Historia al azar: Corazon delator - Seaside
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Plumas de Fénix » Capítulo 7
Plumas de Fénix (R13)
Por andypotter92
Escrita el Miércoles 20 de Mayo de 2015, 17:28
Actualizada el Domingo 10 de Febrero de 2019, 23:41
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Capítulo 7

Era bastante tedioso para Andy perderse sus fines de semana por un castigo, que sentía no merecer, claro que había sido su culpa la broma hacía la chica Slytherin, pero no entendía cómo es que nada más ella lo estaba pagando.

Aquel día se encontraba sentada en una pequeña mesita, con varios pergaminos amontonados en un rincón. Algunos de ellos, mostraban quemaduras, otros manchados de tierra o lo que podía ser sangre.

Con bastante aburrimiento se dispuso a escribir todo ese tipo de registros, en esos momentos solo se escuchaba el rasgueo de la pluma, y unos cuantos suspiros de frustración por parte de la niña. Cada vez que recordaba lo sucedido, apretaba con fuerza la pluma marcando tan fuerte las letras, que casi traspasaba el pergamino.

Tenía que admitir que sus amigos, tuvieron razón y debió de ignorar a esas chicas, pero odiaba que se metieran con ella; prefirió tranquilizarse antes de volver a cometer una locura, y antes de meterse en más problemas, y no solo con la profesora McGonagall sino también con su nieta, Mena. 

-¿Te diviertes?

-Por supuesto que no. ¿Qué haces aquí?

-Venía a ver como la estabas pasando- la pelirroja no pudo evitar reírse de su amiga al ver la cara de aburrimiento que tenía

-Esto es horrible

-Por eso se llama castigo

-Vamos Mena, habla con tu abuela.

-Ya lo hice- respondió

-¿Ya hiciste, qué?

-Hablar con mi abuela. Piensa que ya has tenido suficiente. De hecho avanzaste demasiado en tan solo dos fines de semana

-¡Oh, gracias!- la niña se abalanzó sobre su amiga para abrazarla

-Pero prométeme que te portaras bien- Mena la miró por unos instantes bastante seria.

-Trataré- Andy dejó la pluma junto con todos los pergaminos, bastante feliz de haberse librado de ese castigo.

Los días fueron pasando, mientras que se acercaba con cierta rapidez Navidad, a lo cual las maldades de las chicas serpientes, dejaron de importarle a Andy. Tenía otras cosas en mente, por las cuales debía prestar más atención. Las vacaciones invernales implicaban regresar a casa, quedarse sola sin sus amigos; temía que la depresión y las pesadillas sobre Dave acudieran de nuevo a ella.

-¿Qué pasa?- preguntó la pelirroja al ver a su amiga demasiado triste

-Nada

-Dime la verdad, te conozco

-Es que, no quiero regresar a casa

-¿Por qué? Verás a tu familia

-Sí, pero ustedes no estarán ahí- respondió con cierta amargura

-No entiendo

-No importa. Debería acostumbrarme a tener malas noches

La niña tardo unos minutos en comprender a lo que se refería, y eso no le agradaba en lo absoluto, por lo que estaba decidida a hacer algo para que Andy se sintiera mejor, y lo único que se le ocurrió era pasar las vacaciones con ella, en lugar de pasarlas con su abuela. 

-Tengo una idea

-¿Cuál?

-Podría pasar las vacaciones contigo- al escuchar eso, el rostro de Andy se ilumino de alegría

-Suena genial

-No se diga más, iré hablar con ella

No tardó demasiado en estar adentro de la oficina de su abuela, esperando enfrente del escritorio a que apareciera para poder hablar con ella, mientras que el retrato del Profesor Dumbledore le sonrió para inspirarle algo de confianza, repasando mentalmente sus argumentos para que le dieran permiso.

Mena hizo todo lo posible para convencer a la Profesora McGonagall de salir del castillo y pasar Navidad en la casa de Andy, claro si su familia no tenía algún inconveniente a que eso sucediera.

-Lo siento Andy, pero....

-No te dio permiso- respondió soltando con un suspiro- Supongo que regresaré a casa

-Tranquila, verás que estarás bien

-Lo dudo, pero gracias de cualquier modo

-¿Por qué no te quedas tú, aquí?- pregunto Mena- Después de todo, Gustav también se quedará

-Supongo- respondió algo dudosa- Pero no será lo mismo, si también se van Keisi y Alex

-La pasaremos bien

La castaña pensó muy bien aquella propuesta, por lo que de inmediato mando a su lechuza a casa, para pedir permiso. Claro que sus padres se decepcionaron un poco, pero comprendían a su hija, las navidades en Hogwarts, en especial las primeras que vivían eran únicas. Así que la niña no tuvo ningún problema en quedarse en el castillo con dos de sus mejores amigos, claro que extrañaría a los otros, pero algo a nada, prefería eso.

Los últimos días de clases, eran algo tranquilos ya que algunos profesores dejaban horas libres debido a las festividades próximas, algo que disfrutaban todos los niños, pero había algo que no encajaba para Andy. A pesar de que estaba feliz y sin tantas preocupaciones, empezaba a sentir cierta curiosidad respecto a la actitud de su amiga. Mena en las pocas clases que tenían, se notaba cansada u otras veces moviendo locamente la varita, repasando algo sumamente extraño.

-¿Te encuentras bien?- preguntó la niña a la pelirroja justo al regresar a la sala común

-Sí, ¿Por qué?- respondió Mena con un bostezo

-Te ves cansada

-Estoy bien

-¿Segura? Porque podemos adelantar los deberes y tener......¿Mena? ¡Mena!- grito ya que la mencionada se había quedado dormida

-¿Qué?

-Te quedaste dormida

-Claro que no, te estaba escuchando

-A ver, ¿Qué dije?

-Ammm.....

-Te dije que podíamos adelantar los deberes, y así tener el resto de vacaciones libre

-Ah, sí. Me parece bien

Cuando podía, la niña acudía al campo de Quidditch, volaba bastante bien, por lo que llamó la atención de Gavin. Un chico que pertenecía al equipo, y casi comenzando una amistad.

Cada estudiante iba a bordo de uno de los carruajes que los llevarían a la estación para tomar el expreso y pasar esas fiestas con sus familias. Tanto Gustav, Mena y Andy se despidieron de Alex y Keisi deseándoles buenos deseos. Las chicas tenían el dormitorio para ellas y la sala común estaba mucho más vacía que de costumbre, así que podían quedarse en los mejores sillones enfrente del fuego.

Pero apenas habían pasado unos días cuando, la soledad acompañaba por completo a Andy; por lo general siempre estaba con Mena, pero habían ocasiones en los que, la pelirroja salía apresurada de la sala común y regresaba a altas horas de la noche.

-¿Qué tramas?- preguntó un día

-Nada, por qué lo preguntas

-Ya casi no hablamos

-Pues no me lo tomes a mal, simplemente te estoy dando un poco de tiempo para ti misma

-Siento que me ocultas algo

-No exageres

-¿A dónde vas, que siempre llegas tarde?

-A ningún lado 

Eso no convenció a la castaña, por lo que casi siempre se encontraba pensando la forma en atrapar a su amiga. Y al fin, cuando logro su cometido, no le agrado en lo absoluto nada de lo que había descubierto, era mejor que no estuviera más en ese lugar.

Había anochecido y las llamas de la chimenea eran cálidas, en especial en esos días de invierno. Mena atravesó la sala común totalmente tranquila, quizás por un par de alumnos que se habían quedado, que disfrutaban de una lectura o algunos otros que dormitaban ya. Entró a los dormitorios de las chicas, se encontraba vacíos y esperando toparse con su amiga, pero solo vio a su lechuza Hermes posada en su cama, algo sorprendida dado que hacía unas horas había visto a su dueña.

En ese momento pensó que la lechuza tenía hambre, pero al acercarse noto el gran pergamino que tenía atada a su pata. La ignoró, pensando que la carta iba dirigida hacía Andy, hasta que esta misma la seguía a todas partes, fue cuando entonces comprendió que el sobre era para ella.

La niña tomó el papel, dispuesta a leer y al ver la característica letra de su amiga, se extrañó demasiado debido a que esa misma mañana la había visto. Comenzó a leer, esperando que no fuera nada malo, y que el contenido la ayudara a disipar todas esas dudas que se estaban formando en su cabeza.


(Querida*) Mena:

Desde que los conocí, mi vida ha sido algo diferente. Todos ustedes me han ayudado a olvidar aquellas marcas del pasado, y gracias por eso. En verdad, que le debo mucho a Merlín por haberme mandado a grandes personas, por permitir conocerlos y aprecio todos esos momentos, pero.....
Mena se sintió conmovida por un instante por todas esas palabras, continuo con la lectura para toparse con algo que no esperaba, y que la dejo sorprendida y bastante confundida, que no lograba entender.

ahora que todos se marcharon del castillo, no he podido evitar darme cuenta de ciertas cosas. Sé que se conocen de toda la vida, pero no es necesario que se escondan. Creí haberles demostrado mi confianza pero me doy cuenta que no fue lo suficiente.

Por unos instantes, la pelirroja pensó que Andy se estaba volviendo loca, ya que seguía sin entender a lo que se refería en la carta.

Tanto Gustav como tú pueden estar tranquilos, para cuando leas esto yo ya estaré en camino a casa, porque de nuevo puedo asegurar que llegarás tarde a los dormitorios, o en todo caso no tendrás tiempo para mí.

No sabía la sensación exacta que le recorría por dentro, quizás era enojo hacía su amiga o quizás algo de culpa por no haberle contado nada acerca de esas ausencias tan repentinas que tenía, en especial cuando había prometido pasarla bien y evitar que se sintiera sola.

Reitero, pueden estar tranquilos; ya no se tendrán que esconder. Los veo al regreso de vacaciones, claro que si es que tienen tiempo para sus amigos.

(Te quiero*), Andy.


La pelirroja tomó la carta más que enfadada, saliendo del dormitorio rumbo hacía la Torre de Ravenclaw, tenía que comunicarle a Gustav lo que estaba pasando. Mientras caminaba rápidamente, la rabia la invadía por completo preguntándose cómo es que Andy podía pensar algo así. Iba tan sumida en esos pensamientos que no se percató por donde iba, hasta que choco con una persona; el pánico comenzó hacerse presente en ella, pensando que había chocado con un profesor, a sabiendas que era muy tarde para estar fuera de cama. Cuando reaccionó, noto que esa persona era justo la que quería ver; Gustav estaba enfrente de su amiga sosteniendo una hoja en sus manos.

-Andy se fue- soltó de pronto

-Eso parece. Creo que le paso algo a su familia o quizás a su hermanita

-¡¿Hermanita?! Hermanita y un rábano

-Mena, cálmate

-¡¿Qué me calme?!

-Eso fue lo que me escribió- Gustav le mostró el pergamino a su amiga, quien no dudo en leerla.


Gustav:

Tuve que irme del castillo, me necesitan en casa. Una disculpa por dejarlos así, solo te pido un favor. Cuida mucho a Mena y no te separes de ella.

Traten de no meterse en tantos problemas y gracias, en verdad por su amistad.

Andy.


-Precisamente por eso iba a buscarte

-¡Ella no se fue por eso!- explotó Mena indignada

-¿A qué te refieres?

-Piensa  que le ocultamos algo

-Pues técnicamente es cierto

-Gustav, piensa que no le tenemos confianza

-Podríamos mandarle una lechuza- sugirió él

-Supongo

-Ella entenderá. Por lo pronto será mejor que vayamos a descansar. Ya es tarde y además alguien nos puede descubrir

Cada uno se fue a su respectiva sala común, estaban bastante agotados. A primera hora de la mañana, Mena escribió una carta, tratando de arreglar las cosas con su amiga. Esperaba que la respuesta no tardara tanto, pero era la realidad.

Cada día insistía con una carta, hasta que por fin Andy se dignó a responder, o sí a eso le llamaba una respuesta. Siempre enviaba el pergamino en blanco firmado al final con su simple nombre.

-¿Qué le pasa?

-Quizás es mejor esperar a que regrese

-¿Por qué piensa eso?

-No lo sé. Deja de mortificarte. Esperemos a que regrese

La navidad pasó, con su excelente banquete en el castillo, los elfos se habían lucido, y los regalos recibidos eran únicos. Para año nuevo, ya se esperaban a los alumnos, al igual que Gustav y Mena, que querían volver a ver a sus amigos.

Cuando Andy hizo su aparición en el castillo, durante actitud hacia sus amigos era totalmente indiferente. Mena trató de hablar con ella, tratar de explicarle las cosas.

-Déjame explicarte

-Me vas a decir a donde te vas, que llegas tarde a los dormitorios.

-Lo siento, pero eso no puedo decírtelo

-Todo el tiempo te las pasas con Gustav ¿Qué hacen?

-Discúlpeme, pero eso es un secreto entre él y yo. Nadie más puede saber

-Estupendo. Entonces no tenemos nada de que seguir hablando- Andy dio media vuelta y se fue, dejando a su amiga desconcertada y algo enojado.

Tanto Keisi como Alexander notaron la tensión que había entre sus amigos, preferían no meterse en esos asuntos, pero tampoco se podían quedar de brazos cruzados. Por lo que prefirieron hablar con la castaña.

Al saber el motivo real, trataron de hacerla entender de que Mena, a pesar de ser tan buenas amigas, tanto ella como Gustav tenían ya formado un vínculo de amistad desde casi toda la vida.

-Eso no me importa

-Debes comprender- trato de razonar Keisi

-No quiero pelear con ustedes también

-Deja que Mena te de una explicación- Alexander también trataba de meterle algo de razón a su amiga.

-No quiero nada

Andy no aceptaba hablar con Mena debido a que ambas tenían su orgullo, algo que no les permitía disculparse mutuamente, sin mencionar que Gustav es más racional.

De alguna manera, pensaba que él podía darle las respuestas necesarias, por lo que decide ir a buscarlo a su clase de pociones, ya que era una de las que no compartían juntos. Estaba llegando a las mazmorras cuando se topó con un chico de Ravenclaw.

-Hola

-Hola- saludo él con una sonrisa- Tú eres Andy, ¿Verdad?

-Si- respondió con cierto deje de amargura- ¿Y tú?

-Mortz. Hemos compartido algunas clases juntos- mencionó como sí supiera los pensamientos de la niña

-Claro. ¿Has visto a Gustav?

-No entró a clases

-Supongo que lo tendré que buscar

-Lo vi hace un rato

-¿En dónde?

-Cerca de la cabaña de Hagrid. Lo vi con su amiga, la nieta de McGonagall

Sin darle las gracias ni nada salió corriendo hacia el lugar, ya no soportaba esa situación; estaba más que decidida a enfrentarlos. Se preguntaba sí de verdad sus amigos no confiaban lo suficiente en ella, como para ocultarle las cosas.

Se sentía mal, se sentía destrozada y tenía miedo de volver a entrar en crisis, y lo peor es que esta vez ella misma alejaba a sus amigos.

Sus pasos eran rápidos, pudo distinguir a lo lejos, la cabaña de Hagrid, donde le había dicho Mortz que se encontraban. En unos instantes, Keisi y Alex iban detrás de ella, los cuales estaban seguros que con el carácter de ambas niñas, eso no terminaría para nada bien.

-¿Por qué primero no te tranquilizas?

-Será mejor que se callen

Apenas se acercaron al lugar, Andy observó a lo lejos salir del Bosque Prohibido a sus "amigos" riendo ruidosamente y abrazados por el hombro a lo cual, la chica pretendía pedir una explicación.

-Esto demuestra que no soy digna de confianza para los nietos de McGonagall y Flitwick

-¿De qué hablas?- preguntó tranquilamente Gustav

-Al menos merezco una explicación

-No eres nadie para pedirla- mencionó Mena con cierto enojo- Y menos de esa manera

-Parece que tienes razón. No soy nadie

-Es mejor que te controles, sino comenzaré a ignorante

-Creo que eso ya lo hiciste, justo cuando dejé en claro que conmigo nadie se mete

-¿De qué, exactamente estamos hablando?

-De la maldita broma a Weasley y Rookwood

-Sabes que tengo la razón. Así que mejor me voy. Hablamos cuando dejes de imaginar cosas- la pelirroja dio media vuelta pero....

-¡Levicorpus!- gritó. Andy

Mena quedó colgada del tobillo, como pudo saco su varita y realizó el contra hechizo, cayendo abruptamente en él suelo.

-No quería hacer esto. ¡Relashio!

Andy salió disparara hacia atrás por la potente fuerza del hechizo. Cayó de espaldas y al levantarse.

-¡Colortus!- el cabello de la chica dejó de ser pelirrojo, ahora era de un color verde escarlata

-Esta me la pagas. ¡Everte statum!

-¡Protego!

-¡Expulso!

Keisi y Alex trataron de intervenir, pero Gustav se los impidió

-Es necesaria esta confrontación- ambos solo asintieron

-¡Rictum.....

-¡Palalingua!- Mena había sido más rápida que Andy, por lo que no dejó que dijera algo más- ¡Petrificus Totalus!

La niña cayó petrificada, Mena todavía con el cabello verde, se acercó a ella, mientras que Andy solo le lanzaba miradas de enojo.

-Piensa bien lo que haces y no supongas cosas. No eres NADA buena en adivinación. ¡Adiós!- se retiró del lugar seguida de Gustav. Los otros dos se quedaron estáticos en su lugar sin saber cómo actuar, esperando que ambas lograran arreglar ese mal entendido.



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