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La viajera del tiempo de Panem » Capítulo 15
La viajera del tiempo de Panem (R13)
Por guirl of night
Escrita el Lunes 29 de Febrero de 2016, 22:19
Actualizada el Jueves 30 de Julio de 2020, 23:44
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Capítulo 15

Tercera parte: Un futuro desconocido 

Me gusta estar con Lavinia. Me gusta que desde que hicimos nuestra alianza duermo más. Me gusta que cuando yo cuento un chiste ella sonríe y luego ladea su cabeza, intentando no reírse más. Me gusta que puedo ver como es más allá de tratarla unas simples horas. Me gustan sus comentarios sarcásticos.

Me encanta que sea una buena cazadora. Me encanta que me enseñe que tan buena es con los cuchillos. Me encanta que haya aceptado el carcaj y el arco que le di. Me encanta que quiera protegerme. Me encanta su voz. Me encanta la forma en la que se mueve por la ciudad, como si hubiera vivido aquí toda su vida.

Creo que sólo me gusta demasiado estar con ella.

Creo que me estoy enamorando de ella.

Estaba perdido, completamente perdido desde que la vi en la Cosecha del 12. Ni una otra chica me había impulsado de esa manera, desde que la vi caminar al escenario quede flechado, quede fascinado de ese cabello negro y esos ojos oscuros.

No pude evitarlo.

Hoy es la cuarta noche que llevamos juntos, la primera la pasamos en el techo de una casa mirando el cielo, cuando paso el rostro de Cibeles en el cielo ambos nos sentimos algo incómodos, pero, bueno, solo puede haber un ganador.

No sé si quiero que alguno de los dos gané, pero creo que prefiero que ella gané, ella es más pequeña, más joven, estoy seguro de que logro conmover a la gente con su comportamiento y ahora que estamos aquí debe de tener muchos fans en el Capitolio.

—Hora de dormir, Drake —. Me dice mientras ella se acomoda con el arco y las flechas, se sienta y se recuesta en el árbol.

Me gusta esta casa que encontró ella, me dijo que pasó aquí los primeros días, y no habían pasado muchas cosas, aunque cerca de aquí se cruzan muchos senderos que tiene la Arena, es un lugar fácil de defender, y ahora que somos dos no hay más problemas.

—Buenas noches, Lavinia —, me termino por acomodar en su saco, es calientito —. No hagas trampa y despiértame cuando comience mi turno.

—Sí -, apenas voltea a mirarme y se coloca sus gafas —. Pero tú asegúrate de despertar.

Ambos sonreímos. Me gusta cuando ambos sonreímos.

Antes de dormir hago la cuenta de quienes quedan, estoy seguro de que solo somos 10, Yia, Major, yo, Elaine, Alexis y Silver, ¿Payton? no recuerdo bien el nombre del chico del 10, Lavinia y Luke... ¿Quién me falta? Ah, la chica del 11.

Mañana empezará el décimo día aquí, ha habido las suficiente muertes, creo, a los Vigilantes aún les quedan niños con los que jugar y las cosas han estado calmadas, tal vez mañana causaran un incendio o una lluvia para juntar a varios, pero no me molesta; Lavinia y yo hacemos un buen equipo, no hemos pasado hambre en estos dos días, tampoco sed.

Cuando caigo dormido sueño con casa, sueño con Suzanne, con Elijah y con Fincad, sueño que vamos a la playa esperando a mis papás, pero nunca llegan. Y decidimos jugar, Suzanne con su cabello negro lleno de arena, Elijah con su risa y sus carcajas, Fincad mirando a lo lejos. Me acerco a él.

—Finn, ¿qué es lo que pasa? —Pregunto mientras me siento con él, mirando hacia el mar.

Fincad no es feo, es muy guapo y de los tres es el que guarda mayor parecido con Finnick Odair, aunque las razones son demasiado claras para nosotros. Tiene el mismo cabello negro que yo y nuestros ojos son bastante similares, creo que tenemos más similitudes, pero me cuesta encontrarlas... Siempre me ha costado verlo.

—Extraño a mi madre —, dice mirándome. 

Sí, sé lo que siente, yo también extraño a mi madre.

Despierto con unas lágrimas derramándose, son muy pocas, me las limpió lo más rápido que puedo, extraño a mis hermanos y a mi padre. Ellos son mi mar, mi todo, por ellos nadaba, por ellos me esforzaba en la pesca, en la escuela, intentando conseguir una beca para entrar a la Academia, pero nunca lo logré.

Miro hacia dónde debería de estar Lavinia y no la veo. Por un instante me alarmo y salgo del saco, ¿dónde está? Entonces la veo, subida en el árbol con delicadeza, casi no la notaba porque ha logrado camuflarse con él.

—Aún no es tu turno —, suena molesta, no sé porqué.

Desde que atardeció ha estado molesta conmigo, a veces solo me contesta con un tono seco, pero ahora me está escupiendo las palabras. Su tono de voz refleja claramente su enojo. Al principio pensé que tal vez sólo era mi imaginación, pero ahora está muy claro que no lo es.

— ¿Estás molesta por algo?

No puedo ver su reacción, pero estoy seguro de que debió de haber brincado. Ella se baja del árbol y camina, lo más lejos que puede de mí.

— ¿Hice algo mal o qué sucede?

Pensé que teníamos la alianza perfecta, que nos podíamos demostrar afecto libremente, después de todo, eso es lo que habíamos dicho la noche antes de los Juegos, cuando ella se lanzó a abrazarme y yo le correspondí. Ella había dicho que me quería, ¿no?

Después de que dijo eso, en cuánto empezaron los Juegos busqué la primera oportunidad para escaparme de mi alianza con los otros profesionales y Cibeles, sabía que tal vez tenía más probabilidades de encontrarla estando solo. También tenía más probabilidades de mantenerla con vida.

No sé con claridad lo que pasó después del segundo día, pero cuando vi los rostros de Flux y Ópalo en el cielo, pensé que Cibeles los había traicionado mientras buscábamos a la chica del 11; pero ahora sospecho que tal vez las cosas no fueron así, que la que se encargó de matarlos fue Lavinia... Eso es raro, ¿no? Es decir, es muy pequeña... Ella debe de medir al menos un pie menos que yo, la diferencia entre Flux y ella debió de ser mayor...

¿Ella en serio podría haberlos matado?

En mi cabeza la idea parece imposible, pero entonces pienso en el arco que le di, yo lo encontré en la cabina, la misma cabina de la que ella había saltado cuando escuchó los gritos de la chica del 6. Cuando Yia y Major se habían ido, yo había tenido oportunidad de ver las cabinas, que seguían funcionando y pude ver el arco y las flechas que Lavinia había dejado.

En la Cornucopia había más arcos y flechas, ¿no? No recuerdo, no recuerdo haber revisado cuántos había, yo solo había tomado mis tridentes y una mochila pesada... Pero, recuerdo claramente que Ópalo tenía un arco y varios cuchillos cuando salimos a cazar a los del 11.

Y ahora está aquí, me siento como una presa, siento que no había visto sus verdaderos atributos porque estaba cegado pensando que todo me gustaba de ella. Todavía en la tarde pensé que me gustaba que fuera una buena cazadora, que fuera muy buena con los cuchillos, que hubiera aceptado el carcaj y el arco.

Pienso en excusas para demostrar que ella no ha asesinado a Flux y Ópalo, pero cada vez me siento más tonto, ¿qué no me ha demostrado que nunca falla con los cuchillos? ¿Qué no he visto que tan bien arma las trampas?

—Sí —, responde después de lo que siento que ha sido una eternidad —. No debiste de haberme salvado de Cíbeles.

¿Su rabia se debe a que la he salvado? Mientras yo pensaba que ella iba a matarme en este instante resulta que su molestia es porque maté  a Cíbeles.

—¿Y qué tiene de malo? — Comienzo a salir del saco, quiero acercarme a ella, demostrar que no voy a atacarla, tal vez piensa eso, después de todo, ¿si maté a la chica de mi distrito que me impediría matarla a ella, una indefensa chica del 12?

—No puedes ir matando a tus compañeros solo por mí —. Apenas lo noto, mientras estoy a un metro de ella veo que tiene un puchero en sus labios, se ve tan tierna, así no aparenta más de 13 años... — ¿Qué pasaría si regresas a tu Distrito? ¿Cómo podrán recibirte después de que mataste a tu compañera?

—Bueno... -, balbuceo, si bien considere la posibilidad de regresar, nunca había pensando que pasaría cuando esté ahí otra vez. 

Estaría con mis hermanos otra vez, con la dulce Suzie y con mi padre, ¿ellos me culparían de haber matado a Cíbeles? No lo creo, Suzanne es consciente de cómo es ser un profesional, ella estuvo en la Academia, debería de saber que era Cíbeles o que era yo, le gustaría que regresara yo, ¿no? 

Pero eso es una mentira, no era Cíbeles o yo, era Cíbeles o Lavinia... ¿Podría haber vivido sabiendo que Lavinia murió ante mis ojos? No, no podría, soy consciente de lo que siento por ella, no podría haber regresado al Distrito 4 teniendo eso en mi memoria para siempre, cuando fuera al Distrito 12 por la Gira de la Victoria tendría que haber visto a su familia y a su rostro mostrado en una enorme pantalla, ¿podría haber vivido después de eso? 

No, en mi mente se repite la idea de que yo no podría... Más bien, que yo no puedo.

— Tú harías hecho lo mismo —, termino por decir, porque estoy seguro de que ella hubiera matado a Cíbeles si mi vida hubiera estado en peligro. 

— No... yo no lo hubiera hecho —, acaba por decir, ¿no lo haría? — Yo no habría matado a Luke por salvarte. 

— Bueno, estoy seguro de que Luke no intentaría matarme... — Es cierto, Luke no hubiera intentado matarme, al menos que le hubiera hecho algo antes —. Me refiero a qué igual hubieras matado a Cíbeles por mí, ¿no? 

— Sí, pero...

— Ya no hay más que discutir —, termino por interrumpirla, esta mini pelea no ha llevado a nada, siento que ha perdido sus argumentos y solo quiere seguir discutiendo —. Tal vez es momento de considerar que lo hice porque me importas. 

Intento decir las palabras como esa noche, me siento en las escaleras camino a mi piso, me siento indefenso como cuando me estaba abrazando. Me siento como cuando la subí a su piso porque estaba enferma o en el tejado mirando las estrellas; levanto un poco la mirada y las veo, no son iguales que en ese momento, pero nosotros sí lo somos. 

— Ya entiendo —, termina por decir. Ella suelta el arco y se acerca a abrazarme, como esa noche, me siento expuesto, siento que estoy mostrando lo que de verdad soy; solo un chico sencillo del 4 intentando dar todo de sí, no más —. También me importas. 

Bajo la cabeza para mirar su rostro y me sorprende verla mirándome, siento que eso es todo. Vamos bien. 


La mañana es fresca en el Distrito 12 y las cosas lucen esperanzadoras para Peeta Mellark, Lavinia está bien en la Arena con su aliado, había visto como intentaron discutir y como se han arreglado, después de ver eso salió con una pequeña mochila camino hacia la Pradera. 

Espera el zumbido que emitía la alambrada cuando estaba electrificada, no había nada. Pasó como si nada, como si comenzara a acostumbrarse a estar en el bosque.  Antes había ido unas veces con Rye y Quick, a escondidas, pero aprendió lo hermoso que era, la valentía que se requería para ir todos los días como lo hacía Katniss Everdeen. 

Ya hacía menos ruido al caminar, después de casi dos semanas se mostraba que estaba mejorando, Katniss había intentado que él usara los cuchillos de Lavinia, se le daba un poco bien, hoy iban a intentar practicar unas trampas; Katniss había dicho que si le eran fáciles después intentaría darle una lección de arco. 

La espero en el árbol que habían acordado, hoy iban a ir a un lugar distinto, ella había dicho que quería enseñárselo, solo habían pasado 5 minutos cuando ella ya estaba ahí, viéndole. 

— ¿Qué llevas en la mochila? — Le cuestionó una vez que la vio, no parecía molesta, de hecho se veía bastante curiosa.
 
— Tengo mi libreta de dibujos y unos cuantos lápices. 

— ¿Tú dibujas? 

— Sí —, le responde con una gran sonrisa, orgulloso de ello —. Se me da bien el arte... Yo soy el que decora los pasteles. 

Ella cierra los ojos por un instante y se imagina los pasteles en el escaparate, son preciosos, pero nunca ha tenido el dinero suficiente para comprarlos, tal vez nunca lo tenga.

— Eso explicaría porque son tan lindos. 

Ambos sonríen. Es como si en el bosque pudieran olvidar lo qué pasa en el 12, olvidan que la gente ve a ambos tributos esperando a que sobrevivan, Luke y Lavinia; ya casi han pasado los primeros 10 días de los juegos, ella con más amenazas que él, pero se las ha arreglado.

En el bosque ambos pueden estar tranquilos un poco, después de todo se acercaron para hablar sobre lo preocupados que estaban por Lavinia, pero nunca pensaron en que las cosas llegarían a este punto. 

Cuando llegan al lago, Peeta se siente impresionado, nunca había visto un lugar así. Solo en los juegos, pero la belleza del lugar no se comparaba a esos lugares sintéticos que los Vigilantes creaban. Había llovido el día anterior, por lo que el pasto estaba húmedo, los árboles aún tenían  unas cuantas gotas de agua y los sinsajos cantaban cerca de ellos.
 
— Voy a enseñarte a nadar -, le menciona ella mientras comienza a quitarse la ropa, eso le toma un poco desprevenido, ¿va a verla así? — Después te enseñaré a pescar e intentaremos ver cómo te salen las trampas, ¿está bien? 

El asiente, aunque siempre ha encontrado las palabras ahora se siente sin ellas, solo puede tragar saliva mientras no intenta pensar en esa forma. Ella no ha notado que es lo que Peeta siente, piensa que él siempre es así con todo el mundo, que siempre es amable, carismático y dulce, pero no se percata que con ella lo es aún más. 

Peeta aprende a nadar con facilidad, después de 30 minutos ya sabe flotar y dar una brazada simple, después se dedican a jugar un poco en el agua, aún son niños después de todo. Quieren evitar pensar en otra niña que pelea a muerte muy lejos de ahí; sus juegos de ellos son divertidos, simples y no tienen que ver con intrincadas alianzas, muerte y asesinos. 

— Katniss —, pronuncia ella mientras saca unas pequeñas plantas de la orilla del lago —. La saeta del agua. 

Recolectan unas antes de irse, aún no ha dado el medio día pero será un día largo, muy largo, ya no tienen tareas para la escuela, y mañana podrán regresar otra vez para completar lo poco que les falte recolectar hoy. 

Sí se le dan las trampas, no tanto como a Gale, pero logra hacer unas en una zona a la que puedan regresar mañana. Katniss saca un arco de un escondite distinto y se lo da, le enseña como pararse y como sostenerlo, como debe de ir el brazo y los pies, lo delicados que deben de ser sus dedos al tomar una flecha. A Peeta se le ponen los pelos de punta cuando ella lo toca para corregir su postura, no lo puede evitar, han pasado todo el día juntos, más cerca que otros días, han hablado incluso aún más. 

Katniss le deja practicando su lanzamiento a Peeta mientras ella va a cazar. Cuando el cree que ya es un tiro decente se sienta y comienza a dibujar el bosque, solo trazos simples para que cuando regrese a casa nadie piense que ha salido del Distrito; les ha dicho que está en la Pradera, cerca de la alambrada pero que ve el bosque, intentando mejorar sus dibujos. 

Cuando Katniss regresa tiene 4 ardillas colgando de su mano y le sonríe orgullosa. 

— Vayamos a revisar las trampas por sí han atrapado algo —, dice él, esperando al menos tener una presa. 

Consiguen otras dos ardillas, entonces ella lo felicita, ahora sí es notorio que ha estado mejorando; si Peeta se lo propone tal vez sea un buen cazador en el futuro. Cuando el Sol apunta pasado del medio día deciden regresar, no les importa pasar todo el día juntos, pero tampoco quieren que noten que se han acercado. Peeta la ha obligado a practicar mentir, tampoco es muy complicado, solo tiene que decir "He estado en la Pradera" cuando alguien le pregunte. 

A medio camino, ella se atreve a decir la pregunta. 

— ¿Qué piensas de su aliado? 

Peeta lo considera un poco, siempre debe de ser delicado para hablar con Katniss con cosas que tienen que ver con la Arena, si no lo es ella se altera y se molesta por al menos media hora. 

— Se ve que es listo y amable. 

— Creo que a Lavinia le gusta —, logra pronunciar Katniss, en su mente es verdad, nunca la había visto mirar a alguien así y su comportamiento de la madrugada lo prueba, ella tiene un humor inconstante mientras está con él —. Nunca la había visto actuar de esa manera. 

Peeta lo piensa un poco, tampoco había visto a Lavinia actuar así, ni con Rye al que le había aceptado una cita antes de ser cosechada, ¿podría ser? ¿Podría ser que Lavinia sintiera algo por ese chico? ¿Sus sentimientos por él impedirían que ella ganara los Juegos? 

Por un momento lo pensó, si Katniss y él estuvieran en la Arena, su prioridad sería que ella sobreviviera, que ella saliera de ahí, aún y cuando eso era considerar su propia muerte. 

— Yo tampoco, solo espero que eso no la afecte al tomar decisiones. 

— Yo la quiero de regreso... No sé qué se le ocurrió al fijarse en él. 

— Uno no escoge de quien enamorarse —, respondió rápidamente Peeta, ¿quién mejor que él para saberlo? Había quedado enamorado de ella a los 5 años, sin haberlo buscado, solo había sucedido —. Tal vez solo sucedió, Katniss, no lo sabemos, no estamos con ella, pero podremos preguntarle si regresa. 

— Sí, tienes razón. 

Pero en su cabeza de ella solo se repite lo que él dijo "Uno no escoge de quien enamorarse", ¿acaso Peeta Mellark está enamorado? ¿De quien? 


Acabamos de desayunar pescado, el pescado que esta aquí en la Arena sabe distinto, además de que al no poder hacer una fogata para calentarlo lo terminamos poniendo sobre las piedras para que al menos se cosa un poco. Eso funciona y tiene mejor saber que sí lo comiéramos crudo. 

Lavinia y yo decidimos que ahora que sus heridas se han sanado del todo era un buen momento para seguir moviéndonos, hemos decidido ver qué ha quedado en la parte de la Arena que estaba quemándose al principio, las lluvias que han creado los Vigilantes han hecho que se apague, entonces es totalmente seguro pasear por ahí. 

La miro de reojo, pero puedo ver una pequeña sonrisa, nos hemos arreglado y creo que ella entendió que cuando dije que me importaba me refería a que la quiero. La he salvado porque la quiero. Me acerco e intento tomarla de la mano, ella deja que tome su mano derecha y con la izquierda saca un cuchillo. 

Cierto, estamos en los Juegos del Hambre, saco mi tridente del pequeño espacio que le hice para llevarlo colgado de mi mochila y lo sostengo con la mano derecha. Cualquiera puede acercarse e intentar atacarnos, pero no podrán, somos fuertes, somos buenos guerreros. Pelear con nosotros solo les aseguraría la muerte. 

Ella lleva el arco y las flechas colgadas de la mochila, pero ahí están bien, no las usa a menos que necesitemos cazar, pero que las tenga ahí me hace pensar menos en que ella mato a Ópalo. Hemos discutido de eso mientras desayunábamos, cuando le pregunté si ella los había matado solo había dicho "lo siento", la verdad es que no creo que lo sintiera. 

Yo tampoco lo siento, ellos planeaban matarla, era uno de sus objetivos desde que sonó el gong que marcó el inicio de los Juegos. Tal vez yo incluso los hubiera matado con tal de salvarme y tampoco lo hubiera sentido, al menos no de verdad. 

Además, ¿qué más da que lo haya hecho? Yo también ya he matado y eso no nos hace menos personas, lo hemos hecho para sobrevivir, lo mismo harían otros, lo mismo harán los siguientes tributos, lo mismo hicieron los vendedores pasados. Es casi una cuestión poco filosófica, pero mientras más lo pienso más creo que con tal de sobrevivir tal vez haría hasta lo impensable. 

A lo lejos de escuchan unos cuantos gemidos, estamos justo en los límites de las casas y después no se ve nada, es como el hoyo en el que cayó Lavinia al huir de Cíbeles, la respuesta viene de inmediato a mi mente, esta parte de la Arena debió de haber sido bombardeada, por eso el incendio, por eso no puedo ver nada a mi altura en al menos unos cincuenta o cien metros.  Solo se distinguen unas pequeñas estructuras lejos, restos de las casas que alguna vez se estuvieron en esta zona. 

Los ruidos de lucha se hacen más obvios, tal vez sean dos o tres personas las que están luchando, miro a Lavinia y nos soltamos de la mano. Ella toma otro cuchillo y yo sostengo a mi tridente ahora con las dos manos, ¿quién puede ser? ¿Quiénes  están pelando? Avanzamos ahora lento a la orilla, ahora lo veo, todo el terreno está hundido como por unos dos metros, hay agujeros en forma de círculo por varios y varios metros, similares en el que cayó Lavinia. 

Veo a Yia subiendo al otro extremo del círculo al que hemos llegado, lleva una espada en mano y de su espalda cuelgan un arco y unas flechas. Termina por escalar los dos metros y luego huye, corre y se aleja, pero los ruidos de lucha siguen ahí, además de que no ha sonado ni un cañón. 

Lavinia y yo nos asomamos para ver la escena, Alexis esta tirada cerca de nosotros, parece inconsciente, Silver está intentando trepar uno de los muros, pero tiene la mano sosteniendo su abdomen, desde aquí noto la velocidad con la que la sangre mancha su camisa de rojo, ve hacia el centro del agujero y yo solo dirijo mi mirada hacia ahí. 

Lo he hecho justo a tiempo, puedo ver como Major ha tomado un hacha, la levanta haciendo esfuerzo, está cansado, el hacha le pesa y veo como la sangre cae de su frente. 

Entonces entierra el hacha en el cuello de Luke. 


Cuando llegan al Distrito hay un silencio aterrador, la gente está callada, la Veta está silenciosa, no hay ruido, ni siquiera se escucha el murmullo que a veces hay en la Plaza y en el Quemador. 

— Nos vemos mañana. 

Ella empieza a correr cuando a Peeta se le ocurre decirlo. 

— Ve a casa y esconde eso—, apunta a las ardillas que han atrapado hoy —. Y Katniss, recuerda nuestra mentira. 

Ella asiente y él se dirige hacia la panadería. El ruido comienza a aumentar pero es muy poco, no hay nadie en las calles, ¿qué ha pasado? ¿Lavinia ha muerto? ¿Qué ha pasado en los Juegos? ¿Por qué el Distrito entero está en un silencio sepulcral? 

Comienza a correr desesperado cuando está a unos pocos metros de la entrada trasera de su casa, está nervioso, está casi temblando y cuando entra por la puerta trasera de la panadería se siente atrapado.
 
— ¿Rye? ¿Papá? ¿Qué ha pasado? — Dice en voz alta, en su lugar, Quick se asoma por la pequeña puerta que da a los hornos. 

—  ¿Dónde has estado, Peeta? — Pregunta su hermano preocupado, lo mira intentado descifrarlo pero solo lo ve un poco intranquilo —. Te han estado buscando. 

— ¿Quién...? 

No le da tiempo de terminar la pregunta, su madre entra y le dice. 

— Quieren hacerte unas cuantas preguntas, ahora están con Rye, será mejor que te prepares. 

Lo sabe, han llegado a los 8 finalistas. 


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