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Plumas de Fénix » Capítulo 3
Plumas de Fénix (R13)
Por andypotter92
Escrita el Miércoles 20 de Mayo de 2015, 17:28
Actualizada el Domingo 10 de Febrero de 2019, 23:41
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Capítulo 3

Después de que Andy charlara un poco aunque fuera con una desconocida, se sentía de cierta manera mucho mejor, y no es que con su madre no tuviera ese tipo de confianza, pero simplemente son cosas que no se pueden explicar. Mena había sido la primera persona que la veía llorar, ni siquiera sus padres.

Todavía se quedó un rato más en el lago, sumida en sus pensamientos. Recordando a Dave, aquel niño valiente, que siempre lograba sacarle una sonrisa hasta en los peores momentos, se había imaginado vivir miles de aventuras a lado de él, pero la realidad terminaba por aplastarla.

Su mirada seguía perdida en el horizonte hasta que sintió una mano en su hombro. Conocía bien ese gesto, era inconfundible la mano de su padre.

-Hay que irnos

-¿Estas bien?

-Si, ¿y tu pequeña?

-No lo sé

-No siempre tienes que ser fuerte- respondió poniéndose de rodilla para estar a su altura- Fuiste muy valiente ese día

-Ya no quiero que me digan eso

-De acuerdo, pero no olvides que estoy orgulloso de ti

-No papá- la tomó de la mano y caminaron hacía donde se encontraba Mary Green, con algunos rastros de lágrimas en sus mejillas

-¿Por qué la prisa?- preguntó la niña

-Hay que ir por tu hermanita

Eso fue lo único que logro sacarle una sonrisa a la pequeña, después de todo ya contaba con alguien a quién molestar, con quién poder jugar, alguien que fuera su confidente. Aunque claro que faltaba mucho para eso.

La familia se tomo de la mano sucumbiendo a los efectos de la desaparición, y eso odiaba  la niña, todavía no tardaba en acostumbrarse a esa sensación aplastante y asfixiante que le producía esa forma de viajar.

Aparecieron en casa, de inmediato Mary se metió a la chimenea. No tardo mucho cuando entró en la cocina con un pequeño bulto en brazos; la bebé se encontraba dormida, envuelta en una mantita verde, mientras que su madre le depositaba besos en su frente.

No olvidaba el día en que Andy se entero que habría un nuevo miembro en la familia, ese día había cambiado por completo parte de su vida, la tristeza y las marcas que dejó la guerra no se borrarían, pero al menos todo ese dolor podía ser sustituido por algo de alegría.

 

+++++++++++++++

 

-¿Estas segura?

-Si, Robert. Estoy embarazada- le enseño una prueba muggle, donde tenía un signo positivo

-Debemos ir a San Mungo

-Si, supongo

Mientras que su hija Andy se encontraba en la escuela muggle, decidieron ir al hospital mágico, querían saber si en verdad, volverían a ser padres. No tardaron mucho, en donde una sanadora les dio la buena noticia, ahora solo pensaban en la forma de cómo le dirían a su pequeña.

En aquella ocasión, ambos fueron por ella a la escuela, lo cual la sorprendieron bastante, dado que siempre se regresaba en el transporte escolar. No tardaron mucho en llegar a casa, bastante serios.

-Hija....

-Tenemos que contarte algo

-¿Qué?

-Pues.....

-Tendrás un hermanito o hermanita

-¿Enserio?- preguntó emocionada

-Si- pero de inmediato la niña se abalanzo a sus padres para abrazarlos, era la mejor noticia que podía recibir.

 

+++++++++++++++

 

El tiempo había pasado algo lento y a su vez sumamente rápido, la espera del nuevo miembro de la familia Green era ansiado. Entre antojos y mareos, pasaron los nueve meses correspondientes, y esperaban que en cualquier momento, naciera el bebé.

Los tres estaban en la sala, viendo la televisión; un artefacto muggle bastante entretenido, cuando Mary sintió un dolor en su vientre que fue aumentando y con ello, un liquido resbalo entre sus piernas.

-Oh no

-¿Que pasa, cariño?- preguntó su marido sin despegar la vista del aparato

-¿Estas bien, mamá?

-Creo que he roto agua, ya viene.

-¿Ya viene quién?- preguntaron ambos

-¡¿Cómo que quién?! ¡El bebé!

-¡¡Merlín!!- Entre los dos la ayudaron a subir al auto, mientras se dirigían a San Mungo

-Respira- decía su esposo mientras manejaba

-Tranquil mamá

-¡Uff!

-¿Qué pasa?- preguntó asustado

-Una contracción- respiró profundo

Llegaron, una sanadora ayudo a Mary a sentarse en una silla de ruedas mientras que su esposo le tomaba la mano. Apenas llegaron a recepción, se la llevaron a una habitación, mientras que tanto padre como hija esperaban. No sabían cuanto tiempo estaban esperando, hasta que una sanadora salió

-Señor Green puede verla

-¿Ya nació?

-No, todavía le falta tiempo

Cuando fue la hora, Andy estaba afuera esperando con sus abuelos, ella comenzaba a sentir cierta emoción.

Mientras tanto, Mary agarró aire y pujo, cerro sus ojos ante el dolor, escuchaba la voz de su marido en el oído, dándole ánimos y palabras de aliento. Su respiración era agitada y ya comenzaba a sudar del esfuerzo

-Puja fuerte

-No puedo

-Si puedes, amor

-Vamos, lo esta haciendo bien

Volvió a pujar, de tanto esfuerzo su rostro se tiño de rojo, su cabello estaba húmedo del sudor, soltó un grito mientras se dejaba caer en la cama.

-Veo su cabeza- dijo la sanadora

-Vamos amor, tú puedes- dejó escapar un grito de dolor dejando caer su cabeza en la almohada mientras se oía un llanto

-Felicidades. Tienen una hermosa niña

-Hola bebé, soy mamá- Mary ya tenía en brazos a su pequeña

-Es tan hermosa- dijo su marido

-Tenemos dos hijas, Robert.

-Lo sé, mis princesas- besó en la frente a la bebé, y luego en los labios a su esposa- Iré a avisarle a Andy.

Cuando salió, vio a su otra hija jugando con sus abuelos, pensaba decirle suavemente pero....

-¡Ya soy papá!- gritó emocionado- ¡Soy papá!-

-¿Ya?- La niña se lanzó a sus brazos

-Si, tienes una hermanita

 

+++++++++++++++++

 

Se despertó temprano aquella mañana con el llanto de su pequeña hermanita, siempre era tan puntual, tenía suerte de que no fuera fastidioso, casi no lloraba por las noches. Sabía que de inmediato, su mamá le daría su biberón y volvería a dormir, en cuestiones de segundos, volvió a reinar el silencio en la casa.

Se cambió su pijama, para bajar a desayunar, lo cual en el comedor ya le esperaba un sobre con su nombre. Su padre solo la veía orgulloso y feliz.

-Te llegó algo

-¿A mí?

-Si

Extendió la mano para coger el sobre amarillento, dirigido, con tinta verde esmeralda al "Señorita A. Green" sacó la carta y leyó:


COLEGIO HOGWARTS DE MAGIA

Director: Minerva McGonagall


Querida señorita Green:

Tenemos el placer de informarle de que dispone de un puesto en el Colegio Hogwarts de Magia. Por favor, observe la lista de equipo y los libros necesarios.

La clase comienzan el 1 de septiembre. Esperamos su lechuza antes del 31 de julio.

Muy cordialmente,

Filius Flitwick

Director adjunto

 

Era algo raro, no gritaba de emoción como posiblemente lo harían varios pero si estaba feliz de poder estudiar ahí. Simplemente ella era algo reservada en cuanto a sus emociones y sentimientos.

A pocos días de recibir su carta, fueron al Callejón Diagon, casi siempre sus padres evitaban llevarla porque decían que la primera impresión debía ser de ese modo, mágica y única, justo antes de irte al colegio

Antes de salir del auto, Andy desdoblo otra hoja, que no había visto y leyó toda la lista que libros y material que debía de comprar. Le parecía que eran muchas cosas, pero una sonrisa tranquilizadora de su padre la calmo.

Llegaron al Caldero Choreante, solo era padre e hija debido a que su madre se había quedado con la bebé. Era un bar diminuto y con aspecto un poco más colorido, a como se lograba recordar.

Su padre sacó su varita mientras daba tres golpes a la pared, el ladrillo que había tocado se estremeció, se retorció apareciendo un agujero. Un segundo más tarde estaban contemplando un pasaje abovedado que llevaba a una calle con adoquines.

-Bienvenida al Callejón Diagon

Había mucho que ver, la pequeña movía la cabeza en todas la direcciones mientras iban calle arriba, tratando de mirar todo al mismo tiempo: las tiendas, las cosas que estaban fuera y la gente haciendo compras.

-Primero iremos a Gringotts

Llegaron al edificio que se alzaba sobre las pequeñas tiendas. Delante de las puertas de bronce pulido, unos duendes cuidaban. No demoraron mucho en sacar el dinero necesario, después de tener los bolsillos llenos de monedas de oro, Andy no sabia hacia adónde ir primero.

-Primero hay que comprarte el uniforme

-Pero mamá diseña

-Lo sé, hija. Pero esto es diferente

Entraron a la tienda, se subió a un banquito, mientras le deslizaban por la cabeza una larga túnica y comenzando a marcarle el largo apropiado, después de un rato salieron para ir a comprar los libros de texto en Flourish y Blotts.

-Esto es......-se quedó sin palabras al ver la tienda

-¿Maravilloso?

-¡Si!

-Me encanta que te parezcas tanto a tu madre

-¿No te gusta leer?- pregunto mientras leía la contraportada de un libro

-Si, pero no tanto como a ustedes

-Te pierdes de mucho papá

-En lo que eliges algo, pediré tus libros

-Ajám

Entró por los largos pasillos, admirando cada libro que veía. Era sensacional estar en ese lugar. Se detuvo en una sección, donde al parecer había encontrado lo que buscaba; comenzó a hojear el libro, maravillada por la información.

-Me tienes limitado

-¡Claro que no!

-No me dejas tener amigos.

-No, tu única amiga solo debo ser yo

Andy escuchó ese intercambio de palabras, pretendía ignorar esa pequeña discusión, pero su curiosidad era más fuerte, por lo que siguió el sonido de la voces hasta el final del pasillo, justo en un rinconcito de la sección de Transformaciones; eran dos niños los que estaban discutiendo, la cual uno de ellos se le hacía familiar.

-¿Mena?

-Hola- saludó al escuchar su nombre- ¿Andy?

-Si, soy yo

-¿Cómo estas?

-Bien, comprando mis cosas

-¿También entras este curso a Hogwarts?- preguntó

-Si

-Oh, lo siento- se disculpo- Te presento a mi amigo Gustav- era un niño bastante simpático, y alto a pesar de su edad. Usaba unos bonitos anteojos que le daba un aire inteligente

-Mucho gusto- saludo estrechandole su mano

-Ella es Andy

-¿Ustedes también entran van a Hogwarts?

-Si, solo que hemos demorado en comprar los libros- dijo Mena con un gesto aburrido- O mas bien, no se decide él.

-Ya te dije que si voy a comprar un libro debe ser bueno, importa mucho el contenido.

-La sabiduría- mencionó pesadamente

-Así es

-Yo también buscaba un libro- dijo como si nada, Andy.

-¿Te gusta leer?- preguntó sorprendido Gustav

-Si, mucho

-¿Ya ves Mena? No todos son un troll- ella solo le saco la lengua mientras que el niño le sonreía burlonamente.

-¡Yo no soy un Trol!

-¿Y quien dijo eso? Tú sola te dijiste

-Eres un bobo

-¿Andy?

-Ese es mi padre- mencionó de pronto al escuchar esa voz. Tomo el libro que le había interesado- Supongo que los veré en el expreso.

-Claro

-Hasta luego- se despidió de ambos

Luego de comprar los libros, se dirigieron al Emporio de la Lechuza, en donde Andy salió con una gran jaula con una bonita lechuza parda. Lo último que faltaba era la varita, así que entraron en una estrecha tienda, sobre la puerta se leía "Ollivander". Al entrar se escuchó una campanilla.

-Buenas tardes- dijo una voz amable. Un anciano de pelo blanco y ojos grandes y pálidos, ya se encontraba detrás del mostrador.

-Hola

-Buenas tardes señor- saludo el padre de la joven

-Sr. Green- dijo el hombre- Parece que fue ayer el día en que vino a comprar su primera varita.-Bueno, ahora… Déjame ver- saco de su bolsillo una cinta métrica, con marcas plateadas- ¿Con que brazo coges la varita?

-Con la derecha

-Extiende tu brazo. Eso es- la midió desde el hombro al suelo, de la rodilla a la axila y alrededor de su cabeza. -Esto ya está- dijo, y la cinta métrica se enrollo en el suelo- Bien, prueba esta. Ébano, cola de unicornio, veinte centímetros.

Andy la cogió y la agito a su alrededor, pero el señor Ollivander se la quitó. Probó unas cuantas más, cuando le puso otra en la mano

-Veinticuatro centímetros de largo, Elástica de Sicómoro, con centro de unicornio, excelente para aventuras- recitó

Tocó la varita, sintiendo un súbito calor en los dedos, una corriente de chispas rojas y doradas estallaron en la punta como fuegos artificiales.

Cerca del atardecer, Andy y su padre regresaron a casa, emprendieron su camino otra vez por el Callejón Diagon a través de la pared, y una vez mas por el Caldero Chorreante, ya casi vació. Ambos iban cargados con varios paquetes, pero no fue tanto tiempo debido a que habían llegado en el auto.

-¿Cómo les fue?- preguntó Mary al ver a su esposo e hija, mientras le daba de comer a la pequeña Dayra

-Estamos cansados

-Les creo

-Ya pronto cenaremos

-Iré a mi habitación- mencionó la niña

-¿Puedes estar un rato con tu hermanita?

-Claro- tomó a la niña con cuidado.

Estuvieron un rato en la sala, Andy jugaba con ella, haciendo algunas muecas para hacerla reía, solo se escuchaban las carcajadas de la bebé. Unos minutos después, su madre anunció la cena.

Toda la familia estaba reunida, Dayra estaba sentada en su sillita, con algunos pequeños juguetes, mientras que los demás comían. La niña no pudo evitar contarles acerca de que era probable que ya tuviera amigos, la verdad es que se encontraba ilusionada, desde que Dave murió, se reservaba mucho.

En la escuela muggle solo los consideraba sus compañeros, ninguno como un amigo, y eso en verdad esperaba que cambiara. Esperaba que en Hogwarts cambiara, su vida y lograra calmar ese dolor que sentía, por que después de todo, las cicatrices que tenía no se borrarían jamás, serían un claro recordatorio de la lucha por el bien.

 

 

 



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