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La Sangre llama a la Sangre » Secretos del Director
La Sangre llama a la Sangre (ATP)
Por MSebastian
Escrita el Domingo 13 de Noviembre de 2016, 14:43
Actualizada el Martes 12 de Enero de 2021, 18:42
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Secretos del Director

Capítulos
  1. El orfanato
  2. Lechuzas
  3. Familia
  4. Hogwarts
  5. Amistades y enemistades
  6. Los gemelos Weasley
  7. Guerra de Bromas
  8. Lecciones de vuelo
  9. Cumpleaños feliz
  10. Halloween
  11. Secretos del Director
  12. Poderosos encantamientos
  13. Navidad en familia
  14. ¿Hermano?
  15. El Bosque Prohibido
  16. El Cuarteto del Terror
  17. El Que no Debe ser Nombrado
  18. Casa
  19. Unas vacaciones movidas
  20. El niño nuevo
  21. Regreso a las andanzas
  22. El Trío del Terror
  23. Entrenamiento de Quidditch
  24. Quirrell
  25. El Troll de Halloween
  26. Harry en peligro
  27. Navidad
  28. Flamel
  29. Problemas
  30. Conociendo a Harry
  31. Pasando la trampilla
  32. El hombre con dos caras
  33. Enfermería
  34. Casa es donde el corazón está
  35. Malas noticias por lechuza
  36. Fama
  37. Golpes y peligro
  38. Nuevo profesor de defensa (Ahem, ¡inútil!)
  39. Enemigos
  40. Más secretos
  41. La advertencia
  42. Siempre Halloween
  43. La bludger loca
  44. Club de duelo
  45. De águilas y leones
  46. Banda de inútiles que no se toman nada enserio
  47. Más y más problemas
  48. Advertencias
  49. Y de vuelta al bosque
  50. La Cámara de los Secretos
  51. El Heredero de Slytherin
  52. Festín a medianoche
  53. La peor noticia del año
  54. La mejor noticia del año
  55. Las cosas no pueden empeorar
  56. Un Dementor en el Hogwarts Express
  57. Hagrid no se lo merece
  58. Tío Remus al rescate
  59. Halloween bajo las estrellas
  60. Promesas
  61. Navidades sin Remus
  62. Patronus
  63. Quidditch contra hermanos

-Señor Lamarck, señorita Potter. ¿Qué puedo hacer por ustedes?- preguntó el director mirando fijamente las caras de ambos alumnos.

-Profesor, creo firmemente que usted y Jane deberían conversar. El profesor Binns mandó una redacción sobre Halloween y Jane se enteró de ciertas cosas que hubiese sido mejor si las hubiese conversado con antelación.- explicó Greg intercambiando una mirada clarificadora con el director. El profesor Dumbledore se quedó estático unos minutos, sin estar muy seguro de qué hacer, hasta que pareció tomar una decisión.

-¿Tiene clases, señor Lamarck?- preguntó el director girándose hacia Greg.

-Sí, señor. Defensa.- respondió Greg con un leve suspiro. La mirada del director se ensombreció de golpe mientras giraba sus penetrantes ojos azules hacia la pequeña azabache.

-Instálela en mi oficina, estaré con ella en unos cuantos minutos.- le indicó el director a Greg al darse cuenta de que la niña realmente necesitaba de alguien que la ayudase. Dumbledore pasó raudamente por el costado de sus alumnos, mientras Greg hacía ingresar a Jane en la oficina del director y la ayudaba a sentarse.

-¿Estarás bien?- preguntó Greg, pero la mirada de interés de Jane hizo que todos sus miedos se evaporaran. Con una sonrisa, Jane vio distintos objetos brillantes y desconocidos con los que entretuvo su mirada, por lo que nunca se dio cuenta de cuando Greg salió de la pieza. Sin poder quedarse tranquila, Jane empezó a curiosear por el lugar, mirando los objetos con delicadeza, hasta encontrar un pendiente con una luna por un lado y un lobo por el otro, que se le hizo conocido. Mirando hacia todos lados para asegurarse que no había nadie cerca, Jane cogió el pendiente y lo miró por todos los recovecos, encontrándose con una rendija. Precavida, volvió a observar a su alrededor, tras lo cual, metió una uña en la rendija y trató de abrirlo. Grande fue su sorpresa cuando el pendiente se abrió de golpe, casi sin necesidad de fuerza, dejando ver una foto de cuatro adolescentes de Gryffindor a los que no reconoció en un principio pero que se le hacían muy conocidos. Antes de que pudiese investigar de más cerca la foto, esta cambió de golpe, mostrando un lobo, un ciervo, un perro y una rata. Segura de haberlos visto con anterioridad, Jane empezó a girar el medallón entre sus manos mientras la foto cambiaba una y otra vez, intercambiando entre los cuatro muchachos de Gryffindor y los cuatro animales. Por alguna razón, tanto el azabache de lentes como el chico de cicatrices se le hacían aún más conocidos, cuando captó su reflejo en una superficie brillante. Al instante supo por qué el adolescente de lentes le recordaba a alguien, ya que este era igual a ella, sólo que ella no llevaba lentes de ningún tipo. La foto volvió a cambiar a los animales y esta vez, Jane supo que el lobo no era un lobo, sino que era un hombre lobo, mientras que los animales parecían ser las versiones animagas de cada uno de los adolescentes.

-Veo que encontraste el medallón de tu madre.- indicó la voz grave de Dumbledore tras ella. Con un gritito, Jane cerró de golpe el pendiente y lo dejó encima de la repisa, tras lo cual, se giró hacia el director.

-Lo lamento mucho, profesor Dumbledore. Es sólo que… que… que me llamó la atención.- explicó Jane, tomando un color rojizo. El director sonrió, como quitándole importancia al asunto, y le indicó que tomase asiento frente a su escritorio.

-No te preocupes Jane.- la tranquilizó el profesor -¿Pudiste abrirlo?- agregó con una pizca de interés en la situación dada. Con algo de sospecha, Jane negó con la cabeza, tras lo cual observó con mayor detenimiento aún el escritorio.

-Pude intercambiar un par de palabras con el señor Lamarck y me explicó que usted se enteró de la historia de Halloween de 1981.- empezó Dumbledore, desviando la atención de Jane de las cosas de su escritorio.

-¿Por qué me enteré de esa manera?- intervino Jane de golpe, reteniéndose de golpear la mesa del director.

-No pensaba que el profesor Binns les haría hacer ese trabajo. Remus tenía planeado esperar a las vacaciones de navidad para hablar con detalle contigo.- explicó el profesor Dumbledore, sin perder la calma. Jane se quedó con la boca abierta, ya que pensaba que aquel trabajo era el plan del director para que ella se enterase de la verdad sobre su familia, por lo que aquello le había caído como una bomba.

-Si quieres te explico todo ahora. Pero sé que Remus también se ha preparado para esta conversación. La decisión es tuya.- indicó el profesor Dumbledore. La niña se quedó en silencio por un largo rato, pero aquello no pareció molestar al director, quien simplemente juntó las manos y se quedó con la mirada en un punto fijo.

-Esperaré a Navidad.- decidió Jane -Pero si no me lo dice en Navidad, vendré a usted por respuestas.- agregó la niña, mientras cogía su bolso y se marchaba sin despedirse.

*

Si bien Jane había decidido que esperaría a que Remus le contase acerca de lo que la estaba molestando, la niña no pudo sino notar el parecido entre la muerte de sus padres y su pesadilla constante. Con algo de temor, decidió no mencionárselo a ninguno de sus amigos, temiendo que estos tratasen de hacer algo extraño. Tras su conversación con Dumbledore, Halloween no salió a colación, sino hasta que se reencontró con los gemelos Weasley.

-¿Listos para cumplir con su apuesta?- preguntó Jane con una sonrisa. Los gemelos se la quedaron mirando unos segundos, tras lo cual, recordaron que Jane había ganado la guerra de bromas.

-Por supuesto.- sonrió George.

-Será nuestra primera declaración, qué emoción.- agregó Fred, con los ojos brillantes, como si realmente estuviese emocionado por declararse al profesor Dumbledore. Las risas y carcajadas no se hicieron de esperar, mientras el grupo de amigos se internaba en el gran comedor.

-Jane, ¿cómo vas con el trabajo de Binns?- preguntó Thomas, sabiendo que tenían que entregar la tarea la semana siguiente y que Halloween estaba a la vuelta de la esquina.

-Aún no lo termino. Pero estará listo para la fecha.- prometió Jane, sin querer explayarse. Los cuatro alumnos de Ravenclaw almorzaron en medio del barullo habitual, tras lo cual, cogieron sus cosas y se fueron a sus clases de pociones. Si bien estaban acercándose peligrosamente al invierno, el lugar seguía helado, y Jane le tenía terror al pensar en cómo estaría cuando nevase afuera.

-Señorita Potter. ¿Quiere, por favor, repetir las instrucciones que acabo de dar?- pidió el profesor de pociones con un gruñido al darse cuenta de que la joven estaba totalmente distraída.

-Lo siento, profesor Snape. Estaba pensando en el frío.- explicó Jane, sabiendo que con el carácter de aquel profesor seguro que le caería un castigo.

-Pues, para su información, las instrucciones están en la pizarra.- refunfuñó Snape -Y serán cinco puntos menos para Ravenclaw y un castigo, Potter.- agregó el profesor con una sonrisa desagradable, mientras se sentaba detrás de su escritorio. La clase se quedó en silencio mientras se ponían a preparar la poción requerida, aunque Jane sentía que algo importante acababa de pasar. Aún algo distraída, Jane metió demasiada raíz de mandrágora en el caldero, haciendo que su poción pasase de un azul oscuro a una especie de masa viscosa con tonos entre verdes y cafés.

-Eso nos da un cero, señorita Potter.- indicó el profesor su sonrisa algo ensanchada a la vez que hacía desaparecer la poción de la niña. Molesta con la situación y sabiendo que quedaban pocos minutos de clase, Jane decidió quedarse en su puesto en silencio, para no darle motivos al profesor Snape para quitarle más puntos o ponerle aún más castigos. Cuando la clase estuvo terminada, Jane siguió esperando, indicándoles a sus compañeros de que se fueran sin ella, aunque, conociéndolos, estaba segura de que se los encontraría en la puerta de la sala en cuanto saliera.

-El sábado a las ocho en mi despacho, señorita Potter.- indicó el profesor Snape marcándolo en su hoja. La niña asintió con la cabeza tras lo cual, cogió su bolso y, balanceándolo sobre su hombro, salió disparada del calabozo para ir a su clase de transformaciones.

*

El sábado en la noche, Jane hizo acopio de toda su fuerza mental para llegar hasta el despacho del director de Slytherin. Con una mano temblorosa golpeó a la puerta, pero se alegró al ver que los golpes no eran temblorosos, sino fuertes y decididos.

-Ah, Potter. Qué bueno que haya conseguido llegar.- dijo Snape, con una sonrisa de vampiro en los labios. Tras ingresar en el oscuro despacho, Jane se quedó de piedra, esperando a que el profesor de pociones se decidiese a indicarle en qué consistiría su castigo, pero este parecía disfrutar de la tensión.

-Tendrá que ordenar los armarios de ingredientes de la sala de clases, sin guantes. Recicle y revise bien que no quede nada.- ordenó Snape saliendo del despacho y dirigiéndose al calabozo. Una vez dentro, Jane se dirigió de inmediato al primero de los muebles y empezó con su trabajo, sin prestarle atención al hombre detrás de ella, el cual pareció darse cuenta de que su presencia no era necesaria, por lo que salió del lugar, dando un fuerte portazo que sobresaltó a Jane.

-Estúpido murciélago.- se quejó en su mente, mientras sacaba unos viales con pociones. A medida que pasaba el tiempo, Jane se iba encontrando cada vez con más cosas. De pronto, al fondo de un estante bastante oscuro y lleno de cosas pegajosas, se encontró con varios pliegues de papel, los que cogió por curiosidad. Decidiendo echarles un simple vistazo para saber en qué pila dejarlos, Jane abrió el primer pliegue, encontrándose de golpe con la foto que había visto en el pendiente del director, aunque las caras estaban garabateadas con lápiz. Algo angustiada y queriendo saber de quienes se trataba, Jane le dio mil vueltas a la hoja, hasta encontrarse con una leve anotación garabateada con tinta negra: "James Potter, Sirius Black, Remus Lupin y Peter Pettigrew. Diciembre 1976." De inmediato reconoció a su tutor y supo que uno de los chicos pelinegros era su padre, pero se sorprendió al leer los otros dos nombres, de los cuales estaba segura de haber oído el primero en alguna parte. Tras conseguir despegar su vista de la foto, empezó a leer los papeles, los cuales reconoció como páginas de un diario, pero un golpe a sus espaldas la hizo girarse de golpe, escondiendo todo su hallazgo a sus espaldas.

-¿Aún no termina?- preguntó el profesor, pero se dio cuenta de que Jane estaba haciendo el último estante, por lo que decidió dejarla ir antes. Con la mayor de las precauciones, Jane metió los papeles dentro de su túnica, tras lo cual, cogió su bolso y salió corriendo de vuelta a su sala común. Una vez allí, se echó sobre uno de sus sillones predilectos, dándose cuenta de que la sala estaba vacía.

-¿Jane?- preguntó una voz adormilada desde el sofá a su lado justo cuando la niña estaba sacando los papeles que había encontrado. Con un fuerte grito, Jane golpeó hacia delante, a la vez que lanzaba la mitad de los papeles por la sala. De inmediato se escuchó un ruido de pisadas, mientras Greg bajaba corriendo las escaleras, preguntándose qué había pasado ahora. Al mirar la sala común trató de imaginarse qué había pasado, pero nada se le venía a la mente. Frente a él, el lugar estaba lleno de papeles repartidos por doquier, mientras que Jane estaba tirada sobre Demian tratando de ahorcarlo a la vez que este trataba de defenderse con todo lo que podía.

-¿Chicos?- preguntó Greg -¡Chicos!- agregó con más fuerza al ver que no le estaban prestando atención. Al oír el grito, Demian y Jane se soltaron y se pusieron de pie, con los brazos pegados al cuerpo, como si les hubiesen puesto un hechizo de petrificación.

-Hey, está bien, tranquilos. No pasa nada.- trató de tranquilizarlos Greg, dándose cuenta de que ambos esperaban un castigo. En vez de ponerse frente a ellos o sentarse en alguno de los sillones, Greg se agachó para estar a su altura y los tomó a ambos en un fuerte abrazo, tras lo cual, empezó a recuperar los papeles repartidos con ayuda de Jane.

-Gracias.- susurró Jane cogiendo los papeles y subiendo a toda velocidad a su dormitorio, ante la mirada extrañada de Demian y Greg.

-¿Piensas explicármelo?- preguntó el mayor de los dos, pero sólo recibió una encogida de hombros antes de que el chico subiera a acostarse.

*

La mañana de Halloween, que parecía ser la mejor del año, se vio algo enfriada entre los alumnos de primero de Ravenclaw. Jane se había despertado entre los primeros, decidida a investigar sobre lo que había encontrado en el armario de Snape, pero Demian había conseguido atraparla y la había obligado a bajar a tomar desayuno junto a ellos, a pesar de que ninguno se hablaba. Tanto Thomas como Gale se miraban de reojo, tratando de entender qué estaba pasando, mientras que Greg conversaba en voz muy baja con Tonks y Charlie a la vez que mantenía un ojo sobre el pequeño grupo.

-¿Qué pasó el sábado?- preguntó Demian, mirando con el ceño fruncido hacia su mejor amiga.

-No es problema tuyo.- refunfuñó Jane, alejando su plato de comida de ella.

-Jane, estuviste a punto de matarme. ¡No me vengas con que no es problema mío!-

-Eso fue el sábado. ¡Estamos a miércoles y sigues molestando!- replicó Jane, dejando caer su cuchara en su plato y saliendo del comedor ante la mirada reprobadora de los profesores y alumnos mayores. Demian iba a ir tras ella, pero fue retenido a tiempo por Gale y Thomas, mientras que Greg, al otro lado de la mesa, era agarrado por Tonks y Charlie.

*

Los chicos de Ravenclaw sólo vieron a Jane en las clases, pero cada vez que sonaba la campana y se movían de una clase a la otra, esta desaparecía misteriosamente. Lo que ninguno de sus amigos sabía, era que la joven había conseguido descifrar gran parte de las hojas del diario y, si bien no tenía idea de a quién le pertenecía, si sabía que era un acérrimo enemigo de su padre y sus amigos. Al darse cuenta de la hora que era, Jane bajó al comedor a cenar, encontrándose con que este estaba decorado con grandes calabazas, murciélagos y con los fantasmas dando vueltas entre las mesas.

-Yey, feliz Halloween.- susurró Jane ingresando al comedor con una mirada negra hacia todo lo que la rodeaba. A pesar de la cantidad de dulces y postres servidos, Jane sintió como el estómago se le cerraba, y sólo la perspectiva de ver a George y Fred Weasley declarándose al director del colegio la hizo sentarse al lado de Demian y no salir corriendo de regreso a su investigación. Ahora que sabía lo que se celebraba en Halloween, Demian cogió la mano de su mejor amiga y la apretó con suavidad, tratando de transmitirle algo de tranquilidad. A medida que el banquete avanzaba, una lechuza parda ingresó de golpe en el comedor, llamando la atención de todos los presentes, ya que era poco común el que las lechuzas ingresasen a entregar cartas en otro horario que no fuese el desayuno. Mayor fue la sorpresa cuando la lechuza se posó en el hombro del profesor Dumbledore para que este le quitase la carta, tras lo cual, salió disparada, como si no necesitase de una respuesta.

-Filius, tenemos que hablar con la señorita Potter.- susurró el profesor, girándose hacia el profesor Flitwick por sobre la profesora McGonagall. El diminuto profesor asintió con la cabeza, sin entender nada de lo que estaba pasando, pero cuando Dumbledore le entregó la carta, entendió todo a la perfección. Ambos profesores se iban a levantar, cuando un barullo gigantesco salió de la mesa de Gryffindor. Teniendo una leve sospecha de quienes estarían detrás de ello, Dumbledore se volvió a sentar, mientras un par de cabelleras pelirrojas se levantaban sobre la mesa.

-Son mis hermanos, ¿verdad?- le preguntó Charlie a Tonks a su lado, quien estaba sonriendo, totalmente asombrada por lo que estaba viendo. Ambos chicos se habían puesto sendas chaquetas "elegantes" con horribles flores amarillas, y miraban hacia la mesa de profesores con una sonrisa en los labios.

-Albus, ¿vas a dejarlos?- preguntó la profesora McGonagall, arqueando una ceja. Viendo el brillo en los ojos de sus alumnos, el profesor Dumbledore esquisó una sonrisa y asintió levemente con la cabeza, teniendo una pequeña idea de lo que vendría a continuación.

-Atención comedor.- empezó Fred con un hechizo amplificador sobre su voz.

-Tenemos un gran anuncio que hacer, en este día de Halloween.- siguió George de igual manera.

-Profesor Dumbledore.- agregaron ambos gemelos al unison.

-Oh, dios. Lo están haciendo de verdad.- susurró Jane tapándose la boca con la mano.

-Tenemos algo que decirle.- continuó George como si no tuviese a la mitad del comedor mirándolos con suspicacia. Cada vez que esos dos se proponían algo, era seguro que algo explotaría o habrían grandes cantidades de risas.

-Y es muy importante.- agregó Fred.

-Profesor Dumbledore, ¡usted es nuestro único y gran amor!- gritaron los gemelos a toda voz mientras hacían aparecer grandes flores en la mesa de profesores. Un silencio profundo siguió aquella declaración, cuando una risita que trataba de ser discreta resonó por el lugar, haciendo que todas las miradas se girasen hacia la mesa de Ravenclaw, donde Jane y Demian trataban de bloquear su risa. A su lado, Gale parecía haber recibido un golpe en la cabeza, mientras que Thomas había conseguido mantener una cara seria, cara que cambió de inmediato a una de risa cuando Jane estalló de risa, provocando una reacción en cadena que contagió de risa a todo el comedor. El profesor Flitwick parecía haberse caído de su asiento, mientras que la profesora McGonagall parecía haberse tomado un vaso de vinagre a la vez que Dumbledore a su lado solo tenía un brillo de diversión en los ojos, algo que cambió cuando recordó la carta que tenía entre sus manos. Iba a mandar a todos los alumnos a acostarse, cuando los vidrios del gran comedor temblaron de golpe como si una tormenta hubiese estallado afuera.

-¿Albus?- preguntó la profesora McGonagall al ver cómo este se quedaba de piedra. Dándose cuenta de que algo malo estaba pasando, la profesora de transformaciones agarró su varita y cerró las puertas del gran comedor, mientras el profesor Flitwick lanzaba varios hechizos protectores y la profesora Ramírez se posicionaba al lado del profesor Snape en actitud ofensiva.

-¿Qué está pasando?- preguntó Thomas, sin entender nada.

-Sólo es una broma de Halloween de mal gusto.- explicó Demian, acostumbrado a esas cosas en el orfanato, pero una mirada hacia Greg lo hizo cambiar de opinión.

-Charlie, Tonks, quédense con ellos. Iré a ver qué le pasó al profesor.- ordenó Greg tomando la situación en mano mientras las ventanas temblaban con mayor fuerza aún. Dispuestos a lo que fuera, los profesores se habían puesto en pie de guerra, algo que pasó medio desapercibido por la mayoría de los alumnos, quienes se habían juntado en pequeños grupos que se protegían los unos a los otros. Todos, excepto Jane. Aún convencida de que era una broma de mal gusto de Halloween, Jane había decidido regresar a su pieza a revisar los papeles que aún no había terminado de leer. Totalmente ajena a lo que estaba pasando en el comedor, Jane se estiró sobre su cama y sacó los papeles de debajo el colchón donde los estaba guardando desde que los había encontrado y siguió tomando apuntes y notas como si nada.

-¡JANE POTTER! ¡MÁS TE VALE ESTAR ALLÍ O TE ASESINO!- se escuchó por toda la torre de Ravenclaw, mientras la puerta de la pieza de niñas de primero se abría con fuerza. La pequeña se asustó tanto que alcanzó a meter los papeles debajo de su almohada en el segundo preciso en que Tonks ingresaba a la pieza.

-¿Qué pasó?- preguntó la niña de once años, tratando de hacerse la inocente.

-El comedor fue atacado por una oleada de in… de bichos. Y nos asustamos por tí, porque no estabas con tus compañeros.- explicó la adolescente con el pelo blanco por el miedo.

-Lo siento, estaba cansada así que subí para no molestar a nadie.- juró Jane al ver el estado en el que se encontraba su amiga, tras lo cual, se dio cuenta de que el grito no había sido proferido por Tonks.

-Deberíamos avisarle a Greg que estoy bien, o es capaz de desmantelar el castillo.- propuso la chica pelinegra levantándose de su cama y poniéndose una bata junto con sus pantuflas. Al bajar a su sala común, Jane se dio cuenta de que la cosa había estado bastante mal. Sus compañeras de dormitorio parecían a punto de entrar en una crisis de pánico, mientras que sus compañeros de su mismo nivel estaban temblorosos, muchos mirando de reojo hacia todas partes. Greg estaba sujetando a una niña de quinto que estaba al borde del llanto, mientras que Thomas le explicaba algo en un susurro a Demian. Al verla ilesa, todos sus conocidos soltaron un suspiro de alivio y se pudieron relajar un poco.

-Muy bien, todo el mundo. Yo creo que lo mejor es hacer una distribución de leche caliente e ir a la cama. Me quedaré durmiendo aquí abajo por si alguien me necesita, ¿sí?- Greg se había dado cuenta de que el nerviosismo de todos iba aumentando más y más, por lo que decidió cortar por lo sano y mandar a todos a dormir, esperando que Tonks pudiese explicarle qué era lo que había sucedido.

-Sólo se vino a dormir. Supongo que con lo que descubrió no le dieron muchas ganas de celebrar esta noche.- explicó Tonks dándole un beso en la mejilla y despidiéndose de su mejor amigo mientras los elfos domésticos repartían leche con canela a todos los alumnos. Greg la iba a retener, cuando Jane bajó del dormitorio tratando de hacer el menor movimiento posible, como si todo el mundo ya estuviese durmiendo, tras lo cual, se instaló en el sofá más alejado de todos, con una foto entre sus manos.

-¿Jane? ¿Qué pasó?- preguntó Greg sentándose al lado de la niña. Esta negó con la cabeza, mientras miraba de reojo hacia los alumnos que todavía estaban dando vueltas por el lugar. No fue sino hasta que la sala común quedó vacía, que la niña se enfrentó a abrir la boca.

-¿Qué es un hombre lobo? ¿Son como personas capaces de transformarse en animal a voluntad?- preguntó Jane con los ojos brillantes por la falta de sueño.

-Desgraciadamente, no, Jane. Los hombres lobo están sujetos al ciclo de la luna para su transformación. Son tres noches con sus respectivos días de dolor y angustia. ¿Por qué lo preguntas?-

-Por nada, no importa.- refunfuñó Jane apretando sus piernas contra sí, pero al darse cuenta de que Greg iba a insistir, se levantó de golpe, dejando caer la foto, y salió corriendo lo más silenciosamente que pudo hasta su dormitorio. Confundido, Greg cogió la foto, reconociendo con facilidad a los integrantes del grupo, ya que corrían rumores sobre estos siendo los mejores en lo que hacían. El adolescente se guardó la foto en un bolsillo y miró con algo de ternura hacia la pieza de Jane, donde podía ver un hilillo de luz, lo que le indicaba que alguien estaba despierto. En su pieza, Jane estaba repasando las últimas anotaciones del diario: "Esto es obra de todo el grupo. Malditos idiotas. Como si no fuese suficiente con jugarme la mala pasada del levicorpus ahora resulta que me quisieron matar. De esta me vengaré. De un modo u otro Lupin será desvelado como el hombre lobo que es y Black será castigado por intento de asesinato." Tras terminar la lectura por quinta vez, Jane no pudo sino entender a qué venía tanto odio de parte del dueño de aquel diario. Con un suspiro, volvió a meter las hojas debajo de su colchón y se quedó profundamente dormida.


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