Historia al azar: ¿Una contrincante?
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La viajera del tiempo de Panem » Capítulo 13
La viajera del tiempo de Panem (R13)
Por guirl of night
Escrita el Lunes 29 de Febrero de 2016, 22:19
Actualizada el Jueves 30 de Julio de 2020, 23:44
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Capítulo 13

Larissa me despierta cuando aún no han salido los primeros rayos del sol en el Capitolio, me da una túnica ligera, no me mira más de lo necesario y tampoco me dirige ninguna palabra. Subimos hacia el tejado y un aerodeslizador nos espera y baja una escalera, en cuanto tomo la escalera una corriente eléctrica me deja paralizada y sin poder moverme. Un joven nos espera arriba con un instrumento en manos.

 — Tu dispositivo de seguimiento, lo recomendable es que no te muevas mucho para que te lo coloqué rápido.

  Trato de asentirle pero la corriente eléctrica no me deja hacer nada. En cuanto pasa el dolor de haberme puesto el dispositivo en el antebrazo soy capaz de moverme. A partir de este momento los Vigilantes sabrán en todo momento donde estoy. En cuanto Larissa sube nos llevan a un cuarto donde hay comida y un pequeño sillón, me dedico a comer mirando hacia la ventana y contestando con monosílabos las preguntas que me hace Larissa. 

  El camino hacia la Arena es largo, tardamos un buen tiempo en el Aerodeslizador sin hacer nada, tomo agua y como hasta que estoy satisfecha y segura de que ya no aguantaré comer más. Cuando pasamos por la parte deshabitada entre los Distritos me pregunto que tan lejos debe de estar la Arena. Larissa hoy va vestida de la manera más normal que he visto en toda mi estadía en el Capitolio, lleva ropa en tonos oscuros y su cabello es negro, sus ojos cafés y su piel que no lleva ninguna decoración de otro color es de un moreno muy claro.

 — ¿De ese color es tu cabello? — Pregunto después de examinarlo durante varios minutos, es demasiado bonito para ser artificial. Ella luce sorprendida y luego sonríe, juega un poco con su cabello y se mueve cerca  de mí a revolverme el cabello.

 — No, mi cabello no es lacio, ni negro. — Suspira y mira hacia otro lado mientras comienza a arreglar todo el desastre que hay en mi cabello. — Antes era como de un castaño claro y tenía reflejos pelirrojos, mi madre solía decir que me lo pintaba a escondidas para que se viera así, pero nunca lo toqué hasta que empecé a experimentar con él. Era ondulado y caía como una cascada sobre mi espalda, era casi del mismo tamaño que el tuyo antes de que lo cortarás.

 — ¿Crees que haya sido una buena idea contármelo de este tamaño? — Pregunto algo nerviosa.

 — Va a ser más fácil estar en la Arena con este tamaño, además es simple y bonito, no tendrás muchos problemas con él.

  De repente el vidrio de la ventana se oscurece, eso significa que ya estamos cerca de la Arena. Una vez que hemos bajado del aerodeslizador, Larissa me guía hasta otro cuarto, me dice que me bañé y me lave los dientes mientras ella prepara mi ropa. Mis manos tiemblan todo el tiempo, así que no me es muy fácil hacer nada. La ropa para entrar a la Arena pareciera haber sido diseñada para un chico que pasea en la ciudad. Es una chamarra delgada que pareciera ser de cuero, una camisa de manga larga negra que tiene diseños duros agregados y pegados a ella. El pantalón es de mezclilla y flexible.

 — ¿Puedes moverte bien con ello? — Pregunta Larissa mientras me hace estirarme y moverme en distintas formas, ella no tiene nada que ver con la camisa y el pantalón. Al ponerme la chamarra me doy cuenta de que tiene otra chamarra de tela como algodón por dentro lo que casi contrasta porque es un gris muy oscuro. Larissa me enseña como quitar el cuero y sólo quedarme con la chamarra gris. — Está es la que le da calor a la chamarra, pero también es fresca, así que no tendrás mucha incomodidad. 

  El calzado son unos tenis muy cómodos y gruesos, tienen una suela llena de figuras y gruesa, corro alrededor de la cabina y confirmó que están hechos para correr. Larissa me hace sentarme en el sillón mientras ella se dedica a peinarme.

 — ¿Algo que quieras tener en la Arena? 

 — Cualquier cosa menos una trenza. — Las trenzas son el símbolo de mi madre, ella se dedicaba a peinarme todos los días con una o dos. No puedo entrar a la Arena con una sabiendo que ella también lo hará en un par de años. Larissa me hace una coleta alta con una diminuta trenza que se une a ella y se enreda alrededor. — ¿Como la amarraste? 

 — Es una liga algo grande y elástica, sirve para muchas cosas pero sólo utilizala para el cabello, no queremos que los Vigilantes piensen que es una ventaja para ti. 

  Cuando hemos terminado nos sentamos en el sillón juntas, ella se dedica a abrazarme y yo a tomar aún más agua que antes. Sé que mi madre casi muere por deshidratación durante sus Juegos, así que probablemente después  de sobrevivir al baño de sangre mi objetivo será encontrar agua y un buen lugar para pasar la noche. — Antes de que lo olvide, - susurra Larissa y se separa de mi. De su bolsillo saca mi relicario.

  No tiene el mismo brillo dorado porque las luces no son iguales a las del exterior, pero la cadena y el relicario se ven más limpios y la gema de color azul oscuro está más clara.

 — Es un zafiro muy pequeño, -susurra apuntando hacia la gema arriba del relicario — ¿Que fotos tiene adentro? — Pregunta, jamás lo he abierto, pero ante la mirada curiosa de Larissa lo hago. Tiene dos fotos, la primera es una de los Hawthorne completos y la segunda es una foto mía con los Levithan... Me pregunto cuando tomaron esa foto no recuerdo nunca que no las hayan tomado. — ¿Son tu familia adoptiva? Reconozco a Michel, la vi en las entrevistas de los Juegos de Neela.

  Una voz la interrumpe y nos indica que ya es la hora, Larissa me lleva hacia una plataforma y me abraza por última vez. — Si salgo viva de aquí, te juro que los conocerás.

 — Ya verás que les voy a caer muy bien, me van a amar. 

  Un cilindro de cristal baja y me encierra por la placa de metal. Sonrío mientras muevo mi mano existe una gran probabilidad de que no me vea, pero mantengo una esperanza de que lo haga. Durante varios segundos no soy capaz de ver algo más que la oscuridad y cuando veo la luz me sorprendo de ver a la Cornocopia ubicada sobre un círculo rojo grande que sobresale del suelo gris. Las demás placas salen desde distintos puntos de lo que parece ser un parque bombardeado.

 — Damas y caballeros, ¡que comiencen los Septuagésimo Segundos Juegos del Hambre! 

  Unos pocos estamos en lo que parece ser la zona de juegos, hay cosas interesantes cerca lo que me sorprende, normalmente las cosas son más sencillas mientras más lejos estén de la Cornucopia, pero adelante de mí sobre un columpio casi destruido hay una mochila grande de color gris oscuro. Un poco más lejos hay varias estuches negros y manzanas y cerca mío hay una botella pequeña. Algo en el aire hace que este se sienta pesado y me impide respirar bien, entonces veo más allá de los tributos que están a mi izquierda. Una gran pared de fuego rodea una cuarta parte del círculo inicial. Hay varios tributos que parecen estar en una zona de picnic y otros están adelante de un kiosco grande que apunta directo hacia la Cornucopia. Atrás de mi se levantan grandes edificios, algunos destruidos y con escombros a su alrededor.

  Ya he perdido demasiado tiempo sólo observando la Arena, así que empiezo a tomar una posición para correr. Miro donde están los tributos profesionales para saber hacia donde ver una vez que tenga la botella de agua, la mochila y al menos dos de esos estuches. Están justo del otro lado de la Cornucopia, la apertura ve hacia ellos, no me sorprende. Volteo hacia la derecha, donde la chica del Distrito 8 empieza a hacer ruidos raros y es como si los siguientes tres segundos pasarán demasiado lento, ella trata de atrapar un bolita que tenía en sus manos cuando ésta cae y sale volando.

 ¡Boom! La carne de la chica del Distrito 8 cae sobre mi parte derecha del cuerpo así como pedazos de su carne en mi cara y chamarra. Un pitido no me deja escuchar claramente desde mi oído izquierdo y hago todo lo posible para recuperarme. Faltarán a lo mucho veinte segundos pasa que se escuche el gong que da oficialmente inicio a los Juegos. Busco a Drake para darle un vistazo antes de perderlo de vista, está a mi izquierda lejos del fuego, concentrándose y con su cara viendo hacia la Cornucopia, sus ojos miran levemente hacia donde estoy y con una mueca sus labios dicen 'suerte'.

  Giro mi cabeza y mi cuerpo hacia el columpio y la botella cuando suena un gong demasiado fuerte. Mis pies corren y corren, mis manos y brazos se estiran lo más que pueden y ya tengo la botella, la mochila pesa y no es fácil de echar a mi espalda con un solo brazo, un tributo pasa a mi lado y me hace caer. Me arrastro hasta los estuches y tomó los dos que tengo más cerca, no me he dado cuenta pero ya se escuchan sonidos de batalla y unos cuantos gritos, me levanto mientras guardo mis dos estuches en mi chamarra. Corro hasta los muros que marcan la salida del parque cuando me fijo en Alexis y Silver, están cerca pero miran hacia la Cornucopia, ella se ve tan preocupada y veo hacia el mismo punto que ella.

  El chico del Distrito 6 se acerca con una espada hacia Luke pero este no sea dado cuenta de que están a punto de matarlo porque está tomando una mochila, equilibrándose.  

 — ¡Atrás de ti, Luke! — Mi grito sale desde mi pecho y me lastima la garganta, tengo miedo de que le pase algo porque el tributo del 6 voltea hacia mí, Luke aprovecha y toma la mochila con su mano derecha y la lanza hacia él. La mochila choca contra su cuello y lo dobla de manera antinatural, al final cae al suelo con demasiada fuerza, Luke corre a su lado y toma la mochila, sigue corriendo hasta llegar cerca mío y de Alexis, hace un gesto con la cabeza a manera de despedida y los cuatros salimos corriendo, ellos hacia la zona que parece más destruida y yo a donde están los edificios altos.

  Corro tan rápido como se me es posible mirando hacia el frente, a veces volteo para ver su otro tributo me sigue pero no hay nadie detrás de mí. Pasa un buen tiempo para que comience a cansarme entonces dejo de correr y empiezo a trotar y dar zancadas tan largas como mis piernas me lo permiten. La Arena sigue siendo hasta esta parte edificios un poco destruidos, aunque estos ya no son hechos para empresas, estoy cerca de los complejos habitacionales de la ciudad. Soy casas de no más de tres pisos y entraría en unos de ellos de no ser porque son demasiado fáciles de ver y quedarse. 

  Cualquier tributo también se quedaría en alguna ellas y ahí correría peligro.

  Por donde paso puedo ver la destrucción que dejo una guerra o tal vez solo el desastre entre las personas, hay edificios quemados y algunos agujeros por donde cayeron bombas, no en todas partes hay vegetación, de hecho, cerca de las partes destruidas esta todo desolado y no se ven rastros de algún animal. Sin saber realmente hacia donde voy me encuentro cruzando un puente, bajo rápidamente la mirada y me sorprende ver que este cruza un río. Creo que no tiene sentido que los Vigilantes lo dejarán en pie hasta que me acerco más al río y escucho la fuerza de la corriente, las paredes que lo rodean fueron hechas para que no se desbordara y me alegro de que no estén tan destruidas porque probablemente ahora mismo unas cuantas calles se estarían inundando.

  Decido que la mejor idea y cosa que me queda hacer es seguir corriendo pero siguiendo el río, y tal vez con suerte en unas cuantas horas podría limpiarme la sangre seca de la chica del 8 de toda mi ropa.

  Mientras más se aleja uno del círculo principal de la Arena se ve rodeado de vegetación, comienzo a caminar cuando veo a una casa completamente rodeada de enredaderas y un árbol que sale de su techo. Tal vez no sea una buena idea, pero me gusta ese lugar para quedarme ahí. Las enredaderas no son muy fáciles de sostener, por lo que gasto toda mi energía que me queda subiendo los dos pisos de la casa. El árbol da suficiente sombra y me quedo ahí mirando hacia el cielo, varios árboles cubren mi visión pero aún así puedo ver dónde está ubicado el sol. 

  Si me guiará por él, podría decir que son las 4 o 5 de la tarde pero para todo el mundo fuera de esta Arena probablemente sea más temprano o más tarde. Me quitó mi mochila y saco los dos estuches que logré sacar junto con la botella, lo pongo todo en el suelo y comienzo a examinar que logre sacar de la Cornucopia. Con suerte podré cazar algo y no tener el estómago tan vacío.

  La botella no tiene agua, pero si tiene un pequeño gotero con yodo.

  La mochila es grande y tiene varias bolsas por fuera vacías, además de que tiene lugares de donde guardar y colocar tus armas. Cuando bajo el cierre me sorprendo de que la mochila resulta ser una mina de oro para mí, hay un estuche grande negro de un poco menos que el tamaño de mi brazo, lo dejo de lado para ver que más hay y luego abrirlo. Además no hay nada malo con esta mochila, hay un saco grueso de color azul oscuro, un paquete de fruta seca, pedazos de carne seca, otra botella para agua mucho mas grande que la que tomé antes, una botella de yodo, un cilindro con al menos 20 cerillos de madera, un rollo de alambre grueso y otro con uno más delgado, un hilo que es transparente y delgado, una cuerda larga y unas gafas oscuras. Más en lo profundo me sorprendo de ver una camisa y un par se guantes, la camisa esta hecha para alguien mucho más grande que yo pero me sirve, los guantes no son como los que utilizan los mineros o para el frío.

  Me pongo las gafas para que el sol de la tarde no me lastime y mis ojos la notan demasiado raras, comprendo que probablemente no son para el sol sino para la oscuridad, justo como las que nos dio Atala esa vez que se fue la luz en el Centro de Entrenamiento. Resignada a tener que usarlas en la noche vuelvo a guardar todo en la mochila menos el estuche, cuando abro la solapa me sorprendo en ver a un cuchillo del mismo tamaño que mi antebrazo.

  No es un cuchillo hecho para combate, es más que obvio, es un cuchillo jamonero bastante afilado y muy grueso. A pesar de que es un muy buen cuchillo no me sentiría muy feliz utilizándolo, no tendría intenciones buenas para usarlo, mis manos tiemblan mientras lo vuelvo a guardar en su estuche y lo escondo dentro de mi mochila.

  Los siguientes estuches son una sorpresa para mí, son iguales a los que tenía en el 12 para ir a cazar con Gale y Katniss. Son 8 cuchillos y 4 cuchillas que me vienen de maravilla, tener estos me dan esperanzas de sobrevivir un tiempo en los Juegos, de estos solo guardo la mitad en los estuches y los otros los dejo afuera. Guardo los estuches en la mochila y esta me la pongo en la espalda, bajo delicadamente de la casa y me dispongo en ir hacia el río.

  En esta parte del río ya no hay paredes, parece que deje la ciudad y no me di cuenta, el agua del río no es turbia como antes y es tan clara que puedo ver las piedras y lo poco profunda que es esta parte. Aun así dejo mis cosas escondidas en uno de los arbustos que esta cerca mientras me quito la ropa que tiene manchas de sangre. Trato de soltar lo menos posible mis cuchillos. La luz del sol me acompaña mientras me limpio a mi y a mi ropa, solo tengo mi camisa y la parte gris clara de la chamarra, los tenis no se ensuciaron pero los dejo considerablemente lejos de la orilla del río mientras busco peces. No pasan muchos y son demasiado rápidos, pero logro atrapar un par. Mientras lo como y guardo el otro para la cena, la ropa se seca ante l sol, lleno las botellas de agua y me quedó sentada cerca de la orilla mientras empieza a ocultarse el sol.

  Los cañones suenan una vez que me he vestido y el cielo ha oscurecido, esperaba que los profesionales  hubieran tenido una gran cantidad de víctimas, pero solo logro escuchar 9 cañones en total, son muy pocas muertes para el primer día. Y la chica del Distrito 8 murió antes de empezar los Juegos, lo que significa que tal vez muchos fueron hábiles escapándose de los profesionales o estos fueron muy tontos y no lo suficientemente entrenados. Aunque nada me asegura que entre las otras ocho víctimas no este algún profesional que no cumplió con las expectativas.

  Ojalá Drake no esté entre las rostros que aparecerán en el cielo está noche. Me pongo las gafas y me sorprendo de que todo se vea tan tenebroso y escalofriante, por un momento no estoy segura de que sea el camino que seguía hasta que veo la casa completamente cubierta de enredaderas. Me alejo un poco más y me encargo de poner trampas en un radio cercano a la casa, a pesar de que desearía poder hacer muchas me conformó con hacer un par para atrapar presas, y aunque me costó aprender a hacer trampas para colgar a las personas de un pie las hago con todo el esfuerzo que me queda. Quedó totalmente cansada y me dirijo hacia la casa, trepar por las enredaderas ahora resulta difícil, mis pies no soportan todo mi peso y terminó resbalando demasiado.

  Acostarme sobre el frío techo me hace sentir mejor, no hago más que quitarme la mochila de encima y buscar un lugar donde el cielo se vea despejado para ver los rostros. Como mi pescado y me quedo solo escuchando los ruidos de la naturaleza. La soledad me resulta extraña en estos momentos, hace  años que no tenía un día completo de silencio siempre estaba rodeada de las voces de alguien más, de Hazelle preguntándome constantemente si estaba bien, Gale tratando de llamar mi atención, los niños jugando en la sala. Y ahora todo eso se ha ido.

  El himno de Panem suena demasiado fuerte y el símbolo del Capitolio aparece en el cielo, me quito las gafas porque se puede ver perfectamente sin necesidad de ellas. En los Distritos se verá una repetición de cada muerte mientras que los tributos veremos los rostros de los tributos muertos. La primera en aparecer es la chica del 3 y mis esperanzas de que haya un profesional muerto se van; a ella le sigue su compañero de Distrito y de ahí saltan hasta el chico del 5.

  No me di cuenta de que estaba conteniendo el aire hasta que aparece el chico del 5 en el cielo... Drake esta vivo, y también Cibeles. El siguiente rostro en aparecer en el cielo es el de otro chico, el tributo del 6 esta muerto; a el le sigue la chica del 8 y su compañero de Distrito, los dos del nueve y la chica del 10. Nueve cañones en la tarde son nueve rostros en el cielo.

  Guardo las gafas y me meto en el saco para dormir, tengo tanto sueño y estoy tan cansada que se que dormiré en cuanto mi cabeza toque el suelo. Ojalá pueda dormir lo que sea prudente, o al menos hasta que descanse lo suficiente para mañana estar completamente respuesta y comenzar a hacer trampas. Mi cabeza toca el suelo y siento tanto calor que caigo dormida inmediatamente, justo como lo quería.

  Los pájaros cantan de una manera tan angelical y natural que dudo por un momento que estoy en la Arena aguardando para mi muerte. El cielo luce tan limpio sin ninguna nube gris y el sol resplandece sobre cualquier cosa, a pesar de que las hojas de los árboles tratan de que su sombra no llegué al suelo traspasa por algunos huecos y da en el techo de una que otra casa. La Arena están natural y bonita de este lado que dudaría que algo aquí podría hacerme daño, camino sin sentido por un área desconocida, se como regresar pero no planeo hacerlo hasta que comience a atardecer.

  De repente el sonido llega desde lejos, dos personas o tal vez más corren a gran velocidad, no evitan controlar sus respiraciones erradas lo que provoca más ruido. No pasan a mi lado pero si están cerca, cada vez escucho su carrera más cerco; es un acto reflejo para mí subirme al árbol más cercano y grande que tengo a mi alrededor. En cuanto pasó los dos metros trepando empiezo a brincar entre árboles para irme, hago ruido, sí, pero las personas podrían pensar que yo misma soy un muto, y si se me acercan los suficiente...

  Saco mis cuchillos incluso cuando los ruidos de carrera han sido menores, los colocó en mi pantalón aunque no es muy cómodo. Sigo brincando de árbol en árbol hasta que encuentro la casa donde dormí ayer. Me escondo en el tejado y aguardo nerviosa a que otro tributo se me acerque, bien no podría ser un tributo sino un muto, pero estoy preparada para ambas cosas.


  Gale Hawthorne miraba la pantalla fijamente. Pensaba que a través de ella podría hacer que sus pensamientos llegaran a Lavinia y ella pudiera escapar de ellos. Iban cuatro de los seis profesionales que había y aunque su principal objetivo era matar a los dos chicos del Distrito 11 si la encontraban a ella no habría nada mas que ver en esos Juegos. Tendrían su cuerpo en el 12 a los pocos días. No podía imaginar el resto de su vida sin Lavinia.

  Levanto su mirada esperando que ninguno de los niños lo estuviera viendo en ese estado, el tenía que mantenerse fuerte por ellos y por su madre. También tenía que hacerlo por Lavinia aunque no lo viera en este momento.

¿Por que no seguía la lógica y se iba de ese lugar? Era muy peligroso y aunque estaba lejos del centro de la Arena tenía un fácil acceso a muchos lugares y a la mayor parte de los caminos que cruzaban toda la Arena. Vio como resignada salía de su escondite y bajaba al suelo, se encaminaba al lado contrario de donde se fueron los profesionales. A un radio de  más de 100 metros comenzó a hacer trampas para colgar humanos, entonces el entendió que Lavinia no se iría de ahí hasta defenderse todo lo posible.

- Tienes que ir cazar, Gale, - Hazelle grito desde la cocina, salió a mirar como suspiraba pesadamente. - Yo estaré escuchando que pase... aunque dudo que la lastimen, ella es muy fuerte...

  Le dio una sonrisa ladeada a su madre. - Pero es que ella es muy pequeña, tiene esos cuchillos, ellos son cuatro profesionales... no creo que...

  - Tranquilo, - le limpió  la pequeña lágrima que se le había escapado. - Ella va a salir de ahí, no los prometió.

  Beso su frente y dejo que saliera a la Veta para cazar con Katniss. No tenía caso, no había sido como los últimos dos años de casa, a penas intercambiaban palabras y lo hacían de malhumor, el creía que se debía a que Katniss se había estado acercando a los Mellark. Eso le enfadaba mucho y tampoco le gustaba mucho la idea de que estuviera hablando con el menor de todos.

  La tarde fue lenta, demasiado para su gusto, pero necesitaba comida para los siguientes días y no tener a Lavinia hacía que perdieran unas cuantas piezas.

  - Katniss, - le llamo cuando habían  terminado de repartir el dinero y las presas, ella estaba apunto de irse hacia su casa para ver los Juegos, estaba oscureciendo, lo que significaba que en la Arena ya era de noche. - Ya no tiene caso que sigamos cazando juntos si lo hacemos de este modo.

  Sus ojos grises se fijaron en los de el y asintió sin ningún problema. - Si alguno de nosotros entráramos en los juegos, ¿podemos confiar en que el otro alimentara a ambas familias?

- Claro que si Everdeen, - se separaron y se dirigió lo mas rápido posible a su casa. Abrio la puerta y se sorprendio de no ver a ninguno de sus hermanos jugando a la sala y a su madre totalmente callada con sus manos sobre su cara. - ¿Ella está...?

- No, no, no, no - nego rápidamente mientras sacudía su cabeza violentamente. - Acaban se matar al chico del 11, estaban siguiendo a la chica del 11, la chica estaba corriendo hacia el área donde ella está ...

- ¿Y ahora...?

  Fijo la mirada sobre la pantalla y se quedo mudo, la chica del 11 acababa de encontrarla.


- Por favor no me hagas nada, te lo suplico. - De su cara goteaban demasiadas lágrimas y su piel morena contrastaba claramente con los últimos rayos del Sol a sus espaldas, estábamos en un tejado cualquiera, me trepe rápidamente al árbol del que ella me había empujado. Me sentía herida de la parte derecha de mi cuerpo, justo donde había caído.

- Vete hacia allá - le apunte a la chica del 11 con el dedo, en mi cabeza aún podría escuchar los ruidos de pelea entre los profesionales y el chico del 11, los gritos de ella escapando y sus respiraciones entrecortadas mientras trataba de respirar. - ¡VETE DE UNA VEZ O TE MATARAN A TI TAMBIÉN!

  Sus ojos escurrían lágrimas mientras me asentía y se dirigía hacia donde le apunte, yo brinque de árbol en árbol, no tenía caso que nos enfrentáramos ella y yo, perderíamos tiempo para escapar de los profesionales y en ese caso ambas estaríamos muertas, estoy tan segura de que ella tampoco quiere morir hoy como lo hizo su compañero de Distrito. En el camino hacia el tejado donde dormí anoche tengo que detenerme para ponerme las gafas, el cielo comienza a ser azul oscuro y el bosque de la Arena no ayuda a que pueda ver muy bien.

  Mi brazos y piernas dolían, probablemente me había raspado cuando la chica del 11 me hizo caer sobre el tejado, trate aun así de alejarme lo mas posible de la ruta de los profesionales desviandome del camino original y buscando el lugar que llene de trampas durante la tarde. A medio  camino me canso, toda yo esta deshecha debido a todo lo que acababa de hacer y ahora la mitad de mi cuerpo me dolía de una manera desgarradora. Baje del árbol en el que estaba y comencé a caminar el resto del camino.

  - Vamos, yo se que puedes - me dije cuando ya faltaba poco para llegar arrastrando todo mi mochila entre un sendero ya marcado en el bosque, intenté caminar hasta que encontré un árbol que me pareció reconocido. Saqué dos cuchillos de mi mochila y los escondí entre mi ropa sólo para defenderme en algún caso de emergencia, mis manos se aferraron a las primeras ramas del árbol mientras yo brincaba para tomar impulso y subir más -. Solo sube el maldito árbol. - Grite e inmediatamente tapé con mi mano mi boca, no ayudaría mucho  probablemente alguien ya me había escuchado porque oí la carrera de alguien cerca de mi.

  Me trepe al árbol lo mas discretamente que pude, me senté en la rama mas fuerte que encontré y guarde silencio. Sabía que no tenía caso esconderme, de todas maneras yo era más que visible desde cualquier ángulo posible, sólo quería descansar un momento y que el fuego que empezaba a quemar en la parte izquierda de mi cuerpo cesará un poco. Los sonidos de que alguien se acercaba se hacían cada vez mas fuertes confirmandome la posible lucha con algún tributo.

— Un excelente escondite - exclamo el tributo que veía a la perfección desde aquí. A pesar de que Flux era un tipo grande nunca me dio miedo, mucho menos ahora que con poca precisión aventaba su lanza hacia mi fallando.

- Jamás había visto tiros tan certeros, - me burle de el.

-¿Nooney? - Exclamo antes de tomar un cuchillo de su cinturón y aventarlo hacia mi. El margen de error fue muy pequeño esta vez, el cuchillo se enterró en el tronco al lado de mi cabeza, mi mano fue directo hacia el cuchillo y en cuanto lo tuve en mis manos comencé a jugar con el.

- Estoy segura de que yo tendría mucha mejor puntería que tu. — Eso lo hace tener un ataque de furia, o al menos yo creo que es eso porque se acerca con gran velocidad hacia el árbol donde estoy, un metro antes de llegar su pierna es atrapada y una cuerda lo eleva para quedarse boca abajo. — Y también sería mucho más cuidadosa para ver hacia dónde camino.

  Bajo lentamente todo el árbol, veo como el se sacude torpemente para intentar liberarse, pero no lo hará, dudo mucho que el pueda hacerlo. Su cabello largo cuelga de su cabeza y se ve gracioso, considerando que su tamaño imponente no es nada cuando se comporta como un niño pequeños tratando de salvarse. No puedo dejarlo libre, soy lo suficiente lista para saber qué si lo hago el me matará.

  Y yo aún no estoy lista para morir.

 — ¡Maldita perra! Siempre haciéndonos creer que eras una inútil y ahora haces esto. — Se queja sacudiéndose fuertemente. — ¡Hey! ¿Que haces? 

  Acaba de sentir que comienzo a quitarle su mochila, no está pesada como lo pensé así que suspiro. Su espalda alta está a mi altura, no tengo idea de como es capaz de no empezar a gritar por la ayuda de sus compañeros.

 — ¿Podrías callarte? Solamente harás que esto sea más insufrible para mí... — Se agita aún más y de repente siento algo rozar contra la parte superior de mi pierna. — ¿Que demonios? 

  Tiene una pequeña cuchilla en su mano izquierda y trata de voltearse para darme más arriba. Mis manos viajan hechas puño a su pecho y golpean con la suficiente fuerza para sacarle el aire, por acto reflejo suelta la cuchilla para golpearme pero ya me he alejado de el y agachado para tomar al pequeño objeto entre mis manos y comenzar a jugar con el justo como el cuchillo.

 — No serías capaz de matarme...

 — ¿Seguro que quieres que esas sean tus última palabras? — Me agacho a su altura para verlo a la cara, sus ojos verdes soltando veneno. 

 — No, seas una estúpida, ellos vendrán para vengarme.

 — Y los estaré esperando Flux. — Me levanto y entierro la cuchilla en la parte izquierda de su pecho, el se retuerce un poco más y sus manos se aferran a mis piernas, muevo todo lo posible el cuchillo y lo puedo escuchar intentado no ahogarse. — Tal vez incluso tu también los esperes en el infierno.

 Escupe sangre en mi abdomen y se ríe. — También te esperaré, asesina. 

  Da un intento de carcajada antes de escupir más sangre, saco la cuchilla y esta vez la entierro más al centro de su pecho. El cañón es instantáneo y su cuerpo deja de moverse, me quedo pasmada y sin moverme porque es la única manera que tengo de reaccionar.

  Después de un tiempo recuerdo que el aerodeslizador tiene que venir por su cuerpo saco la cuchilla de su pecho, tomo su mochila y me voy de ahí. Quiero limpiar los cuchillos que tenía pero sería imprudente viendo que ya no hay luz, descanse un poco antes de ponerme las gafas para la oscuridad, quería ir hacia el río y tomar un poco de agua, ahora dudo que sea lo más prudente.

 No me alejé ni un poco de la parte donde tenía todas mis trampas puestas. Aún más cansada que antes me dirigí tranquilamente hacia el tejado donde había estado la noche anterior. La ropa se sentía caliente en las partes donde Flux me había escupido su sangre. Recordé por el empleo de Hazelle lavando la ropa de los comerciantes que la sangre no se quita de ella. Genial tendría que pasar el resto de mi tiempo en esta Arena manchada de sangre.

  Y también en mis manos claro.

  No quería pensar sobre eso en este momento. De hecho si me era posible no quería pensar en esto por lo que me quedaba de vida.

  Estaba tan distraída que no sentí ni escuche cuando el cuchillo se acercó a mí. Con poca gracia apenas pude esquivarlo, unas pequeñas gotas de sangre comenzaron a correr por mi mejilla mientras yo trataba de correr. Volteé sólo un segundo para quedarme en shock al saber que era Ópalo.

  Llevaba su cabello en una trenza y parecía que iba dejando un rastro de fuego por lo pelirrojo que era, trate de escapar de ella pero era inevitable que en algún momento me cansara, la parte derecha de mi cuerpo parecía estar quemándome supe que tal vez hoy si era mi último día, pero si por mi dependiera iba a hacer todo lo posible para que no se cumpliera. Dimos muchas vueltas corriendo y finalmente no pude mantener el paso, tropecé con una piedra, y cuando levante la vista me quedé algo sorprendida del lugar donde había caído; era un claro seco, un nuevo lugar para mí yo no había paseado por aquí, solamente me había quedado merodeando todo lo posible cerca del río.

  Hay nubes en el cielo que le impiden a la luz de la Luna llegar al suelo. Con la fuerza que soy capaz tomo mi mochila y la apartó de mí, Ópalo se acerca amenazadoramente cuelga de su espada el arco que traía y saca una flecha del carcaj. Su sonrisa maliciosa me hace querer tragar la poca saliva que tengo en la boca, se acerca demasiado a mí y se sienta en el suelo mientras suelta unas cuantas carcajadas.

 — Eres algo difícil de atrapar, Lavinia — se limpia su frente y desvía su mirada, por acto reflejo intento escapar, sus manos se aferran a mis pies y me arrastra hacia ella llegando al mismo punto donde estábamos antes. - Ahora dudo mucho que puedas escapar.

  Su mano va a su cinturón lleno de cuchillos, escoge uno pequeño y lo clava muy cerca de mi cintura. No ha dado en mi piel pero ha tomado mi ropa en su paso, cuando me muevo me sorprendo de ver que el cuchillo se ha enterrado y me resulta difícil moverlo; toma al menos otros cuatro cuchillos y me deja clavada en el suelo, el último se acerca demasiado en mi mano, se levanta y observa el resultado. Parece gustarle porque sonríe maliciosamente.

 — ¿Sabes, Lavinia? No me caes mal, de hecho me agradas, te pediría que fueras mi aliada si no supiera que mataste a Flux —, mis ojos se abren demasiado, ¿ella me vio haciéndolo? ¿Por que no hizo nada para ayudarle? Sus ojos buscan alguna expresión en mi rostro. — Nos engañaste a todos haciéndonos creer que eras débil... Un poco parecido a Johanna Mason, pero bueno, me has hecho un favor, un tributo menos en la Arena que matar. Y da gracias a que fue Flux, si hubieras matado a Major estaría muy molesta contigo.

  Baja el cierre de su chamarra y enseña el interior. Tiene puesto un chaleco negro con demasiados cuchillos en el, toma uno entreteniéndose y jugando con el. Mi brazo izquierdo se mueve de arriba hacia abajo tratando de aflojar un poco al cuchillo que está cerca de mi mano, poco a poco logra desenterrarlo hasta que cae suavemente en el suelo.

 — Sin embargo, nosotros quisimos hacer un trato contigo para que te unieras a los profesionales... — Ella se concentra en mi rostro mientras saca otro cuchillo y comienza a sacarles filo, mi mano ya ha alcanzado el cuchillo y lo toma en silencio esperando que ella no se de cuenta. — Y tú nos despreciaste como pocos tributos han tenido la desgracia de hacerlo y como muy pocos tienen la valentía de contarlo. Ahora, tendré que matarte, de todas maneras tu tenías que haber muerto, no hubieras podido hacer algo para evitarlo porque si no soy yo sera Yia y eso sería mucho  mas doloroso.

  Un ruido surge a sus espaldas en el bosque ambas  volteamos hacia allá busco alguna figura esperando que sea alguien que quiera ayudarme pero al parecer sólo fue un animal.

—¿Cibeles? — Pregunta al vacío dándome la espalda para avanzar hacia el bosque. — No, ella fue por... — Me aferre al pequeño cuchillo y lo lance a su espalda, Ópalo saca todo el  aire que tenía en sus pulmones antes de voltear a verme furiosa, avanza hacia mi y se avienta apuntando a mi corazón con uno de sus cuchillos,  mis piernas suben hasta mi pecho y la empujo apunto de que caiga  sobre mi. Su espalda impacta contra el suelo, veo el cuchillo enterrarse aún más en ella, solo escupe un poco desangre de su boca mientras intenta respirar con tranquilidad.

— Perdón, pero sino eres tú, seré yo; y aún me quedan muchas cosas que hacer. — Con crudeza levanto mi brazo izquierdo y trato de quitar los otros cuchillos que no me dejan levantarme. Gateo hasta llegar a Ópalo y veo como mira con furia hacia el cielo estrellado. - Desearía no tener que hacer esto.

  Tomo el cuchillo que tiene todavía entre sus manos, cierra sus ojos y su cabeza se voltea para evitar el contacto con el cuchillo aunque es muy tarde. El cañón suena al mismo tiempo que sacó el cuchillo de su cabeza. De cadáver quito su cinturón y los cuchillos que tenía en sus manos. Antes de salir del claro y tomar mi mochila y la de ella doy un último vistazo a su cuerpo, su trenza ha dejado de lucir como fuego.

— Lo lamento. - Susurro aunque ya no me escuche.

  Esa noche, en el tejado donde pase la noche anterior, mientras reviso la mochila de Ópalo y la de Flux después de que suene el himno de Panem en toda la Arena, salen los rostros de Flux, Ópalo y el chico del 11. Y yo me repito que lo hice para sobrevivir.


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