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Plumas de Fénix » Capítulo 4
Plumas de Fénix (R13)
Por andypotter92
Escrita el Miércoles 20 de Mayo de 2015, 17:28
Actualizada el Domingo 10 de Febrero de 2019, 23:41
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Capítulo 4

Los últimos días de Andy fueron tranquilos, pero a su vez tristes; extrañaría en primer lugar a su hermanita, era una cosa hermosa y adorable, que no tenía problemas en cuidarla; pero debía ir a Hogwarts, aunque no tenía muy buenos recuerdos del castillo, dado que la última vez que estuvo ahí había perdido a su mejor amigo.

Por lo general siempre se quedaba en su habitación, cuidando a Dayra o con su nueva lechuza que le hacía compañía. Le puso como nombre Hermes, ya que le encantaba la mitología griega y consideraba que ese nombre era muy bueno, después de todo era el Dios mensajero. Se quedaba hasta horas leyendo, tanto el libro que compró como los de la escuela.

La mañana del primer mes de Septiembre, Andy despertó con los llantos de su hermanita, emocionada sin poder volver a dormir. No le quedó otra más que levantarse y comenzarse a arreglar. Revisó otra vez la lista de útiles para asegurarse que no olvidaba nada, metió a Hermes en su jaula y bajo a desayunar.

Unas horas después, el baúl ya estaba cargado en al auto de su padre, mientras que ella iba en asiento de atrás, con su pequeña hermanita, que siempre le hacía gestos para divertirla. Llegaron con media hora de antelación a King Cross, Andy iba empujando el carrito hacía el andén nueve y tres cuartos, sabía lo que tenía que hacer, así que tomo velocidad y hecho a correr entre la barrera de ambos andenes.

Atravesó el muro, topándose con una locomotora de vapor, de un color escarlata y con un rótulo que decía "Expreso de Hogwarts" sin poder evitarlo sonrió. Unos segundos después aparecieron sus padres, con un cierto aire nostálgico.

-¿Quieres que te ayude a encontrar un vagón?

-No papá, yo lo hago

-¿Segura?

-Si

-Bueno, que tengas un buen curso- su padre la abrazó con fuerza

-Gracias

-Hija......

-Mamá, no llores- pero no pudo evitar ser besada por su progenitora, mientras recibía demasiados besos- Estaré bien

-Quiero que te cuides, ¿De acuerdo?

-Si, lo haré. Pequeña pulga- la niña tomó en brazos a su hermanita- Te voy a extrañar mucho

Se oyó un silbido

-Apresúrate- dijo su padre, subió al tren. Se asomó por la ventanilla mientras que el tren comenzaba a moverse.

La joven observó a sus padres hasta que desaparecieron, cuando el tren giro. Las casa comenzaban a pasar a velocidad, sin prestar demasiada atención, ya que iba arrastrando su pesado baúl por el largo pasillo, hasta que logró encontrar uno vacío. En el solo se encontraba una niña pelinegra, que se mantenía ocupada observando el paisaje.

-¿Te importa si me siento?- preguntó, señalando el asiento

-No, claro que no

Acomodo sus cosas y luego tomo asiento, le resultaba algo incomodo dado que ella no era muy sociable.

-No muerdo- dijo de pronto la niña, rompiendo el silencio

-Lo siento

-¿Cómo te llamas?

-Andy, Andy Green

-¿La chica que se enfrentó a Greyback?- solo pudo hacer una mueca ante esta mención

-Si, ella- respondió con fastidio- ¿Y tú eres....?

-Keisi Anders

-Es un placer- respondió cortésmente, pero de alguna manera ya le habían fastidiado el día haciéndole recordar ese detalle de la batalla.

Sabía que le preguntaría que se sentía estar en una pelea a tan poca edad, no quería ser el centro de atención por eso. Además que el crédito se lo merecían otras personas, ella solo había hecho lo necesario para sobrevivir.

-¿Ya terminaste de leer el libro?

-No, yo no leo tan rápido

-Si mejoraras tus gustos.....

-Solo era un libro de aventuras

-Eso dices tú

-¿Qué me quieres decir?

-Nada

-Mas te vale que no insinúes de nuevo eso de decirme Trol

-Yo jamás te he dicho de esa manera

Poco a poco las voces se iban escuchando más cerca del vagón donde se encontraban. En primera instancia, Andy no lograba reconocerla hasta que escuchó la última palabra.

La puerta del compartimiento se abrió, entrando dos niños.

-Aquí hay lugar

-¿Podemos sentarnos?

-¡Andy!

-Hola-saludó la chica con desgana, seguía manteniendo la vista fija en la ventana.

-¿Cómo estás?

-Bien-respondió por fin dejando de ver el paisaje- Lo siento. Ella es Keisi Anders

-Mucho gusto- el niño estrechó su mano

-Mena y Gustav

De inmediato entablaron conversación, Andy se mantenía algo apartada, mientras que el tren pasaba por campos llenos de vacas y ovejas. Cerca del medio día, se produjo un alboroto en el pasillo, ya que una mujer de cara sonriente se asomó.

-¿Quieren algo del carrito?

Tanto Gustav como Mena salieron para comprar algunas golosinas, al igual que Keisi pero la niña se quedó en su asiento. Al cabo de unos segundos, regresaron con los brazos repletos de ranas de chocolate, empanadas de calabaza, pasteles de caldero, varitas de regaliz, y no podían faltar las Pepas Bertie Bott de Todos los Sabores.

Los tres hablaban sobre las láminas que podían encontrar en las ranas de chocolate, la niña seguía sumida en sus pensamientos y en ese mal humor, dado que le habían arruinado el día con el comentario sobre la batalla.

Gustav le ofreció un pastelillo de caldero, no tenía hambre pero terminó por aceptárselo; cuando se lo llevo a la boca sintió una punzada en su hombro, haciendo un gesto que no paso desapercibido por Mena.

-¿Pasa algo?- preguntó mientras tomaba asiento a lado de ella y observándola mejor

-Nada- respondió sobandose el hombro

-Tienes mala pinta, además que no haz hablado mucho desde que inició el viaje.

-Estoy bien- mintió, la realidad era que seguía molestándole el comentario de Keisi.

Le fastidiaba  ser recordada por algo que no había hecho exactamente, le seguía doliendo la muerte de su amigo.

-Come algo

-No tengo ganas

-Sino quiere, no la puedes obligar

-Cállate Gustav- lanzó una mirada de advertencia que entendió perfectamente

-Ven

-¿A dónde?- la tomó de la mano y la saco del vagón  a regaña dientes

Era imposible encontrar un vagón vacío, pero al menos encontrarían un lugar privado para hablar. Caminaron por los pasillo hasta que llegaron al vagón donde se encontraba el maquinista.

-Ahora si, ¿Qué pasa?

-Nada

-No me mientas. Estabas diferente cuando Gustav y yo entramos

-En verdad....

-Puede que no te conozca mucho, pero apostaría que tenías ese semblante por algo que te dijeron. ¿Qué fue?

-Son tonterías- eso Mena no se lo tragaba. La miró entrecerrando sus ojos

-Fue algo relacionado con lo de Greyback ¿Verdad?

Dejó escapar un suspiro, sin mencionar que le dolía un poco la vieja cicatriz.

-Odio que me reconozcan por eso. Mis padres son famosos pero por negocios. ¿Por que no puede ser así? Odio que me recuerden que murió Dave. Odio que me recuerden que no pude salvarlo.

Por segunda ocasión,  la fortaleza de la niña se rompió. ¿Cuantas veces había contenido las lágrimas?

-Oh nena- Se acercó a ella y la abrazó con ternura- Ya te dije que no tienes la culpa de nada

-¿Qué hubiera pasado si ese día estuviera en casa, conmigo?

-No sé

-¡Estaría vivo!- sin poder evitarlo, golpeó con fuerza la puerta.

-¡Andy! Cálmate

-Lo siento- susurró con tristeza

-Debes de entender que no fue tu culpa. Tomaste una decisión, lo fuiste a buscar. Quién iba a pensar que estarías en medio de la línea de fuego

-Yo debí....

-Basta ya. Hiciste lo que pudiste. Demostraste tu magia. Peleaste con valentía y no te rendiste nunca, así que déjate de estar culpando o me voy a enojar bastante contigo.

-Me hablas como si fuera tu amiga

-Lo somos- respondió con una sonrisa. Volvió abrazarla con ternura mientras que regresaban a su vagón.

Cuando regresaron, Gustav y Keisi se retaban a comer las Pepas de todos los Sabores, produciendo en algunas veces, algunas muecas graciosas.

-¿Todo bien?- preguntó cuando las vio

-Si, todo en orden- respondió Mena

-Lloraste- afirmó al ver el rostro de Andy

-No fue nada, un golpe que me di.

-Bueno, si necesitas algo no dudes en acudir a mí.

-Gracias Gustav

Le ofreció de nuevo un pastel de caldero, lo cual ahora si pudo disfrutar, lo que hizo darse cuenta de que moría de hambre. Pasaron un rato comiendo las pepas de todos los sabores, aunque Mena cada vez que podía escupía las que le tocaban, o lo hacía cuando creía que no la veían.

-¡Ya te vi!

-¿Qué?

-No te las comes

-Claro que sí, Gustav.

-Quiero ver. Comete esta- Le entregó una de un color blanco con puntitos naranjas

Se la llevo a la boca, pero en cuestiones de segundos la arrojo al suelo, haciendo unas muecas de asco.

-Era comértela, más no escupirla

-¡Que asco!

-Eres una bebé

-Necesito algo que me quite el mal sabor

-¿De que era?- preguntó Andy con una sonrisa burlona

-Sabía a vómito

En aquel momento, el paisaje que se veía por la ventanilla se hacía más agreste. Habían desaparecido los campos cultivados y aparecían bosques y colinas de verde oscuro.

Siguieron hablando por un rato más, las pepas de Todos los Sabores fueron quedando atrás, al igual que el comentario de Keisi, aunque el hombro seguía doliéndole un poco a Andy. Cuando observó por la ventanilla, se dio cuenta que estaba oscureciendo, todo el paisaje se encontraba bajo un cielo profundo color púrpura, fue cuando decidieron cambiarse y ponerse las túnicas. Cuando estaban listos, el tren comenzó aminorar la marcha.

Una voz retumbó en el tren.

-Llegaremos a Hogwarts dentro de cinco minutos. Por favor, dejen su equipaje en el tren, se lo llevarán por separado al colegio.

Ya se comenzaba a sentir los nervios; se guardaron las golosinas restantes y se reunieron con el resto del grupo que llenaba los pasillos.

El tren aminoró la marcha, hasta que finalmente se detuvo. Todos se empujaban para salir al oscuro andén.

-¡Primer año! ¡Los de primer año por aquí!- esa era una voz bastante familiar para los tres chicos, menos para Keisi. Tanto Mena como Gustav conocían muy bien a Hagrid, mientras que Andy no tanto, pero sabía de quien se trataba.

-En unos segundos tendrán la primera visión de Hogwarts- exclamó

El sendero estrecho se abría súbitamente al borde de un gran lago negro. En la punta de una alta montaña, al otro lado, con sus ventanillas brillando bajo el cielo estrellado, había un impresionante castillo con muchas torres y torrecillas.

-¡No más de cuatro por bote!- gritó Hagrid , señalando a una flota de botecitos alineados en el agua, al lado de la orilla.

Pasaron por un túnel oscuro que parecía conducirlos justo por debajo del castillo, hasta que llegaron a una especie de muelle subterráneo, donde treparon por entre las rocas y los guijarros. Luego subieron por un pasadizo en la roca, detrás de la lámpara de Hagrid, saliendo finalmente a un césped suave y húmedo, a la sombra del castillo.

Subieron por unos escalones de piedra y se reunieron ante la puerta de roble.

Cuando estuvieron reunidos, un hombre alto, de cabello marrón oscuro, los esperaba. Tenía un rostro muy amable, cruzado por algunas cicatrices.

-Aquí los tiene profesor Longbottom

-Muchas gracias, Hagrid. Yo los llevare desde aquí.

Siguieron al profesor.  Andy podía oír el ruido de cientos de voces, que salían de un portal situado a la derecha.

-Bienvenidos a Hogwarts- dijo el profesor- El banquete dará comienzo dentro de poco, pero antes de que ocupen sus lugares en el Gran Comedor deberán ser seleccionados para sus casas. Las cosas son Gryffindor, Hufflepuff, Ravenclaw y Slytherin. Sus casas serán como sus familias ganaran puntos pero si se portan mal los perderán.

La Ceremonia de Selección tendrá lugar dentro de pocos minutos.

Volveré cuando lo tengamos todo listo para la ceremonia- dijo el profesor- Por favor, esperen tranquilos.

Salió de la habitación. Dejándolos bastante nerviosos.

-En marcha- dijo después de unos minutos- Formen una hilera y síganme.

Pasaron por unas puertas dobles y entraron en el Gran Comedor. Estaba iluminado por miles y miles de velas, que flotaban en el aire sobre cuatro grandes mesas, donde los demás estudiantes ya estaban sentados. El profesor Longbottom puso en silencio un taburete de cuatro patas frente a los de primer año, encima puso un sombrero puntiagudo, remendado y raído; el profesor se adelantó con un gran rollo de pergamino.

Durante unos pocos segundos, se hizo silencio completo. Entonces el sombrero se movió. Una rasgadura cerca del borde se abrió, ancha como una boca, y el sombrero comenzó a cantar:


Hace mucho tiempo

este colegio fue fundado por cuatro magos,

realmente poderosos.

 

Mismos que se caracterizaban

por tener cualidades únicas

y temple majestuoso.

 

Una vez erigido el castillo

elegían a sus alumnos conforme a las semejanzas

 que de estos magos y brujas albergaban esperanzas.

 

La valentía para Gryffindor,

La lealtad para Hufflepuff,

La sabiduría para Ravenclaw

Y la astucia para Slytherin.

 

Con el paso de los siglos,

las casas a convivir aprendieron,

de cierta modo en armonía

y en conjunto entendieron.

 

Yo elegía alumnos a diestra y siniestra,

porque mi labor así lo exigía,

como Sombrero Seleccionador creado

para cada casa que se distinguía.

 

Hubo un tiempo oscuro,

en que un Mago Tenebroso

con fiereza hundía.

Haciendo lo posible por romper

la pequeña felicidad que los unía.

Su malvado nombre se aprendió a temer,

y ahí fue el peor error que pudimos cometer.

 

Sembró terror, odio, miedos y dudas por doquier,

haciendo que las cosas terminaran ya por ver,

más las diferencias entre ellas que las similitudes,

y eso los llevó a estar en un caos

por las siguientes actitudes:

 

Gryffindor reinaban en ellos el orgullo,

La inseguridad en los Hufflepuff era lo suyo,

Ravenclaw lugar de los arrogantes,

Y en Slytherin los avaros andantes.

 

Sin embargo, la luz pudo hacer

que esta guerra llegara a su fin

haciendo que las casa se volvieran hermanas

unas con las otras al fin.

 

Yo como sombrero pensante les invito

a que hagamos uso de esa luz,

para que nunca más tengamos

que cargar con esa antigua cruz.

 

SIEMPRE tengamos valentía

para ayudar a la causa justa,

Lealtad para dar la vida por los seres que amamos,

Sabiduría para poder ver lo bueno de lo malo,

Y Astucia para poder aludir al peligro que asusta.

 

No olvidemos que la sangre mágica derramada por varias personas,

de todas las casas ha mantenido el Hogwarts que es ya ahora,

así pues, no importa en que casa os ponga,

o que los distinga unos de otros,

recuerden que al final todos tenemos similitudes comunes,

sólo es cuestión de buscar ese gran brillo que nos une.

 

Lo sé y digo que ¡os tengan cuidado!

de los peligros que puedan avecinarse,

porque será cuando necesitemos de todas estas habilidades,

se los dice el sombrero que todo lo sabe,

no echen mis palabras en saco roto,

porque sino, caeremos toditos en el gran hoyo.

 

Sin más que decir

de este sin igual sombrero....

¡Que empiece la selección!

 

Todo el comedor estalló en aplausos cuando el sombrero terminó su canción. Éste se inclinó hacia las cuatro mesas y luego se quedó rígido otra vez. El profesor se adelantó con un gran rollo de pergamino

-Cuando los llame, deberán ponerse el sombrero y sabrán que casa irán- dijo- ¡Anders, Keisi!

Salió de la fila, Andy le deseó suerte. Se puso el sombrero, que le tapó hasta los ojos, y se sentó. Un momento de pausa.

-¡GRYFFINDOR!- grito el sombrero. La mesa más alejada de la izquierda estalló en aplausos.

-¡Eagle, Gerard!- un niño alto, salió de entre los demás. Era algo desgarbado, su cabellos castaño estaba despeinado y alborotado, mientras que sus ojos marrón mostraban cierto nerviosismo.

-¡HUFFLEPUFF!- gritó el sombrero medio minuto después de habérselo puesto

-¡Fleur, Beth!- una niña se adelantó, tenía el cabello rubio con ojos verdes, se puso el sombrero y espero.

-¡HUFFLEPUFF!

-¡Flitwick, Gustav!- el niño salió de la fila, no sin antes recibir palabras de aliento.

-¡RAVENCLAW!- grito el sombrero apenas rozándole la cabeza

-¡Grace, Viry!- una niña de cabello negro paso, se veía un poco nerviosa.

-¡RAVENCLAW!- La segunda mesa a la izquierda aplaudió esta vez.

-¡Grayson, Alexandra!- una niña algo bronceada, salió entre la fila. Tenía el cabello negro, largo y lacio.

-¡GRYFFINDOR!

-¡Green, Andrea!- algunos murmullos se escucharon a su alrededor. Lo que provoco cierto enojo en la niña, pero no podía evitar sentirse como una gelatina, camino lentamente y bastante nerviosa. Tomo asiento, antes de que el sombrero tapara sus ojos, vio a Mena sonriéndole.

-Tienes un pasado que no te gusta recordar. La culpa te come por dentro, pero a pesar de eso puedo ver la inteligencia en tu ser. Serías una gran Ravenclaw, pero eres humilde y modesta, serias parte de Hufflepuff, pero la valentía reina en tu corazón. Leal hasta la muerte- escuchó en su cabeza.

-¡GRYFFINDOR!- gritó el sombrero, mientras que la mesa aplaudía.

-¡Mason, Alexander!- un niño de cabellos castaño claro, se puso el sombrero y antes de que cayera sobre su rostro, Andy pudo ver sus ojos miel.

-¡GRYFFINDOR!

-¡McGonagall, Mena!- una vez más se escucharon varios murmullos. Todos pasaban la vista de la niña a la directora, que solo la observaba.

-¡GRYFFINDOR!- la mesa explotó de aplausos

-¡Moreau, Mortz!

-¡RAVENCLAW!

-¡Reed, Connor!- un chico rubio paso entre los pocos que quedaban y a los pocos segundos

-¡GRYFFINDOR!

-¡Rookwood, Lesma!- los murmullos no cesaron, en especial por ese apellido. Varios de los estudiantes no podían evitar mirar feo a la niña

-¡SLYTHERIN!

-¡Weasley, Kissy!- una niña pelirroja se adelantó, poniéndose el sombrero.

-¡SLYTHERIN!- la mesa aplaudió con cierta alegría

El profesor Longbottom enrollo el pergamino y se llevó el Sombrero Seleccionador.

La directora, Minerva McGonagall se puso de pie. Miraba seriamente a los alumnos, pero con cierto brillo alegre en sus ojos.

-¡Bienvenidos!- dijo- ¡Bienvenidos a un año nuevo en Hogwarts! Antes de que comience el banquete les daré unos cuantos anuncios.

-Los de primer año deben tener en cuenta que los bosques del área del castillo están prohibidos para todos los alumnos.

-El señor Filch, el celador, me ha pedido que les recuerde que no deben hacer magia en los recreos ni en los pasillos.

-Las pruebas de Quidditch tendrá lugar en la segunda semana de curso. Los que estén interesados en jugar para los equipos de sus casa, deben de ponerse en contacto con la señora Hooch.

-Y por último, les recuerdo que los artículos provenientes de Sortilegios Weasley están prohibidos.

-Y ahora que comience el banquete

Los platos que había frente de cada estudiante estuvieron llenos de comida. Carne asada, pollo asado, chuletas  de cerdo, salchichas, tocino y filetes, papas asadas y cocidas.

Andy se sirvió un de todo, realmente estaba delicioso.

Por último, los postres desparecieron. La profesora se levantó y los mando a la cama.

-¿Pueden esperarme?- preguntó de pronto Mena, antes de seguir al prefecto.

-Claro. ¿A donde vas?

-Con mi abuela

Tanto Andy como Keisi se hicieron a un lado para no obstruir el paso, mientras esperaban a su amiga. Pudieron ver como la abrazaba por un rato, suponían que la estaba felicitando por entrar en Gryffindor.

No demoro mucho, lograron alcanzar al grupo para entrar a la sala común. Ya se sentían bastante somnolencia en las niñas, les hubiera gustado seguir platicando, pero el día siguiente empezaban las clases. Comenzaban a escribir sus propias aventuras.





 

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¡Hola mis queridos lectores!

Pues aquí tienen una nueva historia, espero que les agrade y que me sigan leyendo. El motivo de esta nota de autor, es para decirles que este capítulo fue escrito con algunas colaboraciones, la canción que canta el sombrero seleccionador es totalmente original. Fue escrita con aportaciones de varios de mis amigos, pero el crédito se lo merecen Gustavo y Jimena, que a su vez estuvo inspirado en algo escrito por Azul y por su servidora.


Gracias chicos, por aportarme sus ideas y por el enorme esfuerzo que hicieron, sin mencionar mi agradecimiento por su amistad. Este capítulo va para ustedes tres. Gracias!!

Nos leemos!!

 



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