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La Sangre llama a la Sangre » El Cuarteto del Terror
La Sangre llama a la Sangre (ATP)
Por MSebastian
Escrita el Domingo 13 de Noviembre de 2016, 14:43
Actualizada el Martes 12 de Enero de 2021, 18:42
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El Cuarteto del Terror

Capítulos
  1. El orfanato
  2. Lechuzas
  3. Familia
  4. Hogwarts
  5. Amistades y enemistades
  6. Los gemelos Weasley
  7. Guerra de Bromas
  8. Lecciones de vuelo
  9. Cumpleaños feliz
  10. Halloween
  11. Secretos del Director
  12. Poderosos encantamientos
  13. Navidad en familia
  14. ¿Hermano?
  15. El Bosque Prohibido
  16. El Cuarteto del Terror
  17. El Que no Debe ser Nombrado
  18. Casa
  19. Unas vacaciones movidas
  20. El niño nuevo
  21. Regreso a las andanzas
  22. El Trío del Terror
  23. Entrenamiento de Quidditch
  24. Quirrell
  25. El Troll de Halloween
  26. Harry en peligro
  27. Navidad
  28. Flamel
  29. Problemas
  30. Conociendo a Harry
  31. Pasando la trampilla
  32. El hombre con dos caras
  33. Enfermería
  34. Casa es donde el corazón está
  35. Malas noticias por lechuza
  36. Fama
  37. Golpes y peligro
  38. Nuevo profesor de defensa (Ahem, ¡inútil!)
  39. Enemigos
  40. Más secretos
  41. La advertencia
  42. Siempre Halloween
  43. La bludger loca
  44. Club de duelo
  45. De águilas y leones
  46. Banda de inútiles que no se toman nada enserio
  47. Más y más problemas
  48. Advertencias
  49. Y de vuelta al bosque
  50. La Cámara de los Secretos
  51. El Heredero de Slytherin
  52. Festín a medianoche
  53. La peor noticia del año
  54. La mejor noticia del año
  55. Las cosas no pueden empeorar
  56. Un Dementor en el Hogwarts Express
  57. Hagrid no se lo merece
  58. Tío Remus al rescate
  59. Halloween bajo las estrellas
  60. Promesas
  61. Navidades sin Remus
  62. Patronus
  63. Quidditch contra hermanos

Tras salir de la enfermería, Jane se sumó a Greg, Tonks y Charlie, quienes preparaban sus exámenes finales en la biblioteca.

-Peque, ¿cómo te encuentras?- preguntó Charlie corriendo sus libros y dejándole un espacio libre a su lado.

-Estoy bien…- susurró la chica pasándose la mano por su ojo, movimiento que no pasó desapercibido por la chica de pelo rosado.

-¿La señora Pomfrey no pudo eliminar las marcas?- preguntó Tonks agarrando la mano de Jane, dejando ver los rasguños dejados por el hombre lobo. La pequeña negó con la cabeza, tras lo cual, se volvió a tapar la cara. Durante el año escolar, su pelo había crecido, pero ya había recuperado su corte varonil, dejando esta vez un mechón lo suficientemente largo para taparse el ojo, avergonzada de tener una marca tan permanente en sí.

-Dijo que sólo podía atenuar la magia que había en ella, pero no eliminarla por completo.- resopló Jane con algo de dolor en la voz. Teniendo una leve idea de qué estaba pasando por la cabeza de Jane, Tonks puso cara de concentración y cambió su figura, adquiriendo los mismos rasgos que la chica, incluyendo las tres largas cicatrices que le habían quedado en el párpado izquierdo.

-Te ves hermosa, Jane. No dejes que te nadie te diga lo contrario.- susurró la adolescente, tras lo cual, regresó su atención al libro que estaba leyendo, sin cambiar su apariencia. La sesión de estudio se mantuvo por lo que quedaba de la tarde, momento en el que los cuatro se levantaron y se fueron al Gran Comedor para cenar.

-Hola Jane.- murmuró Demian sin saber como se lo tomaría su amiga.

-Hey, ¿has tenido noticias de Michael?- preguntó la chica como si nada hubiera pasado entre ellos. Demian sonrió ampliamente y le entregó la última carta recibida, esquivando la mirada de Greg, sabiendo que lo desaprobaba por completo. El premio anual iba a intervenir, cuando Thomas lo detuvo con una mano, sabiendo que esta vez, esos dos eran los únicos con derecho a decidir.

-Me mandó esto.- explicó Jane, mostrándole la caja que Remus le había dejado en la enfermería. Demian entreabrió las pestañas de la caja, encontrándose con un cargamento de pelotas saltarinas de variados tamaños y colores.

-Woa. ¿Tienes una idea de qué hacer con ellas?- preguntó el chico abriendo los ojos ampliamente a lo que Jane asintió con vehemencia.

-Sí, pero tenemos que pedirle algo a tío Remus antes.- sonrió la chica.

-Ni hablar, Jane.- gruñó Greg -Conozco esa sonrisa, y la respuesta es no.- agregó entrecerrando los ojos. La chica lo miró de la manera más inocente que pudo, lo cual confirmó a Greg que cualquier cosa que pasara de allí en adelante sería bastante horrible o desastrosa.

-Hacerte la inocente ya no sirve.- murmuró Tonks a su lado, mientras se sentaban para cenar.

-¿Y qué tienen allí?- preguntó Charlie, preocupado de que hicieran explotar el castillo, de los tres mayores, Charlie era el que menos se preocupaba, acostumbrado a vivir con los gemelos, pero precisamente por eso era que se asustaba más cuando Jane tenía su sonrisa de maldad en los labios, ya que aseguraba que sería algo que ni siquiera los gemelos habrían pensado con anterioridad.

-Nada importante.- replicaron velozmente Demian y Jane al unison, pero aquello levantó aún más las sospechas de sus amigos.

-Tenemos transformaciones, ¿no?- preguntó Gale, queriendo sacar a sus amigos del apuro en el que se habían metido.

-No. Estamos cenando, no pueden tener transformaciones.- replicó Greg, atrapándolos por las mangas.

-No vas a saber nada de nosotros, Greg. Acepta que por una vez podamos tener nuestro secreto.- pidió Jane -Además, tampoco es como que podamos hacer algo, ya que aún me falta conseguir una última cosa.- agregó con una sonrisa traviesa mientras se soltaba y se dirigía con su caja hacia su sala común. Tras responder el acertijo, Jane escondió la caja entre su cama y la pared, en un pequeño hueco que había descubierto en los primeros días, perfecto para esconder sus cosas más personales.

*

A pesar de la constante vigilancia de Greg, ni Jane ni Demian dejaron escapar lo que tenían planeado, pero los días pasaban y nada fuera de lo normal sucedía. Lo que ninguno de los chicos podía adivinar, era que Jane estaba esperando un paquete para poder terminar su broma, paquete que llegó una tarde noche, cuando sus compañeras ya estaban durmiendo. A la mañana siguiente, arqueó sus cejas en un modo extraño en dirección a Demian, quien entendió que el día había llegado. Tras las clases de la mañana, los chicos no fueron directamente a almorzar, sino que se escondieron en un sala vacía y prepararon la mejor de sus bromas.

-¿Lista?- preguntó Demian, escondiendo una sonrisa.

-Lista.- replicó Jane, sabiendo que aquella broma sería épica. Con un veloz movimiento, ambos prendieron las mechas que sobresalían de las pelotas saltarinas, dejando que estas últimas corrieran por el suelo del Gran Comedor. Antes de que estas estallaran, Jane alcanzó a sentarse en su puesto al lado de Thomas y Demian al lado de Gale, tras lo cual, esperaron el estallido. El primero fue en mitad de la mesa de Slytherin, tras lo cual, todas las pelotas empezaron a saltar con fuerza entre una y otra mesa, estallando de a poco y asustando a todos, pero sobre todo a los magos de sangre pura, quienes jamás habían visto una pelota saltarina en su vida. Los gritos empezaron a resonar con fuerza, mientras muchos corrían de aquí para allá, esperando escapar de lo que fuera que estaba pasando, gritos a los que Jane y Demian se sumaron, pero no con mucha convicción ya que sabían lo que estaba pasando. De pronto, una ráfaga de viento ingresó al Gran Comedor, haciendo que las pelotas saltarinas se empezaran a reunir en pequeños grupos y que los petardos escondidos en ellas tardaran un poco más en explotar, produciendo reacciones bastante divertidas de ver. Tras media hora de caos, todas los petardos dejaron de explotar, lo que permitió que los profesores se deshicieran de las pelotas saltarinas con varios y complicados movimientos de varita.

-Es imposible que esto haya salido de los hermanos Weasley.- suspiró la profesora McGonagall saliendo del comedor al mismo tiempo que los cuatro pequeños Ravenclaw.

-Dudo mucho que alguno sepa siquiera lo que es una pelota saltarina.- agregó la profesora de transformaciones con desagrado.

-Eso quita de en medio a un tercio del colegio,- indicó el profesor Snape a su lado -pero eso no nos ayuda a descubrir al responsable.- agregó con furia.

-Ya, ya, Severus. Sólo fue una broma inocente.- replicó el profesor Dumbledore a su lado, una sonrisita en la esquina de sus labios que sólo el pequeño grupo pudo ver.

-Sean quienes sean, son de temer.- suspiró el profesor Flitwick preocupado por tener que lidiar con un grupo nuevo de bromistas. Sabiendo que si se seguían quedando allí los descubrirían, Jane y Demian se lanzaron por los pasillos hacia su siguiente clase, tratando de mantener su risa escondida hasta que tuvieran la vía libre. En cuanto se empezaron a reír, Thomas y Gale se dieron cuenta de qué era lo que pasaba con esos dos.

-¿Fueron ustedes?- preguntó Gale molesto.

-El profesor Flitwick tiene razón. Si que son de temer.- murmuró Thomas al recibir la confirmación de sus amigos. Entendiendo ahora todo, los otros dos se sumaron a las risas de sus amigos, y los cuatro ingresaron a su clase con Binns más ruidosos que de costumbre.

*

-Hey. Chicos.- susurró una voz desde una esquina, cuando estos pasaban por un pasillo en dirección al patio. Los cuatro se miraron unos a otros, intrigados, tras lo cual, revisaron en su mapa que aquello no fuera una trampa. Al ver que eran solo los gemelos Weasley, Jane y Thomas prepararon sus varitas en caso de que fuera una broma, mientras seguían a Demian y Gale, quienes se internaron en la oscuridad del pasadizo.

-¿Alguno quiere tener la amabilidad de explicarnos qué mierda es esto?- pidió George extendiendo una pelota saltarina hacia ellos. Al verla, Jane tuvo un ataque de risa, por lo que Demian tuvo que adelantarse.

-Se denomina "pelota saltarina". Es de goma y está diseñada para saltar en cualquier dirección.- explicó Demian ante la mirada asombrada de los gemelos Weasley, Gale y Thomas. Al parecer aquello era un elemento desconocido para los magos de sangre pura, pues todos estaban igualmente fascinados con aquella extraña pelotita.

-Deberían compartir sus trucos. No es justo para la competencia que ustedes tengan todo del mundo muggle y del mundo mágico.- gruñó Fred incómodo por ver que la competencia por los alborotadores más grandes de Hogwarts iba a estar más reñida que el año anterior.

-No sabía que esto era una nueva competencia.- gruñó Gale cruzándose de brazos.

-Son bromas. Las bromas siempre son competencia.- replicó George, pero Jane le lanzó tal mirada que el chico pelirrojo se asustó un poco.

-Bueno, ya que eso está claro, ¿qué tal un pequeño desafío?- propuso Jane con su sonrisa vampiresca.

-¿Qué tienes en mente, Jane?- se asustaron Demian y Thomas sabiendo que cuando ponía esa cara era cuando más locas eran sus ideas. La joven se quedó en silencio por unos minutos, tras lo cual miró hacia la torre de astronomía y el brillo en sus ojos aumentó.

-A que no se animan a lanzarse desde la torre de astronomía atados por los pies.- propuso Jane diabólicamente.

-Asumo que estás hablando de cuerda bungee, ¿verdad?- se angustió Demian.

-¡Demian! La idea era asustarlos.- se quejó Jane, golpeándolo en el hombro.

-¿Cuerda bungee?- preguntaron los cuatro sangre pura, aún asustados por la idea suicida de la más pequeña del grupo.

-Es una cuerda muggle que tiene algo de elasticidad. El salto bungee se practica como deporte.- explicó Jane cansinamente, sabiendo que Demian había exagerado en demasía todo lo que conllevaba el salto bungee.

-¡Yo me apunto!- exclamaron los gemelos Weasley con una sonrisa traviesa en los labios girándose hacia el grupo de Ravenclaw, del cual, sólo Jane parecía realmente entusiasmada.

-Vamos.- suplicó Jane mirando a Demian con ojos de cachorrito triste -Será divertido.- prometió la chica. Demian soltó un fuerte suspiro, sabiendo que, ahora más que nunca le sería más fácil a Jane conseguir lo que quisiera de él.

-Está bien.- resopló Demian -Pero tú le pides la cuerda a Michael.- agregó con una sonrisa diabólica.

-Hecho.- afirmó la chica tendiendole la mano. Ambos se estrecharon la mano a modo de acuerdo, tras lo cual, Jane salió corriendo hacia la lechucería, con una sonrisa en la cara.

-Te va a salir caro el pagar por el daño emocional que le hiciste.- susurró Thomas con una sonrisa demoníaca, sabiendo perfectamente lo que estaba pasando por la mente de su compañero. Fred y George se quedaron en silencio, sin entender mucho de lo que estaba pasando, por lo que decidieron eclipsarse cuanto antes del lugar.

*

Una semana había pasado desde que habían acordado hacer salto bungee, pero Jane seguía sin recibir respuestas de Michael. No fue sino hasta la tarde del sábado que un paquete aterrizó frente a ella con una carta cuya letra era indiscutiblemente de Michael.

-¡Sí!- exclamó la chica, llamando la atención de sus amigos y compañeros de mesa.

-¿Qué dice?- preguntó Demian, agarrando a su amiga y tirando de ella hacia los dormitorios.

-Dice que no quiere saber para qué lo queremos, pero que nos envió suficiente cuerda como para darle ocho vueltas a un campo de fútbol. Ah, y que ni Remus ni tus padres lo vieron, pero que por eso se demoró tanto.- agregó tras leer toda la carta. Los dos amigos intercambiaron una mirada y se echaron a reír con fuerza, tras lo cual, agarraron la cuerda y se lanzaron a buscar a sus amigos y a los gemelos Weasley, quienes se encontraban con Lee Jordan. Sin estar seguros, los Ravenclaw se quedaron espiando unos minutos, momento que los gemelos aprovecharon para acercárseles velozmente, empujando a Lee con fuerza.

-Tenemos un miembro extra.- anunció George con una sonrisa.

-Excelente. Nosotros tenemos la cuerda.- replicó Jane en el mismo tono de voz. De inmediato, los tres Gryffindor miraron la cuerda que la chica tenía entre sus manos, tras lo cual, se lanzaron hacia la torre de astronomía.

-Jane, dime que sabes como usar esto.- pidió Thomas, muerto de miedo. A su lado, Gale parecía igual de asustado, pero mucho menos proclive a demostrarlo. La azabache asintió levemente con la cabeza, tras lo cual, midió la cuerda, cortó la cantidad que creía adecuada, y se la ató a los pies.

-¿Lista?- preguntó Demian, amarrando el otro extremo de la cuerda a una columna a sus espaldas.

-Lista.- replicó la chica parándose en el borde de la ventana. Sin querer, Jane miró hacia abajo y se preguntó si finalmente aquello sería una buena idea, pero una mirada hacia sus amigos le dio a entender que no había marcha atrás. Tomando una gran bocanada de aire, la chica se lanzó en el aire y se dejó caer con fuerza. La sensación que tuvo fue indescriptible, era casi tan buena que cuando se subía a una escoba, quizás incluso mejor que cuando Charlie la había llevado consigo tras un partido de Quidditch. Se dejó rebotar un par de veces, tras lo cual, logró engancharse de nuevo en el borde la ventana, con el pelo todo desordenado y una sonrisa de oreja a oreja.

-¡Esto fue fantástico!- exclamó la chica, soltándose los pies y lanzándose a los brazos del primero que se encontraba en su camino, quien resultó ser Fred Weasley.

-Mi turno.- anunció Demian de inmediato. Tras haber visto a su amiga caer en picado, se había asustado bastante, más no tenía intención de dejarla pasar por aquello sola.

-¿No se puede hacer de a dos?- preguntó Thomas siguiendo la línea de pensamiento de su compañero. Jane sacó otra cuerda y la amarró de la misma manera, tras lo cual, los dos amigos se lanzaron al vacío, dejándose caer varias veces antes de regresar al borde de la ventana, aunque con ayuda de Jane y los gemelos, pues no lograron adquirir la técnica suficiente para rebotar en el ángulo adecuado.

-¿Quién sigue?- preguntó Thomas, mientras Jane revisaba los alrededores, asegurándose de que los profesores no se irían a dar una vuelta por allí. Gale miró hacia todos los presentes y se dio cuenta de que ninguno de los Gryffindor parecía interesado en ser el siguiente, por lo que se armó de valor y se amarró la cuerda a los pies.

-¿Estás seguro, Gale? Se te ve algo pálido…- se preocupó Jane, pero Gale negó con la cabeza y se lanzó al vacío con los ojos cerrados, aunque no pudo evitar soltar un pequeño grito que por suerte no se escuchó muy lejos.

-Vamos chicos, les toca.- anunció Thomas tendiéndole la cuerda a los Gryffindor, mientras Jane ayudaba a Gale a sentarse. Al parecer la experiencia no había sido tan buena como para sus amigos, ya que parecía mareado y a punto de vomitar, algo que no atraía a los gemelos Weasley para nada.

-Ustedes cuatro son del terror. En serio.- soltó Lee, muy pálido.

-Hey, el profesor Flitwick dijo algo similar cuando hicimos la broma con los petardos y las pelotas saltarinas.- saltó Jane con una sonrisa -Podríamos llamarnos así. "El cuarteto del Terror". ¿Qué opinan?- al ver el asentimiento colectivo, Jane se lo anotó en un pedazo de papel, tras lo cual, miró hacia Fred y George con la cuerda en mano.

-¿En serio no se van a atrever? Es realmente genial.- dijo Jane con una sonrisa traviesa. Tanto Fred como George se miraron con suspicacia, sabiendo que no podían desistir en aquel minuto, pero temerosos de un artefacto muggle desconocido que había dejado a al menos uno de los dos sangre pura de Ravenclaw a punto de vomitar. Reuniendo todo el coraje que hacía de ellos unos Gryffindor, Fred y George se amarraron las cuerdas de bungee a los pies y se lanzaron al vacío, aunque ambos pegaron sendos gritos que, si no llamaban la atención de nadie, sería un milagro. Preocupados, Thomas abrió su mapa y revisó los puntitos de los profesores, mientras Jane y Demian ayudaban a los gemelos a subirse al borde de la ventana.

-Vienen McGonagall y Snape.- anunciaron Thomas y Lee, quien también tenía un mapa.

-Ese no es…- empezaron Jane y Fred al unison.

-¡Eso es nuestro!- replicaron Demian y George tratando de quitarse respectivamente los mapas, pero entre Thomas y Lee los mantuvieron fuera del alcance, justo cuando Gale les hacía un gesto para que se quedaran callados. Los siete se pegaron a la pared, tratando de contener la respiración, sabiendo que si los profesores ingresaban a la torre estarían perdidos. Al parecer la buena estrella les sonrió en aquella situación, pues los profesores pasaron de largo, pero aún así los chicos decidieron regresar a sus respectivos dormitorios.

-Nos vemos mañana.- susurró Jane tomando el camino hacia la torre de Ravenclaw con sus amigos.

*

A la mañana siguiente, los chicos fingieron haber pasado una noche maravillosa para esquivar las miradas de sospecha de los profesores, más Jane no tuvo esa suerte. Aún acostumbrada a mantener el despertador activo, aquella mañana no lo había escuchado y sus compañeras no tenían ni idea de cómo apagarlo, por lo que su dormitorio se convirtió en un griterío protagonizado por Cho Chang quien terminó por lanzarle un vaso de agua encima a Jane. Antes de que la pelea pasara a mayores, la prefecta de la casa ingresó a la pieza, imponiendo orden, a la vez que le quitaba varios puntos al grupo por armar escándalo.

-Me las vas a pagar, Potter.- murmuró la chica asiática en una manera que a Jane le recordó sus compañeras del orfanato. Bostezando con fuerza, Jane se dirigió al comedor a tomar desayuno, ante la mirada atenta de sus amigos.

-No soporto a Chang, ¿no puedo dormir con ustedes?- pidió la chica ahogando un bostezo mientras se servía una taza de chocolate caliente.

-No creo que esté permitido, pero siempre podemos colarte.- indicó Demian, dispuesto a lo que fuera para regresar a la época en la que ambos se tenían el uno al otro en las buenas y en las malas. Jane se lanzó de inmediato a sus brazos, tras lo cual, se dirigieron a la sala de transformaciones, donde Jane recibió un nuevo reto por adormilarse en el hombro de Thomas. A medida que avanzaba el día, Jane consideró cada vez más el hacerse pasar por enferma para poder irse a dormir, aunque fuera unas horas, a la sala común. No fue sino hasta el anochecer que los Ravenclaw volvieron a ingresar a su torre, momento que Jane aprovechó para deslizarse con una frazada en la pieza de los chicos de su año.

-¿Cómo lo piensan hacer?- preguntó Gale, algo molesto por la presencia de Jane en el dormitorio.

-No te preocupes.- resopló la chica -Demian y yo hemos compartido cama en más de una ocasión y ambos dormimos mucho mejor así.- agregó tendiéndose al lado de su amigo por sobre sus mantas y echándose la frazada por encima. Antes de cerrar los ojos, Jane se tomó de golpe la poción de Remus, tras lo cual, ingresó a un profundo sueño sin sueños.

-¿Qué fue eso que se tomó?- preguntó Thomas intrigado.

-Una poción para dormir sin sueños.- explicó Demian pasándole un brazo en los hombros a su amiga -Jane tiene pesadillas, así que siempre se toma una poción antes de irse a dormir.- agregó con una mueca, sabiendo cuanto le desagradaba a su amiga el tener que depender de una poción para poder dormir con tranquilidad, aunque era mejor eso que las pesadillas que la acosaban cuando dormían en el orfanato. Tras despedirse unos de otros, los tres chicos se quedaron dormidos, pensando en lo extraño que era tener a su amiga con ellos, como si las reglas no importaran.

*

Tras un par de días funcionando de aquella manera, los chicos se dieron cuenta de las miradas extrañadas que les enviaban los alumnos de cursos más altos, pero no fue sino hasta que Greg ingresó a su pieza una noche que entendieron qué era lo que estaba pasando. El adolescente pegó el grito al cielo por el hecho de que Jane estaba durmiendo desparramada, casi encima de Demian, y ni siquiera cuando le explicaron lo que había estado pasando los dejó continuar.

-¿A que no adivinas quién le avisó a nuestro querido premio anual?- se burló Cho Chang al ver a la azabache ingresar de nuevo a su dormitorio, pero no se esperaba la respuesta que esta tuvo. Con un movimiento brusco, Jane cerró su puño y lo estalló en la cara de su compañera, tras lo cual salió corriendo, aún con su frazada en mano y se instaló en uno de los sillones frente a la chimenea a dormir. No era la mejor de las soluciones, pero si seguía cerca de Cho Chang, terminaría destrozando el dormitorio.

*

-Se te ve como el demonio, Potter.- dijo George al desayuno pasando detrás de ella.

-Muérdeme, Weasley.- replicó Jane sin siquiera acercarse a su taza de chocolate caliente. Al darse cuenta de lo que pasaba, George se dio cuenta de que era algo importante lo que le estaba pasando, puesto que la chica jamás desechaba el chocolate. Si que Jane lo viera, se deslizó hacia su hermano y le susurró un par de palabras al oído, palabras que este repitió al oído de Lee a su lado y los tres asintieron con fuerza. Con un simple movimiento de varita, hicieron estallar chispas rojas sobre sus cabezas para llamar la atención de todos los presentes.

Dios salve a nuestra graciosa Reina

Larga vida a nuestra noble Reina

¡Dios salve a la Reina!

Que la envíe victoriosa

Alegre y gloriosa

Que tenga un largo reinado sobre nosotros:

¡Dios salve a la Reina!

En cuanto los tres chicos empezaron a cantar el silencio se hizo en mitad del comedor, pero por primera vez, estos solo tenían ojos para la pequeña azabache en la mesa a su lado.

O señor, nuestro Dios arriba

Haz que sus enemigos se dispersen

Y hazlos caer

Confunde a sus políticos

Frustra sus trucos deshonestos,

Sobre Ti nuestras esperanzas fijamos:

Dios nos salve a todos.

Las risas no se hicieron de esperar, mientras los chicos entonaban la segunda estrofa y ni siquiera los profesores podían mantener una cara seria frente a la seriedad con la que los pelirrojos y su amigos de rastas cantaban el himno nacional, himno al que se sumaron Demian y Thomas al entender a qué venía aquello.

Tus regalos más selectos en la tienda,

Complácete en verter;

Que reine durante mucho tiempo:

Que defienda nuestras leyes,

Y nunca nos dé causa,

Para cantar con corazón y voz,

¡Dios salve a la reina!

Al terminar la canción, ni siquiera los Slytherin se podían retener de sonreír, más la risa de Jane fue la guinda de la torta y los tres Gryffindor entrechocaron sus manos, mientras Jane se lanzaba a través de espacio para abrazarlos y agradecerles la subida de ánimo.


Hace tiempo que no hacía una nota de autor
pero veo que conseguimos las más de mil lecturas y quería agradecérselos
¿Qué les pareció que los Weasley canten el himno nacional?
Eso. Muchas gracias de nuevo, nos seguimos leyendo
MSebastián ;)


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