Historia al azar: Harry Potter y la Herencia
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Plumas de Fénix » Capítulo 2
Plumas de Fénix (R13)
Por andypotter92
Escrita el Miércoles 20 de Mayo de 2015, 17:28
Actualizada el Domingo 10 de Febrero de 2019, 23:41
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Capítulo 2

Eran pocos los que lograban mantenerse en pie, pero la determinación era lo que los motivaba para seguir luchando, sin importar las heridas o el cansancio, tenían la esperanza de que todo terminara. Que existiera un mundo donde no hubiera tanta diferencia de sangre, eso que llamaban impurezas, por que al final todos eran humanos, todos eran magos y brujas.

Aquellos que eran capaces, corrieron hacía las ventanas donde se podía vislumbrar el bosque, necesitaban posicionarse en las aberturas. Todo era verdad, ellos ahí estaban pero el Innombrable no mentía.

Eran más de cien mortifagos, sin aparentes daños, sin mencionar la docena de licántropos que comandaba Greyback, con demasiada sed de carne fresca. Estaban formados en una larga línea en el linde del bosque. Algunos tenían las máscaras plateadas, que lograban brillar de una manera tan inhumana; los otros tenían la cara descubierta, con esas sonrisas crueles de triunfo, regodeándose del sufrimiento de los demás.

Los gigantes lanzaba miradas llenas de ira, preparados para seguir haciendo más destrucción, para seguir lanzando a cualquiera las piedras, aquellos restos del castillo. Nadie prestaba atención, todos los ojos estaban fijos en las dos figuras que había en el centro del ejercito, que tenía intenciones de destruir el último intento de resistencia.

Hagrid se mostraba de menor estatura comparada con la de los gigantes de la raza pura, pero lograba salir entre todos. Su cabeza estaba inclinada, y sus hombros temblaban debido a los sollozos. Cargaba algo, que a la distancia parecía el cuerpo de alguien; conforme se fue acercando más, se podía distinguir con más claridad. Aunque parecía mucho más joven que a sus diecisiete años, aquellos que había otorgado. Era indudablemente e insoportable, el cuerpo inmóvil de Harry Potter. El niño que vivió, muerto.

-¡NO!- el grito de McGonagall fue un doloroso y cortante lamento

Nunca nadie se hubiera imaginado tal sonido proveniente de la imperturbable y reservada profesora. Su expresión decía que era por algo más que por Harry. Su pérdida marcaba el final para la noche en la que varios de sus alumnos habían caído; demasiadas vidas incapaz de proteger, sin mencionar un año entero durante el que tuvo que soportar su sufrimiento.

Nadie dio ninguna orden, pero todos se apresuraron hacía los escalones para encontrarse con la realidad. Mientras salían, Neville se percató de los claros rayos del sol que recién comenzaban a aparecer

Era real. Se podía ver la boca de Harry abierta sin fuerzas, sus gafas torcidas en su cara y sus manos inertes. Los gritos y llantos que provenían de todos lados, en especial los de Ron, Hermione y Ginny, esos fueron los peores, los más fuertes en los que se percibía mayor dolor. El resto era de sorpresa, de insultos y determinación a seguir luchando, gritos de lealtad y valentía.

-¡SILENCIO!- Voldemort agitó la varita, hubo una explosión y un destello de luz, y sus bocas se movieron si emitir sonido alguno. El encantamiento silenciador hacía su efusión inútil. -¡Ha acabado!-sonrió con satisfacción.-Bájalo, Hagrid, a mis pies, ¡donde pertenece! ¿Ven?- empezó a pasearse mientras Hagrid colocaba con cuidado el cuerpo sobre el césped manchado de sangre.-¡Harry Potter está muerto!

Ron se lanzó hacia delante, la pura fuerza de su lealtad, amistad y odio atravesó el hechizo mordaza como si nunca hubiese sido realizado.

-¡Te venció!

Los gritos se alzaron de nuevo, esta vez eran recordatorios burlones de todas las veces que Harry se había enfrentado a Voldemort en el pasado, todos los fallos del supuestamente invencible mago, y continuaron hablando cada vez más alto hasta que otro fuerte estallido y el destello luminoso los calló otra vez.

-Lo mataron mientras intentaba escabullirse. Muerto mientras intentaba salvarse…-pero no continuó.

 La aguda y cruel voz fue interrumpida en mitad de la frase, porque Neville había hecho su movimiento.

La larga varita apenas se movió, hubo otro estallido, otro destello, y voló por los aires para aterrizar con dureza, se quedó sin respiración. Pero no le importaba estar desarmado, tenía que hacerlo, estaba destinado a hacerlo, y con varita o sin varita, tenía que haber una manera.

-¿Quién se ha ofrecido como voluntario para demostrar lo que ocurrirá a aquellos que continúan luchando cuando la batalla está perdida?

-Es Neville Longbottom, mi Señor ¡El niño que ha estado causándoles tantos problemas a los Carrow! El hijo de los aurores, ¿recuerda?

-Ah, sí, me acuerdo. Pero tú eres sangre pura

-¿Y qué si lo soy?

-Muestras carácter y valentía, y provienes de un noble linaje. Serías un mortífago muy valioso. Necesitamos gente como tú, Neville Longbottom.

Respondió sin dudar ni un momento.

-¡Me uniré a ti cuando el infierno se congele!- alzó la voz- ¡Ejército de Dumbledore!

El encantamiento silenciador no funcionó de nuevo, ahora mejor que antes, y casi sonrió. El poder de Voldemort se había debilitado. El sacrificio de Harry y las cosas que había destruido habían dejado un enemigo que no era ni de lejos tan terrible como habían creido.

-Muy bien… si esa es su decisión, Longbottom, retomamos el plan original. Pesará sobre tu conciencia.

El joven pudo ver que era el viejo, remendado y andrajoso Sombrero Seleccionador del despacho del director. Un objeto extraño al que convocar. Si Voldemort pensaba avergonzarlo, revelando que el sombrero lo había considerado, mandarlo a Hufflepuff, entonces había cometido un grave error. El claro ejemplo de heroísmo por parte de Cedric y todos sus compañeros de Casa.

-Ya no habrá selección en Hogwarts- dijo Voldemort calmadamente- Ya no habrá casas. El emblema, el escudo y los colores de mi noble antepasado, Salazar Slytherin, serán suficientes para todos. ¿Verdad, Neville Longbottom?

-Neville, aquí presente, va a demostrar ahora lo que les pasa a los que son lo bastante estúpidos para continuar oponiéndose a mí.

Una pausa de una fracción de segundo, y estaba ardiendo. Quería gritar, revolcarse, arrancar el sombrero en llamas de su cabeza, un encantamiento escudo, un encantamiento congelador… ¡oh, cualquier cosa! Pero estaba sin varita e inmovilizado, y todo lo que podía hacer era permanecer allí mientras su pelo era alcanzado, mientras empezaban a salir ampollas en su cara quemada, mientras el terrible calor abrasador lo recorría.

Los adultos no sabían como reaccionar, la mayoría se encontraba en estado de shock tan simple como ver como un joven más entregaba su vida por defender sus ideales. Los alumnos, que eran parte del Ejercito de Dumbledore veían como su líder se consumía, la esperanza se estaba esfumando lentamente, al ver la crueldad y la opresión.

Pero en cuestiones de segundos, una hoja centelló con la primeras luces del alba. La cabeza de Nagini dio vueltas en el aire. El grito de Voldemort retumbó mientras el pesado cuerpo caía al suelo en un sonido sordo.

Las voces se alzaron triunfantes, los defensores de Hogwarts gritaban, animándose y victoreando. Las gargantas de todos esos soldados se unieron en un grito de guerra, los chasquidos luminosos de hechizos ya estaban siendo disparados hacia la línea de mortífagos.

-Llévate a Andy. Váyanse a casa- recalcó Robert mientras hacía hechizos protectores

-No

-Por favor

-Seguiré luchando

-Qué obstinada eres- expresó mientras desviaba una maldición

Las flechas volaban por el aire. Por el linde del bosque estaban apareciendo los centauros para unirse a la batalla. Sus cascos arremetían contra las máscaras para convertirlas en restos plateados. La voz de Hagrid rugió por encima de todo

-¡HARRY… ¿DÓNDE ESTÁ HARRY?!

Neville no sabía que hacer, intentó reconocer a las figuras en medio del reinicio de combate, pero al que encontró al final, era el mismo Greyback. La pequeña Andy también se percató de la bestia, de nuevo fue invadida por la furia; lentamente se fue alejando de su madre, ese maldito le debía la vida de su mejor amigo.

Apretó con fuerza el palo de madera, la valentía corría por sus venas y no le importaba ser pequeña, no le importaba no estar preparada en cuanto a los conocimientos mágicos, solo importaba que creían en si misma, y en sus poderes. Se posiciono enfrente de aquel ser, enfrentándolo, el hombre lobo solo sonrió ante el posible banquete que se daría. Carne fresca.

Un agudo aullido salió de su garganta, el licántropo alzó el rostro a la noche y dejando escapar el grito de sed y hambre. La jauría se echó a correr, pero no para unirse a la batalla; pasaban a toda velocidad dirigiéndose al castillo. Iban por los heridos.

La niña no entendía del todo, pero no iba a permitir más muertes. Lanzó un haz de luz roja, lo que obligo al hombre lobo, a dar pasos hacía atrás. Otro rayo y otro, cada vez comenzaba a enfurecerse más y más.

Neville, quién había adivinado el plan, empuñaba con más fuerza la espada mientras los perseguía. Pero paro casi en seco, al ver como alguien lograba mantenerlo a rayo, evitando que su jauría hiciera más daño. No tenía esa sonrisa burlona de unas horas atrás, sus ojos simplemente reflejaban furia, enojo.

Lo vio acercarse más a la niña, el joven estaba demasiado lejos, sabía que nunca podría llegar a tiempo, se le ocurrió lanzar la hoja como una jabalina. Lo único que logró fue hacerle un profundo surco en su costado, desplomándose y aferrándose a las costillas que sangraban. Aulló de dolor pero se recuperó de inmediato, lanzándose esta vez hacía la espada. Sus manos, casi una garras, estaban a solo unos centímetros cuando un pedazo de vidrio le atravesó, proporcionándole más tiempo. Andy seguía demostrando su poder y su valentía, estaba dispuesta a matar a esa bestia.

La lucha había llegado hasta el Gran Comedor; se podía escuchar el estrépito de las pisadas y los gritos de la batalla. Los destellos de hechizos de cada duelista, los Señores Green peleaban arduamente, dos mortifagos cada uno.

-Deberías irte- el chico estaba a lado de la niña, impresionado por ese coraje por luchar

-No

-Ponte a salvo

-Ya les dije que no. Lo mataré. Haré lo mismo que a Dave- Neville no sabía quien era, pero intuía que fuera, quizás su hermano muerto en combate.

Ambos mantenían la vista fija en el licántropo. Las respiraciones eran entrecortadas, y entonces Greyback embistió. El chico estaba preparado, echó la espada hacía atrás para una estocada, pero resultó ser una simple falsa alarma. Ahora, la bestia aferraba en sus manos un retorcido trozo de acero con cristales, con su velocidad atacó primero a la pequeña, apuñalándola en el corazón. Andy cayó de rodillas mientras su suéter comenzaba a empaparse de sangre..........

 

++++++++++++++


Despertó sobresaltada; un agudo y punzante dolor penetro su hombro mientras que las gruesas gotas de sudor se confundían con algunas lágrimas, que resbalaban por su mejillas. Sus ojos se toparon con la hora de su reloj de mesita, eran casi las 5:00 de la mañana y era probable que no pudiera volver a dormir, no cuando tenía un recordatorio que seguía doliéndole el alma.

Se recostó en su cama, esperando que terminara por amanecer. Ya era oficialmente 2 de Mayo. Una fecha demasiado importante para el mundo mágico, que a pesar de haber pasado bastante tiempo, las marcas quedaban bastante presentes.

No había momento en que Andy no dejara de pensar en su mejor amigo Dave, dejó escapar un suspiro mientras pasaba sus dedos por la cicatriz que tenía en su hombro. Había dejado de doler, pero ahora.....cerró sus ojos por unos momentos pero el reciente recuerdo la invadía.

No soportaba estar más acostada, por lo que decidió levantarse. Bajó hacía la sala de estar y se quedó un rato ahí, observando las cenizas de la chimenea. No supo cuanto tiempo estuvo perdida en sus pensamientos, hasta que escuchó los pasos inconfundibles de su madre.

-¿Andy?

-Buenos días, mamá

-¿Qué haces tan temprano despierta?

-No pude dormir

-¿Regresaron las pesadillas?

-Si- susurró. Se acercó a ella y la abrazó con ternura mientras le acariciaba su cabello

-Todo esta bien.

-No me gusta este día

-Lo sé. Ahora ve a arreglarte

No tuvo otra opción más que regresar a su habitación para cambiarse. No le agradaba los vestidos ni mucho menos el negro, pero era el día de presentar respetos hacía los caídos, tal como lo venían haciendo hace cinco años.

La familia desayuno rápidamente, para salir de los limites de su casa y lograr desaparecer hacía el castillo. La niña había estado ahí, pero ansiaba poder estar como una estudiante, y para eso faltaba muy poco pero por lo pronto tenía que lidiar con ese sentimiento de dolor que la consumía desde aquella batalla.

Ya habían varias personas sentadas en la diversas silla colocadas enfrente del monumento construido para todos esos caídos, para aquellos héroes que dieron su vida para construir un mundo mejor. Andy y sus padres tomaron asiento, esperando a que el Ministro de Magia dedicara unas palabras; año con año eran diferentes, recalcando el valor de cada uno.

La niña no pudo evitar dejar escapar esas lágrimas contenidas, resbalaban por sus mejillas, no soportaba estar ahí sentada. Se levanto y camino hacía el lago, dejando atrás a toda esa gente, no quería cargar con más dolor o culpa de la innecesaria. Sus padres tenían su propio dolor o casi el mismo que el de ella. Perder a un amigo.

Suspiro mientras tomaba asiento en el suelo, justo a la orilla del lago perdiendo en las olas que producía el agua.


++++++++++++++++

 

Neville había visto demasiadas muertes, y algunas crueles pero no iba a permitir que otra vida inocente fuera arrancada. Nunca en su vida había sido entrenado para usar una espada, era un arma pesada y larga. Ataco con fuerza, mientras bloqueaba los golpes como podía, ignorando las esquirlas de cristal, pero su cuerpo estaba llegando a su limite.

Sus brazos temblaban, agarraba la espada con menos fuerza, jadeaba en busca de un aire que sabía a cobre, y Greyback no flaqueaba en absoluto. En todo caso, presionaba con más fuerza, oliendo el triunfo, lanzó un horrible y áspero ladrido de risa cuando la barra de acero atravesó la guardia de Neville

Sus dientes amarillos resplandecieron, los hombros se tensaron mientras se preparaba para saltar  hasta que un rayo morado le dio de lleno en su rostro.

-¿Les importa si me uno?

Era Ron. La varita del mago estaba lista, manteniendo al licántropo a raya mientras se acercaba a Andy para ver su estado.

-¿Te encuentras bien?

-Si- respondió entrecortadamente- Creo que fue mi hombro

-Vamos, esto todavía no acaba- Ofreció su mano a Neville poniéndolo en pie- Este maldito me debe una por lo de Bill

-Ya tuve la oportunidad de conocer a tu hermana- rió entre dientes. Con un gruñido salvaje, Greyback arremetió contra él, pero Ron giró y con un movimiento fiero y fulminante disparó otro rayo de luz

La bestia tambaleó hacía atrás, Andy lanzó un pedazo de vidrió, que con la puntería con la que contaba le dio en el cuello, mientras que Neville aprovechaba la oportunidad para asestarle el golpe final. Enterró la hoja en el pecho, dejando que la sangre salpicara y se uniera con la de sus víctimas. Dio un último gruñido para caer muerto.

-Le has soltado un buen golpe

-Último año, debía acabar a lo grande

-Por supuesto

-¿Cómo estás, pequeña?

-Bien- susurró Andy sin despegar la mirada del licántropo. Quizás de esa manera, Dave no estaría mejor.

 

+++++++++++++++

 

-No creo que sea buena idea que estés cerca del lago

-Aquí es tranquilo- respondió todavía observando el agua

-¿Te encuentras bien?

-Si, es solo que.....no importa

-A veces es bueno hablar

Por fin Andy dejó de mirar las olas oscuras, para fijar su vista en ese persona que se había acercado a ella. Era una niña, con su cabello ondulado y pelirrojo, pensó que podría ser una Weasley pero era diferente. Pudo notar que sus ojos eran como la miel, pero alejo todos esos pensamientos, no le gustaba analizar a la personas, ni mucho menos que la analizaran a ella.

-Gracias, pero si hablo lloraré

-¿Y tiene algo de malo?

-No me gusta llorar

-Purifica el alma

-Simplemente que....Dave estaría decepcionado de mí- soltó de pronto. Cerró los puños con fuerza

-¿Quién es Dave?

-Mi mejor amigo, él......murió en la batalla

Y sin más, Andy se rompió dejando escapar ese llanto que tenía guardado por tanto tiempo. La niña pelirroja se acercó a ella y la abrazó con cariño.

-Dudo mucho que este decepcionado

-Era el único que me entendía, era como mi hermano

-Se que no se puede reemplazar a nadie, pero si me necesitas aquí estoy

-Gracias- Andy algo avergonzada se limpio sus lágrimas- ¿Cómo te llamas?

-Mena. Soy Mena McGonagall

-¿McGonagall? ¿Eres algo de la profesora?

-Es mi abuela. ¿Y tú?

-Soy Andy Green

-¿Eres la chica que acabo con Fenrir Greyback?

-Yo no fui, pero....si soy yo. En fin, gracias por tu apoyo, en verdad lo aprecio

-Ni lo menciones

-Será mejor que me vaya, mis padres esperan

-Fue un gusto conocerte

-Igual

La ceremonia al parecer había terminado, antes de regresar con su familia, pasó al monumento de los caídos, mientras veía el nombre de Dave Gleson grabado, como un heroe. Lo extrañaba tanto, le hubiera gustado ir con él a Hogwarts, estar en la misma casa, estudiar, simplemente esperaba que en verdad no lo olvidara nunca, y encontrar amigos tan geniales como él.

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



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