Historia al azar: El Primer Beso
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The Hobbit: Elf Princess » Capítulo 8. Bard the Bowman
The Hobbit: Elf Princess (R15)
Por Chernobyl
Escrita el Lunes 7 de Noviembre de 2016, 23:42
Actualizada el Martes 24 de Marzo de 2020, 18:05
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Capítulo 8. Bard the Bowman

El arquero les apuntó con su arco. A pesar que de momento no había dicho nada, ninguno de los enanos se movió. Tampoco la princesa lo hizo. Parecía una sombra negra amenazante. Freya sabía que un barquero recogía los barriles que venían del castillo pero nunca había visto al hombre y hasta el momento su identidad era todo un misterio.

 

Uno de los enanos levantó una piedra pero el arquero rápidamente la tumbó con una flecha, dejando a todos aturdidos. La princesa se incorporó con cuchillo en mano pero el arquero se percató de su movimiento. En un rápido movimiento, volvió a cargar su arco con una flecha y le apuntó a Freya directo al pecho. Aquello detuvo por completo a la joven quien optó por bajar su arma.

 

—Están muertos… si continúan—advirtió su voz profunda. El enano anciano se movió ligeramente y se percató de algo. Volvió su atención al arquero con interés, comenzando a acercarse.

 

—Disculpa, pero eres de Esgaroth, si no me equivoco—dijo, deteniendo su andar al ver que ahora dirigía la flecha hacia él. —Esa barcaza que tienes….—señaló él, haciendo que el arquero desviara la mirada apenas unos segundos— ¿Podrías alquilarla por casualidad?—preguntó. El hombre bajó lentamente su arco. Parecía repentinamente interesado aunque aquello duró apenas unos segundos.

 

El barquero decidió que no eran una amenaza y finalmente se acercó. Freya pudo apreciar que era un hombre humano. Tenía la ropa descuidada pero eso no quitaba el atractivo de su rostro. Aun se mostraba inseguro mientras iba por los barriles para subirlos a su pequeño barco. Los enanos lo miraban fijamente, aunque Freya estaba interesada en la forma en que se desenvolvía pese a la desconfianza que brillaba en sus ojos.

 

—Soy Balin—se presentó en anciano enano ante el barquero.

 

—Bardo—respondió él. Siguió su trabajo, subiendo los barriles.—¿Qué les hace creer que los ayudaré?—preguntó.

 

—Esas botas están viejas—murmuró Balin, haciendo que Bardo las mirara como si fuera la primera vez que se diera cuenta de ello. —Como tu abrigo—añadió. Hubo una pausa ante las palabras de Balin y luego continuó—Además, debes tener bocas hambrientas que alimentar.

 

Freya pensó entonces que era casado y apartó la mirada. Se encontró con los ojos penetrantes de Thorin. Había arrogancia en ellos, pero también se mostraban impacientes, dándole a entender a la joven que aquella charla lo estaba aburriendo y no iba a llevarlos a ningún lado. "Paciencia" movió los labios, esperando que Thorin entendiera. Él rodó los ojos.

 

—¿Cuántos pequeños?—preguntó Balin, optimista. Bardo le lanzó una mirada condescendiente.

 

—Un varón y dos niñas—respondió él, como no queriendo la cosa. Freya miró a Bardo. Parecía que no quería tocar ese tema pero Balin aun no había captado la indirecta, por lo que prosiguió.

 

—¿Y tu esposa?—volvió a preguntar—Supongo que debe ser una hermosura—halagó. Bardo se quedó de espaldas y a juzgar por la tensión en sus hombros, la pregunta no le gustó en absoluto.

 

—Sí—contestó finalmente sin girarse a verlos tras haber subido el penúltimo barril—Lo era.

 

Había melancolía en su voz. Freya lo notó y cuando sus miradas se cruzaron, avistó la tristeza por una fracción de segundo antes de recobrar la compostura. Los enanos se quedaron callados sin saber que decir. Aunque en realidad, él único que había hablado había sido Balin.

 

—Que pena, no era mi intención—se disculpó él, avergonzado por haber tocado el tema.

 

—Ya basta, basta. Suficiente—dijo uno de los enanos, aquel que tenía una pequeña calva en la cabeza—Basta de cortesía.

 

—Dwalin, por favor—advirtió el más pequeño de todos.

 

—Me cansé de la cursilería—replicó Dwalin.

 

—Que insensible—murmuró Freya. Se ganó una mala mirada del enano gruñón.

 

—¿De qué huyen?—preguntó el barquero.

 

—Que mas te da—dijo Dwalin con la voz seca.

 

—Quisiera saber quienes son.¿Y que están haciendo en estas tierras?—miró fijamente a Balin tras apoyarse en el último barril.

 

—Somos mercaderes, de las montañas azules. Vamos a las colinas de hierro a visitar a nuestros parientes—improvisó Balin.

 

—¿Son mercaderes, dices?—se burló Bardo, subiendo el último barril.

 

—Necesitamos comida, provisiones, armas—intervino Thorin— ¿Nos ayudas?

 

—Se de donde viene estos barriles—habló Bardo mientras acariciaba la madera astillada de los mismos, de forma pensativa.

 

—¿Eso importa?—replicó Thorin, tenso.

 

—No se que conflicto tuvieron con los elfos, pero creo que no salió bien—dijo, sonriendo—Nadie entra a Esgaroth sin permiso del gobernador. Su riqueza viene del comercio con el reino del bosque. Los encerraría antes de provocar la guerra con el rey Thranduil.

 

Hubo un silencio incomodo. Thorin hizo una seña a Balin que lo hizo dudar.

 

—¿Ni aunque la princesa de los elfos estuviera con los enanos?—preguntó Freya, interviniendo. Bardo se fijó en ella, examinándola de arriba a abajo. Ella sintió un escalofrió por aquella mirada penetrante.

 

—¿Qué hace la princesa de los elfos silvanos tan lejos de casa?—quiso saber Bardo. Freya se mordió el labio.

 

—Thorin me invitó—mintió la rubia. Bardo le dio la espalda unos instantes.

 

—Apuesto a que se puede entrar a la ciudad oculto—intervino Balin una vez más. Bardo se quedó quieto, sosteniendo su arco y sus flechas con ambas manos.

 

—Sí, pero para eso, necesitan un contrabandista—replicó él.

 

—Por eso se le pagará el doble—contestó el anciano. Bardo los miró a todos, aun dudando.

 

—Yo le pagaré el triple—añadió Freya. En aquellos momentos no poseía con ella el dinero, pero en cuanto volviera al reino del bosque, le pagaría. Bardo volvió a mirarla con interés. Pero finalmente la necesidad pudo más y accedió a llevarlos. Comenzaron a subir a la barcaza de él. Necesitaban movilizarse pues sabían que los orcos les pisaban los talones. ¿En casa habrían notado ya su ausencia? ¿Su padre se enojaría? Apostaba a que sí. Freya fue la última en subir con ayuda de Bardo. Su tacto era cálido y amable.

 

—Gracias—murmuró ella con suavidad. Bardo asintió.


—Es un placer, princesa—respondió él.


—Freya. Llámame Freya, por favor—solicitó. Bardo sonrió dejando que Freya se sentara. Cuando ella miró a los enanos, se percató de que Thorin la mirada de forma reprobatoria. Quiso preguntarle que sucedía pero el se giró para hablar con el resto de los enanos. Estaban planeando como iban a entrar a Esgaroth o lo que harían una vez dentro. Ella no quiso intervenir. Un solo pensamiento cruzó su mente. Thraduil iba a estar muy molesto con ella en cuanto se percatara de su ausencia en el palacio. Otro escalofrío le recorrió la espalda.



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