Historia al azar: The Cinderella Of The Marauder
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La Sangre llama a la Sangre » Enfermería
La Sangre llama a la Sangre (ATP)
Por MSebastian
Escrita el Domingo 13 de Noviembre de 2016, 14:43
Actualizada el Martes 12 de Enero de 2021, 18:42
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Enfermería

Capítulos
  1. El orfanato
  2. Lechuzas
  3. Familia
  4. Hogwarts
  5. Amistades y enemistades
  6. Los gemelos Weasley
  7. Guerra de Bromas
  8. Lecciones de vuelo
  9. Cumpleaños feliz
  10. Halloween
  11. Secretos del Director
  12. Poderosos encantamientos
  13. Navidad en familia
  14. ¿Hermano?
  15. El Bosque Prohibido
  16. El Cuarteto del Terror
  17. El Que no Debe ser Nombrado
  18. Casa
  19. Unas vacaciones movidas
  20. El niño nuevo
  21. Regreso a las andanzas
  22. El Trío del Terror
  23. Entrenamiento de Quidditch
  24. Quirrell
  25. El Troll de Halloween
  26. Harry en peligro
  27. Navidad
  28. Flamel
  29. Problemas
  30. Conociendo a Harry
  31. Pasando la trampilla
  32. El hombre con dos caras
  33. Enfermería
  34. Casa es donde el corazón está
  35. Malas noticias por lechuza
  36. Fama
  37. Golpes y peligro
  38. Nuevo profesor de defensa (Ahem, ¡inútil!)
  39. Enemigos
  40. Más secretos
  41. La advertencia
  42. Siempre Halloween
  43. La bludger loca
  44. Club de duelo
  45. De águilas y leones
  46. Banda de inútiles que no se toman nada enserio
  47. Más y más problemas
  48. Advertencias
  49. Y de vuelta al bosque
  50. La Cámara de los Secretos
  51. El Heredero de Slytherin
  52. Festín a medianoche
  53. La peor noticia del año
  54. La mejor noticia del año
  55. Las cosas no pueden empeorar
  56. Un Dementor en el Hogwarts Express
  57. Hagrid no se lo merece
  58. Tío Remus al rescate
  59. Halloween bajo las estrellas
  60. Promesas
  61. Navidades sin Remus
  62. Patronus
  63. Quidditch contra hermanos

Para cuando Jane despertó, sintió como si es que todo su cuerpo estuviera hecho de marshmallow y su cabeza le palpitaba con fuerza. La azabache se enderezó sobre sus codos y trató de sentarse, cuando una mano se posó encima de su hombro.

-¿Profesor Dumbledore?- preguntó Jane con preocupación al ver al anciano sentado en una silla entre su cama y otra.

-¿Dónde está Harry?- agregó la chica con tanta preocupación en la voz que Dumbledore no pudo sino sonreír ante la preocupación de la chica.

-Tranquila, señorita Potter. Su hermano se encuentra en la cama de al lado. La señora Pomfrey dice que debería tardar otro poco en despertar.- explicó el profesor, con una sonrisa ante la cara de Jane por haber utilizado su apellido correcto.

-¿Piensa decírselo ahora?- soltó Jane sin preámbulos.

-Lo siento, pero no. Aún no es momento para que él se entere de que su hermana sigue viva.- respondió Dumbledore soltando un suspiro. Ambos se quedaron en silencio por un largo rato, tras lo cual, Jane se sacó la mano del director de encima de su hombro y se enderezó por completo para lanzarle una mirada de reojo a su hermano. Visto así, el chico parecía mucho menor de lo que realmente era, y los ojos cerrados le daban la misma apariencia que la que su padre tenía en las fotos que le había regalado Remus.

-Tuvimos suerte de que llegó.- murmuró Jane, cerrando los ojos.

-Yo no tuve nada que ver con eso, Jane. Pero creo que es mejor que Harry esté despierto antes de poder conversar con tranquilidad sobre lo que pasó.- replicó el profesor.

-¿Está seguro de que estará bien?- preguntó Jane, pero el ingreso de la enfermera hizo que Dumbledore se viera dispensado de responder.

-Por fin despertó, señorita Porter.- gruñó la enfermera adelantándose para tomarle la temperatura a la chica -¿No le importaría no venir a verme doce veces al año?- agregó a modo de queja, tras lo cual, tiró una cortina sobre la cama de la chica y la empezó a examinar con mayor cuidado. Para cuando la enfermera hubo terminado con la chica, ambas se dieron cuenta de que el profesor Dumbledore había abandonado el lugar, dejando una nota que indicaba que Jane podía recibir visitas si lo deseaba, sobretodo considerando que sus amigos esperaban por ella detrás de la puerta de la enfermería. Refunfuñando entre dientes, la enfermera dejó pasar a Demian, Thomas, Hermione y Ron, aunque aquellos últimos dos sólo le sonrieron antes de dirigirse a la cama de Harry a sostenerle la mano.

-¿Se encuentran bien?- preguntó Jane mirando hacia la cabeza de su mejor amigo.

-Yup, tranquila, la señora Pomfrey me entregó una poción y fue como si nada hubiera pasado.- le prometió Demian, más preocupado por Jane que por su propia salud.

-¿Qué les pasó a ustedes?- preguntó Thomas más pálido de lo normal, pero Jane negó con la cabeza y apuntó hacia los dos Gryffindor quienes parecían necesitar de un abrazo.

-Pine y Davies estában que echaban fuego ayer.- gruñó Thomas tratando de distraer a su amiga con algo que si le iba a importar.

-Igual que Wood de Gryffindor. Aunque al menos Pine entendió que estando en la enfermería sería imposible de que pudieras subirte a la escoba.- agregó el albino al ver la cara de preocupación de Jane.

-¿Y no podían cambiar la fecha del partido?- preguntó Jane sabiendo que fuera el resultado que fuera, Harry y ella se sentirían mal por todas las vacaciones.

-No. Lo siento, Jane. Hermione y yo hablamos con la profesora McGonagall y Wood, mientras que Demian y Ron hablaron con el profesor Flitwick y Davies, no hubo caso.- agregó el chico albino poniendo una mano encima del hombro de su mejor amiga, pero Jane se quedó en silencio, bajando la vista y dándoles a entender a sus amigos que deseaba estar sola. De inmediato, Thomas cogió a Demian del brazo, y los dos se retiraron de la enfermería, no sin antes lanzarle una mirada a Harry en la cama al lado de Jane. Ante la partida de los dos Ravenclaw, Hermione y Ron se vieron en la obligación de hacer lo mismo, no fuera la señora Pomfrey a llegar a echarlos. Jane se sorprendió a sí misma pensando en qué podría haber hecho para evitar el descalabre que se le vendría por no haber asistido al juego.

-No fue tu culpa.- pensó la chica, pero a pesar de ese pensamiento, su vocecita interna seguía culpándose, quizás no por no haber asistido al partido, sino por haber permitido que Harry los acompañara. Lo único que se le ocurrió hacer para dejar de pensar en aquello, fue tomarse de golpe el vaso que se encontraba encima de su mesita de noche, sintiéndose flotar en el aire.

-¿Puedo pasar?- preguntó una voz desde la puerta de la enfermería. Cuando Jane levantó la mirada, sus ojos se cruzaron con los ojos púrpura de Grant, quien sostenía entre sus manos una canasta llena de dulces mágicos y muggles. Tras un asentimiento de la pelinegra, el chico Slytherin se adelantó y se sentó en la silla que Dumbledore había ocupado con anterioridad, tendiendole la canasta a Jane para que sacara algún dulce.

-Gracias.- murmuró Jane tomando una barra Mars de entre el montón de dulces.

-No hay de qué. Escuché a tus amigos ayer diciendo que estabas en la enfermería, así que pensé que algo dulce te levantaría el ánimo. Te hubiera traído chocolate caliente, pero sé que prefieres preparártelo tú misma.- explicó el chico de verde mientras sacaba una barra de regaliz y se la ponía entre los dientes.

-La otra vez no tuve minuto de preguntarte, pero, ¿eres nacido de muggles?- se sorprendió la chica con una sonrisa mientras mordía con fuerza su barra de chocolate muggle.

-¿Yo?- preguntó Grant elevando su voz en una octava -Pfft. No. Yo soy mestizo. Padre muggle, madre maga.- explicó esquivando la mirada de la chica -Cien por ciento mestizo. Tengo tanto de sangre mágica como de sangre muggle.- agregó como confirmación final.

-¿Grant? No es malo ser nacido de muggles.- soltó Jane con preocupación al ver como el chico de pelo azul se atragantaba con sus propias palabras -Mi mejor amigo es nacido de muggles. Yo no tengo problemas con la gente nacida de muggles. Mi madre era nacida de muggles.- agregó poniendo su mano encima del hombro del chico. A pesar de que recién se habían conocido la noche después del castigo en el bosque prohibido, Jane había logrado ver en el muchacho algo más allá de su corbata verde, algo que no había conseguido ver en la crueldad de Daniel Sten y en la estupidez de Draco Malfoy. Ninguno de los dos se consideraba realmente amigo del otro, más al tolerarse y preocuparse, como lo estaba haciendo en aquel momento Grant, Jane esperaba que lograran tener al menos una relación cordial y de confianza entre ambos.

-Está bien. Aunque no sé si soy nacido de muggles. Mi madre abandonó a mi padre cuando yo recién había nacido.- explicó el chico -Y sí, mi padre es muggle, pero puede que mi madre haya sido una bruja.- agregó el chico con un tono de desafío en la voz. Jane solo sonrió de costado al darse cuenta de que había conseguido lo que buscaba, que era que el chico de Slytherin confiara en ella, por lo que decidió que ella también debía confiar en él con algo importante.

-Hey, Grant. ¿Quieres saber algo de mí?- preguntó la chica al ver como Grant seguía con la mirada baja. Al sentir más que ver el asentimiento del peliazul, Jane se enderezó un poco y miró hacia la cama de Harry, para asegurarse que su hermano aún no hubiera despertado. Aún le preocupaba su palidez extrema y el hecho de que seguía desmayado, pero la señora Pomfrey ya le había asegurado de que era imposible de que fuera lo que fuera lo que le hubiera pasado fuera intratable para ella.

-Mi apellido no es Porter como todo el colegio parece creer.- dijo la chica -Sino…- Jane inspiró con fuerza, preguntándose si es que era una buena idea, tras lo cual, soltó de golpe -... soy Jane Emily Potter Evans. Hija mayor de James Potter y Lily Evans, y hermana de Harry James Potter.- soltó a toda velocidad. La mandíbula de Grant se desencajó de golpe, y se quedó mirando hacia Jane con los ojos tan desorbitados, que Jane se temió que se le saltaran de sus órbitas y cayeran al piso. Con una mano, Grant buscó detrás de sí, como si necesitara sentarse, algo que Jane consideró ridículo, siendo que estaba sentado en una silla con el respaldo pegado a su espalda.

-Potter… no Porter…- murmuró Grant como tratando de entender lo que Jane le acababa de decir.

-Vaya. ¿Eso nos convierte en amigos entonces?- preguntó tendiéndole de nuevo la canasta.

-Sí, supongo que sí.- replicó Jane esquisando una sonrisa mientras sacaba una rana de chocolate.

-Mmm… Godric Gryffindor.- murmuró Jane con una sonrisa malévola en la cara sin dejar que Grant la escuchara. Antes de que Grant se pudiera dar cuenta, Jane le pasó la lengua a la parte de atrás de la tarjeta y se la pegó en la frente a su compañero.

-Beurk, ¿qué es esto?- se quejó Grant queriendo quitársela de la cabeza, pero Jane le tendió una rana sin abrir, haciéndole gestos para que hiciera lo mismo.

-¿Cuánta poción para el dolor te tomaste?- preguntó Grant dándose cuenta de que el comportamiento de la chica no era su comportamiento habitual con él.

-Ni idea.- replicó con sinceridad Jane antes de hacerle un gesto para que Grant hiciera lo mismo que ella había hecho. En cuanto Grant hubo abierto su tarjeta, descubriendo a Rowena Ravenclaw, por lo que hizo lo mismo que Jane, pasándole la lengua y poniéndosela en la frente a su compañera.

-¿Soy… bonita?- preguntó Jane con interés.

-Depende del gusto. Para mí gusto, sí, un poco.- respondió Grant -¿Soy un hombre?- agregó al darse cuenta de qué era lo que estaba planeando Jane.

-Yup. Hecho y derecho.- replicó Jane con una sonrisa de oreja a oreja. -¿Soy mujer?-

-Por supuesto, no encuentro atractivos a los hombres.- se quejó el Slytherin con preocupación en la voz -¿Soy… viejo?-

-¿Tú o tu personaje? Porque tu personaje es muy viejo, pero tú eres muy niño.- respondió Jane antes de que le diera un ataque de risa. Ante el ruido, la enfermera salió de su pieza y fue a ver qué era lo que estaba pasando, por lo que el juego tuvo que acabar de golpe, aunque Jane igualmente pudo disfrutar de la mirada asesina que Grant le lanzó al darse cuenta de a quién tenía en la frente. Pero la diversión le duró poco, ya que la señora Pomfrey le exigió reposo absoluto, sin visitas, al menos por otros dos días. Con un fuerte suspiró, la chica se estiró de todo su largo en la cama, esperando poder dormir como su hermano para hacer pasar el tiempo más rápido. Tras una noche eterna, Jane se encontraba con los ojos abiertos, mirando el techo de la habitación, esperando que la enfermera se apiadara de ella y la dejara salir antes.

-Ni hablar, señorita Porter.- replicó la enfermera entregándole su desayuno antes incluso de que Jane pudiera abrir su boca.

-Pero…-

-Pero, nada señorita Porter.-

-Al menos las visitas.- suplicó Jane sin dejar su brazo a torcer. La enfermera levantó los ojos al cielo, pero se dió cuenta de que la chica parecía a punto de volverse loca sin compañía.

-Está bien. Puedes tener las visitas de nuevo. Pero nada de andar metiendo ruido o será cero visita de nuevo, ¿entendido?- gruñó la señora Pomfrey abriendo la puerta de la enfermería y dejando entrar a Demian y Thomas, quienes venían con unas tazas y un termo.

-¿De dónde sacaron eso?- preguntó Jane con sorpresa al ver a sus amigos abrir el termo y servir tres tazas de chocolate caliente.

-Lo envió Remus. Dijo que lo necesitarías y que lamentaba mucho no poder venir, pero la luna llena lo dejó muy debilitado esta vez.- explicó Demian con una sonrisa, tendiéndole una taza a su amiga.

-Ah, y dijo que estaba muy molesto por el que hayas ido tú sola tras Quién-no-Debe-ser-Nombrado.- agregó Thomas, sabiendo que su amigo no se lo iba a mencionar a Jane.

-Urgh… es injusto.- se quejó Jane sorbiendo de su chocolate caliente con una sonrisa en la cara -Me va a asesinar cuando llegue a casa.- agregó con una mueca, conociendo de sobra a su padrino como para saber que estaría furioso.

-Agradece que te envió chocolate caliente.- sonrió Demian, disfrutando de la taza que tenía entre sus manos. Los tres se quedaron en silencio, disfrutando de las pequeñeces de la vida, y tratando de no mirar con demasiado detenimiento hacia la cama de Harry.

-¿Se puede?- preguntaron un par de cabelleras pelirrojas, mirando hacia todas partes para asegurarse que la enfermera no se encontraba por ninguna parte.

-Ya me parecía extraño que ninguno de ustedes trataría de aprovecharse de mi enfermedad para hacer alguna de sus tonteras.- sonrió Jane al reconocer a los gemelos Weasley, quienes pusieron caras de ofendidos.

-Eso es bajo, Porter.- refunfuñó George con una sonrisa diabólica -Nos enteramos que estás enferma, te venimos a ver y así nos tratas.- se quejó con una lágrima de cocodrilo mientras ingresaba a la pieza con los brazos cargados con golosinas mágicas al igual que su hermano. George dejó su cargamento encima de la mesa de Harry, mientras Fred hacía lo mismo pero en la mesa a los pies de Jane.

-¿Y esto?- se extrañó la chica.

-Bueno, todo el colegio se enteró de que ustedes se enfrentaron a Quirrell, así que son regalos de amigos y admiradores.- respondió Fred guiñándole un ojo a la chica, dejando un paquete rojo encima de la pila de dulces. Jane enrojeció de inmediato, ante las caras boquiabiertas de Demian y Thomas quienes la estaban viendo así por primera vez en su vida, pero la chica fue salvada a tiempo de un interrogatorio por la enfermera, quien había visto el paquete con un lazo rojo que los gemelos habían dejado encima de la cama de Harry.

-¡¿Pero cómo se les ocurre traer esa cosa tan poco higiénica en un lugar donde los alumnos se están recuperando?!- gritó la enfermera -¡Fuera!- agregó, su varita en alto, expulsando a todos los presentes de la enfermería, sin importarle quienes habían llevado qué cosa. En un veloz movimiento, Demian consiguió dejarle el termo a su amiga, de modo tal que no se sintiera tan mal al estar sola de nuevo. En cuanto la pelinegra se hubo asegurado que la enfermera estaba de vuelta en su oficina, Jane salió de su cama y se acercó cautelosamente a la cama de Harry, queriendo tomarle el pulso y quitarle un mechón de pelo de encima de sus ojos, sabiendo que si su hermano era como ella, entonces los mechones de pelo encima de sus ojos eran lo peor del mundo. Tras haber cuidado un poco de Harry, Jane regresó a su cama, aunque cogió el paquete que Fred había dejado encima de sus dulces y se lo puso en sus rodillas, mientras se mordía el labio, preguntándose si es que valdría la pena o no el abrir un paquete de la dudosa proveniencia de los gemelos Weasley.

-A la mierda.- pensó para sus adentros mientras abría con cuidado el papel que envolvía el paquete, dejando caer un sobre dorado y su album de fotografías. Preguntándose cómo es que Fred habría conseguido su posesión más preciada, Jane abrió el sobre encontrándose con una carta y una docena de fotos tomadas durante el año, de ella y sus amigos, los cuales, por alguna razón, incluían a los gemelos Weasley y sus bromas, tanto de aquel año como del previo.

Jane; sé que no siempre nos hemos visto cara a cara, pero creo que corresponde que tengas estas fotos. Charlie me mencionó que te habían regalado un album el año pasado y pensé que estas fotos merecían estar allí también.

Qué conste que cuando vi a Ron y Hermione corriendo por el pasillo, gritando como dementes acerca de Harry y de ti, mi primera reacción fue de preocupación por ti, aunque Harry tomó su posición también.

Creo que eres una chica fantástica y me gustaría que tuviéramos una oportunidad más allá de nuestra rivalidad amistosa con respecto a las bromas. Tenemos lo suficiente en común como para ser amigos.

Con cariño (y esperando que Eames no me mate)

Fred Weasley


Al terminar de leer su carta, Jane tenía una sonrisa en la cara. Nunca le había gustado algún chico, por lo que no tenía ni idea de si es que era posible que le gustara alguien, sin embargo, recordó el beso en la mejilla que le había dado a Alexander Pine frente al pelirrojo, y recordó sus ansias por poner a alguien celoso, estando segura de que no era para Demian, a quien veía como un hermano, o Thomas, quien ni siquiera estaba prestando atención a lo que estaba pasando a su alrededor en aquel momento.

-Yup, puede que no sea amor, pero definitivamente algo te atrae de Fred Weasley.- sonrió la chica para sus adentros, sirviéndose otra taza de chocolate caliente.

*

Para cuando llegó el tercer día, Dumbledore estaba de vuelta en su visita habitual para ver como estaban los hermanos Potter, cuando sucedió. Harry pestañeó un par de veces e hizo un extraño movimiento, como si quisiera atrapar algo frente a él.

-Buenas tardes, Harry.- dijo Dumbledore. Harry lo miró asombrado. Entonces recordó.

-¡Señor! ¡La Piedra! ¡Era Quirrell! ¡Él tiene la Piedra! Señor, rápido…-

-Cálmate, qúerido muchacho, estás un poco atrasado.- dijo Dumbledore -Quirrell no tiene la Piedra.- agregó el profesor mientras Jane se reprendía mentalmente por no haber recordado aquel importante detalle, aunque, para su defensa, la seguridad de Harry era más importante que un pedazo de roca.

-¿Entonces quién la tiene? Señor, yo…- trató de continuar Harry, pero Dumbledore lo interrumpió.

-Harry, por favor, cálmate, o la señora Pomfrey me echará de aquí.- Harry tragó y miró alrededor. Se dio cuenta de que debía de estar en la enfermería. Estaba acostado en una cama, con sábanas blancas de hilo, y cerca había una mesa, con una enorme cantidad de paquetes, que parecían la mitad de la tienda de golosinas.

-Regalos de tus amigos y admiradores.- dijo Dumbledore, radiante -Lo que sucedió en las mazmorras entre ustedes y el profesor Quirrell es completamente secreto, así que, naturalmente, todo el colegio lo sabe. Creo que tus amigos, los señores Fred y George Weasley, son responsables de tratar de enviarte un inodoro. No dudo que pensaron que eso te divertiría. Sin embargo, la señora Pomfrey consideró que no era muy higiénico y lo confiscó.

-¿Cuánto tiempo hace que estamos aquí?- preguntó Harry sonriéndole de costado a Jane al ver que esta se encontraba sentada en su cama mirándolo fijamente.

-Tres días. El señor Ronald Weasley y la señorita Granger estarán muy aliviados al saber que has recuperado el conocimiento. Han estado sumamente preocupados.-

-Pero señor, la Piedra…-

-Veo que no quieres que te distraiga. Muy bien, la Piedra. El profesor Quirrell no te la pudo quitar. Yo llegué a tiempo para evitarlo, aunque debo decir que lo estaban haciendo muy bien ustedes.- sonrió el profesor Dumbledore dirigiéndose a ambos hermanos.

-¿Usted llegó? ¿Recibió la lechuza que envió Hermione?-

-Nos debimos cruzar en el aire. En cuanto llegué a Londres, me di cuenta de que el lugar en donde debía estar era el que había dejado. Llegué justo a tiempo para quitarte a Quirrell de encima…-

-Fue usted.-

-Tuve miedo de haber llegado demasiado tarde.-

-Casi fue así, no habría podido aguantar mucho más sin que me quitara la Piedra…-

-No por la Piedra, muchacho, por ti... El esfuerzo casi te mata. Durante un terrible momento tuve miedo de que fuera así. En lo que se refiere a la Piedra, fue destruida.-

-¿Destruida?- dijo Harry sin entender -Pero su amigo... Nicolás Flamel…- agregaron ambos Potter al unison.

-¡Oh, saben lo de Nicolás!- dijo contento Dumbledore -Hicieron bien los deberes, ¿no es cierto? Bien, Nicolás y yo tuvimos una pequeña charla y estuvimos de acuerdo en que era lo mejor.-

-Pero eso significa que él y su mujer van a morir, ¿no?- preguntó Jane, deslizándose de su cama para ir a sentarse al otro lado de Harry.

-Tienen suficiente Elixir guardado para poner sus asuntos en orden y luego, sí, van a morir.- Dumbledore sonrió ante la expresión de desconcierto que se veía en el rostro de Harry.

-Para alguien tan joven como ustedes, estoy seguro de que parecerá increíble, pero para Nicolás y Perenela será realmente como irse a la cama, después de un día muy, muy largo. Después de todo, para una mente bien organizada, la muerte no es más que la siguiente gran aventura. Sabes, Harry, la Piedra no era realmente algo tan maravilloso. ¡Todo el dinero y la vida que uno pueda desear! Las dos cosas que la mayor parte de los seres humanos elegirían... El problema es que los humanos tienen el don de elegir precisamente las cosas que son peores para ellos.- Harry yacía allí, sin saber qué decir. Dumbledore canturreó durante un minuto y después sonrió hacia el techo.

-¿Señor?- dijo Harry -Estuve pensando... Señor, aunque la Piedra ya no esté, Vol... quiero decir Quién-usted-sabe…-

-Llámalo Voldemort, Harry. Utiliza siempre el nombre correcto de las cosas. El miedo a un nombre aumenta el miedo a la cosa que se nombra.- lo interrumpió Jane antes de que Dumbledore pudiera siquiera abrir la boca.

-Ni siquiera yo lo podría haber dicho mejor.- sonrió el director con una sonrisa de oreja a oreja.

-Sí, señor. Bien, Voldemort intentará volver de nuevo, ¿no? Quiero decir... No se ha ido, ¿verdad?-

-No, Harry, no se ha ido. Está por ahí, en algún lugar, tal vez buscando otro cuerpo para compartir... Como no está realmente vivo, no se le puede matar. Él dejó morir a Qui rrell, muestra tan poca misericordia con sus seguidores como con sus enemigos. De todos modos, Harry, tú tal vez has retrasado su regreso al poder. La próxima vez hará falta algún otro preparado para luchar y, si lo detienen otra vez y otra vez, bueno, puede ser que nunca vuelva al poder.- Harry asintió, pero se detuvo rápidamente, porque eso hacía que le doliera más la cabeza.

-Señor, hay algunas cosas más que me gustaría saber, si me las puede decir... cosas sobre las que quiero saber la verdad…- murmuró el azabache.

-La verdad.- Dumbledore suspiró -Es una cosa terrible y hermosa, y por lo tanto debe ser tratada con gran cuidado. Sin embargo, contestaré tus preguntas a menos que tenga una muy buena razón para no hacerlo. Y en ese caso te pido que me perdones. Por supuesto, no voy a mentirte.-

-Bien... Voldemort dijo que sólo mató a mi madre porque ella trató de evitar que me matara. Pero ¿por qué iba a querer matarme a mí en primer lugar?- Jane también se preguntaba aquello, pero, en aquel minuto, Dumbledore suspiró profundamente.

-Vaya, la primera cosa que me preguntas y no puedo contestarte. No hoy. No ahora. Lo sabrás, un día... Quítatelo de la cabeza por ahora, Harry. Cuando seas mayor... ya sé que eso es odioso... bueno, cuando estés listo, lo sabrás.- Y Harry supo que no sería bueno discutir.

-¿Y por qué Quirrell no podía tocarme?- preguntó el muchacho.

-Tu madre murió para salvarte. Si hay algo que Voldemort no puede entender es el amor. No se dio cuenta de que un amor tan poderoso como el de tu madre hacia ti deja marcas poderosas. No una cicatriz, no un signo visible... Haber sido amado tan profundamente, aunque esa persona que nos amó no esté, nos deja para siempre una protección. Eso está en tu piel. Quirrell, lleno de odio, codicia y ambición, compartiendo su alma con Voldemort, no podía tocarte por esa razón. Era una agonía el tocar a una persona marcada por algo tan bueno.- Entonces Dumbledore se mostró muy interesado en un pájaro que estaba cerca de la cortina, lo que le dio tiempo a Harry para secarse los ojos con la sábana.

-¿Y la capa invisible... sabe quién me la mandó?- preguntó Harry en cuanto pudo volver a hablar, sin ver la cara de sorpresa de Jane.

-Ah... Resulta que tu padre me la había dejado y pensé que te gustaría tenerla.- los ojos de Dumbledore brillaron, esquivando la mirada de Jane -Cosas útiles... Tu padre la utilizaba sobre todo para robar comida en la cocina, cuando estaba aquí.-

-Y hay algo más…-

-Dispara.-

-Quirrell dijo que Snape…-

-El profesor Snape, Harry.- lo corrigió Dumbledore.

-Sí, él... Quirrell dijo que me odia, porque odiaba a mi padre. ¿Es verdad?-

-Bueno, ellos se detestaban uno al otro. Como tú y el señor Malfoy. Y entonces, tu padre hizo algo que Snape nunca pudo perdonarle.-

-¿Qué?-

-Le salvó la vida.-

-¿Qué?-

-Sí…- dijo Dumbledore, con aire soñador -Es curiosa la forma en que funciona la mente de la gente, ¿no es cierto? El profesor Snape no podía soportar estar en deuda con tu padre... Creo que se esforzó tanto para protegerte este año porque sentía que así estaría en paz con él. Así podría seguir odiando la memoria de tu padre, en paz…- Harry trató de entenderlo, pero le hacía doler la cabeza, así que lo dejó.

-Y señor, hay una cosa más…-

-¿Sólo una?-

-¿Cómo pude hacer que la Piedra saliera del espejo? La última vez vi a mi familia y no pude hacerla salir del espejo…- lo último lo mencionó en un susurro, como dándose cuenta de que Jane se encontraba presente, pero la chica fingió estar interesada en su album de fotografías.

-Ah, bueno, me alegro de que me preguntes eso. Fue una de mis más brillantes ideas y, entre tú y yo, eso es decir mucho. Sabes, sólo alguien que quisiera encontrar la Piedra, encontrarla, pero no utilizarla, sería capaz de conseguirla. De otra forma, se verían haciendo oro o bebiendo el Elixir de la Vida. Mi mente me sorprende hasta a mí mismo…- explicó Dumbledore.

-¿Y la chica entre los brazos de mis padres en el espejo?- ante aquello, Dumbledore suspiró con preocupación.

-Tu hermana. Por razones de seguridad tuvimos que ponerlos en lugares separados, pero cuando llegue el momento, los presentaré como corresponde.- prometió el director, dirigiéndose, sin que Harry se diera cuenta, a los dos azabaches presentes. JAne tuvo que hacer acopio de toda su fuerza para no ir y soltar toda la verdad de golpe.

-Bueno, suficientes preguntas. Te sugiero que comiences a comer esas golosinas. Ah, las grageas de todos los sabores. En mi juventud tuve la mala suerte de encontrar una con gusto a vómito y, desde entonces, me temo que dejaron de gustarme. Pero creo que no tendré problema con esta bonita gragea, ¿no te parece?- Sonrió y se metió en la boca una gragea de color dorado. Luego se atragantó.

-¡Ay de mí! ¡Cera del oído!- se atragantó mientras tosía con fuerza ante la risita de Jane.

*

La señora Pomfrey era una mujer buena, pero muy estricta.

-Sólo cinco minutos.- suplicó Harry.

-Ni hablar.-

-Usted dejó entrar al profesor Dumbledore…- siguió Harry, tratando de que Jane lo apoyara.

-Bueno, por supuesto, es el director, es muy diferente. Necesitas descansar.-

-Estamos descansando, mire, acostados y todo lo demás.- intervino Jane con una sonrisa sarcástica.

-Oh, vamos, señora Pomfrey…- agregó Harry apuntando hacia sí mismo, demostrando que Jane tenía razón.

-Oh, está bien.- dijo -Pero sólo cinco minutos.- Y dejó entrar a Ron y Hermione, y a Demian y Thomas justo detrás.

-¡Harry!- Hermione parecía lista para lanzarse en sus brazos, pero Harry se alegró de que se contuviera, porque le dolía la cabeza.

-Oh, Harry; estábamos seguros de que te... Dumbledore estaba tan preocupado.-

-Todo el colegio habla de ello.- dijo Ron -¿Qué es lo que realmente pasó?- Fue una de esas raras ocasiones en que la verdadera historia era aún más extraña y apasionante que los más extraños rumores. Entre Harry y Jane les contaron todo: Quirrell, el espejo, la Piedra y Voldemort. Ron, Hermione, Demian y Thomas eran muy buen público, jadeaban en los momentos apropiados y, cuando Harry les dijo lo que había debajo del turbante de Quirrell, Hermione gritó muy fuerte.

-¿Entonces la Piedra no existe?- dijo por último Ron.

-¿Y Flamel morirá?- agregó Demian con preocupación.

-Eso es lo que yo dije, pero Dumbledore piensa que... ¿cómo era?- se confundió Harry.

-"Para las mentes bien organizadas, la muerte es la siguiente gran aventura."- recordó Jane por él.

-Siempre dije que era un chiflado.- dijo Ron, muy impresionado por lo loco que estaba su héroe.

-¿Y qué os pasó a ustedes?- preguntó Harry.

-Bueno, yo volví,- dijo Hermione -con ayuda de Thomas, despertamos a Ron y a Demian (tardé un rato largo) y, cuando íbamos a la lechucería para comunicarnos con Dumbledore, lo encontramos en el vestíbulo de entrada, y él ya lo sabía, porque nos dijo: «Harry se fue a buscarlo, ¿no?», y subió al tercer piso.-

-¿Crees que él quería que lo hicieras?- dijo Ron -¿Enviándote la capa de tu padre y todo eso?-

-Bueno.- estalló Hermione interrumpiendo el reclamo de Jane sin saberlo -Si lo hizo... eso es terrible... te podían haber matado.-

-No, no fue así.- dijo Harry con aire pensativo -Dumbledore es un hombre muy especial. Yo creo que quería darme una oportunidad. Creo que él sabe, más o menos, todo lo que sucede aquí. Acepto que debía de saber lo que íbamos a intentar y, en lugar de detenernos, nos enseñó lo suficiente para ayudarnos. No creo que fuera por accidente que me dejó encontrar el espejo y ver cómo funcionaba. Es casi como si él pensara que yo tenía derecho a enfrentarme a Voldemort, si podía…-

-Bueno, sí, está bien.- dijo Ron -Escucha, debes estar levantado para mañana, es la fiesta de fin de curso. Ya están todos los puntos y Slytherin ganó, por supuesto. Te perdiste el último partido de quidditch. Sin ti, nos ganó Ravenclaw,-

-Lo sentimos por eso, pero nosotros también estábamos cortos de una jugadora.- lo interrumpió Demian, sin dejar que aquello les subiera mucho a la cabeza a sus dos amigos.

-... pero la comida será buena.- agregó Ron como si no lo hubieran interrumpido. En aquel momento, entró la señora Pomfrey.

-Ya habéis estado quince minutos, ahora FUERA.- exclamó con severidad.



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