Historia al azar: Una Foto en Blanco y Negro
Regístrate | Recupera tu contraseña
     
     
Menú




 
¿Quién ha añadido esta historia a sus Favoritos?
Plumas de Fénix » Capítulo 22
Plumas de Fénix (R13)
Por andypotter92
Escrita el Miércoles 20 de Mayo de 2015, 17:28
Actualizada el Domingo 10 de Febrero de 2019, 23:41
[ Más información ]

Capítulo 22

Murmullos de emoción invadieron el Gran Comedor. Teorías se formulaban en la mente de cada estudiante. ¿Qué era ese evento tan importante que sucedería? ¿Otro torneo de los Tres Magos? Un posible intento con el propósito de limar asperezas con las restantes escuelas mágicas. La última vez no funcionó, tomando en consideración los infortunados sucesos que se dieron en esa edición al morir Cedric Diggory y el retorno de Lord Voldermort. Ahora, siendo tiempos diferentes, intriga y curiosidad generaba excitación en la mayoría. Mena, Andy y Gus se juntaron, antes de ir a sus respectivas torres, para charlar del asunto. Se estaban preguntando si por fin sus dudas se aclararían después de las visitas que habían hecho en invierno.


—¿Qué creen que sea? —preguntó la castaña saliendo del gran comedor junto con los demás, en medio de tantos murmullos.


—No lo sé, dudo mucho que sea el Torneo de los tres magos —respondió Gustav pensativo


—¿Por qué lo dices? —en esta ocasión fue la pelirroja quien preguntó


—Pienselo bien. Andy y su padre fueron al sur de América. Yo estuve en el norte y también en Asia, ¿No les dice algo?


—No… bueno, sólo que a lo mejor fue una búsqueda de magos importantes. No olvides que mi papá se dedica a eso


—No sé, no me cuadra del todo eso


—Supongo que ya sabremos cuando mi abuela nos diga


—Yupi —expresó Andy con sarcasmo


Se despidieron en las escaleras, antes de que las chicas entraran por el retrato de la dama gorda, Mena se quedó unos instantes charlando con Gustav. Andy pensó en replicar algo, pero se contuvo porque sabía que recibiría un típico: "metete en tus propios asuntos, Green." Al término de su corta conversación, se metieron a la sala común de Gryffindor mientras que él siguió su camino hacia la torre de Ravenclaw. Al entrar subió a su dormitorio, el banquete había dejado a los estudiantes aturdidos, la comida era bastante buena, cortesía de los elfos. Eso hizo que se acordara de Gludy, y su encuentro del curso pasada con Somender. Todos esos detalles de su castigo y sobre su pequeño amigo era algo que no les había contado a los demás, por el momento tampoco tenía intenciones de hacerlo. Si sus dos mejores amigos tenían secretos, no veía el porqué ella no. Con esos pensamientos, se quitó la túnica y se puso la pijama, estaba realmente agotada tampoco tenía intenciones de pelear con las Slytherins, así que esperaba que dejaran de molestarla. Se metió a la cama y de inmediato Morfeo acudió a ella.


Cuando Andy, Mena, Keisi y Alexander entraron en el Gran Comedor al día siguiente a desayunar, lo primero que vieron fue a Kissy Weasley y Lesma Rookwood juntas, cuchicheando sobre algo. La castaña se preguntó si estaban planeando algo en contra de ella y si debía estar más que alerta. Ya estaba cansada de caer en sus bromas, salir castigada y perder puntos, por eso había jurado que ese curso se portaría bien, estaba más que dispuesta a no caer en provocaciones.

—Sé lo que piensas —le dijo Alexander, quien iba detrás de ella


—¿Ah sí? ¿En qué pienso? —desafió con una sonrisa


—En que están buscando la forma de fastidiar


—Bueno, eso es muy normal de ellas


—No empecemos mal el curso —comenzó a reñir Mena y mirándola con cierta advertencia


—Yo no estoy haciendo nada —respondió inocentemente mientras se dejaba caer sobre un asiento de la mesa de Gryffindor a lado de Gavin.

—Los nuevos horarios de tercero —anunció pasándolos al resto de todos —¿Qué tal el verano?


—Muy bien, ¿Y el tuyo? —se acercó unas cuantas tostadas y la mermelada


—Tranquilo, ya sabes. Ideando nuevas estrategias para ganar la copa de Quidditch, pero este curso, por lo que veo, no habrá —respondió con un suspiro


—Será por una buena causa... supongo —pero de nuevo le llamó la atención que las Slytherins estuvieran hablando con las cabezas juntas, dejando su tostada a medio camino de su boca —Algo traman —susurró


—Si te sirve de consuelo... no es nada en contra tuya —dijo alguien más. Amshel tomó asiento al otro lado de su amiga


—¿Por qué lo dices? —antes de responderle observó brevemente a Gavin, no todos sabían su secreto


—Oí por ahí que alguien de su misma casa la enfrentó —mintió con naturalidad


—¿Cómo? ¿Qué pasó?


—¿Quien? —Andy necesitaba saber aunque su instinto sabía la respuesta


—Una tal Mariana Somender —al escuchar le dio más interés en saber más


—¿Quién es esa chica? —preguntaron sus amigos


—Fue mi compañera de castigo el curso pasado. Va en segundo —eso era algo que no les había comentado a los demás —Pero… ¿Sabes qué ocurrió?


—Sabe que tú no planeaste la broma, ya sabes, por la cual las castigó MacMillan. Y le reclamó a Weasley porque creo que las escuchó planeando algo.


—¡Guau!


—Lo que no tolera Weasley porque fue justo cuando la sala común estaban todos —Sin poder evitarlo, comenzaron a reír


—Debería invitarle una cerveza de mantequilla —expresó Andy encontrando con la mirada a la chica. Estaba al otro extremo de la mesa, desayunando tranquilamente con lo que intuía eran sus amigos. Hubiera dado lo que sea por ver semejante humillación.  


Terminaron aprisa el desayuno, se despidieron de Gavin y volvieron atravesar el Gran Comedor. Al pasar al lado de la mesa de Slytherin, no pudo evitar sonreír al saber lo ocurrido. No sabía que existiera alguien con capacidad suficiente de poner en su lugar a otro miembro de su propia casa. Kissy Weasley seguía pensando en la noche anterior, no toleraba que una novata la hubiera humillado enfrente de todos en la mazmorra; le bastó poco tiempo para averiguar de qué familia provenía, y saber que clase de persona era.


Los Somender. Familia sangre pura, reconocidos en el mundo mágico y con el respeto del mismo ministerio por su labor en el campo de investigaciones de maldiciones mágicas. Todo era basura, sin embargo, eran personas sumamente ocupadas que tenían que dejar a su pequeñita princesa con un tutor. Le era inevitable reírse de ello, siempre pensó que Green era detestable haciéndose la víctima, pero quizás había encontrado a alguien peor. Somender tendría que pagar por su indulgencia en atreverse a reñirle y amenazarla. Pagaría caro, no le importaba que pertenecieran a la misma casa, ni siquiera escuchar al prefecto perfecto de su hermano. Silenció en su mente, la voz autoritaria de su padre, porque aunque lo dudara aquella niña tonta, ella siempre llevaba un paso adelante que todos.


—¿En qué piensas, cabeza de zanahoria?  —preguntó Lesma al notar que no probaba bocado de su desayuno.

—En lo de ayer


—¡Uy! Te conozco ¿Piensas hacer algo?

—Por supuesto que si, esto no se puede quedar impune


—¡Claro que no! Te amenazó


—Lo sé


—Y dime… ¿Qué piensas hacer? —se acercó más a ella para que pudiera decirle su plan —¡Brillante idea!

—¿Con quién crees que hablas? —expresó con arrogancia


—Pensé que esa sería para Green


—Y lo era. Todavía no paga todas y cada una de las que me debe, pero ella puede esperar

—Amo tu mente brillante

—Yo tambien me amo


—¿Este verano te dijeron algo? —la pelirroja asintió —Tu hermano, de seguro —dijo poniendo los ojos en blanco

—Mi padre


—¿En serio? ¿Qué te dijo?

—Que dejara de hacer bromas estúpidas

—¿Y por eso vas a hacer una tan genial? —respondió Lesma con una sonrisa maquiavélica

—Nadie se burla de mí —sentenció Kissy


Los Gryffindors tenían transformaciones con los Ravenclaws, así que se fueron juntos al aula. La profesora Marel dio inicio a la clase sobre animagos; brujos que pueden transformarse a voluntad en animales, hizo un breve repaso de magos que han sido capaces de transformarse, claro que no dejó de mencionar a la profesora McGonagall. Al terminar, se unieron a la multitud que se dirigía bulliciosamente al Gran Comedor para el almuerzo, no todos iban hacia el mismo lugar, ya que Mena y Gus tuvieron una de sus desapariciones para ir hacer lo que sea que estén haciendo. Su secreto que guardaban con tanto ahínco.


—Yo que tú, no iba ahí —evitó Amshel que su amiga Andrea entrara. Alex y Keisi se detuvieron chocando con la chica


—¿Por?


—Hazme caso, espera unos minutos


—¿Qué pasa? —preguntó Alexander confundido


—Al parecer no eres la única enemiga de Weasley


—¿De qué hablas? —fue esa ocasión que Keisi también estaba interesada


—¿Hablas por lo que nos contaste en la mañana? —el semihumano asintió —¿Qué harán?


—No te metas en ello, en serio —Muy tarde. Había despertado su interés


—¿Una broma?


Antes de esperar una respuesta, comenzó a buscar por todos lados hasta que su vista se detuvo en el marco de la puerta, justo arriba de esta. Apenas tuvo tiempo para asimilar lo sucedido, era simple; un globo estratégicamente colocado sobre Mariana Somender. Ella iba entrando al gran salón sin tener idea de nada, algo la había impulsado para empujar a la joven slytherin sin importarle sus reclamos.


—¿Pero qué crees que haces, Green? —preguntó enfadada al notar quien la empujó.


Uno... Dos... Tres... Weasley y Rookwood apuntaron con sus respectivas varitas mágicas por el resquicio que había en la puerta: Diffindo. El globo fue cortado por la mitad; una mezcla de una sustancia verdosa, acompañado por polvos picantes y harina cayó sobre la Gryffindor. Los chillidos de sorpresa y asco no tardaron en inundar el corredor de piedra.


—¡Andy! —gritaron sus amigos mientras trataba de quitarse la sustancia verdosa de sus ojos.


—Te dije que no te metieras —mencionó Amshel


—Ay cállate, Santino.


—Vaya sorpresa ¿Acaso se encuentra de nuevo en problemas, señorita Green? —al escuchar esa voz, sabía que estaría en aprietos, justo lo que quería evitar a toda costa


—Yo... no… Todo tiene una explicación  


—Me temo que ya hemos tenido bastante de sus bromas —el profesor Higgs la observaba


—Pero no fui yo


—Es verdad profesor, yo puedo asegurarle lo que ocurrió...  —Mariana no entendía lo que acababa de suceder, pero sabía que la noche anterior había discutido, con probablemente la mente maestra de dicha broma, la que al parecer iba dirigida hacia ella. Eso terminaría de una buena vez pero no podía dejar que Andrea pagara por ello.


—Me gustaría pensar que no querrá que le quite valiosos puntos a su casa por entrometerse ¿Verdad, señorita Somender? ¿Cometerá ese error?


—Yo creo que usted… —pero Andy negó con la cabeza —No, profesor —suspiró resignada. En otro momentos discutiría algunas cosas con Higgs, pero no le convenía tener problemas. No quería que a su padre le llegara una lechuza por la inadecuada conducta de su hija.


—Es que Andy no tuvo la culpa… —los reclamos de sus amigos quedaron en el aire


—Cinco puntos menos a Gryffindor


—Profesor Higgs…


—Es mejor que se retiren de mi vista —sus reclamos se quedaron ahogados, no pretendían perder más puntos. No tuvieron otra alternativa más que obedecer —Y usted, Green... —El profesor Higgs hizo aparecer un pequeño rollo de pergamino, de igual forma una pluma y comenzó a garabatear, tapandolo para que la castaña no pudiera leer lo que escribía. Nadie habló. Después de un minuto, enrolló el pergamino y lo golpeó con su varita; lo selló para que no lo pudiera abrir —Dele esto a la Profesora Marel —dijo dando la nota —Vaya a la oficina de su jefa de casa, ahora.


—Si, profesor —Lo cogió sin decir una palabra, se giró sobre sí misma. Anduvo muy deprisa por los pasillos, con la nota para Marel fuertemente agarrada con su mano. Tocó con suavidad la puerta del despacho, al llegar.


—Adelante —escuchó —Green ¿Qué hace aquí? ¿Qué le pasó? —con un movimiento de varita la limpió de toda la sustancia viscosa y verde.


—Me han mandado a verla


—¿Mandado? ¿Qué quieres decir con que te han mandado? —Le tendió la nota del profesor Higgs. La profesora Marel la tomó, frunciendo el ceño, la abrió con un golpe de varita y desenrolló para comenzar a leer.


—Toma asiento, Green ¿Y bien?


La profesora Merlina Marel era una bruja irlandesa con sangre inglesa correriendo por sus venas, proveniente del lado de su madre. Cabello rojo zanahoria largo y ojos claros, unos opinan que son grises, otros azules, y algunos más dicen que son violeta como Eo, su tía abuela… ella dice que son pamplinas. Fue criada por sus tías abuelas tras la desaparición de sus padres en una redada contra mortífagos, unos años después de la caída de Voldemort, en la Primera Guerra Mágica. Creció en un ambiente mágico ayudando a sus tías con la tienda de la familia: una tiendita de remedios, pociones mágicas y no mágicas. Asistió a la escuela muggle donde se familiarizó con su tecnología y sus costumbres, convirtiéndola en lo que sus tías denominaban "muggwitch."Asistió a Hogwarts y perteneció a la casa de los leones, tiempo después de que la profesora McGonagall asumiera la dirección, ella se hizo cargo de impartir la asignatura de Transformaciones y de inmediato, se convirtió en jefa de la casa de Gryffindor. A pesar de que sus tías siempre la invitaban a convertirse en un animago, ella nunca tomó esa opción.


—¿Es esto cierto?


—¿Si es cierto el qué?


—¿Hiciste esa broma?


—Yo…


—Coge una galleta Green —señalando una lata que estaba sobre uno de los montones de papeles de la mesa


—Eh… gracias


—Eres buena estudiante, inteligente y audaz pero si sigues haciendo este tipo de bromas…


—Es que no fui yo, profesora.


—Entonces… ¿Quién?


—Aunque se lo diga, no me creerá.


—Aquí dice que te ha castigado todas las tardes de esta semana, empezando mañana —dijo la profesora Marel mirando otra vez la nota.


—¡Todas las tardes de esta semana! —repitió Andy horrorizada —Pero profesora ¿usted no podría..?


—No, yo no puedo —dijo rotundamente —Él es tu profesor y tiene derecho a castigarte. Debes ir a su despacho mañana a las cinco en punto —Sin nada más que decir, se levantó de su silla, al igual que ella invitando a salir de su despacho.


—Genial… —bufó estando afuera —otro castigo —se retiró a su siguiente clase molesta por su mala suerte.


[***]


Mariana seguía sin comprender lo sucedido en el almuerzo, lo que tenía en mente es que Andrea Green se había metido en problemas y ¿Por ella? Sopesaba cada una de sus posibles teorías al respecto, y era imposible olvidar lo ocurrido la noche anterior. ¿Esa broma había estado dirigida hacia su persona? Algo que a esas alturas, todo Hogwarts lo sabía. Ese numerito que le había gastado Kissy Weasley a la joven Gryffindor estaba en boca de todos.


—¿Dónde estabas? —preguntó Adam cuando su amiga tomó asiento a lado de él después de haberle dado, rápidamente, disculpas al profesor Flitwick por haber llegado tarde


—Yo también quiero saber ¿Dónde te metiste? —susurró Holly bastante interesada


—Estaba desayunado…


—¿Tanto tiempo? —insistió con cierta intriga en su voz —Vamos, Somender. ¡Dinos!


—Les estoy diciendo la verdad, ¿Acaso no me creen? —fingió estar muy interesada en sus anotaciones de lo que decía el profesor


—Ay mi pequeña, Somender. Te conozco a la perfección para saber qué me estás ocultando algo —guardó silencio pensando cómo explicarles a sus amigos lo sucedido en el gran comedor, ya que no la dejarían en paz.


—¿Y bien? —Adam también quería saber


—Creo que Green me salvó de no estar verde


—¿Verde? ¿En qué sentido?


—Llena de una gelatina


—No entiendo —susurró el chico pensativo


—¿Estás tratando de decir que la broma que acaba de realizar Weasley y Rookwood, la que todo el mundo habla, era para ti? —Holly no podía creerse eso, después de mencionarlo se comenzó a reír


—¿Y ahora de que te ries? —fue en esta ocasión Mariana la que no comprendía el motivo de su risa


—Te estás suavizando


—¿Por qué dices eso?


—¿Cómo puedes creer que un Gryffindor se metería en problemas por ti? —de nuevo comenzó a reír hasta que el profesor Flitwick les llamó la atención


—¿Cuál fue el chiste? —susurró Adam sin entender nada

—No lo sé


—Son unas ternuras…

En el resto de la clase se quedó pensando en lo dicho por Holly, una parte de ella no creía que esa chica que la metió en problemas, ahora hubiera evitado los mismos resultados. Se negaba a creerlo aunque de igual manera sabía que enfrentó a la persona causante de tantas bromas estúpidas. Lo pensó mientras hacía sus deberes en la sala común; no paraba de darle vueltas al asunto, al final tampoco sabía cuál había sido el destino de Green. Se enfrascó en los libros de encantamientos para comenzar su redacción, hasta que un ave rojiza se posó en su brazo. Traía atada en sus patas un pergamino.


—Hola, Tarrant —acarició sus plumas mientras tomaba con cuidado la carta. Reconoció al instante la pulcra caligrafía de su hermano.


Hola, hermanita:

Te tengo una noticia que sé te gustará mucho. En compensación por haber pasado sólo la mitad del verano contigo te ganaste un pase para compartir tiempo de calidad con tu querido hermano. Será cerca de dos meses, el cómo y cuando te lo diré pronto. Por el momento no te puedo decir mucho sino estaría en problemas. Tengo demasiado que contarte…

Te quiere,

Benjamín.

No se sentía para nada mejor, al contrario, hizo sentirse más confundida de lo que ya estaba, sus letras carecían de información importante. Ya pensaría de eso después, o trataría de sonsacarle todo en otro momento. A la hora de la cena, la profesora McGonagall se levantó dispuesta a dar un anuncio. Todos guardaron silencio, era inusual que algo así pasara. Todo lo que tendrían que saber lo decía en el banquete de bienvenida, aunque suponían que tenía que ver con el evento por el cual cancelaron la temporada de Quidditch.

—Buenas noches queridos alumnos. Varios de ustedes se quedaron con la intriga de saber que pasará en el castillo —un murmullo de asentimiento corrió —Pues bien, tendremos el honor de ser la sede de un emocionante evento que tendrá lugar durante los próximos meses. Un evento que será la primera vez que se realizará. Es un gran placer para mí informarles de que este curso, Hogwarts será participe del Torneo Interescolar de Quidditch. —Otro gran murmullo recorrió el lugar por parte de todos los estudiantes amantes de dicho deporte —Nuestros departamentos de Cooperación Mágica Internacional junto con el de Deportes y Juegos Mágicos han decidido apoyarnos en intentar esta idea. Hemos trabajado a fondo este verano para que todo salga de maravilla.


—¿Pero... cómo será? —preguntó Andy a sus amigos anonadada por la noticia —¿No son pocas escuelas ?


—Sí, es raro —respondió Alexander también intrigado


—Pero será interesante


—En pocos días llegarán los directores de Beauxbatons y Durmstrangs con su selección de jugadores. El torneo dará inicio en octubre, sé que todos tratarán a nuestros huéspedes extranjeros con extrema cortesía mientras están con nosotros, y que darán su respectivo apoyo a la selección de Hogwarts.


>>Para pertenecer al equipo harán las pruebas necesarias, así que se recomienda que se presenten con su actual capitán de casas. Aquel que no pertenezca al equipo de su correspondiente casa y quiera intentarlo podrá hacerlo.


—¿Qué les parece la noticia? —preguntó Dii Embers observando a McGonagall tratando de no perderse otra noticia


—Supongo que suena bien —respondió Gerardo


—Al menos podría ser mejor que las tontas bromas entre Green y Weasley


—Como la de hoy en la mañana ¿No?


—¿Cómo sabes que fue ella, eh Beth?

—¡Ay por favor, Dii! ¿Quién se odia tanto en esta escuela?


—¿Los Gryffindor y los Slytherin?


—Ajá… piensa un poquito más. Pon a trabajar el poco cerebro que tienes


—¿Por qué no mejor me lo dices tú? —la chica cruzó los brazos esperando una respuesta


—Hasta donde sé Green de nuevo terminó castigada, el curso pasado antes de irnos de vacaciones de igual forma


—¿Por? —el chico giró la cabeza hacia la mesa de las serpientes. No era tan difícil dar con una pelirroja


—Weasley. Ha llevado la ventaja en esto de las bromas


—¿Y eso qué tiene que ver con el quidditch?— preguntó de pronto Dii haciendo un gesto


—Green. Ella juega, supongo que querrá ser parte del equipo


—Pues ojalá nuestro equipo sea parte. Hicieron muy buena temporada


—Mínimo que sea Leo. Ese tipo tiene espíritu.


Gavin estaba entusiasmado con la idea, Cristián Wood no podía creerlo, tenía un brillo en sus ojos. Estaba dispuesto a ganarse un lugar en la selección; sería un paso para su carrera y estaba convencido que lo lograría. Todos los jugadores de todas las casas querían ser parte del equipo. El espíritu de competencia y el sentimiento de poderío para demostrar quien es mejor, comenzaba a correr por las venas de cada jugador, tanto aquel que era partícipe del equipo de su propia casa como aquel que tenía la intención de serlo. Cada capitán tenía en mente a sus propios postulantes, querían que la selección del colegio tuviera a los mejores, y preferían que quedara a manos de los que, al menos llegaron a la final el curso pasado.


—Ya me imagino a todos, practicando con sus escobitas —reprochó Holly haciendo un gesto de fastidio


—Ese equipo debe estar a la altura. Debe tener jugadores como yo —exclamó Mark con una sonrisa arrogante


—¿Tú? —preguntó la pelinegra sin creerlo —¿Sabes qué para eso debes jugar quidditch?


—Sé jugar


—¿Ah sí? —sono incredula y con un tono burlón


—Sí


—No cuenta si es en tus sueños, Wallock


—No puedo soñar algo que ya soy —guiño un ojo y con esa sonrisa arrogante


—¿En serio juegas, Mark? —preguntó Mariana con curiosidad, era algo que no sabía de él


—Y muy bien


—Dices…


—Cuando sea parte del equipo, esperaré una disculpa —respondió el slytherin con demasiada seguridad


—Antes muerta que disculparme contigo —expresó la pelinegra volviendo a prestarle atención a la directora


—También me complace anunciarles que la gran Gwenog Jones, jugadora de lasArpías de Holyhead —una bruja morena, que se encontraba casi al extremo opuesto de la mesa, se levantó e hizo un saludo —ha aceptado a entrenar a la selección de Hogwarts. Así que, aquellos que sean seleccionados tendrán entrenamientos arduos con ella.


El entusiasmo duró el resto de la noche, nadie se había imaginado que un evento de esa magnitud  fuera la gran noticia. Se respiraba el interés por el deporte, otros por los jugadores de las escuelas, pintaba para ser un buen curso.


Durante las dos próximas semanas, los estudiantes estuvieron presentándose a las pruebas que se realizaban en el campo de Quidditch. Gwen era demasiado buena, y a todos los participantes les exigía al máximo. La mitad del castillo, amante del deporte, se presentó con escoba en mano. Sin duda no era apto para aquellos que ni siquiera sabían volar. Andy se presentó a la prueba como guardián, pensó que también lo harían sus amigos Mena y Gustav pero no fue así. Como siempre, cada vez los veía menos. Para no generar un caos, Gwen propuso hacer las pruebas de cada posición en diferentes días para darles oportunidad a aquellos que creían  no obtener un puesto e intentarlo, con el propósito de evitar nerviosismos. Acordó que cuando las otras escuelas estuvieran en el castillo daría a conocer a los seleccionados, había nerviosismo en aquellos que presentaron prueba pero también contaban con cierta confianza en hacer lo que había dicho McGonagall: llevar a Hogwarts a la gloria.


Las clases dejaron de ser serias debido al entusiasmo que reinaba en el ambiente por parte de todos los aficionado al deporte mágico. Cada capitán de cada casa comenzaba a recibir a los primeros aspirantes para presentar las pruebas necesarias. Planeaban entrenamientos arduos, al menos los que ya estaban en el equipo anteriormente, otros no confiaban y preferían entrenar por su cuenta y propios medios. Mariana iba rumbo a su sala común, caminaba lentamente con algunos libros en sus brazos, esperando encontrar calma y poder iniciar sus deberes antes de que estos se acumularan; doblando la esquina vio salir de la oficina del profesor Higgs a Andrea Green. Se preguntaba qué hacía tan tarde. Sin notarlo cada una iba sumida en sus propios predicamentos que chocaron, produciendo que a la Slytherin se le cayeran los libros.


—Lo siento mucho... —comenzó a disculparse de inmediato la castaña —Hola Mari…  Somender —rectificó ruborizada a darse cuenta con quien había chocado


—Andrea… Green —dijo mientras veía los libros en el suelo

—Perdón. No ví por donde iba — se apresuró a recoger los libros —Enserio, discúlpame


—Tal parece que es una costumbre tuya —tomó sus libros —No pasa nada, pero estaría que tuvieras más cuidado


—Puede que si tengas razón y esto se haga costumbre —rio levemente —Lo siento, es que venía de pasar toda la tarde con Higgs y... Bueno, no importa. Lo siento


—Aunque desconozco el motivo, creo no muchos habrían querido pasar toda la tarde con el adorable profesor Higgs —trato de no reír fallando por completo


—Estoy castigada... De nuevo —suspiró con fastidio —y así será toda la semana. Así que no, no es para nada adorable


—Algunas piensan que es lindo… ¿Si sabes a lo que me refiero?


—Sé a lo que te refieres.


—No suele ser empático con la mayoría de sus estudiantes, aunque creo que eso ya lo notaste  —se recargó en la pared —Es por lo de la broma de mal gusto ¿Verdad?


—Son muy pocos profesores que son empáticos. No puedo hacer mucho al respecto… —respondió con un gesto —Y si, me castigaron por ello. Yo... La profesora Marel no pudo hacer nada


—Creo que no siente gran empatía hacia ustedes —observó el escudo del león —Y bueno, además tampoco tu comportamiento se la deja fácil —hizo una pausa —Yo… sé que no fue culpa tuya y que esto no es justo para ti —le costaba decir este tipo de cosas —Es que… lamento que la profesora no pudiera hacer nada... Yo…


—Ajá


—Lamento… no haber podido hacer nada… Por ti —exclamó. Jamás creyó poder decirle eso a alguien ajeno, pero Andrea Green ya no parecía ser una persona más en el castillo. Ella la había ayudado


—¿Oí bien? —se mofó, sin duda esto le divertía —Una Slytherin y más aún, Mariana Somender, la niña poco amigable —se rió ante su propio comentario —¿Siente pena por mí? —aunque la diversión le duró pocos segundos —No importa ya, la verdad. Creo que la que comenzó con este asunto de las bromas fui yo


—¡No soy una niña poco amigable! —se quejó pero de igual manera rió —Es muy común en el mundo en el que vivimos que una Slytherin sienta pena por los tuyos, pero no —ambas siguieron riendo por unos instantes


—Eres poco amigable. Apenas te dignaste en dirigirme la palabra cuando nos castigaron. No hay forma de defenderte —pensando bien las cosas, realmente era lo contrario a lo que decía, quizás si dieran la oportunidad de conocerse mejor...


—Claro que puedo defenderme, no soy poco amigable y el dirigirte o no la palabra es una cuestión completamente distinta. Además no era mi intención terminar castigada —sin duda eso fue un golpe bajo para la castaña, porque ella sabía, y de sobra que tuvo algo que ver con el castigo de MacMillan. Weasley estaba teniendo un paso adelante.


—Golpe bajo


—Sabes que tengo razón


—¿Por qué es distinta la situación? Yo trataba de disculparme por lo ocurrido y ni una palabra o mirada. Así que eso te convierte en poco amigable.


—¿Esperabas acaso que llegara al castigo con galletas? —enarcó una ceja y en sus labios se formó una sonrisa —¡cierto! debí de haberlo olvidado —sonrió aún más anchamente


—No galletitas pero si pastelitos. Son deliciosos —respondió al entender perfectamente el sarcasmo. No sabía por qué pero le agradaba


—Deliciosos, en especial cuando siempre tienes la razón


Touché. Aunque en esta ocasión no fue mi culpa. Yo no pretendía hacer nada en este curso, me refiero a bromas —aclaró


—En verdad, yo sé que no mereces esto y en mi muy particular opinión no importa quién comenzó, sino como termina y por el bien de todos, más el tuyo, espero que esto acabe de una vez —agregó con un poco más de seriedad


—Supe que enfrentaste a Weasley. ¿Es cierto?

—¡Oh vaya! Si que corren rápido los rumores por aquí —se sorprendió bastante ya que no esperaba que ese rumor pasara entre sus compañeros y menos aún con compañeros de otras casas —Además no fue un enfrentamiento… sólo… hablámos —le restó importancia


—Eh... Si, los rumores —no sabía cómo expresar el hecho de que un semi vampiro había leído la mente de Weasley y por eso sabía las cosas —¿Puedo preguntar cómo pasó o por qué "hablaron"?


—Realmente es curiosa la forma en la que te enteraste… —mencionó un poco intrigada —Ya sabes y creo que a diferencia de lo que se dice por ahí, no hay mucho que contar, sólo escuché algo que ella decía y brevemente expresé mi opinión —añadió con simpleza


—Sabes que ya la tomó contra ti, ¿verdad? No creo que una breve y simple opinión haya provocado eso. La broma era para ti. Si no fuera porque me di cuenta… —suspiró —Y no te estoy echando esto en cara, hubieras acabado llena de esa sustancia viscosa.  Que igual te hubiera ido muy bien con el color de la túnica


—¿Una Gryffindor alardeando de haber salvado una vida? Que extraño —se burló —Y creo que tus sospechas son ciertas, el problema con ella es que tiene una vida aburrida y poca habilidad para comunicarse. Tiene una manera que no sea primitiva y al encontrarse con alguien que si lo hace entra en pánico… además con su poco temperamento no me extrañaría que la provoque un simple copo de nieve. Además, todo se ve bien con el color de esta túnica —alardeó


—Pues ya hablando muy enserio, dudo que te vieras bien llena de polvos que pican. Yo que tú me andaría con cuidado. Wesley al final, no se salió con la suya, al menos no del todo. Buscará la forma de humillarte


—Si pudiera hablar con el profesor Higgs sobre esto creeme que lo haría, pero Weasley le saldrán canas antes de que encuentre la forma de hacer que eso resulte. Ya lo verás, pero gracias de todos modos. Lo tomaré en cuenta


—Tú sabrás. Ojalá en serio no caigas en sus bromas


—No voy a jugar su juego… si es inteligente también ella dejará de hacerlo


—No va a "jugar limpio" —dijo poniendo los ojos en blanco


—No esperaba que lo hiciera, ¿y tú? ¿Qué más piensas hacer? además de pasar las tardes con Higgs


—Nada. ¿Acaso no me crees que me iba a portar bien? Yo ya he tenido suficiente.

—No es que no te crea pero si es algo difícil de imaginar.


—¿Y tú? ¿Piensas hacer algo?


—No lo sé, pienso que esto no es de mi incumbencia pero si Weasley insiste supongo tendré que aclararlo de nuevo


—Buscará la forma, como sea para humillarte. Pensé que lo habías comprendido. No importa si hablas con ella.


—No creo que se atreva a salir de su zona de confort


—Supongo que la obligue a salir de esa zona. Digo, jamás se imaginó que tendría de enemiga a alguien como yo… o como tú, quizás. Igual te estoy dando demasiado mérito

—Tal vez eso sea lo que tenemos que hacer

—Es posible... Es la hora de la cena. ¿Vienes?

—Necesito dejar estos libros, después iré al gran comedor. Quizá te vea por allá


—De acuerdo, entonces nos vemos. De todas formas seguiré todas las tardes por aquí — suspiró una vez más —Hasta luego —dijo siguiendo su camino mientras pensaba en la comida.


[***]


Dos semanas después del anuncio sobre el torneo interescolar de quidditch, los estudiantes debían asistir a la cena sin excusa. Se preguntaban el motivo por el cual habría otro banquete; el ruido de las charlas se incrementaban hasta que la profesora McGonagall pidió silencio, todos obedecieron esperando que por fin les diera las respuestas necesarias.


—Las pruebas de Quidditch han culminado. Gwen está analizando a cada aspirante para poder tomar la mejor decisión. Pronto daremos a conocer a los seleccionados, por ahora demos la bienvenida a los estudiantes de la Academia de Magia Beauxbatons y su directora Madame Maxime.


Dieciséis alumnos, chicos y chicas entraron al gran comedor. Detrás de ellos iba un mago vestido con una túnica más abrigadora de la misma tonalidad que del resto. Estaban tiritando, lo que no era nada extraño dado que su uniforme parecían de seda fina, y ninguno de ellos tenía capa. Algunos se habían puesto bufandas y miraban el castillo de Hogwarts con aprensión. Al dar unos pasos entró Madame Maxime revelando un hermoso rostro de piel morena, ojos cristalinos grandes y negros, con una nariz afilada. Llevaba el pelo recogido por detrás, en la base del cuello, en un moño reluciente. Sus ropas eran de satén negro, y una multitud de cuentas de ópalo brillaban alrededor de la garganta y en sus gruesos dedos. McGonagall comenzó a aplaudir, los estudiantes, imitando a su directora, aplaudieron también.


—Mi querida Madame Maxime. Bienvenida a Hogwarts.


—Minegva —repuso Maxime con una voz profunda —espego que estés bien.


—Muy bien


—Mis alumnos —dijo Madame Maxime, señalando tras ella con gesto lánguido. Hicieron una pequeña reverencia —Nuestgo entgenadog, Vasco Santini


—Profesora McGonagall —aquel mago que tenía la túnica más abrigadora tomó su mano y la estrechó con entusiasmo —Vos es muy hermosa. Encantado de conocerla  


—Bienvenidos


—Mis caballos...


—Nuestro profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas se encargará encantado —señaló a Hagrid quien ruborizado asintió, tenían demasiado tiempo que no intercambiaban palabras


—Oh sí, pgofesog Haggid —dejó que le besara la mano —Allons-y! —les dijo imperiosamente a sus estudiantes, tomaron asiento en la mesa de Ravenclaw, que por arte de magia habían alargado, todavía quedando espacio como si estuvieran esperando a más gente.


—Excelente… ahora a nuestros amigos del norte. Recibamos a los estudiantes de Durmstrang y su director Marko Zhivko


Entraron más o menos el mismo número de alumnos que los de Beaxubatons, sólo que ellos tenían una complexión amplia. Se debía en realidad a que todos llevaban puestas unas capas de algún tipo de piel muy tupida: el que iba delante llevaba una piel de distinto tipo.


—¡Minerva! —gritó efusivamente mientras subía la ladera —¿Cómo estás?


—¡Estupendamente, gracias, profesor Marko! —era alto y delgado pero llevaba corto el oscuro cabello al igual que la barba.


—Hogwarts —dijo sonriente aunque mantenía una expresión astuta y fría —Es estupendo estar aquí... —De la misma manera que Madame Maxime iba acompañado de otro mago. Los verdaderos aficionados al deporte mágico reconocerían aquel perfil: nariz prominente y curva, espesas cejas negras —Quizás ya tengas el gusto de conocer a quién me ayudará con el equipo.


—Por supuesto, señor Krum


—Es un gusto verla de nuevo, profesora McGonagall —tomó su mano y la besó


—¿Ese es Krum? ¿Qué hace aquí? —varios murmullos recorrieron las mesas impresionados. Mena buscaba entre los estudiantes a alguien hasta que encontró a quien buscaba.


—¿Vino tu amigo, Mena? —preguntó Andy notando su interés en los visitantes


—Si, no sabia que jugaba quidditch


—Señorita, Somender. Si adivina quien soy se ganará un premio —un chico se había acercado sigilosamente al lugar en donde se encontraba Mariana, tapándole los ojos con sus manos.


—Depende cual sea el premio


—Vencer el aburrimiento


—Suena tentador… ¿Me das una pista?


—Soy inteligente, extremadamente guapo e increíble. Y un gran hermano


—No…. no me suena

—Es una pena… —la joven se deshizo del agarre del chico y abrazó a su hermano con una enorme sonrisa.


—Te preguntaría qué haces aquí, pero es obvio.


—Soy uno de sus mejores jugadores —respondió Benjamín con una sonrisa amplia —Además así te podría ver


—Que considerado


—Ya… hazme espacio.


—¿No se enojará tu director?


—Amm… no. Ya, hazte para allá


Mariana hizo un huequito para que su hermano tomara asiento a lado de ella. Sus amigos sorprendidos lo saludaron. El resto de los Durmstrang se colocaron en la mesa de Slytherin mientras se quitaban las pesadas pieles y miraban con expresión de interés el negro techo lleno de estrellas. Dos de ellos cogían los platos y las copas de oro para examinarlos, aparentemente impresionados. En la mesa de los profesores, Filch estaba añadiendo sillas, y como la ocasión lo merecía, llevaba puesto su frac viejo y enmohecido. Habiendo entrado todos los alumnos en el Gran Comedor y una vez sentados a las mesas de sus respectivas casas, empezaron a entrar en fila los profesores, que se encaminaron a la mesa del fondo y ocuparon sus asientos. Los últimos eran la profesora McGonagall, el profesor Zhivko y Madame Maxime. Al ver aparecer a su directora, los alumnos de Beauxbatons se pusieron inmediatamente en pie y no volvieron a ocupar sus asientos hasta que Madame Maxime se hubo sentado a la izquierda de McGonagall. Ésta, sin embargo, permaneció en pie, y el silencio cayó de nuevo.


—Buenas noches, damas, caballeros, muy especialmente, a nuestros huéspedes —dijo dirigiendo una sonrisa a los estudiantes extranjeros —Es para mi un placer daros la bienvenida a Hogwarts. Desearles que vuestra estancia aquí les resulte al mismo tiempo confortable y placentera, confío en que así sea. ¡Ahora los invito a todos a comer, a beber y a disfrutar como si estuvieran en nuestra casa!


Ante ellos tenían la mayor variedad de platos que nadie hubiera visto nunca, incluidos algunos que eran extranjeros. El Gran Comedor parecía mucho más lleno de lo usual, quizá fuera porque sus uniformes eran de colores diferentes, destacaban claramente contra el negro de las túnicas de Hogwarts. Una vez desprendidos de sus pieles, los alumnos de Durmstrang mostraban túnicas de color rojo sangre. Limpios los platos de oro mandó a dormir a todos, la mayoría de los estudiantes ya sabían que Beauxbatons venían en carruaje y Durmstrang en un bote por lo que dormirían ahí. Benjamín pasó unos minutos con su hermana, discretamente ella se dejó abrazar por él, no quería que nadie más viera esa faceta suya. Después de todo, era un Slytherin.


[***]


Era raro tener en el castillo a estudiantes de otras escuelas mágicas, sin duda, creían que el propósito del torneo iba más allá de sus propios egos. Si tenían buenas intenciones de que todos los estudiantes convivieran sanamente. Aquellos que sabían todo sobre la liga inglesa de Quidditch o estaban al pendiente de otras ligas, sabían que los entrenadores eran o son jugadores profesionales que accedieron a ayudar a cada escuela con las selecciones, por lo que también llamaba la atención las posibles estrategias de cada uno. Mena no esperaba ver a su amigo, pero apenas después de su llegada, tuvo la oportunidad de intercambiar unas cuantas palabras.


—Hola chicos —saludó la pelirroja uno de esos días en que regresaban de las clases de cuidado de criaturas mágicas —¿Qué tal las clases?


—Interesante si no fuera porque un hipogrifo me mordió —respondió Andy irritada


—¿Qué le hiciste?


—Nada, estaba demasiado entusiasmado con la comida que me mordió


—No es para tanto, Andy —los únicos que habían decidido tomar la asignatura con ella habían sido Gustav y Amshel, el resto decidió tomar Aritmancia. La pelirroja tenía esa hora disponible por lo que pasó a saludar a su amigo, quien accedió acompañarla


—Por fortuna no perdí el dedo


—Quería aprovechar la ocasión para presentarles a Edward —un rubor apareció en sus mejillas


—Es un gusto, Gustav Flitwick


—Un placer —estrechó el chico su mano


—Yo soy Andrea Green —hizo lo mismo que su amigo


—La joven que se coló en una batalla


—Eh sí, la misma


—No le gusta tocar el tema —respondió Mena tratando de evitar que la chica se pusiera de mal humor


—Lo siento, mi intención no era ofenderte


—Ah, no importa


—Y él es Amshel


—Hola


—Mena me ha platicado mucho de ustedes. Es un gusto conocerlos por fin


—Bueno, ella casi no nos cuenta sobre sus relaciones internacionales —Andy sonrió de una forma traviesa, lo necesario para hacer enojar a la pelirroja —Pero también nos da gusto conocerte, Edward


—Vladimir. Prefiero que me llamen por mi segundo nombre —le hizo mucha gracia el anterior comentario —Creo que será mejor que me retire. Tengo algunos asuntos pendientes con mi entrenador


—Abusando de la confianza… ¿Puedo pedirte que me consigas un autógrafo de Krum?


—¡Andy!


—¿Qué? —el chico sonrió de nuevo, asintió brevemente y dejó que Mena lo acompañara hacia el barco.


—¿Ya vieron? —preguntó Holly al observar el intercambio de palabras que tenían los leones. Los Slytherin estaban en el patio tomando un poco de aire fresco mientras hacían los pocos deberes que tenían


—No ¿Qué?  


—Eso… —señaló hacia donde se encontraban, le intrigaba la buena relación que estaban teniendo con los visitantes


—¿Por qué McGonagall le habla a ese chico de Durmstrang?

—No lo sé


—Seguro tu hermano sabe algo


—¿Qué te hace pensar eso? —preguntó Mariana de pronto despegando su vista del libro que estaba revisando


—Pertenecen al mismo equipo


—¿Y…?


—Me intriga saber


—Saber ¿Qué? —Mark interrumpió su conversación, como siempre iba acompañado de su amigo Vince


—Nada… que te incumba —respondió Holly muy hoscamente


—Estuve paseando por el colegio —dijo tomando asiento al lado de ella —Ya saben, para ver al resto de los jugadores


—¿Y ya te dio miedo? —Adam sabía aprovechar ese tipo de ocasiones para burlarse de él  


—Para nada… —dijo poniendo su brazo en el hombro de la pelinegra —Verás que seré parte del equipo


—Nunca te hemos visto jugar


—Quedarán impactados por mi talento —respondió con arrogancia


—¿Tan seguro estas?


—¡Claro que si, Marianita! —puso los ojos en blanco al escucharlo —Le daré una paliza a tu hermano cuando me enfrente a él


—Benjamín es muy bueno…


—Y yo también —dijo guiñando un ojo para dejarlos ahí


Los alumnos de Durmstrang y Beauxbatons aprovechaban su tiempo para conocer un poco el castillo. La profesora McGonagall había sido muy accesible al respecto, ella no compartía ese pensamiento de guardar celosamente todo lo que tuviera que ver con el colegio. El propósito que tenía el torneo, aparte de ser deportivo, era crear lazos nuevos y reforzar otros; por los pasillos se podían escuchar conversaciones sobre los entrenadores, en especial quien generaba más entusiasmo era Krum y Gweon.


—¿Creen que tengamos oportunidad? —preguntó Adam viendo a un grupo de estudiantes de Zhivko después de la conversación en el patio


—Todavía no sabemos quiénes jugarán por parte de Hogwarts


—Les garantizo que yo seré quien lleve a Hogwarts a la gloria —parecía que Mark tenía un especie de imán o hechizo convocador, que apareció justo en ese momento


—Me parece Mark, que tienes un ego bastante inflado


—Ay mi querida Holly —sonrió ampliamente —Te disculparás cuando mi nombre aparezca en esa lista de convocados.


—Sea quien sea parte del equipo, ojalá Hogwarts gane el torneo


[***]


"El día viernes 23 de septiembre las clases se interrumpirán media hora antes. Los estudiantes deberán llevar sus libros y mochilas a los dormitorios para reunirse a la salida del castillo."


Leyeron los estudiantes en cada una de sus salas comunes dos días antes de la fecha. Cuando acudieron a desayunar la mañana del 23 de septiembre, descubrieron que durante la noche habían engalanado el Gran Comedor. De los muros colgaban enormes estandartes de seda que representaban las diferentes casas de Hogwarts: rojos con un león dorado los de Gryffindor, azules con un águila de color bronce los de Ravenclaw, amarillos con un tejón negro los de Hufflepuff, y verdes con una serpiente plateada los de Slytherin. Detrás de la mesa de los profesores, un estandarte más grande que los demás mostraba el escudo de Hogwarts: el león, el águila, el tejón y la serpiente se unían en torno a una enorme hache. Aquel día el ambiente era agradable y lleno de impaciencia sin saber el motivo por el cual debían acudir, suponían que daría inicio del torneo. Nadie estuvo atento a las clases, hasta la de Herbología fue más llevadera de lo usual porque duró media hora menos. Cuando antes de lo acostumbrado sonó la campana, Andy, Mena, Keisi y Alexander salieron a toda prisa hacia la torre de Gryffindor, dejaron allí las mochilas y los libros tal como les habían indicado, se pusieron las capas y volvieron al vestíbulo.


—¿Para qué nos habrá citado?  —preguntó Alexander intrigado


—Ni idea, supongo que miembros de ministerio o algo vendrán —sugirió Keisi


—¿Cómo llegarán?


—Quizás se aparezcan


—Es claro que no pueden aparecerse

—Vas aprendiendo Green —se mofó Gus, que llegó unos minutos después  


—Historia de Hogwarts, mi estimado amigo.

Escudriñaron nerviosos los terrenos del colegio que se oscurecían cada vez más. No se movía nada por allí, todo estaba en calma, silencioso y exactamente igual que siempre. Hasta que una cosa larga que salía del bosque, mucho más larga que una escoba se acercaba al castillo por el cielo azul oscuro, haciéndose cada vez más grande.


—¡Es un carruaje! —la gigantesca forma negra pasó por encima de las copas de los árboles del bosque prohibido casi rozándolas, la luz que provenía del castillo la iluminó.


Vieron que se trataba de un carruaje colosal, de color negro y blanco volaba hacia ellos tirado por un cuarteto de caballos grises alados. Las tres filas delanteras de alumnos se echaron para atrás cuando el carruaje descendió precipitadamente y aterrizó a tremenda velocidad. Entonces golpearon el suelo los cascos de los caballos, un segundo más tarde el carruaje se posó en tierra, rebotando sobre las enormes ruedas. Su escudo era dos gatos negros y un sombrero de bruja, en medio, una enorme ese verde decorada con detalles plateados. Un mago vestido con túnica de color negra saltó del carruaje, hizo una inclinación y abrió la puerta, una bruja altabajó seguida de un grupo de chicas.


—Ivy Knightred —saludó McGonagall —bienvenida a Hogwarts.


—Minerva —repuso —Por fin nos conocemos


—El placer es mío

—Mis queridas alumnas —dijo la bruja señalando tras ella con un gesto.


Andy  no se había fijado en otra cosa que en el emblema del carruaje, notó que unos dieciséis alumnos, todas chicas habían salido del carruaje. Llevaban túnicas de color gris, algunas de ellas llevaban corbata negra y otras blanca, todas miraban el castillo de Hogwarts con sorpresa.


—Nos acompaña nuestro querido Troy Duvall —el hombre era alto, llevaba el cabello casi a rape pero con una sonrisa


—Supongo que será su entrenador


—Así es, profesora…


—Minerva McGonagall


—Un gusto


—¿Han llegado los demás?


—Madame Maxime al igual que Marko ya están aquí


—¡Oh! excelente


—¿Prefieren esperar aquí o pasar a calentarse un poco?


—Lo segundo, me parece


—Nuestro profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas se encargará de ellos encantado —señaló a Hagrid y respondiendo rápidamente a la pregunta no formulada sobre quién cuidaría a sus caballos. Los alumnos de Hogwarts se apartaron para dejarlos pasar y subir la escalinata de piedra.


—¿Qué escuela era?


—Ni idea, la verdad es que tengo muy pocos conocimientos al respecto —respondió Andy a sus amigos. Al parecer nadie sabía nada.


—Pensé que sólo serían Durmstrang y Beauxbatons


—Ya viste que no


—Sin duda se lo tenían bien guardado


—También tu papá —contraatacó Gus pensativo


—¿Creen que tarden mucho en llegar los otros? —preguntó Alexander observando el cielo

—¿Asumes que llegarán más?


—Pues si, sino ya estaríamos dentro


—Cierto


—¿Por qué no aparecerse y ya? —expresó Keisi aburrida


—Quizás porque no es correcto —respondió Gus —Aunque igual podrían usar un traslador


—O un avión —expresó Andy con un suspiro

—¿Un qué?

—Ay nada, el transporte muggle


Para entonces ya tiritaban de frío esperando la llegada de otra escuela más. Durante unos minutos, el silencio sólo fue roto por los bufidos y el piafar de los enormes caballos de la profesora Knightred. Pero entonces de nuevo una sombra se fue formando al acercarse más al castillo.


—¡Es otro carruaje! —pasó por encima de las copas de los árboles del bosque prohibido igual que el anterior, y la luz que provenía del castillo lo iluminó. Vieron que se trataba de un carruaje ahora de un color azul oscuro muy diferente al de Beauxbatons, pero en esta ocasión tirada por nada más y nada menos que…


—¡No lo creo!


—¡Un ave del trueno! —los alumnos estaban excitados por la hermosísima bestia. El carruaje descendió y aterrizó. La pequeña carroza llevaba un escudo conformado por cuatro criaturas: un gato Wampus, una serpiente cornuda, un pukwudgie y finalmente el ave del trueno. Un mago vestido con una túnica azul oscuro saltó del carruaje, hizo una inclinación y abrió la puerta. Un hombre viejo bajó de él. Mostraba una calvicie y apenas el poco cabello que tenía era blanco al igual que su pequeña barba.


—Bienvenido a Hogwarts, profesor Fontaine —la profesora McGonagall se acercó al mago para estrechar su mano


—Minerva, es un gusto estar aquí


—Me alegra que hayan podido venir


—Soy un grosero. Permítame presentarle a Quentin Kowalski. Un orgullo nacional del quidditch —presentó el anciano profesor. El mago al escuchar su nombre se acercó a ellos. Era una persona de complexión angosta pero aun así atlética. De cabello oscuro y con un pequeño bigote.


—Profesora —saludó alegremente


—Y mis alumnos —dijo mientras varios chicos y chicas bajaban del carruaje


—Sean bienvenidos todos


—¿No será mucho trabajo para Hagrid? —preguntó de pronto Alexander al ver a la criatura. —Tiene que cuidar los caballos de Beauxbatons, los de… esa escuela que no sabemos su nombrey ahora un ave del trueno


—Supongo que ya lo habrá pensado mi abuela —respondió Mena nada convencida


—Ojalá…


Esperaban recibir la señal de la profesora McGonagall para entrar al castillo, sin embargo, eso no sucedió; parecía que el profesor Fontaine y sus estudiantes no eran los últimos en llegar. Todos seguían nerviosos esperando en los terrenos del colegio, hasta que la calma fue interrumpida por algo terrorífico. La luna ya brillaba y por ella vieron cómo se formaba una sombra alada que iba descendiendo a una velocidad vertiginosa.


—¡Un dragón —gritó un estudiante

—¿Dónde?

—¡Allí! —señaló uno


—Y viene con… otro carruaje


—Al parecer, todos tuvieron la misma idea… —Otra gigantesca forma pasó por encima de las copas de los árboles. Un carruaje colosal, de color verde que volaba hacia ellos tirado por una criatura medio rara, terminó por impresionar a todos.


—¿Qué es eso?

—Ni idea


—Es un snallygaster —respondió un chico Hufflepuff de séptimo año. Erauna criatura parecida a un dragón aunque mitad ave, su parte reptil es un pariente lejano del Occamy.


Los alumnos se echaron para atrás cuando el carruaje descendió. Un segundo más tarde el carruaje se posó en tierra, la casa pequeña llevaba un escudo: tan sólo un ce grande de color verde. En esta ocasión la puerta se abrió sola y lentamente fueron bajando chicos y chicas que fueron formando una línea, por último bajando un hombre, lo que ya todos suponía o más bien sabían, que podría ser el entrenador. Un mago joven, alto, atlético y bastante bronceado.


—Con qué esto es Hogwarts.


—Bienvenidos, profesor Saudade  —saludó la profesora


—McGonagall. Gracias por esta bienvenida tan calurosa


—Es un placer tenerlos aquí


—Mis alumnos y João Coelho


É um prazer conhecê-la, professora McGonagall. Obrigado pelo convite. Será un honor ser parte de esto —el director sonrió con entusiasmo  


—Será mejor que entren. En breve comenzará el banquete


Obrigado Entrar —ordenó el profesor a sus estudiantes. La mayoría con una complexión más atlética que todos.


Por fin, la profesora McGonagall les indicó a sus estudiantes que entraran. Los recién llegados se acomodaron en las mesas de Gryffindor y Ravenclaw. Los alumnos de Beauxbatons y Durmstrang ya se encontraban en sus respectivos sitios, esperando a que diera comienzo la cena. Los nuevos directores y directoras tomaron asiento en la mesa de profesores, hicieron una pequeña inclinación a modo de saludo.


—Buenas noches, muy especialmente, a nuestros huéspedes —dijo Minerva, dirigiendo una sonrisa a los estudiantes extranjeros —Es para mi un placer darles la bienvenida a las bellas señoritas del Instituto de las Brujas de Salem —señaló a las chicas que se sentaron en la mesa de los leones. Era muy fácil distinguirlas, ya que hacían un contraste con su uniforme gris del negro de Hogwarts


>>A los jóvenes del Colegio Ilvermorny de Magia —ellos decidieron tomar asiento en la mesa de Ravenclaw, llevaban túnicas de color azul oscuro. Era un uniforme más sencillo que el de los demás, quizás algo más típico de los ingleses —Y por último a los jóvenes de Castelobruxo —señaló a los que acababan de llegar. Ellos tomaron asiento en la mesa de Slytherin, que ya de por sí la mesa estaba completa. Era muy extraño ver las túnica negras, seguidas de las rojas y finalmente de las verdes brillantes —Bienvenidos a Hogwarts. Deseo que nuestra estancia aquí les resulte al mismo tiempo confortable y placentera. Confío en que así sea. ¡Ahora los invito a todos a comer y a beber!


Las fuentes se llenaron de comida. De nuevo tenían una gran variedad de platos extranjeros, por supuesto estaban algunos diferentes a los que vieron en un inicio, franceses y otros que no sabían de donde eran. Hasta que Andy recordó sus vacaciones de invierno recordando a donde había ido con su familia.


—¡Son brasileños! —expresó bastante emocionada

—¿Quienes? —preguntó Alexander que había preferido servirse lo habitual


—Castelobruxo. No sé cómo no me di cuenta. Yo fui con mi papá a su escuela, y también a Ilvermorny


—Guau


—¿Cómo es?


—No les puedo decir mucho. Apenas vi un poco —Vieron un platillo lleno de bollos de pan grueso hecho de frijoles y cebolla que son conocidos como Acarayé. También había una bebida gaseosa, que era de guaraná y una de color blanca, que ninguno quiso probar hasta que Andy lo hizo.


—Es un simple batido de coco —dijo relamiéndose la boca, pero donde su fuerza de voluntad se puso a prueba fue en los postres. Había beijinho de coco, mejor conocidos como besistos, un postre muy típico de Brasil. Pero sin duda donde su paladar explotó cuando probó las bolitas de chocolate, los brigadeiros y todavía se sirvió una rebanada de pastel de chocolate. Lo más tradicional de los banquetes del castillo.


[***]


Sin duda todos los estudiantes de todas las escuelas estaban sorprendidos, al parecer la mayoría no sabían que existían. Quizás les faltaba un poco más de cultura mágica, pero con los extranjeros de visita las clases no paraban. Después de su castigo con el profesor Higgs, Andy realmente había tratado de portarse bien pero le era imposible teniendo como "enemiga" a Kissy Weasley. Con alumnos ajenos a Hogwarts o sin ellos, la pelirroja no estaba dispuesta a dejarla en paz y en cada momento buscaba provocarla aunque ella no caía. Hablaba muy en serio cuando dijo que no se metería en problemas, y menos teniendo a un puñado de extranjeros de visita en el castillo.


Los que aprovechaban la oportunidad de compartir tiempo fueron los hermanos Somender. Benjamín entrenaban y estudiaba, pero se tomaba unos minutos para estar con Mariana, o comían juntos mientras charlaban de cualquier cosa. No siempre tenían ese chance de conversar, debido a que casi siempre se la pasaban separados en sus vacaciones.


—Tengo que admitir que tu escuela es impresionante —expresó uno de esos días


—Lo sé, hermanito. De lo que te perdiste…


—Nuestro castillo es más pequeño, aunque ojalá vieras el hermoso paisaje en invierno


—Aquí también se pone hermoso


—Aunque el campo de quidditch…


—¿Qué tiene?


—No sé… el nuestro es mejor


—Ahí vas de fanfarrón —puso los ojos en blanco lo que hizo reír a su hermano —¿Mis papás saben que estás aquí?


—Sabes que sí, de todo se enteran


—¿Y tu querida madrina?


—También ¿Cómo está Han?


—Bien… ya sabes. Viviendo su jubilación


—Al menos no es paranoico como Ojoloco…


—No te puedo asegurar nada…


La mejor idea que tenía Weasley era tratar de humillar a Green en medio de un grupo de algunos estudiantes extranjeros. Mostrarles a todos que no era una heroína como decían, porque probablemente todos conocían esa historia, al final era parte de la leyenda que es Potter y la batalla que se libró en aquel castillo. Los hermanos Somender aprovechaban su tiempo, pasaban ratos en los jardines, alejados de toda la incertidumbre que generaba el torneo; sin embargo, en plena conversación Mariana dejó de escuchar a su hermano. Su mirada estaba puesta en la Slytherin y Gryffindor que parecía que discutían.


— No me estás escuchando…


—¿Eh?

—¿Qué pasa? —preguntó Benjamín con un gesto —Te estaba diciendo que si te gustaría pasar unos días contigo y Han


—Ah sí, estaría bien


—¿A quién miras? —trató de seguir su mirada pero la discusión entre Weasley y Green, al parecer había pasado sin ocasionar algún problema mayor, y eso no le gustaba. Algo le decía que sólo era el principio


—A nadie… tengo que volver a las mazmorras ¿Te veo en la cena?


—Sí, pero… —se despidió de él con un beso en la mejilla y lo dejó ahí, confundido. No quería meterse en asuntos que no le correspondía, pero una parte de ella necesitaba saber que tramaba Weasley.


Luego de la extenuante clase de Runas Antiguas, la castaña sentía que le iba a explotar la cabeza de tanta teoría, sin mencionar la cantidad excesiva de deberes que se le estaban acumulando. No entendía por qué los profesores dejaban tanto trabajo. Imaginaba que querían probar que su nivel académico estaba al mismo que el de los demás. Mena y Gustav habían reducido sus desapariciones, ya que aunque ambos eran muy buenos estudiantes, estaban de la misma forma. No querían imaginarse si quiera a los de quinto o séptimo. Al regresar de clases, se encontraron de nuevo con otro anuncio en el tablero, era el mismo que habían visto la semana pasada sólo que con la diferencia de la fecha. Hicieron lo que se les pidió, dejaron sus cosas en las salas comunes y acudieron al vestíbulo preguntándose qué ocurriría. Estaba pensando de qué color o de qué forma sería el carruaje de  la siguiente escuela, porque eso habían asumido la mayoría de los estudiantes cuando...


—¿No oyen algo? —preguntó Keisi repentinamente. Un ruido misterioso, fuerte y extraño llegaba a ellos desde las tinieblas. Era un rumor amortiguado y un sonido de succión, como si una inmensa aspiradora pasara por el lecho de un río...


—¡El lago! —gritó alguien señalando hacia el —¡Miren el lago!


Algo se agitaba bajo el centro del lago. Aparecieron grandes burbujas, y luego se formaron unas olas que iban a morir a las embarradas orillas. Por último surgió en medio del lago un remolino, como si al fondo le hubieran quitado un tapón gigante... Del centro del remolino comenzó a salir muy despacio lo que parecía un asta negra.


—¡Un mástil!


Lenta, majestuosamente, el barco fue surgiendo del agua, brillando a la luz de la luna. Producía una extraña impresión de cadáver, como si fuera un barco hundido y resucitado, las pálidas luces que relucían en las portillas daban la impresión de ojos fantasmales. Finalmente, con un sonoro chapoteo, el barco emergió en su totalidad, balanceándose en las aguas turbulentas, y comenzó a surcar el lago hacia tierra. Un momento después oyeron la caída de un ancla arrojada al bajío y el sordo ruido de una tabla tendida hasta la orilla. A la luz de las portillas del barco, vieron las siluetas de la gente que desembarcaba.


—¡Minerva! —gritó efusivamente un mago con rasgos orientales —¿Cómo estás? 小さな教授はどこですか?¡Flitwick!

—Oh sí, el profesor Flitwick está adentro. Supervisando a todos en el Gran Salón


もっと近づいて —ordenó el mago. Cada estudiante que iba vestido con túnicas de diferentes colores se acercaron a la profesora McGonagall e hicieron una reverencia —Mis alumnos, profesora


—Sean bienvenidos. Igual usted profesor Yoshu —cuando se acercó a una zona más iluminada vieron que era alto y delgado.


—Hogwarts —dijo levantando la vista hacia el castillo y sonriendo —¡Oh! le presentó a Yoshihiro Susuki. Estará al frente de los estudiantes.


—Si gustan pasar… Deben estar cansados del viaje


—Un poco, gracias.


Los estudiantes entraron muy ordenados pero sí un poco interesados en el castillo. Apenas se iban a preguntar cómo llegarían los siguientes cuando de la nada, en medio de la oscuridad de la noche, una enorme flama brilló tomando forma corpórea de un fénix. Dejando entre ver a un grupo de estudiantes, algunas mujeres iban vestidas con túnicas tipo kanga africanos mientras que los hombres vestidos con swag con algunos discretos estampados dashiki. No hicieron tanto barullo a la hora de presentarse, sólo entraron al castillo. Necesitaban aclimatarse, además que ya daría comienzo al siguiente banquete para presentar a las dos restantes escuelas que acababan de llegar. Disiparián muchas dudas a todos los estudiantes que no tenían idea sobre la educación mágica en otros países.


—Buenas noches a todos, muy especialmente a nuestros huéspedes —dijo la profesora McGonagall bastante sonriente —Es para mi un placer darles la bienvenida a los jóvenes estudiantes de la Escuela de Magia Mahoutokoro —se sentaron en las mesas que todavía había lugares, en este caso en Hufflepuff. Eran los que más resaltaban porque no se distinguían por un color en específico de túnica


>>Y finalmente los jóvenes de la Escuela de Magia Uagadou —Era un uniforme de un tono dorado, algo muy tradicional y muy diferente a las tonalidades que usaban los japoneses —Bienvenidos a Hogwarts. Deseo que su estancia aquí les resulte al mismo tiempo confortable y placentera.


De nuevo los platos se llenaron de comida con gran variedad de platos extranjeros; comida francesa, brasileña, japonesa y africana. Entre ellos encontraron el tradicional plato de arroz, el sashimi, mariscos crudos servidos con salsa de soja y wasabi, yakizana, pescado grillado, y sushi, plato con arroz y pescado crudo envueltos en algas nori y presentados en rodajas. Los Cuscús son el plato más típico de África, era  sémola de trigo acompañado de aceitunas, azafrán, nuez moscada, aceite de oliva, canela, clavo de olor, jengibre y diversas especias típicas de cada zona. El Maafe es un estofado de carne, vegetales y maní sirviéndose acompañado con arroz y huevo. Matoke o estofado de plátanos con pollo, muy popular sobre todo en Uganda. Cuando llegaron los postres, vieron también algunos dulces extraños como los wagashis, panecitos de distintos colores y sabores. El dorayaki que era una masa tipo hot cake, relleno de anko, una pasta dulce de judías rojas. Y el bambara, que era  granola de arroz, azúcar y mantequilla de maní. Una vez limpios los platos de oro, la profesora McGonagall volvió a levantarse. Todos en el Gran Comedor parecían emocionados y nerviosos.


—Ha llegado el momento —anunció sonriendo a la multitud de rostros levantados hacia ella —El Torneo Interescolar de Quidditch da inicio oficialmente.




« Capítulo 21 Comenta este capítulo | Ir arriba


Potterfics - Harrylatino
Potterfics es parte de la Red HarryLatino

contacto@potterfics.com

Todos los derechos reservados. Los personajes, nombres de HARRY POTTER, así como otras marcas de identificación relacionadas, son marcas registradas de Warner Bros. TM & © 2003. Derechos de publicación de Harry Potter © J.K.R.