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Memorias de Idhún V- Búsqueda » Comienzo
Memorias de Idhún V- Búsqueda (ATP)
Por yandrakai
Escrita el Martes 12 de Abril de 2016, 14:18
Actualizada el Jueves 17 de Septiembre de 2020, 11:18
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Comienzo

Dejé mi casa, apenado, y comencé a caminar, pero sin un destino fijo.

Irial me dijo que no sabía dónde ni cómo estaban los objetos, pero que la Tríada, su descendencia, Aldun y ella misma me ayudarían. Estaba solo. Nadie me acompañaba en este camino. La Tríada y sus hijos iban por un lado, Aldun se había ido con Domivat, e Irial estaba con mi padre en casa.

No podía hacerlo. No podía ir yo solo. No era independiente, necesitaba a alguien a mi lado. Como solo conocía la posición de la diosa, decidí ir con ella, por lo que giré y caminé de nuevo hacia mi casa.

Solo había recorrido cien metros, así que no tardé en llegar. Pero, cuando estaba a escasos pasos de la puerta de entrada, de ella salió una mujer que me detuvo.

--¿A dónde vas?-- preguntó.

--Mi diosa, no puedo acudir solo en busca de mi libertad. Necesito que me guiéis con vuestra luz.

--¿Tan pronto te detienes? No necesitas la ayuda de nadie. Eres un Archimago.

--Pero, ¡no sé por dónde empezar!

Alaina sonrió, y de su túnica sacó un papel viejo y desgastado.

--Es un mapa mágico. Tú estás aquí-- apuntó con el dedo en Vanissar.--. Los objetos están repartidos, especialmente, por esta zona.

Señaló varios círculos que estaban repartidos por Idhún: Nanhai, Awa, Raheld, Haai-Sil, Awinor y el Reino Oceánico.

--Cada objeto tiene semejanzas con el dios que lo creó-- continuó.--. Así, el mio es algo relacionado con la luz. De Aldun algo parecido al fuego, y así. Prueba el mapa. Muévete un poco por aquí.

Asentí, y comencé a dar vueltas, viendo asombrado cómo el punto en el mapa que me representaba hacía lo mismo.

--¿Funciona?-- preguntó Alaina.

--Sí.-- respondí.

Alargó el brazo derecho y me invitó a empezar el viaje. Caminé lentamente hacia la dirección que ella me señalaba, con el mapa enrollado en una mano y la bolsa de viaje en la otra. Cuando me coloqué delante de ella, realicé una pequeña reverencia y reanudé mi camino. Giré la cabeza una sola vez para ver mi casa, quizá el último momento, y empecé la búsqueda.

Primero pensaba en ir a por el objeto de Irial, pues era el que más cerca estaba. Luego ya decidiría a qué lugares ir.

El de la diosa estaba en territorio de Raheld, que estaba un poco lejos de mi posición. Me extrañó un poco que el objeto estuviese allí, pero decidí acudir de inmediato para no perder tiempo.

Era media mañana, y en Idhún los tres soles iluminaban con intensidad la tierra. Vestía un chaleco de cuero marrón, y unos pantalones cortos a juego. Portaba sandalias negras. A mi alrededor había tres casas, una de ellas mía, y un bonito bosque verde.

Apenas conocía Raheld, pues mis padres me llevaron allí solo dos veces cuando era pequeño. Casi no lo recordaba, por lo que tenía que teletransportarme cerca, pero no en la ciudad en sí --en Thalis, concretamente.--.

Formulé el hechizo de teletransportación y esperé con los ojos cerrados a que apareciese ante mi la ciudad esperada.

Después de tres segundos y al no sentir nada, abrí los ojos y observé preocupado que frente a mi seguía el mismo paisaje.

--¿Qué ha ocurrido?-- me pregunté.

"La magia espacio-temporal no es válida" dijo una voz femenina en mi mente.

"¿Irial?" pensé.

"¿Acaso desconocías la voz de tu diosa, Archimago?"

"¿Por qué no puedo moverme?"

"Sí que puedes, pero no con la magia. Es poco interesante que cumplas tus objetivos en diez días. No, te hemos dado un año porque hay ciertas pruebas difíciles. Pero los primeros objetos te pueden ayudar con los últimos."

Pensé qué clase de 'pruebas' quería decir Irial, pero la diosa había cortado la comunicación. Volvía a estar solo.

Me fijé en el mapa y comencé a caminar en la dirección que había hacia Thalis. Por el camino me reencontré con el comerciante que me indicó el lugar de mi casa, y conversé un poco con él.

--Saludos, amigo.-- dije.

--Buenos días. ¿Cómo está el loco Josfar?

--Está más tranquilo. Irial ha alumbrado su mente y le ha mostrado la razón.

"Y tanto" pensé, pero no dije nada.

--Me alegro. Has pasado la noche en su casa, ¿verdad? Tus prendas han cambiado respecto a ayer. ¿Puedo saber qué relación tienes con él?

Sonreí, y, aunque me dispuse a marchar, le respondí con mis últimas palabras.

--Soy Jaenor Valorem, su hijo. El último Archimago de Idhún.

Y continué caminando sintiendo las curiosas miradas de la gente que me rodeaba.

Wina había realizado un trabajo excelente. Idhún era hermoso. Cuánto lo había añorado durante mi estancia en la Tierra.

Miré el mapa y ,como sospechaba, el círculo que me representaba había cambiado de lugar. Había recorrido parte del camino, pero aun me faltaba terreno. Con la magia teletransportadora inhibida tardaría mucho más tiempo en recorrer los caminos.

Hasta la hora de comer estuve pensando qué clase de objetos tenía que hallar, y realicé una pequeña lista.

De Irial, algo relacionado con la luz: ¿Una piedra brillante?; de Aldún, puede ser una antorcha o algo parecido; de Yohavir, desconocía que tipo de objeto tenía semejanzas con el viento; de Wina, vida seguro; de Neliam, algún objeto subacuático; finalmente, de Karevan tierra o piedras de Nanhai.

Deseaba encontrarme con alguien conocido, alguien que me guiara en mis pasos, alguien con quien estar, al menos, un día entero, ya sea la Tríada o sus hijos, ya sean Shail o Zaisei o Kimara.

Eso sí, nunca con los Nuevos Dragones. Ni Rodul, ni Covan.



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