Historia al azar: Lágrimas de Soledad
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Plumas de Fénix » Capítulo 6
Plumas de Fénix (R13)
Por andypotter92
Escrita el Miércoles 20 de Mayo de 2015, 17:28
Actualizada el Domingo 10 de Febrero de 2019, 23:41
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Capítulo 6

Los días en el castillo eran contados con ciertas  aventuras. Algunos no estaban de acuerdo con los resultados de esas bromas, y a pesar de que recomendaban olvidar simplemente no se podía, y ahora más que nunca buscaban venganza.

Caminaba presurosa por los pasillos del colegio, sola, repitiendo mentalmente el movimiento de varita del hechizo levita torio.

El tiempo pasaba extraordinariamente rápido, como si trajeras un giratiempo integrado; parecía ayer que Andy Green se había colocado el Sombrero seleccionador y la había mandado a Gryffindor al igual que a Mena y Keisi, sus dos mejores amigas. Sonrió con cariño al recordarlas, ya eran inseparables y compañeras de muchas aventuras junto a Gustav, un curioso Ravenclaw.

Se sentía muy contenta ese día, había recibido lechuza de sus padres contándole las nuevas ocurrencias de su hermanita. Simplemente Andy la amaba con todo su corazón, extrañarla era lo que más hacía, así que esas cartas con vistazos a su vida eran como trozos de paraíso para ella. No iba a decirlo jamás ante nadie, pero incluso las pesadillas habían menguado; sí, seguía extrañando a Dave, pero ya no eran tan recurrentes como antes e incluso las habladurías al respecto de su pasado habían cesado.

Nunca antes, Andy había creído que pudiera existir alguien que detestara tanto; y eso hacía que sus días se convirtieron en malos, y todo estaría bien si no fuera por esas molestas chicas Slytherin, Kissy Weasley y Lesma Roockwood, a las cuales odiaba con todo su ser. Deseaba tener la edad suficiente para hacerles una maldición imperdonable, pero tenía que conformarse con cosas sencillas. Aún le debían una y se la estaba guardando para el momento adecuado, y ese había llegado  para cobrársela.

Sus pies la llevaron a su destino, sin siquiera a pararse a pensarlo mucho; iba sola ya que no contaba con la aprobación de sus amigos. Miró a los lados, estaba en el invernadero tres, pero necesitaba acercarse a la ventana del cinco. Escuchó unas voces, se detuvo; no sabía a donde ir, no tenía algún tipo de escondite. Se mordió el labio nerviosa al ver salir de los invernaderos a dos niños Hufflepuf; la niña tenía ojos verdes y dos coletas castañas, el niño era alto con gafas. Los conocía de otras clases, pero jamás había hablado con ellos, sin embargo no pudo evitar oír su   discusión.

-No Beth. Eso no es así, lo haces todo mal- El niño hablaba pacientemente - Por eso no te sale.

-¡Claro que me sale, Gerard! Lo que pasa es que tú eres muy mandón. Y yo tengo mi manera de hacer las cosas- respondió  la chica haciendo un mohín.

Los Hufflepuff chocaron con ella; Andy no pudo evitar sonrojarse, a lo cual ellos le sonrieron mientras seguían su camino, enfrascados en su discusión.

Respiró aliviada, se limpió las manos en la túnica, nerviosa por lo que haría, pero a la vez, la adrenalina empezó a invadir su cuerpo. Sigilosamente se deslizó hasta la ventana más lejana del invernadero cinco, cuidándose de Filch y de su tonta gata. Subió a unos cajones que estaban cerca y dirigió su varita hacia la abertura, resopló y murmuró en voz baja.

-Wingardium Leviosa…

Nada. Las vainas de bubotubérculos no se movieron ni un milímetro; intento  el hechizo una vez más, pero nada. Estaba empezando a molestarse, el movimiento de varita no estaba funcionando.

-¡Wingardium Leviosa!- casi gritó, molesta.

-Si movieras la varita correctamente, te aseguro que ya habrías podido robar esas vainas.

Andy giró violentamente la cabeza al oír esa voz con un deje de diversión. Perdió el equilibrio y cayó de espaldas en unos costales con estiércol de dragón; ahogó un gemido de dolor al ver la cara de Alexander Mason, aquel niño de su curso, perteneciente a su misma casa. El chico sonrió y le tendió la mano, Andy la tomó y se levantó con dificultad.

-¿Qué haces aquí?- la niña lo miró acusadoramente-¿Cuánto tiempo llevas viendo?

-Te seguí- respondió alzando los hombros- Me dio curiosidad ver a donde ibas tan concentrada ¿Qué intentas hacer?

Andy lo miró con sus ojos casi grisáceos, evaluándolo. Apenas habían compartido unas cuantas palabras, después de aquella pelea con las niñas serpientes, y al recordar su amabilidad, decidió que podía confiar en él.

Se acercó a él, susurrándole en su oído y revelando su plan, e incluso los motivos por los cuales estaba sola en esa misión. Alexander escuchaba con demasiada atención, sus ojos se iluminaban conforme Andy hablaba, y al termino se echó a reír.

-¡Genial!  ¡Yo te ayudaré!- dijo con emoción- Pero primero..... -saco su varita- Deja que yo lo haga, si espero que lo logres nos dará la noche.

El niño sonrió y su sonrisa llegó hasta sus ojos color miel, Andy sintió un tironcito en el estomago sin embargo prefirió ignorar esa sensación mientras le sonreía. Alexander se subió a las cajas y al primer intento logro atraer su objetivo.

-¡Listo Andy! Ahora ¿Qué sigue?

No tuvieron tiempo de decidir, ya que la Señora Norris apareció de la nada y ambos supieron que era momento de echar a correr.

Atravesaron los invernaderos y salieron al vestíbulo, donde se detuvieron acalorados y sin aliento, aguantándose la risa.

-Gracias Alexander- la niña intentaba respirar -No se que hubiera hecho sin ti…

-Lesma ¿Te llega ese olor?

Esa voz  irritó a Andy al momento, crispó  los puños, pero no dijo nada.

-Huele a estiércol- Lesma arrugó la nariz y sacudió su cabello de un inverosímil color verde lima.

-¡Ah si! Hay dos apestosos leones en el camino- Kissy sonrió con dulzura y miró a los niños que tenía enfrente -¿Qué? ¿Su Sala común esta muy lejos de los baños o es su hedor natural?

Andy miró  desafiante a la pecosa; odiaba todo de ella, su horrible cabello pelirrojo, sus enormes ojos cafés, incluso su escudo verde y plata.

-Cállate cara de papa. Nadie pidió tu opinión y no nos importa.

-¿Cómo  me dijiste, enana?- Kissy dio un paso hacia ella, desafiante.

-Cara de papa ¿Qué no te haz visto en un espejo?

Las dos niñas se miraron con odio, Andy mantenía los puños crispados decidida a  no dejarse amedrentar, pronto se vengaría, y no tenía prisa por hacerlo.

-¿Qué sucede aquí?- La voz del profesor de pociones y Jefe de Slytherin, Terence Higgs retumbó desde las escaleras.

 Era alto, de cabello rubio y los ojos tan azules que parecía no ver; había sido buscador del equipo de Quidditch y se había enfrentado a Harry Potter en aquel legendario juego, en el cual debutó dándole la victoria a Gryffindor. Y aunque era un profesor justo, tenía esa tendencia de beneficiar a su casa cada que podía.

La castaña volteó sorprendida, pero Kissy fue más rápida, como la horrible serpiente que era.

-Profesor Higgs, Andy me ha insultado ¡Me dijo cosas horribles!- expresó la pelirroja- Yo no le hice  nada, simplemente venía charlando con Lesma y de la nada me insultó.

-Es cierto profesor- Lesma miró a Higgs siguiendo la mentira con facilidad- No sabemos que le pasa.

-¡Eso no es verdad Profesor!- Alexander se acercó enojado- ¡Ese par de lombrices son unas mentirosas!

-¡Silencio Señor Mason!- el profesor Hiiggs entrecerró los ojos- cinco puntos menos para Gryffindor. Y le recuerdo que en Slytherin somos Serpientes, no lombrices, Señor Mason, así que cuide ese lenguaje. Señorita Green, igual para usted, no querrá perder más puntos- miró sonriendo a Lesma y Kissy- Ustedes dos, a su sala común.

Las chicas obedecieron, no sin antes mirar burlonamente a los leones mientras que Andy temblaba de rabia; no podía aguantar más, lo haría esta misma noche.

++++++++++++++++

Gustav leía tranquilamente en el Gran Comedor, ya había acabado sus deberes del día, por lo que prefería matar un poco del tiempo libre que le quedaba; levantó la mirada al oír el estrépito de pasos. Andy se sentó a su lado, tenía las mejillas rojas y el cabello revuelto, se sirvió un vaso con jugo de calabaza y bebió furiosa. Venía con otro niño Gryffindor al que solo conocía de vista, le sonrió y miró a Andy.

-Déjame adivinar. La chica Weasley- Gustav hizo una mueca de fastidio.

-¡Esa maldita serpiente!- la chica azotó el vaso en la mesa- Ya no la soporto ¡me quitaron 5 puntos por sus mentiras!

-Y podrían ser más si sigues con eso, olvídate de ella- el niño  devolvió la mirada al libro- No hagas boberías Andy.

-¿Cómo qué?- preguntó algo desafiante y a su vez temerosa de que haya averiguado su plan.

-Simplemente te digo que no te dejes llevar por la ira. No vale la pena

++++++++++++++++++

Andy tardó casi cuarenta minutos en quitarse el olor  a estiércol de dragón y estar lista para bajar a cenar. Estaba nerviosa, había planeado esto con gran detalle y hoy vería el fruto de sus esfuerzos. Alexander la esperaba en las butacas, la vio bajar y ambos salieron de buen ánimo hacia el Gran Comedor.

-¿Nerviosa?

-Un poco. No te mentiré pero ya muero por ver lo que pasará

Rieron nerviosos mientras bajaban las escaleras y buscaban los atajos que ya conocían. Entraron al Gran Comedor, Andy dirigió su vista hacía la mesa de Gryffindor, donde localizó a Mena y Keisi; se acercó y llevó a Alexander con ellas.

-¿Dónde te has metido Andy?- Mena se hizo a un lado-  No te veo desde la mañana, es sábado y no te vi haciendo deberes ni en la Sala común. ¡vaya!- exclamó pensativa-  Hoy si te perdiste.

-Así déjalo Mena. Ya sabes, todos tenemos derecho a nuestros espacios a solas y a flojear de vez en cuando- Keisi dio un gran bocado de estofado  y ya no pudo decir nada más.

-Chicas, ¿Conocen a Alex? Hoy estuvimos estudiando por los terrenos, me enseñó algo Herbología- Alexander rió bajito tomando asiento a lado de la chica.

-¿Tú estudias Herbología?- Mena torció los labios, no parecía tragarse ese cuento tan fácilmente

-Si, necesitaba un poco de ayuda

-Pero si vas muy bien en todas las clases, dime la verdad.

-Esa es la verdad- respondió Andy mientras se servía la cena.

Se sentía nerviosa, pero ya estaba hecho, así que solo quedaba disfrutarlo.

 La cena transcurrió sin incidentes, los alumnos de las cuatro casas empezaron a salir por pocos, los maestros seguían degustando la cena platicando entre sí. Evitaba mirar a la mesa de Slytherin, pero era inevitable observar como Kissy reía a carcajadas mientras Lesma contaba como habían logrado quitar puntos a Gryffindor. Le parecía un grupito repugnante, su padre le había enseñado que no debía juzgar a las personas por su casa, que no eran etiquetas justas, pero hasta ahora, lo poco que conocía de Slytherin le parecían odiosos y detestables.

Bebió lo que quedaba de jugo de calabaza y salió del Gran Comedor, justo detrás de los niños de Hufflepuff que había visto en los invernaderos, pasos atrás iban los Slytherin; Gustav se les unió justo a la salida, quedándose en el vestíbulo. Alexander sonrió para darle valor, había llegado el momento.

Mena y Gustav platicaban en las escaleras, Keisi los oía distraída, y Andy esperaba, mientras sentía como el corazón amenazaba con salirse de su pecho.

Kissy Weasley salió sola del Gran Comedor y se encaminó hacia la entrada lateral que se dirigía a las mazmorras, Andy estornudó, y la pelirroja volteó tropezando al resbalar con algo que sin previo aviso, explotó.

La chica gritó de dolor mientras que su cara y manos empezaban a hincharse por el pus de bubotuberculo sin diluir que había caído en ella. Los niños presentes gritaron asustados mientras la niña Slytherin lloraba, atrayendo a Peeves, el cual armó el pandemonium.

El profesor Higgs apareció seguido de la Profesora McGonagall, el resto de los alumnos fueron mandados a sus respectivas salas comunes mientras Kissy era llevada a la enfermería. Andy reía de buena gana al igual que Alexander, solo Mena tenía la expresión seria.

++++++++++++++++++

-¿Cómo pudiste Andy?

-Yo no fui, fue Peeves. Ya lo oíste de tu propia abuela.

-A mi no me engañas, tú odias a la chica Weasley.

-Yo no la odio- respondió con cierta indiferencia y poniendo la mejor cara posible de inocencia.

Ambas chicas estaban en torre de Gryffindor,  justo después del incidente en el vestíbulo. Keisi estaba sentada en uno de los sofás al igual que Alexander, observándolas atentamente.

-No me mientas- Mena había heredado esa mirada severa de su abuela, quizás tal cual, tan temida como la de un basilisco.

-Ya te dije que yo no tuve nada que ver

-¿Dónde estuviste metida todo el día?

-Estuve estudiando Herbología con Alexander

-Estuvimos juntos- sin evitarlo sus ojos miel se conectaron con los de ella, mostrando esa complicidad.

-Tú eres buena en todas las asignaturas

-A veces uno puede fallar

-Andrea.....- eso definitivamente no sonaba bien, pero la chica no pensaba confesar nada

-Mena, enserio. Yo no tuve nada que ver, fue Peeves.

-Entonces el Barón Sanguinario deberá controlarlo mejor- pero aquel comentario no sonaba tan seguro

-Supongo

-Es tarde. Iré a dormir- Mena subió las escaleras hacía el dormitorio de las chicas, segundos después la siguió Keisi

-Creo que no nos creyó

-¿Nos?

-Si, yo te ayude a robar esas vainas, por lo que estamos juntos en esto

-Gracias Alex, pero no quiero meterte en problemas

-Y no lo harás. Será mejor que subamos, ya es tarde- cada uno subió a sus respectivos dormitorios.

A la mañana siguiente, cuando bajaron a desayunar. Andy vio como Kissy tenía problemas para ingerir sus alimentos, debido a que no podía tomar la cuchara, o el vaso de jugo. Eso hizo que se le revolviera el estómago, sintiendo cierto remordimiento

-Buenos días- saludó Gustav, que como siempre se sentaba en la mesa de los leones- ¿Todo bien, Andy?

-Si, todo bien

Por supuesto que no se encontraba bien, le removía la conciencia al ver a su compañera así. Pensaba que se había pasado de la raya con esa broma, y que quizás sus amigos tenían razón, que debió en evitarla e ignorarla.

Durante todo el día estuvo bastante ausente, ahora si Andy ya no estaba segura de su estúpida venganza.

-Gustav....

-¿Qué pasa?

-Necesito contarte algo

-Claro, dime

-Pero....¿Prometes que no le dirás a nadie? Sobretodo a Mena

-¿Qué hiciste?

-Yo.....- comenzaba a sentirse un poco nerviosa, paso su mano por su largo cabello castaño- Fui yo quien hizo la broma a Kissy Weasley

-Jamás pensé que fueras hacer ese tipo de cosas

-¡Mena!- la chica los andaba buscando y justo cuando los encontró, escuchó esa confesión, por lo que dio media vuelta- Por favor. Detente. Déjame explicarte

-Explicarme ¿Qué? Te lo pregunté ayer y confié en ti

-Es que....no podía quedarme tranquila por lo de la broma del caldero

-Andrea, te pasaste con esto. Además que le mentiste a mi abuela

-Lo siento

-Tengo deberes que terminar. Ten buen día.

Mena la dejó ahí, sintiéndose la peor persona, Gustav se acercó a ella, al menos para tratar de consolarla un poco.

-Ella tiene razón, mentiste. Se que es difícil, pero debiste ignorarlas

-Lo sé. ¿Qué hago?

-Mena tiene su carácter, y estará enfadada un cierto tiempo. Te recomiendo que hagas lo correcto

En todo el día Andy no vio a Mena, su fin de semana concluyó en que una de sus mejores amigas no deseaba.

Las clases dieron comienzo con la rutina de siempre, asignaturas y deberes que debían estudiar y entregar. Como les habían dicho, la magia no solo bastaba en agitar la varita y ya, debían tener ciertos conocimientos.

Alex ya comenzaba a formar parte del grupo, se llevaba de maravilla con Keisi y con Gustav, aunque Mena se mostraba recelosa con él, sin mencionar que no le dirigía la palabra a Andy.

A la chica le basto todo un día para confrontarla, o al menos para disculparse como se merecía.

-Mena

-¿Necesitas algo?- respondió sin alzar la cabeza, enfrascada en su lectura

-No me gusta que me ignores, no me hablas desde ayer y.....

-Enserio, ¿Necesitas algo?

-Solo que.....hable con la profesora McGonagall y confesé lo que hice. No quería que le restaran puntos a la casa, por lo que estaré castigada cerca de un mes. Y pues.....lo siento- como no recibió una respuesta, subió al dormitorio dejándose caer en su cama.

Sus pensamientos viajaron hacía Dave, pero en esta ocasión no fuero recuerdos sobre la batalla, sino aquellos felices momentos, bromas que solían gastar a los niños muggles que los consideraban raros.

-¿Andy?- escuchó como alguien abría la puerta

-Quiero estar sola

-Es hora de la cena

-No tengo hambre

-Tienes que comer- ahí estaba Mena tomando asiento en su cama, enfrente de ella- Te he visto y casi no haz comido nada en todo el día

-No me apetece

-Lo siento. No debí ser tan dura- se levantó y se sentó en la cama de la chica- Supongo que es la sangre mágica de mi abuela.

-No importa, me lo merezco

-Es que no estoy de acuerdo de como hiciste las cosas.

-Me fastidia que se metan conmigo, quería que pagara la broma del caldero.

-Pues ya lo hizo.

-Si, ojo por ojo, diente por diente. ¿Sigues enojada conmigo?

-Un poco.

-En verdad, lo siento. No quería mentirte a ti ni a tu abuela, ni mucho menos meter a Alex en problemas.

-A estas alturas sé cuando me mientes

-Pues si, no tengo ningún problema en Herbología

-Te ayudó ¿Verdad?

-Si, pero nadie sabe que ya confesé, solo tú.

-De acuerdo. Dejemos esto por la paz, creo que ya tienes bastante con el castigo que te puso mi abuela.

-Pues de hecho si. Tengo que pasar los registros de los castigos y algunos otros archivos que están en muy mal estado por la guerra.

-No te gustara oír esto, pero te lo mereces

-Si, bueno. Gracias por recordármelo- a lo que Mena soltó una pequeña risa

-Solo prométeme que no te meterás en tantos problemas

-No puedo prometerte nada cuando se tratan de Kissy Weasley y Lesma Rockwood.

-Eres una boba- dicho esto la abrazó- Ahora vayamos a cenar

Ambas salieron de la sala común; al entrar al Gran Salón, se sentaron con sus amigos, y por primera vez, Andy no pensó en esas chicas slyhterin.

 

 

 

 



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