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Crónicas de la Tercera Generación » Fotografías
Crónicas de la Tercera Generación (R13)
Por ratondebiblioteca
Escrita el Domingo 18 de Octubre de 2015, 19:08
Actualizada el Lunes 23 de Noviembre de 2015, 16:51
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Fotografías


            -¿Qué quieres que yo qué?- preguntó la chica con el pelo rubio oscuro y de ojos oscuros que se encontraba sorprendida por la propuesta de su amigo.

            -Vamos Kathie- le suplicó el pelirrojo-. Solo son un par de fotos.

            -¿Quieres que haga de modelo?- pregunto, sonrojándose-. ¿Por qué yo? ¿Te has vuelto loco Hugo?

            -Sí, creo que es algo de los genes Weasley- le restó importancia él-. ¿Entonces? ¿Aceptas?

            -¿Por qué yo?- preguntó de nuevo la chica.

            -Estoy harto de ver en las revistas y en la televisión muggle a modelos esqueléticas y sin sonrisa.

            -Eso no explica por qué me quieres a mí- dijo Kath.

            -¿No?- preguntó Hugo elevando las cejas-. ¿Quién mejor que tú- empezó mientras le cogía una de las manos- para ser modelo? Con esa preciosa sonrisa…

            Y ese maldito cuerpazo, añadió en su mente, pero no se atrevió a decirlo. La verdad era que su amiga ya no era la niña de doce años que se cayó en la puerta de su compartimento aquella mañana de septiembre. Oh por Merlín, no. El pelo lo tenía más largo y más oscuro, ya no era de aquel rubio ceniza que a Hugo al principio no le gustaba. Había dejado de ser una niñita algo regordeta para convertirse en una chica curvilínea y hermosa. Maldita sea. Era tan difícil no enamorarse de ella, que Hugo había perdido esa batalla y había caído en las redes de su bonita amiga.

            Kathie se sonrojó y bajó la mirada sin saber muy bien que contestar.

            -¿Ves? Lo estás haciendo ahora- sonrió el pelirrojo.

            -Cállate Hugo- masculló ella tapándose la cara con ambas manos.

            -Kathie, necesito ese curso de fotografía- murmuro él, quitándole las manos de la cara con cuidado dejando ver sus ojos-. Pero para eso tengo que mandar a esa revista las fotografías. Necesito tu ayuda.

            La castaña suspiro, arrepintiéndose al instante de lo que estaba a punto de hacer.

            -¿Qué es lo que tengo que hacer?

            En cuanto Hugo sonrío, Kath estuvo segura de que o acababa sucediendo algo terrible, o algo perfecto.

            Quizás ambas a la vez.

           

 

            -Tienes que estar bromeando- murmuro la Kathie cuando Hugo le explicó cómo iban a hacerse las fotos.

            -Vamos- le suplicó él-. Solo es una noche.

            -¿Y si nos pillan?

            -No nos pillarán- sonrió Hugo-. ¿O acaso olvidas que soy un Weasley? Saber esquivar a Flich es parte de nosotros.

            -¿Y a la señora Norris?- pregunto Kath sin estar del todo convencida.

            -Y a la señora Norris- confirmo Hugo. Antes de que ella pudiera cuestionar algo más, tuvo el error de mirar a los ojos azules del pelirrojo. Se perdió en ese mar cristalino y ya no tuvo oportunidad de decir que no.

 

 

            -¿Hugo?

            -Shh- susurro el pelirrojo saliendo de detrás de una esquina y tapándole la boca a la castaña, que se sonrojo-. Te dije que los Wealsey sabíamos evitar a Filch y a la señora Norris, pero tú eres una Nott.

            Hugo bajó la mano con cuidado y ella se dio la vuelta aguantando el aliento.

            -No sabes el susto que me has dado- murmuró. Él sonrió.

            -Vamos- dijo, cogiéndole la mano y corriendo hacia el séptimo piso. Pasando tres veces frente al tapiz de Bárnabas el Chiflado, una puerta apareció frente a ellos y rápidamente entraron.

            Esa vez, la sala había sido preparada para pasar allí la noche. El único mueble era una cama de matrimonio blanca que se encontraba al fondo de la habitación, bajo una gran ventana con unas delgadas cortinas que dejaban ver al fondo la luna llena, luna que probablemente Teddy estuviera mirando ahora mismo pensando en su padre.

            Hugo se apoyó en la pared y trató de no mirar a Kathie. ¿Por qué tenía que haberse puesto ese maldito pijama de verano? Estaba siendo un abril cálido, pero ¿tanto? Parecía que lo hacía a posta para provocarle. Cuando ella se giró y pudo ver la inscripción de su camiseta I'm a good girl who can also be bad, a él casi le da un ataque. Oh mierda. Sus hormonas estaban revolucionadas.

            -Hugo, creía que habías preparado la habitación para pasar aquí la noche- dijo ella, acercándose a él.

            -Eso hice- dijo el chico tragando saliva-. Parece que la sala no entendió bien la parte de dos camas.

            O quizás a él se le había olvidado completamente pensar eso. Pero ella no tenía por qué saberlo.

            -Bueno, da igual, ¿no?- preguntó él-. Quiero decir, a mí no importa dormir contigo. La cama es grande. Y yo he dormido varias veces con mi hermana.

            Kath miró un par de veces a su alrededor como si se lo pensara y luego sonrió.

            -Bueno, yo también he dormido con mi hermano varias veces.

            Se miraron fijamente a los ojos durante unos segundos hasta que ella apartó la mirada sonrojada, en el que intentaron decirse esas palabras que no se atrevían a pronunciar.

             Tú no eres mi hermana. Tú no eres mi hermano.

            Entonces Kathie se dio la vuelta y empezó a caminar hasta la cama. Se puso de rodillas en ella mirando hacia la ventana, y con delicadeza, como si tuviera miedo a romperla, separo una de las cortinas dejando ver la oscura noche coronada por la luna. Giro la cabeza sonriendo, con una de esas sonrisas que ponía al estar confundida, cuando se dio cuenta de que Hugo estaba demasiado callado, con tal suerte que su imagen quedo inmortalizada por el flash de la cámara del pelirrojo.

            Cuando el shock desapareció, miro entrecerrando las cejas a Hugo.

            -Creía que las fotos se harían mañana- demandó sonrojada.

            -Está es muy bonita- explicó Hugo-. La mandaré también.

            Lo que no le dijo es que no tenía ninguna intención de hacer eso, sino que pensaba revelar su foto en esa misma sala, cuando se trasformaba en su cuarto oscuro para revelar fotografías, y guardarla, quizá bajo llave, para poder observarla todas las noches antes de irse a dormir.

            -Anda, vamos a dormir- se rio Kath, golpeando la cama junto a ella-. Deja la cámara, Rehahn- le llamo por el nombre de su colega fotógrafo.

            Hugo se dejó caer en la cama boca abajo y dejó la cámara en el suelo a su lado. Miró a su amiga, que se colocó boca arriba, y empezó a tararear una canción sin saber qué hacer.

            -Buenas noches- murmuró antes de cerrar los ojos.

            Su respiración en seguida se relajó y su mano derecha, que antes tenía sobre el pecho, cayó a un lado de su cuerpo. Hugo suspiró y acercó su mano, rozando con sus dedos la palma.

            -Buenas noches Kathie.

            Poco a poco, él también se quedó dormido.

 

 

            Hugo se despertó cuando alguien le dio una patada. El sol ya había salido y la cortina no hacía nada por evitar los rayos.

            -¿Pero qué demonios…?- murmuro mientras cerraba los ojos con fuerza y se frotaba la rodilla. Cuando los abrió, vio a Kath. Lo que pasó esa noche sigue siendo un misterio para el pelirrojo. Cómo ella se había acostado perfectamente peinada y con una postura de película y se había despertado totalmente despeinada y tumbada en horizontal, con los dedos de los pies, que tenían las uñas pintadas de rosa chillón, al igual que las de las manos, fuera de la cama, y su cabeza, con los labios fruncidos en un gesto extraño, apoyada en el pecho de Hugo, quien al notar su cercanía se sonrojo un poco.

            -Kathie… Kathie…- la llamó suavemente acariciando su rostro.

            La castaña cerró los ojos con fuerza  y se removió en la cama, abrazándole por la cintura.

            -Mierda, Kathie- suspiró dejando caer su cabeza contra la almohada.

            Igual no había sido tan buena idea. Igual el curso de fotografía no era para tanto. Igual si Kath dejara de mover su mano de arriba abajo por su abdomen, él podría concentrarse.

            -Nott por el amor de dios- murmura-. ¡Kathie!

            -Como vuelvas a chillar te arranco los huevos- gruñó ella.

            Hugo abrió los ojos y se empezó a preguntar si no estaría todavía dormido cuando procesó las palabras que había dicho su amiga. ¿La dulce niña Nott, la prefecta perfecta, la que nunca había roto un plato en su vida, la que nunca decía una mala palabra, acababa de amenazarle con dejarle sin descendencia?

            Eso le gustaba (y le excitaba) más de lo que debería.

            Viendo que no podía hacer nada para despertarla, decidió empezar a hacer lo que había ido a hacer allí: fotografías. Consiguió salir de debajo de ella, haciendo que la chica se moviera de nuevo, esta vez quedando acurrucada en posición fetal.

            Hugo cogió la cámara, colocó un hechizo de suspensión para poder mantenerla en el aire (aunque prefería hacer las fotografías al modo muggle) y disparó el flash. En la foto se veía a Kath dormida, con el pelo revuelto y una marca en la mejilla por haber dormido con esta pegada a la sábana. La chica apretó un poco los ojos, pero no se despertó. Se acercó un poco más a ella y se le ocurrió (acababa de despertarse y aun no distinguía las buenas ideas de las malas) sentarse sobre ella para poder hacer un primer plano de su rostro.

            Al principio fue bien: se colocó sobre ella sin despertarla y colocó el zoom de la cámara para sacar la fotografía sin tener que acercarse demasiado, porque Merlín sabía lo que pasaría si olía desde más de cerca ese aroma a vainilla que desprendía la piel de la Nott.

            Pero en cuanto el flash de la cámara sonó y la foto fue hecha Kath abrió los ojos de golpe y tras un momento de confusión gritó y empujó al pelirrojo justo cuando disparaba otra foto.

            El chico soltó la cámara, sin saber siquiera que había pulsado el botón de la fotografía instantánea, y esta empezó a revolotear al tener el hechizo de suspensión.

            Cuando Hugo cayó de espaldas en la cama y la chica subió encima de él y le sujeto las muñecas contra la cama. Tener a Kathie en esa posición en otra situación a Hugo le hubiera parecido excitante, pero no en ese momento, porque no debía olvidar que la castaña era una Slytherin que sabía jugar bien sus cartas.

            -¿Sabes el susto que me has pegado?- exclamó Kath.

            -¡Lo siento!

            -¡Casi me da un infarto!- siguió gritando.

            Respiró con fuerza un par de veces intentando serenarse. La cámara entonces se movió hasta llegar frente a ella, quien la miró al oír un ruido justo en el instante en el que la foto era tomada. Kathie volvió a chillar y apretó las manos del chico aún más contra el colchón.

            -¡Voy a matarte!

            La cámara seguía haciendo fotografías a su alrededor mientras Hugo trataba de calmar a la Nott y ella seguía mirándole enfadado.

            -¡Basta ya!- gritó Hugo, consiguiendo cambiar de posición y ponerla a ella debajo-. ¡No te despertabas! ¡Algo tendría que hacer!

            Ambos respiraban entrecortadamente y sin saberlo el Weasley se había ido acercando cada vez más a la chica y solo les separaban unos diez centímetros. Ambos cayeron en la cuenta de esto a la vez y se miraron a los ojos sin saber que hacer.

            -Kathie…- susurró Hugo.

            -Hugo- dijo ella tragando saliva. Quería decir algo, pero si esos mares le miraban así no iba a conseguirlo.

            Entonces dejó de pensar e hizo algo que llevaba mucho tiempo queriendo hacer. Subió las manos hacia el rostro del chico y antes de que a Hugo le diera tiempo a reaccionar atrajo la cara del pelirrojo y rozó sus labios con los propios.

            El chico abrió los ojos sorprendido y apartando las manos de la chica de su rostro se apartó de ella.

            Kath parpadeó unos segundos y Hugo se sorprendió al notar que lo hacía para no llorar. Al fin y al cabo era una Slytherin y era orgullosa como una serpiente.

            -Kathie…

            -Perdón- se disculpó rápidamente, y salió de debajo del chico-. No sé por qué lo he hecho- su voz sonaba rota-. En realidad sí lo sé. Quería hacerlo. Pero no debería haberlo hecho.

-Kathie…

-¡No tendría ni siquiera tener que haber venido aquí contigo! Sabía que algo podía pasar…

-Nott…

-¡Soy tan estúpida!- seguía lamentándose la chica-. No debería haber caído tan fácil… ¡Soy una Nott por el amor de Merlín!

-A la mierda- masculló Hugo, viendo que la chica no le hacía caso, antes de abalanzarse sobre ella y atacar sus labios, o más bien, devorarlos.

La chica soltó una exclamación ahogada al verse empujada por el chico, quien había perdido todo rastro de cordura al probar por segunda vez los labios de Kath. Para él solo existía ellos: su textura, su color rosado carmesí, su sabor a cielo que le estaba volviendo loco. La Slytherin, por otra parte, tampoco se quedó quieta y empezó a mordisquear suavemente los labios del pelirrojo, haciéndole delirar.

La cámara aprovechó el momento para hacer una fotografía. Hugo gruñó y con la mano con la que no estaba acariciando (o tirando, porque el Weasley ya había perdido todo rastro de delicadeza y se había convertido en un verdadero león) del cabello de la joven empujó la cámara para abajo y poder tener intimidad. La chica, ante este gesto de impaciencia, jadeo y se estremeció mientras la boca del chico bajaba a su cuello.

-Espera…- pidió ella en un momento de lucidez, en el momento en el que una de las manos del pelirrojo se colaba bajo la camiseta de su pijama-. Voy a matarte Hugo.

            El chico se separó a regañadientes, mirándola un poco enfadado. Kathie flaqueó al notar lo rojizos y apetitosos que parecían los labios del Gryffindor.

            -¿Qué he hecho ahora para que me quieras matar?

            -¿Qué te parece separarte cuando yo te estaba besando?- preguntó la chica frunciendo el ceño-. ¿Por qué debería yo ahora…?

            Pero Hugo no la dejó terminar, ya que de nuevo se apoderó de sus labios, haciendo que ella soltara un gemido que le volvió loco.

            -¿Podemos discutir esto luego?- preguntó el chico, cogiéndola por el cuello y besándola profundamente.

            -No te vas a librar- masculló ella, pero volvió a besarle y a tirar de sus cabellos pelirrojos, por lo que el chico quedó conforme con la respuesta.

            Tuvieron que repetir algunas de las fotos porque muchas no eran aptas para todos los públicos, y la Nott tuvo que pasarse más de una hora peinándose después. Pero mereció la pena, porque a partir de ese día, Hugo tuvo permitido besar esos labios sabor fresa que tan loco le volvían cuando le diera la gana, y Kathie podía agarrar la mano del pelirrojo y sentarse en sus rodillas cuando quisiera.

            Y cuando Kath entró a la sala común de Gryffindor, la tarde después de que las fotos de Hugo se publicaran, y le tiró a la cara la revista, se lo llevó escaleras arriba y ninguno bajó en lo que quedaba de día, los demás sólo pudieron limitarse a leer lo que Hugo había escrito junto a sus fotografías y que había puesto a Kathie tan contenta y entusiasta.     

Anuncios, televisión, películas… en todas y cada una de ellas se muestra a chicas hermosas despertando con la mejor de las sonrisas, felices de comenzar el día a pesar de ser lunes, tener un trabajo horrible o que su novio acabe de cortar con ellas, todo eso por tener un perfume maravilloso que las hace sonreír cada mañana. Eso no es cierto. Recién levantada, una mujer real no sonríe, sino que te grita que la dejes dormir, maldice y critica su vida y cuenta mentalmente cuantos días quedan para el viernes. En los anuncios, se muestra a una chica feliz maquillándose cada mañana para estar guapas el resto del día, cuando lo cierto es que una mujer de verdad tenga los pelos tan despeinados como si un tornado hubiera pasado por su cabello, y lo último que les apetece es embadurnarse de crema o pintarse la cara, porque los ojos se le cierran y llega tarde a clase. Pero eso es lo que les hace reales. Que te griten, que no se quieran maquillar, que se tapen la cara con la manta cuando el sol les da en el rostro. No son perfectas y no se preocupan por eso, porque están demasiado ocupadas diciendo "cinco minutitos más". Son capaces de golpearte si las despiertas antes de su hora, y no hay ser más malhumorado en la Tierra recién levantado. No son cariñosas, no te despiertan con besos y no se visten con tus camisas, de hecho apenas pueden ponerse correctamente un calcetín. Y todas esas imperfecciones, es lo que las hace reales. Perfectas. Hermosas.



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