Historia al azar: Historia Licantrópica
Regístrate | Recupera tu contraseña
     
     
Menú




 
¿Quién ha añadido esta historia a sus Favoritos?
La Sangre llama a la Sangre » De águilas y leones
La Sangre llama a la Sangre (ATP)
Por MSebastian
Escrita el Domingo 13 de Noviembre de 2016, 14:43
Actualizada el Martes 12 de Enero de 2021, 18:42
[ Más información ]

De águilas y leones

Capítulos
  1. El orfanato
  2. Lechuzas
  3. Familia
  4. Hogwarts
  5. Amistades y enemistades
  6. Los gemelos Weasley
  7. Guerra de Bromas
  8. Lecciones de vuelo
  9. Cumpleaños feliz
  10. Halloween
  11. Secretos del Director
  12. Poderosos encantamientos
  13. Navidad en familia
  14. ¿Hermano?
  15. El Bosque Prohibido
  16. El Cuarteto del Terror
  17. El Que no Debe ser Nombrado
  18. Casa
  19. Unas vacaciones movidas
  20. El niño nuevo
  21. Regreso a las andanzas
  22. El Trío del Terror
  23. Entrenamiento de Quidditch
  24. Quirrell
  25. El Troll de Halloween
  26. Harry en peligro
  27. Navidad
  28. Flamel
  29. Problemas
  30. Conociendo a Harry
  31. Pasando la trampilla
  32. El hombre con dos caras
  33. Enfermería
  34. Casa es donde el corazón está
  35. Malas noticias por lechuza
  36. Fama
  37. Golpes y peligro
  38. Nuevo profesor de defensa (Ahem, ¡inútil!)
  39. Enemigos
  40. Más secretos
  41. La advertencia
  42. Siempre Halloween
  43. La bludger loca
  44. Club de duelo
  45. De águilas y leones
  46. Banda de inútiles que no se toman nada enserio
  47. Más y más problemas
  48. Advertencias
  49. Y de vuelta al bosque
  50. La Cámara de los Secretos
  51. El Heredero de Slytherin
  52. Festín a medianoche
  53. La peor noticia del año
  54. La mejor noticia del año
  55. Las cosas no pueden empeorar
  56. Un Dementor en el Hogwarts Express
  57. Hagrid no se lo merece
  58. Tío Remus al rescate
  59. Halloween bajo las estrellas
  60. Promesas
  61. Navidades sin Remus
  62. Patronus
  63. Quidditch contra hermanos

Ante ella, se encontraba el profesor Flitwick, aunque no se encontraba solo, sino que Remus se encontraba a su lado, mirándola con los ojos entrecerrados.

-Profesor Flitwick, es imposible que haya sido Harry. Estuvimos juntos todo el tiempo y antes de eso él estaba con Hagrid.- soltó Jane a toda velocidad, sin siquiera saludar a su padrino.

-Le creo, señorita Potter, pero esto no tiene que ver con el ataque. El profesor Dumbledore quiere hablar con su hermano, pero no quieren levantar sospechas.- logró interrumpirla el profesor Flitwick mientras Jane agarraba aire.

-... Ah.- fue la escueta respuesta de la chica mientras se desinflaba en la silla que el profesor le estaba indicando.

-Ahora mismo, esto de que usted se encuentre en mi oficina es para que pueda hablar con su padrino, deje cerrado al salir por favor.- agregó el minúsculo profesor antes de salir de su oficina con cuidado y cerrando la puerta detrás de sí.

-¿Cómo te encuentras?- preguntó Remus.

-Asustada. Acaban de aparecer un alumno y un fantasma petrificados.- murmuró Jane pasándose la mano por la cara -Y para mala suerte, Harry se encontraba en la escena del crimen.- agregó.

-Lo entiendo.- suspiró Remus sentándose en una silla al lado de su ahijada -Empezaron los rumores, ¿no es así?- agregó el hombre pasándole un brazo por encima de su hombro. Jane sólo pudo asentir con la cabeza y retener las lágrimas, temiéndose que si abría la boca, no dejaría de llorar.

-Jane, todo estará bien.- prometió Remus tratando de mirarla a los ojos, pero aquellas tres palabras fueron lo que produjeron que Jane empezara a llorar a lágrima viva, preocupada de lo que se le vendría a su hermano. Sabiendo que su ahijada se sentía responsable de Harry, Remus sólo pudo ponerle una mano sobre el hombro y murmurar palabras vacías de consuelo.

-¿Quieres quedarte para Navidad aquí? Estoy seguro de que los chicos lo entenderían…- propuso el hombre lobo con cuidado, pero Jane lo interrumpió de inmediato negando con la cabeza.

-Sería extraño… y… y se lo prometí, se lo prometí a los chicos.- sollozó Jane -Harry no… no lo entendería. No quiero… no quiero poner en peligro… las cosas entre nosotros.- agregó la chica tratando de hablar correctamente, sin embargo, las palabras se trababan en su boca y no parecían querer obedecerle.

-Lo entiendo. ¿Hay algo que quieras hacer?- susurró Remus, sabiendo que muchas veces sus ideas podían ser consideradas fuera de la norma.

-¿Hay algún hechizo que pueda hacer que me advierta si es que Harry está en peligro?- preguntó Jane secándose las lágrimas y abriendo gran los ojos, para parecer lo más inocente posible.

-Jane…- le advirtió Remus con preocupación en la voz, sabiendo que igualmente le daría el hechizo, pero lo lamentaría casi al instante.

-Por favor, Remus. Estaré más tranquila. No habrán más crisis de pánico y no recibirás lechuzas constantes.- suplicó Jane, sabiendo que su padrino era presa fácil entre sus manos. El hombre lobo suspiró para sus adentros y la miró con cuidado, sabiendo que su ahijada tenía completamente razón, pero también sabía que un hechizo así le podría jugar mucho en contra.

-Está bien.- soltó Remus -Pero cuando estemos en casa. ¿Entendido?- agregó antes de que la adolescente pudiera soltar un grito de alegría. La actitud de Jane se distendió de golpe, mientras soltaba un largo suspiro, sin embargo, mantuvo su boca cerrada mientras abrazaba con fuerza a su padrino.

*

La doble agresión contra Justin y Nick Casi Decapitado convirtió en auténtico pánico lo que hasta aquel momento había sido inquietud. Curiosamente, resultó ser el destino de Nick Casi Decapitado lo que preocupaba más a la gente. Se preguntaban unos a otros qué era lo que podía hacer aquello a un fantasma; qué terrible poder podía afectar a alguien que ya estaba muerto. La gente se apresuró a reservar sitio en el expreso de Hogwarts para volver a casa en Navidad.

-Si sigue así la cosa, sólo nos quedaran ellos.- dijo Jane a Demian y Thomas mientras miraba hacia su hermano y sus dos amigos -Ellos, Malfoy, Crabbe y Goyle. Serán unas vacaciones movidas.- agregó con una mueca. Crabbe y Goyle, que siempre hacían lo mismo que Malfoy, habían firmado también para quedarse en vacaciones. Pero el trío de Ravenclaw estaba contento de que la mayor parte de la gente se fuera. Estaban hartos de que se hicieran a un lado cuando Harry circulaba por los pasillos, como si fueran a salirle colmillos o a escupir veneno; hartos de que a su paso los demás murmuraran, le señalaran y hablaran en voz baja. Fred y George, sin embargo, encontraban todo aquello muy divertido. Le salían al paso y marchaban delante de él por los corredores gritando:

-Abran paso al heredero de Slytherin, aquí llega el brujo malvado de veras…- pero Jane podía ver que su hermano mayor, Percy, desaprobaba tajantemente este comportamiento.

-No es asunto de risa.- decía con frialdad.

-Quítate del camino, Percy.- decía Fred -Harry tiene prisa.-

-Sí, va a la Cámara de los Secretos a tomar el té con su colmilludo sirviente.- agregaba George, riéndose. Ginny tampoco lo encontraba divertido.

-¡Ah, no!- gemía cada vez que Fred preguntaba a Harry a quién planeaba atacar a continuación, o cuando, al encontrarse con Harry, George hacía como que se protegía de Harry con un gran diente de ajo. Según lo que Demian había logrado ver, a Harry no le importaba; incluso le aliviaba que Fred y George pensaran que la idea del heredero de Slytherin era para tomársela a broma. Pero sus payasadas parecían enervar a Draco Malfoy, que se amargaba más cada vez que los veía con aquelllas bromas.

-No lo entiendo.- susurró Jane una vez que se cruzaban con el rubio -¿Qué tanto le importa?- agregó con una mueca mientras Demian se encogía de hombros.

-Bueno, toda nuestra familia ha sido Slytherin, exceptuando por uno de sus tíos y mis padres.- soltó Thomas pensativamente -Puede que él tengo algo de la sangre de Salazar Slytherin y que el que Harry sea tomado por su descendiente lo ponga celoso…- agregó con cuidado, sin embargo, las miradas de Demian y Jane lo hicieron dudar.

-No lo creo. Ese rubiales se la pasaría contándole a los cuatro vientos que tiene sangre directa del fundador de su casa.- replicó Demian con seguridad mientras asentía con la cabeza y sonreía hacia su mejor amiga, quien parecía más distraída que de costumbre.

-¿Jane?- preguntó Thomas, dándose cuenta de lo mismo que su amigo castaño.

-¿Mmm? ¿Qué pasa?- replicó la joven, sacudiendo un poco su cabeza, como despertando de un letargo.

-Te fuiste.- explicó Demian con preocupación.

-Lo siento. Mal sueño. Las pesadillas han estado de vuelta y he estado intentando no utilizar la poción sin sueños.- explicó la joven, soplando sobre el mechón de pelo que le caía sobre los ojos.

-Jane…-

-¡Nada de "Jane"! Soy lo suficientemente mayorcita para hacerme cargo de mis propios problemas.- soltó Jane con fiereza antes de chocar de lleno contra Fred y George que venían en sentido contrario. Antes de que la chica pudiera tocar el suelo, los brazos de Fred se encontraban rodeándola, mientras trataba por todos los medios de no caerse con ella, siendo sujetado a tiempo por su hermano, quien parecía a punto de soltar una carcajada.

-¿Todo bien, cariño?- preguntó Fred con preocupación al ver los ojos delineados con círculos oscuros de su novia.

-Sí, sí… todo bien, no te preocupes.- soltó Jane abrazándose a Fred con fuerza mientras ambos recuperaban el equilibrio. Conociendo de sobra a la pareja, Demian y Thomas cogieron a George del brazo y se lo llevaron un par de pasillos más lejos, asegurándose de que se encontrarían en la vecindad en caso de que hubiera problemas, una costumbre que Demian seguía sin poder dejar de lado, a pesar de haber pasado tres años fuera del orfanato.

-Si no me preocupo. Yo sólo preguntaba.- sonrió Fred una vez los dejaron solos -Además, yo no me preocupo nunca. Yo me ocupo.- agregó tratando de hacer sonreír a Jane, quien simplemente lo miró con las cejas arqueadas.

-Está bien, no fue gracioso. Pero aún así debes admitir que preocuparse no sirve de nada cuando te ocupas de ello primero.- refunfuñó Fred, agachando la cabeza para poder besar a su novia, quien soltó una risita antes de corresponder el beso. Ambos se quedaron en silencio, aprovechando los pasillos vacíos, antes de que Jane empujara el pecho de su novio y lo mirara directamente a los ojos.

-¿Se van a quedar para navidad?- preguntó la joven de golpe.

-Por supuesto. Es más fácil y entretenido quedarse aquí.- replicó el pelirrojo sin entender a qué venía aquello, pero Jane no parecía dispuesta a explicarle nada, sino que simplemente soltó un suspiro de alivio y lo besó de nuevo en los labios, antes de dirigirse hacia su sala común, reuniéndose con sus amigos a mitad de camino.

*

La mañana de la partida fue caótica, al igual que todas las partidas de Hogwarts, sin embargo, Jane había logrado armar su maleta mucho antes que sus compañeras de cuarto, por lo que bajar al comedor, tomar desayuno y esperar los carruajes sin caballos fue mucho más rápido de lo esperado. Habiéndose despedido de Harry, Ron y Hermione el día anterior, Jane sólo esperaba que Fred alcanzara a bajar a desayunar a tiempo de despedirse de ella. Tras unos minutos de angustia, Jane pudo ver las matas pelirrojas de su novio y su hermano gemelo, por lo que dejó su maleta entre las manos de sus mejores amigos antes de lanzarse a los brazos de Fred. Tras un apasionado beso de despedida, Jane regresó hasta sus cosas y se lanzó por los terrenos de Hogwarts, hasta el punto donde los carruajes los irían a buscar, su maleta en una de sus manos, mientras pensaba a toda velocidad acerca de qué hacer con su hermano y su tendencia a los problemas.

-¿De nuevo te vas a la casa de los Malfoy?- preguntó Jane mientras se instalaban en un compartimiento vacío.

-No, el rubio oxigenado se queda en Hogwarts. Lo cual me deja a mí con libertad total.- sonrió Thomas, la felicidad pintada en su cara.

-¿Libertad total?- preguntó Demian, sin entender.

-Mis padres irán donde los Malfoy, pero como no estará mi primo, me dijeron que podía elegir donde pasar las fiestas. ¿Creen que a sus padres les moleste que yo me aparezca?- preguntó Thomas, una nube oscura en sus ojos, pero Jane y Demian intercambiaron una mirada y sonrieron de oreja a oreja.

-Si les hace algún problema, apuesto que Remus no tendrá problema en que te instales en la segunda cama de mi pieza.- indicó Jane -Además, ya fue la luna llena este mes.- agregó con tranquilidad, tras lo cual, se giró hacia el paisaje que la rodeaba, el ceño un poco más fruncido de lo habitual. Demian y Thomas intercambiaron miradas, sin embargo, ninguno dijo nada, sino que empezaron una charla distendida acerca de qué era lo que esperaban para Navidad. Para cuando llegaron al andén, el ambiente se había vuelto soporífero y Jane parecía ser la única lo suficientemente despierta como para mover a sus amigos de sus asientos antes de que el tren se los llevara de vuelta a Hogwarts, alcanzando a bajar sus equipajes a tiempo.

-Hola chicos.- soltó Michael con el ceño fruncido al ver que ninguno reaccionaba a su presencia.

-Hey Michael…- la respuesta de Jane fue seguida de un largo bostezo, el cual parecía no querer acabar nunca, más aún cuando Demian y Thomas a su lado empezaron a bostezar de igual manera. Entendiendo que sus hermanos debían estar exhaustos, Michael agarró las mochilas de ambos, mientras estos tiraban de sus maletas, seguidos por Thomas.

-¿Thomas? ¿Y tu familia?- preguntó Rose al darse cuenta de que lo seguía.

-Este, ¿quizás estén detrás del pilar?-

-Rose, estábamos pensando que ya podríamos sumarlo a las fiestas. En una de esas, hasta sumar a sus padres.- propuso Jane, tratando de salvar a su mejor amigo de la vergüenza.

-No nos hace problemas, ¿verdad mamá?- sonrió Demian, tratando de relajar a su madre. Rose iba a seguir discutiendo, cuando la mirada de sus hijos y de Jane la hizo desistir de momento. Una vez hubieron cruzado el pilar que separaba los dos mundos, se encontraron con que los padres de Thomas no se encontraban presentes, por lo que se quedaron en silencio, esperando a que alguien dijera algo.

-¿Thomas? ¿Y tus padres?- preguntó Demian sin entender a qué venía aquello.

-No lo sé. Quizás debería volver al andén y esperarlos allá.- suspiró Thomas, sin embargo, Rose parecía haber decidido que el chico se merecía un descanso.

-Está bien. Esperáremos unos minutos y los llamaremos avisándoles que te encuentras en casa.- propuso la mujer, su instinto materno entrando en acción.

-Rose, hay que enviarles una lechuza.- fue la respuesta instintiva de Jane mientras Demian y Thomas escondían risitas -Thomas es de una familia de sangre pura.- agregó la chica. La mujer y los cuatro niños se sentaron en una de las bancas de la estación, y esperaron mientras pasaba el tiempo. No fue sino hasta que el estómago de Jane resonó que Rose decidió llevarse a los niños a la casa, mientras pensaba en su fuero interno en la carta que les escribiría a los padres del chico. Una vez hubieron llegado a casa, Jane instaló a Thomas en la cama que se encontraba en su pieza, mientras Rose hablaba con Remus en la cocina.

-Tienes suerte de que el chico sea de una familia sangre pura tolerante, Rose.- murmuró Remus, conociendo de sobra a las familias de sangre pura del mundo mágico.

-Es amigo de los chicos, Remus. No lo iba a dejar tirado en la estación.- refunfuñó Rose mientras calentaba la leche para que Remus pudiera preparar su famoso chocolate caliente.

-Y no te lo reprocho, Rose, pero a veces eres algo impulsiva.-

-Confío en nuestros hijos, Remus.- soltó Rose sin darse cuenta de que Jane se encontraba en la puerta de la cocina -Tú también deberías hacerlo. Sobre todo con Jane. Esa chica necesita que sus padres estén allí para ella. Y nosotros tenemos que reemplazarlos de la mejor manera que podamos…- Rose iba a continuar, cuando se vio golpeada por detrás por Jane, quien la estaba abrazando con todas sus fuerzas.

-Gracias.- murmuró la niña mientras lágrimas caían de sus ojos. De inmediato, Rose la sujetó contra ella ante la mirada de Remus, quien no lograba quitar sus ojos de la adolescente. Ante la insistencia de la mirada de Rose, Remus terminó de preparar el chocolate caliente con un golpe de varita y acompañó a ambas mujeres hasta el salón de la casa, donde hizo que Jane se sentara antes de darle su taza.

-¿Jane? Quiero que me mires y me digas qué confías en nosotros. Que nosotros estamos aquí para cuidarte y quererte, y confías que podemos hacer nuestro trabajo. Por favor.- pidió Remus ante la mirada de sorpresa de Thomas quien había bajado al primer piso ante el ruido extraño que había escuchado.

-Yo confío en ustedes, Remus. Lo sabes. Pero… pero no sé cómo lidiar con todo esto. Mi hermano está metido de nuevo en lo mismo. De nuevo hay problemas y yo quiero que mis padres estén aquí y que no tengamos que lidiar con las estupideces de un muerto.- sollozó Jane a la vez que sorbía de su chocolate caliente. Ninguno de los adultos entendía a qué venía aquello, sin embargo, Remus se sentó al lado de la chica, una sonrisa de tranquilidad en la cara, mientras Thomas seguía a Rose hacia la casa de al lado, llamando a Demian con preocupación.

-Urgh, estamos en esas fechas de nuevo.- soltó Michael cogiendo una cajita de chocolates de emergencia de un baúl a los pies de su cama. A su lado, Demian agarró una manta de lana y se fue corriendo con ella como capa, siendo seguido por los murmullos de Thomas, quien seguía sin entender nada.

-Oh, ya tiene chocolate.- se alivió Michael antes de dejar la cajita frente a la chica, mientras se sentaba a un lado de Jane. Demian sonrió de costado y, tras empujar a Remus del sofá, se sentó al otro lado de la adolescente y le puso la manta sobre sus piernas recogidas, asegurándose de cubrirla por completo.

-¿Del uno al diez?- murmuró Demian sabiendo que Jane estaba más débil que de costumbre.

-Seis.- fue la réplica de la chica, mientras sorbía levemente de su taza, acurrucada contra el torso de Michael. Ambos hermanos hicieron una mueca e intercambiaron miradas, tras lo cual, Demian subió junto a Thomas a la habitación de la chica, sacando el plumón y las almohadas de la cama, antes de bajar e instalarlo todo en el sofá.

-¿Demian?- preguntó Remus.

-Tú, mejor que nadie, deberías acompañar a alguien que se transforma una vez al mes.- refunfuñó el adolescente, mientras ponía las cosas de la cama de Jane en el sofá. La cara de Remus se volvió pálida por la sorpresa, preguntándose mentalmente acerca del por qué no le habían avisado que la cicatriz hecha por el hombre lobo había dejado secuelas, cuando su mirada se cruzó con la de Rose, quien parecía haber entendido lo que estaba pasando con Jane. De inmediato, la mujer se fue a la cocina y volvió con una bolsa caliente de agua, la cual puso sobre el vientre de Jane, momento en el que Remus entendió por lo que estaba pasando su ahijada.

-¿Quieres otra taza de chocolate?- preguntó con una semi sonrisa, pero no esperó al asentimiento de la chica, sino que simplemente se dirigió a la cocina mientras los chicos armaban el sofá como una cama para los cuatro.

*

Tras un par de días de descanso, Jane se recuperó normalmente, aprovechando que tenía a sus mejores amigos al lado de ella, ya que los padres de Thomas habían conversado con Remus para que no hubiera inconvenientes en que pasara la navidad junto a ellos. Para el día de navidad, Jane y Thomas se encontraban en la cocina, tratando de preparar galletas de chocolate sin magia, algo que parecía estar destinado al fracaso debido a la cantidad de harina repartida en sus caras y la mueca de desagrado de Thomas al verse enfrentado a meter las manos en la masa.

-Oh, por dios, Grey, deja de ser tan mago y mete tus manos a la masa de una vez por todas.- gruñó Jane con una mueca de desagrado, mientras se arremangaba las mangas de su camiseta y metía las manos hasta el fondo antes de mezclar con fuerza.

-Urgh. Eso es asqueroso, Potter.- reclamó el albino, sin mirar hacia su compañera, por lo que Jane aprovechó de sacar una mano de la fuente y pasar su dedo manchado de mezcla de galletas por encima de la nariz de su amigo. La batalla que siguió dejó la cocina hecha un desastre, como si una batalla campal entre seis o siete ejércitos se hubiera desarrollado en la mitad de la cocina.

-No te preocupes, que ya lo limpio yo.- sonrió Thomas al ver a Jane cogiendo un paño húmedo. Con un gesto de varita y una palabra, la cocina se encontró reluciente, exceptuando por la zona que Jane había protegido con su propia magia, para asegurarse de que habrían galletas. Tras poner las galletas al horno, ambos se quedaron sentados en la mesa de la cocina, mirando el reloj con aburrimiento. Les habría gustado ir donde Demian y Michael, pero ambos hermanos habían salido a comprar regalos de último momento, al igual que Rose y Remus, y Jonathan no salía del trabajo ministerial sino hasta un par de horas después.

-¿Y si salimos al patio a jugar con la quaffle?- propuso Thomas sacando su pelota de su bolso.

-Nha, tenemos prohibido sacar cosas mágicas al patio que los vecinos puedan ver. Y si empezamos a jugar con eso adentro, Remus es capaz de asesinarnos, promesa o no promesa a nuestros padres.- replicó Jane, aunque su mirada indicaba claramente que quería la quaffle.

-Vamos, Jane…- suplicó Thomas, pero la azabache ya había tomado su decisión.

-Ya sé, fútbol.- sonrió la chica corriendo hacia su pieza. Si bien no estaba muy acostumbrada a jugar con una pelota muggle, con Demian se habían entrenado en el parque el verano anterior, junto a Michael, quien se había vuelto un fanático de primer nivel, y algunos de sus compañeros de clases. Jane regresó con la pelota en un santiamén y salió al patio, seguida muy de cerca por su amigo.

-Las reglas son simples. Sólo puedes tocar la pelota con los pies y tienes que tratar de pasarla entre los dos árboles de allá al fondo.- explicó Jane apuntando hacia los árboles que rodeaban el patio trasero de la casa.

-¿Y tú qué haces?- preguntó Thomas, quitándose el polerón que llevaba encima.

-Lo mismo, pero tengo que pasar la pelota por entre nuestros polerones.- replicó la chica tomando el poleron de su amigo y poniéndolo en el patio de la familia Eames junto con el suyo.

-Ahora, ¡al ataque!- agregó la chica lanzándo la pelota por los aires. Jane y Thomas intercambiaron pelotazos por una buena media hora, arriesgando un poco de magia cuando la pelota se estrellaba contra alguna ventana.

-¡Jane! ¡Thomas! ¡Remus! ¡A cenar!- gritó la voz de Rose de pronto, sobresaltándolos y haciendo que la pelota se estrellara contra la ventana de la cocina de Remus.

-¡JANE!- se escuchó por todo el vecindario, mientras la cabeza de Remus salía por la ventana rota.

-Ups.- sonrió la adolescente, mientras su amigo escondía una carcajada. Mientras Remus reparaba la ventana, Jane y Thomas se pasaron a la casa de Demian, dónde Rose los esperaba con la cena de Navidad lista para ser servida. Al lado del comedor, los regalos se encontraban repartidos cerca de la chimenea en una pila ordenada, la cual fue desarmada con la llegada de Remus y los regalos que él y Jane habían preparado para sus amigos. Mientras las familias cenaban, cada bocado puntuado por anécdotas y chistes, Thomas se reía e imaginaba la cara de su primo de haberse encontrado en aquella situación. Tras la cena, Jane prendió las velas del salón, mientras Rose y Remus repartían chocolate caliente, y Jonathan se encargaba de cambiar a todos de su ropa de calle a pijamas.

-Recuerden que todos tienen derecho a un regalo antes de irse a acostar.- sonrió el hombre castaño mientras se acomodaba en el sofá junto a su esposa. Demian soltó un grito de alegría y se lanzó dentro de la pila, buscando entre todas las cosas, separando los paquetes por colores antes de lanzar uno por los aires que casi golpeó a Jane.

-Gracias, enano. Pero con más cuidado.- sonrió Michael atrapando el paquete celeste que casi golpeó a su hermana.

-Lo siento, quiero ver lo que Jane te consiguió.- se sonrojó el adolescente, tratando de esconder la sonrisa que estaba por escapársele. Michael le lanzó una mirada de reojo a sus hermanos, tras lo cual, abrió con cuidado el paquete, temiéndose que sería algo demasiado delicado.

-¡Jane! No te hubieras molestado…- soltó Michael al ver el reloj despertador con figuras de Star Wars que Jane le había regalado.

-Remus no me dejó comprar uno mágico.- se quejó Jane, pero la mitad de su frase terminó apagada por el abrazo de oso que Michael le dio. Ambos se quedaron así por un tiempo, mientras Demian seguía revolviendo los regalos, revisando las etiquetas hasta que encontró un paquete de color cobrizo, el cual entregó con una sonrisa a Thomas.

-¿Por qué estamos dejando que Demian elija los regalos?- preguntó este con suspicacia, mientras palpaba el paquete.

-Trata a decirle que no.- murmuraron Jane y Michael, sentados a su lado. Thomas abrió la boca para hablar, cuando se dio cuenta de que su mejor amiga y su hermano mayor tenían razón. Era imposible decirle que no a Demian.

-Jane, para tí.- sonrió Demian entregándole un paquete de envoltorio dorado.

-Tú no envuelves en dorado. Es más, odias el dorado. ¿Por qué me lo estás pasando?- soltó Jane con suspicacia, pero su semblante resplandeció de golpe al ver el remitente del paquete.

-Traidor.- resopló la chica, sabiendo que no podría esconder el contenido del paquete de su pareja ante el resto de su familia. La joven revisó el paquete por todos lados, antes de darle una vuelta y empezar a abrirlo con delicadeza, queriendo demorarse al máximo con lo que fuera que su pareja le había enviado.

-Oh, dios. Esto es hermoso.- sonrió Jane abriendo el paquete y dejando ver un libro de relieve dorado.

-¿Qué es eso, Jane?- preguntó Rose sin entender, pero Thomas intervino, sabiendo que su amiga iba a tener que inventar algo para que sus amigos y familia no le recriminaran.

-¡Esto es increíble! Llevaba buscando ese libro hace siglos. Me lo vas a prestar, ¿verdad?- agregó con un guiño.

-Por supuesto.- sonrió Jane, devolviéndole el guiño antes de girarse hacia Rose -Es un libro de pociones avanzadas. Fred sabía que me había estado adelantando respecto a las clases, pero jamás pensé que me enviaría un libro de nivel más alto.- explicó la chica sin dejar que su padrino viera la portada del libro. El hombre iba a seguir su búsqueda, cuando se dio cuenta de la mirada de felicidad de su ahijada, por lo que decidió no presionar mayormente a la chica.

-Gracias.- articuló la joven hacia su amigo sin pronunciar ninguna palabra, mientras presionaba el libro entre sus brazos.

-¿Chocolate caliente?- propuso Remus al ver los bostezos de los adolescentes. Ante el asentimiento colectivo, Remus se dirigió a la cocina, seguido por Jane, quien se había metido en la cabeza aprender a hacer el chocolate que su padrino preparaba.

-Remus, ¿cuándo será un buen momento para lo del hechizo de Harry?- susurró la adolescente mientras observaba cuidadosamente todos los movimientos de su padrino. El hombre se la quedó mirando por unos segundos antes de darse cuenta de que su ahijada tenía la meta puesta y no pararía frente a nada.

-Mañana, cuando hayamos descansado, ¿vale?- suspiró el hombre lobo con una sonrisa cansada. Jane asintió con la cabeza, una sonrisa en sus labios, mientras sacaba una bandeja y ponía las tazas encima antes de llevarlas con cuidado hacia el salón y las distribuía entre sus amigos.

*

La mañana de Navidad amaneció nevada en Londres. Jane y Thomas se desperezaron, y bajaron a la cocina arrastrando los pies. Grande fue su sorpresa al encontrarse a Remus pegado a su silla, tratando de levantarse, y a Rose armando el desayuno ante la mirada del resto de la familia Eames.

-¿Tío Remus?- preguntó Jane arqueando una ceja.

-Remus trató de ayudarme a armar el desayuno, por lo que mi esposo pegó a tu padrino a su silla hasta que esto esté listo.- explicó Rose con una sonrisa traviesa y un brillo maligno en los ojos.

-Ahora, ¿se van a comportar como mis hijos o van a pasarse un rato con un hechizo pegajoso?- agregó la mujer entrecerrando los ojos. Jane y Thomas se sentaron de inmediato en sus respectivos asientos, sin siquiera tener que cruzar una mirada conociendo de sobra lo terrorífica que Rose podía llegar a ser.

-¿Qué tal durmieron?- preguntó Jonathan, sorbiendo de su café con una sonrisa.

-Bien.- soltó Thomas avanzando la mano hacia las tostadas, pero la mirada de Jane lo detuvo, sabiendo que Rose querría servir todo antes de que alguno pudiera empezar a comer.

-¿Mamá? ¿Podrías soltar a Remus para que nos haga el chocolate caliente?- pidió Demian al ver a su madre poner la tetera a hervir. La mujer se quedó mirando a todos y se dio cuenta de que Jane le estaba haciendo ojitos tristes, mientras que Michael observaba su taza vacía con languidez.

-Está bien. Pero sólo el chocolate caliente, ¿entendido?- Rose se decidió a hacer el café, mientras Jonathan soltaba el hechizo sobre Remus, permitiéndole de ese modo que les preparara una taza de chocolate caliente a cada uno de los menores. Una vez todos estuvieron servidos, Rose permitió que disfrutaran del desayuno, mientras ella sorbía de su café, una sonrisa en los labios.

-¿Bollos de chocolate, Rose? ¿Cuándo los hiciste?- preguntó Thomas con una sonrisa, pero la mirada que lanzó hacia Jane, quien metía sus bollos dentro de su chocolate, lo hizo desviar su atención, permitiendo que Rose no contestara. Mientras terminaban sus desayunos, cada uno de los adolescentes fueron a por sus regalos repartidos bajo el árbol, lanzándo por los aires los que le pertenecían a otro, y, aprovechando que tres de ellos eran magos, dejaban los paquetes colgando en el aire, haciendo que los demás tuvieran que revisar en el revoltijo, buscando sus propios regalos.

-Oye, Remus, ¿ya me vas a enseñar?- preguntó Jane mirando hacia su padrino, sentada entre un revoltijo de papeles de colores y cintas. El hombre suspiró con fuerza y se la quedó mirando, antes de mirar hacia Rose y Jonathan, pero antes de que alguno de ellos pudiera ayudarlo, Demian intervino.

-Si le prometiste algo a Jane, será mejor que lo cumplas, Remus. No te gustaría que se enoje contigo.- afirmó el castaño, mientras Thomas a su lado asentía con fiereza.

-Después del desayuno.- prometió Remus con resignación, sabiendo que ya no había vuelta atrás. La adolescente sonrió feliz, antes de seguir abocada a sus regalos, su mirada fija en lo que tenía frente a ella y su mente libre de distracciones.

-¿Qué es exactamente eso que solicitó Jane?- preguntó Michael sin prestarle atención a las miradas de los demás presentes en el salón.

-Nada importante, Michael.- refunfuñó Jane -Y si me vuelves a preguntar, haré que todos tus calcetines se pierdan.- agregó con el ceño fruncido, mientras sus dedos se movían con velocidad, como si estuviera tipeando algo. El silencio se apoderó del lugar, más aún cuando la mitad de los paquetes que volaban alrededor cayeron al piso con suavidad.

*

Para cuando llegó la tarde, Jane ya se había tranquilizado y Remus ya había juntado todo lo que necesitaba para poder trabajar con su ahijada.

-¿Tienes algo de Harry?- preguntó el hombre lobo, esperando a medias que la chica no tuviera nada.

-Una pluma de su lechuza. Se le quedó cuando me dejó el paquete que me envió junto a Ron.- fue la respuesta de la joven, una media sonrisa pintada en su cara. Remus no pudo sino que sonreír ante la mirada de la chica, quien sabía de sobra que, si quería cuidar de su hermano, tenía que jugar todas sus cartas de manera correcta.

-Muy bien, ¿varita lista?-

-Check.-

-¿Frasco, medallón u otra cosa que te permita mantener el hechizo activo?- Jane sacó de inmediato el pendiente de su madre que llevaba al cuello, dejándolo junto a su varita y la pluma de Hedwige encima de la mesa de la cocina.

-Esto que vamos a hacer, Jane, es algo que va más allá de todo lo que aprenderías en el colegio. Quiero que tengas mucho cuidado, y, si lo quieres repetir, que lo hagas sólo cuando estés en casa conmigo. ¿Me lo prometes?- pidió Remus, mientras sacaba un pequeño caldero de debajo de la cocina. Jane asintió con la cabeza, con tanta fuerza que casi se produjo un torticolis, pero su entusiasmo se podía ver a leguas. La joven iba a preguntarle a su padrino por qué no podían estar sus amigos presentes, más ya conocía de sobra las explicaciones de Remus respecto a cuánta gente podía conocer aquel hechizo a tan corta edad.

-Ahora, quiero que repitas el hechizo que está escrito aquí, con voz clara y firme, y con la mente puesta en el lazo que los une a Harry y a tí. Y mientras haces eso, pones la pluma de la lechuza sobre el medallón.- indicó el hombre lobo, tratando de mantener la calma. Jane asintió con la cabeza y, tras echarle una mirada al hechizo, preparó su varita y empezó a murmurar.

-Mei spectat huc reddi sibi… Mei spectat huc reddi sibi… Mei spectat huc reddi sibi...- a medida que Jane murmuraba, movía su varita en círculos sobre su medallón, mientras su mente se iba hacia el fin de año anterior, recordando el cariño que había sentido hacia Harry cuando su hermano se encontraba en una camilla inconsciente a su lado. De pronto, la pluma se incrustó en la tapa del medallón, mientras ambos brillaban con una fuerte luz dorada que hizo que Remus se tuviera que tapar los ojos.

-¿Está listo?- preguntó la adolescente sin dejar de mover su varita.

-Ya lo creo, Jane. Póntelo.- sonrió Remus, pasándose la mano por la cara, sabiendo que aquello no era la mejor opción. En cuanto la chica se puso el medallón, sintió un calor a la altura del pecho, mientras se tranquilizaba de golpe, como si todo estuviera perfectamente normal.

-Wau, si que funciona esta cosa.- sonrió Jane antes de acordarse la razón por la que le había pedido aquello a su padrino, por lo que su sonrisa se ensombreció -Gracias Remus.-

-No hay de qué. Ahora, tienes una salida al cine con los chicos, ¿no? Aprovecha antes de que tengan que volver a clases.- en cuanto el hombre hubo terminado de hablar, Jane se abrazó con fuerza a su padrino, antes de coger su chaqueta y salir corriendo por el patio hacia la casa de sus mejores amigos, sabiendo que Thomas disfrutaría de una película muggle.


Lo siento tanto!!!! Mis disculpas más sinceras

No es por poner excusas, pero creo que se merecen un par de explicaciones:

Primero que nada, el semestre que acaba de pasar terminé mi proyecto de título (un guión de largometraje de ficción), segundo fue la práctica profesional que terminó hace un poquito más de un mes, y en tercer lugar, bueno, siendo chilena (y de comunicaciones), no he podido quedarme ajena a lo que ha estado pasando en el país, por lo que el mantener la cabeza concentrada para terminar este capítulo ha sido muy complicado.

Eso. Saludos a los nuevos lectores y a los que aún se mantienen fieles.

MSebastián ;)



« Club de duelo Comenta este capítulo | Ir arriba Banda de inútiles que no se toman nada enserio »


Potterfics - Harrylatino
Potterfics es parte de la Red HarryLatino

contacto@potterfics.com

Todos los derechos reservados. Los personajes, nombres de HARRY POTTER, así como otras marcas de identificación relacionadas, son marcas registradas de Warner Bros. TM & © 2003. Derechos de publicación de Harry Potter © J.K.R.