Historia al azar: Milagro En Navidad
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Awkwardly in love. » DAVE.
Awkwardly in love. (R13)
Por ValeRengifo3
Escrita el Jueves 5 de Mayo de 2016, 00:29
Actualizada el Miércoles 12 de Febrero de 2020, 21:49
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DAVE.

Era el trío más extraño del mundo.

La bruja, vestida toda de negro, con la varita en una mano, mientras miraba con odio a Sirius. Como si quisiera asesinarlo. A su propio hijo. Y eso que era de las familias a las que les importaba la sangre.

La chica a su lado. Tan despampanante que podría ser una modelo. Si no fuera por el veneno que destilaba de su mirada.

Y Regulus. Un poco más bajo que las dos brujas, sangrando del pómulo izquierdo y sonriendo (con sangre en los dientes también), se arremangaba la camisa.

Agréguele a eso un molesto elfo doméstico y tendrán como resultado la escena más extraña.

Sirius me haló del brazo y estuvimos agachados justo antes de que los rayos verdes nos impactaran. Miré hacia el lugar donde había estado hace un segundo Lindsay, mirándome con preocupación. Sacudí la cabeza y miré al animago.

─ ¿Y si te conviertes? -pregunté, de repente.

─Shh, no. Mi madre no puede saber -se asomó por un segundo -. Es mi As.

─Creo que la situación es digna de tu "As" -repliqué, con sarcasmo, pero él negó con la cabeza.

─Tengo una idea mejor.

Me acerqué para escuchar.

─Kreacher -dijo sonriendo.

─ ¿El elfo? -pregunté sin creérmelo -. ¿Hablas en serio?

Asintió y me lo explicó rápidamente.

─ ¿Estás seguro? -pregunté, mirándolo dudosamente -. No quiero morir sin... bueno, tengo asuntos pendientes con Lindsay.

─Sí, sí, galán. Volverás con tu chica, no seas cursi.

Fruncí el ceño: ─Tú harías lo que fuera por volver a verla, ¿no?

─ ¿A Lindsay? No, gracias -bufé y nos levantamos listos para atacar.

Mi rayo cayó directamente en el rostro de la bruja, digo, la madre de Sirius; lo siento, es muy raro que esa persona haya concebido a Sirius. Su cuerpo cayó pesadamente, mientras me preparaba para atacar a Jessica, quien de la nada, lanzó un jarrón a mi rostro. Impactó en mi nariz, la cual empezó a sangrar de inmediato. Y cuando me di cuenta, tenía a Jessica justo frente a mí.

─No puedo creer todo lo que causaron por una simplona como Pots -decía, apuntándome con la varita -. Al final, parece que alguien sí va a morir -sonrió -. Es una pena, Dave. Eres demasiado guapo para morir -agregó, seductora.

─Estás loca -sacudí la cabeza y fui hacia Sirius, que, finalmente había podido contra Regulus. Jadeaba y sangraba, pero sonreía triunfalmente.

─Listo -le informé.

─ ¿De qué diablos hablas? -dijo Jessica -. Fui yo quién planeó todo, se olvidaron de noquear a la persona más importante de este estúpido cuarto.

Levanté las cejas ante su pataleta.

─Ya sabemos eso, Jess -dijo Sirius, acercándose -. Es por eso que vienes con nosotros.

Rio con ganas: ─Soy mucho más ágil que tú, Black. Y obviamente más ágil que cualquiera en este cuarto -dijo, mirando con desprecio a todos los desmayados del suelo.

─ ¿Estás segura? -preguntó Sirius, sonriente.

No era una imagen bonita, considerando que su rostro lleno de sangre lo hacía parecer un psicópata.

─Kreacher, desarma a Jessica -ordenó el chico ante la mirada estupefacta de Jessica. La varita de la chica salió volando hasta caer a los pies del elfo, que tenía una mirada asesina dirigida única y exclusivamente a Sirius-. Dave -agregó mirándome. Fui hacia ella y amarré sus manos, para luego llevarla del brazo hasta donde Sirius se encontraba con el elfo.

La criatura se retorcía las orejas de enojo. Sirius le sonrío ampliamente, al parecer nada iba a borrarle la sonrisa.

─Kreacher, llévanos a la Casa de los Gritos de Hogsmeade -ordenó una vez más Sirius. El elfo a regañadientes chasqueó los dedos.

 

En cuanto estuvimos en la entrada de la Casa, el elfo desapareció. Sirius bufó y ató a Jessica a uno de los postes de la reja del porche. Me miró y, una vez más, sonrió.

─Te ves... feliz -comenté, mirando su sangriento rostro. Luego cayendo en cuenta que el mío debía estar igual.

─No sabes cuánto tiempo esperé para noquear a Regulus. Se lo tenía bien merecido.

─Regulus es mucho más mago que tú -comentó Jessica. Él solo la miró un segundo y desvió la mirada, pero hizo aparecer una mordaza en su boca.

Reí por lo bajo y crucé los brazos: ─ ¿Deberían estar acá? -le pregunté. Él asintió.

─No pueden estar lejos -respondió -. A menos que hayan decidido volver a Hogwarts y en ese caso...

─No se encuentran en los terrenos del colegio -dijo una voz profunda. Los tres saltamos y nos alejamos de la puerta de entrada. Dumbledore llevaba una túnica larga color violeta, sonreía mientras nos miraba por encima de las gafas -. Señor Simpson, señor Black -nos saludó y luego miró a Jessica -. Señorita Lufkin, es una lástima.

─ ¡¿Dave?! -gritó alguien. Me volteé de inmediato cuando reconocí su voz, venía corriendo de la vía principal del pueblo. Pude ver, incluso desde lejos, sus ojos frenéticos, cabello despeinado, tenía un raspón en la rodilla y algo de sangre en su rostro.

Nunca había visto algo más hermoso.

Reí y corrí a su encuentro.

─Dave -repitió cuando llegué. Me abrazó con fuerza, temblaba de pies a cabeza -. ¿Qué pasó? ¿Estás bien? Tu nariz... -acuné su rostro en mis manos.

─Estamos bien -le aseguré.

─ ¿Qué hace esa arpía en...? ¿Ese es Dumbledore? ¿Pero qué...? -la besé antes de que pudiera seguir preguntando estupideces, lo único que importaba era que ella estaba a salvo. Que no había muerto y que estaba besándola.

─ ¡Hey! ¡Un poco de respeto para los adultos mayores presentes! -oí que exclamó Sirius.

─ ¡Tienen suerte que no estemos en los terrenos del colegio, ese tipo de espectáculos valen por lo menos dos semanas de castigo! -respondió entre gritos Potter, que se acercaba por el mismo camino con Leen y Nicole apoyada del brazo de la primera.

─Son tan idiotas -comentó exasperada Lindsay, cuando la solté.

Me acerqué a Laureen y la abracé, luego me ofrecí a ayudarle con Nicole, pero la chica se negó.

─Sólo quiere la ayuda de Leen -me explicó Potter cuando llegó donde estábamos, se encogió de hombros y luego miró a Sirius y sonrió.

─Gracias -le dije y me miró, sin sonreír. Asintió y miró levemente a Lindsay.

─Gracias a ti -dijo.

─ ¿Por qué? -pregunté, mientras empezábamos a caminar.

Se encogió de hombros: ─Parecía lo correcto de decir.

─Eres un idiota -dijo Lindsay, golpeándolo en el brazo.

Este solo aceleró el paso para estar junto a Laureen y Nicole.

Lindsay cogió mi mano y con la otra mano, rodeó mi brazo. Besé su cabeza y suspiré. Ella sólo enterró su rostro en mi costado.

─Lo siento tanto, Dave -dijo, con voz ahogada.

─No te preocupes -le dije -. Estás bien, es lo que importa.

─Estamos bien -me corrigió y miró hacia el frente -. Te amo -dijo sin mirarme. Alcé las cejas.

─De acuerdo -dije -. Lo sé.

─Bien.

Llegamos al resto del grupo justo cuando Sirius y Laureen se saludaban. La sonrisa había desaparecido del rostro del merodeador y tenía los ojos cerrados con la cabeza apoyada en los hombros de Leen. Ella acariciaba su cabello.

─Es un alivio... -decía la chica.

Alguien carraspeó con decencia.

─Síganme -dijo el profesor Dumbledore. Laureen se separó de inmediato de Sirius y fue hacia Nicole, ayudándola a cruzar el pasadizo. Lindsay se soltó para ayudarla, dejándonos la tarea de ocuparnos de Jessica a Sirius, James y a mí.

─Gran mordaza -elogió Potter.

─Gracias -replicó Sirius, sonriendo de nuevo.

─Ooh, no lo hagas -dijo Potter, sacudiendo la cabeza.

─ ¿El que? -preguntó extrañado Sirius.

─Sonreír de esa manera -contestó mientras caminaba -. Pareces un asesino en serie.

Reí fuertemente: ─ ¿Qué diablos...? -dijo desconcertado Sirius.

─Es la sangre -explicó su amigo.

─Dave tiene más sangre en el rostro que yo -replicó.

─Sí, pero Dave podría golpearme -respondió Potter sonriendo y esquivando un golpe de su amigo -. Además, todavía es muy incómoda la situación con él -agregó en un susurro audible.

Reí de nuevo y sacudí la cabeza.

Para poder cruzar el pasadizo con más comodidad, Sirius alzó a Jessica la cual empezó a retorcerse de inmediato. Él solo la ignoró y, cuando íbamos pasando un pasillo extremadamente estrecho, no se preocupó de los golpes que recibiría Jessica en la cabeza.

Cuando pasábamos por el patio de Transformaciones, nos chocamos con Remus y Peter. El segundo sangraba profusamente del brazo derecho.

—Profesor -dijo Remus, aliviado -. Chicos. No saben lo…-paró en seco en cuánto vio a Nicole -. ¿Nic?

Sólo faltó que Nicole se escondiera detrás de Laureen con tal de no tener que enfrentarlo.

Todos nos quedamos allí de pie, en silencio. Sin tener ni idea qué decir. Quiero decir que es una situación única. Miré a Lindsay que sólo me sonrió, incómoda.

Fue una suerte tener a los otros Merodeadores para evitar una situación aún más incómoda.

—Ven aquí, Lunático -dijo James, quizá en un tono muy alto, con los brazos abiertos. Se abrazaron con fuerza durante unos segundos, para que después Sirius se uniera al abrazo.

Aunque eso no mejoró la expresión de Remus.

Dumbledore carraspeó por undécima vez en la noche: —Creo, señor Lupin, que debería llevar al señor Pettigrew a la enfermería lo antes posible -indicó, amablemente.

—Pero… yo…-intentó protestar, mirando a la rubia. Ella seguía con la mirada fija en sus pies.

—Insisto -fue lo único que dijo el anciano, señalándole el camino.

—Estará bien -le susurró James cuando lo abrazó nuevamente, antes de irse, dirigiendo varias veces la mirada hacia nosotros.

—Eso fue frío, Nic -comentó Sirius. Parecía enojado, la chica lo miró como si quisiera cambiar de bando de nuevo y asesinarlo. Todos lo miramos -. ¿Qué? Pudiste decirle que estabas bien y que no querías-

—Sirius -interrumpió Leen. Él la miró un segundo y luego asintió.

—Vale, lo siento.

El despacho de Dumbledore estaba cálido y con todo tipo de artefactos curiosos. No me di cuenta del frío que tenía hasta que entré y me hice junto a la chimenea. El profesor se sentó, hizo aparecer otras cinco sillas y nos indicó que le explicáramos todo con detalles.

Nos miramos los unos a los otros, hasta que Laureen dio un paso al frente, sentó a Nicole en una de las sillas, para luego sentarse a su lado. Tomó aire y empezó el relato.



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