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La Sangre llama a la Sangre » Fama
La Sangre llama a la Sangre (ATP)
Por MSebastian
Escrita el Domingo 13 de Noviembre de 2016, 14:43
Actualizada el Martes 12 de Enero de 2021, 18:42
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Fama

Capítulos
  1. El orfanato
  2. Lechuzas
  3. Familia
  4. Hogwarts
  5. Amistades y enemistades
  6. Los gemelos Weasley
  7. Guerra de Bromas
  8. Lecciones de vuelo
  9. Cumpleaños feliz
  10. Halloween
  11. Secretos del Director
  12. Poderosos encantamientos
  13. Navidad en familia
  14. ¿Hermano?
  15. El Bosque Prohibido
  16. El Cuarteto del Terror
  17. El Que no Debe ser Nombrado
  18. Casa
  19. Unas vacaciones movidas
  20. El niño nuevo
  21. Regreso a las andanzas
  22. El Trío del Terror
  23. Entrenamiento de Quidditch
  24. Quirrell
  25. El Troll de Halloween
  26. Harry en peligro
  27. Navidad
  28. Flamel
  29. Problemas
  30. Conociendo a Harry
  31. Pasando la trampilla
  32. El hombre con dos caras
  33. Enfermería
  34. Casa es donde el corazón está
  35. Malas noticias por lechuza
  36. Fama
  37. Golpes y peligro
  38. Nuevo profesor de defensa (Ahem, ¡inútil!)
  39. Enemigos
  40. Más secretos
  41. La advertencia
  42. Siempre Halloween
  43. La bludger loca
  44. Club de duelo
  45. De águilas y leones
  46. Banda de inútiles que no se toman nada enserio
  47. Más y más problemas
  48. Advertencias
  49. Y de vuelta al bosque
  50. La Cámara de los Secretos
  51. El Heredero de Slytherin
  52. Festín a medianoche
  53. La peor noticia del año
  54. La mejor noticia del año
  55. Las cosas no pueden empeorar
  56. Un Dementor en el Hogwarts Express
  57. Hagrid no se lo merece
  58. Tío Remus al rescate
  59. Halloween bajo las estrellas
  60. Promesas
  61. Navidades sin Remus
  62. Patronus
  63. Quidditch contra hermanos

La noticia de Arthur Weasley y Jonathan produjo el efecto de una ducha helada en Jane, quien sacó la carta de Fred de inmediato y la desplegó, dándose cuenta de que era la misma noticia, pero que además tenía la información extra de un plan que iban a ocupar para ir a sacar a Harry de la casa de sus tíos.

-Se volvieron locos.- murmuró Jane para sí, sin darse cuenta de que lo había dicho en voz alta.

-Estoy seguro que sí, pero, ¿no quisieras darnos todos los detalles?- preguntó Demian, preocupado por la cara demacrada de la que consideraba como su hermana.

-Los gemelos y Ron van a ir a sacar a Harry de su casa.- explicó Jane -¿No sería mejor que vayamos nosotros y que tú actúes como el adulto responsable, Remus?- agregó con una mirada de preocupación hacia su padrino, pero esa mirada fue todo lo que necesitó para entender que el hombre lobo no pensaba acercarse a la casa de sus tíos sin la autorización de Dumbledore.

-¿Jonathan o el señor Weasley no dijeron nada acerca de Dumbledore interviniendo?- preguntó Jane con preocupación, pero tanto Rose como Remus negaron con sus cabezas, viendo a la chica decaer poco a poco.

-Es tiempo del corte de pelo. Lo que les queda de tarea la pueden terminar mañana.- intervino Rose mientras las llamas de la chimenea se prendían de golpe, dejando entrar a Jonathan de vuelta a la casa. Una mirada a Remus le dio a entender que no era necesario comentar la noticia, por lo que simplemente ayudó a Demian a recoger todos los papeles, mientras Rose sentaba a Jane frente a un espejo de mano, indicándole cómo ir cortando poco a poco los mechones de pelo que estaban demasiado largos para el gusto de la pequeña azabache. Una vez la clase de peluquería terminada, Jane le agradeció a Rose y se fue de vuelta a la casa que compartía con Remus, dejando a sus amigos sabiendo claramente a dónde se estaba yendo.

-Voy a prepararle un chocolate caliente. ¿Alguno de ustedes quiere acompañarla?- preguntó Remus levantándose con un fuerte suspiro y mirando hacia los hermanos Eames. Demian intercambió una mirada con Michael, y ambos siguieron al hombre lobo por el patio, hasta la pieza de Jane. Una vez dentro de la casa de Remus y Jane, los dos hermanos subieron al segundo piso, pero se encontraron con que la pieza había sido cerrada con pestillo por dentro y los ruidos de cosas rompiéndose no les auguraban nada bueno.

-Mejor no involucrarse, chicos.- murmuró Remus una bandeja llena de los dulces favoritos de Jane y una taza de chocolate caliente entre sus manos. El hombre la sostuvo con su varita, mientras con su mano libre golpeaba levemente a la puerta de su ahijada, aunque lo suficientemente fuerte para que la chica alcanzara a escucharlo.

-¡¿Qué?!- chilló la voz de Jane al menos una octava más alta.

-Chocolate.- fue la respuesta calmada de Remus ante la mirada asombrada de los hermanos Eames. De pronto se oyó un sonoro golpe, como de miles de cosas cayendo, mientras la puerta se abría levemente, dejando ver a Jane con el cabello revuelto y un par de cortes en la cara, quien tendió la mano hacia la bandeja que Remus sostenía.

-No antes de que te cure.- replicó el hombre lobo dejando la bandeja entre las manos de Demian. Sin importarle los quejidos de la azabache, Remus empezó a curarle las heridas a su ahijada a la manera muggle, asegurándose de ese modo que las heridas estarían totalmente desinfectadas.

-Va a estar bien. Te lo prometo.- murmuró Remus al oído de su ahijada, tras lo cual, tomó la bandeja y la dejó encima de la mesa de noche de Jane antes de utilizar su varita para volver a poner todo en su sitio y reparar lo que había que reparar. Mientras Remus se ocupaba del lugar, Demian y Michael se sentaron en la cama de Jane y sonrieron al ver que la chica no pensaba compartir con ninguno de los dos lo que Remus le había preparado.

-Deberías escribirle a los hermanos Weasley, aunque sea para que sepan cuán preocupada estás.- le indicó Remus saliendo de la pieza y dejando la puerta abierta. Tras conseguir que por fin Jane les diera algo de comer, Michael la obligó a sentarse en su escritorio, mientras Demian silbaba para que la pequeña lechuza negra de su mejor amiga se posara encima del escritorio. Quince minutos pasaron antes de que la carta hubiera sido terminada y enviada, tras lo cual, Michael se lanzó sobre la cama de Jane y extendió los brazos, mirando hacia el reloj.

-Ya es muy tarde para que se pongan a hacer deberes de nuevo, ¿por qué mejor no nos vamos a ver una película?- propuso el adolescente con una sonrisa de oreja a oreja, sabiendo claramente qué película deberían ir a ver.

-¡Sí, película!- exclamó Demian con una sonrisa de oreja a oreja, mientras agarraba a Jane y tiraba de ella para ir hacia donde se encontraban Remus y sus padres conversando en voz baja.

-Vamos a ir con Michael a una película, no volveremos tarde.- prometió el chico tirando de Jane para salir cuanto antes, pero la mano con varita de Remus fue más rápida que ellos. La puerta de entrada de la casa se cerró de golpe, y un click sonoro les dio a entender que todos los pestillos y cerraduras se habían cerrado junto a la puerta.

-Remus… sólo es una película.- se quejó Jane lastimeramente.

-Y el infierno es sólo un sauna.- replicó el hombre lobo con un gruñido -¿Qué van a ver?- agregó mirando hacia Michael quien bajaba lentamente las escaleras.

-Una película tranquila. No te preocupes, no es nada terrible.- respondió Michael.

-¿Ya la viste?- preguntó Rose antes de que Remus pudiera bajar su varita.

-Nop, pero tengo compañeros que ya la han ido a ver y no han dejado de hablar de ella.- refunfuñó Michael, lamentando que sus padres y el tutor de Jane fueran tan sobreprotectores. Remus se iba a negar, cuando vio la mirada que le lanzaba Michael, dándose cuenta de que la película era sólo una excusa, por lo que suspiró con fuerza y agitó su varita de nuevo, dejando que la puerta se abriera.

-¡Los quiero de vuelta antes de las diez!- alcanzó a gritar Rose antes de que la puerta se cerrara detrás de sus hijos, pero esta no tardó ni dos segundos en volver a abrirse, mientras Jane sacaba su polerón de detrás de la puerta.

-¡Nos vemos!- exclamó la azabache antes de volver a salir corriendo.

-¡Cuidate!- gritó Remus esperando que su ahijada lo hubiera escuchado -Esta niña, por dios.- murmuró en voz baja, mientras se pasaba la mano por la cara en preocupación.

*

En cuanto la pantalla volvió a negro, Jane y Demian se giraron con la boca abierta hacia Michael, quien sonreía de oreja a oreja.

-¿Cuándo la sacaron?- preguntó Jane.

-En junio, supuse que no la habrían visto, estando en el internado y todo.- sonrió Michael -¿Les gustó?- agregó mientras se dirigían hacia la salida.

-¿Estás de broma?- intervino Demian abriendo la boca por primera vez desde que se habían sentado -¡Batman, Catwoman y el Pingüino! ¡Todos juntos en una misma película!- agregó con fuerza, moviendo sus brazos como si fueran molinetes y casi botando los lentes de una joven a su lado.

-¡Lo siento!- gritó el castaño hacia la espalda de la chica ofuscada -Deberían permitirnos ir a pueblos muggles cercanos al colegio durante el año.- agregó Demian, refunfuñando con fuerza.

-¿Para qué? ¿Para que nos escapemos todos los fines de semana a ver películas al cine?- se burló Jane con una sonrisa, mientras se acababa las palomitas que llevaba en la mano.

-¡Sí!- gritó Demian mientras Michael los miraba con una sonrisa -Rose jamás estará de acuerdo con que nos pongamos al día en dos meses con todas las películas que nos perdemos durante el año.- agregó a la vez que ingresaban a su casa, cinco minutos después de las diez de la noche.

-Llegamos.- anunció Jane con una sonrisa, viendo a los tres adultos sentados en el salón.

-¿Qué tal la película?- preguntó Remus velozmente antes de que Rose pudiera abrir la boca, pero el ceño fruncido de la mujer dejaba en claro lo que le molestaba.

-Excelente.- respondió Jane dándole un beso en la mejilla a su padrino, pero antes de poder seguir, su sonrisa se congeló de golpe, mientras su mirada se posaba en una sombra que se acababa de posar en el patio.

-¿Jane? Jane, espera.- ordenó Remus, alcanzando a agarrarla por el brazo antes de que ella lograra salir al patio trasero. El hombre lobo miró con interés hacia la figura oscura, dándose cuenta de que sólo era una lechuza parda con una sombra extensiva detrás de ella.

-Es para ti.- murmuró Remus tras soltar la carta de la pata de la lechuza. Jane no se lo hizo repetir dos veces y le arrancó la carta de la mano, dándose cuenta de que provenía de un lugar llamado "La Madriguera".

-Querida Jane… prometí verte… Toda la noche ocupado…- a medida que murmuraba entre sus dientes, sus amigos y familiares podían oír parte de lo que leía, pero nada les daba a entender qué era lo que estaba pasando -barrotes en la ventana… Harry está a salvo con nosotros. Uff. Menos mal.- soltó el aire la azabache al darse cuenta de que había dejado de respirar. Ante las miradas de interés que Michael y Demian le lanzaban, Jane les entregó la carta, aunque doblandola estratégicamente para que sólo pudieran leer lo que tenía que ver con su hermano menor.

-¡¿Lo tenían encerrado con barrotes en la ventana?!- chilló Rose, leyendo por encima de los hombros de sus hijos.

-Rose, cálmate. Ya sabes que ahora está con los Weasley, quienes son la mejor familia para cuidarlo.- murmuró Jonathan, sujetando a su esposa por los hombros.

-Está bien, me calmo. Estoy calmada.- soltó Rose sin dejar de echar humo. Era bastante extraño para Demian y Michael ver a su madre adoptiva en ese estado, sin embargo, Jonathan parecía bastante orgulloso de su esposa, aunque temeroso por la vida de aquel que se interpusiera entre ella y alguien de quien se consideraba responsable.

-Fred agrega que irán el próximo miércoles a comprar las cosas al Callejón Diagon, ¿creen que podamos ir en la misma fecha?- propuso Jane, sabiendo que era necesario aprovecharse de una buena oportunidad para poder ver a su hermano fuera clases. Rose, Remus y Jonathan intercambiaron miradas antes de asentir silenciosamente.

-Si quieres, yo me encargo de llevarlos a todos.- le propuso Remus a Jonathan, sabiendo que era poco probable que le dieran un día libre a su amigo.

-¿Estás seguro de poder con todo?- preguntó Jonathan con preocupación.

-No te preocupes, por algo te lo estoy proponiendo.- replicó Remus, mirando la cara de súplica que Jane le estaba poniendo.

-Entonces, no creo que haya problema, ¿no es así Rose?- preguntó Jonathan girándose hacia su esposa, quien tenía los ojos brillantes por la excitación de volver a ir a un lugar lleno de magia.

-Por supuesto que no, el miércoles es un excelente día para ir a pasear. ¿Seguro de que no hay manera de que te tomes el día libre?- si había una cosa que Rose amaba por sobre todo era compartir tiempo con su familia, ya fuera su esposo, sus hijos adoptivos o bien la chica y el hombre lobo de la casa de al lado.

-Puedo tratar, pero la seguridad mágica depende mucho de nuestro departamento y lo más probable es que nos tengan haciendo dobles turnos por el Callejón Diagon.- replicó Jonathan dándole un suave beso en los labios a su esposa.

-¿Lista para irte a dormir, Jane?- preguntó Remus al ver a Jane bostezar con fuerza. A pesar de la negada de cabeza de la chica, otro bostezo casi le dislocó la mandíbula, por lo que Remus simplemente le puso un brazo en los hombros y la empujó suavemente a través del patio para regresar a su casa.

*

Para cuando llegó el miércoles, todos se encontraban listos para salir, antes incluso de que Rose terminara de servir el desayuno.

-No hay tiempo para desayuno, mamá.- soltó Michael de golpe -Magia, magia, magia.- agregó saltando alrededor de la cocina.

-Hey, quinceañero, relájate.- refunfuñó Jane, molesta de que Remus la hubiera levantado tan pronto de su cama -¿Era necesario que tomara desayuno con ustedes? Un termo de chocolate caliente para el viaje y listo.- agregó mirando hacia su padrino, pero este negó con la cabeza e hizo aparecer un par de tostadas en el plato de la chica antes de lanzarle una mirada de advertencia que Jane supo interpretar como que no lo pusiera a prueba con el tema de la comida. En cuanto el desayuno estuvo terminado y todo lavado, Remus se encargó de coger una mochila por cada uno y las repartió para que fueran metiendo las distintas compras del día, antes de salir por la puerta hacia el sol de agosto. Tras una caminata corta llegaron al centro de Londres e ingresaron al Caldero Chorreante, lugar donde se encontraron con Fred y George Weasley, quienes miraban por la chimenea.

-Hola.- sonrió Jane acercándose con cuidado a Fred, sabiendo que su padrino y su hermano mayor se encontraban presentes. El chico también reaccionó con precaución, sin embargo, no le importó nada cuando plantó sus labios sobre los de Jane, una media sonrisa en sus labios ante la reacción de su padre cuando este salió de la chimenea. Tanto la chica azabache como el chico pelirrojo se quedaron abrazados, algo distraídos de lo que pasaba a su alrededor, antes de que saliera Ron de la chimenea, mirando por doquier.

-¿Y Harry?- preguntó hacia su padre, quien no supo responderle -Venía justo antes de mí.- agregó mientras el terror se empezaba a aparecer en su cara. Demian y Remus miraron de inmediato hacia Jane, sabiendo perfectamente qué era lo que iba a pasar si es que no encontraban pronto a Harry. Para cuando Molly Weasley ingresó al bar junto a la menor de sus niños, todo ya se había convertido en un caos. Fred y George se habían lanzado a través de la pared que separaba el bar del Callejón y corrían por la calle en búsqueda mientras Remus y Arthur coordinaban esfuerzos y le pedían a Tom que les avisara en caso de verlo. Por su parte, Rose había alcanzado a agarrar con fuerza a Jane y la obligó a acompañarla hasta el banco, sabiendo que era el edificio más grande del lugar y que si Harry se perdía y estaba cerca, lo más probable fuera que tratara de llegar allí.

-¿Jane?- preguntó una voz a su lado, tras lo cual, se vio envuelta en un fuerte abrazo con una mata de pelo castaño.

-Hola Hermione.- murmuró Jane -¿Has visto a Harry?- agregó tras lograr separarse de la castaña.

-¿No iba a venir con los Weasley?-

-Se perdió en las chimeneas.- explicó Demian al lado de Jane, listo para atraparla en caso de que intentara lanzarse a buscar a su hermano de nuevo.

-Oh, dios. Ya veo. Espero que lo encontremos pronto, sabiendo de lo que es capaz.- se angustió Hermione, sabiendo con seguridad que su mejor amigo podía volverse exasperante en casos como aquel.

-Rose, me voy a dar una vuelta por aquí mismo, no te preocupes volveré en cinco.- prometió Jane. Antes de que Rose pudiera dar su consentimiento, Jane desapareció entre la multitud, impidiéndole incluso a Demian y Michael el seguirla.

-Chica testaruda.- refunfuñó Rosa manteniendo la vista fija en la gente a su alrededor. De pronto, vio como un gigante desplazaba a la multitud a su alrededor, seguido muy de cerca por un chico de pequeña estatura cubierto de hollín.

-¡Harry! ¡Harry! ¡Aquí!- gritó Hermione bajando las escaleras a toda velocidad, seguida de cerca por Demian. Rose y Michael se quedaron en segundo plano, hasta que encontraron a Jane, enviándola a por su hermano. Mientras Jane llegaba, pudo observar como Ron, Fred, George, Percy y el señor Weasley llegaban corriendo, por lo que retrocedió un paso, juntándose con Demian.

-Harry.- dijo el señor Weasley jadeando -Esperábamos que sólo te hubieras pasado una chimenea.- Se frotó su calva brillante -Molly está desesperada..., ahora viene.-

-¿Dónde has salido?- preguntó Ron.

-En el callejón Knockturn.- respondió Harry con voz triste.

-¡Fenomenal!- exclamaron Fred y George a la vez a pesar de la mirada de enojo que Jane les lanzó.

-A nosotros nunca nos han dejado entrar.- añadió Ron, con envidia.

-Y han hecho bien.- gruñó Hagrid, siendo apoyado por el señor Weasley. La señora Weasley apareció en aquel momento a todo correr, agitando el bolso con una mano y sujetando a la pequeña pelirroja con la otra.

-¡Ay, Harry... Ay, cielo... Podías haber salido en cualquier parte!- Respirando aún con dificultad, sacó del bolso un cepillo grande para la ropa y se puso a quitarle a Harry el hollín. El señor Weasley le cogió las gafas rotas, les dio un golpecito con la varita mágica y se las devolvió como nuevas.

-Bueno, tengo que irme.- dijo Hagrid, a quien la señora Weasley estaba estrujando la mano en ese instante («¡El callejón Knockturn! ¡Menos mal que usted lo ha encontrado, Hagrid!», le decía) -¡Os veré en Hogwarts!- agregó, y se alejó a zancadas, con su cabeza y sus hombros sobresaliendo en la concurrida calle.

-¿A que no adivináis a quién he visto en Borgin y Burkes?- preguntó Harry a Ron y Hermione mientras subían las escaleras de Gringotts siendo escuchados por Jane y Demian que venían justo detrás -A Malfoy y a su padre.-

-¿Y compró algo Lucius Malfoy?- preguntó el señor Weasley, con acritud.

-No, quería vender.-

-Así que está preocupado.- comentó el señor Weasley con satisfacción, a pesar de todo -¡Cómo me gustaría coger a Lucius Malfoy!-

-Ten cuidado, Arthur.- le dijo severamente la señora Weasley mientras entraban en el banco y un duende les hacía reverencias en la puerta -Esa familia es peligrosa, no vayas a dar un paso en falso.-

-¿Así que no crees que un servidor esté a la altura de Lucius Malfoy?- preguntó indignado el señor Weasley, pero en aquel momento se distrajo al ver a los padres de Hermione, que estaban ante el mostrador que se extendía a lo largo de todo el gran salón de mármol, esperando nerviosos a que su hija los presentara. Jane y Demian decidieron tomar eso como el punto para ir a reencontrarse con Remus, quien los esperaba en otro mesón junto a Rose y Michael.

-Está bien. Sólo cayó en otra chimenea.- murmuró la joven hacia su padrino antes de que el goblin los llevara al carrito. El viaje en este fue lo que hizo que la mente de Jane se desviara de golpe, disfrutando del placer de la velocidad, mientras miraba hacia Michael, quien parecía estar experimentando aquello por primera vez.

-¿Estás bien?- gritó Jane hacia su hermano mayor, quien sólo asintió con la cabeza. Tras recuperar su dinero en las bóvedas de Jane y de Jonathan, salieron a hacer sus compras con tranquilidad, cruzándose con Jonathan en la tienda del apoticario.

-¿Les falta mucho?- preguntó el hombre con una sonrisa.

-Necesito túnicas nuevas porque me quedaron cortas las otras y Jane necesita de guantes de cuero porque los anteriores se disolvieron en ácido. Y luego tenemos que ir a por los libros.- respondió Demian con una sonrisa.

-Los encontraré de nuevo por allá entonces. Se nos solicitó que cuidemos del alboroto que habrá, por lo que les recomiendo que pasen después de las cuatro y media de la tarde.- dijo Jonathan dándole un beso a su esposa antes de dirigirse hacia la puerta y salir con un ademán de cansancio ante la perspectiva de tener que hacer su trabajo.

-Vamos a ir antes, ¿verdad?- preguntó Jane con una sonrisa traviesa en la cara.

-Por supuesto.- respondieron Demian y Remus al unison antes de intercambiar miradas y mirar culpablemente hacia Rose.

-A veces eres peor que un niño, Remus. Está bien, iremos allí en cuanto las compras estén listas, ¿les parece?- suspiró Rose con una sonrisa de costado. Tras un salto de alegría de parte de todos, Jane y Demian se lanzaron por la calle en busca de la tienda de la señora Malkins, dejando que Remus y Rose se hicieran cargo de pagar los ingredientes comprados en el apoticario.

-Niños.- soltó Remus antes de pagar y salir corriendo detrás de los chicos. A pesar del interés de los chicos por terminar cuanto antes, la dependienta medía constantemente por todos lados a Demian y cada vez que este se movía las mediciones empezaban de nuevo.

-Urgh, así no llegaremos nunca.- se quejó Jane antes de sacar su varita mágica de su bolsillo y murmurar un hechizo, petrificando de golpe a su mejor amigo.

-Gracias, cariño. Pero hacer magia fuera de Hogwarts está prohibido.-le recordó la mujer tomando las medidas a toda velocidad.

-No se preocupe. Tengo un permiso.- sonrió Jane mirando hacia su tutor quien se había golpeado la frente con la palma de su mano junto a Michael, mientras Rose sólo sonreía, sin entender mucho lo que pasaba.

-Si, bueno. Sería fantástico si ese permiso viniera con una explicación de cómo lo hizo para disolver guantes de cuero de dragón.- refunfuñó la mujer terminando de tomar las medidas y liberar a Demian.

-No lo sé. Parecía algo como ácido, pero no podría afirmarlo.- replicó Jane encogiéndose de hombros mientras miraba algunos modelos de guantes entre las distintas variedades que la dependienta tenía.

-Jane, tienes que elegir guantes de trabajo, no de placer.- recalcó Remus al ver como la pelinegra miraba con interés un par de guantes de color plateado.

-Sería más fácil limpiarlos.- fue la respuesta de Jane, pero la cara de Remus le indicó que perdía su tiempo en tratar de convencerlo.

-Me llevo estos.- murmuró la joven con una sonrisa, cogiendo un par de guantes resistentes de color negro. Tras haber pagado sus compras, Rose se los llevó a comprar un helado antes de irse a la librería a por los libros nuevos que tuvieran que comprar. No eran, ni mucho menos, los únicos que iban a la librería. Al acercarse, vieron para su sorpresa a una multitud que se apretujaba en la puerta, tratando de entrar. El motivo de tal aglomeración lo proclamaba una gran pancarta colgada de las ventanas del primer piso.


GILDEROY LOCKHART

firmará hoy ejemplares de su autobiografía EL ENCANTADOR

de 12.30 a 16.30 horas

-Por eso es que Jonathan no nos aconsejaba venir a la librería justo ahora.- se burló Jane, mientras, con Demian, dejaban a Michael, Rose y Remus afuera de la librería, tratando de pasar por entre medio de todo el gentío.

-¿No será ése Harry Potter?- escucharon ambos jóvenes de pronto.

-Oh, no.- susurró Jane, girándose junto a Demian hacia donde la multitud se hacía a un lado, cuchicheando emocionada. Lockhart se dirigió hacia Harry y cogiéndolo del brazo lo llevó hacia delante. La multitud aplaudió. Jane notaba la cara encendida de su hermano cuando Lockhart le estrechó la mano ante el fotógrafo, que no paraba un segundo de sacar fotos, ahumando a los Weasley.

-Y ahora sonríe, Harry.- le pidió Lockhart con su sonrisa deslumbrante -Tú y yo juntos nos merecemos la primera página.- Cuando le soltó la mano, Harry parecía tener los dedos entumecidos. Jane se dio cuenta de como se movía en dirección a los Weasley, pero Lockhart le pasó el brazo por los hombros y lo retuvo a su lado.

-Señoras y caballeros.- dijo en voz alta, pidiendo silencio con un gesto de la mano -¡Éste es un gran momento! ¡El momento ideal para que les anuncie algo que he mantenido hasta ahora en secreto! Cuando el joven Harry entró hoy en Flourish y Blotts, sólo pensaba comprar mi autobiografía, que estaré muy contento de regalarle.- La multitud aplaudió de nuevo -Él no sabía- continuó Lockhart, zarandeando a Harry de tal forma que las gafas le resbalaron hasta la punta de la nariz -que en breve iba a recibir de mí mucho más que mi libro El encantador. Harry y sus compañeros de colegio contarán con mi presencia. ¡Sí, señoras y caballeros, tengo el gran placer y el orgullo de anunciarles que este mes de septiembre seré el profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras en el Colegio Hogwarts de Magia!- Mientras la multitud aplaudía y vitoreaba al mago, Harry fue obsequiado con las obras completas de Gilderoy Lockhart, ante la mirada de lástima de Jane. Tambaleándose un poco bajo el peso de los libros, el chico logró abrirse camino desde la mesa de Gilderoy, en que se centraba la atención del público, hasta el fondo de la tienda, donde la menor de los Weasley aguardaba junto a su caldero nuevo. Tras pagar velozmente sus propios libros, Jane y Demian lograron ir a dejarle sus propios libros a Remus y Rose, antes de darse cuenta de la pelea que acaba de estallar en el interior de la librería.

-¿Ese es el señor Weasley?- se sorprendió Demian poniéndose las manos encima de la boca.

-¡Sí!- chilló Jane con alegría -Y si no me equivoco, ese es el padre de Malfoy.- agregó al reconocer la cabellera plateada del segundo hombre.

-¡Caballeros, por favor, por favor!- gritó un empleado. Y luego, más alto que las otras voces, se oyó:

-¡Basta ya, caballeros, basta ya!- Hagrid vadeaba el río de libros para acercarse a ellos. En un instante, separó al señor Weasley del señor Malfoy. El primero tenía un labio partido, y al segundo, una Enciclopedia de setas no comestibles le había dado en un ojo. El señor Malfoy sujetaba en la mano un viejo libro sobre transformación. Se lo entregó a la menor de los Weasley, con la maldad brillándole en los ojos.

-Toma, niña, ten tu libro, que tu padre no tiene nada mejor que darte.- Librándose de Hagrid, que lo agarraba del brazo, hizo una seña a Draco y salieron de la librería.

-No debería hacerle caso, Arthur.- dijo Hagrid, ayudándolo a levantarse del suelo y a ponerse bien la túnica -En esa familia están podridos hasta las entrañas, lo sabe todo el mundo. Son una mala raza. Vamos, salgamos de aquí.- alcanzó a escuchar Jane. Dio la impresión de que el empleado quería impedirles la salida, pero a Hagrid apenas le llegaba a la cintura, y se lo pensó mejor. Se apresuraron a salir a la calle. Los padres de Hermione todavía temblaban del susto y la señora Weasley, que iba a su lado, estaba furiosa.

-¡Qué buen ejemplo para tus hijos..., peleando en público! ¿Que habrá pensado Gilderoy Lockhart?- exclamó la mujer mientras Jane observaba de reojo hacia Harry.

-Estaba encantado.- repuso Fred cogiéndole la mano a su novia -¿No le oísteis cuando salíamos de la librería? Le preguntaba al tío ese de El Profeta si podría incluir la pelea en el reportaje. Decía que todo era publicidad.- Los ánimos ya se habían calmado cuando el grupo llegó a la chimenea del Caldero Chorreante, donde Harry, los Weasley y todo lo que habían comprado volvieron a La Madriguera utilizando los polvos flu. Antes se despidieron de Jane, Remus, Demian, Michael y Rose que se iban en taxi, y de los Granger, que abandonaron el bar por la otra puerta, hacia la calle muggle que había al otro lado. El señor Weasley iba a preguntarles cómo funcionaban las paradas de autobús, pero se detuvo en cuanto vio la cara que ponía su mujer. Mientras Jane se adormilaba en el taxi, entre Demian y Michael, Remus miraba preocupado por la ventana. El haber visto al menor de los hijos de su mejor amigo le había dejado huella, y agradecía profundamente el que tuviera una familia tan acogedora en los Weasley, sobretodo después de haberse enterado del trato que su familia muggle le daba.

-¿Te encuentras bien, Remus?- preguntó Jane mientras su padrino la ayudaba a guardar sus cosas en su baúl.

-Sí, tranquila. Sólo fue el shock de ver a tu hermano.- respondió Remus, cerrando todo con fuerza y acompañando a la chica a la cocina a por un chocolate caliente.

-Lo entiendo. Me pasó lo mismo. Se parece mucho a mí y a papá, ¿verdad?- lo último que Jane preguntó hizo que Remus girara de golpe su cabeza hacia ella, dándose cuenta de que la chica tenía razón. De no ser porque su ahijada no necesitaba de lentes, ella hubiera pasado perfectamente por la melliza de James, por lo que aquello podría hacerle problemas con Harry.

-¿Qué tanto te complica dejarte el pelo largo?- preguntó Remus.

-No me gusta tenerlo en los ojos.- refunfuñó Jane -Pero podría intentarlo si eso hace que la gente no se dé cuenta de mi parecido con Harry.- agregó al darse cuenta del miedo en la cara de su padrino.

-¿Quieres que te lo haga crecer con magia para que no crezca de manera dispareja?- propuso Remus sacando su varita.

-¿Puedes hacer eso?- preguntó Jane con sorpresa en los ojos -Entonces, sí. Así veo a qué me parezco y si me gusta.- agregó tras el asentimiento de su padrino. El hombre lobo sonrió al hacer girar su varita entre sus dedos, poniéndose detrás de Jane, tras lo cual, empezó a mover su varita por el cabello de la chica, haciendo que el pelo creciera con cuidado alrededor de su cara, haciendo que el pelo cayera hasta por debajo de sus hombros.

-Listo.- soltó Remus haciendo aparecer un espejo en frente de Jane. En un principio, la chica no se supo reconocer con el pelo rodeándole la cara, sin embargo, la cicatriz de su ojo le dio la bienvenida como si no hubiera cambio alguno entre ambos cortes.

-Está perfecto.- sonrió la chica antes de besar la mejilla de su padrino e irse a dormir.


Lo siento mucho. Si es que aún hay alguien por allí, me disculpo mil veces con ustedes. El inicio de año fue un desastre y no tuve tiempo de escribir, excepto para un concurso. Crucemos los dedos para que todo vaya bien.

Saludos

MSebastián ;)



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