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La viajera del tiempo de Panem » Capítulo 14
La viajera del tiempo de Panem (R13)
Por guirl of night
Escrita el Lunes 29 de Febrero de 2016, 22:19
Actualizada el Jueves 30 de Julio de 2020, 23:44
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Capítulo 14

El cuarto día en la Arena es igual de aburrido que el tercero.

  Pero resulta que eso esta bien, la audiencia esta feliz de que hayan muerto la mitad de los tributos hasta ahora.

  Me dedico a aplicar en mi cuerpo una pomada que encontré en la mochila de Ópalo en mis raspadas. Es efectiva, a penas y se notan las horribles costras que dejo el derrape de mi cuerpo contra el techo, claro que sigo sintiendo dolor, en especial en la parte izquierda de mi cuerpo que parece estar muy entumecida.

  Por momentos creo que hay alguien de cerca vigilándome o que Yia y Major solo esperan el mejor momento para asesinarme. Es decir, no dudo que la otra mitad de los profesionales no busque venganza pero es difícil de creer que Cibeles quiera matarme a mí cuando no le he hecho nada; además Drake no querría matarme, ¿o sí?

  Ayer deje el tejado donde había estado por dos días solo para dedicarme a explorar la Arena, para no estar tan perdida cuando se trate de huir. Así que hoy sigo caminando en la Arena descubriendo nuevos lugares.

  Hoy en la mañana comencé a escalar un pequeño relieve lleno de arboles que me llamaba la atención. Resulta que no era tan pequeño. Cuando he llegado a la cima de el me sorprende un poco ver construcciones, hay unas cuantas cabañas hechas de madera que aun se mantienen en pie, entre ellas hay una zona de juegos un poco destruida. Entro a las cabañas para ver si los Vigilantes decidieron dejar algo para nosotros, lo único que encuentro es un chicle y unos binoculares. El chicle tiene un sabor a algo que me parece tropical y los binoculares funcionan a la perfección.

  La cima tiene ciertas partes construidas y no es hasta que casi termino de explorarla cuando encuentro un balcón que da hacia la ciudad. Tomo los binoculares y me siento en el suelo mientras busco el río. Frunzo el ceño cuando no lo encuentro, aunque lo que si me llama la atención es un área grande quemada que vas desde el centro de la ciudad hasta otro relieve como este pero mas largo. Entonces encuentro la Cornucopia que apenas se distingue entre todos los arboles que la rodean, el cuerno dorado brilla ante el sol del atardecer sobre lo que parece ser un círculo rojo. No está muy lejos.

  Lo peculiar de este relieve lleno de árboles es que está conectado a lo que parece ser el centro de la ciudad; un cable muy grande con cabinas es elevado a través de varias torres. La primer torre está rodeada de muchos árboles y solamente es distinguible porque cerca de ella están tres cabinas, de ahí sale el cable. Este recorre la ciudad desde el cielo hasta la cuarta o quinta torre que está sobre el relieve, casi en el punto más alto. 

 Paseo cerca de un muro grande elevado a tal vez 5 metros y subo por el, me deleito a ver la Arena con los binoculares antes de buscar refugio para dormir.

  Hay otras tres cabinas no muy lejos de aquí, pero estas están ya sobre el aire. Hay una caja de metal con controles cerca de la torre, estoy segura de que había un camino despejado para que las cabinas pasarán y dieran la vuelta para regresar al centro de la ciudad, pero ahora apenas es visible. La tierra ha cubierto todo. Apunto de oscurecer pienso en irme de ahí, en hacer que las cabinas funcionen y bajar. Me siento en una banca que da a un espacio abierto justo atrás de la torre, aquí la gente podía esperar a las cabinas para luego irse.... O aquí venían justo después de que acababan de subir.

  En el cielo unas nubles demasiado grises se acercan, niego porque sé lo que significa. Me levanto y busco un lugar para comer. Aun tengo la comida de lo que case ayer y lo que encontré hoy por la mañana. Mientras decido si bajar o quedarme durante la noche aquí ya ha oscurecido. Me refugio en una de las cabañas, el cielo de la noche no es perceptible desde esta parte de la Arena pero me conformo, porque tal vez a diferencia de muchos tributos tengo un techo donde dormir. La noche es demasiado tranquila tanto que nada me despierta hasta que antes de que el sol saliera, un rugido me pone en estado de alerta.

  Durante los pocos días que había estado en la Arena no me había encontrado con ningún depredador o algún muto, tal vez los profesionales representaban un peligro muy grande, pero entre ellos y un depredador natural era mas que obvio que el depredador ganaría. Me recuerdo que no puedo ser tan tonta para enfrentarme algo así, y menos a uno que bien puede ser al menos seis veces mas grande que yo; si bien no es un muto. Y mucho más peligroso.

  Quiero salir de la cabaña y correr para que el animal que hay afuera no me atrape, aunque si hago eso es mas que obvio que moriré sin haber corrido dos metros. Guardo de la manera mas silenciosa todas mis cosas en la mochila, me pongo el cinturón de cuchillos y tomo el arco  y el carcaj; lista para atacar en cualquier momento. Me posiciono cerca de la puerta de la cabaña, esperando que no me note en absoluto, entonces lo veo solamente rodeando a un árbol, buscando treparse a él, levanto un poco la vista sólo para encontrar a una muchacha llorando sosteniéndose con fuerza a una rama para no caerse.

  Es la chica del Distrito 6, que mira con miedo al depredador. La rama de la que se sostiene está a punto de romperse y sólo puedo pedir que se sostenga a otra antes de que está caiga. Cuando lo hace yo misma, suspiro, por un momento me sentí como otra espectadora de los Juegos, como si no estuviera realmente en ellos y la muerte de esa chica no me llevará más cerca de la victoria.

 El animal que la espera no resulta ser algo menos que un puma, bueno, al menos tiene la apariencia de un puma, probablemente sea un muto, pues dudo mucho que su color natural sea el negro... Al menos yo nunca había visto un puma negro. Se pasea alrededor del árbol donde está la chica y ruge de vez en cuando. Ella mira aterrada hacia a abajo algunas veces y luego mira aún más lejos, cerca de dónde había unas construcciones. Comprendo que ve, la torre.

  Se balancea entre los árboles y el puma se va persiguiendole. Llegan hasta una parte de total metal, un poco antes de llegar a la torre, la chica baja rápidamente de los árboles y se acerca al que creo es el panel de control - la gran caja de metal - se mueve con agileza y esquiva al puma varias veces, luego abre la caja y empieza a manipularla. En cuanto la activa es como si toda la tierra se moviera, voy hacia la otra ventana de la cabaña justo en la que se puede ver a la ciudad, desde lejos, las tres pequeñas cabinas descoloridas se deslizan a través de los cables para subir hasta acá. 

  Salgo en silencio de la cabaña y me muevo hacia los árboles, la chica va a bajar a la ciudad desde ahí... Tal vez yo pueda aprovechar eso y también irme de aquí antes de que aparezca otro puma. Me trepo a uno de los árboles que está más cerca, subo tan alto como puedo y mis manos me permiten; estos árboles son distintos a los que había abajo, tienen muchas lianas y me resbalo constantemente, pero logro subir al menos tres metros, justo donde puedo ver lo que sucede entre la chica del 6 y el muto.

  La chica se mueve de un lado a otro mientras entretiene al puma, es ágil y rápida, no es una tonta, entonces veo que se va acercando al borde, cerca de a donde deberían de llegar las cabinas. Por un momento creo que el muto la va a atrapar pero ella corre, y entonces lo noto, que una de las cabinas está demasiado cerca de ella y del muto, ella entra con un gran salto a la cabina. El puma trata de alcanzarla y corre atrás de la cabina, por un segundo creo que va a alcanzarla y a devorarla dentro de la cabina, pero esta se aleja más y el puma brinca cayendo estrepitosamente entres los árboles y la vegetación.

  Bajo de los árboles tan rápido como me es posible y corro tratando de alcanzar la última cabina para que me lleve hacia abajo, son menos de 100 metros... Sé que puedo lograrlo, pero cuando finalmente llego al lugar para subirme la última ya está en el aire y demasiado lejos de aquí.

  Miro hacia abajo, del otro lado del cable mientras esas cabinas se alejan, las otras tres finalmente se acercan. Dónde creo que es justo la mitad del camino se cruzan... Tal vez pueda sacar provecho de la situación y ver la ciudad. 

  Tal vez... Tal vez solo tengo que esperar más... 

  Desde donde cayó el puma se escucha un gran rugido que me eriza la piel... Miro hacia abajo y veo al animal enredado entre las hierbas... Hasta que me ve, que ruge con furia, moviéndose más fuerte y tratando de liberarse... 

  Es algo casi automático, tomo una flecha y levanto el arco... La lanzó y espero que el puma deje de moverse, pero solo se zarandea erráticamente, mi flecha no le ha dado en el blanco y termina por alocarse más, trata de escapar de la trampa en la que se ha metido, pero ni siquiera yo distingo que es lo que lo mantiene atrapado.

  Interiormente lo lamento, quisiera liberarlo, pero si el se libera y me mata, la que morirá soy yo. Sería una muerte algo tonta para lo que he logrado.

  La primera cabina se acerca y yo solo puedo mirar hacia las otras, que probablemente ya debieron haber llegado al centro de la ciudad... Esto funciona, puedo bajar de este relieve sin tardar tanto... Me subo a última cabina, pensando qué tal vez la suerte está de mi lado.


— Katniss - Dice mi madre cuando aprieta mi hombro, se lo que significa. - Es hora. 

- No, quiero esperar un poco. - La miro y ella sólo mueve la cabeza. Sé lo que piensa, yo también lo pienso.

 La chica del 6 cometió un grave error, en cuanto ella salió de su cabina la esperaban Yia y Major en el centro de la ciudad. Ahora la están golpeando mientras le preguntan quién asesinó a sus compañeros. Obviamente ella no lo sabe, pero eso no les impedirá torturarla. 

 Por un momento, sólo quiero cerrar los ojos mientras escucho sus gritos, son horribles, son ahogados; en lugar de hacerlo, desvío la mirada.

-Katniss, - dice mi madre. - Lavinia lo ha escuchado.

-¿Qué?

 Miro directamente a la televisión y veo a Lavinia que decide aventarse de su cabina justo en el río, dónde la corriente comienza a arrastrarla. No sé si pueda hacerlo hasta que la veo flotar,  la corriente es muy fuerte, en la Arena había llovido por la noche. Los Vigilantes hacen un hincapié en que dejó el arco y las flechas de Ópalo en la cabina.  Sin embargo, los profesionales no se percatan de eso porque siguen encargándose de la chica del 6.

 Al fin me pongo la chamarra de mi padre para ir a cazar, es un poco más tarde de la hora en la que suelo hacerlo, el sol comienza a salir; por eso mi madre me presionaba. Quiero decirle algo, pero cuando comienzo a abrir la boca se escucha el cañón de la chica del 6. En lugar de eso sólo digo:

-Regreso pronto.

 El día resulta ser nublado, recojo rápido el carcaj y las flechas del escondite y me dirijo hacia mi nuevo punto de reunión, es más cercano y me da miedo porque es más fácil de encontrarlo, pero no me queda mucho que hacer. Peeta Mellark lo escogió. Estoy pensando en él mientras camino hacia allá y no me sorprende verlo ahí al llegar, Peeta es un chico muy puntual. 

-¿Logró librarse del puma? - Pregunta con voz apagada sin siquiera mirarme, él puede ser muy ruidoso, pero también tiene un muy buen oído. Creo que comienza a agradarme solo un poco más.

-Sí, lo hizo. - Digo mientras me siento a su lado. - Subió a una cabina, saltó en el río porque escuchó los gritos de la chica del 6.

-Supongo que fueron los profesionales. 

-Sí, - al fin volteo a mirarlo, su cara luce rara, notó que tiene la mejilla un poco hinchada, debajo de ella tiene un moretón apenas visible. - Ya está muerta.

 Eso es todo, después nos levantamos y nos dedicamos a cazar... Bueno, yo me dedicó a cazar y Peeta recolecta todo tipo de frutas; he intentado enseñarle a cazar, pero mi poca paciencia no me permite soportar que haga ruido mientras pisa. A pesar de todo y aunque me cueste bastante, la compañía de Peeta es mucho más amena que la de Gale, no hablamos pero cuando lo hacemos es sobre los juegos, en parte eso me ayuda más que otras cosas...

 Temo a preguntarme que es lo que pasará cuando Lavinia muera en los juegos. O que le diremos cuando terminen y ella regrese.

— ¿Peeta?— Pregunto mientras regresamos, el voltea y me sonríe, esperando a que continúe hablando. Su sonrisa es cálida, la había visto antes pero de lejos, verla ahora de cerca me hace sentir un poco extraña, busco las palabras para decirle... - ¿Mañana a la misma hora?

— Sí, pero encontré otro punto. — Lo piensa un poco más y luego dice — Te esperaré en la Pradera para enseñártelo. 

— Está bien, me agrada la idea. 

 Y es que más allá de eso, me agrada estar con Peeta. 


 Odio estar mojada, odio que todo lo que lleve esté mojado, me pesa, y con mi cuerpo herido me duele caminar; apenas logré salir del río, la corriente era muy fuerte y me siguió arrastrando, me siento aún más entumecida que antes, además de que perdí el arco y las flechas en mi caída. Ya no más arco y flechas para defenderse y cazar, habrá que regresar a los cuchillos y las trampas.

 Cuando la tarde acaba, me siento agotada, entro en una casa simple, me da igual que me encuentren, tal vez sea un blanco fácil, pero me da igual, mientras tenga mis cuchillos nadie podrá acercarse mucho a mí. Me quito toda la ropa y siento que me libero de al menos dos kilos. Intento exprimir la ropa, aunque aún queda mojada, de repente se me ocurre meterla en el saco de dormir conmigo adentro, tal vez así se sequen.

Antes de irme a dormir hago unas trampas en la casa, aunque es raro, me decido por colocar unos muebles en las entradas, por si alguien quiere entrar que al menos haga ruido. A fuera suena el himno, y aunque no la vea sé que en el cielo estará el rostro de la chica del 6. Siento que los juegos están yendo demasiado rápido, al empezar el segundo día quedábamos 15, mañana comenzará el quinto día y solo somos 11.

Al despertar noto que la camisa y el pantalón están secos, a los tenis aún les falta un poco, pero no importa, solo quiero seguir avanzando. En lugar de ponerme la chamarra y mi camisa me pongo la que venía en mi mochila, es grande y me queda demasiado holgada, pero me encanta, me siento casi en casa. Quiero avanzar mucho, regresar al lugar seguro del primer día, de nada me ha servido intentar explorar la Arena, si no hubiera estado atenta me hubieran matado, además de que los Vigilantes querrán seguir el ritmo de muertes que hemos tenido.

Siento que los Juegos terminarán muy pronto.

 Como mi mochila es muy pesada y cargarla me retrasa, intento dejar cosas que realmente no funcionan. Obviamente no hay mucho que deba dejar atrás, solo las cosas que tomé de los cuerpos de los profesionales. La pomada de Ópalo no la he dejado, es demasiado útil. Mientras me encamino decido tomar descansos en menos tiempos y mis caminatas son más largas, lo que me permite tener mucho mejor energía. Mis heridas también sanan y al medio día me siento relajada porque mi cuerpo ya no está tan entumecido.

 La Arena es un gran espectáculo, la gente en el Capitolio debe de amar ver a los tributos luchar en la ciudad en ruinas, tal vez así como lo hacían en los Días Oscuros, tal como lo harán ellos en unos cuantos años. Pienso en casi todo, en los tributos que quedan vivos, Luke y Drake entre ellos...

Voy tan distraída que cuando caigo en la trampa me siento aturdida y cuando mi cabeza golpea el suelo pierdo la conciencia.

Me siento... Extraña, sí, mi pierna derecha sigue colgando en el aire, el resto de mi cuerpo en el suelo, la pierna izquierda en una posición incómoda. En mis manos se me han enterrado unas piedras. Esto es malo, muy malo. Estoy en plena calle, al descubierto, la trampa estaba escondida en un grupo de piedras que había pisado, y ahora medio cuelgo de un árbol joven. Apenas es medio día, pero debo de llevar toda la mañana colgada.

La trampa no está hecha para atrapar tributos, entonces no tengo miedo por eso, pero quién la haya hecho regresará en cualquier momento para ver si hay una presa.  Soy una presa completamente expuesta.

Lanzar un cuchillo desde esta posición no es buena idea, estoy tan inclinada que aún con mi buena puntería podría darle a mi pierna. Solo queda cortarlo.

Intento liberarme pero no alcanzo el alambre del que cuelgo. Pobre Lavinia, pienso, tan lista y la pobre no se dio cuenta de una trampa. Intento cortar el alambre otra vez pero sé que no lograré liberarme, es mejor esperar a que el tributo que hizo esto venga a verme y deshaga la trampa, así tal vez tenga una oportunidad de correr. Bueno, sí es que no decide matarme antes.

La tarde cae y yo muero de hambre, intento quitarme mi mochila para poder comer los trozos de carne que aún me quedan. Mi estómago emite ruidos raros, tiene razón, hace días que no pasaba hambre, ni un poco. Los labios igual se me han secado, ruego que llueva hoy, para tener algo que tomar.

Saco la botella de agua y mi poca comida. Y aunque intento comer un poco para dejar más para la noche, no me es suficiente. Intento ponerme la mochila, pero es incómodo tenerla; termino por ponerme el tirante izquierdo en mi brazo, en cuanto me libere acomodaré el derecho y me iré corriendo de aquí.

Ella llega callada, casi no la noto hasta que comienza a reírse. Se ríe a carcajadas, es una risa muy cínica. De todos los tributos tenía que ser ella; hubiera preferido miles de veces que fueran Luke y Alexis, cientos que fuera la lista del 5 o el chico del 10, incluso hubiera preferido encontrarme a Yia y Major ahora, pero me decepciona encontrar a Cibeles viéndome.

— Vaya, vaya, vaya —, dice, antes de volverse a reír —. Pensé que tú eras demasiado lista para esto, pero bueno, da igual.

Lleva una espada colgando de su cinturón y un tridente en su mano derecha, lanza un cuchillo que corta el alambre y me deja caer mi pierna al suelo, siento el dolor punzante de que una piedra más grande se me ha enterrado.

— Así que lo lograste, ¿no?

— ¿Lograr qué? — Pregunto bastante molesta, intentando levantarme, la pierna me duele, sacudo mis manos para quitar todas las piedras enterradas y luego mi pierna, el dolor ha desaparecido. Acomodo el otro tirante de la mochila, estoy lista para huir.

Cibeles no se mueve, sólo se queda mirándome en el mismo punto, ¿qué pasará por su mente? ¿Qué pensará hacerme?
— Sobrevivir a Yia, claramente —. Ha comenzado a moverse, con mi mano levanto mi camisa y busco uno de los cuchillos del cinturón. Ya estoy lista en caso de que quiera atacarme. — Pero no sobreviviste a mí.

¡Zas! Me hago de lado y apenas esquivo el tridente, iba directo al abdomen. Lanzó el cuchillo que tenía en mano y le da en la mano que tenía extendida. Le da justo en la palma y Cibeles grita de dolor, mientras acerca su mano para ver la herida comienzo a correr.

Corro más rápido que cuando iniciaron los Juegos, más rápido que cuando tenía que huir al bosque para refugiarme, más rápido que nunca. Y sólo pienso en correr, cuando escucho el cuchillo doy una maroma cambiando de dirección, sigo corriendo en las calles enredadas llenas de casas, sigo corriendo por la ruta marcada, no hay por donde huir de manera fácil, no, solo hay calles y casas, no hay ni siquiera un patio.

Llegó a lo que parece ser una pequeña plaza, ¿y ahora? Tiene muchos caminos, tomó el que parece apuntar a otro relieve alto, apenas puedo percibir que está a lo lejos porque la noche ya está cayendo... Apenas quedan unos rayos del Sol, Cibeles no me alcanzará, ya no puede tomar el tridente con su mano herida y el cuchillo lo ha perdido, ya está, puedo correr hasta que me pierda en la oscuridad de la noche, puedo hacerlo...

Me caigo, acabo de caer en un agujero de un metro de hondo, y ruedo aún más abajo, el agujero debe de tener al menos 5 metros de diámetro porque yo siento que ruedo al menos dos. Este sí es mi fin. Escucho a Cibeles tratando de alcanzarme, no ha visto que he caído porque cuando entra corriendo al agujero cae y choca contra mí.  Intento tranquilizar mi respiración mientras tomo un cuchillo, intento trepar el agujero, pero ya no puedo, tengo heridas de los días anteriores y ahora las que me acabo de hacer, me duele la cabeza y me siento pesada.

Cibeles reacciona y me jala de mis pies, me coloca en el centro del agujero y me da la vuelta, justo cuando creo que va a dar el golpe final me da una bofetada con la mano ensangrentada, ahora sí estoy en shock.

— ¡Basta! — Grita fuerte. — ¡Basta ya! Estoy cansada de que juegues con nosotros, de que pienses que eres más que cualquiera de nosotros.

Se ha colocado arriba mío, como Ópalo lo hizo, saca la espada de su cinturón y la pone al lado, está agotada igual que yo, no sé cuánto corrimos antes de llegar aquí, pero ha sido lo suficiente para cansarnos a ambas.

— Yo vi como asesinaste a Ópalo y a Flux, y no pensé que algo de eso fuera malo... Tarde o temprano ellos debían de morir —, para su discurso mientras toma aire, con su mano buena intenta acomodarse el cabello, pero ahora puedo ver su rostro, perlado por el sudor —. Y ese no es mi problema, yo sólo quería esperar un poco más, que me mostrarás donde estaba Drake para poder matarlo a ambos. 

— ¿Y qué esperas? — Le escupo molesta, no he sabido nada de Drake desde que empezamos los Juegos y cuando maté a Flux y Ópalo no había señas de él —. No lo vas a encontrar conmigo, termina conmigo y hazlo rápido.

Cierro los ojos, tengo miedo, es un final estúpido, asesinada por Cibeles, la más inofensiva de los profesionales, que pena me doy. Siento el aire frío, y la siento a ella elevando la espalda, luego llega el sonido del metal enterrado en la carne, y la sangre que salpica mi rostro. Suena el cañón.

¿Eso es todo? ¿Así se siente morir? Sigo sintiendo el aire y a lo lejos escucho unas aves cantar, no es una mala muerte, es tranquila, es acogedora, es algo que no debía de haber evitado tanto tiempo.

— ¿Lavinia? ¿Estás bien? — Oh, pobre Drake, parece que al final de cuentas me ha encontrado, muerta, pero me ha encontrado, espero que escape de Cibeles, no quiero que le haga daño —. Vamos, Lavinia, abre los ojos.

No sé porque lo intento, si estoy muerta no puedo hacerlo, pero lo hago, y veo a Cibeles con un hilo de sangre que sale de sus labios, bajo la mirada y veo un tridente enterrado en su pecho, las puntas apenas sobresaliendo, ¿el cañonazo fue por Cibeles?

Trato de levantarme, entonces sale el tridente del cuerpo de Cibeles y ella cae hacia atrás, aplastando mis piernas, pero al hacerlo veo a Drake, con su cabello desordenado y sonriendo; me levanto y me siento extrañada, me siento aliviada, ¿estoy viva?

El abrazo que me da Drake me lo confirma, estoy viva, estoy completa, estoy con él.

— Me encontraste —, le digo en un susurro.

— Te encontré.


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