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¿Solo amigos? » XXIV Siempre sera algo mas.
Historia terminada ¿Solo amigos? (R15)
Por AofM
Escrita el Sábado 4 de Julio de 2015, 21:19
Actualizada el Viernes 11 de Septiembre de 2015, 23:01
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XXIV Siempre sera algo mas.

Por fin, el final, es la segunda historia que termino, y estoy feliz de que les guste.
Mi primera historia ya alcanzo mas de 12000 leídas, y es motivante.
Espero disfruten de este ultimo capitulo, así como yo disfrute escribirlo para ustedes.
Quiero agradecer todos los comentarios, a quienes pusieron en favoritos, a quienes les gusta en Facebook.
Voy a seguir escribiendo, espero verlos en otras de mis historias.

Se despide (por ahora) AofM. 


Pov Percy.

Tenía que hablar con Annabeth.

Eso era lo importante. Tan pronto como llegue a su casa, empezó a llover. Me quede parado en su puerta por unos largos segundos. Suspire y llame al timbre.

Bobby, o Mathew, uno de los dos, abrió la puerta.

-Percy- dijo con las cejas alzadas. Miro con nerviosismo el interior.

-Dile que entre- ordeno una voz desde dentro.

El hermano de Annabeth, todavía dudo quien sea, se abrió paso y me dejo entrar. Parado frente a mí, quedo la persona que mas odiaba en el mundo. Frederick Chase.

-Sígueme- ordeno.

Lo seguí, pero más que nada para enfrentarme a él. Ahora me iba a escuchar.

Entramos a su estudio, el lugar contenía… juguetes, aviones, soldados, barcos. Resistí el impulso de observar mejor un barco.

-Venganza de la reina Ana- dijo Frederick observando con orgullo el barco que yo miraba- el dueño del barco era…

-Edward Teach, mejor conocido como barba negra- interrumpí.

El asintió -Annabeth me dijo que sabias todo sobre los temas marinos y todo lo relacionado con ello- por un momento la manera en que me miro, me hizo sentir incomodo- igual que tu padre.

-Mi padre me enseño todo antes de que falleciera- suspire- todo se lo debo a él. No me mal interprete, no quiero ser grosero, pero vine a ver a Annabeth.

-Lo se, lamento decirte que no se va poder- dijo tajante.

Apreté mis puños y abrí la boca para replicar.

-No se encuentra en casa, de echo esta fuera de la ciudad- el tomo asiento y me hizo una seña- siéntate, tenemos que hablar.

Sin perder tiempo, en el instante que me senté, el señor Chase me explico donde se encontraba Annabeth. Sentí como mi corazón se detuvo. No puedo creer lo que hizo, se fue, jamás la vería de nuevo, soy un estúpido.

-¿Sabes?- dijo Frederick, después de un largo silencio- siempre quise que mi hija valla a esa academia, para que este lejos de ti- tomo una bocanada de aire- pero ahora prefiero que este contigo, a que este lejos. Ella es todo el recuerdo, que tengo de su madre.

-Señor yo…

-Déjame terminar- me interrumpió- mi hija, nunca se despego de ti cuando estabas inconsciente. Incluso me enfrento, me dijo que lo único que quería, era estar contigo. Y lo acepte, ella me hablo de ti, te conocí mejor, me di cuenta que tienes mucho de Poseidón en ti.

No se a que se refería, con lo de mi padre. Lo único que tenía en mente, era que mi listilla, estuvo todo el tiempo conmigo. Estaba dispuesta a arreglar todo, y yo me comporte como un patán.

-Estoy enterado de que te gusta nadar- cambio de tema el señor Chase, yo solo asentí como respuesta- bueno, tendrás que ponerte en forma muchacho, o así no entraras a mi universidad.

Fruncí el ceño, al instante que él arrojo un sobre encima de su escritorio.

-Ábrelo.

Mis ojos se abrieron como platos al ver el contenido.

-¿Es una broma?

-En absoluto- me sonrió- bienvenido a la universidad Jupiter. Claro, primero termina el instituto, se que estas atrasado, pero después de eso, tendrás tu lugar.

Una beca. Recibí una beca, del señor que me odia, si me odia tanto ¿Por qué me da una beca?

-No quiero sonar grosero, pero… ¿Por qué?

El señor Chase suspiro y su mirada se volvió lejana. Abrió un cajón, y saco algo.

Era una foto, mi respiración se detuvo al verla detenidamente. Reconocí al señor Zeus, a mi padre, mi madre, y al señor Chase. Estaban en la playa. Todos sonriendo.

-Odie, a uno de mis mejores amigos hasta a la muerte, incluso después- sus ojos enrojecieron- mi historia con tu madre y tu padre, es algo mas complicado. Pero me di cuenta que no tenía por que odiar las decisiones que la gente toma.

Decir que estaba en estado de shock, era poco. Mi padre y el señor Chase se abrazaban como los mejores amigos en la foto.

-Crecimos juntos- dijo Frederick- él me protegía de todos, yo era un empollón en el instituto. Él me defendía de todo aquel que se meta conmigo. Por eso Sally se enamoro de él, por proteger a quienes quiere.

Por el rostro del padre de Annabeth empezaron a escurrir lágrimas.

-La beca, tu moto, es mi manera de disculparme. Se que no es suficiente…

-Es más que suficiente señor- dije. Me costaba digerir lo que escuche, pero si el señor Chase se estaba sincerando conmigo… un momento, ¿Mi moto?- ¿Usted arreglo mi moto?

Él rió -Espero te guste el color, yo lo elegí.

-Es increíble, gracias.

Me sonrió, luego dio una palmada a su escritorio -Basta de sentimentalismo- dijo, tomo una hoja y señalo una dirección- aquí esta la academia donde se encuentra Annabeth. Tráela de vuelta.

La lluvia caía ferozmente en el exterior.

-Así nunca podre conducir mi moto- me queje.

-Tu moto no- dijo el señor Chase, tendiéndome unas llaves- lleva mi auto, vamos.

No lo pensé dos veces, tome las llaves y le sonreí, corrí hasta el coche del señor Chase, y conduje a toda velocidad. Conocía muy bien la dirección de esa academia, mi padre me llevaba a la playa que estaba cerca cuando era pequeño. Nunca olvidaría como llegar.

Richard Cooper vio a Percy alejarse.

El chico tenía en mente que hizo una buena acción. Aunque en realidad no quería, pero tanto Annabeth como Percy, sufren, él no puede dejar que dos personas que se aman vivan alejadas. Estaba feliz y triste al mismo tiempo.

Annabeth le llego muy en el fondo a pesar de conocerla de poco tiempo, y estar con ella no más de un mes.

Su padre le había advertido de las chicas, que a pesar del tiempo, nunca salen de la cabeza de los hombres. Richard creía que Annabeth era ese tipo de chicas.

Soltó un suspiro y empezó a caminar. Al tercer paso, piso algo espeso, Richard agacho la cabeza y… genial, punto para los perros, excremento en el lujoso zapato de Richard.

Él chico se lo quito para limpiarlo en el pasto, pero la suerte no esta de su lado. Lluvia, el agua cayo con fuerza, Richard agacho la cabeza.

Genial, no era más que un chico de diecisiete años, con un pie descalzo, parado en un parque, empapándose a horrores. Y también con un zapato en la mano, con excremento de perro.  

-Fantástico Richard, solo te pasa a ti- mascullo el chico.

-¿Necesitas ayuda?- Richard se giro y se encontró con una linda chica pelirroja con ojos verdes, que se cubría del agua con un paraguas.

-Ah- dijo Richard con la boca abierta. Luego frunció el ceño- ¿Te conozco?

La pelirroja asintió -Vamos al mismo instituto- le tendió una mano- soy Rachel.

-Richard- se presento el chico- y sobre tu pregunta, porque piensas que necesito ayuda.

-Bueno, tienes un pie descalzo, estas bajo la lluvia, y tienes un zapato con excremento en la mano- dijo Rachel, arrugando la nariz levemente- mi casa esta cerca, mi papá tiene algo de ropa, que ya no usa, puedo prestártela.

Richard sonrió -Gracias, me seria de mucha ayuda.

Rachel, coloco el paraguas debajo de Richard, ambos se dirigían hacia la casa de la pelirroja, como dos chicos normales.

El chico miro a Rachel por un tiempo, es bonita, y sus pecas en la cara le hacen ver tierna. Richard se plateo, pedirle una cita, solo como agradecimiento. 

Lo que no sabía, es que Rachel, pensaba pedirle una cita, como pago por la ayuda.

A medianoche un auto se detuvo en la academia para mujeres. Despertando a todas las chicas, quienes curiosas, se dirigieron a las ventanas, puertas, aulas, cualquier lugar que les permita ver al recién llegado.

Un chico moreno salió del coche, parándose debajo de la lluvia. Sin importarle que toda su ropa se pegue a su cuerpo. Dirigió la vista hacia todas las chicas.

-Annabeth ¿Dónde estas?- grito el moreno.

Todas las chicas sin dudarlo, levantaron la mano y gritaron un, aquí, todas querían ser esa Annabeth, al ver lo musculoso y atractivo que era el chico. Mientras en el interior de un aula, una chica rubia, se llevo las manos a la boca y miro hacia fuera.

-¿Percy?- susurro. Aunque todas las chicas que la rodeaban la escucharon.

-¿El es Percy?- pregunto Zoe a Annabeth, la cual asintió- creo que acabo de enamorarme.

Annabeth la fulmino con la mirada -¿No que no te gustan los chicos?

-Créeme con él- señalo a Percy- eso no me importa- todas asintieron para darle la razón- si no sales, yo me lo pido.

Otro grito se escucho, Annabeth, no estaba segura de que hacer, salir para que le vuelvan a romper el corazón, o quedarse adentro y segura de que nada le pase.

Pero los gritos no paraban y eran difíciles de ignorar. Annabeth camino a la puerta principal. La abrió lentamente y miro fuera, al mismo tiempo Percy miro la puerta.

Solo fue cuestión de segundos para que sus ojos se cruzaran. Verde mar contra gris tormenta, de nuevo.

Ambos se acercaron, aun mirándose a los ojos, Annabeth se empezó a empapar por la lluvia y Percy no estaba mejor. El cabello del chico que ella ama, estaba pegado a su rostro, Percy lo retiro hacia atrás, para ver mejor a la rubia, su cabello rubio, que caía hacia abajo por el agua, sus ropas que se pegaron a su cuerpo, haciéndole ver su inigualable figura. Jamás la vio tan bella.

Cuando estuvieron a escasos centímetros. Se abrazaron bajo la lluvia. Unieron sus labios en un beso apasionado. No les importaba nada, solo eran ellos. Las palabras sobraban, para este par.

Percy, sabia que ella lo amaba, porque era quien nunca se aparto de él, mientras estaba tumbado en esa cama por completo inmóvil.

Annabeth, sabia que él la amaba, porque fue a buscarla, se paro bajo la lluvia y le grito como lo que es; un estúpido enamorado. Pero era su estúpido.

Todas las chicas miraban enternecidas la escena. Pero al instante soltaron una exclamación.

Annabeth, abofeteo a Percy. Este la miro con confusión.

-Eso es por conducir ebrio- Percy hubiera dicho algo, pero Annabeth lo volvió a besar, cuando se separaron, Annabeth lo volvió a abofetear- eso, por no dejarme hablar en el hospital.

-Me lo merezco- grito Percy, para ser escuchado de bajo de la lluvia- Me merezco, todo lo que quieras hacerme- Annabeth asintió con una cara inexpresiva, la cual se le borro, cuando Percy le susurro al oído: - te amo listilla

Las piernas de la rubia temblaron, miro a Percy, quien la miraba fijamente a los ojos, Annabeth se perdió ahí, nunca había visto algo más bello que ese par de ojos verde mar. Se besaron de nuevo, esta vez, pegando cada vez más sus cuerpos. Ambos amaban esa sensación, ese roce, ese toque de sus cuerpos, que les hacia saber; que se pertenecían el uno al otro.

Se separaron jadeando, pero enseguida volvieron a juntar sus labios, esta vez Annabeth brinco y enredo sus piernas a la cintura de Percy.

Estuvieron así por un minuto.

Después pensaron, que seguro, estaban haciendo una escena, y en efecto. Varias chicas se abanicaban la cara, otras los miraban con la boca abierta, y otras desearon ser Annabeth.

-Perdóname- dijo Percy, apretando a su listilla, contra su cuerpo- me comporte como un idiota, tu padre me conto todo, Anni, te amo, lo sabes, eres mi vida, no quiero estar lejos de ti, quiero estar contigo. No me rechaces- suplico él.

Annabeth que aun tenía las piernas en la cintura de Percy, negó con la cabeza -Yo también cometí errores. Lo último que quiero ahora, es que te alejes de mí, jamás te alejaría, no de nuevo, se que lo nuestro seguirá siendo difícil…

-Pero lo superaremos, juntos- dijo Percy.

-Juntos- prometió Annabeth.

Esa promesa, fue sellada con un beso cariñoso, a medianoche, bajo la lluvia. La promesa perduro toda su vida, siempre que discutían, lo único que hacían, era calmarse, recordar ese día, y esa promesa. Recordar esa promesa, era recordar, cuanto les costo estar juntos.

Era recordar, que lo suyo es más fuerte que una clase social, que la familia, que terceros en discordia.

Era recordar, que lo suyo iba más allá que una amistad.

 



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