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La Sangre llama a la Sangre » Conociendo a Harry
La Sangre llama a la Sangre (ATP)
Por MSebastian
Escrita el Domingo 13 de Noviembre de 2016, 14:43
Actualizada el Martes 12 de Enero de 2021, 18:42
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Conociendo a Harry

Capítulos
  1. El orfanato
  2. Lechuzas
  3. Familia
  4. Hogwarts
  5. Amistades y enemistades
  6. Los gemelos Weasley
  7. Guerra de Bromas
  8. Lecciones de vuelo
  9. Cumpleaños feliz
  10. Halloween
  11. Secretos del Director
  12. Poderosos encantamientos
  13. Navidad en familia
  14. ¿Hermano?
  15. El Bosque Prohibido
  16. El Cuarteto del Terror
  17. El Que no Debe ser Nombrado
  18. Casa
  19. Unas vacaciones movidas
  20. El niño nuevo
  21. Regreso a las andanzas
  22. El Trío del Terror
  23. Entrenamiento de Quidditch
  24. Quirrell
  25. El Troll de Halloween
  26. Harry en peligro
  27. Navidad
  28. Flamel
  29. Problemas
  30. Conociendo a Harry
  31. Pasando la trampilla
  32. El hombre con dos caras
  33. Enfermería
  34. Casa es donde el corazón está
  35. Malas noticias por lechuza
  36. Fama
  37. Golpes y peligro
  38. Nuevo profesor de defensa (Ahem, ¡inútil!)
  39. Enemigos
  40. Más secretos
  41. La advertencia
  42. Siempre Halloween
  43. La bludger loca
  44. Club de duelo
  45. De águilas y leones
  46. Banda de inútiles que no se toman nada enserio
  47. Más y más problemas
  48. Advertencias
  49. Y de vuelta al bosque
  50. La Cámara de los Secretos
  51. El Heredero de Slytherin
  52. Festín a medianoche
  53. La peor noticia del año
  54. La mejor noticia del año
  55. Las cosas no pueden empeorar
  56. Un Dementor en el Hogwarts Express
  57. Hagrid no se lo merece
  58. Tío Remus al rescate
  59. Halloween bajo las estrellas
  60. Promesas
  61. Navidades sin Remus
  62. Patronus
  63. Quidditch contra hermanos

Tras el regaño de la profesora McGongall y la pérdida de 150 puntos para Ravenclaw y Gryffindor, Jane regresó a su dormitorio, sintiendo que su hermano la tenía realmente terrible. Sabía que a sus compañeros Ravenclaw no les iba a importar tanto el tema de los puntos que ellos habían perdidos, acostumbrados a perder puntos por sus respuestas irónicas sabelotodo y atrasos en la devolución de libros, sin embargo, si que estarían furiosos con los tres pequeños de Gryffindor por entregarles en bandeja de plata la copa de las cuatro casas a Slytherin. tal como lo había predicho, al llegar la mañana todos estaban furiosos con Harry y los "dos estúpidos de primero" que habían hecho aquel revés tan importante en los puntos.

-Protego.- susurró la chica al cruzarse con Harry en un pasillo justo antes de que un hechizo rebotara contra el escudo que había alcanzado a crear.

-Malditos imbéciles.- refunfuñó Jane, dirigiéndose hacia su hermano con una sonrisa en los labios.

-Harry, ¿te encuentras bien?- preguntó, tiñendo su voz con algo de preocupación. Al haberlos encontrado a los seis deambulando por la noche, Harry y Hermione habían aceptado que Jane les estuviera preguntando lo mismo al menos tres veces al día, aunque Harry tenía la sensación de que Jane lo hacía a propósito para demostrarle al resto del colegio de que a ella no le importaba nada la situación.

-Estaré bien…- respondió el azabache tras negar con la cabeza -es sólo que me gustaría que de una vez por todas deje de ser la atención, ya sea en buena o mala manera.- agregó, sabiendo que podía confiar en Jane. Al oír al pequeño, Jane sintió como le hervía la sangre, más, entrenada en el orfanato, mantuvo la compostura y le entregó una barra de chocolate del que Remus le había enviado el día anterior, tras enterarse de lo que había sucedido. Con una mano temblorosa Harry cogió la barra de chocolate, haciendo ademán de partirla para entregarle chocolate a sus amigos, cuando se dio cuenta de que Jane estaba sacando más chocolate de sus bolsillos y se lo entregaba con una sonrisa alentadora a Hermione y Ron.

-¿Dónde puedo encontrar a Neville?- preguntó en voz lo suficientemente alta para tapar los gritos de un grupo de Slytherin que estaban pasando por su lado. Los tres pequeños Gryffindor negaron con la cabeza y se encogieron de hombros, ninguno había seguido los movimientos de Neville y aquello preocupó a Jane, sabiendo que el chico no tenía un grupo de amigos tan cercanos a él como Harry y aquello podría ponerlo en la línea de tiro de cualquiera. Entendiendo a qué venía aquel gesto de preocupación, Demian cogió el mapa de su bolsillo y se puso a buscar el punto que indicaba a Neville, sabiendo que probablemente no estaría en algún lugar donde otros lo podrían ver.

-Lo tengo.- susurró Demian al oído de Jane, quien se despidió velozmente y siguió a sus amigos por distintos pasillos, el bajo de su capa flotando detrás de ella. Con largas zancadas, los tres Ravenclaw llegaron a la biblioteca, donde Neville estaba escondido detrás de unos estantes.

-¿Neville?- susurró Jane tratando de no asustar al chico, pero el rubio se sobresaltó de golpe, botando la mitad de los libros detrás de él. Antes de que la señora Pince apareciera como dragón furioso, Jane se agachó a recoger los libros, ayudada por Demian, mientras Thomas sujetaba a Neville para que no saliera corriendo.

-Tranquilo, no te haremos nada.- prometió Jane con una sonrisa tranquilizadora mientras terminaba de guardar los libros en su lugar. Con un ademán invitador, Jane apuntó hacia la puerta de la biblioteca y guió a Neville hacia el parque donde se instalaron sin mirar a ninguno de los mirones que se encontraban por allí cerca.

-¿Tu semana ha sido muy terrible?- preguntó Jane con simpatía, mientras le tendía una barra de chocolate. Neville asintió un poco con la cabeza, sin animarse a levantar los ojos del suelo, mientras masticaba a pedacitos el chocolate entre sus manos.

-¿Maldiciones?- preguntó Demian con preocupación en la voz.

-Hasta el momento ninguna.- juró el pequeño Gryffindor al darse cuenta de la preocupación de los tres Ravenclaw de segundo. Neville se sentía emocionado, pues, hasta el momento, nunca nadie se había preocupado por él y por lo que él iba pasando, pero aquí estaban esos tres chicos, un año mayores que él, capaces de hacer que cualquiera se sintiera en familia cerca de ellos.

-La verdad, es que al no ser tan conocido, la he tenido mucho más fácil que Harry y Hermione.- explicó el rubio con una sonrisa algo torcida levantando los ojos. Jane entendió de inmediato las razones y dejó que le silencio cayera sobre el grupo, sin que ninguno se sintiera incómodo, cada uno metido en sus propios pensamientos hasta que les llegó la hora de cenar. Con un movimiento de cabeza, Jane se dirigió hacia los tres pequeños Gryffindor, quienes aceptaron sin reparos la aparición de Neville dentro de su grupo.

*

-Algo está pasando con esos tres de nuevo.- murmuró Jane al ver al grupito de Gryffindor tratando de pasar desapercibidos a la hora del desayuno.

-Sí, pero si te fijas ninguno de ellos está realmente animado. La energía negativa del colegio parece haber hecho que su chispa de aventura se apagara.- replicó Thomas mientras estiraba su mano para agarrar su vaso de jugo antes de que tres lechuzas se posaran en la mesa frente a ellos.

Vuestro castigo tendrá lugar a las once de la noche.

El señor Filch os espera en el vestíbulo de entrada.

Prof M. McGonagall


Jane suspiró con fuerza y se sirvió otra taza de chocolate caliente, considerando volver a la cama a dormir en vez de perder su día y su noche completa.

-¿No es un poco contraproducente?- preguntó Demian mientras Thomas se quejaba de que era una noche menos de estudio para ellos -Digo, el castigo es por haber salido de noche.- agregó el castaño sin prestarle atención a las quejas de su amigo. Jane simplemente se encogió de hombros, echándole tres cucharadas de azúcar a su chocolate caliente mientras tomaba un sorbo cuidando de no quemarse la lengua.

*

Un cuarto para las once, Jane bajó los escalones junto a sus amigos, encontrándose con que solo Filch estaba allí, esperándolos con una sonrisa maquiavélica en la cara. Demian supuso que estarían esperando a que fueran las once en punto, cuando se dio cuenta de la llegada de Draco Malfoy primero y luego de la llegada de Harry, Hermione y Neville, momento en el que se pegó un giro en 180 grados hacia su amiga, quien parecía lista para desmayarse.

-Respira profundo.- ordenó el muchacho, agarrando a su amiga por el hombro y asegurándose de sostenerla en pie.

-Seguidme.- dijo Filch, encendiendo un farol y conduciéndolos hacia afuera -Seguro que os lo pensaréis dos veces antes de faltar a otra regla de la escuela, ¿verdad?- dijo, mirándolos con aire burlón -Oh, sí… trabajo duro y dolor son los mejores maestros, si queréis mi opinión… es una lástima que hayan abandonado los viejos castigos… colgaros de las muñecas, del techo, unos pocos días. Yo todavía tengo las cadenas en mi oficina, las mantengo engrasadas por si alguna vez las necesitan… Bien, allá vamos, y no penséis en escapar, porque será peor para vosotros si lo hacéis.- Jane estaba sujetando su varita con fuerza, dispuesta a conseguirse un nuevo castigo y hechizar a Filch, considerando que el celador no debería estar a cargo de niños en un colegio si los odiaba tanto. Marcharon cruzando el oscuro parque. Neville comenzó a respirar agitado y Demian se fijó en que Harry parecía estar preguntándose cuál sería el castigo que les esperaba. La luna brillaba pero las nubes la tapaban, dejándolos en la oscuridad. Delante, pudieron ver las ventanas iluminadas de la cabaña de Hagrid. Entonces, oyeron un grito lejano.

-¿Eres tú Filch? Date prisa, quiero empezar de una vez.- Las miradas que intercambiaron Harry, Neville y Hermione demostraron algo de esperanza, más Thomas recordaba perfectamente su castigo del año anterior y no había mucho que de que sentirse aliviados.

-Supongo que crees que vas a divertirte con ese papanatas, ¿no? Bueno, piénsalo mejor, muchacho… es al bosque adonde iréis y mucho me habré equivocado si volvéis todos enteros.- Al oír aquello, Neville dejó escapar un gemido y Malfoy se detuvo de golpe.

-¿El bosque?- repitió, y no parecía tan indiferente como de costumbre -Hay toda clase de cosas allí… dicen que hay hombres lobo.- ante la ignorancia del chico, Jane resopló con fuerza, pero decidió no hacer ningún comentario, al menos no con Filch presente. Neville se aferró de la manga de la túnica de Harry y dejó escapar un ruido ahogado.

-Eso es problema vuestro, ¿no?- dijo Filch con voz radiante -Tendríais que haber pensado en los hombres lobo antes de meteros en líos.- agregó. Una mirada de Demian a su mejor amiga le dio a entender que estaba a punto de lanzarse sobre Filch, por lo que logró moverse un poco para encontrarse en su línea de tiro en caso de que realmente saltara sobre el celador. En el entretiempo, Hagrid se acercó hacia ellos, con Fang pegado a los talones. Llevaba una gran ballesta y un carcaj con flechas en la espalda.

-Menos mal.- dijo -Estoy esperando hace media hora. ¿Todo bien, Harry, Hermione?-

-Yo no sería tan amistoso con ellos, Hagrid.- dijo con frialdad Filch -Después de todo, están aquí por un castigo.- agregó sin ver la bajada de mirada de Hagrid, pero Jane pudo ver la culpabilidad en sus ojos.

-Por eso llegáis tarde, ¿no?- dijo Hagrid, levantando la cabeza y mirando con rostro ceñudo a Filch -¿Has estado dándoles sermones? Eso no es lo que tienes que hacer. A partir de ahora, me hago cargo yo.- Hagrid parecía tan intimidante que Demian y Thomas parecían a punto de ponerse a temblar, pero Filch sólo soltó una risita desdeñosa.

-Volveré al amanecer- dijo Filch -Para recoger lo que quede de ellos.- añadió con malignidad. Se dio la vuelta y se encaminó hacia el castillo, agitando el farol en la oscuridad. Entonces, Malfoy se volvió hacia Hagrid.

-No iré a ese bosque.- dijo y todos sintieron el miedo en su voz.

-Lo harás si quieres quedarte en Hogwarts.- dijo Hagrid con severidad -Hicisteis algo mal y ahora lo vais a pagar.- agregó. Thomas escondió una risa en una tos, mientras Jane le lanzaba una mirada reprobatoria, sabiendo que su mejor amigo a veces era un completo idiota cuando se refería a su familia.

-Pero eso es para los empleados, no para los alumnos. Yo pensé que nos harían escribir unas líneas, o algo así. Si mi padre supiera que hago esto, él…- trató de discutir Malfoy.

-Te dirá que es así como se hace en Hogwarts.- gruñó Hagrid -¡Escribir unas líneas! ¿Y a quién le serviría eso? Haréis algo que sea útil, o si no os iréis. Si crees que tu padre prefiere que te expulsen, entonces vuelve al castillo y coge tus cosas. ¡Vete!- Malfoy no se movió. Miró con ira a Hagrid, pero luego bajó la mirada.

-Bien, entonces.- dijo Hagrid -Escuchad con cuidado, porque lo que vamos a hacer esta noche es peligroso y no quiero que ninguno se arriesgue. Seguidme por aquí, un momento.- Los condujo hasta el límite del bosque. Levantando su farol, señaló hacia un estrecho sendero de tierra, que desaparecía entre los espesos árboles negros. Una suave brisa les levantó el cabello, mientras miraban en dirección al bosque.

-Mirad allí.- dijo Hagrid -¿Veis eso que brilla en la tierra? ¿Eso plateado? Es sangre de unicornio. Hay por aquí un unicornio que ha sido malherido por alguien. Es la segunda vez en una semana. Encontré uno muerto el último miércoles.- explicó el gigante. Hermione se puso las manos sobre su boca, mientras Jane miraba a Hagrid como si este se hubiera vuelto completamente loco al pedírles hacer algo por el estilo.

-¿Y qué sucede si el que hirió al unicornio nos encuentra a nosotros primero?- dijo Malfoy, incapaz de ocultar el miedo de su voz.

-No hay ningún ser en el bosque que os pueda herir si estáis conmigo o con Fang.- dijo Hagrid -Y seguid el sendero. Ahora vamos a dividirnos en tres equipos y seguiremos la huella en distintas direcciones. Hay sangre por todo el lugar, debieron herirlo ayer por la noche, por lo menos.- a medida que Hagrid iba hablando, los ojos de Neville se iban abriendo cada vez más, preocupado por lo que pasaría.

-Yo quiero ir con Fang.- dijo rápidamente Malfoy, mirando los largos colmillos del perro.

-Muy bien, pero te informo de que es un cobarde.- dijo Hagrid -Entonces yo, Harry y Demian iremos por un lado, Draco, Neville y Fang, por el otro, y Hermione, Jane y Thomas por el último camino.- Todos se miraron de manera preocupada, si bien ninguno había visto nunca una película de terror, era bastante obvio que aquello era una receta para el desastre.

-Si alguno encuentra al unicornio, debe enviar chispas verdes, ¿de acuerdo? Sacad vuestras varitas y practicad ahora... está bien... Y si alguno tiene problemas, las chispas serán rojas y nos reuniremos todos... así que tened cuidado... en marcha.- El bosque estaba oscuro y silencioso. Después de andar un poco, vieron que el sendero se bifurcaba. Harry, Demian y Hagrid fueron hacia la izquierda, Malfoy, Neville y Fang se dirigieron a la derecha y Jane, Thomas y Hermione se fueron por el camino central. Anduvieron en silencio, con la vista clavada en el suelo. De vez en cuando, un rayo de luna a través de las ramas iluminaba una mancha de sangre azul plateada entre las hojas caídas. La mente de Jane se iba cada cierto tiempo al año anterior, donde el encargo era encontrar a un hipogrifo herido, más su atención se mantenía en Hermione, quien parecía aterrorizada.

-¿Hermione? ¿Quieres sujetar mi mano?- propuso Thomas al ver lo mismo que Jane. La castaña sonrió de costado y asintió con la cabeza, agarrando la mano que Thomas le tendía mientras mantenía su varita en su otra mano, esperando que no la necesitaría. Los tres siguieron avanzando por el camino, la sangre plateada como único guía, mientras Jane mantenía un ojo sobre el cielo, cruzando los dedos para que no fuera luna llena. Sabía que era poco probable, pero Remus le había contado que en su época de estudiante se había cruzado con varios hombres lobos en el bosque cuando era el momento de la transformación, por lo que esperaba que el encuentro del año anterior no se repitiera.

-Jane…- soltó Thomas de pronto apuntando hacia el cielo donde se podían ver un montón de chispas de color rojo.

-¡Chispas rojas, los otros tienen problemas!- chilló Hermione aferrándose con mayor fuerza a la mano de Thomas. Los dos Ravenclaw intercambiaron una mirada y, tras un breve segundo de hesitación, se lanzaron unos detrás de otros hacia el lugar de donde provenían las chispas rojas. Al llegar al claro de donde provenían las chispas, se encontraron con que Hagrid estaba furioso, tratando de tranquilizar a Neville. Al parecer Malfoy se había escondido detrás de Neville y, en broma, lo había cogido. Neville se aterró y envió las chispas rojas.

-Vamos a necesitar mucha suerte para encontrar algo, después del alboroto que habéis hecho.- gruñó Hagrid una vez hubieron regresado con Harry y Demian.

-Bueno, ahora voy a cambiar los grupos… Neville, tú te quedas conmigo y Hermione. Demian te sumas a Thomas. Harry, Jane y tú se van con este idiota. Lo siento,- añadió en un susurro hacia Harry que Jane pudo escuchar perfectamente -pero a él le va a costar mucho asustarlos y tenemos que terminar con esto.- explicó Hagrid. Harry asintió con la cabeza y cogió la linterna que Neville llevaba, internándose en el corazón del bosque, con Jane, Malfoy y Fang. Anduvieron cerca de media hora, internándose cada vez más profundamente, hasta que el sendero se volvió casi imposible de seguir, porque los árboles eran muy gruesos. Jane iba con su varita en ristre, lista para enfrentarse a lo que fuera a pesar de los pocos hechizos de ataque que Remus le había enseñado y el nulo aprendizaje que había tenido con Quirrell. Había manchas en las raíces de los árboles, como si la pobre criatura se hubiera arrastrado en su dolor. Harry pudo ver un claro, más adelante, a través de las enmarañadas ramas de un viejo roble.

-Miren…- murmuró Harry, levantando un brazo para detener a Jane y Malfoy. Algo de un blanco brillante relucía en la tierra. Se acercaron más. Sí, era el unicornio y estaba muerto. Harry nunca había visto nada tan hermoso y tan triste. Sus largas patas delgadas estaban dobladas en ángulos extraños por su caída y su melena color blanco perla se desparramaba sobre las hojas oscuras.

-Tenemos que salir de aquí.- murmuró Jane enviando chispas verdes al aire para que Hagrid supiera que habían encontrado el unicornio que buscaban. Harry había dado un paso hacia el unicornio, cuando un sonido de algo que se deslizaba lo hizo congelarse en donde estaba. Un arbusto que estaba en el borde del claro se agitó... Entonces, de entre las sombras, una figura encapuchada se acercó gateando, como una bestia al acecho. Harry, Jane, Malfoy y Fang permanecieron paralizados. La figura encapuchada llegó hasta el unicornio, bajó la cabeza sobre la herida del animal y comenzó a beber su sangre.

-¡AAAAAAAAAAAAAH!- Malfoy dejó escapar un terrible grito y huyó... lo mismo que Fang.

-¡Harry, muévete!- chilló Jane tratando de tirar de su hermano. La figura encapuchada levantó la cabeza y miró directamente a Harry. La sangre del unicornio le chorreaba por el pecho. Se puso de pie y se acercó rápidamente hacia él. Harry estaba paralizado de miedo por lo que Jane no podía moverlo. Entonces, un dolor le perforó la cabeza a Harry, algo que nunca había sentido, como si la cicatriz estuviera incendiándose. Por su parte, Jane volvía a sentir las náuseas y, de no ser porque necesitaba ayudar a Harry, se hubiera desmayado de golpe. Casi sin poder ver, Harry retrocedió, sosteniéndose en Jane. Ambos oyeron cascos galopando a sus espaldas, y algo saltó limpiamente y atacó a la figura. El dolor de cabeza era tan fuerte que Harry cayó de rodillas mientras que Jane, perdiendo su agarre, se desmayaba de golpe. Pasaron unos minutos antes de que Harry se calmara. Cuando levantó la vista, la figura se había ido y Jane se encontraba tirada en el suelo a su lado. Un centauro estaba ante él.

-¿Estás bien?- dijo el centauro, ayudándolo a ponerse de pie, pero su mirada se ensombreció al ver a Jane tirada en el suelo.

-Yo sí... gracias... ¿qué ha sido eso?- El centauro no contestó. Tenía ojos asombrosamente azules, como pálidos zafiros. Observó a Harry con cuidado, fijando la mirada en la cicatriz que se veía amoratada en la frente de Harry.

-Tú eres el chico Potter.- dijo -Tienes que ayudarme a subir a la chica en mi lomo. No te la podrás tu solo y ella no tiene por qué estar aquí. Es mejor que ambos regresen con Hagrid, el bosque no es un lugar seguro para ustedes.- ordenó el centauro. -Mi nombre es Firenze.- agregó mientras se agachaba para que Harry pudiera subir a Jane a su lomo. Del otro lado del claro llegó un súbito ruido de cascos al galope. Dos centauros aparecieron velozmente entre los árboles, resoplando y con los flancos sudados.

-¡Firenze!- rugió el de cabello y cuerpo negro -¿Qué estás haciendo? ¡Tienes un humano sobre el lomo! ¿No te da vergüenza? ¿Es que eres una mula ordinaria?- agregó con furia

-¿Te das cuenta de quién es, Bane?- dijo Firenze -Es el chico Potter. Mientras más rápido se vaya del bosque, mejor.- agregó sin mencionar a la chica en su lomo.

-¿Qué le has estado diciendo?- gruñó Bane -Recuerda, Firenze, juramos no oponernos a los cielos. ¿No has leído en el movimiento de los planetas lo que sucederá?- El centauro de pelaje zaino dio una patada en el suelo con nerviosismo.
-Estoy seguro de que Firenze pensó que estaba obrando lo mejor posible.- dijo, con voz sombría. También Bane dio una patada, enfadado.
-¡Lo mejor posible! ¿Qué tiene eso que ver con nosotros? ¡Los centauros debemos ocuparnos de lo que está vaticinado! ¡No es asunto nuestro el andar como burros buscando humanos extraviados en nuestro bosque!- De pronto, Firenze levantó las patas con furia y Harry tuvo que sujetar a Jane para que no cayera.

-¿No has visto ese unicornio?- preguntó Firenze a Bane -¿No comprendes por qué lo mataron? ¿O los planetas no te han dejado saber ese secreto? Yo me lanzaré contra el que está al acecho en este bosque, con humanos sobre mi lomo si tengo que hacerlo.- Y Firenze partió rápidamente, con Harry siguiéndolo lo mejor que podía, y dejó atrás a Ronan y Bane, que se internaron entre los árboles. Harry no entendía lo sucedido.

-¿Por qué Bane está tan enfadado?- preguntó -Y a propósito, ¿qué era esa cosa de la que nos salvaste?- Firenze redujo el paso y previno a Harry que tuviera la cabeza agachada, a causa de las ramas, pero no contestó. Siguieron andando entre los árboles y en silencio, durante tanto tiempo que Harry creyó que Firenze no volvería a hablarle. Sin embargo, cuando llegaron a un lugar particularmente tupido, Firenze se detuvo.
-Harry Potter, ¿sabes para qué se utiliza la sangre de unicornio?- preguntó.

-No.- dijo Harry, asombrado por la extraña pregunta -En la clase de Pociones solamente utilizamos los cuernos y el pelo de la cola de unicornio.- agregó con algo de tensión en la voz a la vez que le lanzaba una ojeada de preocupación a Jane.

-Eso es porque matar un unicornio es algo monstruoso.- dijo Firenze -Sólo alguien que no tenga nada que perder y todo para ganar puede cometer semejante crimen. La sangre de unicornio te mantiene con vida, incluso si estás al borde de la muerte, pero a un precio terrible. Si uno mata algo puro e indefenso para salvarse a sí mismo, conseguirá media vida, una vida maldita, desde el momento en que la sangre toque sus labios.- Harry clavó la mirada en la nuca de Firenze, que parecía de plata a la luz de la luna.

-Pero ¿quién estaría tan desesperado?- se preguntó el chico en voz alta -Si te van a maldecir para siempre, la muerte es mejor, ¿no?-

-Es así,- dijo Firenze -a menos que lo único que necesites sea mantenerte vivo el tiempo suficiente para beber algo más, algo que te devuelva toda tu fuerza y poder, algo que haga que nunca mueras. ¿Harry Potter, sabes qué está escondido en el colegio en este preciso momento?-

-La Piedra Filosofal.- dijo la voz de Jane, mientras la chica trataba de levantarse, pero la mano de Harry se lo impidió.

-¡La Piedra Filosofal! ¡Por supuesto... el Elixir de Vida! Pero no entiendo quién…- empezó Harry, mientras lanzaba unas cuantas chispas rojas en caso de que Hagrid no los encontrara.

-¿No puedes pensar en nadie que haya esperado muchos años para regresar al poder, que esté aferrado a la vida, esperando su oportunidad?- lo interrumpió Firenze, arqueando una ceja. Fue como si un puño de hierro cayera súbitamente sobre la cabeza de Harry y Jane. Por encima del ruido del follaje, a ambos les pareció oír una vez más lo que sus respectivos amigo y tutor le habían dicho en distintos momentos: «Algunos dicen que murió. En mi opinión, son tonterías. No creo que le quede lo suficiente de humano como para morir».

-¿Quieres decir- dijo con voz ronca Harry -que era Vol...?-

-¡Harry! ¡Jane! ¿Están bien?- Hermione y Demian corrían hacia ellos por el sendero, con Hagrid resoplando detrás.

-Estoy bien.- dijo Harry, casi sin saber lo que contestaba -El unicornio está muerto, Hagrid, está en ese claro de atrás.-

-Aquí es donde los dejo.- murmuró Firenze, mientras Hagrid corría a examinar al unicornio -Ya están a salvo.- Jane se deslizó de su lomo, directamente en los brazos de Demian.

-Buena suerte, Harry Potter.- dijo Firenze -Los planetas ya se han leído antes equivocadamente, hasta por centauros. Espero que ésta sea una de esas veces.- agregó, guiñandole un ojo a Jane, lo que le dio a entender a la chica de que el centauro estaba al tanto de su secreto. Se volvió y se internó en lo más profundo del bosque, dejando a Harry temblando, su mirada preocupada posada en Jane, Demian y Thomas, quienes parecían no querer soltar a su amiga.

*

Cuando volvieron al castillo, Los tres grupos se separaron, los cuatro alumnos de primero directamente a sus dormitorios, mientras que los tres de segundo se dirigieron directamente a las cocinas, esperando que alguno de los elfos domésticos se encontraran despiertos para que al menos Jane se pudiera tomar un chocolate caliente que la volviera a poner en pie. Ninguno de los dos la había alcanzado a ver desmayada, sin embargo, su semblante pálido les indicaba que algo muy malo había pasado.

-Por favor, chicos. Puedo llegar yo sola a la sala común. Ustedes tienen que descansar un poco.- solicitó Jane al darse cuenta de que Demian y Thomas se tomaban excesivamente en serio su protección -Les juro que no haré nada peligroso y, después de mi taza de chocolate caliente, me iré directamente a la cama.- agregó mirándolos con los ojos gran abiertos y una sonrisa de inocencia. Demian suspiró con fuerza y salió arrastrando los pies, mientras Thomas le lanzaba una mirada de preocupación. Después de que la puerta se cerrara detrás de sus amigos, Jane mandó a los elfos domésticos a dormir, mientras ella misma se preparaba su chocolate caliente, deseando con todas sus fuerzas no dormir aquella noche, pues estaba segura de que iba a tener pesadillas. De pronto, oyó la puerta volver a abrirse, y se giró de golpe, su varita en ristre.

-¡Woa! Calma allí. No te voy a hacer daño.- soltó un chico de pelo azul eléctrico y ojos púrpuras vestido con un uniforme verde.

-Pues sería la primera viniendo de parte de alguien de tu casa.- replicó Jane sin bajar su varita, demasiado tensa después de todo el lío en el bosque.

-Porter, tranquila. Te juro por mi madre que no te haré daño.- replicó el recién llegado alejándose de ella mientras se acercaba a los fogones y sacaba una taza y una bolsa de té. Al ver que el chico parecía dispuesto a mantener su promesa, Jane se tranquilizó lo suficiente para terminar de prepararse su chocolate caliente, tras lo cual, se sentó en una de las mesas, sorbiendo de costado, mientras mantenía un ojo en el chico.

-¿Eres un metamorfomago?- preguntó la chica sin levantar los ojos de su taza.

-Un metamorfomago muggle.- replicó el chico con una sonrisa, mientras se sacaba un lente de contacto de color morado de su ojo y riendo ante la mueca de asco que Jane producía.

-Grant Rey. Segundo.- sonrió el peliazul extendiendo su mano a través de la mesa.

-Jane Porter. Segundo.- respondió Jane sonriendo y aceptando la mano del chico en la suya.



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