que tendría que expulsaros si volvíais a quebrantar alguna norma del colegio.- dijo Dumbledore. Ron abrió la boca horrorizado y Jane se preparó para pelear su causa, cuando se dio cuenta del brillo de diversión en los ojos del profesor.

-Lo cual demuestra que todos tenemos que tragarnos nuestras palabras alguna vez.- prosiguió Dumbledore, sonriendo -Recibiréis ambos el Premio por Servicios Especiales al Colegio y… veamos… sí, creo que doscientos puntos para Gryffindor por cada uno.- Ron se puso tan sonrosado como las flores de San Valentín de Lockhart, y volvió a cerrar la boca.

-Pero hay alguien que parece que no dice nada sobre su participación en la peligrosa aventura.- añadió Dumbledore -¿Por qué esa modestia, Gilderoy?- agregó. Harry dio un respingo. Se había olvidado por completo de Lockhart y pensaba que Dumbledore se estaría refiriendo a Jane. El joven se volvió y vio que Lockhart estaba en un rincón del despacho, con una vaga sonrisa en el rostro. Cuando Dumbledore se dirigió a él, Lockhart miró con indiferencia para ver quién le hablaba.

-Profesor Dumbledore,- dijo Ron enseguida -hubo un accidente en la Cámara de los Secretos. El profesor Lockhart…-

-¿Soy profesor?- preguntó sorprendido -¡Dios mío! Supongo que seré un inútil, ¿no?-

-Por fin dice algo real.- refunfuñó Jane sin que nadie le prestara atención.

-… Intentó hacer un embrujo desmemorizante y el tiro le salió por la culata.- explicó Ron a Dumbledore tranquilamente.

-Hay que ver.- dijo Dumbledore, moviendo la cabeza de forma que le temblaba el largo bigote plateado -¡Herido con su propia espada, Gilderoy!-

-¿Espada?- dijo Lockhart con voz tenue -No, no tengo espada. Pero este chico sí tiene una.-señaló a Harry -Él se la podrá prestar.-

-¿Te importaría llevar también al profesor Lockhart a la enfermería?- dijo Dumbledore a Ron -Quisiera tener unas palabras con Harry.- Lockhart salió. Ron miró con curiosidad a Harry y Dumbledore mientras cerraba la puerta.

-Les dejo privacidad, profesor. Podemos hablar después.- murmuró Jane, pero Dumbledore la detuvo con una mano antes de ir hacia una de las sillas que había junto al fuego.

-Sienténse.- dijo, y Harry tomó asiento junto a Jane, incomprensiblemente azorado -Antes que nada, quiero darles las gracias.- dijo Dumbledore, parpadeando de nuevo -Deben de haber demostrado verdadera lealtad hacia mí en la cámara. Sólo eso puede hacer que acuda Fawkes.- Acarició al fénix, que agitaba las alas posado sobre una de sus rodillas. Harry sonrió con embarazo cuando Dumbledore lo miró directamente a los ojos, más Jane simplemente negó con la cabeza.

-Así que has conocido a Tom Ryddle.- dijo Dumbledore pensativo hacia Harry -Imagino que tendría mucho interés en verte.- De pronto, Harry mencionó algo que le reconcomía:

-Profesor Dumbledore… Ryddle dijo que yo soy como él. Una extraña afinidad, dijo…-

-¿De verdad?- preguntó Dumbledore, mirando a un Harry pensativo, por debajo de sus espesas cejas plateadas -¿Y a ti qué te parece, Harry?-

-¡Me parece que no soy como él!- contestó Harry, más alto de lo que pretendía -Quiero decir que yo… yo soy de Gryffindor, yo soy…- Pero calló. Resurgía una duda que le acechaba.

-Profesor,- añadió después de un instante -el Sombrero Seleccionador me dijo que yo… haría un buen papel en Slytherin. Todos creyeron un tiempo que yo era el heredero de Slytherin, porque sé hablar pársel…-

-Tú sabes hablar pársel, Harry,- dijo tranquilamente Dumbledore -porque lord Voldemort, que es el último descendiente de Salazar Slytherin, habla pársel. Si no estoy muy equivocado, él te transfirió algunos de sus poderes la noche en que te hizo esa cicatriz. No era su intención, seguro…-

-¿Voldemort puso algo de él en mí?- preguntó Harry, atónito, mientras Jane miraba hacia el profesor, sabiendo que esto no podía ser una sospecha reciente.

-Eso parece.-

-Así que yo debería estar en Slytherin.- dijo Harry, mirando con desesperación a Dumbledore -El Sombrero Seleccionador distinguió en mí poderes de Slytherin y…-

-Te recuérdo que yo soy Ravenclaw y también puedo hablar pársel, Harry.- lo interrupió Jane a la velocidad del rayo -Es un idioma. Una herramienta.- agregó.

-Y el sombrero te puso en Gryffindor.- dijo Dumbledore reposadamente -Escúchame, Harry. Resulta que tú tienes muchas de las cualidades que Slytherin apreciaba en sus alumnos, que eran cuidadosamente escogidos: su propio y rarísimo don, la lengua pársel, a pesar de que lo dicho por Jane tiene total razón…. inventiva… determinación… un cierto desdén por las normas.- añadió, mientras le volvía a temblar el bigote -Pero aun así, el sombrero te colocó en Gryffindor. Y tú sabes por qué. Piensa.-

-Me colocó en Gryffindor- dijo Harry con voz de derrota -solamente porque yo le pedí no ir a Slytherin…-

-Exacto.- dijo Dumbledore, volviendo a sonreír -Eso es lo que te diferencia de Tom Ryddle. Son nuestras elecciones, Harry, las que muestran lo que somos, mucho más que nuestras habilidades.- Harry estaba en su silla, atónito e inmóvil -Si quieres una prueba de que perteneces a Gryffindor, te sugiero que mires esto con más detenimiento.- Dumbledore se acercó al escritorio de la profesora McGonagall, cogió la espada ensangrentada y se la pasó a Harry. Sin mucho ánimo, Harry le dio la vuelta y vio brillar los rubíes a la luz del fuego. Y luego vio el nombre grabado debajo de la empuñadura: Godric Gryffindor.

-Sólo un verdadero miembro de Gryffindor podría haber sacado esto del sombrero, Harry.- dijo simplemente Dumbledore -Aunque Jane hubiera sido la que hubiera pedido ayuda por ti, ni siquiera ella podría haberla conseguido.-

Durante un minuto, ninguno de los tres dijo nada. Luego Dumbledore abrió uno de los cajones del escritorio de la profesora McGonagall y sacó de él una pluma y un tintero.

-Lo que necesitas, Harry, es comer algo y dormir. Te sugiero que bajes al banquete, mientras escribo a Azkaban: necesitamos que vuelva nuestro guarda. Y tengo que redactar un anuncio para El Profeta, además.- añadió pensativo -Necesitamos un nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras. Vaya, parece que no nos duran nada, ¿verdad? Y me gustaría hablar con Jane también, si no te molesta.- Harry se levantó y se dispuso a salir. Pero apenas tocó el pomo de la puerta, ésta se abrió tan bruscamente que pegó contra la pared y rebotó. Lucius Malfoy estaba allí, con el semblante furioso, seguido por un elfo doméstico, encogido de miedo y cubierto de vendas.

-Buenas noches, Lucius.- dijo Dumbledore amablemente. El señor Malfoy casi derriba a Harry al entrar en el despacho. El elfo lo seguía detrás, pegado a su capa, con una expresión de terror.

-¡Vaya!- dijo Lucius Malfoy, fijos en Dumbledore sus fríos ojos -Ha vuelto. El consejo escolar lo ha suspendido de sus funciones, pero aun así, usted ha considerado conveniente volver.-

-Bueno, Lucius, verá,- dijo Dumbledore, sonriendo serenamente -he recibido una petición de los otros once representantes. Aquello parecía un criadero de lechuzas, para serle sincero. Cuando recibieron la noticia de que la hija de Arthur Weasley había sido asesinada, me pidieron que volviera inmediatamente. Pensaron que, a pesar de todo, yo era el hombre más adecuado para el cargo. Además, me contaron cosas muy curiosas. Algunos incluso decían que usted les había amenazado con echar una maldición sobre sus familias si no accedían a destituirme.- El señor Malfoy se puso aún más pálido de lo habitual, pero seguía con los ojos cargados de furia.

-¿Así que... ha puesto fin a los ataques?- dijo con aire despectivo -¿Ha encontrado al culpable?-

-Lo hemos encontrado.- contestó Dumbledore, con una sonrisa.

-¿Y bien?- preguntó bruscamente Malfoy -¿Quién es?-

-El mismo que la última vez, Lucius.- dijo Dumbledore -Pero esta vez lord Voldemort actuaba a través de otra persona, por medio de este diario.- Levantó el cuaderno negro agujereado en el centro, y miró a Malfoy atentamente. Harry, por el contrario, no apartaba los ojos del elfo doméstico, y Jane ni siquiera se sorprendió al notar que al parecer ambos se conocían. El elfo hacia cosas muy raras. Miraba fijamente a Harry, señalando el diario, y luego al señor Malfoy. A continuación se daba puñetazos en la cabeza.

-Ya veo…- dijo despacio Malfoy a Dumbledore.

-Un plan inteligente.- dijo Dumbledore con voz desapasionada, sin dejar de mirar a Malfoy directamente a los ojos -Porque si Harry y Jane, aquí presentes,- el señor Malfoy dirigió a Harry una incisiva mirada de soslayo -y su amigo Ron no hubieran descubierto este cuaderno… Ginny Weasley habría aparecido como culpable. Nadie habría podido demostrar que ella no había actuado libremente…- El señor Malfoy no dijo nada. Su cara se había vuelto de repente como de piedra.

-E imagine- prosiguió Dumbledore -lo que podría haber ocurrido entonces… Los Weasley son una de las familias de sangre limpia más distinguidas. Imagine el efecto que habría tenido sobre Arthur Weasley y su Ley de defensa de los muggles, si se descubriera que su propia hija había atacado y asesinado a personas de origen muggle. Afortunadamente apareció el diario, con los recuerdos de Ryddle borrados de él. Quién sabe lo que podría haber pasado si no hubiera sido así.- El señor Malfoy hizo un esfuerzo por hablar, tratando de no demostrar nada de lo que pensaba, más Jane tenía una o dos ideas acerca de lo que podría tener el hombre en su cabeza.

-Ha sido una suerte.- dijo fríamente. Pero el elfo doméstico seguía, a su espalda, señalando primero al diario, después a Lucius Malfoy, y luego pegándose en la cabeza. Y Harry comprendió de pronto. Le hizo un gesto con la cabeza, y éste se retiró a un rincón, retorciéndose las orejas para castigarse.

-¿Sabe cómo llegó ese diario a Ginny, señor Malfoy?- le preguntó Harry. Lucius Malfoy se volvió hacia él, más Jane tenía su mano lista en su varita para intervenir en caso de problema.

-¿Por qué iba a saber yo de dónde lo cogió esa tonta?- preguntó.

-Porque usted se lo dio.- respondió Harry -En Flourish y Botts. Usted le cogió su libro de transformación y metió el diario dentro, ¿a que sí?- Ambos vieron que el señor Malfoy abría y cerraba las manos, mientras Jane recordaba la escena en la librería y el libro que este le había entregado a Ginny después de la pelea.

-Demuéstralo.- dijo el señor Malfoy, furioso.

-Nadie puede demostrarlo,- dijo Dumbledore, y sonrió a Harry -puesto que ha desaparecido del libro todo rastro de Ryddle. Por otro lado, le aconsejo, Lucius, que deje de repartir viejos recuerdos escolares de lord Voldemort. Si algún otro cayera en manos inocentes, Arthur Weasley se asegurará de que le sea devuelto a usted…- Lucius Malfoy se quedó un momento quieto, y Harry vio claramente que su mano derecha se agitaba como si quisiera empuñar la varita. Pero en vez de hacerlo, se volvió a su elfo doméstico.

-¡Nos vamos, Dobby!- Tiró de la puerta, y cuando el elfo se acercó corriendo, le dio una patada que lo envió fuera. Oyeron a Dobby gritar de dolor por todo el pasillo. Harry reflexionó un momento, y Jane se dio cuenta del momento en el que tuvo una idea.

-Profesor Dumbledore,- dijo deprisa -¿me permite que le devuelva el diario al señor Malfoy?-

-Claro, Harry.- dijo Dumbledore con calma -Pero date prisa. Recuerda el banquete.- Harry cogió el diario y salió del despacho corriendo, dejando al profesor Dumbledore a solas con Jane.

-Jane, ¿hay algo que quieras agregar al relato de tu hermano?- preguntó el profesor Dumbledore. Jane se quedó un rato pensativa, más no estaba segura de cuanto confiaba en el anciano director para definir si es que valía la pena o no meterse en líos.

-Nosotros descubrimos todo después del encuentro con Aragog. La descripción que dio la araña gigante era toda la información que necesitábamos para descubrir todo…- explicó Jane con cuidado -Ah, y, tal como mencioné, estoy aprendiendo pársel. Estoy segura de que aquello puede ser de ayuda para mi hermano.- agregó la adolescente.

-Así veo. Bueno, tus amigos le dijeron aproximadamente lo mismo al profesor Flitwick cuando el prefecto de Ravenclaw lo fue a buscar. Deberías haberlos llevado contigo, estaban de los nervios.- en cuanto escuchó al director, Jane se quiso golpear la frente, habiendo olvidado a sus amigos en toda esa aventura.

-Ve al banquete Jane, te vendrá bien un pequeño descanso.- agregó el profesor Dumbledore mientras empezaba a escribir en el pergamino.

*

Para cuando llegó al comedor, Jane se encontró con todo el mundo vestido en pijama disfrutando de los dulces de los elfos domésticos de Hogwarts. Fred la abrazó y la besó con fuerza, agradeciéndole mil veces la ayuda dada ante el rescate de su hermana, antes de regresar junto a su familia, quienes rodeaban a Ginny con el mayor de los cuidados. Para cuando se sentó en su mesa, recibió la mirada furibunda de Carter, más la llegada de Demian y Thomas la salvó de una nueva reprimenda.

-¿Estás bien, hermanita?- preguntó Demian.

-Estoy bien.- prometió Jane, agarrando su taza de chocolate caliente.

-¿Harry?- susurró Thomas al ver a Hermione abrazarse a Harry y Ron, mientras Penélope saludaba a Carter antes de sentarse en la mesa.

-A salvo.- replicó Jane en un susurro igual de bajo antes de prestar atención al anuncio de Dumbledore, quien entregó cuatrocientos puntos a Harry y Ron, y doscientos a Jane por servicios prestados al colegio.

-Muy bien hecho, Porter.- sonrió Alexander Pine al otro lado de la mesa, mientras las mesas de Ravenclaw y Gryffindor estallaban en aplausos. La alegría se mantuvo cuando la profesora McGonagall se levantó para anunciar que el colegio, como obsequio a los alumnos, había decidido prescindir de los exámenes y todavía más cuando Dumbledore anunció que, por desgracia, el profesor Lockhart no podría volver el curso siguiente, debido a que tenía que ingresar en un sanatorio para recuperar la memoria. Algunos de los profesores se unieron al grito de júbilo con el que los alumnos recibieron estas noticias. Jane se quedó pensativa, sin darse cuenta de las miradas de sus amigos, quienes aún recordaban la condición que la adolescente había  dado para que su padrino pudiera ser profesor.

*

El resto del último trimestre transcurrió bajo un sol radiante y abrasador. Hogwarts había vuelto a la normalidad, con sólo unas pequeñas diferencias: las clases de Defensa Contra las Artes Oscuras se habían suspendido y Lucius Malfoy había sido expulsado del consejo escolar. Draco Malfoy ya no se pavoneaba por el colegio como si fuera el dueño. Por el contrario, parecía resentido y enfurruñado, mientras que Ginny Weasley volvía a ser completamente feliz. Jane se había dado cuenta del cambio, ya que estaba aprovechando del tiempo que todavía tenía con Fred antes de que se tuvieran que ir. La tarde antes de su partida, Fred se había tenido que ir junto a Lee y George, dejando a Jane en el pasto al lado del lago, cuando Demian y Thomas se le acercaron corriendo. Temiendo un peligro inminente, Jane agarró su varita y se puso en posición de defensa, antes de darse cuenta de las sonrisas traviesas de ambos chicos.

-¿Quiero saber qué tienen planeado?- murmuró Jane.

-No.- fue la respuesta conjunta de ambos antes pasarle una venda para que se la pusiera en los ojos.

-Ni hablar. Demian, tú sabes que no puedo.- murmuró Jane, más Demian le tomó la mano con fuerza, antes de que Thomas le vendara los ojos con cuidado. Mientras caminaban, Jane mantenía su oído firme, tratando de discernir a dónde se dirigían, esperando que aquello no sería una estúpida broma de sus amigos.

-Listo, ya te puedes quitar la venda.- anunció Thomas, mientras Demian dejaba escapar un quejido de dolor ante la presión que Jane estaba realizando en su mano. Jane se quitó velozmente la venda y se encontró cerca de la cabaña de Hagrid, quien estaba cuidando de un par de unicornios bebés, con la madre bien cerca.

-¿Qué demonios piensan hacer?- murmuró Jane.

-Dijiste una vez que cuando un chico pudiera acercarse con tranquilidad a un unicornio, entonces Remus podría ser profesor. Bueno, hemos decidido que tu padrino merece la oportunidad…- empezó Thomas.

-Dios no quiera que volvamos a tener a alguien como Lockhart después de este año.- lo interrumpió Demian con una silenciosa mirada hacia arriba.

-Entonces, hablamos con Hagrid y él nos enseñó a hacerlo. Así que, aquí nos tienes. Vamos a hacer la prueba oficial, lo que significa que el señor Lupin bien podría ser nuestro profesor el año que viene.- agregó Thomas con una sonrisa, sin importarle la interrupción de su compañero.

-Chicos, esto es peligroso.- murmuró Jane, sin estar muy segura de que aquello sería un buena idea, más sus dos mejores amigos parecían tener bastante claro qué hacer. Sin una mirada, ambos se acercaron con cuidado a la madre unicornio, y, sin dejar ver ningún gesto amenazador, acercaron sus manos con cuidado para acariciar el lomo de esta. Cuando nada sucedió, Jane estuvo tentada de soltar un grito de alegría, más se contuvo a tiempo, sabiendo del peligro que aquello podría conllevar.

-Listo. Suficiente experimento. ¿Podemos ponerlos a salvo ahora?- pidió Jane hacia Hagrid, pero el semi gigante no se dio por enterado, sino hasta que terminó con las crías de unicornio.

-Suficiente chicos. Regresen con su amiga antes de que entre en pánico.- dijo Hagrid, indicándoles la puerta del espacio cerrado. Tanto Demian como Thomas se despidieron del unicornio y se alejaron con delicadeza. Para cuando se reencontraron con Jane, lo suficientemente lejos de los unicornios, la joven los golpeó a ambos con fuerza en sus brazos.

-¿En qué demonios estaban pensando? Podrían haber salido heridos…- refunfuñó la chica antes de abrazarlos con fuerza.

-De nada.- murmuró Thomas.

-Nosotros también te queremos.- agregó Demian mientras regresaban a su sala común a hacer sus maletas para el día siguiente.

*

Muy pronto llegó el momento de volver a casa en el expreso de Hogwarts. Harry, Ron, Hermione, Fred, George, Ginny, Jane, Demian y Thomas tuvieron todo un compartimento para ellos. Aprovecharon al máximo las últimas horas en que les estaba permitido hacer magia antes de que comenzaran las vacaciones. Jugaron al snap explosivo, encendieron las últimas bengalas del doctor Filibuster de George y Fred, y jugaron a desarmarse unos a otros mediante la magia. Harry estaba adquiriendo en esto gran habilidad. A medida que la tarde avanzaba, todos se estaban medio adormilando, Jane sobre las piernas de Fred, y estaban llegando a Kings Cross cuando pareció que Harry recordaba algo.

-Ginny… ¿qué es lo que le viste hacer a Percy, que no quería que se lo dijeras a nadie?-

-¡Ah, eso!- dijo Ginny con una risita -Bueno, es que Percy tiene novia.- a George se le cayeron los libros que llevaba en el brazo, esquivando de poco la cabeza de Jane.

-¿Qué?-

-Es esa prefecta de Ravenclaw, Penélope Clearwater.- dijo Ginny mirando hacia los chicos de Ravenclaw presentes -Es a ella a quien estuvo escribiendo todo el verano pasado. Se han estado viendo en secreto por todo el colegio. Un día los descubrí besándose en un aula vacía. Le afectó mucho cuando ella fue… ya sabéis… atacada. No os reiréis de él, ¿verdad?- añadió.

-Ni se me pasaría por la cabeza.- dijo Fred, que ponía una cara como si faltase muy poco para su cumpleaños, pero Jane le dio un golpecito en la cabeza.

-Por supuesto que no.- corroboró George con una risita ganándose una mirada negra de parte de la pelinegra. El expreso de Hogwarts aminoró la marcha y al final se detuvo. Harry sacó una pluma y un trozo de pergamino, y se volvió a Ron y Hermione.

-Esto es lo que se llama un número de teléfono.- dijo Harry, escribiéndolo dos veces y partiendo el pergamino en dos para darles un número a cada uno -Tu padre ya sabe cómo se usa el teléfono, porque el verano pasado se lo expliqué. Llamadme a casa de los Dursley, ¿vale? No podría aguantar otros dos meses sin hablar con nadie más que con Dudley…-

-Pero tus tíos estarán muy orgullosos de ti, ¿no?- dijo Jane cuando salían del tren y se metían entre la multitud que iba en tropel hacia la barrera encantada, sabiendo que Remus los estaría esperando al otro lado.

-¿Cuando se enteren de lo que has hecho este curso?- agregó Demian, sabiendo que su amiga esperaba conocer mejor a su hermano y por ello le había pedido a Remus y Rose que los esperaran al otro lado de la barrera.

-¿Orgullosos?- dijo Harry -¿Están locos? ¿Con todas las oportunidades que tuve de morir, y no lo logré? Estarán furiosos…- Y juntos atravesaron la verja hacia el mundo muggle. Jane vio de inmediato a un hombre corpulento y rollizo, con un bigote inmenso, seguido de una mujer delgada y de un chico que debía de tener una edad similar a la de Harry, igual de rollizo que su padre.

-¿Ya estás listo?- preguntó el hombre con el rostro púrpura y con aire furioso ante la audacia de Harry, llevando una lechuza en una jaula, en una estación llena de gente común.

-¿Tu familia?- preguntó Jane tratando de que la tristeza no la embargara, mientras veía por el rabillo del ojo a su padrino.

-Por decirlo así.- dijo Harry.

-Date prisa, muchacho, no tenemos todo el día.- ordenó el hombre, dando la vuelta para ir hacia la puerta. Harry esperó para terminar de despedirse de sus amigos.

-Traten de llamar durante el verano.- pidió Harry hacia sus mejores amigos, quienes no parecían extrañados ante el comportamiento de la familia que se acababa de retirar.

-Espero que... que tengas unas buenas vacaciones.- dijo Jane, mirando insegura hacia su tío, impresionada de que alguien pudiera ser tan desagradable.

-Lo intentaré.- susurró Harry, sabiendo que en aquel momento no podría utilizar la carta de la falsa magia contra sus parientes. Jane lo observó mientras se iba, antes de girarse hacia Michael, quien la miraba con extrañeza.

-¿Estás bien, peque?- preguntó con cuidado.

-Estoy bien. Sólo me preocupa que Harry no esté bien cuidado.- murmuró Jane en voz baja, mientras abrazaba a su hermano mayor.

-Siempre lo puedes ir a rescatar en un auto volador de ser necesario.- susurró Michael, pero borró la sonrisa al ver la mirada de Jane ensombrecerse.

-Jane, si algo le llega a pasar, yo mismo tomaré el auto de mamá e iremos a buscarlo, ¿vale?- murmuró el adolescente.

-Aún no tienes 16 años…- murmuró la joven.

-Como si eso importara cuando tu felicidad está en juego.- replicó Michael, mientras iban hacia el auto de Rose y Jonathan.



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