Historia al azar: El Corazón del Angel
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Plumas de Fénix » Capítulo 21
Plumas de Fénix (R13)
Por andypotter92
Escrita el Miércoles 20 de Mayo de 2015, 17:28
Actualizada el Domingo 10 de Febrero de 2019, 23:41
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Capítulo 21

Después del encuentro que tuvo la pequeña serpiente con la chica Gryffindor, regresó a su compartimiento, sentía algo extraño por haber recibido un pastel de alguien que la había metido en problemas, sin embargo, no lo comió de inmediato. Iba  a entrar de nuevo en el vagón donde estaban sus amigos, todavía sorprendida por ese gesto.


— Pensé que sólo irías al sanitario — dijo de pronto Adam, apenas entró


—Si, así fue


— Entonces, ¿Por qué traes un pastelito en la mano? — intervino en esta ocasión, Holly.


—Me lo dieron — respondió sin importancia, alzando los hombros


—¿Quién te lo dió? — insistió la pelinegra, entre cerrando los ojos


— Green — no veía el por qué no decir la verdad


— ¡¿Estás loca?! — de inmediato Holly se abalanzó con intenciones de arrebatarle la golosina


— ¡¿Qué?! — preguntaron ambos chicos alarmados


—¡Podría haberle puesto veneno!


— Holly… no exageres — contestó Adam ya más tranquilo mientras él se metía una rana de chocolate a la boca


— No estoy exagerando — se cruzó de brazos — Piénsalo, Mariana. ¿Y si le puso alguna poción o algo?


— Eso no tiene sentido, Holl. La ví con buenas intenciones — respondió la niña extrañada por la forma de reaccionar de su amiga — No creo que sea de ese tipo de personas


— No, sólo es esa clase de persona que hizo que te castigaran por hacer bromas estúpidas. ¿No recuerdas lo que le hizo a Weasley y Rookwood?


— ¿Qué de todo? — Adam estaba bastante entretenido escuchando la conversación mientras  comía golosinas


— Cuando las llenaron de pelos. Si es capaz de eso, no dudo que ese gatito le haya puesto algo con tal de vengarse de los Slytherin — Mariana a ese punto no sabía si reírse o qué


— Pues yo opino que no se debe negar un pastelito de chocolate


— Holly… te agradezco tu preocupación pero créeme y estoy casi segura que el pastelito no tiene nada más que chocolate — realmente no se imaginaba que Andrea hiciera ese tipo de cosas, podía ser todo lo que quisiera pero no era ese tipo de persona. En todo caso, quien debía vengarse sería ella y no al revés


— Allá tú. Luego no digas que no te advertí


El resto del viaje fue bastante agradable, faltaba  muy poco para llegar a King's Cross, debían estar  al menos media hora de camino, juzgando por la  ferocidad del paisaje que destellaba por las ventanas. Los  corredores estaban casi completamente vacíos. Casi todo el mundo había regresado a sus compartimientos  para quitarse las túnicas del colegio y para empacar sus posesiones. El expreso de Hogwarts no tardó en acercarse al andén nueve y tres cuartos aminorando la marcha, luego deteniéndose. Los alumnos comenzaron a tomar sus respectivos equipajes para salir de los vagones llenando de confusión y alboroto los pasillos. Mariana todavía llevaba en su mano el pastelito, no creía que estuviera envenenado pero con el ajetreo de la llegada, quería poder comérselo con calma.


El  inspector  del tren les señaló a ella y sus amigos que era seguro pasar  entre las plataformas nueve y diez, atravesaron la verja hacia el  mundo muggle, todavía con el barullo que causaban los estudiantes. No se sorprendió al no encontrarse con sus padres al otro lado pero localizando enseguida a su padrino. Estaba  de pie, a buena distancia de los demás que esperaban a sus hijos. El hombre tenía un aspecto bastante serio, incluso a los que algunos dirían gruñón; su cuerpo estaba envuelto en una voluminosa  capa de viaje.


— Hola Mariana — saludó el hombre tranquilo y con una pequeña sonrisa — ¿Lista?


— ¿Me das unos minutos? Me despediré de mis amigos


— Claro, toma tu tiempo. Te esperaré aquí.


— No dejes de escribirme — susurró Adam al abrazar a su amiga


— Si quieres dos cartas por día — dijo Holly poniendo los ojos en blanco, que de alguna manera había logrado escuchar su petición — Cuídate, quizás nos veamos pronto — ella sólo asintió.


Después de despedirse de sus amigos, volvió hacia su padrino el carrito en que llevaba su baúl. A lo lejos pudo vislumbrar como Andrea Green saludaba a sus padres. Estaba pensando que realmente ella no era como los demás Gryffindor, esos que suelen ser arrogantes y presumidos, podía ser que sólo habían coincidido en un mal momento.


—¿Qué es eso? — preguntó el mago mirando el pastelito que la niña apretaba ligeramente en la mano — Espero que sea un obsequio para mí


— Lo siento — rió — no, es sólo una golosina que me dió… alguien   —dijo sin desviar la vista de su compañera


— Oh que mal ¿Quién podría habertelo  dado? — insistió


— ¿Qué no fuiste tú el que me dijo que la curiosidad mató al pobre gato? — preguntó alzando la ceja entre divertida — ¿Nos vamos?


— Suerte para nosotrosno que no somos pobres ni gatos — rió suavemente — lo sé, mal chiste —  dijo al ver el gesto de su ahijada


Su padrino no dijo nada aunque se había percatado de todo. Ambos se dirigieron a la salida de la estación, para poder buscar un sitio en el que pudieran hacer una aparición. Después de sentir la opresión, los pulmones de la joven se expandieron por fin. Había cerrado los ojos y al abrirlos vio que se hallaba enfrente de un lugar que le resultaba familiar.


Era una cabaña de piedra con ladrillos colorados y con un techo de paja, del mismo sobresalía una chimenea. Afuera estaba rodeado de unos cuantos arbustos, de un color verde brillante, la vista realmente era espectacular. Entró seguida de su padrino, preguntándose cuánto tiempo estaría en esa ocasión.


Han Moody era un hombre robusto y con porte atemorizante. Siendo tío directo de uno de los mejores aurores de los tiempos, Alastor. Una persona bastante inteligente y habilidoso, paciente y quizás cariñoso pero sobre todo muy correcto. Hacía un tiempo, cuando su vida la dedicaba a viajar y cerciorarse de que se cumplieran las leyes, conoció al matrimonio Somender. Una situación bastante inusual en la que entabló una estrecha amistad con Morgan, lo que ocasionó a la larga, que se convirtiera en padrino y posteriormente en tutor de su primera hija, Mariana.

— Bien, llegamos al fin — dijo quitándose la capa de viaje — ah Mariana… ya sabes… Tus padres…


— Ya sé, ocupados. ¿Cuánto tiempo? — suspiró. Estaba acostumbrada a todo eso, sin embargo, pensó que sería menos difícil ahora que estaba estudiando en Hogwarts.


— Quizás un mes — respondió mientras iba a la cocina


— ¿Benjamín vendrá?


— No. Viajará a Egipto y pasará parte del verano con tus padres


— Bien… — creía que al menos su hermano iría a pasar unos días con ella


— Anímate. Serán unas cuantas semanas. Y tenemos varias cosas que hacer. Pasar tiempo juntos sin tantas reglas ni protocolos — la niña sonrió levemente — ¿Qué te gustaría hacer ahora?


— Supongo que sí, no será malo… pues no sé


Era muy común que toda la familia Somender estuviera ocupada y separada por miles de kilómetros. Sus padres en Egipto haciendo investigaciones mientras que Benjamín, apenas dos años mayor que ella estudiaba en Durmstrang. Y en vacaciones, al igual que a Mariana, era enviado con su madrina, de ser necesario. Podría ser peor, como le había dicho su padrino, los vería la mitad del verano y su hermano siempre le mandaba lechuzas, aunque tardaba un poco en recibirla debido a la distancia que el pobre animal debía recorrer. Acostumbrada a la misma situación, se fue a sentar en el sillón cerca de la chimenea. No esperaba menos de su situación algo "deprimente." Le dió un mordisco al pastelito que había recibido,  estaba muy delicioso y algo reconfortante.


— ¿Quién era la jovencita que estaba a unos pasos de ti? — preguntó mientras él también tomaba asiento enfrente de ella, pasándose una mano por su espesa barba pelirroja.


— ¿Holly? Creo que ya la conoces


— No, ella no.


— ¿Quién?


— Los Green. Creo haber escuchado de la hija de Robert… Andrea ¿Cierto? — preguntó mientras miraba a su ahijada de una forma tan penetrante.


— Ah, ella… sí. Está en Gryffindor — mencionó como si nada


— Sabes de mis habilidades, Mariana — se había servido un vaso de whisky de fuego, dándole un sorbo  y esperando una respuesta más concreta


— ¿Eso a que viene?


— Te ví mientras la observabas. ¿Ella te dio el pastel que te estás comiendo?


— Eh… si. Fue ella — suspiró. A veces no le gustaba la habilidad que tenía Han para darse cuenta de tantos detalles. Lo atribuía a su experiencia.


— Cuéntame… — comenzó cambiando de tema — ¿Qué tal fue el curso? — le dio otro sorbo a su vaso — Me llegaron tus notas. Y te felicito por mantener tu excelencia. Tus padres ya están enterados. Supongo que en cualquier momento te mandarán una lechuza  


— Gracias — Mariana creyó que sería prudente salir de ahí. No tenía intenciones de que su padrino se enterara de los sucedido en la última semana, ni mucho menos que su padre lo supiera — ¿Puedo ir a mi habitación?


— Claro — la miró, todavía se agarraba la barba pensativo —  Te avisaré cuando esté lista la cena.


Tomó su baúl que había dejado en la entrada y lo llevó arrastrando hacia su habitación. Tenía suerte que la casa de Han no tuviera escaleras; tanto el estudio, la recámara de su padrino y la misma suya estaban continúas, por lo que no le costó demasiado esfuerzo en llevar sus cosas.


Las paredes de su habitación eran blancas, la cama estaba en el centro y su colcha era de un color verde claro. Tenía la fortuna de contar con una enorme ventana en donde podía admirar el hermoso paisaje que se cernía sobre la cabaña.   


Había un escritorio, en que tenía rollos de pergaminos, el estante tenía algunos libros obsequios de sus padres, pero en especial su padrino. Al lado de la cama había una pequeña mesita de noche en donde reposaban un par de marcos con fotos. Mariana se recostó, todavía algo pensativa y esperando que al menos, en sus vacaciones pasará algo más que sólo estudiar asignaturas por órdenes de sus padres.  


La vida en Oban era muy diferente comparado con su primer año en Hogwarts, y muy tranquila a como recordaba Mariana. Sus padres estaban empeñados en que aprendiera cosas que quizás en el colegio nunca le enseñarían, por lo que su padrino siempre tenía preparado una serie de deberes, y libros que debía leer. Así se entretenía la mayor parte de su tiempo. Han también era muy bueno cocinando, se preocupaba bastante por ella y a ambos les gustaba mucho las charlas que sostenían después de cada comida. A la chica le fascinaba escuchar sobre las experiencias que tuvo su padrino con el Wizengamot y cada que hablaba sobre las leyes mágicas. Le atraía mucho el tema, y cuando terminaba sus deberes se ponía a leer libros al respecto.


Una tarde soleada, cuando llevaba más o menos una semana después de haber llegado de Hogwarts, y justo mientras estaba leyendo un libro, Han la interrumpió, algo inusual porque prefería que se concentrará en sus estudios.


— Comino, ha llegado una carta de tu padre —dijo entregandole  un pergamino amarillento.


— ¿Algo interesante?


—Tendrás que leerla para saber eso  


Leyó la carta en silencio. No decía gran cosa, sólo que estaban orgullosos por sus calificaciones y que pronto los vería. Sin duda, llevaba el apellido en alto, en especial por ser una sangre pura y una Slytherin que no hacía a un lado los principios. Algo muy diferente a las dos cartas que había recibido de su hermano, contándole a medias de cómo le había ido en su curso porque prefería contarle todo cuando se vieran. Casi terminando de leerla y procesando la información, una lechuza gris entró a la cabaña para posarse en su pierna. Era la mascota de su amigo Adam; cada dos días recibía una carta donde le platicaba cómo le estaba yendo en sus vacaciones. Hasta cierto punto, era raro como estaban llevando esos momentos su relación. Cuando Mariana pasaba tiempo en su casa con su familia, no tenía ningún inconveniente en convivir con su amigo, ya que ambos vivían a lado uno del otro.



Querida Mariana:


Espero que tus vacaciones vayan de maravilla, o menos aburridas de lo que a veces son. Ya sé, sin mí… te dan ganas de querer destruir el mundo… Las mías son interesantes y algo entretenidas, mi padre ha estado teniendo mucho trabajo, en especial con algunas criaturas que quieren meter de contrabando al país, o al menos eso me ha dicho. Ya sabes que tiene que guardar secretos y esas cosas.


Me fascina escuchar un poco de sus experiencias, me encantaría poder estudiar ya cuidado de criaturas mágicas; me he encontrado algunos libros al respecto y me están gustando mucho. Me he quedado anonadado de toda la información que hay. Creo que ha surgido un deseo incontenible de ser un zoomago, como Newt Scamander o incluso como Luna Lovegood… quizás James, el chico de Gryffindor no esté tan chiflado como creemos, aunque me alegra que Mark lo haya subestimado y le haya ido fatal en el trabajo con MacMillan. Ya sabes que no siempre me cae bien.  


Por cierto, ¿Tus padres ya se enteraron del castigo que tuviste con Green? ¿Qué te dijeron?  No me digas que tu padrino también te regañó y te hizo pasar un mal rato.


Mándame una lechuza sin omitir detalles, quiero saber qué te dijeron.


Te quiero,


Adam.


Suspiró. La verdad es que había preferido que nadie se enterara al respecto. Estuvo castigada, si, pero no tenía tantos resentimientos con la chica Gryffindor ni con nadie. Al final la había librado y de una forma que sin duda no se había imaginado ni esperado. Mariana decidió responder de inmediato la carta de su amigo porque si lo dejaba para después, lo olvidaría por completo, así que comenzó a escribir:


Mi tan estimado amigo:


Gracias por tus buenos deseos respecto a lo aburrida que se  pueden volver las vacaciones para mí, tengo que admitir que Holl y tú me hacen falta… pero sólo un poco. Los días con Han siempre son memorables e interesantes, claro que me gustaría pasar el tiempo con mis padres, pero en fin.  


Me alegra que Han haya pensado en pasar el verano aquí, y no haber corrido la misma suerte de Benjamín y su anticuada e irritable madrina. Me entusiasma saber que has encontrado algo que te interese aunque se trate de animales y realmente espero que el gusto no sea igual de fugaz que la última vez que la música. Y con respecto a Mark, no sé qué decir. Lo que hizo al tratar de aprovecharse así de James, obvio no estuvo bien pero no creo que que sea malo todo el tiempo (alguna gracia debe tener.)


Mis padres no se enteraron de nada aún, haré lo posible para que esto se mantenga así, y a Han he pensado en decirle porque él se dará cuenta de que pasó algo, de todas formas. Será mejor que sea yo quien se lo diga, por el momento no hay detalles que contar. Lo siento. ¿Te mencioné que eres más chismoso que una señora?


Igual te quiero,


Mariana Somender.


— ¿Algo interesante? — preguntó Han interrumpiendo el flujo de sus pensamientos


— Es una carta de Adam — respondió. Las cartas de sus padres generalmente van dirigidas a Han con un breve mensaje a Mariana. Casi no le enviaban una carta propiamente para ella, al menos sólo lo hicieron cuando estuvo en Hogwarts — dice que le está interesando la zoomagia.


— ¿Enserio? No sabía que le gustaban las criaturas  


— Ni yo… muy pronto desertara de esa idea — alzó los hombros indiferente sin dejar de pensar en los Gryffindor.


— ¡Ja! Como con la música… ¿Todo bien? — volvió a preguntar al verla como se quedaba en silencio y bastante pensativa


— Si, es que…


—¿Qué? ¿Pasó algo que deba saber? — insistió. Han podía ser muy intuitivo, tenía demasiada práctica con tantos años de experiencia


— Yo… — no estaba muy convencida de querer contarle lo sucedido. Ella no era de esas personas que le contaba al mundo sus problemas, en todo caso sólo a su hermano.


— A ver, ¿Qué pasa, Mariana? — tomó asiento enfrente de ella y cruzó los brazos esperando a que dijera algo. De nuevo suspiró. Era mejor decirle las cosas por las buenas antes de que él mismo las descubriera por su cuenta.


— Antes de salir de vacaciones, me castigaron — dijo la chica, quien de inmediato recibió una confusa y penetrante mirada de su padrino.


Y es que en cualquier otro momento y con cualquier otra persona, Mariana podía tener el control del monopolio de las miradas, pero soportar alguna, en especial, si estás venían de Han Moody, requerían de una destreza que no cualquiera poseía. Se quedaron así, en silencio, mirándose fijamente y después de unos intensos segundos, los dos explotaron en estruendosas carcajadas.


— ¿Por qué? Tú eres una niña muy bien portada y una excelente estudiante


— No fue mi culpa… — guardó silencio — Fue culpa de Green. Ella…


— Supongo que hablaste con alguno de tus profesores, ¿No? — negó con la cabeza — ¡Vaya! Si que eres una jovencita extraña, pero en fin, tus razones habrás tenido ¿Entonces?


— Alguien más la inculpo. Le hicieron una broma al profesor MacMillan y yo iba por ahí, caminando. Estuve en el momento y lugar equivocado. Al final, me ayudó para que me librara del castigo pero no sé si fue buena idea que la dejara hacerlo.


— Fue su culpa, directa o indirectamente — respondió de una forma muy seria.


— Pues si, pero es una Gryffindor


—¿Y qué? Creí que te había enseñado bien, comino — ante eso último, Mariana se sorprendió. No esperaba una muestra de cariño cuando le estaba confesando que había estado castigada — o... ¿Acaso yo trato mal a los del pueblo por ser muggles? — Han la miró de una forma indescriptible. A él nunca le interesó el color de la túnica cuando estuvo estudiando. Él era un Ravenclaw, sin embargo, tuvo bastantes buenos amigos de las otras casas.


— No… pero ya sabes cómo son mis padres. Siempre hablan sobre qué debo elegir bien mis amistades


— ¿Y ella no sería una buena amiga? — continuó ante el silencio que se formó — ¿Por qué la juzgas? ¿Acaso el color de su casa define si serán o no buenas amistades? — decía mientras de nuevo se acariciaba la barba — no los conoces. Date esa oportunidad, no sabes lo que podría resultar de ahí.

— ¿Qué opinaría Holly? ¿El resto de mis amigos?  


— Ellos tienen sus opiniones y tú la tuya — respondió muy duramente —¿Qué harás, entonces?


— No lo sé…


— Tus padres me caen muy bien, tengo una gran amistad con Morgan pero…


—¿Pero…?


— A veces no los soporto y menos los entiendo. Son elitistas comportándose como idiotas, así que espero que tú no seas así — el hombre se acercó a la joven y besó su frente, dando por finalizada la conversación.


[***]

Mark Wallock era un chico perteneciente a una familia de renombre en el mundo mágico, un sangre limpia. Acababa de culminar su primer curso en el colegio, y pertenecía a la ancestral casa de Slytherin. La mayor parte de su tiempo en casa consistía estar tumbado en su cama sin nada aparente que hacer, tenía deberes que realizar pero no se preocupaba por ellos.


En ocasiones salía a volar sobre los jardines amplios que tenía su casa. Practicaba Quidditch y él juraba en innumerables veces que era bueno, lo necesario para llevar al equipo de su casa a ganar la copa, aunque para su desgracia, el curso pasado no había podido pertenecer al equipo. Pero ahora estaba decidido a buscar su oportunidad.


Los primeros días de sus vacaciones de verano, consistieron en Quidditch, en rogarle a su padre que le regalara la mejor escoba de carreras, y en pasar el tiempo tirado en su cama, o quizás de vez en cuando mandar lechuzas a sus amigos con la intención de hacer algo para matar el aburrimiento; aunque el único que le preguntó por los deberes había sido Theo. Deberes que no tenía intenciones en hacer, ya buscaría más adelante la forma de solucionar todo eso.


Pero parte del aburrimiento cambió cuando su familia decidió hacer una fiesta. Un evento de gala, en el que su padre festejaría su cumpleaños. Mark sabía que invitarían a las mejores familias, las pocas que se consideraban sangre pura. Todo la organización del festejo lo estaba llevando a cabo su madre; quería que todo saliera perfecto, ya que los más íntimos amigos estarían presentes, y uno que otro miembro del ministerio.


Tenemos el honor de informarles que están cordialmente invitados a la celebración por motivo del cumpleaños de Jasper Wallock.


Esperamos contar con su agradable presencia y la de su familia.


Se podía leer en una de las invitaciones enviadas, bastante elegantes que había elegido la señora Wallock para la ocasión, que por supuesto la mayoría de los invitados, comenzó a enviar la confirmación para dicho evento.


Eran las ocho en  punto de la noche, cuando la familia Somender apareció en un sendero angosto flanqueado por setos pulcramente recortados: la mansión Wallock. Los sonidos de risas, música, y  conversaciones crecía más fuerte con cada paso que tomaban. Al entrar en la mansión, el amplio vestíbulo iluminado y suntuosamente decorado, con una gran alfombra que cubría en su mayoría.

El salón, una sala grande con una hermosa chimenea de mármol trasmontada por una ventana dorada. El suelo de la habitación está pulido y cubierto en parte por una alfombra. El techo  y las paredes habían sido adornadas con colgaduras verde esmeralda y plateado. Ya estaba abarrotado y con ambiente cargado, bañado por la luz rojiza que proyectaba una barroca lámpara dorada, colgada del centro del techo. Desde un rincón apartado llegaban cánticos acompañados por instrumentos que recordaban las mandolina; varios elfos domésticos intentaban abrirse paso entre tantas rodillas, pero quedaban ocultos por las pesadas bandejas de plata llenas de comida que transportaban, tenían el aspecto de mesitas móviles. Los Somender se acercaron a una pareja que estaba recibiendo a todos los recién llegados.


— ¡Morgan!  Qué gusto verte — saludó el hombre con una copa en su mano —¿Cómo estás?


— Muy bien — estrechó su mano el señor Somender


— ¡Amelia! querida. Es un gusto verlos, en verdad — depositó un beso en la bruja que sonrió amablemente — Veo que tus hijos han crecido


— Si, son el orgullo de la familia.


Tanto Benjamín como Mariana no tenían otra más que ser educados, sonreír y saludar.  Cada uno estrechó la mano del señor Wallock, y después la de su esposa.


—  ¿Y tu hijo, Jasper? Tengo entendido que son compañeros, ¿No hija? — la pequeña asintió levemente


— Oh si, Mark me contó eso. Debe estar con sus otros amigos ¿Por qué no te les unes, pequeña? Anda, búscalos — Jasper Wallock tomó dos copas de vino de una de las bandejas que llevaba un elfo, y se las entregó a sus invitados.


De inmediato, los Wallock y los Somender entablaron conversación. Los primeros comenzaron a preguntarles cómo le estaba yendo con trabajo en Egipto. Después de eso, pasaron a hablar de los negocios de la familia anfitriona.


Mariana llevaba un rato deambulando, se había separado de sus padres y su hermano andaba en los jardines, tomando aire; al igual que ella, no le gustaba ese tipo de eventos, donde que por ende terminaban muy aburridos. Toda esa gente que estaba ahí no eran de su agrado, sin embargo, sabía que era necesario socializar, ya que posiblemente serían de ayuda para su futuro.

Durante un buen rato no pudo evitar buscar entre el gentío a Mark. Después de todo estaba en su casa, y quizás charlando un poco con él, se sentiría menos aburrida. También mantenía la esperanza de encontrar a Holly, ella misma le había mandado una lechuza diciéndole que estaría ahí, quizás sólo así podría tener una buena velada.


Seguía dando vueltas en el salón, por lo que decidió sentarse en los escalones, mientras observaba a diferentes familias sangre pura; imaginaba sus temas de mayor relevancia como presumir cuantos galeones tenían en sus respectivas cámaras en Gringotts, o quizás estaban criticando a alguien que estaba presente en la fiesta. Estaba tan sumergida en sus observaciones que no notó cuando alguien estaba bajando. Un par de Slytherins. El anfitrión de la fiesta, Mark Wallock y su fiel gorila, Vincent Pierce. Su amigo llevaba una túnica negra de terciopelo, que le sentaba bastante bien.


— ¡Hey! Hola Mariana — saludó alegremente besando su mejilla


— Hola


— Te ves muy bonita

— Gracias Mark, también tú te ves bien

— Lo sé — respondió con una sonrisa arrogante — Bienvenida a mi casa. No pensé que fueras a venir, ya que jamás respondiste a mis anteriores invitaciones, eso me hizo creer que viajabas con tu familia.  


— Vine con mis padres y mi hermano


— Me alegra que estés aquí ¿Quieres que te traiga algo? — iba a tronar los dedos para que un elfo apareciera

— No, estoy bien. Gracias. ¿Has visto a Holly?


— No, pero dime ¿Te estás divirtiendo? — le preguntó mientras le entregaba un vaso de agua que un elfo hizo aparecer ignorando lo que la chica le había dicho.


— No mucho, en realidad — tuvo que aceptar el vaso que le estaba ofreciendo


— Hasta apenas me viste — dijo pasando un brazo por su hombro llevándola hacia el salón de nuevo


Iban caminando, no habían muchos jóvenes, casi todos eran adultos que estaban sumergidos en sus propias conversaciones. Mariana lograba captar algunas frases al pasar cerca; en la mayoría, como ella había supuesto, hablaban acerca de sus negocios, presumiendo el poder que tenían, otros hablaban acerca del ministerio, un poco de política, y aunque ciertamente quería pararse a escuchar más Mark no se lo permitía.


Cruzaron todo el gran salón para salir a los jardines, el chico había tomado un par de vasos de jugo de calabaza. Uno se lo entregó a su compañera quien había logrado apenas deshacerse del anterior, pero aún así no muy convencida lo tomó.


—Aquí podremos charlar — dijo de pronto


— ¿Sobre qué?


— ¿Cómo te ha ido en el verano?


— Bien, ya sabes… estudiando un poco — respondió aburrida — ¿Y el tuyo?


— Genial


— ¡Theo! — gritó de pronto Mark al ver pasar a un chico, al escuchar su nombre regresó sobre sus pasos para ir a donde se encontraban


— Hola Mark. Tus padres me dijeron que estabas por aquí ¡Mariana! — exclamó sorprendido — qué bella estás hoy. Mark no me comentó que vendrías


— Tampoco me dijo que estabas por aquí — respondió recobrando la compostura, se había ruborizado brevemente ante su halago  — No pensé que te vería vestido con una túnica de gala — a sus ojos estaba bastante guapo. Theo llevaba una túnica verde olivo que le sentaba bastante bien con sus ojos. Él sólo sonrió al escucharla.


— Deberías salir más seguido, Somender. Mis padres suelen ir muy seguido a eventos de este tipo


— Sabemos que Marianita siempre está ocupada — mencionó Mark, claramente interrumpiendo lo que podría haber sido una interesante conversación entre Somender y Theo. La niña puso los ojos en blanco. Además no le gustaba que le dijera así — Tiene suerte de estar en Londres


— ¿Por? — preguntó Theo


— Mis padres viajan mucho y últimamente han estado en Egipto


— ¡Oh!! interesante... ¿Qué hacen? la verdad es que casi nunca hablas de ellos


— Trabajan para el ministerio investigando esfinges y algunos otros artilugios. Así que paso mi tiempo con mi padrino


— Señor… — interrumpió de pronto un elfo doméstico — su padre lo busca, señor


— ¿Para qué? — exclamó con pesar y volteó los ojos.


— No sé, señor. Me ordenó que lo buscara


— Bien, ahora vuelvo — Mark se fue detrás del elfo, Vince fue tras suyo


— Ahora sé más de ti — Theo sonrió continuando la conversación — ¿Quién es tu padrino? El mío es un viejo amigo de la familia y casi no lo veo


— Yo veo al mío más de la cuenta — rió — es Han Moody


— ¿Moody? ¿Tiene algo que ver con Alastor, el auror?


— Si, es su tío


— ¡Guau! eso no sabía y ¿qué tal es? ¿Es igual de paranoico? — de nuevo rió ante el comentario


— No, es increíble. No es auror propiamente dicho pero, sí estuvo en el departamento de leyes mágicas, también perteneció al Wizengamot. Viajó por muchos lugares, en especial por América.


— Eso suena increíble. Creo que este año pasará algo


— ¿Por qué lo dices?


— Bueno, porque mi padre ha estado algo raro. Ha mencionado algo sobre las academias de otros continentes. En especial las de América


— ¿Ilvermorny? — preguntó incrédula, además de que no conocía mucho sobre el tema aunque Theo ya no pudo responder más porque justo apareció una niña pelinegra.


— ¡Por fin los encuentro! — era Holly quien parecía malhumorada — ¿Dónde estaban? llevo horas buscandolos


— Pues aquí estamos  — respondió su amiga


— Si, ya lo noté — ella puso los ojos de blanco, al parecer era un gesto bastante común entre las Slytherins


— Esto está aburrido — Mark había regresado después de que el elfo lo hubiera buscado por órdenes de sus padres —  deberíamos poner algo de ambiente — chasco los dedos y un par de elfos más aparecieron con una bandeja con cervezas de mantequilla — esto está mejor o ¿prefieren algo más fuerte?


— Al menos que quieras que mis padres me asesinen — dijo Holly aunque en el fondo le encantaría probar esas bebidas.


— Deberías aprender del mejor — se mofó Mark — brindemos — alzó la botella


— ¿Por qué brindaremos?


— Por lo que sea, que este año en Hogwarts, Slytherin recupere la gloria y aplaste a los ridículos gatitos como siempre debió haber sido.


— Eso suena bien


— ¡Salud! —corearon todos mientras chocaban sus vasos, Mariana lo hizo un poco pensativa. De nuevo la conversación que había tenido con su padrino acudió a su mente


— ¿Que piensan de una amistad con alguien que no sea de su casa? — preguntó. No sabía si había sido buena idea sacar el tema a colación en ese instante


— Depende... ¿Con quiénes? — preguntó Mark extrañado — no me imagino siendo amigo de un estúpido león, me bastó lo que me pasó con el idiota de Lovegood


— Técnicamente fue tu culpa, Mark — respondió Theo — debiste haber hecho la parte del trabajo


— Para eso estaba él — comenzaron a discutir


— ¿Por qué la pregunta? — se acercó Holly a ella — ¿tiene que ver con lo sucedido en el expreso?


— Simple curiosidad


— A mi no me engañas, Somender


— No te engaño, Rayner


— Pues espero que no me vayas a cambiar por un estúpido gatito — eso hizo reír por completo a su amiga


— ¿Con cuál gato? quizás por una lechuza, son más útiles — ambas comenzaron a reír aunque eso le había confirmado la sospecha que tenía al respecto. Sus amigos no aprobarían una relación de amistad con nadie que no fuera digno.


Ya estaba muy avanzada la noche cuando los Somender abandonaron la mansión de los Wallock. Tanto Benjamín como Mariana estaban bastante exhaustos y cansados, siempre que podían evitaban ese tipo de eventos pero la mayoría de las veces tenían que ir porque sus padres se los pedían. Al entrar en su habitación notó que algo se movía en la oscuridad, tomó su varita lista para defenderse en caso de que tuviera que hacerlo pero al descubrir que sólo era la lechuza de Adam. Se relajó considerablemente, leyó la carta y antes de irse a descansar respondió.


[***]

En la madriguera se podía respirar un ambiente de felicidad, ya que la familia Potter-Weasley estaba por recibir a su primer hijo, sin mencionar aquellos niños que ya rondaban en la casa, como el pequeño Teddy Lupin y Victorie Weasley. Sin duda, la familia estaba creciendo con el pasar del tiempo, venía siendo una bendición después de todo lo sucedido en la guerra mágica.


Los Potter no podían dejar de salir en las primeras planas del diario El Profeta. Se hizo un ligero alboroto cuando Ginny Potter anunció su retiro del equipo de quidditch: las Holyhead Harpies, para poder dedicarse por completo a su primer hijo. Habían surgido diversos rumores de los motivos de esta decisión, hasta que fue ella misma quien dió la gran noticia. Luego casi nueve meses después aparecían en primera plana, de nuevo.


"Ha surgido el rumor de que el primer primogénito de Harry Potter ha nacido, ya que se vio entrar a la ahora, ex jugadora al hospital de San Mungo. Aunque nuestras fuentes nos informan que sólo fue una revisión de rutina, por lo que todavía estamos a la espera de que nazca el primer Potter.


Sabemos que todo el clan Weasley está emocionado, en especial la futura abuela Molly que espera que todo salga bien, tanto para su hija como para su nieto. Aún no se ha revelado el nombre que tendrá pero ya hay varias sugerencias…"


Habían sido varias veces que Kissy Weasley se preguntaba por qué su familia no era invitada a la madriguera ni a las festividades que hacían ahí. No sabía si tenía que ver precisamente por la sangre que tenía su madre, sin embargo, no le importaba en lo absoluto. Podría decirse que se la pasaba muy bien en su casa, aunque no tanto cuando su hermano mayor metía sus narices, casualmente siempre olvidaba que ya no estaba Hogwarts y creía que tenía el derecho a reñirla por cualquier tontería. A veces era insoportable.


Últimamente, parte de su tiempo se lo dedicaba a imaginar las mil y unas formas de vengarse de las chicas Gryffindor y de ese par de Ravenclaws. Estaba más que decidida a que en el próximo curso no le verían la cara. Estaba harta de que fueran los consentidos de todos. "Green es fabulosa, McGonagall vuela de maravilla, Flitwick es el mejor…"  quería dejar de escuchar que eran intocables para medio mundo. No sabía qué era lo que más le fastidiaba, que precisamente nunca salían castigados o que Green tenía una fama que no merecía.


Al final del anterior curso, había logrado hacer una muy buena jugada, una broma con tal de ver a su insoportable compañera castigada, y esperaba que no sólo fueran las últimas semanas de clases sino también parte del siguiente curso, sin embargo, no esperaba que se librara de eso tan pronto, incluso mantuvo la esperanza de que MacMillan le bajara demasiados puntos para que al menos, los leones volvieran a perder la copa de las casas, pero eso no sucedió.


No quería pasar la vacaciones en casa, ni mucho menos tener que soportar a su hermano Freddie, el perfecto prefecto Ravenclaw. Venía de una familia traidora a la sangre, debía aceptar que tenía un lado Gryffindor; su padre Alfred también perteneció a esa casa, mientras que su madre era una digna Slytherin, al igual que ella. Y su otro hermano apenas estaba por entrar a Hogwarts, no se imaginaba a qué casa pudiera pertenecer y siendo muy honestos, no le importaba. Sus padres estaban cansados de estar recibiendo lechuzas con advertencias de su conducta, pero ella no se dejaría seguir haciendo bromas tontas.


Como había leído en el profeta, los Weasley, su familia estaban de fiesta, pero por alguna extraña razón que no entendía, no formarían parte de dicha celebración. Aún así le era irrelevante si iban a visitarlos o no. Pensaba en invitar a pasar unos días a su amiga Lesma, pero su padre tenía otros planes.


Alfred Weasley era jefe de aurores, estaba ya algo viejo y no dudaba que en cualquier momento cedería su puesto a alguien más jóven. Corría el rumor de que el cargo sería para Harry Potter, cuando estuviera listo de asumir las responsabilidades. Aún así era muy buen auror. Su plan era llevar a su pequeña hija al ministerio para que  conociera su trabajo. Cuando su padre le notificó su idea a Kissy, ella se entusiasmó demasiado, tenía deseos de aprender.


Un día en particular, llegaron por las chimeneas para acceder al ministerio. Se unieron a la muchedumbre, abriéndose paso entre los trabajadores, algunos de los cuales llevaban tambaleantes pilas de pergaminos,  otros carteras estropeadas; incluso algunos leían el Diario El Profeta mientras caminaban.


— Nivel  dos, Sección de  Entrada en vigor de Leyes Mágicas, incluyendo la Oficina  del Uso Incorrecto de la Magia, Cuartel General de los Aurores —  indicó el Señor Weasley, saliendo del ascensor hacia un pasillo con una hilera de puertas — Mi  oficina está en el otro extremo.


Torcieron una esquina, atravesaron un par  de pesadas puertas de roble y aparecieron en una área abierta, dividida en cubículos. Memorándums entraban y salían verticalmente de  los cubículos, como cohetes en miniatura. En un cartel desvencijado en el cubículo más cercano se leía: Cuartel General de los Aurores.


Los Aurores habían cubierto las paredes  de sus oficinas con todo tipo de cuadros de magos queridos y fotografías de sus familias, carteles de sus  equipos favoritos de Quidditch y artículos de El Profeta.


— Buenos días, Weasley — saludó un mago despreocupadamente cuando ellos se  acercaron.


— Espera aquí. Tengo una reunión — dijo el hombre dejando a la pelirroja en su oficina y tomando algunos papeles.


— Sí, papá — Kissy se sentó en su silla detrás del escritorio; en la mesa había varios expedientes que al parecer, estaba revisando


Por pura curiosidad, se puso a leer los nombres, pero entre ellos le saltó uno en particular: Rookwood


Estaba sorprendida, ya que era el apellido de su amiga Lesma; sabía que tenía un cierto interés sobre su familia ya que su madre no quería decirle nada. Debía comportarse y no meter sus narices en donde no la llamaban pero su curiosidad fue más fuerte, abrió el expediente y comenzó a leer. No había mucha información, más que lo que ya sabían. Volvió a cerrarlo, aunque era obvio que tenía que contarle a su amiga sobre lo ocurrido. Casi a los diez minutos, llegó su padre de nuevo a su oficina.


— Acompáñame — ordenó  


— ¿A dónde?


— Vendrás a ver como entrenan los aurores —  respondió mientras tomaba algunos pergaminos más — quizás aprendas algo


— ¿Me dejarás batirme a duelo con algunos?


— Eres muy jóven aún.


— Papá…


— Vamos. Se hace tarde para que inicie la práctica


Entraron a una sala demasiado amplia, donde habían varios magos y brujas sosteniendo su varita y esperando a que les dieran órdenes. El instructor, un viejo mago les estaba enseñando la mejor forma de lanzar por los aires a sus enemigos, y ganar tiempo en caso de ser necesario.


Tomó como voluntario a un mago bastante jóven, Kissy trataba de observar cada detalle y cada movimiento para, quizás en un futuro pudiera utilizar.  El pobre novato no pudo repeler la agresión, así que salió volando y se estrelló con uno de los muros. Después de eso, cada uno se puso en pareja para practicar. La pelirroja quería también intentarlo, pero su padre no se lo permitió, además que le recordaba que por ser menor, no tenía permiso de usar la magia fuera del colegio.


— Pero estamos en el ministerio, podrías autorizarme


— Precisamente por esos, Kissy. Debo dar el ejemplo de que se cumplan las reglas


— Quiero practicar


— Observa a los novatos, ni ellos pueden siempre a la primera. Te traje para que aprendieras un poco de disciplina


— ¿Eso qué quiere decir?


— Que ya no quiero seguir recibiendo lechuzas de tus profesores. No más bromas estúpidas


— Pero papá…


— Estás advertida, Kissy. Freddie se encargará de informarme cualquier cosa eso incluyen los castigos que tengas


— ¿Y ellas, qué? esas Gryffindor son las consentidas


— Dudo que McGonagall tenga un consentido, y si así fuera debes aprender a controlarte. Les das más poder sobre ti


— Tú no los conoces…


— Y tendré cero tolerancia contigo — sin más se fue a observar de cerca a los novatos


Kissy sabía que las cosas no se quedarían así, aunque sus padres se enojaran ella se vengaría de cada una de las bromas que le había hecho Andrea Green.


[***]


Las cartas para asistir a Hogwarts habían llegado, cada una con la respectiva lista de libros para comenzar el siguiente curso. Cada familia se preparó para ir a comprar el material necesario al callejón Diagon y para sacar un poco de oro de Gringotts; algunos se encontraban con sus amigos, saludándose efusivamente después de pasar todo el verano sin verse, otros sólo veían brevemente a sus compañeros de clase, sin detenerse demasiado a charlar. Después de pasar todo el día entre tiendas y estanterías, cada chico regresó a su casa, dejando caer una pila de paquetes sobre su la cama para empezar a desenvolver las compras. Además de los Libros reglamentarios  de hechizos, y de otras asignaturas, había un puñado de plumas nuevas, una docena de rollos de pergamino y recambios para el equipo de preparar pociones. Aún exhaustos, cada padre o madre mandaba a sus hijos a realizar su equipaje, por lo que guardaban todas las cosas necesarias en su baúl, listos para comenzar una nueva aventura.


El expreso de Hogwarts, una reluciente máquina de vapor de color escarlata, era lo primero que se veía al traspasar la barrera entre el andén nueve y diez; de él salían nubes de vapor que convertían en oscuros fantasmas a los numerosos alumnos de Hogwarts y sus padres, reunidos en el ahí.


Mariana, Adam y Holly entraron a coger sitio, y  no tardaron en colocar su equipaje en un compartimiento de uno de los vagones centrales del tren. Luego bajaron de un salto otra vez al andén para despedirse de sus respectivas familias. No tardaron mucho, ya que un pitido les avisó que el tren estaba por partir, siguieron despidiéndose hasta que se perdieron en una curva.


La lluvia se hacía aún más y más intensa conforme el tren avanzaba hacia el norte. El cielo estaba tan oscuro y las ventanillas tan empañadas que hacia el mediodía ya habían encendido las luces. El carrito de la comida llegó traqueteando por el pasillo, y Adam compró un montón de pasteles en forma de caldero para compartirlos con sus amigas.


Mariana se iba a meter un pastel a la boca cuando, por la ventana vió pasar a Andrea Green por el pasillo, imaginaba que iba hacía su vagón. Y no sólo eso, sino también como Kissy Weasley aparecía interceptando el paso. Detrás de ella, estaba su amiga Lesma y otro Slytherin de quien no sabía el nombre.  


— ¿Vas a un lado, Green?


— Voy a un lado donde no te incumbe — respondió fríamente, tratando de pasar pero la pelirroja se lo impedía.


— … y por eso digo que deberíamos llegar a tiempo. ¿Qué ves, Mariana? — preguntó de pronto Adam al verla distraída


— ¿,Tan pronto habrá problemas? — mencionó Holly al darse cuenta de lo que estaba viendo


— ¿Creen que peleen?


— Quisiera ver eso — espetó emocionada


Pero antes de que ambas chicas se hicieran algo, un perfecto pasó por su lado, por lo que a ninguna les convenía tan pronto estar castigadas y perder puntos.


— Creo que no habrá nada


— Qué aguafiestas… — la pelinegra realmente sonaba decepcionada


—Tierra llamando a Mariana…


Pero ella estaba pensando en algo que le había dicho Han. Andrea fue la culpable de su castigo, si, hasta cierto punto indirectamente. Todo tenía que ver con su estúpida rivalidad y las bromitas que al parecer, no iban a cesar ese curso.


El expreso continuó su avance sin ningún percance hasta que llegaron a la estación de Hogsmeade, donde ya estaban esperandolos los carruajes para llevarlos al castillo, mientras que para los de primer ingreso estaba Hagrid.


Los tres subieron a uno, atravesaron las verjas flanqueadas por estatuas de cerdos alados y luego avanzaron por el ancho camino. Por la ventanilla se podía ver cada vez más próximo el castillo de Hogwarts, con sus numerosos ventanales iluminados reluciendo borrosamente tras la cortina de lluvia. Los rayos cruzaban el cielo cuando su carruaje se detuvo ante la gran puerta principal de roble, que se alzaba al final de una breve escalinata de piedra. Los que ocupaban los carruajes de delante corrían ya subiendo los escalones para entrar en el castillo. Saltaron del carruaje y subieron la escalinata a toda prisa, levantaron la vista cuando se hallaron a cubierto en el interior del cavernoso vestíbulo alumbrado con antorchas y ante la majestuosa escalinata de mármol.


El Gran Comedor, decorado para el banquete de comienzo de curso, tenía un aspecto tan espléndido como de costumbre, y el ambiente era mucho más cálido que en el vestíbulo. A la luz de cientos y cientos de velas que flotaban en el aire sobre las mesas, brillaban las copas y los platos de oro. Las cuatro largas mesas pertenecientes a las casas estaban abarrotadas de alumnos que charlaban. Al fondo del comedor, los profesores se hallaban sentados a lo largo de uno de los lados de la quinta mesa, de cara a sus alumnos. Mariana, Adam y Holly se sentaron con los demás estudiantes de Slytherin.


— Espero que se den prisa con la Ceremonia de Selección, porque me muero de  hambre — Adam a veces podía ser un comelón


— Que alegría me da verlos — Mark acaba de llegar, a su lado venía el chicle de Vincent y Theo, que a vista de Mariana, se veía bastante bien


— A nosotros igual — Exclamó Holly sin importancia


— ¿Cómo estás, Mariana? — saludó el castaño


— Muy bien, Theo. ¿Y tú?


— Bastante bien


La selección de los nuevos estudiantes para asignarles casa tenía lugar al comienzo de cada curso. En la mesa de los profesores no podía faltar a Sprout, que seguía impartiendo Herbología hablaba con el profesor MacMillan, que impartía Defensa contra las artes oscuras. Al otro lado del profesor, se encontraba Higgs, que daba pociones y era jefe de la casa de Slytherin.


A su lado había un asiento vacío que era el del profesor Flitwick. En la silla contigua, y en el mismo centro de la mesa, estaba sentado la profesora McGonagall, la directora. De pronto, se abrieron las puertas del Gran Comedor y se hizo el silencio. El pequeño profesor Flitwick marchaba a la cabeza de una larga fila de alumnos de primero, a los que condujo hasta la  parte superior, donde se encontraba la mesa de los profesores. Entonces el profesor colocó un taburete de cuatro patas en el suelo ante los alumnos de primero y, encima de él, un sombrero extremadamente viejo, sucio y remendado. Los de primero lo miraban, y también el resto de los alumnos. Por un momento el Gran Comedor quedó en silencio. Entonces se abrió un desgarrón que el sombrero tenía cerca del ala, formando como una boca, y empezó a cantar.


Cuando pasó el último estudiante, el profesor Flitwick enrollo el pergamino y se llevó el taburete junto con el sombrero. De inmediato, la profesor McGonagall dio por iniciado el banquete. Una vez terminados los postres y cuando los últimos restos desaparecieron de los platos, dejándolos completamente limpios, Minerva McGonagall volvió a levantarse. El rumor de charla que llenaba el Gran Comedor se apagó al instante, y sólo se oyó el silbido del viento y la lluvia golpeando contra los ventanales.


— Ahora que todos estamos bien comidos, les comunico algunas noticias: >>Como cada año, quiero recordaros que el bosque que está dentro de los terrenos del castillo es una zona prohibida a los estudiantes. Otro tanto ocurre con el pueblo de Hogsmeade para todos los alumnos de primero y de segundo.


>>Es también mi doloroso deber informarles de que la Copa de quidditch no se celebrará este curso.


—¡¿Qué?! — exclamaron varios sin aliento.


Cristian Wood miraba receloso a la profesora, bastante consternado de poder hablar al igual que Gavín Harrison de Gryffindor, ya ni se diga de Andy Green. Tenían la esperanza de llevarse este año la copa.


— Esto se debe a un acontecimiento que dará comienzo en octubre y continuará a lo largo de todo el curso, acaparando una gran parte del tiempo y la energía de los profesores... pero estoy segura de que lo disfrutarán enormemente. En su momento les anuciaré de dicho evento, donde nuestro departamento de Cooperación Mágica Internacional ha decidido que éste es un buen momento para lo que nos espera.  Hemos trabajado a fondo este verano para asegurarnos de que sea posible.


>>Por lo pronto es momento de que se vayan a sus respectivas salas comunes y que descansen para que comiencen con toda la energía el curso. Buenas noches


Los murmullos no se hicieron esperar después del discurso de la profesora, que ciertamente no había dicho nada. Estaban emocionados, algunos pensaban que quizás era posible un nuevo intento de llevar a cabo una edición más el Torneo de los tres magos. Tanto Andy, Mena y Gustav se preguntaban lo mismo y si eso tenía que ver con sus vacaciones de invierno pasadas, cuando tanto su padre como sus abuelos estuvieron misteriosos. Formulando un sinfín de teorías, se fueron a sus respectivas torres para descansar después del magnífico banquete de bienvenida.


[***]


La sala común de Slytherin era una sala larga, semi subterránea, con los muros y el techo de piedra. Colgaban varias lámparas de color verdoso mediante cadenas. Debajo de la repisa labrada de la chimenea, crepitaba la higuera, y contra ella se recortaban las siluetas de algunos miembros que estaban acomodados en sillas.


— Bueno, miren quienes están ahí — dijo Mark con su habitual manera de hablar acompañado de su gorila Vincent. En verdad, que él no tenía otra cosa que hacer más que ser el lamebotas de Wallock —¿Qué tal el verano?


— Nos acabamos de ver — dijo Holly poniendo los ojos en blanco — Y nos vimos en el verano. A veces no sé si eres un idiota o sólo es para matar el aburrimiento


— Nos vimos… pero no a solas — puso un brazo en el hombro de su amiga Mariana


— Vete a fastidiar a otro lado, Mark


— ¿Están de malas? — preguntó sin borrar su sonrisa — Yo no tengo la culpa de que McGonagall no haya dicho nada — rió con cierta malicia


— Como si tú no tuvieras ganas de  saber — espetó Adam


Mientras ellos discutían, a unos cuantos metros se encontraban algunos alumnos de tercero. La mayoría comenzaba a entrar en su habitación, el banquete siempre los dejaba somnolientos. Kissy y Lesma estaban hablando a otro grupito de sus amigos, quienes reían por sus ocurrencias.


— Entonces… ¿Qué les parece?


— La forma ideal de vengarse de esos Gryffindor


— Ya sé — se carcajeo la pelirroja — Green me va a pagar todas las que me debe


— Será divertido verlo


— No sé por qué está en esa casa… es una cobarde. Siempre anda llorando por los rincones del castillo, su amiguito Dave


— Todos son así


— Quedarán humillados después de mi broma suprema


No sabía cómo pero la conversación había llegado a oídos de Mariana y compañía. A simple vista no les importaba, también les divertía el pleito que se traían ambas chicas pero en esta ocasión, había sido suficiente para uno de ellos.


— ¿Qué haces? — preguntó Holly al ver a su amiga dirigirse hacia donde estaban los de tercero


— Ya me imagino a Green…


— ¿Sabes qué pienso? — preguntó de pronto Mariana interrumpiendo su genial conversación


— ¿Disculpa?


— No hay mejor forma de perder el tiempo que haciéndose bromas estúpidas.


— ¿Tú quién eres? — preguntó Lesma


— Tú sabes perfectamente quién soy. Además de ser la chica a la que por su culpa — señaló a la pelirroja — castigaron


— ¿Mi culpa? Niña, no sé de qué estás hablando


— ¿Ah no? Yo creo que si ¿Ya olvidaste la última broma con MacMillan?


— Ah esa… fue muy divertido


— No, no lo fue — espetó molesta — Este año no me la vuelven hacer tú ni Andrea, ni nadie. El problema que tengas con ella o con quién sea, me da igual pero déjenme fuera.


— ¿Sabes con quién estás hablando niña? — espetó Lesma


— ¿Y tú? Es la última que me haces Weasley. Tus problemas con Green o con cualquiera que tengas son asuntos tuyos y te pido… no, no te pido te exijo que me dejes fuera de ellos. ¿Entendiste?


— ¿Me hablas en serio? — rió arrogante la pelirroja


— Tú no eres capaz de saber lo que es hablar en serio, pero lo que sí deberías saber Weasley, es que a nadie le interesan tus estúpidas bromas. Deberías entender que Green siempre va un paso adelante y deberías admitir que es mejor que tú — cada palabra recibida le hacía enfurecer más


— Deberías callarte — susurró, en esos momentos la sala común estaba en silencio escuchando atentamente la discusión


— Qué humillante es saber que una Gryffindor, una simple gatita te gana todas las jugadas.


— No hables…


— Yo decido cuando hablar. Estás advertida Weasley, es mejor que me dejes fuera de tus asuntos o sino conocerás realmente a Mariana Somender


Ya no tenía nada que decir, por lo que dió media vuelta y se fue derecho a la habitación de las niñas, donde fue seguida por su amiga Holly que estaba impresionada, ni siquiera se despidió de sus amigos. Ya los vería al siguiente día, en clases.


— ¿Qué fue eso?


— ¿Qué, fue qué? — preguntó como si nada


— Lo que acabas de hacer


— ¿Qué? — seguía sin comprender


— Te acabas de enfrentar a Kissy Weasley — respondió sorprendida


— ¿Y luego?


— Acabaste con ella. Le dijiste sus verdades en medio de toda la sala común… ¡Por Morgana! Jamás te creería capaz de semejante hazaña


— No exageres


— No exagero. Hasta donde sé nunca nadie le había dicho nada…


— Bueno, Green no tuvo toda la culpa en el castigo… — respondió mientras se quitaba la túnica — digamos que la verdadera culpable en ese asunto fue Weasley, ella fue la que hizo todo un show


— Tú acabas de hacer un show


— No es para tanto, Holly


— Cada día me enorgullezco más de ti — fingió limpiarse una lágrima imaginaria a lo que su amiga puso los ojos en blanco


— Más le vale que ya no me metan en sus problemas


— ¿Qué harás?


— Irme a dormir — respondió con simpleza


— No… me refiero a Weasley


— Pues nada. Creo que le quedó claro todo — a este punto ya se había cambiado y puesto su pijama


— ¿Serías capaz de hacerle algo?


— ¿Tú que crees?


— Nunca dude de que seas mi niña — Mariana rió ante sus ocurrencias


— Buenas noches, Holly


— Descansa, que esta gran hazaña sobre poner en su lugar a Kissy Weasley y a Lesma Rookwood  no caiga en el olvido






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