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La Sangre llama a la Sangre » Pasando la trampilla
La Sangre llama a la Sangre (ATP)
Por MSebastian
Escrita el Domingo 13 de Noviembre de 2016, 14:43
Actualizada el Martes 12 de Enero de 2021, 18:42
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Pasando la trampilla

Capítulos
  1. El orfanato
  2. Lechuzas
  3. Familia
  4. Hogwarts
  5. Amistades y enemistades
  6. Los gemelos Weasley
  7. Guerra de Bromas
  8. Lecciones de vuelo
  9. Cumpleaños feliz
  10. Halloween
  11. Secretos del Director
  12. Poderosos encantamientos
  13. Navidad en familia
  14. ¿Hermano?
  15. El Bosque Prohibido
  16. El Cuarteto del Terror
  17. El Que no Debe ser Nombrado
  18. Casa
  19. Unas vacaciones movidas
  20. El niño nuevo
  21. Regreso a las andanzas
  22. El Trío del Terror
  23. Entrenamiento de Quidditch
  24. Quirrell
  25. El Troll de Halloween
  26. Harry en peligro
  27. Navidad
  28. Flamel
  29. Problemas
  30. Conociendo a Harry
  31. Pasando la trampilla
  32. El hombre con dos caras
  33. Enfermería
  34. Casa es donde el corazón está
  35. Malas noticias por lechuza
  36. Fama
  37. Golpes y peligro
  38. Nuevo profesor de defensa (Ahem, ¡inútil!)
  39. Enemigos
  40. Más secretos
  41. La advertencia
  42. Siempre Halloween
  43. La bludger loca
  44. Club de duelo
  45. De águilas y leones
  46. Banda de inútiles que no se toman nada enserio
  47. Más y más problemas
  48. Advertencias
  49. Y de vuelta al bosque
  50. La Cámara de los Secretos
  51. El Heredero de Slytherin
  52. Festín a medianoche
  53. La peor noticia del año
  54. La mejor noticia del año
  55. Las cosas no pueden empeorar
  56. Un Dementor en el Hogwarts Express
  57. Hagrid no se lo merece
  58. Tío Remus al rescate
  59. Halloween bajo las estrellas
  60. Promesas
  61. Navidades sin Remus
  62. Patronus
  63. Quidditch contra hermanos

Tras la terrible noche del castigo, Jane y sus amigos siguieron con sus rutinas de estudio, a pesar de que Jane había tenido que recurrir de nuevo a la poción para bloquear sus sueños para poder dormir, ya que la tensión de haberse encontrado cara a cara con el hombre que había asesinado a sus padres y los había dejado, a ella y Harry, huérfanos, la mantenía constantemente al borde de la crisis de nervios. Tan angustiada estaba, que nunca entendió cómo lo había hecho para poder realizar todos sus exámenes cuando una parte de ella esperaba que a cada segundo Voldemort abriera la puerta del Gran Comedor y los atacara de golpe.

-Jane, tienes que comer.- refunfuñó Demian por tercera vez al ver que su amiga ni siquiera trataba de comer.

-Déjala, Eames. Si no quiere comer, que no lo haga. Mientras siga consumiendo líquido, no le pasará nada.- intervino Thomas a su lado, mientras le tendía un jugo de naranja a su amiga. Jane le agradeció con la mirada, tras lo cual, se tomó el líquido de golpe antes de rellenar su botella con la jarra de jugo de manzana a su lado.

-¿No quieres irte a acostar?- preguntó Demian al ver la palidez de su amiga a la vez que se levantaban para irse al borde del lago.

-Te prometo que me tomaré una siesta en algún minuto del día, pero Remus me tiene amenazada con respecto a la cantidad de sol que estoy tomando. Dice que si continuo sin salir, terminaré convirtiéndome en un vampiro.- replicó Jane levantándose con cuidado, obviando el sentimiento de mareo que le vino de golpe. En cuanto los tres estuvieron en el pasto, cada uno se echó en el piso, dejándose relajar con los exámenes terminados. Ninguno se dio cuenta cuando Jane se quedó dormida, más las pesadillas parecían haber remitido sin el estrés de los exámenes, por lo que, cuando se dieron cuenta, ni Thomas ni Demian se preocuparon. De pronto, la chica se despertó de golpe, levantándose a medias del pasto y mirando con preocupación hacia la cabaña de Hagrid, donde podía ver al guardabosques desgranando guisantes.

-¿Pasa algo, Jane?- preguntó Thomas.

-Fluffy… Hagrid jamás traicionaría a Dumbledore, pero y sí…- la chica dejó la frase sin terminar y se levantó de golpe, aunque se tuvo que sostener en sus amigos para no caerse. En un principio, los dos iban a insistir en que su amiga se fuera a acostar un rato a la sala común, cuando todo hizo click en sus mentes, y decidieron encaminarse de golpe hacia el guardabosques. A medida que se acercaban, empezaron a oír que Harry, Ron y Hermione también se habían decidido a pasar a visitar al gigante y le estaban haciendo la pregunta que ellos mismos le querían hacer.

-¿Te acuerdas de la noche en que ganaste a Norberto? ¿Cómo era el desconocido con el que jugaste a las cartas?- preguntó la voz de Harry mientras los Ravenclaw tendían la oreja, escondidos al lado de la cabaña.

-No lo sé.- dijo Hagrid sin darle importancia -No se quitó la capa.- Vio que los tres chicos lo miraban asombrados y levantó las cejas.

-No es tan inusual, hay mucha gente rara en el Cabeza de Puerco, el bar de la aldea. Podría ser un traficante de dragones, ¿no? No llegué a verle la cara porque no se quitó la capucha.-

Harry se dejó caer cerca del recipiente de los guisantes mientras Jane intercambiaba miradas con Demian, sabiendo que ambos estaban pensando lo mismo.

-¿De qué hablaste con él, Hagrid? ¿Mencionaste Hogwarts?- preguntó Harry con preocupación.

-Puede ser.- dijo Hagrid, con rostro ceñudo, tratando de recordar -Sí... Me preguntó qué hacía y le dije que era guardabosques aquí... Me preguntó de qué tipo de animales me ocupaba... se lo expliqué... y le conté que siempre había querido tener un dragón... y luego... no puedo recordarlo bien, porque me invitó a muchas copas.- aquella frase preocupó a Thomas, y el albino estaba por lanzarse hacia el castillo, pero la mano de Jane en su hombro lo retuvo al ver que Hagrid seguía contando su historia.

-Déjame ver... ah sí, me dijo que tenía el huevo de dragón y que podía jugarlo a las cartas si yo quería... pero que tenía que estar seguro de que iba a poder con él, no quería dejarlo en cualquier lado... Así que le dije que, después de Fluffy , un dragón era algo fácil.-

-¿Y él... pareció interesado en Fluffy ?- preguntó Harry, tratando de conservar la calma.

-Bueno... sí... es normal. ¿Cuántos perros con tres cabezas has visto? Entonces le dije que Fluffy era buenísimo si uno sabía calmarlo: tocando música se dormía en seguida…- en cuanto Hagrid pronunció la última sílaba, Jane, Demian y Thomas ya se habían largado hacia el castillo, preocupados por las consecuencias de lo que Hagrid había hecho.

-Dumbledore.- soltó Jane encaminandose hacia un pasillo que sus amigos desconocían, pero al llegar a la gárgola que protegía la escalera hacia la oficina de Dumbledore, descubrió que la profesora Sinistra estaba bajando de estas con cara de pocos amigos.

-Lo siento, chicos, pero el profesor Dumbledore se acaba de ir.- explicó la profesora de astronomía -Recibió una lechuza urgente del ministro de la Magia y salió para Londres de inmediato.- agregó como disculpa. Los tres amigos dejaron que la profesora se retirara antes de dirigirse a una sala vacía para conversar sobre el siguiente curso de acción.

-Será esta noche.- murmuró Jane con angustia.

-¿Esta noche? No, Jane. Sería demasiado arriesgado.- trató de tranquilizarla Thomas, pero la cara lívida de Demian a su lado no le era de mucha ayuda.

-Tenemos que avisarle a alguien. El profesor Flitwick. La profesora McGonagall. Alguien.- tartamudeó Demian tratando de pensar en alguna solución, pero para su desgracia, Jane ya se le había adelantado.

-¿Y les decimos qué? Dumbledore era el único al que podíamos ir con teorías y conspiraciones. Cualquier otro profesor nos va a pedir pruebas o bien castigar de por vida por meternos en asuntos que supuestamente no nos corresponden.- replicó la chica partiendo el razonamiento de Demian por la mitad.

-No, lo que voy a hacer es ir a comer algo contundente a las cocinas y en la noche me deslizaré hasta la trampilla para ganarle a quien sea que esté ayudando a Voldemort.- agregó Jane en un susurro antes de salir hacia las cocinas, sin dejarle tiempo a sus amigos para que pudieran replicar.

-¿Qué…? ¡Jane!- exclamó Thomas mientras Demian se lanzaba detrás de su amiga.

-¡Jane! ¡Jane, espera!- gritó Demian, tratando de agarrar a su amiga por el brazo, más se había olvidado del entrenamiento que habían tenido durante las vacaciones y se encontró lanzado por los aires, estrellándose de golpe contra una armadura. Ninguno de los dos chicos trató de parar a Jane, ni de gritarle para que se tranquilizara, sino que siguieron su rastro hasta las cocinas, donde vieron como despachaba a los elfos domésticos para prepararse ella misma una cena constituyente de huevo, pan, tomate y tocino en grandes cantidades.

-Jane, eso te va a hacer mal.- murmuró Thomas con precaución. Jane negó con la cabeza, tras lo cual, sirvió tres platos y empezó a comer a toda velocidad, mientras repasaba mentalmente el listado de hechizos que Remus había tenido tiempo de enseñarle durante las vacaciones. Había pensado en escribirle a su padrino, cuando recordó que su lechuza tardaría al menos un día entero en ir y volver, sin contar con que aquella noche era casi la luna llena, por lo que tendrían que arreglárselas solos.

-Muy bien,- soltó Thomas -puede que tu vayas a dirigirte a la trampilla, pero Demian y yo iremos contigo, sin discusión.- agregó el chico con una mirada tan testaruda como la de su amiga. Ambos mantuvieron un duelo de miradas, esperando que el otro desviara la vista antes, pero, al darse cuenta de que era un empate, Jane hizo un gesto de asentimiento cancino.

*

Para cuando la noche llegó y el castillo estuvo en silencio, Jane se deslizó por la puerta de la sala vacía en la que se había quedado con sus amigos y se puso el hechizo de desilusión antes de ponerlo encima de sus amigos. Los tres se encaminaron a toda velocidad hasta la trampilla del tercer piso habiendo acordado con anterioridad que Jane le cantaría a Fluffy para adormecerlo mientras los chicos movían al perro de tres cabezas. En cuanto llegaron, descubrieron que alguien ya había pasado, dejando un arpa a los pies del perro de tres cabezas.

-Aquí vamos.- susurró Jane tomando una gran bocanada de aire, tras lo cual, empezó a cantar la única canción que se sabía de memoria debido a las películas que pasaban en el orfanato. En cuanto entonó las primeras letras de "Migajas de Pan" de Mary Poppins, los ojos de Fluffy comenzaron a cerrarse. Poco a poco, los gruñidos se fueron apagando, se balanceó, cayó de rodillas y luego se derrumbó en el suelo, profundamente dormido.

-Sigue cantando.- susurró Thomas mientras se arrastraba hacia la trampilla. Podía sentir la respiración caliente y olorosa del perro mientras se aproximaba  a las gigantescas cabezas. Con muchas precauciones, Demian siguió a su amigo y, entre los dos, tiraron de la argolla de la trampilla, la cual se levantó y abrió sin dificultad alguna.

-¿Puedes ver algo?- preguntó Demian, sabiendo que debido a su albinismo, su mejor amigo era propenso a ver mejor que él en la oscuridad.

-Nada… no hay forma de bajar, hay que dejarse caer.- replicó Thomas mirando con preocupación hacia Jane, quien había empezado a entonar la canción por segunda vez. La chica negó con la cabeza, sabiendo que sus amigos esperaban que alguno de los hechizos que ella conocía les fueran de utilidad al momento de caer por la trampilla.

-Bueno… a la vida.- suspiró Thomas sentándose al borde de la trampilla y balanceando sus piernas antes de dejarse caer. Frío, aire húmedo mientras caía, caía y caía hasta que con un sonoro "¡PAF!" aterrizó en algo mullido, con un ruido suave y extraño.

-¡Lazo del Diablo!- exclamó el niño corriendo hasta la pared del fondo del pasillo antes de que la planta pudiera enrollarse alrededor de su cuerpo.

-¡¿Estás bien?!- soltó Demian con preocupación mientras Jane perdía el hilo de la canción por unos segundos.

-Sí, me moví a tiempo. Pero van a tener que dejarse caer y luego correr hacia la pared que se encontrará más lejana.- replicó Thomas, mientras murmuraba el hechizo que prendía su varita para poder ver qué era lo que había a su alrededor. En cuanto Demian cayó, las lianas empezaron a moverse de nuevo, más el chico había tenido el aviso de Thomas, por lo que se lanzó de inmediato a correr hacia el lugar donde la varita del albino desprendía un cálida luz.

-¿Vienes Jane?- gritó Demian al sentir la voz de su amiga algo ronca de tanto cantar la misma canción. La canción se cortó de golpe y, mientras los gruñidos de Fluffy se volvían a escuchar, una figura cayó por la trampilla sobre la planta, pero rodó de inmediato y se levantó antes incluso de que el Lazo del Diablo se pudiera mover sobre ella. Tras asegurarse de que todos estaban bien, los tres amigos cruzaron la puerta y siguieron un pasadizo de piedra. Lo único que podían oír, además de sus pasos, era el goteo del agua en las paredes. El pasadizo bajaba oblicuamente y Demian se acordó de Gringotts. Con un desagradable sobresalto, recordó a los dragones que decían que custodiaban las cámaras, en el banco de los magos. Esperaba que no se encontraran con uno de esos bichos, con Norberto ya había sido suficiente.

-¿Oyen algo?- susurró Jane asegurándose que el hechizo de desilusión siguiera bien puesto. Los tres tendieron la oreja y, si bien escuchaban como un tintineo, también escuchaban gritos desde la zona de la planta. Sin necesidad de mirarse, Jane desactivó el hechizo de camuflaje y se lanzó por el pasillo de regreso hasta la entrada, llegando justo a tiempo para ver a Hermione enviando a la planta unas llamas azules. En segundos, Harry y Ron, quienes se encontraban enmarañados en las lianas se retorcieron y se alejaron, mientras la planta se retiraba a causa de la luz y el calor.

-¡Harry! ¡Ron!- exclamó Jane agarrándolos por los hombros y sujetándolos contra ella con preocupación, tras lo cual, empezó a buscar por sus cuerpos marcas que tuviera que sanar.

-Me alegro de que hayas aprendido bien Herbología, Hermione.- dijo Harry, mientras se acercaba a la pared, secándose el sudor de la cara.

-Sí,- dijo Ron -y yo me alegro de que Harry no pierda la cabeza en las crisis. Porque eso de «no tengo madera»... francamente…- agregó el pelirrojo mientras se sacudía la ropa.

-Tienen que volver arriba, hay alguien peligroso aquí dentro.- refunfuñó Demian, sabiendo que aquella no era una aventura para tres alumnos de primero.

-Lo sabemos. Dumbledore no está, así que tengo que impedirlo yo, pero estos dos testarudos no me dejaron venir solo.- replicó Harry encaminándose hacia el pasadizo a la vez que miraba hacia Jane, como desafiándola a decirle que no los podía acompañar.

-Si vamos a impedir algo, lo vamos a hacer en conjunto. Ellos tienen razón en acompañarte, a pesar de ser totalmente demente de la parte de los tres de venir aquí sin siquiera pedirle ayuda a alguno de sus amigos o hermanos mayores.- gruñó Jane, posicionándose en cabeza del grupo. Los seis alumnos se deslizaron por el pasillo, hasta llegar al lugar donde los Ravenclaw habían escuchado el tintineo. Ahora que ya no tenían los gritos de fondo, todos pudieron discernir el tintineo, al cual se le sumaba un crujido.

-¿Creen que será un fantasma?- preguntó Demian.

-No lo sé… a mí me parecen alas.- respondió Harry tratando de escuchar mejor. Llegaron hasta el final del pasillo y vieron ante ellos una habitación brillantemente iluminada, con el techo curvándose sobre ellos. Estaba llena de pajaritos brillantes que volaban por toda la habitación. En el lado opuesto, había una pesada puerta de madera.

-¿Creen que nos atacarán si cruzamos la habitación?- preguntó Ron.

-Es probable.- contestó Thomas -No parecen muy malos, pero supongo que si se tiran todos juntos... Bueno, no hay nada que hacer... voy a correr.- Respiró profundamente, se cubrió la cara con los brazos y cruzó corriendo la habitación. Esperaba sentir picos agudos y garras desgarrando su cuerpo, pero no sucedió nada. Alcanzó la puerta sin que lo tocaran. Movió la manija, pero estaba cerrada con llave. Los otros cinco lo imitaron. Tiraron y empujaron, pero la puerta no se movía, ni siquiera cuando Hermione probó con su hechizo de Alohomora.

-¿Y ahora qué hacemos?- preguntó Demian.

-Esos pájaros... no pueden estar sólo por decoración.- dijo Jane. Observaron los pájaros, que volaban sobre sus cabezas, brillando... ¿Brillando?

-¡No son pájaros!- dijo de pronto Harry -¡Son llaves! Llaves aladas, mirad bien. Entonces eso debe significar…- Miró alrededor de la habitación, mientras los otros observaban la bandada de llaves -Sí... mirad ahí. ¡Escobas! ¡Tenemos que conseguir la llave de la puerta!-

-¡Pero hay cientos de llaves!- se quejó Jane con preocupación, pero Ron examinó la cerradura de la puerta.

-Tenemos que buscar una llave grande, antigua, de plata, probablemente, como la manija.- Cada uno cogió una escoba y de una patada estuvieron en el aire, remontándose entre la nube de llaves. Trataban de atraparlas, pero las llaves hechizadas se movían tan rápidamente que era casi imposible sujetarlas. Pero no por nada Harry era el más joven buscador del siglo. Tenía un don especial para detectar cosas que la otra gente no veía. Después de unos minutos moviéndose entre el remolino de plumas de todos los colores, detectó una gran llave de plata, con un ala torcida, como si ya la hubieran atrapado y la hubieran introducido con brusquedad en la cerradura.

-¡Es ésa!- gritó a los otros -Esa grande... allí... no, ahí... Con alas azul brillante... las plumas están aplastadas por un lado.- Ron se lanzó a toda velocidad en aquella dirección, chocó contra el techo y casi se cae de la escoba.

-¡Tenemos que encerrarla!- gritó Thomas, sin quitar los ojos de la llave con el ala estropeada.

-Weasley, ven desde arriba, Granger, quédate abajo y no la dejes descender. Demián y yo nos quedaremos en los lados mientras Jane y Potter tratarán de atraparla. Bien: ¡AHORA!- Ron se lanzó en picado, Hermione subió en vertical mientras Demian y Thomas se cruzaban con ella por un par de segundos, la llave los esquivó a todos, y Harry se lanzó tras ella. Iban a toda velocidad hacia la pared, Harry se inclinó hacia delante y, con un ruido desagradable, la aplastó contra la piedra con una sola mano. Los vivas de todos retumbaron por la habitación. Aterrizaron rápidamente y Harry corrió a la puerta, con la llave retorciéndose en su mano. La metió en la cerradura y le dio la vuelta. Funcionaba. En el momento en que se abrió la cerradura, la llave salió volando otra vez, con aspecto de derrotada, pues ya la habían atrapado dos veces.

-¿Listos?- preguntó Jane, con la mano en la manija de la puerta. Asintieron. Abrió la puerta. La habitación siguiente estaba tan oscura que no pudieron ver nada. Pero cuando estuvieron dentro, la luz súbitamente inundó el lugar, para revelar un espectáculo asombroso. Estaban en el borde de un enorme tablero de ajedrez, detrás de las piezas negras, que eran todas tan altas como ellos y construidas en lo que parecía piedra. Frente a ellos, al otro lado de la habitación, estaban las piezas blancas. Harry, Ron y Hermione se estremecieron: las piezas blancas no tenían rostros.

-¿Ahora qué hacemos?- susurró Harry.

-Está claro, ¿no?- dijo Ron.

-Tenemos que jugar para cruzar la habitación.- agregó Thomas con preocupación. Detrás de las piezas blancas pudieron ver otra puerta.

-¿Cómo?- dijo Hermione con nerviosismo.

-Creo- contestó Ron -que vamos a tener que ser piezas.- Se acercó a un caballero negro y levantó la mano para tocar el caballo. De inmediato, la piedra cobró vida. El caballo dio una patada en el suelo y el caballero se levantó la visera del casco, para mirar a Ron.

-¿Tenemos que... unirnos a ustedes para poder cruzar?- El caballero negro asintió con la cabeza. Ron se volvió a los otros cinco.

-Esto hay que pensarlo…- dijo -Supongo que tenemos que ocupar el lugar de seis piezas negras.-  Harry y Hermione esperaron en silencio, mientras Ron pensaba.

-Bueno, no os ofendáis, pero ninguno de vosotros dos es muy bueno en ajedrez…- murmuró Ron -Y no tengo ni idea de que tal sois vosotros.- agregó el pelirrojo girándose hacia los tres alumnos de segundo. Jane y Demian negaron con la cabeza, mientras que Thomas hacía un gesto de más o menos con su cuerpo.

-No nos ofendemos.- dijo rápidamente Harry mirando al resto de los presentes -Simplemente dinos qué tenemos que hacer.- agregó al ver una pequeña sonrisa en la cara de Jane.

-Bueno, Harry, tú ocupa el lugar de ese alfil y tú, Hermione, ponte en lugar de esa torre, al lado de Harry. Jane, la torre del otro lado y tus amigos que sean el rey y el alfil del otro lado.- ordenó Ron con rapidez.

-¿Y qué pasa contigo?- preguntó Demian con algo de temor en la voz mientras hacía que Thomas fuera el rey, sabiendo que eso lo pondría más a salvo.

-Yo seré un caballo.- respondió Ron con algo de preocupación en la voz. Las piezas parecieron haber escuchado porque, ante esas palabras, un caballo, dos alfiles, dos torres y el rey dieron la espalda a las piezas blancas y salieron del tablero, dejando libres seis cuadrados que Harry, Ron, Hermione, Jane, Demian y Thomas ocuparon sin perder tiempo.

-Las blancas siempre juegan primero en el ajedrez.- dijo Thomas, mirando al otro lado del tablero.

-Sí... mirad.- Un peón blanco se movió hacia delante. Ron comenzó a dirigir a las piezas negras. Se movían silenciosamente cuando los mandaba. A Harry le temblaban las rodillas. ¿Y si perdían?

-Harry... muévete en diagonal, cuatro casillas a la derecha.- A medida que el juego avanzaba, más brusco se iba poniendo y la primera verdadera impresión llegó cuando el otro caballo fue capturado. La reina blanca lo golpeó contra el tablero y lo arrastró hacia fuera, donde se quedó inmóvil, bocabajo.

-Tuve que dejar que sucediera.- dijo Ron, conmovido -Te deja libre para coger ese alfil. Vamos, Hermione.- Cada vez que uno de sus hombres perdía, las piezas blancas no mostraban compasión. Muy pronto, hubo un grupo de piezas negras desplomadas a lo largo de la pared. Dos veces, Ron se dio cuenta justo a tiempo para salvar a Harry y Hermione del peligro. Él mismo jugó por todo el tablero, atrapando casi tantas piezas blancas como las negras que habían perdido.

-¿Pasa algo?- preguntó Demian al ver las caras de Thomas y Ron giradas hacia él.

-¡No!- gritó Jane al entender qué era lo que estaba pasando, trató de intervenir, pero no se movió o aquello sería una jugada.

-Tenemos que hacerlo Jane.- replicó Demian viendo que ninguno de los tres pequeños iba a intervenir -Si Voldemort obtiene la piedra, entonces estaremos en problemas.- agregó mientras se movía en la dirección que Thomas estaba tratando de no mirar. En cuanto se posicionó en su lugar, el caballo blanco fue y se movió hasta llegar a la posición de Demian antes de balancear su brazo y golpear con fuerza la cabeza del chico, haciendo que este se quedara desmayado en el piso. Jane y Hermione soltaron un fuerte grito mientras el caballero tiraba de Demian llevándolo hasta el borde del tablero.

-Ya casi estamos.- murmuró Ron de pronto -Dejadme pensar... dejadme pensar.- La reina blanca volvió su cara sin rostro hacia Ron.

-Sí…- murmuró el pelirrojo -Es la única forma... tengo que dejar que me cojan.-

-¡NO!- gritaron Harry y Hermione.

-¡Esto es ajedrez!- dijo enfadado Ron -¡Hay que hacer algunos sacrificios! Yo daré un paso adelante y ella me cogerá... Eso te dejará libre para hacer jaque mate al rey, Harry.- agregó. Ni Thomas ni Jane intervinieron, sabiendo que el chico era su mejor opción para ganar la partida, y que si él no veía otra opción, ninguno de ellos iba a intervenir para evitar que se sacrificara.

-Pero…- trató de decir Harry

-¿Quieres detener a Snape o no?- soltó Ron para sorpresa de los dos Ravenclaw. Con todos los roces que el trío había tenido con Snape, a Jane no le extrañaba para nada aquella suposición, pero no terminaba de comprársela.

-Ron…-

-¡Si no os dais prisa va a conseguir la Piedra!- No había nada que hacer.

-¿Listo?- preguntó Thomas, con el rostro pálido pero decidido.

-Allá voy, y no os quedéis una vez que hayáis ganado.- replicó Ron. Se movió hacia delante y la reina blanca saltó. Golpeó a Ron con fuerza en la cabeza con su brazo de piedra y el chico se derrumbó en el suelo. Hermione gritó, pero se quedó en su casillero. La reina blanca arrastró a Ron a un lado junto a Demian. Parecía desmayado. Muy conmovido, Harry se movió tres casilleros a la izquierda. El rey blanco se quitó la corona y la arrojó a los pies de Harry. Habían ganado. Las piezas saludaron y se fueron, dejando libre la puerta.

-Thomas, te tienes que quedar con ellos.- murmuró Jane -Trata de despertarlos y regresen al castillo. Envíen una carta a Dumbledore o busquen a la profesora McGonagall.- ordenó la pelinegra. Thomas abrió la boca para replicar, pero se dio cuenta de que Jane no quería dejar a Harry y Hermione solos o pedirle a uno de ellos que se quedaran. Con una última mirada de desesperación hacia Ron, Harry, Hermione corrieron hacia la salida, seguidos por Jane y la mirada de Thomas. Subieron por el siguiente pasadizo.

-¿Y si ellos están...?- preguntó Hermione con preocupación.

-Ellos estarán bien.- replicó Jane con firmeza.

-¿Qué crees que nos queda?- preguntó Harry, tratando de distraerse.

-Tuvimos a Sprout en el Lazo del Diablo, Flitwick debe de haber hechizado las llaves, y McGonagall transformó a las piezas de ajedrez. Eso nos deja el hechizo de Quirrell y el de Snape...- Habían llegado a otra puerta.

-¿Todo bien?- susurró Jane.

-Adelante.- replicó Harry empujando y abriendo la puerta. Un tufo desagradable los invadió, haciendo que se taparan la nariz con la túnica. Con ojos que lagrimeaban debido al olor, vieron, aplastado en el suelo frente a ellos, un trol más grande que el que habían derribado, inconsciente y con un bulto sangrante en la cabeza.

-Me alegro de que no tengamos que pelear con éste.- susurró Harry, mientras pasaban con cuidado sobre una de las enormes piernas -Vamos, no puedo respirar.- Abrió la próxima puerta, los tres casi sin atreverse a ver lo que seguía... Pero no había nada terrorífico allí, sólo una mesa con siete botellas de diferente tamaño puestas en fila.

-Snape.- dijo Harry -¿Qué tenemos que hacer?- Pasaron el umbral y de inmediato un fuego se encendió detrás de ellos. No era un fuego común, era púrpura. Al mismo tiempo, llamas negras se encendieron delante. Estaban atrapados.

-¡Miren!- Hermione cogió un rollo de papel, que estaba cerca de las botellas. Harry y Jane miraron por encima de su hombro para leerlo:


El peligro yace ante ti, mientras la seguridad está detrás, dos queremos ayudarte, cualquiera que encuentres, una entre nosotras siete te dejará adelantarte,

otra llevará al que lo beba para atrás,

dos contienen sólo vino de ortiga,

tres son mortales, esperando escondidos en la fila.

Elige, a menos que quieras quedarte para siempre,

para ayudarte en tu elección, te damos cuatro claves:

Primera, por más astucia que tenga el veneno para ocultarse siempre encontrarás alguno al lado izquierdo del vino de ortiga;

Segunda, son diferentes las que están en los extremos, pero si quieres moverte hacia delante, ninguna es tu amiga;

Tercera, como claramente ves, todas tenemos tamaños diferentes: Ni el enano ni el gigante guardan la muerte en su interior.

Cuarta, la segunda a la izquierda y la segunda a la derecha son gemelas una vez que las pruebes, aunque a primera vista sean diferentes.


Hermione dejó escapar un gran suspiro y Harry, sorprendido, vio que tanto ella como Jane sonreían, lo último que había esperado que hicieran.

-Muy bueno.- dijo Hermione -Esto no es magia... es lógica... es un acertijo. Muchos de los más grandes magos no han tenido una gota de lógica y se quedarían aquí para siempre.-

-Pero nosotros también, ¿no?- preguntó Harry sin entender.

-Por supuesto que no.- intervino Jane -Lo único que necesitamos está en este papel. Siete botellas: tres con veneno, dos con vino, una nos llevará a salvo a través del fuego negro y la otra hacia atrás, por el fuego púrpura.-

-Pero ¿cómo sabremos cuál beber?- Harry parecía igual de perdido que desde el inicio, pero tanto Jane como Hermione estaban emocionadas de poder resolver el acertijo.

-Dános un minuto.- Hermione leyó el papel varias veces mientras Jane paseaba de un lado al otro de la fila de botellas, murmurando y señalándolas. Al fin, ambas se juntaron y se golpearon las manos.

-Lo tenemos.- dijo Hermione -La más pequeña nos llevará por el fuego negro, hacia la Piedra.- Harry miró a la diminuta botella.

-Aquí no habrá suficiente para todos nosotros.- dijo -No habrá mucho más que un trago. A lo más dos.- los tres se miraron.

-¿Cuál nos hará volver por entre las llamas púrpura?- preguntó Harry. Hermione señaló una botella redonda del extremo derecho de la fila.

-Tú bebe de ésa.- dijo Harry -No: vuelve, busca a Ron, Demian y Thomas y cojan las escobas del cuarto de las llaves voladoras. Con ellas podréis salir por la trampilla sin que os vea Fluffy. Id directamente a la lechucería y enviad a Hedwig a Dumbledore, lo necesitamos. Puede ser que Jane y yo detengamos un poco a Snape, pero la verdad es que ninguno de nosotros puede igualarlo.-

-Pero Harry... ¿y si Quien-tú-sabes está con él?- se preocupó Hermione si mirar hacia Jane.

-Bueno, ya tuve suerte una vez, ¿no?- dijo Harry, señalando su cicatriz -Puede ser que la tenga de nuevo.- agregó con una sonrisa.

-Además, no estará solo y ambos opondremos resistencia hasta que Dumbledore llegue.- intervino Jane tratando de tranquilizar a la chica castaña. Los labios de Hermione temblaron, y de pronto se lanzó sobre Harry y lo abrazó.

-¡Hermione!-

-Harry.. Eres un gran mago, ya lo sabes.- sollozó la chica.

-No soy tan bueno como tú.- contestó muy incómodo, mientras ella lo soltaba.

-¡Yo!- exclamó Hermione -¡Libros! ¡Inteligencia! Hay cosas mucho más importantes, amistad y valentía y... ¡Oh, Harry, tened cuidado!- suplicó Hermione con tanta preocupación en la voz que Jane hubiera jurado que tenía sentimientos por su hermano menor.

-Bebe primero.- dijo Harry -Están seguras de cuál es cuál, ¿no?

-Totalmente.- dijo Hermione. Se tomó de un trago el contenido de la botellita redondeada y se estremeció.

-No es veneno, ¿verdad?- dijo Harry con voz anhelante.

-No... pero parece hielo.-

-Rápido, vete, antes de que se termine el efecto.- ordenó Jane con preocupación.

-Buena suerte... tened cuidado…-

-¡VETE!- Hermione giró en redondo y pasó directamente a través del fuego púrpura. Harry respiró profundamente y cogió la más pequeña de las botellas. Miró hacia Jane y se la tendió mientras ambos se enfrentaban a las llamas negras.

-Allá voy.- dijo Harry, Jane se bebió un sorbó y se lo tendió a Harry, quien se bebió el contenido de un trago. Era realmente como si tragara hielo. Dejó la botella y fue hacia delante. Se dio ánimo al ver que las llamas negras lamían su cuerpo pero no lo quemaban. Durante un momento ninguno pudo ver más que fuego oscuro. Luego se encontraron al otro lado, en la última habitación. Ya había alguien allí. Pero no era Snape. Y tampoco era Voldemort.


Mil gracias a todos por las mas de cuatro mil lecturas, realmente me ayuda mucho a seguir avanzando. Espero que les guste este capítulo, que queda poco para avanzar a un siguiente año.



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