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Memorias de Idhún V- Búsqueda » Revelación
Memorias de Idhún V- Búsqueda (ATP)
Por yandrakai
Escrita el Martes 12 de Abril de 2016, 14:18
Actualizada el Jueves 17 de Septiembre de 2020, 11:18
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Revelación

Cuando la diosa pronunció el nombre de los tres niños, vi que Jack se agitaba sobre el sofá y todos le observamos abrir los ojos y despertarse. Miró hacia todos lados, extrañado, y se levantó con rapidez.

--Em... hola. ¿Quiénes sois?

Irial y Aldun se miraron y sonrieron, pero dejaron a Victoria expresarse.

--Jack... puede que me tomes por loca, pero lo que te voy a decir es completamente en serio. Ellos son... el dios Aldún y la diosa Irial.

El hombre les miró atónito y desconfiado. Cogió su espada, que estaba envainada en una esquina, y se la tendió al yan.

--Cógela --ordenó--. Cógela y te creeré.

Yo observaba la escena atemorizado, sin intervenir. ¿Cómo podría un mortal, siendo aun el último dragón, dirigirse así al mismísimo Aldún?

--Ah, Domivat. Tu antecesor Sabarat era alguien valiente, pero también suicida --le dijo Aldun a la espada, que brillaba tenuemente con un color rojizo.--. Sal de esta espada y muéstrate ante nosotros.

En ese momento cogió la espada por la empuñadura, apartando las manos de Jack de ella, y deslizó su dedo índice por la hoja hasta la punta. El filo comenzó a brillar mucho más fuerte cuando una llamarada cónica salió del filo y se transformó en un dragón de tres ojos, pero no como el resto, sino más pequeño.

Pensé, entre el bullicio de ideas que reinaba mi mente, que aquel dragón era una figura de Domivat, pero Aldun le había mostrado así porque la habitación donde nos encontrábamos era pequeña para cualquier dragón.

Domivat agachó la cabeza ante Aldun e Irial, siendo observado atónitamente por el resto de personas excepto por Christian, que no había intervenido en ningún momento, y que en ese momento comenzó a actuar.

Desenfundó Haiass inconscientemente y se dirigió lentamente hacia el dragón, dispuesto a matarlo. Comprendí por qué hacía esta acción y realicé el conjuro de las bolas, en el que Christian se quedó encerrado.

Increíble fue mi sorpresa cuando le vi traspasarla sin ningún problema y continuar caminando hacia Domivat, que le esperaba pacientemente. Aldun movió los brazos hacia atrás y, con una siniestra sonrisa, los agitó velozmente hacia Christian.

--¡No lo hagas! --ordenó Irial.

La hermosa mujer colocó su mano entre Aldun y Christian y esta comenzó a brillar. Cuando eñ fuego del dios salió en dirección al mortal de ojos azules, fue consumido por la luz de Irial. Aldun la miró atónito esperando una explicación, pero únicamente recibió una orden.

--Vete.

El yan siguió mirándola, incrédulo, pero tras unos instantes su rostro se tornó a enfadado y desapareció de la casa, llevándose al dragón Domivat con él. Christian pareció despertar de un trance y miró atónito a todos lados, pero Irial se acercó y le puso la mano en el hombro, tranquilizándolo.

--Ese instinto asesino os matará por dentro. Vamos a sentarnos.

Christian la miró anonanado, mitad por su belleza, mitad por las palabras que decía. El instinto se lo habían inculcado desde su nacimiento, pero nadie dijo nada.

Irial, Jack, Victoria, Christian y yo nos colocamos alrededor de la mesa, y la diosa comenzó a hablar, dirigiéndose a la otra mujer.

--Hija mía, estoy orgullosa de tu creación. Tu emparejamiento con otros hijos míos me hace aun más feliz.

--Vuestra felicidad es mi felicidad. --susurró Victoria.

Irial sonrió y continuó hablando, esta vez con Jack.

--¿Crees las palabras que mi hija te ha dicho?

--Sin ninguna duda, mi señora. Siento muchísmo el hecho de haber dudado de vuestra palabra. Espero podáis perdonarme.

--Sí, estás perdonado. La inocencia mortal siempre ha sido interesante para nosotros.

--¿Por qué acabasteis con la vida de cientos de idhunitas? --preguntó súbitamente Jack.-- ¿Por qué matasteis a Alsan?

Había subido más de lo que debería el tono de voz ante la diosa, pero el hombre no se percató de ello.

--Los mortales sois demasiado débiles --respondió suavemente Irial.--. Siempre muere gente, siempre nace. Es el ciclo de la vida. Además, el rey Alsan intervino para salvar a quien vosotros llamáis el Séptimo. Ningún mortal ha de realizar esa acción.

--¡Lo hizo para que no destruyéseis el mundo! ¡Para que Idhún no se convirtiese en Umadhún! --Jack ya se mostraba desesperado.

Irial le observaba impasible, esperando a que se calmara. El recuerdo de su amigo y maestro llevaba a la moral de Jack a desesperarse por su muerte. Cuando se pudo tranquilizar, la diosa continuó.

--Idhún es nuestro mundo más perfecto. Para nosotros la destrucción no es más que una transformación terrenal. Por eso no debéis enfadaros. El mundo siempre cambia, siempre evoluciona.

Jack no respondió, pero el recuerdo de Alsan aun palpitaba en su corazón y se veía en su mirada. Finalmente, Irial prestó su atención en mi y me quedé emocionado. Sus ojos reflejaban la belleza y la sabiduría de los humanos.

--Jaenor, Archimago. Los dioses deseamos que conozcas el secreto que se guarda tras tu inmenso poder.

La observé extrañado y curioso. ¿Qué clase de misterio se escondía tras la magia que poseía? ¿Bueno... o malo?

--Tu poder proviene de diversos objetos de los dioses. Con ellos hemos influido en los hechos.

Esto es, que yo no había actuado en nada. Todo estaba previsto, todo estaba controlado.

--Sé que te sientes ofendido por ello, hijo --continuó Irial. Pero hay una forma de que poseas todo el poder que los dioses te hemos transferido.

Eso ya cambiaba las cosas. Parecía que podría actuar con voluntad en algún momento de mi vida.

--Los objetos se encuentran esparcidos por diversos puntos de Idhún. Realmente, no sabemos ni dónde ni cómo son dichos objetos, pero te podemos ayudar a encontrarlos.

--¿Qué ocurre con los demás dioses? --pregunté.

--No tienen nada que hacer aquí. Han influido en una pequeña parte de la estrategia de tu creación, pero solo porque los Nuevos Dragones invadieron y esclavizaron a sus criaturas correspondientes. Aldun intervino porque los dragones reales estaban engañados tras probar la pócima del Archimago Qaydar. Yandrak también, pero por fortuna le salvaste.

--Sufrí mucho aquel aciago día de la tortura. --respondí.

--Pero te rebelaste cuando pronunciaron el nombre del dragón.

Asentí recordando cómo me desasié de la maldita piedra cuando Covan mencionó la futura muerte de Jack y contraataqué venciéndolos momentáneamente.

--Archimago, debes encontrar dichos objetos antes de un año o, de lo contrario, morirás.

¿Morir? ¿Había dicho morir? ¿Por qué me tocó a mi el poder que Lunnaris otorga si luego voy a morir? Ay, por los dioses.

Justamente, por los dioses.


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