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Memorias de Idhún V- Búsqueda » Kash-Tar
Memorias de Idhún V- Búsqueda (ATP)
Por yandrakai
Escrita el Martes 12 de Abril de 2016, 14:18
Actualizada el Jueves 17 de Septiembre de 2020, 11:18
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Kash-Tar

Shail y yo descendimos al suelo mientras los haai seguían piando y destrozando todo a su paso.

—¿Por qué me ha dicho eso el celeste? —pregunté.

—Ha debido notar que los haai te tienen miedo, y para que se tranquilizasen te ha pedido que te marchases. Con el otro objeto… ¿te había pasado algo parecido?

Asentí, recordando la reacción de Kirtash al ver que Victoria me daba el colgante.

—Sí —respondí.

El mago no añadió nada más sobre el tema, pero si me avisó de algo.

—Jaenor, voy a permanecer aquí para ayudar a los celestes en la reconstrucción de los nidos.

De nuevo, un compañero me abandonaba, acompañando a la Tríada, sus hijos y los dioses. Estaba solo. Volvía a estar solo.

—Em… de acuerdo. Seguiré mi camino. Me quedaría para ayudar, pero entre que se me acaba el tiempo y los haai me temen poco puedo hacer.

Shail asintió y, tras formular un hechizo de levitación, fue subiendo lentamente hacia los nidos. Suspiré y miré la pluma y el colgante. Juntos no parecían más que meros objetos inertes, pero aun faltaban cuatro. Cogí de nuevo el mapa y miré los lugares que me faltaban: Nanhai, el mar, Derbhad, Awinor. Lo más cercano era la tierra del sol creciente, por tanto mi próximo destino.

No sabía si ir mediante teletransportación, a pie o mediante algún animal. Pensé que, aunque no me desgastaba demasiado, la teletransportación me cansaría, y estaba casi seguro que tendría que pelear de nuevo. Tardaría varios días, incluso semanas, en ir desde Haai-Sil a Kash-Tar. Como no podía utilizar un  haai, decidí ir a pie, aunque eso me llevara varios días.

Un swanit, y encima maldito, no sería fácil de batir. Antes de reanudar mi viaje, observé el mapa de nuevo. No había muchos swanit, podrían ser cincuenta. Eran varios los que se encontraban alrededor de Kosh, pero tenía un objetivo más cercano: Dyan. Nunca había visitado esta ciudad, y conocía muy poco de ella. Tenía que ir allí, aunque me llevara varios días.

También había varios swanit en Awinor, y no les presté demasiada atención hasta que en mi mente se encendió una luz, llameante: dragones. Ellos me podrían ayudar a conseguir la escama. Iría a Dyan, pero tan solo para conseguir un paske que me lleve, al menos, hasta Weinawinor.

Pasaron cinco días hasta que llegué a Dyan, pasando cada noche en un hostal distinto. En todos ellos me trataron bien, excepto en el último, que me dejaron actuar de forma totalmente independiente. Este era un hostal yan, y me pareció curioso que estos existieran, siendo los yan tan desconfiados.

Cuando al quinto día llegué a Dyan, me dirigí hacia un puesto de paskes. El yan que me lo alquiló me conocía de mi defensa en Kosh,  y me lo dio gratis e indefinido. Preguntó si quería algún día, y yo acepté. Entró en su tienda, y grande fue mi sorpresa cuando tras el yan surgió una semiyan peliazul.

—¡Jaenor! —gritó nada más verme— ¡Cuántotiempo! ¿Quétal? ¿Quéhacesaquí?

—Hola, Kimara —respondí—. Bien, ¿y tú? Ahora te explico.

La mujer se acercó corriendo y me abrazó con fuerza.

—¿Qué haces aquí? —preguntó de nuevo, un poco más calmada.

Le realicé un pequeño resumen de mis aventuras desde que Aldun mató a Qaydar hasta mi salida de Haai-Sil, pasando por el reencuentro con mi padre y el desdichado rechazo de Jack.

—Después de que viniese Yandrak, o Aldun, a salvarnos, decidí volver a mi tierra y promulgar mis aventuras a todo Kash-Tar —explicó Kimara—. Muchos no creyeron que Aldun había bajado a salvarnos, así que recuperé mi vida como guía. Y aquí estoy.

—Yosílacreí —comentó el yan—. Aunesperoquenuestropadrevengaavernos.

Kimara sonrió y trató de adoptar una postura de guía profesional.

—¿A dónde quieres ir?

—A Awinor.

La semiyan sonrió ampliamente, y pareció recordar todas las imágenes que ambos teníamos con los dragones. Nos subimos a un paske y este comenzó a caminar.

—BuenasuertesemiyanyArchimago —se despidió el yan.

—Gracias —respondimos ambos.

El yan entró en la tienda y el paske continuó caminando.

—¿Por qué quieres ir a Awinor? ¿Tan solo para ver a los dragones? —comentó Kimara.

La miré extrañado, aunque más tarde recordé que no la había explicado mi propósito.

—Quiero una escama de swanit.

Kimara detuvo bruscamente el animal y me miró horrorizada.

—¿Una… unaescamadeswanit?

—Es como la Lágrima de Unicornio. Lo necesito para hacer el objeto sagrado.

—Buf, buf… Eres igual que Jack. No eres consciente del peligro de un swanit.

—Pero —sonreí—, Jack iba solo. Nosotros contamos con un ejército.

La semiyan realizó una pequeña mueca.

—No sé si los dragones aceptarán tu propuesta.

—¿Por qué no? Es un simple swanit.

Kimara no respondió, pero siguió dudando. Con un rápido movimiento, indicó al swanit que continuara.

—¿Tienes prisa por llegar? —preguntó.

—Como dijo Napoleón, "vísteme despacio, que tengo prisa".

Kimara me miró extrañada, tanto por el nombre como por la frase.

—¿Qué? ¿Quién es Napoleón?

—Fue el líder de un país terrestre hace más de doscientos años. Pero, lo que quería decir es, y conociendo a estos animales, que no les metas prisa, pues irán despacio.

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Nota de autor: Espero acabar esta historia allá por diciembre, y subiré capítulos cada cierto tiempo ;)



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