Historia al azar: Que alguien me tienda su mano
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La Sangre llama a la Sangre » Navidad en familia
La Sangre llama a la Sangre (ATP)
Por MSebastian
Escrita el Domingo 13 de Noviembre de 2016, 14:43
Actualizada el Martes 12 de Enero de 2021, 18:42
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Navidad en familia

Capítulos
  1. El orfanato
  2. Lechuzas
  3. Familia
  4. Hogwarts
  5. Amistades y enemistades
  6. Los gemelos Weasley
  7. Guerra de Bromas
  8. Lecciones de vuelo
  9. Cumpleaños feliz
  10. Halloween
  11. Secretos del Director
  12. Poderosos encantamientos
  13. Navidad en familia
  14. ¿Hermano?
  15. El Bosque Prohibido
  16. El Cuarteto del Terror
  17. El Que no Debe ser Nombrado
  18. Casa
  19. Unas vacaciones movidas
  20. El niño nuevo
  21. Regreso a las andanzas
  22. El Trío del Terror
  23. Entrenamiento de Quidditch
  24. Quirrell
  25. El Troll de Halloween
  26. Harry en peligro
  27. Navidad
  28. Flamel
  29. Problemas
  30. Conociendo a Harry
  31. Pasando la trampilla
  32. El hombre con dos caras
  33. Enfermería
  34. Casa es donde el corazón está
  35. Malas noticias por lechuza
  36. Fama
  37. Golpes y peligro
  38. Nuevo profesor de defensa (Ahem, ¡inútil!)
  39. Enemigos
  40. Más secretos
  41. La advertencia
  42. Siempre Halloween
  43. La bludger loca
  44. Club de duelo
  45. De águilas y leones
  46. Banda de inútiles que no se toman nada enserio
  47. Más y más problemas
  48. Advertencias
  49. Y de vuelta al bosque
  50. La Cámara de los Secretos
  51. El Heredero de Slytherin
  52. Festín a medianoche
  53. La peor noticia del año
  54. La mejor noticia del año
  55. Las cosas no pueden empeorar
  56. Un Dementor en el Hogwarts Express
  57. Hagrid no se lo merece
  58. Tío Remus al rescate
  59. Halloween bajo las estrellas
  60. Promesas
  61. Navidades sin Remus
  62. Patronus
  63. Quidditch contra hermanos

La primera mañana de vacaciones, los alumnos de la torre de Ravenclaw corrían de un lado para el otro, todos tratando de estar listos antes de las once, momento en el que el tren los llevaría de vuelta hacia sus casas. Demian y Jane se habían quedado en la sala común, sus baúles listos a sus pies, mientras esperaban a Greg, quien era el único que también volvía a su casa para navidades.

-¿Pero qué le puede estar tomando tanto tiempo?- se quejó Demian, revisando su reloj por milésima vez.

-No lo sé. Pero no es necesario que te preocupes tanto, el tren no se va a ir sin nosotros.- prometió la chica con una sonrisa en los labios. Pasaron casi quince minutos antes de que Greg bajase de su dormitorio, minutos en los que ambos niños aprovecharon para apoderarse de los sillones frente al fuego, adormilándose.

-¿Listos, chicos?- preguntó Greg bajando su baúl del dormitorio -¿Chicos?- agregó al darse cuenta de que no había respuesta. Tras pensárselo un poco, consideró que quizás ya habían bajado, por lo que empezó a dirigirse hacia la puerta, escuchando un fuerte resoplido proveniente de uno de los sillones.

-Claro, nos hace esperarlo eternamente y ahora sale sin nosotros.- se quejó la voz de Demian, mientras Jane solo se reía en voz baja. Ambos cogieron sus baúles y salieron tras Greg hacia la estación, donde los chicos lograron conseguir un compartimento para ellos solos, al que se sumaron Thomas y Charlie.

-¿Tonks no va a casa?- preguntó Jane mientras el tren se ponía en marcha. Greg negó con la cabeza con una sonrisa, tras lo cual, se giró hacia la ventana con una mirada melancólica.

*

Al llegar a King Cross, todos se bajaron con sus bolsos y baúles al andén, de la manera más ordenada que pudieron, aunque Jane y Demian tuvieron que contenerse para no lanzarse encima de Michael.

-¿Qué tal el colegio?- preguntó Michael abrazando a cada uno con un brazo. Ambos empezaron a hablar al mismo tiempo, relatando sus últimas aventuras como si no hubiese nadie más presente.

-¡¿Qué hicieron QUÉ?!- exclamó Remus de golpe al escuchar una frase al vuelo. El hombre los miró a los dos de un modo que les daba a entender que los quería atravesar con la mirada, mientras esperaba una respuesta.

-Una guerra de bromas…- susurró Jane. Remus tuvo que pasarse la mano por la cara un par de veces, tras lo cual, soltó un suspiro de frustración.

-Remus, tranquilizate. Al menos no los pillaron.- sonrió Rose abrazada a Demian.

-Y tampoco es como si tú y James no hubiesen hecho de las suyas tampoco.- agregó Jonathan a su lado. Al ver que ambos tenían razón, Remus decidió quedarse en silencio, más su mirada indicaba que las cosas seguían sin estar bien. Viendo esto, Rose decidió adelantar su salida con Jane, de modo que Remus tuviese tiempo para bajarse los humos.

-Nos vemos a la tarde, chicos.- anunció la mujer con una sonrisa mientras cogía del brazo a la pequeña y ambas cruzaban la barrera como si fuese una simple cortina.

*

Durante la tarde, las dos mujeres se divirtieron haciendo las compras de los regalos de Jane para los distintos miembros de las dos familias. Como la chica se había criado principalmente en el mundo muggle al igual que sus dos amigos y Rose, decidieron que era mejor comprar los regalos en los grandes almacenes en vez de ir al Callejón Diagon, lugar al que Rose no tenía ni idea de cómo llegar tampoco.

-¿Crees que si le regalo chocolate a Remus será suficiente como regalo?- preguntó Jane, viendo los surtidos de caramelos que había en la tienda.

-Por supuesto. El chocolate es la moneda de cambio de Remus de toda la vida. Vieras la de historias respecto a eso que Jonathan me contaba cuando volvía de Hogwarts para las vacaciones.- sonrió Rose con una mirada nostálgica. Ambas prosiguieron con sus compras, mientras Jane anotaba mentalmente algunas ideas para Rose, considerando pedirle a Remus que se los comprase.

*

-¿Qué me trajiste?- preguntó Michael con una sonrisa traviesa, mientras ayudaba a su madre y a Jane a llevar los regalos hasta el árbol de navidad que habían instalado en el salón de la casa.

-¿Y quién dijo que te traje algo?- replicó Jane depositando su pila entre los demás regalos ya presentes -Ya lo veras en un par de días.- le aseguró al ver la luz de decepción en los ojos de su hermano mayor. Tras dejar las pilas de regalos, Michael se fue a ayudar a Rose en la cocina, mientras Jane se iba a su casa, donde Remus la esperaba con los últimos regalos, uno de los cuales tuvo que comprarlo el hombre en el Callejón Diagon, pues Jane no lo hubiese podido encontrar en ningún otro lugar.

-¿Lista para tu primera navidad en familia, Jane?- preguntó el hombre con una sonrisa que contrastaba con sus ojos cansados.

-¿Estás bien?- se preocupó Jane sin responder a la pregunta de su tutor, este asintió con la cabeza pero no formuló respuesta alguna. Aún preocupada, Jane cogió todos los regalos que faltaban y los trasladó con algo de dificultad hasta la casa de al lado.

-Deberíamos botar el muro que tenemos entre las dos casas.- propuso Demián saliendo al encuentro de su mejor amiga, pero no le pudo ayudar con nada, pues Jane quería demostrar que se la podía sola, sin necesidad de nadie.

-Estoy de acuerdo contigo. Quizás podríamos hacerlo para año nuevo.- respondió la chica azabache, mientras depositaba con cuidado los regalos que llevaba entre los demás regalos al pie del árbol.

-¿Qué quieren hacer para año nuevo?- preguntó Michael sacando su cabeza a través de la puerta de la cocina. Los dos amigos se lo quedaron mirando fijamente, tras lo cual, echaron a reír a grandes carcajadas, ya que su amigo estaba con un delantal negro sobre su ropa, pero con la cara y el pelo tan llenos de harina que se le veía irreconocible, mientras agitaba una cuchara con chocolate en su mano derecha.

-¿Qué?- Michael arqueó una ceja mientras se metía la cuchara a la boca, llenándose la cara de chocolate.

-Nada. Nada.- se defendieron ambos amigos esquivando sus miradas y lanzándose a correr hacia la pieza que Demián y Michael compartían. En un principio, Rose y Jonathan habían considerado piezas individuales para los niños, pero al ver que Demián no dormía tranquilo sin su hermano, consideraron mejor que ambos durmieran juntos, al menos hasta que los chicos necesitasen de su propio espacio. Una vez en la pieza, Jane y Demian se sentaron en el suelo, el uno contra el otro, en total silencio, sólo disfrutando de los pequeños detalles que Michael había ido agregando poco a poco.

-No sabía que ellos se tomaban una foto antes de iniciar el curso.- susurró Demian viendo una foto de un curso en la que se podía distinguir claramente a Michael por su ceño fruncido y media sonrisa de incomodidad.

-¿Nosotros tendremos una foto de curso?- preguntó Jane interesada. Demian se encogió de hombros, sin saber exactamente qué decirle, aunque esperaba con todo su ser que no fuese así. Cuando bajaron a cenar, respondieron a todas las preguntas de Rose y Michael acerca de cómo les había ido en el colegio, cortándose la palabra cada cierto tiempo para que Remus y Jonathan no supiesen de sus ideas y proyectos más locos.

-La profesora McGongall se convirtió en gato frente a toda la clase…-

-Ya decía yo que era algo extraña.-

-Los gemelos Weasley le enseñaron a Jane a ser bateadora…-

-Y Charlie me va a dejar asistir a los entrenamientos de Gryffindor para que pueda entrenar.-

-¿Sabías que hay una planta que te puede atrapar con sus ramas como tentáculos y ahogarte?-

-El profesor Flitwick dijo que aprenderíamos a iluminar nuestras varitas de vuelta de vacaciones.-

-Me crucé con el guardabosque el otro día y me preguntó si conocía bien a Jane Potter. Nos invitó a tomar el té el primer sábado de vuelta de vacaciones.-

-Dijo que conocía a mi padre y a su panda, ¿saben lo que eso significa?- ante lo último dicho por Jane, Jonathan y Remus intercambiaron sendas miradas y echaron a reír como dos locos, aunque Remus se puso serio en seguida.

-¿Remus?- preguntó Rose, siendo la primera en darse cuenta.

-No es nada. Sólo viejos recuerdos.- replicó el hombre de canas, pasándose la mano por la cara. Entendiendo que algo había pasado, Jane fingió un bostezo, estirando con fuerza sus brazos por encima de su cabeza.

-¿Nos vamos a casa?- preguntó Remus a quien la chica no engañaba. Jane asintió con la cabeza y, tras despedirse, caminaron el metro que separaba una puerta de la otra.

-Estábamos pensando con Demian en que quizás podríamos derribar la pandereta que separa ambos patios. Sería más rápido para vernos.- murmuró Jane, tratando de distraer a Remus mientras este preparaba su habitual chocolate caliente de antes de dormir.

-¿Remus?- agregó la chica al ver que su tutor no parecía reaccionar de ninguna manera.

-Lo siento. Estaba pensando en que era una buena idea, pero llevaría bastante papeleo. Habría que permitir que ambas casas tengan un permiso de magia en interiores.- dijo Remus con una sonrisa iluminándole la cara.

-Entonces, ¿no lo podremos hacer en año nuevo?- suspiró Jane algo decepcionada, sorbiendo de a poco su chocolate caliente. Remus negó con la cabeza, pues sabía mejor que nadie cuanto tardaban en el ministerio para entregar un permiso de magia en interiores. Tras tomar un último sorbo de su taza, el hombre castaño se levantó y la fue a dejar al lavaplatos, tras lo cual, se giró hacia Jane, quien se había terminado por adormilar encima de la mesa. COn una leve sonrisa, Remus logró cojerla en brazos y subirla hasta su pieza, donde le quitó sus zapatos y la deslizó en su cama con mucho cuidado.

*

En casa de los Eames las luces estaban apagadas desde hacía varias horas atrás, cuando un fuerte grito resonó, proveniente de la casa de al lado, el cual consiguió despertar a todos los durmientes, incluyendo a los padres.

-¿Qué fue eso?- preguntó Jonathan con su varita en mano, mientras Rose se restregaba los ojos debido al sueño.

-Querrás decir "qué es eso".- lo corrigió Demian al escucharse el grito por segunda vez.

-¿No será…?- preguntó Rose con mirada preocupada, pero no terminó su frase. Jonathan negó con la cabeza.

-Aún falta.- replicó Jonathan crípticamente mirando por una ventana hacia donde se podía ver una luna que se iba llenando poco a poco. El hombre se deslizó por el pasillo hacia la puerta, su varita en ristre y Rose en sus talones. Detrás de la mujer, Michael y Demian se mantenían apretados el uno contra el otro, seguros de que sus padres los iban a salvar de aquel ser que gritaba tanto. Desde que habían descubierto la magia, ambos habían leído mucha literatura muggle y tenían la cabeza llena de ideas, a cual más aterradora, sobre lo que podría ser aquel grito. Al ver que el grito no parecía parar, Jonathan ingresó a la casa de Remus y Jane, viendo que los gritos provenían del piso de arriba.

-Quizás deberías quedarte con los niños aquí…- propuso el hombretón mirando hacia su esposa, pero esta negó con la cabeza, apuntando hacia los dos pequeños que ya se estaban lanzando por las escaleras hacia la pieza de Jane. Si bien esta no estaba tan cuidada como la de Michael y Demián, seguía manteniendo su toque exclusivo, con una estantería de libros, un par de fotos colgadas en la pared celeste y con la cama al medio de la pieza donde Jane se removía con fuerza, Remus a su lado, tratando de despertarla.

-¡JANE!- gritó Demián con todas sus fuerzas mientras Michael se sentaba al otro lado de la cama y le agarraba la mano con fuerza, tratando de hacerle soltar los dedos. Tanto el grito como el contacto con Michael hicieron que Jane se despertase de golpe, pero con tan mala suerte que se incorporó con fuerza, golpeando a Remus en la cabeza.

-... lo siento.- susurró Jane al ver a su padrino tocándose la frente.

-Rose, Jonathan, ¿me ayudan a bajar?- pidió Remus dándole una sonrisa a Jane e indicandole que no era nada.

-... lo siento.- se volvió a disculpar Jane, agarrándose con fuerza a Michael como si temiese que Remus la quisiese devolver al orfanato. Remus volvió a sonreír para indicarle que no pasaba nada y bajó las escaleras siendo ayudado por Rose y Jonathan. Se le partía el corazón el ver a Jane de ese modo, pero sabía que aún no eran lo suficientemente cercanos para que ella se abriese a él. Jane siguió acurrucada entre los brazos de Michael, esperando que la noche termináse y el día empezase cuando antes.

-¿Quieres que me quede a dormir contigo esta noche?- propuso Michael en un susurro que sólo Jane supo escuchar. La niña asintió levemente con la cabeza, tras lo cual empezó a sollozar sin un solo sonido. Demian se sentó en la cama, al lado de sus hermanos, y le secó las lágrimas suavemente con un dedo.

-Yo también me puedo quedar si quieres.- susurró el chico con una sonrisa. Los dos hermanos Eames se deslizaron en la cama de su amiga y se acurrucaron a su alrededor uno a cada lado, por lo que, cuando llegaron Jonathan y Rose, se encontraron con que los tres pequeños se habían quedado completamente dormidos con los brazos unos encima de los otros.

-¿No podemos dejarlos dormir así?- pidió Rose con un brillo especial en los ojos.

-Me encantaría, pero Jane se tiene que tomar la poción, sino las pesadillas atacarán, sin importarles con quien esté.- replicó Jonathan suspirando con desagrado ante la tarea que se le venía encima.

-Hablas como si las pesadillas tuviesen conciencia. Como si no fuese algo creado por su mente.-

-Eso es porque es así. Las pesadillas de los brujos tienden a ser recuerdos antiguos que aparecen de la peor manera posible.- le explicó Jonathan en un susurro, mientras trataba de despertar a Jane. Esta vez la tarea fue más fácil, puesto que, si bien Michael y Demian se habían dormido profundamente, Jane estaba en un estado soporífero, pero no completamente dormida.

-¿Qué pasa?- murmuró la chica, restregándose los ojos con fuerza.

-Tienes que tomarte esto. Así podrás dormir tranquila.- le indicó Jonathan.

-¿Y Remus?-

-Con una bolsa de hielo en la cocina.- respondió Rose tratando de tranquilizar a la niña. Dándose cuenta de que la cosa no estaba tan mal, Jane cogió el vaso con la poción de la mano de Jonathan, tras lo cual, se lo tomó de golpe, ya acostumbrada a su sabor. Los dos adultos sonrieron al ver que la chica caía en su cama, profundamente dormida, viendo que Michael y Demian la rodeaban instintivamente con sus brazos.

-Pobres. Tardaremos bastante tiempo, si es que no toda su vida, en hacerles ver que pueden relajarse.- susurró Rose, apagando la luz de la pieza y saliendo junto a Jonathan. Ambos iban a regresar a su casa, cuando Remus los llamó desde la cocina.

-Deberían quedarse a dormir aquí, chicos.- propuso Remus apuntando hacia la pieza de invitados que Jane y él habían amueblado.

-No queremos molestar…-

-No molestan.- interrumpió el hombre de inmediato. Tras un poco más de rebeldía de parte de Rose y de insistencia de parte de Remus, la pareja se instaló en la cama matrimonial que Jane había insistido en instalar en el cuarto de invitados, mientras Remus cerraba todo de nuevo.

*

Tras los primeros días de vacaciones, los niños se habían acostumbrado a dormir todos juntos, ya fuese en casa de los Eames, ya fuese en casa de Remus. La mañana del veinticuatro de diciembre, los tres se despertaron por el olor del chocolate recién hecho que provenía del primer piso, y unos cuantos cánticos de navidad.

-Remus parece contento.- sonrió Michael, siendo apoyado por un asentimiento de Jane y Demian. Sin querer aguarle el ánimo, los tres se levantaron de golpe de la cama y se lanzaron por las escaleras hasta llegar a la cocina, donde Remus los esperaba con el desayuno listo. Tras saludar a su padrino, Jane se sentó entre él y Michael, y cogió una rebanada de pan, la cual untó con una cantidad de mermelada apta para un regimiento.

-¿No será mucho azúcar, Jane?- preguntó Michael, sabiendo que las primeras veces que la niña había comido azúcar, había sufrido de una descomposición, pero Jane negó con la cabeza y le dió una sonrisa torcida, llena de mermelada.

-Ya me acostumbré.- explicó la chica, deglutiendo con fuerza ante la mirada que le lanzó Remus. Frente a ella, Demian asintió con la cabeza, pero decidió no intervenir en la conversación, sino que se tomó su chocolate a pequeños sorbos, disfrutando de aquel que tanto Jane como él consideraban como el mejor chocolate del mundo.

-¿Qué piensan hacer hoy día?- les preguntó Remus, tendiendole una servilleta de papel a Michael.

-Estábamos pensando en ir a la plaza y aprovechar de divertirnos con la nieve.- indicó Demian, hablando por primera vez mientras miraba hacia sus hermanos.

-Me parece una buena idea.- sonrió Remus -Creo que Rose los quería acompañar hoy, así que en cuanto estén listos, la van a buscar, ¿sí?- agregó bajando la mirada hacia su taza, por lo que no pudo ver la cara de decepción de los niños.

-¿Remus? ¿No podemos arreglárnoslas solos hoy día?- pidió Jane en un susurro, cuidando de no dar a entender nada.

-Por mí, no hay problema.- respondió Remus -Es a Rose a quién tendrán que convencer.- agregó con una sonrisa al ver como las caras de alegría de los niños se deformaban en una mueca al darse cuenta de que tendrían que buscar una manera de convencer a Rose. Tras terminar le desayuno, los tres niños se fueron a cambiar los pijamas por su ropa, abrigándose con guantes, gorros y bufandas, para luego salir corriendo hacia la casa de los Eames, donde Rose los esperaba con una sonrisa cálida.

-Rose…- empezó Michael con cuidado -Queríamos ir a la plaza a jugar con la nieve solos, pero Remus dijo que teníamos que preguntarte a tí.- terminó el chico con una sonrisa de oreja a oreja, tratando de convencer a su madre adoptiva de que se la podrían solos.

-¿Están seguros de que no quieren que los acompañe?- preguntó Rose -No tengo mucho que hacer de aquí al almuerzo…- agregó, pensando que sus hijos creerían que tenía mucho trabajo y por eso no querían que los acompañase.

-No hay problema, Rose.- respondió Demian velozmente -Estaremos perfectamente bien… mamá.- agregó con un último titubeo. Tanto Rose como Michael se quedaron de piedra, puesto que era la primera vez que Demian llamaba mamá a Rose.

-Está bien…- suspiró Rose. Al oír los gritos de alegría, Rose decidió que había tomado la mejor decisión del mundo, y más aún cuando Demian y Michael la abrazaron por voluntad propia antes de salir.

-Una gran familia feliz.- pensó mientras se dirigía a la cocina a avanzar con la cena.

*

Al terminar de cenar, todos se reunieron alrededor del árbol instalado en casa de los Eames. Los niños nunca habían pasado una buena navidad, y era bastante extraño haber pasado un día entero comiendo de todo, jugando con la nieve y ayudando a Rose a prepara y servir los distintos platos que había ido preparando. Los niños miraban asombrados la cantidad de paquetes que había repartidos a su alrededor, aunque Jane razonó que lo más probable fuese que se vieran tantos debido al gran tamaño de alguno. Después de haber pasado por Gringotts a principios del años escolar, Jane se seguía preguntando por qué el banco no le permitía compartir con su padrino el dinero que sus padres habían dejado para su uso escolar. Sabía que tenía otra bóveda, la cual no estaba autorizada a tocar hasta sus diescisiete años, pero consideraba que igualmente tenía suficiente para mantenerse ella y Remus, por lo que, al ver tanto regalo junto, se sintió doblemente culpable.

-¿Quién quiere abrir su primer regalo?- preguntó Remus alegremente al ver que el reloj daba las doce. Los tres niños se miraron con una sonrisa, tras lo cual, apuntaron hacia Rose, quien se sorprendió de ser la elegida por tan amplia mayoría.

-¿No quieren ver los suyos primero?- preguntó la mujer, queriendo asegurárse de que no fuese un accidente. Al ver que no había reacción alguna, la mujer le pidió a Michael que le alcanzara alguno de los paquetes dispuestos para ella.

-¿De quién es, Rose?- preguntó Jonathan al ver que su esposa se había emocionado.

-Es de Jane.- respondió Rose abriendo el paquete con máxima suavidad. El paquete había sido envuelto en un papel de regalo florido, pero cuando lo abrió, Rose se encontró con tres pequeñas cajas, todas envueltas en papel cobrizo. Ante la mirada interrogante de todos, menos Remus, Jane solo sonrió, mientras Rose abría la primera caja.

-Es hermoso.- suspiró la mujer descubriendo un pendiente de ópalo en el que estaba incrustada una foto de Jane, Michael y Demian. Los chicos se acercaron con una sonrisa y la abrazaron, aunque ni Demian, ni Michael sabían cuál era la destinación de aquella foto.

-Sigue abriendo, sigue abriendo.- pidió Jane con una sonrisa tan ancha como su cara. Rose asintió con la cabeza, tras lo cual, empezó con el segundo paquete en el que encontró una pulsera a juego con el pendiente. Segura de qué contendría el tercer paquete, Rose lo abrió con la misma delicadeza que los anteriores, encontrándose con unos aretes a juego con el pendiente y la pulsera.

-Gracias, Jane.- sonrió la mujer dándole un fuerte abrazo. La niña se sintió un poco cohibida, pues Rose estaba siendo profundamente afectuosa, pero no se quejó, pues se daba cuenta de que lo necesitaba.

-¿Quién sigue?- preguntó Rose soltando a Jane y quitándose una leve lágrima que quería escaparse de sus ojos.

-Voy yo.- indicó Demian mirando con ojos tristes a Jane y Michael. Sabiendo que ninguno podía decirle que no, Demian agarró el primer paquete con su nombre, aunque vio destellar un paquete alargado justo debajo del suyo.

-Cambié de opinión, que Jane abra este.- dijo Demian con una enorme sonrisa en los labios.

-¿Es lo que creo que es?- preguntó Jane emocionada -Dime que es lo que creo que es.- agregó mirando hacia Lupin, quien la miraba con un brillo de diversión en los ojos.

-No lo sé, Jane. ¿Qué crees que es?- la picó Remus, sonriendo abiertamente.

-¡Es mi escoba!- exclamó Jane mientras terminaba de abrir el paquete. Remus y Jonathan aplaudieron con fuerza, mientras Rose y Michael miraban preocupados el nuevo artilugio mágico traído para Jane.

-¿Puedo probarla aquí?- pidió mirando hacia Jonathan y Rose. Rose se quedó de piedra mirando hacia su esposo, quien asintió levemente con la cabeza, sabiendo por las cartas de Demian que Jane se había vuelto bastante excepcional. De inmediato, Jane se subió a su escoba, y se elevó en los aires, disfrutando de que la casa de sus amigos tuviese un techo alto.

-¿No… no se va a caer?- preguntó Michael tapándose la cara con las manos, sabiendo que se había puesto pálido.

-Nha, tranquilo. A estas alturas, Jane es una experta.- respondió Demian, mientras cogía el regalo que iba a tomar con antelación. Después de que todos hubiesen abierto al menos un regalo, el papel empezó a volar de un lado a otro, al igual que los paquetes caían sobre sus destinatarios cuando otro lo lanzaba desde una esquina del salón.

-¿Y esto?- pensó Jane, abriendo un pequeño paquete envuelto en papel azul sin remitente. Dentro de este se encontró con el pendiente de su madre que Dumbledore guardaba en su oficina junto a una carta.

"Pensé que te gustaría tener esto para Navidad.

Espero logres abrirlo y sepas lo que significa.

Felices Fiestas."

Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore

-¿Qué tienes allí, Jane?- preguntó Remus viendo que la chica se había quedado extrañamente callada -Oh, ya veo.- agregó cuando Jane levantó el pendiente para que lo viese.

-¿Remus?- preguntó Rose al verlo quedarse en silencio, pero Jonathan negó con la cabeza, sabiendo qué era lo que vendría.

-No sé si sea buena idea arruinar esta velada con esa historia.- suspiró Remus.

-Demasiado tarde. Tienes que hacerlo.- indicó Jonathan ordenando todo con un golpe de varita, mientras Rose iba a la cocina a buscar tazas de chocolate caliente para todos. Así instalados, el grupo familiar se sentó en el suelo a escuchar una historia de Halloween de nueve años atrás.


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