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La viajera del tiempo de Panem » Capítulo 19
La viajera del tiempo de Panem (R13)
Por guirl of night
Escrita el Lunes 29 de Febrero de 2016, 22:19
Actualizada el Jueves 30 de Julio de 2020, 23:44
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Capítulo 19

Su plan es una locura. 

No dudo que podamos hacerlo, pero es una tremenda locura. 

Aún no es de día, pero ya hemos llegado a la planta de energía que ella me mencionó. Mientras yo vigilo que nadie se acerque ella intenta mover todo lo posible ahí dentro. Cree que si logra hacerla funcionar de nuevo la energía regresará a la ciudad y nos podríamos aprovechar de eso.

Su plan me mantiene activa y despierta; me da un objetivo por el que seguir sobreviviendo, me recuerda que estoy en los Juegos del Hambre y que no puedo darme vencida porque sí, ¿de qué otra manera hubiera caminado media ciudad por medio de la noche sin haber dormido nada desde ayer si no fuera por el puro instinto de sobrevivir?

Suena a unas chispas por aquí y por allá. Al principio no sabía por Elaine tendría una idea de cómo arreglar esto, luego lo recordé. Distrito 5, energía. 

Aún después de la guerra este distrito tiene casi todas las formas posibles de producir energía, solar, hidráulica, eólica, eléctrica, electromagnética también; antes de venir aquí había escuchado que planeaban instalar una pequeña planta nuclear para producir más energía. 

Después de otros 10 minutos la escucho gritar, como si festejará. Unos segundos después la luz me ciega y me quito las gafas de inmediato. La planta tiene varias luces en el suelo que alumbran el pequeño puente que cruza el río. Llego al otro extremo, donde está Elaine metida en la cabina. Sale completamente orgullosa de sí.

Hasta entonces tengo la oportunidad de mirarla mejor; su cabello no es rojo, tiene el color de una naranja, tiene los labios gruesos y los ojos verdes grandes. Es muy alta, también, pero no tiene un cuerpo atlético, si acaso luce más delgada que yo, Le pregunto si no tiene mucha hambre.

— No, comí muy bien después del banquete —, responde como si fuera nada.

— ¿Quién fue al banquete? —Pregunto con curiosidad mientras comienzo a caminar detrás de ella, parece que vamos a regresar al otro lado del río.

—Estábamos todos ahí, pero escondidos desde distintos puntos esperando que alguien saliera por esa estúpida hogaza de pan —, encoge los hombros, siento que parece haberle preocupado muy poco el riesgo inminente de muerte —. Creo que Yia te estaba esperando, a ti y al chico del 4. Estaba muy ansiosa. 

— ¿Y cómo es qué...?

—El chico del 10 murió solo por su imprudencia, cada quién llegaba y no hacía más que esperar, cuando yo me decidí a salir para tomar el pan él intento matarme. No lo logró, además tuve tiempo extra para encontrar estas preciosidades.

Ella le suelta unos pocos golpes a lo que queda en su mochila, si recuerdo bien solo hay dos explosivos ahí, nos hemos encargado de colocar los otros 8 en bombas de energía de edificios grandes, uno pidió que lo pusiéramos justo en medio de los autos que estaban en la calle. Les ha colocado un temporizador, para que todos exploten hoy por la noche.

Aunque no entiendo del todo su plan, confío en que si no logra incendiar esa parte de la Arena al menos creará un bonito espectáculo para la gente del Capitolio, que a este paso debe de estar ansiosa por tener a su nuevo vencedor.

— ¿Estás segura de que tu plan funcionará? — Me atrevo a preguntar en voz alta esta vez.

—Teóricamente, sí, no lo dudo; tenemos que hacer unas cuántas cosas antes de ponerlo en marcha —, por un momento deja de caminar, como si pensara algo demasiado —. En caso de que no funcione estoy segura de que los Vigilantes nos echaran una mano.

Lo entiendo, ella cree que los Vigilantes igual ayudarían a arrinconarnos; eso les aseguraría un final extraordinario, cuatro chicas peleando a muerte. No puedo evitar darle la razón.

Tal vez las bombas mismas no funcionen, pero los Vigilantes podrían crear las explosiones desde un bonito cuarto donde estarán a salvo. Tal vez esto en realidad siempre fue el plan de ellos, por eso dejaron las bombas en la Cornucopia durante del banquete; solo esperaban que alguien lo suficientemente listo las tomara e "ideara" el plan que ellos ya tenían. 

El camino por dónde veníamos ahora está completamente iluminado, ahora es posible distinguir el sendero que nos llevó a la planta de energía, aun así, lejos de la luz se puede ver el bosque completamente oscuro, se escuchan búhos y un ruido similar a una serpiente sacando su lengua. Me pregunto por primera vez cuántos kilómetros tendrá esta Arena, 

Subimos la pendiente que lleva a la planta, en la cima hay una pequeña torre construida, tiene grabado el número "500", hay una zona de juegos dónde decidimos sentarnos, ella tiene una pequeña bolsa de moras, son deliciosas; además de que cerca nuestro hay un árbol con frutos que parecen una pera, Elaine dice que saben ricos, cuando lo pruebo me parece un poco viscoso, pero rico.

Desde aquí podemos ver que la Arena ahora tiene más vida, bajo el halo de la madrugada es posible distinguir la forma de los edificios, porque ahora todas las luces funcionan, están iluminados y aunque quisiera no puedo parte del interior de estos, y también es posible ver las cabinas que encendió la chica del 6, subiendo y bajando del mismo relieve. Hasta ahora me doy cuenta que a pesar de los relieves, la Arena está construida de manera plana, debe de haber zonas bombardeadas como las que me he encontrado, pero a pesar de eso parece que fue una bonita ciudad cuya construcción fue muy planeada.

Saco los binoculares que encontré y los uso para ver el interior de los edificios, casi todos ellos están vacíos. Al parecer los Vigilantes solo dejaron muebles en las casas que están lejos de esa zona. 

Cuando terminamos nuestras moras, Eliane me indica seguir caminando, sólo es un poco. Llegamos a lo que parece ser un despachador, tiene unas cuantas pistolas pegadas a una caja de metal, de ellas salen una manguera que las conecta al piso, cuando le pregunto que es me ve sorprendida. A unos dos metros hay otro despachador, parece que después de ese hay otros 3, todos separados a distancias exactas.

— Es un depósito de gasolina —, presiona unas cuántas cosas en lo que parece ser un teclado pegado a la caja, luego toma una de las pistolas y aprieta, comienza a salir un líquido cuyo olor lástima mi nariz —. Esto es gasolina, y es la siguiente parte de nuestro plan.

Ella deja de apretar la pistola y el líquido deja de salir, la coloca en el suelo y se agacha, luego arranca un pedazo de su camisa y con ello enreda lo que parece ser el gatillo. Crea un amarre de manera que el gatillo queda presionado y el flujo de gasolina no se detiene. Me enseña cómo activar la pantalla y que colocar, luego me indica que haremos lo mismo con todos los despachadores.

— ¿Por qué?

—Cuando le prendes fuego a la gasolina todo arde.

Alejo la mirada y noto que no estamos muy lejos de uno de los edificios en los que ella puso una de las bombas, si llegará una de sus chispas a la gasolina todo comenzaría a quemarse. Me fijo en mis pies, los tenis ahora están mojados de la gasolina que hay en el suelo, yo también me quemaría porque estoy mojada.

— Está es la segunda parte de mi plan, activaremos todos los despachadores cercanos a edificios dónde hay bombas, no creo que se sequé la gasolina para la tarde, entonces no sólo habrá explosiones, también comenzaremos un fuego que hará que vayan a la Cornucopia de todas maneras.

Antes de poder controlarla la pregunta sale de mi boca. 

— ¿Hay algo que me estés ocultando?

No confío del todo en ella, no con el machete que lleva colgado de la cintura, tampoco con su inteligencia y que al parecer su plan consta de más partes de las que me contó, creo que solo quiere de mi ayuda porque no podría hacer todo esto sola. Al rededor de los edificios debe de haber al menos 20 despachadores, con 5 cajas cada uno, eso llevaría más de un día para ella sola...

— Las probabilidades de muerte son altas, no solo para ellas, también para nosotras. 

No soy una experta en cosas técnicas como electricidad y gasolina, pero sí soy consciente que tendríamos que escapar de los escombros de los edificios cayéndose, también del humo de todo lo que se quemara, del fuego. Podríamos morir aplastadas, quemadas o asfixiadas, y sólo eso si no nos encontramos a Yia o la chica del 11 antes. 

Asiento. 

Sigo creyendo que funcionando o no su plan, los Vigilantes se encargarán de que nos acerquemos todas, de que nuestras muertes sean lo más pronto posible; además del riesgo del plan de Elaine tendríamos que enfrentarnos a cualquier idea que se les ocurra a los Vigilantes. 

Encojo lo hombros y digo algo despreocupada: 

— De todas maneras, ¿cuál es la probabilidad de que todas lleguemos sanas y a salvo a la Cornucopia? 

Me mira tratando de analizarme, luego me da la espalda y se dispone a trabajar con otra manguera. La gasolina ya ha creado un charco y ella salpica cuando pisa. 

— No hay muchas, no. 

Cuando el Sol sale ya nos hemos encargado de vaciar al menos 5 despachadoras, la Arena brilla por las luces encendidas y por el brillo que provoca la gasolina al estar al aire libre. Elaine me advierte que no regresáremos ya a dónde hay charcos de gasolina. Las probabilidades de que empiece un fuego sólo porque le dé el Sol son muchas. 

— No sé cuánto tiempo lleva esa gasolina ahí, no sé si es más probable que se incendie con solo el calor del Sol... 

Tengo mis tenis llenos de gasolina, cuando piso salen pequeñas gotas de gasolina. Me los quito y los aviento, ahora que mis pies pisan el suelo se siente extraño, debemos de apresurarnos porque esto es asfalto puro y cuando llegue el medio día podría quemarme los pies. 

— Oh —, dice una vez que nota como voy caminando, descalza —. Eso es una buena idea, yo también lo haré. 

Se detiene y se quita los tenis con muy poca gracia, su ropa está rasgada y tiene muchos rasguños, aún más que la mía. Además de que su camisa está rota por el pedazo que quito para amarrar la primera pistola; las demás las hemos activado con ayuda del alambre que tenía en mi mochila. Al ver que no puede quitarse los tenis parada se sienta en el suelo a quitárselos con paciencia. Luego se arremanga un poco el pantalón. 

— Tal vez también deberías de hacerlo. 

No lo hago, porque en cualquier caso se mojarían mis piernas de gasolina y cuándo llegará el momento se quemarían. 

A medio día ya hemos cubierto una gran parte de la zona que Elaine planeaba quemar/explotar. Tenemos que detenernos porque a pesar de que está nublado, las aceras se han calentado y nos comienza a quemar un poco los pies. Entramos a un edificio pequeño, por dentro está cubierto de una alfombra suave. Aún tiene unos cuantos sillones que dan a una ventana. 

— Oíste eso —, dice Elaine apuntando hacia atrás de nosotras. 
 
Al principio no lo escucho, pero luego me llega el ruido de alguien corriendo. Saco una flecha y la pongo en el arco. Avanzo con cautela hacia donde viene el ruido y veo la sombra de eso que corre. En frente mío se extiende un corredor que tiene muchas puertas, busco un encendedor para encender la luz y que pueda ver mejor. Intento perseguir los ruidos que continúan, abro puerta por puerta y solo hay cuartos vacíos, hasta que en la última veo un escritorio con ramas y hojas como nido. En la esquina del cuarto hay un roedor enorme con dientes sobresalientes, es como una rata, pero aún más grande. 

Muto o no les disparo y nos damos el lujo de encender un fuego para cocinar su carne. Rompemos uno de los sillones y con las cerillas que tenemos les prendemos fuego.  Su carne es deliciosa, más rica que el animal que comí ayer del que vagamente recuerdo su aspecto. Elaine parece disfrutarlo y hasta chupa los huesos hasta dejarlos sin nada de carne. 

Cuando hemos terminado, salimos solo para ver el paisaje. La acera que está a unos cuantos metros de nosotras parece ser un espejismo. Húmeda por completo, como si fuera una obra de la lluvia de ayer, cualquiera que haya notado los efectos de la lluvia sabría que eso no era posible. Miro abajo de mis pies y hay varios agujeros del grueso de mi meñique, alrededor de ellos hay negro, muestra de que se ha quemado el suelo. 

Me hinco y acerco mi nariz al suelo. Huele a azufre. 

— Fue una lluvia ácida por toda esta área. Supongo que todas estábamos bastante cerca, si te fijaste en la planta hidroeléctrica no había ninguna marca de la lluvia. 

No, no me fije. Aún me siento un poco ida después de lo de Drake. Tampoco noté el ruido que hizo la rata o si no hubiera sido por el ruido que hizo al romper un plato, tampoco hubiera notado como ella se me acercaba ayer por la noche. 

— ¿Siempre has sido así o es algo de la Arena?— Me levanto y comienzo a avanzar, ignorando su comentario —. En los entrenamientos te veías muy distinta, ¿qué te ha pasado? 

No quiero hablar de eso, no quiero hablar con eso de ella. Ella se ha callado y me mira a la mano, espantada; sin darme cuenta ya tengo un cuchillo en mano. Lo regreso al cinturón. 

Después seguimos caminando, al haberme acostumbrado a hacer esto cada vez resulta más fácil. Tardamos cinco minutos en un solo despachador y continuamos a otro;  antes del atardecer ya hemos cubierto una gran parte, cada despachador se separa por uno o dos kilómetros del otro, pero en toda el área había alrededor de 50. Si hago las cuentas creo que la gasolina debería de haber cubierto a la perfección todo el suelo que rodea a los edificios cercanos a la Cornucopia.

Hemos rodeado la Cornucopia durante todo el día, lo más cercano que hemos estado del gran cuerno es a menos de un kilómetro, o eso creo; cada ciertas calles parece haber un parque lleno de juegos y con árboles altos. Aunque de todos los que he visto en el día sólo uno parecía tener ese kiosco enorme que se levantaba del suelo.

Estoy pensando que fue un buen plan lo que acabamos de hacer, pero me preocupa no ser capaz de encontrar la Cornucopia, tal vez pueda considerar la idea de correr y encontrar el río y lanzarme; de repente el suelo tiembla un poco  y se escucha una explosión lejos, volteo inmediatamente a ver a Elaine y ella a mí. Levantó la mirada y veo una pequeña columna de humo levantándose por el cielo gris. 

— Probablemente se haya iniciado un fuego en esa zona y ha tocado uno de los autos.

Sigo la columna de humo hacia el suelo, parece estar en la zona donde había una fila completa de autos. Corro hacia una intersección de las calles, esperando a que pueda ver esa zona a la perfección. Cuando llego veo como el fuego comienza a extenderse, aunque aún está muy lejos de nosotras.  La columna de humo no se extiende por un auto que se ha quemado, sino porque uno de los edificios cercanos comienza a envolverse en llamas.

— ¿Cuánto falta para que comiencen las explosiones programadas? — Suelto mientras la busco, también ha corrido a ver que ha pasado. Se está quitando su mochila y abre el cierre —. Elaine, ¿cuánto tiempo?

Saca de su mochila una de las dos bombas faltantes y me enseña la pantalla. 

Veinte minutos.

— ¿Cómo no te diste cuenta de que faltaba tan poco tiempo?

— Yo... 

Me acerco a ella y le quito de la mano la bomba. La dejo en el suelo y comienzo a quitarme el pantalón. Está mojado de gasolina por mi pequeña carrera. Trato de limpiarme todas las gotas de gasolina de las piernas. Le quito el cinturón al pantalón y me lo pongo en la cintura. Elaine comienza a hacer lo mismo. 

Ella se quita casi toda su ropa, solo se deja su ropa interior. Yo prefiero dejarme la camisa puesta. La chamarra igual huele a gasolina, no tiene caso dejármela puesta. Tomo el agua que me queda en las botellas y me la echo a los brazos y piernas. 

— ¿Tienes algo valioso en tu mochila? — Elaine nota que la he dejado en el suelo y abre el cierre. Saca el estuche enorme del cuchillo, lo abre y se queda espantada —. Será mejor que te lo lleves, por si nos encontramos con Yia. 

No lo tomo muy convencida, pero lo pongo en el cinturón junto con los demás cuchillos. Me cuelgo el arco y el carcaj de flechas y la veo. Ella asiente mientras se pone su mochila, solo queda una bomba ahí. Volteo al suelo y veo que la otra marca que faltan quince minutos. 

Comenzamos a correr lo más rápido que podemos. Trato de pisar en zonas donde casi no hay gasolina. Tal vez debería de haberme dejado el pantalón puesto o tal vez los tenis, si una sola flama llega a tocarme me incendiaré. Suena a otra explosión y unos cuántos segundos después el suelo se mueve, solo hemos avanzado otros veinte metros cuando llega el aire lleno de tierra. 

— Ha comenzado, debemos de correr más rápido. 

Veo solo de reojo como se quita la mochila y la avienta de manera descuidada.  La maldigo por lanzar con tanto descuido una bomba. Un minuto después llega el ruido de otra explosión.

El temblor del suelo es más potente y me tira al suelo de manera casi inmediata. Tengo suerte de tener la cara en el suelo porque unos segundos después el viento trae polvo y Elaine cae mientras se queja de que le ha entrado a sus ojos el polvo.

Mientras me levanto me doy cuenta de que ya me he raspado otra vez las rodillas. Intento levantarla para que sigamos corriendo, pero otra explosión llega y vuelvo a caer, aunque esta vez de manera delicada.

— Corre, te alcanzaré —, me empuja con una mano. Cuando ya ha pasado el polvo me levanto, pero ahora por toda la Arena hay una capa de polvo que me nubla la visión —. Corre rápido, a partir de ahora las explosiones serán cada minuto.

Intento correr lo más recto que puedo, pero con la cinco siguientes explosiones caigo y me lastimo las manos.  Ahora no sólo es una pequeña capa de polvo, sino que los edificios que han caído provocan que la tierra se levante y parece que en lugar de polvo fuera neblina. Comienzo a toser y entonces volteo, se puede ver algo brillante, no puedo distinguir la distancia, pero estoy segura de que está cerca, es como si mi cuerpo sintiera el calor de cerca.

Unos segundos después comienza a sonar una alarma, como la que suena en el Distrito 12 cuando hay un accidente en las minas; probablemente la electricidad hizo que las alarmas de incendios vuelvan a funcionar.  La alarma suena cerca, no atrás de mí como esperaba, sino a la izquierda.

Corro ahora de lado, se escucha otro cañón y espero las vibraciones de la tierra. No hay, eso significa que solo quedamos tres. 

Bien, solo otros dos cañones y esto se habrá terminado.

Corro hasta que escucho el sonido del río cerca, esta hacia mi izquierda. Otra explosión, esta vez más cerca, ya han sonado casi las diez primeras explosiones, algo me dice que Elaine me ha mentido sobre cuántas bombas encontró en la Cornucopia. De otra manera ya habría sonado la bomba de ella tenía, y si no me equivoco solo he estado corriendo diez minutos. 

El sonido del río se hace más intenso, choco con un bulto. El aire no está tan lleno de polvo aquí, entonces distingo la forma de un auto. Miro hacia a mi alrededor y distingo alambres que van del suelo a dos columnas. Es un puente, el río debe de estar debajo. 

Me acerco a lo que creo es la orilla del puente, otra explosión me hace ver hacia abajo antes de lanzarme. La corriente no es la mitad de cuando iniciaron los Juegos, si ahora cayera me rompería las piernas al intentar caer.  

Intentó recordar hacia donde corría en un principio, tal vez debería de seguir en línea recta. Otra explosión, otra sacudida.

Ahora de verdad comienzo a correr, aunque ya me duelen mis pies. Distingo otra vez la sombra de unos árboles en frente mío. Debe de ser, ese debe de ser el parque dónde está la Cornucopia. Tal vez me faltan unos trescientos metros, pero esta calle no tiene sombras de autos, solo unos cuantos escombros de los edificios. Otra explosión, otra sacudida. 

Me repito que en cuanto esté en la Cornucopia habrá menos probabilidades de morir, que es poco, mis piernas me queman y no sé si podré correr la poca distancia que falta. Estoy a mitad del camino cuando suena otra explosión a unos cien metros de mi derecha. Caigo al suelo completamente, creo que ahora me he lastimado el rostro porque me duele la parte izquierda. 

Intento levantarme pero me siento desorientada. Solo escucho muchos cracks y el sonido de que algo se estuviera cayendo. Volteo hacia atrás y veo que el edificio que está a mi lado comienza a colapsarse. Miro hacia a mi izquierda y veo una ventana, corro y rompo el vidrio. Caigo de pie sobre una alfombra en un cuarto oscuro.

Ni siquiera me tomo la molestia de quejarme por el vidrio que se me ha encajado en el brazo y en el codo porque se escucha otra explosión. Tal vez a unos doscientos metros, aún así vuelvo a moverme y creo que estoy apunto de caer. Me recargo de lo que parece un escrito, ignoro el dolor que tengo en el rostro y el dolor en el brazo derecho, donde es mucho más intenso que en las manos y el otro brazo. Busco una puerta y corro directo hacia ella. Del otro lado de la pared se puede escuchar como comienzan a caer más escombros del edificio de al lado. Intento atravesar todo el grueso del edificio, pero fácilmente debe de tener unos cien metros de ancho. 

Se escuchan otras dos explosiones, pero más lejos. Esas deben de ser las bombas que Elaine tenía en su mochila. Recibir las explosiones dentro del edificio no es tan pesado como afuera, la alfombra amortigua todas las vibraciones de lo que sucede afuera. Cuando vuelvo a ver una ventana decido ver si tiene alguna perilla, ya ni siquiera corro, esas debieron de ser todas las explosiones. 

Abro la ventana y el aire entra, no es frío, esta lleno de calor, comienzo a sacar mi cuerpo poco a poco, ya ha comenzado a pesarme la carrera y el dolor en mi cuerpo. Volteo hacia mi izquierda, de donde supondría que venía; el polvo ahora se ha dispersado y veo la pared de fuego levantarse por los edificios. Ha alcanzando a uno de los edificios enormes, de esos que se extendían casi hasta el cielo. A su lado, otro edificio comienza a quemarse, no tardarán mucho en colapsar y caer. 

Salgo del edificio y busco la sombra de los árboles de lo que creía era el parque. No veo nada, pero noto que en frente mío está una torre pequeña, veo las cabinas que subían y bajaban pasar casi en frente mío, aún se elevan por al menos veinte metros arriba mío, pero ya bajan. 

Me armo de valor para caminar hacia la derecha. Otra explosión cerca mío me sacude y me aferro a la pared mientras llega la nube de polvo. El estruendo del edificio que comienza a caer llega con los gritos de una chica. 

— Ayuda —, grita con urgencia. No sé si está cerca mío o no, de todas maneras no tiene caso salvarla —. ¡Ayúdenme, por favor! 

Camino intentando ignorar sus gritos, que van haciéndose más pequeños. Cuando llego al final de la calle veo entonces que adelante mío se extiende un área con el suelo quemado, el edificio   (o lo que queda de él) tiene un color negro; volteo y miro unos pequeños muros mientras cruzo la calle. 

Ahí suena el cañón. 

Somos dos, sólo quedamos dos. 

Camino con lentitud, en esta zona hay árboles, árboles y unas cuantas cabañas de madera, fuerzo mi vista y veo a mi derecha lo que parecen ser juegos. Sigo avanzando y entonces tropiezo, caigo sobre una plataforma que se eleva sobre el suelo, hace dos semanas uno de los tributos debió de haber estado aquí. Me esfuerzo para levantarme y ahí veo mi brazo derecho, cerca del codo tiene trozos de vidrio enterrados de forma irregular, está sangrando, sí, pero todavía puedo avanzar. 

Intento levantarme apoyándome en la plataforma. Lo único que hago es dejar manchas de mis manos hechas de sangre.

Trato de ubicar la Cornucopia y entonces la veo, ahí en el centro del parque, no brilla por el polvo pero veo que intenta reflejar la luz que irradia la pared de fuego que sigue creciendo. Hago un esfuerzo para llegar a ella y entonces comienzan otras vez las explosiones. Comienzo a gatear por el suelo intentando llegar a la Cornucopia, parecen ser unos cincuenta metros infinitos, los ruidos de las explosiones, las nubes formadas por el polvo que me mueven, el calor del fuego que cada vez se acerca más; es demasiado, parece que el infierno se ha desatado.

Las rocas se entierran en mis manos, haciendo que la tierra se llene poco a poco de mi sangre. Mis rodillas también me duelen, se me deben de haber enterrado ya varias rocas igual ahí. O puede que sean vidrios, no me tomo la molestia de mirarlo.

Esto ya ni siquiera es parte del plan de Elaine, son los Vigilantes, estoy completamente segura de eso, ¿quién más no haría explotar los edificios lejanos para arrinconarnos? Ni siquiera son edificios de la misma zona en la que pusimos las bombas, parece que estallan en una zona en específico que se va a acercando poco a poco hacia aquí. 

Nos están arrastrando a las dos que quedamos a un mismo punto. 

Cuando llego a la Cornucopia veo que aún hay cajas enormes, busco una botella de agua y luego me voy hasta el fondo de la Cornucopia, esperando a que el ruido de los estallidos pasé. 

¿Pasa el tiempo? No lo sé. Sólo se que el fuego se ha extendido y que casi todo el aire que respiro está lleno de polvo o de humo. Arranco una parte de mi camisa y la lleno de agua. Me la pongo en la boca tratando de respirar mejor. Luego le echo agua a mi brazo para limpiar la sangre, luego a mis manos y finalmente a las piernas. 

Todo mi cuerpo arde, los pies y las piernas por la carrera, las rodillas y el codo por atravesar la ventana de vidrio, las manos por venir arrastrándome hasta acá. 

Pero casi lo he logrado. Solo falta un cañón y todo se habrá terminado. 

Los estallidos continúan y me pongo en posición fetal. Intento mecerme para ignorar todo lo que está pasando afuera. En algún punto creo que estoy sollozando porque se escucha el eco en toda la Cornucopia. 

Cuando los estallidos finalmente se calman me levanto y veo la figura en la entrada del cuerno. Esta recargada del metal, ella es la que llora, tiene sus manos en los oídos, como si aún escuchara las explosiones afuera. 

Me acerco haciendo ruido, dándole una oportunidad de que reaccione, de que haga el esfuerzo de defenderse. Con mi mano izquierda tomo el cuchillo y lo saco. 

Estoy en frente de ella, pero ni siquiera me ha notado, me esfuerzo para tomar cabeza con mi mano derecha. Ella brinca, apenas dándose cuenta de que ya estoy aquí. 

No tiene tiempo de quitar sus manos de sus oídos o de correr. Ya me estoy aferrando con todas mis fuerzas para que ella no se mueva y que el cuchillo se le clave bien en el cuello. 

Sé que todo ha terminado cuando suena el cañón y la voz de Claudius Templesmith dice: 

— ¡Damas y caballeros, les presento a la vencedora de los Septuagésimo Segundos Juegos del Hambre! ¡Lavinia Nooney! 


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